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La Tregua de Primo Levi – Apuntes Breves

Posted by Raul Barral Tamayo en Lunes, 5 de julio, 2010


En los campos de Auschwitz abandonados por los nazis, hacen su aparición apocaliíptica cuatro jinetes que, recortados contra un cielo de nieve y portando sus ametralladoras, observan a Primo Levi quien, junto con un camarada, entierra a un amigo en una fosa común. Los jinetes pertenecen al Ejército Rojo, que liberará a los sobrevivientes del campo de exterminio.

Éste es el libro del retorno a casa. Una odisea que mueve a un relato picaresco en el que no falta, sin embargo, la angustia. Por razones que nunca se aclararon, la repatriación del puñado de sobrevivientes italianos de Auschwitz llevó mucho tiempo y fue la culminación de un viaje tortuoso por Polonia, Rusia Blanca, Ucrania, Rumanía y Hungría.

La infinita riqueza de la humanidad empeñada en la supervivencia se testimonia aquí en los escensarios más insospechados: los mercados clandestinos de Cracovia, los cuarteles del Ejército Rojo, la vasta geografía rusa impregnada de gloria y de miseria, de olvido y vitalidad, los bosques vírgenes, las borracheras de la soldadesca, los dormitorios agitados de añoranzas de estos italianos que vuelven a casa después de haber conocido el infierno en la tierra.

Algunas de las cosillas que aprendí leyendo este libro que no tienen porque ser ni ciertas ni falsas ni todo lo contrario:

  • Varios indicios permiten deducir la primera intención alemana de no dejar ni un hombre vivo en los campos de concentración, pero un violento ataque aéreo nocturno, y la rapidez del avance ruso, indujeron a los alemanes a cambiar de opinión.
  • Éste es el terrible privilegio de nuestra generación y de mi pueblo, nadie ha podido comprender mejor la naturaleza incurable de la ofensa, que se extiende como una epidemia. Es una necedad pensar que la justicia humana pueda borrarla. Es una fuente de mal inagotable: destroza el alma y el cuerpo de los afectados; reverdece en infamia sobre los opresores, se perpetúa en odio en los supervivientes, y pulula de mil maneras, contra la voluntad misma de todos, como sed de venganza, como quebrantamiento de la moral, como negación, como cansancio, como renuncia.
  • No puedo decir que recuerde exactamente cuándo y cómo surgió de la nada mi conocimiento del griego.
  • Todos los códigos morales son, por definición, rígidos: no admiten matices, ni compromisos, ni se influencian recíprocamente. Se toman o se dejan en bloque. Ésta es una de las principales razones por las que el hombre es gregario, y busca más o menos conscientemente la proximidad no ya de su prójimo en general sino tan sólo de quien participa de las mismas profundas convicciones.
  • La necesidad de relaciones humanas hay que incluirla entre las necesidades más elementales.
  • Nadie nace con un decálogo en el cuerpo, y cada uno se hace el suyo andando y con hechos consumados, según el patrón de sus experiencias, o de las ajenas asimilables a las propias.
  • No es raro que del choque de dos necesidades resulten decisiones insensatas cuando lo más sabio sería dejar que el dilema se resolviese por su propio peso.
  • Los rusos, a diferencia de los alemanes, no poseen más que en una pequeñísima medida el talento de las distinciones y las clasificaciones.
  • El fin del hambre puso al descubierto y nos hizo conscientes de un hambre mucho más profunda que llevábamos dentro: no sólo el deseo de estar en nuestra propia csa sino una necesidad más urgente e inmediata de contactos humanos, de trabajo mental y físico, de novedades y variedad.
  • Viene de antiguo la observación de que en todo grupo humano hay una víctima predestinada: alguien que está destinado al sufrimiento, del que todos se ríen, sobre el que se cuentan chismes tontos y malévolos; sobre el que, con misterioso acuerdo, todos descargan su malhumor y su deseo de hacer daño.
  • Sólo después de muchos meses fue desapareciendo mi costumbre de andar con la mirada fija en el suelo, como buscando algo que comer o meterme en el bolsillo apresuradamente para cambiarlo por pan; y no ha dejado de visitarme, a intervalos unas veces espaciados y otras continuos, un sueño lleno de espanto.
  • Es la orden del amanecer en Auschwitz, una palabra extranjera, temida y esperada: a levantarse, “Wstawac”.

Enlaces relacionados:

Libros relacionados:

Me recordó al segundo libro del Señor de los Anillos, en cuanto a travesía en el desierto.

raul

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4 comentarios to “La Tregua de Primo Levi – Apuntes Breves”

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