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Memorias de un preso de Mario Conde – Apuntes Breves

Posted by Raul Barral Tamayo en Miércoles, 26 de enero, 2011


“Seguí caminando. Llegué al control. Me despedí del funcionario. Crucé la raya y pisé la libertad. Miré hacia atrás. Guardo en mi retina la imagen del edificio en aquel día caluroso y soleado. No sentí ni una brizna de rencor. Sonreí.

Diez años de mi vida quedaban atrás, algunos de ellos prendidos de aquellos muros, de aquellos alambres, de aquellos olores, de aquellos gritos enloquecidos, de aquellas madrugadas serenas, y de algunos que se alegraron al tiempo que sintieron que aquel día fuera el último de mi vida como prisionero de Alcalá-Meco.

De momento había ganado porque había conseguido soportar lo insoportable y tolerar lo inevitable sin el menor daño interior. Ahora me sentía libre, pero libre de verdad.”

Mario Conde, por primera vez, lo cuenta todo: su lucha contra el Sistema, sus sentimientos, sus entradas y salidas de prisión por el caso Banesto y Argentia Trust, el informe Kroll que se encargó para hurgar en su vida privada, el día a día en la cárcel de alta seguridad de Alcalá-Meco, su trato con los presos y, además, su profundo amor por su esposa, Lourdes, y sus hijos…

Mario Conde nació en Tui (Pontevedra) el 14 de septiembre de 1948. Licenciado en Derecho por la Universidad de Deusto y abogado del Estado con el número 1 de su promoción, se casó con Lourdes Arroyo Botana, con quien tuvo dos hijos: Mario y Alejandra. Ha sido Consejero y Secretario General de Laboratorios Abelló hasta 1983, Vicepresidente y Consejero Delegado del Grupo de Empresas Antibióticos, S.A., y Consejero del Banco Español de Crédito, del que fue
nombrado Presidente en 1987. Fue también Presidente de La Unión y el Fénix, Presidente de la Corporación Industrial y Financiera de Banesto, Presidente de la Fundación Banesto, Vicepresidente de Iberdrola y Consejero de Antena 3 TV. El 13 de octubre de 207 falleció su mujer, Lourdes Arroyo.

Algunas de las cosillas que aprendí leyendo este libro que no tienen porque ser ni ciertas ni falsas ni todo lo contrario:

  • La talla de las personas se mide en la adversidad
  • En la cárcel está prohibido el color azul marino porque es el que utilizan los funcionarios y se trata de evitar que algún preso pueda vestirse con esos tonos.
  • Objetos aparentemente estúpidos, a los que no prestas ni un segundo de atención cuando campas por la libertad, comenzaban a convertirse en instrumentos indispensables para disponer de un mínimo de confort en tu vida de prisionero.
  • El poder, sin desagresiones, siempre ha tratado de disponer de instrumentos “legales” con los que conseguir meter en la cárcel a las personas incómodas económica, social o políticamente hablando. El instrumento más contundente es, sin duda, la prisión preventiva.
  • “De aquí se sale” es uno de los gritos de guerra de la cárcel.
  • “Alarma social”, qué concepto más peligroso. Se alimenta una parte de los instintos más depredadores del ser humano, que se incrementan exponencialmente en intensidad cuando quien la recibe es ese magma llamado masa.
  • Los medios de comunicación social forman parte imprescindible de ese diseño del poder, eje capital del funcionamiento del Sistema.
  • Su objetivo es meterme en la cárcel para tratar de justificar la intervención del banco.
  • Si te encierran a consecuencia de eso que llamn “razón de Estado”, nunca podrás confiar en la Ley que por definición mediante el juego de esas tres palabras se destruye.
  • Esta decisión tenía que haber sido impulsada desde arriba. ¿Felipe Gonzalez en su papel de presidente del Gobierno? No hay más remedio que admitirlo.
  • Lo que comenzaba con aquella querella tenía toda la pinta de querer ser convertido en un “ejemplo con manzanas” de lo que puede hacer el Sistema si le tocas las narices de su poder.
  • Inventamos afortunadamente el orden jurídico para superar la brutalidad del absolutismo monárquico, pero creamos a su costado un instrumento extremadamente peligrosos: la razón de Estado. La razón de Estado sirve para derogar en un momento dado el orden jurídico, para aplicar la arbitrariedad en su forma pura.
  • Alguien ha decidido alimentar a nuestra sociedad de sangre de sus propios miembros y esto ya no hay quien lo pare.
  • Me informaba de mi situación gracias a una radio y con suficiente anterioridad a escuchar el veredicto de la boca del propio juzgador. Esta connivencia entre prensa y justicia era una aberración miserable.
  • Goethe, por mucho que nos empeñemos, al final caeremos en que lo justo, lo recto, es lo que conviene a nuestra circunstancia personal.
  • Pensé que cómo era posible que todos y cada uno de los humanos tuviéramos unas huellas diferentes.
  • Todos tenemos un espacio vital real frente al teórico-ilimitado de la libertad formal. Cada uno de nosotros usamos un trozo de ese espacio vital que se convierte, de esta manera, en nuestra celda existencial.
  • Las auténticas limitaciones de lo que llamamos libertad provienen de espacio que no son físicos, sino emocionales. Somos esclavos de nuestras creencias, de nuestro apego a las cosas y a las personas, de nuestros sentimientos, de nuestras violencias, de nuestras avaricias… Todo ese equipaje emocional teje una red en la que nos esclavizamos.
  • Dicen algunos que la verdadera libertad se alcanza cuando se consigue un grado tal de desapego que hasta nos olvidamos de nosotros mismos.
  • Muchos se quejaban de la calidad de la comida, pero a mí me parecía que, tomando en consideración de dónde nos encontrábamos, no merecía reproches.
  • Querer, lo que se dice querer, puedes desear muchas cosas, pero poder, lo que se dice poder, más bien pocas.
  • Lo importante allí dentro es sobrevivir. De nada te sirve pensar en lo “justo” o “injusto” de tu situación. No pensar en el porvenir, sino en el inmediato presente; ésta era la clave y a ella apliqué todas mis fuerzas.
  • En la cárcel circulan historias míticas acerca de los delitos cometidos por los presos que parecen dotados de personalidades más fuertes, esos que, más tarde o más temprano, se acaban haciendo con el control de los módulos.
  • Desde que se decidió judicializar la política y las finanzas, en uno de esos errores que cuestan caro a una sociedad, las personas que de un modo u otro han vivido trozos de sus existencias enterradas en alguna cárcel no son pocas.
  • La cárcel funciona como la libertad, porque con dinero se puede conseguir todo o casi todo.
  • La imaginación de algunos para convertir el más inocente de los objetos en un instrumento de guerra es sencillamente acomplejante por su fertilidad.
  • Allí donde existe poder del hombre sobre el hombre y del hombre sobre las cosas, la posibilidad de corruptelas mayores o menores se presenta a la pequeña o gran debilidad humana.
  • Si se actúa con inteligencia la cárcel puede ser una fantástica fuente de información.
  • La mejor regla es que no te puedes fiar absolutamente de nadie. Desconfía de cualquiera que se te acerque. Dale tiempo al tiempo para observar, ver, comprobar.
  • Todos los grupos sociales, cuando manifiestan su tendencia a convertirse en casta, utilizan instrumentos diferenciadores, entre los cuales el lenguaje cumple un papel predominante.
  • Los delitos son uno de los secretos mejor guardados en la cárcel.
  • Cuando alguien ha decidido no oír, no oye, y si no escucha, es imposible que ponga en marcha el mecanismo del mero razonar.
  • La norma básica es la existencia de clanes y la ausencia de solidaridad entre quienes los integran.
  • Un billete de verdad de cinco mil pesetas valía en la cárcel siete mil quinientas.
  • La vida en la cárcel reclama una dosis de fortaleza extraordinaria para poder superarla.
  • Muchos de los presos vivían en condiciones mejores que las que tenían antes de entrar y las que seguirían soportanto al volver a la llamada libertad.
  • La rutina es un enemigo nada despreciable y su pariente el aburrimiento suele ser un destrozavidas de gente rica.
  • En prisión, la rutina es venenosa porque cada día se parece implacablemente al anterior.
  • Tendría que estimularse el contacto con el exterior. No perder el contacto con los tuyos, con quienes vivías antes de ingresar, es algo que alivia tu estancia y permite un regreso mucho menos traumático.
  • Como dice el Tao, la energía aplicada contra un invencible es energía malgastada.
  • Una parte nada despreciable de los funcionarios son personajes más bien grises, que no parecen disponer de una cultura excesiva.
  • La autoridad del funcionario sobre el preso es total.
  • No es demasiado difícil encontrar un preso condenado a más de treinta años a quien, a cambio de lo que sea, le resulte indiferente una condena ulterior, puesto que en ningún caso puede superarse esa cifra mágica de treinta años de condena efectiva, hagas lo que hagas.
  • Procuraba ajustarme en prisión a mi vida en libertad, a mi modo de comportamiento entre los libres.
  • La cárcel es para pagar, y cada uno paga lo que piensa. Si no piensa no hay cárcel.
  • Todo el mundo piensa. La cárcel no es igual para todos. Cada uno tiene su cárcel y cada uno paga su cárcel.
  • A los presos les encanta recibir cartas.
  • El principito: “Las cosas importantes sólo se ven con el corazón, porque resultan casi siempre invisibles para los ojos”.
  • Solo se “ve” lo que se percibe con el corazón.
  • Fuera de la cárcel hay muchos esclavos y aquí dentro pueden existir personas libres.
  • La autoridad, el poder, estaba allí, desparramada por el patio, por el salón de presos, por los corredores y los chabolos. Era cuestión de tomarla y conseguir, acto seguido, que te la atribuyeran.
  • En la cárcel el poder no lo tienes si no te lo atribuyen.
  • Todo poder, en prisión y en la calle, comienza con un acto de violencia.
  • La violencia son los hidratos de carbono y las proteínas del poder, aunque ahora se la vista con el ropajes de eso que llama Derecho.
  • Lo malo es que la autoridad es una pesadez porque se ejerce de modo constante y una ligera dejación se traduce en pérdida absoluta.
  • A los presos, como a los libres, les gusta mucho contar que tienen más privilegios que su interlocutor.
  • La naturaleza no es violenta. Simplemente es. La violencia es producto humano. Se traduce en alterar conscientemente el orden propio de los acontecimientos. Y detrás de ella siempre se esconde el intento de un hombre de dominar a otros hombres.
  • Nunca he sentido rubor en la autocita.
  • El Sistema es transpolítico, nunca se “casa” con ningún político.
  • El poder político es un instrumento que es necesario utilizar para que los intereses grupales se proyecten sobre la sociedad.
  • Entre las dos concepciones del mundo que dividen a la filosofía: la primera, parte de la existencia de un Todo Ordenado, de un Cosmos organizado que responde a sus propias leyes. La segunda se apunta a la inexistencia del citado orden y se abona a la tesis del Caos.
  • La razón de la existencia del ocultismo es doble. Por un lado, evitar que determinados conocimientos puedan caer en manos de personas que harían un mal uso de ellos. La segunda, y quizá más importante, que el Sistema, en sus distintas variantes siempre se ha fundamentado en definir sus verdades como la “ortodoxia”, de modo que quien no las acata es hereje, y a los herejes se les manda directamente a la hoguera. Por eso es conocimiento oculto.
  • Si algo te enseña la experiencia del foro, es que debes desconfiar de esas apariencias de buen resultado procedentes de los jueces. Un viejo catedráctico y abogado me aseguraba que cada vez que al finalizar un juicio el ponente mostraba cara amable y al concluir te daba una palmadita de ánimo, la resolución era contraria a tus intereses. Sin embargo, cuando ponía cara de perro, la decisión resultaba favorable.
  • La banca pura y dura tiene toda la pinta de ser un negocio poco excitante porque tomas dinero en depósito lo más barato posible y lo das en crédito lo más caro que te admitan.
  • Un juicio es siempre un juicio y nunca se sabe qué puede pasar.
  • La endeblez de la naturaleza humana tiene que ser convertida en constante de las ecuaciones con las que tratas de configurar el futuro.
  • Sólo se tiene miedo a lo que no se conoce.
  • Viejo postulado sufí: “Sólo el que prueba sabe”.
  • Objetivo de los viejos sufíes: “Vivir en este mundo sin ser de este mundo”.
  • La cárcel consume rutina. Es su principal aliada y una de las mayores enemigas de la estabilidad emocional de sus habitantes.
  • Descubrir la impudicia se transforma en mayor cantidad de fortaleza espiritual para resistir.
  • A los funcionarios se les reconoce entre los presos por su nombre de pila precedido de un respetuoso “don”. Teóricamente al menos, la contrapartida a ese “don” reside en que el funcionario debiera utilizar el usted para referirse al preso.
  • Los objetos que constituyen el equipo habitual para todo nuevo inquilino: un juego de sábanas, una manta, una toalla azul clara, un par de rollos de papel higiénico, una maquinilla de afeitar de plástico, un cepillo de dientes con su crema, un par de platos de plástico, tenedor, cuchillo y cuchara, y, por fin, una caja de condones para ser utilizados en los vis a vis íntimos.
  • La comida en general era buena, aunque con exceso de grasa.
  • Es casi imposible controlar la producción de pensamientos. El mecanismo funciona de un modo automático. Por ello, las técnicas de meditación suelen desanimar al más constante de los voluntarios practicantes.
  • Al final, en prisión todo se acaba sabiendo.
  • En general lamentarse por el pasado es una prueba de inmadurez, pero aún así es vicio en el que casi todos caemos con cierta frecuencia.
  • La droga es potente. Anula perspectiva vital. Reduce al mínimo la conciencia. Por eso no creo en las natrasonas o como se diga. Ante la ausencia de decisión firme, ante el hecho de que la voluntad ha sido anestesiada por unas pastillas, es solo cuestión de tiempo el fracaso.
  • El turco: “Me encanta trabajar en España, porque es el país que mejor se deja envenenar”.
  • Pudiera ser cierto que aquel individuo compró al presidnete de la Sala que debía juzgarle.
  • Todo llega.
  • El mundo penitenciario es un gran desconocido. El Derecho Penitenciario recibe el mismo trato.
  • El preso es sustancialmente egoísta. Al encerrado sólo le interesa salir en libertad. Punto y final. A este objetivo subordina toda su conducta, por encima de cualquier consideración.
  • Es prácticamente imposible que nazcan relaciones sinceramente afectivas en medio del erial del penal.
  • La reclusión forzosa es un instrumento eficaz al servicio de la pérdida o reducción considerable del equilibrio mental.
  • La lucha por salir de la prisión tiene un nombre concreto: tercer grado.
  • El primer grado se aplica a los inadaptados y determinados colectivos de presos, generalmente terroristas y violadores masivos.
  • El segundo grado es el normal de la población reclusa.
  • El tercer grado implica libertad restringida porque sólo tienes que ir a dormir.
  • Las influencias políticas, incluso las meras conveniencias políticas, preñan las decisiones que la Administración Penitenciaria adopta sobre cuestiones penitenciarias.
  • Padre de Rodrigo Rato: “En este país se mete en la cárcel a los hombres inteligentes”.
  • A los mediocres se les encierra por sus actos. A las potencias del alma, a los portadores de ellas, simplemente por existir.
  • El odio huele, como también huele el amor. El olor del odio es fétido, porque nace de la pobredumbre humana.
  • Si la Justicia fuera corrupta, no podría ser debido más que a la certeza de que el Sistema en su conjunto participa de idéntico atributo.
  • La soledad y el aislamiento son los peores tormentos a los que someter a ejemplares humanos.
  • Nuestra única posesión real, de lo único que somos verdaderos dueños y podemos ejercer como tales, es del derecho a morir.
  • El derecho a morir nos diferencia a los animales, entre los que no habita el suicidio
  • En ocasiones, no es el dinero la razón de la extravagancia, sino una pelea por la individualidad, por la singularidad, por sentirse alguien, aunque sea a costa del dolor físico.
  • Vieja máxima orteguiana: “No existe nada que agrade más al español que encontrar al culpable de todos sus males”.
  • Una de las verdades esenciales del llamado pensamiento oculto: “Así es arriba como abajo”.
  • El gusano carcelario avanza lenta pero inexorablemente.
  • En el fondo la contabilidad, dentro de determinados límites, no reviste la solidez del acero toledano, sino que permite flexibilidad de manejo de las cifras, siempre, evidentemente, que no se utilice para la comisión de un puro y duro fraude.
  • Agosto es un mes terrible para ingresar en la cárcel. No sólo por el tórrido calor sino, además, porque se trata de un mes inútil judicialmente hablando. Ni un solo recurso es atendido. Ni una sola petición se tramita con visos de solidez. Pero no sólo en los tribunales, sino incluso en la propia prisión.
  • No albergar odio no significa en absoluto sustituirlo por el perdón. Yo no puedo perdonarles. Ese atributo sólo corresponde a Dios. Por ello ni odio ni perdón deben vivir en el interior del alma.
  • La venganza consiste en disfrutar con el mal ajeno, tanto si es merecido como si no lo es. Aquel que disfruta cuando alguien recibe el castigo merecido ejerce venganza. Mucho más vengativo resulta aquel que disfruta con el daño infligido a otro a sabiendas de que no es inmerecido ni proporcionado.
  • La cárcel es un espejo de tu verdadero carácter, de tu auténtica estructura anímica y emocional, de cómo realmente eres.
  • Una norma técnica del Código pensal advierte que cuando se trata de delitos conexos las penas impuestas no pueden ser superiores al triplo de la más grave.
  • La luna llena es más llena y brilla con mayor intensidad cuando la contempla cautivo.
  • Todo te recuerda tu condición de preso.
  • Postulado sufí: “El león no come carne de perro”.
  • La apelación al argumento de autoridad siempre es un recurso aceptable, incluso en libertad.
  • Durante estos años he aprendido mucho sobre el ser humano. Lamentablemente, he llegado a una conclusión: el ser humano es un foco de maldad. En él viven, habitan los peores instintos y salen al exterior a la primera de cambio. No hay nada que hacer.
  • No creo en el hombre, en el individuo. No deseo conocer a nadie más. Me basta con aquellos que tengo.
  • Mi proverbial confianza en los demás ha mutado hacia una exquisita desconfianza.
  • Victor Frankl: “Hemos conocido al hombre tal como es. El hombre es el ser que inventó las cámaras de gas de Auschwitz; pero también es el ser que al entrar en esas cámaras de gas murmuró Shemá Israel”.
  • Si quieres, sobrevives. Por mucha patología que te circunde.
  • El agravio comparativo se lleva muy mal por las tierras de la libertad, pero por los cementos y espinos mucho peor.
  • En el mundo de la droga se provocan situaciones realmente injustas en las que chicos que trafican con cantidades pequeñas para ganarse malamente la vida sufren condenas superiores a las de algunos organizadores del narcotráfico a gran escala.
  • En Deusto ese Dios se me vino al suelo, con gran dolor de mi corazón.
  • La vacuidad budista puede ser una respuesta, pero la nada sartriana no.
  • De todas las técnicas de meditación que intenté, la quietud me resultó la más satisfactoria.
  • Krishnamurti: “No hay camino hacia la verdad”. Empecinarse en algo es renunciar al Finisterre del Camino.
  • La verdad, la única verdad de la que podemos disponer con certeza es la experiencia. Sólo el que prueba sabe.
  • La personalidad es un conjunto de atributos externos que no tiene ningún valor. El yo, en cambio, es el “trozo” del Espíritu que se guarda en nosotros.
  • Nosotros creemos que somos individuos, pero es porque hacemos referencia a los factores externos de la personalidad.
  • Mi conclusión es tratar de evitar las creencias; las creencias me parecen peligrosísimas.
  • Los que hemos estado en la industria farmaceútica sabemos lo peligrosos que son los analgésicos, porque no curan, solo adormecen el dolor.
  • Las creencias, para mucha gente, funcionan como adormecedores de angustias.
  • Hay mucha gente que cree que el camino espiritual se construye sobre el intelecto. Ese es un camino hacia la erudición, y la erudición y la espiritualidad no son lo mismo.
  • Goethe: “Me preguntas qué es lo justo; te diré que lo que conviene a quien lo aplica”.
  • La conveniencia como principio motor de la convivencia es terrible, es uno de los cánceres de la civilización occidental. La conveniencia acaba con todo.
  • El camino del Espíritu exige una sinceridad total: si mientes, si dices lo que no sientes, si hablas de lo que te gustaría ser y no de lo que eres, haces un agujero muy importante en el equilibrio y se paga caro.
  • La libertad verdadera es la del espíritu. ¿Cuándo se es libre? Cuando se es digno. Una mínima indignidad contamina todo.
  • La limpieza de corazón. El lenguaje del corazón es un lenguaje común a los esoterismos.
  • No trates de responder con abstracciones mentales; simplemente, sé limpio de corazón; límpialo.
  • El hombre que es sus cosas, con sus cosas muere.
  • Sin silencio no se puede caminar en el Espíritu. Rezar es silencio, meditar es silencio. Amor es silencio. Quien no es capaz de estar en silencio no es capaz de estar en sí mismo con mayúsculas. El ruido permite estar con el sí mismo en minúsculas, con la personalidad. El silencio permite ser honesto y limpio de corazón, permite revisar los verdaderos impulsos de lo que se hace.
  • La religión puede ser un producto tóxico, pero el materialismo puede ser heroína pura.
  • No se puede hacer nada ni mejoraremos política, cultural, económica ni socialmente si no recuperamos el papel del Espíritu en nuestras vidas.
  • El problema no está ni en los sistemas políticos, ni en la democracia: está en el hombre.
  • En prisión se sabe cómo se entra, pero no cómo se sale.
  • En prisión en demasiadas ocasiones no sólo no se consigue el fin de la reinserción social que reclama nuestra ingenua Constitución, sino que, más bien al contrario, se fabrican delincuentes, amén de destrozarse vidas.
  • La reclusión en primer grado tiene todo el sentido para aplicarla a los que se muestran claramente inadaptados a vivir en prisión, es decir, que no son capaces de relacionarse normalmente ni con presos ni con funcionarios.
  • La Orden de la Dirección General de Instituciones Penitenciarias era tan concreta como lo siguiente: si tiene órgano sexual masculino, debe permanecer en cárcel de hombres. En caso de tenerlo extirpado se debe trasladar a la de mujeres.
  • Siempre he dicho que el Derecho, en su fase de aplicación, es el arte de decir eso de “si bien es cierto que, no lo es menos que”.
  • No es fácil ni lógico, desde luego, pero en la vida en general, y en el mundo carcelario en particular, siempre tienes que asumir la posibilidad de que se presenten sospresas insospechadas.
  • Algún etarra tuvo redenciones extraordinarias por algo que había escrito en prisión no relacionado con el mundo penitenciario. Yo no tuve derecho a ello.
  • Lourdes murió el 13 de octubre de 2007, a las siete cuarenta de la mañana. Yo seguía en tercer grado penitenciario.

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raul

6 comentarios to “Memorias de un preso de Mario Conde – Apuntes Breves”

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