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Confieso que he luchado de Marcelino Camacho – Apuntes Breves

Posted by Raul Barral Tamayo en Jueves, 9 de abril, 2009


Desde las trincheras durante la Guerra Civil, en los campos de concentración de España y Marruecos o tras las rejas de Carabanchel, la voz de Marcelino Camacho ha legado siempre a lo más profundo de la clase obrera, en cuya defensa ha empeñado toda su vida.

Líder indiscutible de Comisiones Obreras y miembro del Comité Central del Partido Comunista de España, su sólida conciencia social y espíritu crítico le han llevado a reinvindicar en las más duras condiciones los derechos y libertades fundamentales del ser humano y a oponerse a todos cuanto han querido imponer su voluntad frente a la mayoría, desde Franco a Santiago Carrillo o el felipismo en el poder.

Marcelino Camacho, con la inestimable colaboración de su hijo Marcel, profesional del periodismo en RTVE-Radio 1, desgrana aquí unas memorias absolutamente necesarias.

Un documento que recoge desde las propias vivencias la lucha contra el franquismo, en gran parte ignorada, de los hombres y mujeres de la izquierda perseguida.

Algunas de las cosillas que aprendí leyendo este libro que no tienen porque ser ni ciertas ni falsas ni todo lo contrario:

  • Manuel Vázquez Montalbán: “Hablo de ‘mujeres de los perseguidos’ porque hubo más que ‘hombres de las perseguidas’, pero también porque las mujeres son capaces de duplicar su capacidad de entrea y esperanza, no sé si por una cuestión cultural o porque reconocen a priori su musculatura vencida por la ley del más fuerte”.
  • Manuel Vázquez Montalbán: “Estas memorias son tan necesarias que sin ellas sería difícil entender el sentido histórico del movimiento obrero español”.
  • Los ferroviarios, junto con los mineros y los metalúrgicos, eran los sectores de más conciencia social.
  • El “Catecismo socialista” era como un catecismo que parodiaba al del padre Astete, que se utilizaba en aquel tiempo.
  • Lo que siempre ha caracterizado a los presos políticos españoles, tanto a los que estuvieron en las cárceles franquistas como a los de los campos de concentración, ha sido la actividad, la organización.
  • En la prisión la situación era extremadamente dura, se pasaba un hambre atroz. Los prisioneros éramos los vencidos y nuestros guardianes eran los vencedores.
  • La comida se reducía a un cazo de agua caliente con unas habas duras; a veces le echaban corvina rancia, que llamaban “el bacalao de las clases humildes”. Era preferible que no lo pusieran, porque casi siempre estaba podrido y entonces no se podía aprovechar ni el agua que nos tocaba de ración.
  • Las humillaciones y los castigos estaban a la orden del día.
  • En no importa qué prisión, la persona que está privada de libertad debe tener siempre derecho a una vida digna en todos los sentidos.
  • El ser humano ha nacido para ser libre, para vivir en familia y en sociedad, para realizarse plenamente, como tal ser humano, con dignidad.
  • Asegurada una alimentación mínima, aunque sea de subsistencia, lo primero a cuidar en la cárcel es la psique, para evitar volverse loco.
  • Un aislamiento prolongado desequilibra psíquicamente, y por ello es necesario tener el día ocupado.
  • Todos los que estábamos en libertad condicional y nos faltaba por cumplir una cuarta parte de la condena, éramos considerados no sólo desafectos al régimen, sino penados, y al ser movilizados como el resto de nuestra quinta, pasábamos a depender de la Inspección de Campos de Concentración.
  • El hambre y las enfermedades hicieron verdaderos estragos entre los presos.
  • El gobierno francés cedió a las presiones del español para que eliminara las actividades de la emigración, y comenzó entonces un período de represión con el objeto de que nos fuéramos a países más alejados del territorio español.
  • hasta 1951 los españoles no recuperamos el nivel económico que teníamos en 1935, y esa recuperación se hizo sobre la base de una superexplotación contra la que no cabía la menor oposición.
  • La represión desarticuló las viejas organizacion sindicales, que se sumieron en la clandestinidad más absoluta y, sin contacto con los trabajadores, el sindicalismo tradicional acabó por desaparecer de la escena.
  • Sería injusto no reconocer la ayuda que aportaron a la lucha sindical estos sectores de la Iglesia que abandonaron el nacionalcatolicismo.
  • En las condiciones de una dictadura de carácter fascista, sólo la combinación de la lucha legal con la lucha ilegal permitía a los trabajadores defender con cierta eficacia sus intereses y movilizarse.
  • Nuestro objetivo no fue instalarnos y conquistarlos desde dentro, sino aprovechar la acción legal para la lucha de masas y destruir los sindicatos verticales y la dictadura con la conquista de las libertades democráticas.
  • La clandestinidad implica graves riesgos y, además de asumirlos, exige conocer las reglas de la conspiración, y esto jamás será un atributo de las masas.
  • Nuestra tarea era quitar el miedo para el que vivía encorbado psíquicamente comprobara, con su propia experiencia, que era posible luchar bajo la dictadura e incluso ganar no pocas reivindicaciones.
  • Los convenios colectivos, punto clave de la lucha sindical.
  • El movimiento obrero español recorrió tres etapas en lo fundamental, hasta la aparición de los sindicatos. La primera la de la creación de las sociedades mutuas o montepíos; otra intermedia de las Comisiones de las Clases Obreras y una tercera la de las Sociedades de Resistencia y los Sindicatos Obreros, con el nacimiento de la Federación Regional Española en 1870 y la UGT en 1888.
  • En Carabanchel las condiciones materiales eran francamente desastrosas.
  • Una parte fundamental de nuestra actividad en la cárcel se centraba en las conocidas charlas, que no eran otra cosa que una especie de seminarios donde se estudiaban  y debatían una serie de temas que iban desde la filosofía o la historia hasta el sindicalismo o la economía.
  • De aquellas discusiones salieron muchos de los principios y programas que más tarde se incorporaron a la esencia de Comisiones Obreras.
  • Estas charlas sirvieron para que muchos militantes obreros adquirieran en ese tiempo una formación básica que luego les permitiría desenvolverse mejor en la calle.
  • Aquello era una auténtica universidad obrera.
  • Hay que tener en cuenta que en la cárcel la convivencia es muy estrecha y aunque los roces no eran frecuentes, los había alguna vez. Las riñas solían ser generalmente por cosas menores.
  • Son compresibles las dudas y las vacilaciones; también es comprensible que todas las fachadas que los seres humanos crean en torno a sí mismos, se derrumben ante una realidad tan dura como perder la propia vida, no accidentalmente, sino conscientemente (huelgas de hambre).
  • Mis juicios fueron una gran farsa donde las sentencias estaban establecidas de antemano y venían determinadas claramente por el Ministerio de la Gobernación y el propio Gobierno.
  • Muchas personas que me conocen, o que convivieron conmigo en las cárcelos, saben que nunca di un respiro a mi lucha contra la dictadura, todo ello sin dejar de estudiar jamás.
  • Las movilizaciones de masas, las huelgas proyectadas, manifestaciones, etcétera, y las consecuencias de estas movilizaciones para el futuro político y social, fueron truncadas por el atentado y muerte de Carrero.
  • Mi mayor satisfacción no es sólo la de haber luchado toda una vida por una causa justa, sino que las cosas andaran mejor cuando ya no fuera secretario general o no estuviera.
  • La verdad es que cambia la estructura interna, la forma de la clase, pero no el contenido, porque la renta nacional se sigue repartiendo entre salarios y beneficios.

Enlaces relacionados:

Libro de agradable lectura recomendable a quien le pueda interesar el personaje o la temática de sus circunstancias.

raul

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4 comentarios to “Confieso que he luchado de Marcelino Camacho – Apuntes Breves”

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