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Cosas de la Cosa Nostra de Giovanni Falcone con Marcell Padovani – Apuntes Breves

Posted by Raul Barral Tamayo en Lunes, 9 de agosto, 2010


El rigor profesional de magistrados e investigadores es el factor esencial para que la mafia comprenda que Sicilia no es el patio de su casa y servirá por tanto para neutralizar la insolencia y arrogancia del mafioso ante la autoridad del Estado.

Puedo afirmar que el mejor resultado alcanzado a partir de las investigaciones practicadas en Palermo en los últimos diez años se ha fundado precisamente en privar a la mafia de su aura de impunidad e imbatibilidad. Incluso aunque los condenados del macrojuicio sean puestos en libertad, se habrá logrado un resultado: que la mafia sepa que puede ser conducida a los tribunales y que sus capos pueden ser condenados.

Los resultados sólo llegan con un compromiso férreo, constante, diario. Sin jactancias ni diletantismo. En la medida en que la batalla que libramos es una guerra auténtica con sus muertos y heridos, debe combatirse con el mayor empeño y seriedad. Los que han frivolizado o querido pasar por luchadores sin serlo han acabado pagándolo, en muchos casos dejándose la vida en ello.

Algunas de las cosillas que aprendí leyendo este libro que no tienen porque ser ni ciertas ni falsas ni todo lo contrario:

  • Antiguo proverbio siciliano: “La mejor palabra es la que no se dice”.
  • Durante once años vivió en la atmósfera artificial de los tribunales de justica, de las cárceles, de los despachos protegidos. No salía jamás, sólo veía el sol a través de las ventanas blindadas de su Alfa Romeo.
  • Se mostró extremamente riguroso en el ejercicio de su deber como investigador sin ir jamás tras objetivos vagos, sin embarcarse  en iniciativas cuyo éxito no estuviera asegurado, sin entrar en polémicas personales con presuntos mafiosos.
  • Cualquier detalle en el mundo de la Cosa Nostra tiene un significado preciso.
  • El principal problema para quien ha recibido la orden o el permiso de matar es el de ponerse en contacto con la víctima.
  • Estoy convencido de que quien quisiera comprender y tuviera ganas de trabajar, podía lograr resultados.
  • Siempre he sabido que para librar batallas hay que trabajar a destajo.
  • Nos debemos resignar a acometer investigaciones prolijas; a recoger el mayor número de informaciones útiles y no tan útiles; a planificar estas investigaciones sobre el esquema más vato posible para, luego, cuando se tengan todas las piezas del rompecabezas, organizar una estrategia.
  • Conviene proceder con la máxima cautela y verificar a cada paso el límite entre lo conocido y los desconocido, sin esperar nunca que otros puedan colmar nuestras lagunas.
  • Investigar sobre la mafia es como caminar sobre terreno minado: nunca hay que dar un paso sin estar seguro de que el siguiente no nos hará saltar por los aires.
  • La Cosa Nostra no deja escapar ciertas oportunidades de escarnecer al Estado y mofarse de su impotencia.
  • Los mafiosos, al igual que cualquier individuo, deben ser tratados con franqueza y correción.
  • Si el mafioso no respeta la obligación de decir la verdad en presencia de un hombre de honor, es señal inequívoca de que él mismo morirá o de que su interlocutor será eliminado.
  • Las reglas constituyen la única salvaguarda del mafioso.
  • Es absolutamente inconcebible que en una organización como la Cosa Nostra se pueda mentir acerca de un hermano fallecido.
  • Los mafiosos pueden incurrir en pequeñas inexactitudes, permitirse mentiras irrelevantes, pero nunca formulan afirmaciones deshonrosas.
  • En Sicilia hay probablemente más de cinco mil hombres de honor. Elegidos tras una durísima selección, obedientes a las reglas más severas, auténticos profesionales del crimen. Por más que se defien a veces como “soldados”, son en realidad generales.
  • ¿Por qué estos hombres de honor han depositado su confianza en mí? Pienso que se deba a que son conscientes del respeto que siento por su tormento, porque están seguros de que no los engaño, que no ejecuto mi rol de magistrado de modo burocrático y que no siento un temor reverencial ante nadie. Además, saben que cuando hablan conmigo tienen ante sí a un interlocutor que ha respirado el mismo aire del que ellos se nutren. Nací en el mismo barrio que muchos de ellos. Conozco a fondo el alma siciliana.
  • Antes de pasar a los auténticos interrogatorios, siempre me esforcé por comprender los problemas personales de cada uno y de ubicarlos en un contexto específico. Nunca los tuteé, nunca los insulté, ni les llevé jamás pastelillos sicilianos.
  • He aprendido a reconocer la humanidad incluso en los seres aparentemente más abyectos, a sentir verdadero respeto, no sólo formal, por las opiniones de los demás.
  • Conociendo a los hombres de honor he aprendido que la lógica mafiosa no es en realidad excesiva ni incomprensible. No es más que la lógica del poder y siempre responde a un objetivo.
  • Si queremos combatir a la mafia de manera eficiente no debemos transformarla en un monstruo ni pensar que sea un pulpo o un cáncer. Debemos reconocer que se nos parece.
  • La cultura de la muerte no pertenece únicamente a la mafia: toda Sicilia está impregnada por ella.
  • En Sicilia está completamente fuera de lugar mostrar en público aquello que experimentamos en nuestro interior. Los sentimientos pertenecen a la esfera de lo privado y no hay motivo para exhibirlos. Yo mismo, hasta cierto punto, comparto esa mentalidad.
  • Aunque resulte muy duro decirlo, es de temer que si las instituciones no corrigen su habitual miopía ante la mafia, el completo desprestigio de que gozan en la tierra donde prospera la criminalidad organizada, no harán más que favorecer progresivamente a la Cosa Nostra.
  • No hay nada más deshonroso para un siciliano, y peor aún para un hombre de honor, que la prostitución.
  • El mafioso que se ha enriquecido ilegalmente introduciéndose en el mundo económico legal no supone una señal de inmersión y disolución de la mafia en los cauces de la sociedad civil. Jamás. El mafioso no perderá nunca su identidad, seguirá siempre recurriendo a las reglas y a la violencia de la Cosa Nostra, no se librará de la mentalidad de casta, del sentimiento de pertenencia a una clase privilegiada.
  • No se puede decir que los mafiosos no trabajen, que se contenten con gestionar sus rentas viviendo de sobornos y amenazas. Trabajan, sacan rendimiento a sus capitales y se comportan como tipos serios.
  • Si mencionamos las ganancias de la mafia no podemos olvidar las contratas y las subcontratas. De hecho, es probable que sea el negocio más lucrativo de la Cosa Nostra. El control de los concursos públicos para licitación de obras se remonta a varias décadas, pero actualmente ha alcanzado un volumen impresionante.
  • Pueden acceder fácilmente a créditos blandos e incluso prescindir de ellos, invirtiendo en la obra parte del dinero negro procedente del tráfico de droga.
  • La única posibilidad para el Estado de invertir el rumbo consiste, a mi parecer, en garantizar un mínimo nivel de convivencia civil, un mínimo contrato social, por citar a Rosseau. Asegurar la aplicación de la ley y en contrarrestrar eficazmente la criminalidad.
  • La teoría de las dos Italias, la europea del norte y la africana del sur, sólo podrá ser seriamente desbaratada con la derrota de la mafia.
  • Siempre se puede hacer algo es la máxima que debería presidir los despachos de magistrados y policías.
  • El rigor profesional de magistrados e investigadores es el factor esencial para que la mafia comprenda que Sicilia no es el patio de su casa y servirá por tanto para neutralizar la insolencia y arrogancia del mafioso ante la autoridad del Estado.
  • Aquello que para nosotros es una profesión, para los hombres de la Cosa Nostra es cuestión de vida o muerte. Si los mafiosos cometen errores, los pagan; si los cometemos nosotros, nos los hacen pagar.
  • La profesionalidad en la lucha contra la mafia también significa ser consciente de que las investigaciones no pueden ser monopolio de una única persona, sino fruto del trabajo en grupo. El exceso de personalismo es una de las mayores amenazas para las fuerzas antimafia, sólo por debajo de la subestimación del riesgo.
  • Aquellos que representan la autoridad del Estado en territorio enemigo tiene la obligación de ser invulnerables. Al menos, en los límites de lo previsible y de lo factible.
  • En Sicilia la mafia se ensaña con los servidores del Estado que el Estado no ha logrado proteger.

Enlaces relacionados:

Libros relacionados:

Muy sorprendido al ver que el otro libro de la tal Marcelle es un corta pega de este brutal y además mal hecho en algunos casos, por lo que algunos apuntes serán repetidos, espero que no muchos, me sirve de lección para tener un poco más de cuidado al seleccionar mis lecturas :).

raul

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2 comentarios to “Cosas de la Cosa Nostra de Giovanni Falcone con Marcell Padovani – Apuntes Breves”

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