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Si esto es un hombre de Primo Levi – Apuntes Breves

Posted by Raul Barral Tamayo en Lunes, 14 de junio, 2010


Si esto es un hombre, libro que inaugura la trilogía que Primo Levi dedicó a los campos de exterminio, surgió en la imaginación de su autor durante los dias de terror en Auschwitz, cuando la principal preocupación de los prisioneros era que, de sobrevivir, nadie creería la atrocidad de la historia vivida.

Los campos de concentración y exterminio, más que resguardados por las alambradas y los guardias, lo estuvieron por su propia monstruosidad, que los hacía inconcebibles.

Es la austeridad del testimonio de Primo Levi, una víctima que no grita pero que arranca el grito de la garganta de su lector, lo que devuelve al horror su realidad y lo hace inteligible como una siniestra señal de peligro.

Un libro conmovedor de un hombre con una indestructible fe en la razón.

Algunas de las cosillas que aprendí leyendo este libro que no tienen porque ser ni ciertas ni falsas ni todo lo contrario:

  • No he escrito este libro con intención de formular nuevos cargos; sino más bien de proporcionar documentación para un estudio sereno de algunos aspectos del alma humana.
  • Habrá muchos, individuos o pueblos, que piensen, más o menos conscientemente, que “todo extranjero es un enemigo”. En la mayoría de los casos esta convicción yace en el fondo de las almas como una infección latente; se manifiesta sólo en actos intermitentes o incoordinados, y no está en el origen de un sistema de pensamiento. Pero cuando éste llega, cuando el dogma inexpresado se convierte en la premisa mayor de un silogismo, entonces, al final de la cadena está el Lager.
  • La historia de los campos de destrucción debería ser entendia por todos como una siniestra señal de peligro.
  • La necesidad de hablar “a los demás”, de hacer que “los demás” supiesen, había asumido entre nosotros, antes de nuestra liberación y después de ella, el carácter de un impulso inmediato y violento, hasta el punto de que rivalizaba con nuestras demás necesidades más elementales.
  • Me parece superfluo añadir que ninguno de los datos ha sido inventado.
  • Doctrina del Lager, el primer oficio de un hombre es perseguir sus propios fines por medios adecuados, y quien se equivoca lo paga.
  • ¿Cómo es posible golpear sin cólera a un hombre?
  • Todo el mundo descubre, tarde o temprano, que la felicidad perfecta no es posible, pero pocos hay que se detengan en la consideración opuesta de que lo mismo ocurre con la infelicidad perfecta. Los momentos que se oponen a la realización de uno y otro estado límite son de la misma naturaleza: se derivan de nuestra condición humana, que es enemiga de cualquier infinitud.
  • La seguridad de la muerte pone límite a cualquier gozo, pero también a cualquier dolor.
  • Pocos son los hombres que saben caminar a la muerte con dignidad, y muchas veces no aquellos de quienes lo esperaríamos. Pocos son los que saben callar y respetar el silencio ajeno.
  • En menos de diez minutos todos los que éramos hombres útiles estuvimos reunidos en un grupo. Lo que fue de los demás, de las mujeres, de los niños, de los viejos, no pudimos saberlo ni entonces ni después. Desaparecieron así en un instante, a traición, nuestras mujeres, nuestros padres, nuestros hijos. Casi nadie pudo despedirse de ellos.
  • El autocar se detuvo y vimos una gran puerta, y encima un letrero muy iluminado (cuyo recuerdo todavía me asedia en sueños): ARBEIT MACHT FREI, el trabajo nos hace libres.
  • Por primera vez nos damos cuenta de que nuestra lengua no tiene palabras para expresar esta ofensa, la destrucción de un hombre. En un instante, con intuición casi profética, se nos ha revelado la realidad: hemos llegado al fondo. Más bajo no puede llegarse: una condición humana más miserable no existe, y no puede imaginarse. No tenemos nada: nos han quitado las ropas, los zapatos, hasta los cabellos; si hablamos no nos escucharán, y si nos escuchasen no nos entenderían. Nos quitarán hasta el nombre: y si queremos conservarlo deberemos encontrar en nosotros la fuerza de obrar de tal manera que, detrás del nombre, algo nuestro, algo de lo que hemos sido, permanezca.
  • Sabemos que es difícil que alguien pueda entenderlo, y está bien que sea así. Pensad cuánto valor, cuánto significado se encierra aún en las más pequeñas de nuestras costumbres cotidianas, en los cien objetos nuestros que el más humilde mendigo posee: un pañuelo, una carta vieja, la foto de una persona querida.
  • A quien lo ha perdido todo fácilmente le sucede perderse a sí mismo.
  • Me he enterado que soy un Häftling. Me llamo 174517; nos han bautizado, llevaremos mientras vivamos esta lacra tatuada en el brazo izquierdo.
  • A los veteranos en el campo el número se lo dice todo: la época de ingreso en él, el convoy del que formaban parte y, por consiguiente, la nacionalidad.
  • Aparecen los pelotones de nuestros compañeros que vuelven del trabajo. Vienen en columnas de cinco: tienen un modo de andar extraño, inhumano, duro, como fantoches rígidos que sólo tuviesen huesos: pero andan marcando escrupulosamente el tiempo de la música.
  • Los huéspedes del Lager se dividen en tres categorías: los criminales, los políticos y los judíos. Todos van vestidos a rayas, todos son Hätflinge, pero los criminales llevan junto al número, cosido en la chaqueta, un triángulo verde; los políticos un triángulo rojo; los judíos, que son la mayoría, llevan la estrella hebraica, roja y amarilla. Nuestros verdaderos dueños son los triángulos verdes.
  • Responder Jawohl, no hacer preguntas, fingir siempre que hemos entendido.
  • Estamos en condiciones de calcular, basándonos en la capacidad de los distintos calderos, cuál es el sitio más conveniente al que aspirar cuando hay que hacer cola.
  • Hemos aprendido que todo es útil.
  • En cualquier parte pueden robarte, o mejor, te roban automáticamente en cuanto te falla la atención; y para evitarlo hemos tenido que aprender el arte de dormir con la cabeza sobre un lío hecho con la chaqueta que contiene todo cuanto poseemos, de la escudilla a los zapatos.
  • Conocemos ya buena parte del reglamento del campo, que es extraordinariamente complicado. Las prohibiciones son innumerables. Infinitos e insensatos son los ritos que hay que cumplir.
  • Se dan innumerables circunstancias, normalmente insignificantes, que se convierten en problemas.
  • La muerte en el Lager empieza por los zapatos, después de largas horas de marcha, ocasionan dolorosas heridas las cuales fatalmente se infectan. Entrar en el hospital con el diagnóstico de dicke Füsse (pies hinchados) es extraordinariamente peligroso, porque es bien sabido por todos, y especialmente por los SS, que de este mal aquí es imposible curarse.
  • El horario de trabajo cambia según la estación. Todas las horas de luz son horas de trabajo.
  • Quince días después del ingreso tengo ya el hambre reglamentaria, un hambre crónica desconocida por los hombres libres, que por la noche nos hace soñar y se instala en todos los miembros de nuestro cuerpo.
  • Si encuentro una cuchara, una cuerda, un botón del que puedo apropiarme sin peligro de ser castigado me lo meto en el bolsillo y lo considero mío de pleno derecho.
  • El pan es nuestra única moneda.
  • El Lager es una gran máquina para convertirnos en animales, nosotros no debemos convertirnos en animales. Debemos, por consiguiente, lavarnos la cara sin habón, en el agua sucia, y secarnos con la chaqueta.
  • A nuestro alrededor todo nos es enemigo. Todos son aquí enemigos o rivales.
  • La facultad humana de hacerse un hueco, de segregar una corteza, de levantarse alrededor de una frágil barrera defensiva, aun en circunstancias que parecen desesperadas, es asombrosa, y merecería un estudio detenido.
  • Sabemos bien que el ocasionarse un pequeño dolor sirve de estimulante para poner en movimiento las últimas reservas de energía.
  • La convicción de que la vida tiene una finalidad está grabada en todas las fibras del hombre, es una propiedad de la sustancia humana.
  • Nuestra finalidad es llegar a la primavera. Incluso yo he sentido su tibieza a través de mi ropa, he comprendido que se pueda adorar al sol.
  • Así es la naturaleza humana, las penas y los dolores que se sufren simultáneamente no se suman por entero en nuestra sensibilidad, sino que se esconden, los menores detrás de los mayores, según una ley de perspectiva muy clara.
  • En el Lager la tela escasea y es preciosa.
  • Hasta las piedras del Lager saben que en noventa y nueve veces de cada ciento quien no tiene camisa la ha vendido por hambre.
  • Frente a la necesidad y el malestar físico oprimente, muchas costumbres e instintos sociales son reducidos al silencio.
  • La lucha por la supervivencia no tiene remisión porque cada uno está desesperadamente, ferozmente solo.
  • Sucumbir es lo más sencillo: basta cumplir órdenes que se reciben, no comer más que la ración, atenerse a la disciplina del trabajo y del campo. La experiencia ha demostrado que, de este modo, sólo excepcionalmente se puede durar más de tres meses.
  • Ofrézcase a algunos individuos en estado de esclavitud una posición privilegiada, cierta comodidad y una buena probabilidad de sobrevivir, exigiéndoles a cambio la traición a la solidaridad natural con sus compañeros, y seguro que habrá quien acepte. Será tanto más odiado cuanto mayor poder le haya sido conferido.
  • El sobrevivir sin haber renunciado a nada del mundo moral propio, a no ser debido a poderosas y directas intervenciones de la fortuna, no ha sido concecido más que a poquísimos individuos superiores, de la madera de los mártires y de los santos.
  • Hoy, este verdadero hoy en el que estoy sentado a una mesa y escribo, yo mismo no estoy convencido de que estas cosas hayan sucedido de verdad.
  • La experiencia nos había demostrado ya infinitas veces la vanidad de toda previsión.
  • Nuestra sabiduría consistía en “no tratar de entender”, ni imaginarse el futuro, no atormentarse por cómo y cuándo acabaría todo: no hacer y no hacerse preguntas.
  • Los personajes de estas páginas no son hombres. Su humanidad está sepultada, o ellos mismos la han sepultado, bajo la ofensa súbita o infligida a los demás.
  • El trabajo, el frío y el hambre son suficientes para acaparar toda nuestra atención.
  • El examen es muy rápido y sumario y, por otra parte, para la administración del Lager, lo importante no es tanto que sean eliminados precisamente los inútiles, como que queden rápidamente libres los sitios de acuerdo con determinado tanto por ciento preestablecido.
  • Sé que si uno quiere robar, y si se dedicar a ello con seriedad, no hay vigilancia ni registro que puedan impedírselo.
  • Towarowski propuso a los otros enfermos que cada uno de ellos nos diese una rebanada de pan a los tres que trabajábamos, y su proposición fue aceptada. Sólo un día antes un acontecimiento semejante habría sido inconcebible. La ley del Lager decía: “Come tu pan y, si puedes, el del vecino”, y no dejaba lugar a la gratitud. Fue aquel el primer gesto humano que se produjo entre nosotros. Creo que se podría fijar en aquel momento el principio del proceso mediante el cual, nosotros, de Hätflinge empezamos lentamente a volver a ser hombres.
  • Destruir al hombre es difícil, casi tanto como crearlo: no ha sido fácil, no ha sido breve, pero lo habéis conseguido, alemanes.
  • Desde hacía demasiado tiempo me había acostumbrado a pensar en la muerte por enfermedad como en un evento posible, y en tal caso inevitable y, en consecuencia, fuera del alcance de cualquier medida tomada por nosotros.
  • Nunca he comprendido como entonces lo trabajosa que es la muerte de un hombre.
  • En el Lager pensar es inútil, porque los acontecimientos se desarrollan las más de las veces de manera imprevisible; y es perjudicial, porque mantiene viva una sensibilidad que es fuente de dolor y que alguna próvida ley natural embota cuando los sufrimientos exceden un límite determinado.
  • Parte de nuestra existencia reside en las almas de quien se nos aproxima: he aquí por qué no es humana la experiencia de quien ha vivido días en que el hombre ha sido una cosa para el hombre.
  • Nunca cultivé en mí mismo el odio como deseo primitivo de revancha, de sufrimiento infligido a mi enemigo real o presunto, de venganza privada.
  • El sistema nazi, prudentemente, hacía que el contacto directo entre esclavos y señores se redujese al mínimo.
  • Debo confesar que ante ciertos rostros no nuevos, ante ciertas viejas mentiras, ante ciertas figuras en busca de respetabilidad, ante ciertas indulgencias, ciertas complicidades, la tentación de odiar nace en mí, y hasta con alguna violencia: pero yo no soy fascista, creo en la razón y en la discusión como supremos instrumentos de progreso, y por ello antepongo la justicia al odio.
  • No he perdonado a ninguno de los culpables, ni estoy dispuesto ahora ni nunca a perdonar a ninguno, a menos que haya demostrado haber cobrado conciencia de las culpas y los errores del fascismo nuestro y extranjero, y que esté decidido a condenarlos, a erradicarlos de su conciencia y de la conciencia de los demás.
  • Es cierto que la gran masa de alemanes ignoró siempre los detalles más atroces de lo que más tarde ocurrió en los Lager: el exterminio metódico e industrializado en escala de millones, … Hitler temía que estas horrorosas noticias, una vez divulgadas, comprometieran la fe ciega que le tributaba el país.
  • Es cierto que el terrorismo de Estado es un arma muy fuerte a la que es muy difícil resistir, pero también es cierto que el pueblo alemán, globalmente, ni siquiera intentó resistir.
  • En la Alemania de Hitler se había difundido una singular forma de urbanidad: quien sabía no hablaba, quien no sabía no preguntaba, quien preguntaba no obtenía respuesta.
  • Sólo a primera vista puede parecer paradójico que se subleve quien menos sufre.
  • Parece absurda y ofensiva la afirmación a veces formulada según la cual los judíos no se rebelaron por cobardía. Nadie se rebelaba.
  • Cada uno de nosotros, los sobrevivientes, se comporta de manera distinta, pero se distinguen dos grandes categorías. Pertenecen a la primera categoría los que rehúsan regresar, o incluso hablar del tema; los que, al contrario, han olvidado, han extirpado todo y han vuelto a partir de cero.
  • Entre los Lager soviéticos y los Lager nazis me parece que puedo observar diferencias sustanciales. Es fácil imaginar un socialismo sin Lager; no es imaginable, en cambio, un nazismo sin Lager.
  • La aversión contra los judíos, impropiamente llamada antisemitismo, es un caso particular de un fenómeno más vasto: la aversión contra quien es diferente de uno.
  • Las leyes humanas están precisamente para esto: para limitar los impulsos animales.
  • Meditar sobre lo que pasó es deber de todos.
  • No conocemos nuestro porvenir ni el de nuestro prójimo y nadie puede decir cuál habría sido su pasado “si”.
  • El hecho de haber sobrevivido y de haber vuelto indemne se debe en mi opinión a que tuve suerte. En muy pequeña medida jugaron los factores preexistentes, como mi entrenamiento para la vida en la montaña y mi oficio de químico. Quizás me haya ayudado mi interés, que nunca flaqueó, por el ánimo humano y la voluntad no sólo de sobrevivir, sino de sobrevivir con el fin preciso de relatar las cosas a las que habíamos asistido y que habíamos soportado. Y finalmente quizás haya desempeñado un papel también la voluntad, que conservé tenazmente, de reconocer siempre, aun en los días más negros, tanto en mis camaradas como en mí mismo, a hombres y no a cosas.

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5 comentarios to “Si esto es un hombre de Primo Levi – Apuntes Breves”

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