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Rumorología de Cass R. Sunstein – Apuntes Breves

Posted by Raul Barral Tamayo en Viernes, 6 de mayo, 2011


¿Por qué los seres humanos difunden rumores, incluso si son falsos, destructivos o estrambóticos? ¿Por qué la misma historia que viaja por Internet tiene credibilidad entre un grupo de personas, mientras que otros la consideran absurda? ¿Qué se puede hacer para proteger de los efectos perniciosos de los rumores falsos?

Los rumores son tan antiguos como la historia humana; siempre se ha vivido rodeado de ellos o incluso hemos sufrido sus consecuencias. Igual que las informaciones ciertas, los rumores se propagan entre todo tipo de personas —sensatas, razonables, de izquierdas o derechas—, y están ligados a sus deseos y temores.

El derecho de los ciudadanos a decir lo que piensan constituye uno de los pilares de los sistemas democráticos en que vivimos, y sin embargo, en la era de Internet, donde uno de estos bulos puede crecer exponencialmente en tan solo unas horas, es fundamental proteger a las posibles víctimas de comportamientos maldicientes.

Ayudado por ejemplos de la vida real y estudios de la conducta humana, el autor aborda la compleja tarea de analizar los mecanismos que alimentan los rumores para tratar de encontrar ese equilibrio indispensable entre la necesidad de protegernos de ellos y la salvaguarda de derechos como la libertad de prensa y opinión, y así evitar que la era de la información termine convirtiéndose en la era de la desinformación.

Cass R. Sunstein, nacido en 1954, es un prestigioso jurista estadounidense especializado en las áreas de derecho constitucional, derecho administrativo, derecho medioambiental, y en la interacción entre el derecho y la economía de la conducta. Sunstein ha sido profesor de derecho en la Universidad de Chicago durante veintisiete años, donde aún hoy sigue impartiendo clases como profesor visiante. En 2008 se hizo cargo de la cátedra Felix Frankfurter en la Facultad de Derecho de la Universidad de Harvard, y en enero de 2009 fue nombrado director de la Oficina de Información y Asuntos Regulatorios de la Casa Blanca.

Algunas de las cosillas que aprendí leyendo este libro que no tienen porque ser ni ciertas ni falsas ni todo lo contrario:

  • Gordon Allport y Leo Postman: “Cada rumor tiene su público”.
  • Este libro tiene dos propósitos. El primero es responder a las siguientes preguntas ¿por qué los seres humanos normales aceptan los rumores, incluso los que son falsos, destructivos y estrambóticos?, ¿por qué algunos grupos, e incluso países, aceptan unos rumores que otros grupos y países consideran absurdos? El segundo propósito es esponder a esta otra pregunta: ¿qué podemos hacer para protegernos de los efectos perniciosos de los rumores falsos?
  • Cuando la gente se cree los rumores, lo hace a menudo de manera perfectamente racional, en el sentido de que, dados los conocimientos de los que dispone, su creencia es bastante consecuente.
  • Carecemos de un conocimiento directo o personal sobre los hechos que motivan la mayoría de nuestras opiniones.
  • Casi todo lo que sabemos sobre otros individuos, otras naciones, otras culturas y otras religiones es, en el mejor de los casos, indirecto.
  • Nos inclinamos a pensar que si el río suena, agua lleva, o que un rumor no se hubiera propagado si no fuera cierto, al menos en parte.
  • Los rumores a menudo nacen y circulan con éxito porque se adecuan a las convicciones previas de quienes los aceptan, a la vez que las respaldan.
  • Algunas personas y algunos grupos están predispuestos a dar por buenos ciertos rumores porque estos rumores con compatibles con sus propios intereses, o con lo que ellos piensan que es verdad.
  • Muchos de nosotros aceptamos los rumores falsos, ya sea por los temores o por las esperanzas que tenemos.
  • Los rumores se difunden de dos formas diferentes pero que se solapan: las cascadas sociales y la polarización de grupos.
  • Las cascadas sociales tienen lugar porque todos nosotros tendemos a depender de lo que la otra gente piensa y hace.
  • Si los rumores pertinentes provocan emociones fuertes, como el miedo o la indignación, es mucho más fácil que se difundan.
  • La polarización de grupos se refiere al hecho de que, cuando se congregan personas con afinidad intelectuales, a menudo acaban defendiendo una versión más extremista que la que sostenían antes de empezar a hablar entre ellos.
  • Las emociones pueden obstaculizar la búsqueda de la verdad, porque no procesamos la información de manera neutral.
  • Los prejuicios afectan a las reacciones que tenemos.
  • Cualquier intento de regular la libertad de expresión producirá un efecto disuasorio.
  • Un gran número de estudios demuestran que la gente intenta reducir la disonancia cognitiva negando las afirmaciones que contradicen sus creencias más profundas.
  • La predisposición a creer un rumor dependerá inevitablemente de la información de que disponga.
  • El conocimiento previo tiene la función tanto de rechazar como de alimentar rumores.
  • En cualquier sociedad, las personas tendrán diferentes “umbrales” para aceptar un rumor (receptivos, neutrales, escépticos).
  • Una vez que cierta cantidad de gente parece creer un rumor, otros también lo harán, a menos que tengan buenas razones para creer que ese rumor es falso.
  • Dos problemas sociales: el primero y más importante es que la gente llega a creer algo que es falso y que es posible que sea perjudicial; el segundo es que quienes forman parte de la cascada no dilucidan por regla general sus propias dudas.
  • A menudo, la difusión del rumor empieza con la gente que tiene un umbral bajo y, a medida que aumenta el número de creyentes, acaba con otros con un umbral más alto, quienes infieren, sin que les falte razón, que tanta gente no puede estar equivocada.
  • En ocasiones, los individuos solo actúan como si los creyeran. Se censuran a sí mismo de forma que pueden estar de acuerdo con la mayoría.
  • Incluso si el individuo es escéptico o tiene una razón para creer que están equivocados, quizá no quiera disentir de ello de forma pública.
  • La mayoría de las veces, sobreestimamos hasta qué punto las acciones de los otros están basadas en información independiente más que en las presiones sociales. Como consecuencia, se afianzan los rumores falsos.
  • En casi todos los grupos, los miembros acabaron sosteniendo posiciones mucho más extremas después de haber conversado entre ellos.
  • Hay tres razones para polarización: primero, el intercambio de información intensifica las creencias preexistentes; segundo, nuestras opiniones se fortalecen cuando las corroboran, y cuanto más se fortalecen, tienden a volverse más extremas; un último factor es que la preocupación de la gente por su reputación puede incrementar el extremismo, lo que incluye apoyos aparentemente fuertes a rumores crueles, destructivos y falsos.
  • No procesamos la información de manera neutral. Por esta razón, las creencias falsas pueden ser muy difíciles de corregir.
  • A veces, tener acceso a una información objetiva incrementa de hecho nuestro respaldo a la percepción inicial que teníamos. Por lo tanto, las correcciones pueden ser contraproducentes.
  • Si circula un rumor falso, puede que los intentos de corregirlo no ayuden; tal vez sean inútiles e incluso pueden ser perjudiciales.
  • La asimilación tendenciosa se produce en parte por nuestro deseo de reducir la disonancia cognitiva. Buscamos y creemos la información que nos da placer, y evitamos y rechazamos la información que encontramos perturbadora.
  • La mayoría de nosotros no tenemos creencias previas de peso ni confiamos en un bando y desconfiamos del otro. En una situación como esta, es probable que el mercado de ideas funcione con efectividad.
  • Si quiere que las personas cambien sus convicciones previas, es mejor no ofrecerles las opiniones de sus adversarios habituales, que pueden rechazar, sino las opiniones de gente con la que puedan identificarse fácilmente.
  • Una buena forma de desbaratar un rumor es demostrar que quienes son propensos a creerlo no lo hacen.
  • Por qué y cómo las correciones son contraproducentes: en primer lugar, la corrección puede molestarles y ponerlos a la defensiva; en segundo lugar, a un irrazonable la misma existencia de una corrección tenderá a confirmarle la verdad de la creencia previsa; en tercer lugar, la corrección centrará la atención de la gente en la cuestión que se debate, y el hecho de que centren su atención en ella tal vez fortalezca el respaldo a la opinión que ya tienen.
  • Está demostrado que, cuando los individuos reciben información que sugiere que no tienen razón para temer aquello que antes creían que era un riesgo mínimo, a menudo la consecuencia es que aumenta el miedo.
  • Los propagadores que inventa rumores o los difunden en un primer momento, a menudo son plenamente conscientes de cómo reaccionarán las audiencias a las que se dirigen.
  • Cuando las condiciones son malas, los rumores, tanto los verdaderos como los falsos, suelen extenderse como un reguero de pólvora.
  • A menudo la verdad no llega a sobreponerse a una mentira.
  • Lema: “Nunca crea nada hasta que lo desmientan oficialmente”.
  • Una sociedad libre tiene que permitir un margen de movimientos considerable a los oradores.
  • Lo que las sociedades necesitan no es la ausencia de “disuasión”, sino un nivel óptimo. La pregunta es: ¿cómo lo hacemos?
  • La negligencia significa no llegar a demostrar el nivel apropiado de cuidado; la imprudencia significa una especie de rechazo premeditado a considerar las prueas. Muchos periodistas son negligentes; pero muchos menos son imprudentes de verdad.
  • Debería haber un derecho general para pedir rectificaciones después de que se demostrase de manera evidente que una afirmación es a la vez falsa y perjudicial.
  • En el ámbito de internet, las personas deberían tener un derecho a “avisar y retirar”, retirar falsedades después de que les avisaran.
  • Las limitaciones en los daños y perjuicios y las listas de difamadores podrían ser de gran ayuda para promover los valores de la libertad de expresión, a la vez que garanzatizarían una medida de disuasión.
  • Podríamos imaginar un futuro en el que quienes difunden falsos rumores serían clasificados como tales y, por lo tanto, se los rechazaría y se los marginaría.

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raul

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