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Casa del Olivo de Carlos Castilla del Pino – Apuntes Breves

Posted by Raul Barral Tamayo en Lunes, 7 de septiembre, 2009


Ocho años después de la publicación de pretérito imperfecto, el primer volumen de su autobiografía, ganador en 1996 del IX Premio Comillas, Carlos Castilla del Pino, uno de los más eminentes psiquiatras españoles, ofrece a sus lectores la tan esperada segunda parte, casa del olivo, que desde el punto de vista histórico-biografico continúa y concluye la primera parte, y que, dada la cercanía de muchos de los hechos que en ella se evocan, destila una inmediatez y una pasión asombrosas.

Casa del Olivo se inicia en Córdoba, en 1949, donde el autor se ha hecho cargo del Dispensario de Psiquiatría, una ciudad reflejo de lo que era una capital de provincia en la España gris e inmóvil tras la guerra civil. Carlos Castilla del Pino se enfrenta entonces a la realización de su proyecto vital, profesional e intelectual en el rígido contexto de la dictadura franquista, con la que muy pronto entra en conflicto. El relato, siempre minucioso, de sus experiencias con los pacientes, de sus viajes, de sus contactos con la oposición política, de sus relaciones con el mundo intelectual y con la psiquiatría oficial, traza un vigoroso retrato de los últimos cincuenta años de la historia de nuestro país.

Algunas de las cosillas que aprendí leyendo este libro que no tienen porque ser ni ciertas ni falsas ni todo lo contrario:

  • La Córdoba que presento sobre todo en las primeras páginas de este libro es reflejo de una capital de provincia en la España de los ciencuenta (toda España se había hecho provinciana y cateta inmediatamente después de la guerra civil).
  • Durante muchos años, el país se quedó quieto, inmóvil; si “algo” ocurría se ocultaba: una semana después nadie se acordaba de lo ocurrido, es decir, nada había sucedido.
  • Estas páginas son continuación de las publicadas con el título de Pretérito Imperfecto donde se hallan las bases de mi personalidad.
  • La homosexualidad les llevaba a segregarse, antes, o al mismo tiempo, que ser segregados. Juntos, eran autosuficientes. Ser homosexual se pagaba llegada la hora.
  • Sí, se podía hablar, pero sabiendo muy bien de qué, es decir, de qué no se podía hablar. Cualquier individuo “afecto al régimen” podía hacerte callar si oía algo que le pareciera improcedente o, simplemente, crítico respecto de “la situación”; el régimen no podía ser cuestionado ni por asomo.
  • Este silencio impuesto por la violencia y el miedo duró hasta después de la muerte de Franco.
  • La represión en Córdoba alcanzó tal dureza que llegó a alarmar a algunos de los más sensatos conservadores.
  • Las visitas a los conventos de clausura me atrajeron desde siempre.
  • En torno a 1956 aparecieron los Cursillos de Cristiandad, un ejercicio de religiosidad a la medida de las clases medias del franquismo.
  • Cuando mis ingresos, sumados a mi sueldo, alcanzaron dos meses seguidos las tres mil pesetas, pensé que ya podía casarme.
  • Mi matrimonio trajo consigo una limitación y una transformación de mis relaciones.
  • Mi aspiración era obtener una cátedra en una universidad de provincia y sosegadamente formar una escuela, grupos de trabajo de clínica, de investigación neuropatológica y psicopatalógica, de terapias.
  • Mi impericia como educador era absoluta, inimaginable.
  • Enseguida pude darme cuenta de la enorme complicación psicológica que me causó la presencia de nuestro hijo. Hasta que transcurrieron varios meses, me veía incapaz de identificarlo como algo que viniera de mí, y lo vivía como extraño y perturbador.
  • Mientras no aparecieron los problemas con los estudios, mantuve el equilibrio en la relación con mis hijos.
  • El dispensario era un lugar vergonzoso.
  • El año 1952 es una fecha histórica en neurología y psiquiatría: a mediados de ese año apareció la isoniazida, de enorme eficacia en la tubercolisis en general y también en la meningitis tuberculosa. Al mismo tiempo, aparecieron los dos primeros antipsicóticos y el primer antidepresivo. Cambió todo.
  • El dispensario modificó el enfoque originario que yo tenía de la psiquiatría clínica, de ahí mi alejamiento definitivo de la psiquiatría “oficial”, muy rígida, inspirada ante todo en la psiquiatría alemana, de carácter manicomial, y mi interés por la norteamericana, más atenta a los aspectos psicosociales.
  • Esta conciencia del sufrimiento concreto de tanta gente me convirtió en un antifranquista rabioso.
  • En 1959, sin duda como precaución ante posibles detenciones, se hubiera podido decir sencillamente “no soy del PC” sin mentir, y lo que es más importante, tampoco los demás hubieran podido afirmar “es del PC”, porque no había constancia formal, la integración en el PC no se hacía de una manera explícita.
  • Mi acercamiento al PC estaba motivado por dos cosas: la primera, porque de todos los grupos de oposición al régimen era el mejor organizado y el que mostraba más coherencia y entrega; la segunda, porque confiaba en que sabría adaptarse a las formas democráticas occidentales.
  • He conocido a gente de muy diverso talante entre los miembros del Partido Comunista. Pero entre los que procedían de la clase obrera percibí siempre una honradez, una entrega y hasta diría una heroicidad ejemplares, sin hacer gala de ello en ningún momento.
  • El coche fue un instrumento que me permitió introducirme en lugares desconocidos de una forma singular: como extraño hasta cierto punto, pero sobre todo como observador de escenarios siempre nuevos.
  • En la década de los sesenta se asentó definitivamente el poder absoluto de López Ibor en la psiquiatría española. Quien no estaba dispuesto a aceptar sus reglas podía despedirse de cualquier actividad psiquiátrica pública (congresos, oposiciones).
  • La psiquiatría que se institucionalizó fue de corte religioso, pero “moderno”.
  • La psiquiatría tenía que ser católica, pero no ya al modo medieval de Vallejo Nájera, sino al modo “europeo y moderno”.
  • Una característica del madrileño nato, o de adopción, es lo que, parafraseando a Heidegger, podríamos llamar “enteralidad”, es decir, “el-estar-enterado-de”.
  • La convicción, dolorosamente asumida, de que mi suerte estaba echada y de que me esperaba el aislamiento de la psiquiatría oficial, y sobre todo la renuncia a la universidad, se tradujo en la inequívoca y definitiva consciencia de que mi vida se anclaba para siempre en Córdoba.
  • Mi aislamiento del universo psiquiátrico se inicia en 1960. Pasé a ser un paria vencido y acabado.
  • Mi destino estaba definitivamente en Córdoba con un dispensario en el que llevábamos a cabo una tarea clínica importante y, por añadidura, social, pero con muchas deficiencias y limitaciones en el plano docente.
  • Louis Bertrand: “Este libro no se hubiera podido escribir en Suiza. Porque en Suiza nunca pasa nada”.
  • Un Estudio sobre la Depresión ejerció en mí un efecto terapeútico: me curó de la postración en que hasta entonces había estado sumido.
  • Quienes basaron su identidad no ya en la militancia, sino en su antifranquismo, se quedaron vacíos una vez muerto Franco.
  • Aunque Santiago Carrillo seguramente era consciente de mi ineptitud para la política, intentó al menos que “figurara” en las listas. Rechacé la proposición.
  • Es difícil pensar que se pueden tener aptitudes para lo que no se tiene afición.
  • Reivindico para mí mismo el derecho a buscar el resquicio por el cual salir de la desgracia y construirme un lugar donde ser feliz.
  • La muerte llega cuando uno no tiene ya nada que vivir. Pero mientras la vida importa, mientras se es capaz de mirar y admirar el contenido de cada día, uno está explícitamente afirmando, cuando menos ante sí mismo, que aún no es el momento de dejar este mundo.

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4 comentarios to “Casa del Olivo de Carlos Castilla del Pino – Apuntes Breves”

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