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Memorias de Jean-François Revel – Apuntes Breves

Posted by Raul Barral Tamayo en Lunes, 11 de enero, 2010


Memorias. El ladrón en la casa vacía es un relato fascinante sobre la libertad y sus enemigos escrito por Jean-François Revel, una figura que ocupa un lugar único en la vida política europea contemporánea.

Revel fue un intelectual que amó y ejerció la libertad. A la vez, denunció y combatió sin descanso a los enemigos de ésta.

“Es preciso asignar un lugar único en la Historia a los intelectuales disidentes que desde lo más profundo de la noche totalitaria hallaron en sí mismos el valor y la lucidez para analizar en sus mínimos detalles la naturaleza de los regímenes que los oprimían”, afirma Revel en homenaje a quienes padecieron el comunismo y el fascismo. Sus Memorias dan cuenta de su dedicación a la defensa de la democracia liberal y de su denuncia constante de quienes han pretendido debilitarla o suprimirla.

Algunas de las cosillas que aprendí leyendo este libro que no tienen porque ser ni ciertas ni falsas ni todo lo contrario:

  • Sin subestimar lo que hay en la vida, respectivamente, de inevitable y de accidental, sin que ninguna de ambas sea deseable, en mi memoria se acumulas las circunstancias, pequeñas o grandes, decisivas o triviales, en las que tenía la facultad de elegir y me equivoqué.
  • No pasa un día sin que, en la mesa, en la cama, por la calle, en la playa, no emita un ronco gemido de arrepentimiento y vergüenza. Es cuando me remuerde el recuerdo de una estupidez fatal, una reacción vulgar, una mentira degradante, una fanfarronada ridícula que cometí hace mucho, hace poco o anteayer.
  • Mi arrepentimiento más cruel se debe a mi incapacidad cada vez mayor para defender mi tiempo de los saqueadores exteriores.
  • Lo que los jesuitas soportaban peor era que yo bebiera de unas fuentes intelectuales distintas de aquellas en que aquellos abrevaban a su rebaño.
  • La erudición de algunos eminentes historiadores no les inmuniza contra la ceguera política cuando juzgan la historia que se está haciendo.
  • Alrededor de los doce años hice el descubrimiento de que a la cultura sólo se llega por caminos oblicuos. Es decir, oblicuos en relación con la enseñanza oficial, pero rectos en relación con la propia cultura.
  • La mayoría de los estudiante cometían el error de creer que la iniciación a los clásicos de la filosofía debía ser filtrada por la absorción previa de unos buenos apuntes o un buen libro sobre tal autor o tal otro, por considerarlos demasiado difíciles para que un principiante pudiera abordarlos de frente.
  • La iniciación a la historia de las ideas, y de la literatura, debe estar siempre muy unida a la explicación de los textos.
  • En un hospedaje, al pagar compras la despreocupación; en tu casa, al pagar compras los problemas.
  • Mi eclecticismo díscolo me libró de la ortodoxia.
  • La única barrera contra el fanatismo asesino es vivir en una sociedad pluralista donde el contrapeso institucional de otras doctrinas y otros poderes siempre nos impide llegar con los nuestros hasta el final.
  • Es escritor aquel de quien podemos afirmar que si no hubiera existido, tampoco habrían existido sus palabras ni la manera de expresarlas, y quizá nunca hubiéramos sabido que pudieran existir.
  • La multiplicación de los compradores de libros y de los visitantes de las exposiciones me parece uno de los éxitos intelectuales más convincentes de la democracia.
  • Los profesores de la enseñanza pública olvidaban que la noción de “laicismo” significa neutralidad no sólo ante los dogmas religiosos, sino ante cualquier tipo de dogma.
  • Los jefes y los camaradas que conocí también actuaban por patriotismo, por idealismo político y odio al nazismo. Pero la mayoría sabían que sus méritos de resistentes, si sobrevivían, les abrirían las puertas de una carrera política o administrativa después de la liberación.
  • Poca gente comprendió que el fin del comunismo como sistema político no implicaba en absoluto el fin de los males que el comunismo había infligido a la civilización europea.
  • Los europeos sí han asimilado una lección de sus crímenes contra ellos mismos: se llama Unión Europea.
  • La vida, en los períodos excepcionales, también puede seguir siendo cotidiana en el buen sentido. Nunca, en todo mi vida, fui tanto al teatro como durante la ocupación.
  • En Francia la intolerancia con las ideas se compensa con la tolerancia con las personas, el sectarismo con la camaradería.
  • Descubrí una faceta de la psicología de los periodistas que volvía a comprobar a menudo cuando yo mismo lo fui: una curiosidad más fuerte por los monstruos que por sus enemigos, a condición de que los monstruos actúen en el bando ideológico de los malos, por supuesto.
  • El georgiano, Gurdjieff, contesta a nuestras preguntas en una jerigonza francorrusa digna del anglorruso de Misha Auer. De los verbos sólo conoce el infinitivo, ignora los artículos, las preposiciones y las conjunciones de coordinación y subordinación.
  • La sustancia propiamente dicha de la enseñanza de Georges Ivanovich Gurdjieff, Guiorguivanch para los amigos, juntaba en un vulgar popurrí elementos tomados del viejo fondo universal de las doctrinas de conquista de la sabiduría y la iluminación espiritual.
  • Gurdjieff engatusaba con cinismo a unos occidentales que consideraba degenerados por haber repudiado la “tradición”, salvo honrosas excepciones, como los rosacruces.
  • Sólo la discreción me impide nombrar a las personas influyentes o famosas, entonces y después, con quienes me encontré en la calle Colonels Renard. Me codeé con presidentes actuales o futuros de grandes empresas, altos funcionarios, médicos de hospital y catedráticos de universidad, eminentes periodistas y directores de periódicos, artistas de renombre que se mezclaban con una fauna menos reluciente de pequeños empleados beaturrones o inglesas decrépitas pero devotas y remuneradoras.
  • Gurdjieff no intentaba retener a nadie. Los adeptos acudían a él si querían y cuando querían, y podían desaparecer para siempre sin qu él se preocupara por su suerte.
  • Por falsificadas que estuvieren, las “enseñanzas” de Gurdjieff se remitían a una tradición auténtica de la que había recogido algunas migajas.
  • Nunca pude obligarme a que mi vida se redujera a una sola. Nunca dejé de estar en varios lugares, materiales y morales, a la vez tanto en mi destino privado y personal como en mis actividades profesionales o intereses intelectuales.
  • Lo único divertido es divagar por tu propio coto privado, es decir, en un trabajo que reporte unos mínimos ingresos puntualmente pagados. Es la clave de la tranquilidad de la mente y de la independencia moral.
  • En la administración francesa no existe peor crimen que pasar por encima de tu jefe.
  • Descubrí que Francia, el país del mundo que con más esmero cuida sus “relaciones culturales” y su “lustre” internacional, hace gala de una ineficacia eminente cuando se trata de pasar a la acción.
  • Las constituciones latinoamericanas en teoría están calcadas del patrón norteamericano. Pero en la práctica la omnipotencia presidencial, en Latinoamérica confisca en gran medida las prerrogativas del Congreso.
  • El subdesarrollo no se define únicamente en término económicos. Es un estado mental cuyos estigmas psicológicos no dependen sólo del nivel de vida.
  • Los índices de atraso más graves en esta clase de sociedades son la megalomanía xenófoba y el elogio de sí sin pudor. Recurren al expediente lamentable de achacar a los extranjeros o los adversarios todos los fracasos y sentimientos de frustación que se experimentan, tanto en el orden cultural como en el económico.
  • Nuestras penas y amores sólo tienen interés para los demás a partir del momento en que dejan de tenerlo para nosotros y podemos novelarlas.
  • La suerte me ha ahorrado el golpe más temible y que habría sido el más devastador para mí, la pérdida de uno de mis hijos.
  • La repercusión de un texto sólo depende en parte de la difusión del medio en que se publica. Sobre todo depende de su carácter inesperado y de la claridad con que explicita lo que muchos lectores pensaban de un modo confuso sin llegar a formularlo.
  • Los escritores deben tomar precauciones para impedir que un alma bienintencionada añada una “correción” al texto sin que se enteren.
  • Si la historia es el resultado de imperativos tan determinantes que los hombres de Estado deben limitarse a identificarlos y seguirlos al pie de la letra, cabe preguntarse para qué sirven los gobiernos.
  • Suprimamos los gobiernos.
  • La historia no concierta citas, sólo da plantones.
  • Una historia individual es fruto del azar y de la libertad. Ningún ser humano dirige el juego en que participa ni puede prever o siquiera imaginar, entre el sinfín de posibilidades que gravitan a su alrededor, cúal será la media docena que efectivamente se pongan a su alcance. Pero entre éstas podrá elegir.
  • La creación por delegación puede dar más disgustos y alegrías que la directa.  A menudo somos más temerosos con lo que recomendamos que con lo que creamos.
  • Pasteur: “El azar sólo favorece a las personas preparadas”.
  • ¡Siento un respeto infinito por la ciencia! Por eso mismo desprecio a quienes la simulan.
  • No hay cultura, sólo hay personas cultas. No hay una cultura en general, fuera del individuo. Una cultura muere cuando desaparecen quienes la encarnan.
  • La cultura se transmite renovándose entre mentes que, en lugar de repetir ideas y gustos asimilados, los reviven, los evalúan de nuevo y los rehacen para sí y en sí mismos.
  • La indiferencia ante la vida privada de los demás es el mejor modo de respetar su libertad.
  • Esta reserva respecto de la vida privada de los demas no suele darse, en los ambientes en que más espera uno encontrarla: en la alta sociedad, la jet set.
  • René fue expulsado del Partido Comunista, inflexible censor tanto de las herejía sexuales como de las perversiones ideológicas.
  • El Capital y la Introducción a la crítica de la economía política son catedrales del pensamiento histórico, económico y sociológico.
  • El comunismo me ha producido indignación, pero únicamente la que sentía al ver cómo hombres libres se volvían voluntariamente esclavos.
  • La mejor garantía de no verte casado a la ligera, de buenas a primeras, es estarlo ya. Me libró de la tentación de volver a casar irreflexivamente.
  • Sólo los pobres de espíritu puede creer aún en la jerarquía de los géneros literarios, en la superioridad intrínseca de la oda sobre el madrigal, de la tragedia sobre la novela o del tratado filosófico sobre el libelo polémico. No hay géneros, sólo talentos. Más aún: no hay talentos, solamente hay textos.
  • Un escritor que colabora regularmente en la prensa es indudablemente un periodista, pero un periodista cuyos artículos sólo se entienden del todo a la luz de sus libros.
  • A pesar de haber colaborado durante cuarenta años con los diarios más leídos e influyentes de Francia y otros países, nunca he merecido el carné de periodista. Y el motivo es que el periodismo nunca ha sido mi única fuente de ingresos, ni siquiera la principal.
  • Cuando uno escribe un artículo escribe para los demás; cuando escribe un libro, escribe para uno mismo.
  • Lo mejor que le puede pasar a un escritor, sobre todo si es joven, es encontrar un editor. Y no me refiero solamente a conseguir que le editen, objetivo evidente, sino a encontrar un editor que sea un hombre, que represente la edición en carne y hueso.
  • Es humillante que el feminismo sectario nos obligue a añadir precisiones tan imbéciles.
  • Los franceses profesan un culto platónico a la alta cultura.
  • La libertad del creador, su dignidad también, se consiguen con el favor del público y no con las subvenciones oficiales.
  • Todo arte es también comercio o debe poder serlo, y sin ello desembocamos en un arte de tipo soviético o nazi, que descansa por completo en los encargos oficiales, con los desastres estéticos de todos conocidos.
  • La lógica de la ecuación que hace equivaler la falta de éxito a la calidad es tan falsa como la de la ecuación contraria, menos conforme a los prejuicios vigentes, que asocia el valor al éxito.
  • Los comienzos de un autor puede ser más fáciles que el resto de su carrera. Contra un desconocido que publica su primer libro, las camarillas, las ideologías,  las solidaridades gremiales no han construído todavía ninguna defensa previa. Este período de inocencia cautivadora puede prolongarse hasta el segundo o tercer libro.
  • La acción no responde a la racionalidad pura. Pero tampoco puede dejarla de lado.
  • El arte de gobernar surge de un compromiso entre el conocimiento de las realidades y la parte de ese conocimiento que la ciudadanía puede aceptar, para extraer las conclusiones prácticas cuando no hay otro modo de actuar.
  • Lo que más me atría del Mitterrand de los años sesenta era su negativa inflexible a transigir con lo que entonces se llamaba el “poder personal” del general De Gaulle.
  • Los políticos pueden ser de dos clases: los que están hechos para el gobierno y los que están hechos para la oposición. Son raros los que destacan en ambos cargos.
  • En mis contactos fugaces y subalternos con la política básica el descubrimiento que más me sorprendió fue no tanto su inmoralidad como la mediocridad de esta inmoralidad.
  • La esclerosis intelectual y la ceguera ante los fines acechan a todos los políticos.
  • Sartre fue la reencarnación suprema del desastre cultural francés de posguerra.
  • El tiempo borra el recuerdo de las desgracias, nunca el de los errores.
  • Yo, antiguo alumnos de los jesuitas, convertido en ateo; yo, discípulo de Voltaire, ¡tenía una hija ortodoxa griega, un hijo budista tibetano y otro hijo judío!
  • Según la ley de Moisés, la religión de la madre determina la de los hijos.
  • El peligro, en el fondo, no es el clero. Después de todo, cuenta con tan buena gente como las demás profesiones. Es la religión. Engendra la intolerancia en nombre del amor al prójimo y, como el deporte de competición, incita a las masas al fanatismo y a la violencia.
  • Dar clase a alumnos no consiste sólo en interesarlos, sino en hacerles trabajar y, si es necesario, obligarlos a ello.
  • La ciencia y la paciencia del profesor pueden recorrer la mitad del camino para ir al encuentro del alumno, pero no pueden sustituir el esfuerzo inherente al acto de aprender.
  • El esfuerzo intelectual ya no se condiera indispensable para ser un buen estudiante. De hecho, ya no se dice que un alumno es vago, se dice que “sufre fracaso escolar”. El gandul de toda la vida ha desaparecido.
  • La pedagogía teórica se reinventa  precisamente cuando nadie sabe enseñar.
  • Una vez conseguido el respeto se acaban los problemas de disciplina.
  • El odio a la libertad a veces se enmascara como su defensa.
  • La diferencia entre la educación totalitaria y la educación liberal estriba en una distinción de lo más sencillo: la primera prescribe lo que hay que pensar, la segunda enseña cómo pensar.
  • No hay mejor prueba de moralidad que el insulto de un canalla.
  • La sinceridad de las convicciones no libra del error.
  • El ingenio que gastan los humanos para inventar o rehabilitar argumentos a favor de los errores es mucho mayor que el dedicado a buscar y demostrar verdades.
  • En la labor de periodista lo más arduo es vencer la resistencia que oponen a ser divulgados los prejuicios, los intereses, las cobardías y la estupidez.
  • Es posible que coordinar el trabajo intelectual realizado por otro agote más que hacerlo uno mismo.
  • Los periodistas de talento son de trato fácil. Saben que uno depende de ellos y que en caso de desavenencia con la dirección por una cuestión de fondo, no les costará nada encontrar otro periódigo en que colaborar. La pesadilla del director son los malos, perpetúan a base de intrigas el milagro de estar ahí.
  • Dirigir una revista suponer lidiar con tres socios a los que hay que escuchar y dominar a un tiempo, explotar y satisfacer, tratar con respeto pero infundiendo también ese mismo respeto: el propietario, la redacción y el público.
  • La ilusión de que la comunicación es omnipotente afecta a la psique de la mayoría de los dirigentes.
  • Los mediocres tienen una ventaja, y es que dedican todo su tiempo a intrigar sin interesarse por nada más, mientras que sus víctimas pasan la mayor parte del suyo creando y apenas se preocupan de devolver las intrigas.
  • En Francia el totalitarismo no ha triunfado nunca, a no ser por medio de una ocupación extranjera.
  • El título “El ladrón en la casa vacía” está tomado de una comparación budista entre la vida humana perdida en el mundo de la ilusión, antes del “despertar” y la avidez estéril de un ladrón que entra en una casa rica en apariencia y una vez dentro se da cuenta de que está completamente vacía.
  • No creo que nuestra vida sea una mera ilusión. A mi entender, la verdadera ilusión es la obsesión por ese trasmundo.
  • Por vanidad, por cobardía, por ceguera, por dejadez, no queremos admitir que nuestra historia personal, como la historia de la humanidad, podría haber sido mejor si hubiéramos sido menos estúpidos, pusilánimes o malvados.
  • Dos lecciones, la primera, que tener éxito apenas depende de lo que uno haga al margen del propio libro, y la segunda que tener éxito no es ni mucho menos lo mismo que ser comprendido.
  • De todos los sueños de juventud, el menos recomendable es el anhelo de celebridad.

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4 comentarios to “Memorias de Jean-François Revel – Apuntes Breves”

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