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Para ser persona de Xosé Manuel Domínguez Prieto – Apuntes Breves

Posted by Raul Barral Tamayo en Jueves, 1 de diciembre, 2011


1ª Edición (España): Mayo de 2002.

La gran tarea que toda persona tiene en su mano es realizar su propia vida. Este pequeño ensayo es una invitación a hacer la experiencia y la reflexión de lo que somos como personas, de nuestro deseo de plenitud, de apertura y encuentro con el otro, del sentido único de cada existencia personal.

Es una invitación al autoconocimiento y al crecimiento, a realizar libre y responsablemente la propia vida en su dimensión intelectual, afectiva, volitiva y corporal. Y es, por último, una invitación al descubrimiento de cómo lo que somos y lo que podemos ser sólo es posible mediante el encuentro fecundo con el otro.

Xosé Manuel Domínguez Prieto es doctor en Filosofía y miembro del Instituto Emmanuel Mounier.

Algunas de las cosillas que aprendí leyendo este libro que no tienen porque ser ni ciertas ni falsas ni todo lo contrario:

  • La gran obra de nuestra vida es nuestra propia persona.
  • La persona no es el fin de sí misma. Su final está más allá de ella.
  • Somos “energía”: actividad.
  • Recibimos un material en bruto. Luego cada uno tiene que esculpir su propia escultura. El resultado final depende lo que uno hace con lo que ha recibido y no tanto de lo que ha recibido.
  • Cualquier persona es indefinible porque sóo se pueden definir las cosas y la persona es justo aquello que no es una cosa ni puede ser tratada como tal.
  • La persona tiene una dignidad y merece un respeto absoluto al margen de su edad, condición, coeficiente intelectual, género, e incluso, actuación moral.
  • Tanto Teresa de Calcuta como Hitler tienen la misma dignidad personal, aunque no la misma dignidad moral.
  • La persona es fuente de todo valor. Esto no significa que la persona sea el Absoluto, sino que tiene valor en sí, un valor absoluto.
  • La persona es un ser inacabado. Tiene que construirse.
  • Conceptuar a una persona o etiquetarla resulta una gran injusticia porque supone cosificarla, clasificarla, no admitir que pueda cambiar.
  • Hay que tratar a las personas no como son sino como quisiéramos que fuesen, no por lo que son sino por lo que están llamadas a ser.
  • De la persona no estña escrito quién va a ser. Aunque de hecho estña condicionada por su propia biografía genética nunca está determinada y le queda siempre la responsabilidad última sobre su futuro.
  • La persona tiene que decidir quién quiere ser.
  • La persona tiene que hacer su vida pero apoyada, sobre todo, en las otras personas. Los otros son lo que permiten, posibilitan e impulsan a la persona a ser quien está llamada a ser.
  • Cada uno crece en la medida en que ayuda a otros a ser quienes están llamados a ser.
  • Cada persona es una novedad absoluta.
  • La persona es un ser permanentemente en conflicto, en tensión. Únicamente no están en conflicto quien se ha anestesiado, quien se ha dormido.
  • La persona está llamada a la plenitud, existe en ella un deseo de plenitud: por otra parte, esta plenitud sólo es posible en la apertura y el encuentro con los otros.
  • Toda persona aspira siempre a más y resulta difícil que alguien esté ya conforme con lo conseguido en algún ámbito de su vida.
  • La satisfacción de los deseos nunca calma el deseo. La persona misma es deseo. Nunca puede ser quietud: el deseo es inquietud, pregunta, es búsqueda.
  • El deseo de plenitud es de equilibrio pleno, de unificación plena. Se trata del deseo de vivir unificada y equilibradamente todas sus dimensiones: corporal, intelectual, afectiva y volitiva.
  • Sólo es existencia plenamente humana la que se trasciende a sí misma.
  • La felicidad y el placer son esquivos si se procuran por sí mismos dando lugar a diversas neurosis.
  • La clave de la felicidad está en no buscarla por sí, en no buscarse a sí como meta sino en vivir hacia algo o alguien con olvido de sí.
  • La vida es inquietud y dolor: la distancia entre lo que es y lo que está llamado a ser.
  • La inquietud, el dolor o tristeza no son la última palabra: el deseo trae consigo una promesa de plenitud. Por eso, la persona es esperanza de plenitud.
  • Nadie es creativo y crece si no se siente cautivado por un valor, un ideal o,  sobre todo, por alguien que le lance más allá de sí.
  • Todo valor y todo ideal siempre son recibidos de alguien en quien se cree y al que se ama.
  • La propia vida, y cada circunstancia dentro de ella tienen un sentido, tienen siempre un para qué que se puede descubrir.
  • El sentido es la respuesta al deseo.
  • Lo que desea la persona, más allá del placer, la riqueza, el poder, es un sentido desde el que poder caminar hacia su plenitud.
  • Reconocer lo recibido, y responder agradecido, es lo que hace a la persona creativa, lo que permite extraer lo mejor de ella misma.
  • No es eliminando tensiones y responsabilidades sino auméntandolas y asumiéndolas como la persona se fortalece y crece.
  • El sufrimiento supone una invitación al crecimiento, a una mayor libertad interior.
  • Cuando se carece de un sentido global para la vida, aparece la enfermedad psíquica más extendida: la neurosis por ausencia de sentido. Consiste en una radical frustación existencial. Hedonismo compulsivo, conformismo, totalitarismo.
  • La búsqueda compulsiva de placer es resultado de la insatisfacción existencial.
  • El ser humano, para poder ser tal en plenitud, no huye de la tensiones sino que las necesita para crecer.
  • No basta con conocer los valores para crecer: hay que comprometerse con ellos.
  • Las personas con más “experiencias” no suelen coincidir con las personas con más madurez.
  • Sólo reflexionando sobre mi propia vida puedo llegar a conocerme y a madurar.
  • Ideologías, tñecnica, ciencia, economía, deportes, nunca tienen la capacidad de proporcionar un sentido único y totalizante.
  • La libertad como capacidad de opción y capacidad de autorrealización no es algo con lo que se nace: se trata de una conquista. Se puede ir ganando, pero también perdiendo.
  • La libertad es la manifestación del autodominio de la persona. Es una cualidad de la voluntad.
  • Igual que no hay voluntad al margen de las tendencias no hay libertad al margen de la naturaleza.
  • La decisión consistirá en dar vigencia a unos impulsos por encima de otros, a unos motivos sobre otros.
  • Si no hay un para qué, no surge el cómo.
  • La libertad nunca es pura espontaneidad, pura capacidad neutra de elección, sino capacidad a partir de unas coordenadas naturales en las que estamos.
  • No somos lo que la vida ha hecho de nosotros sino lo que hemos hecho nosotros con lo que la vida nos ha dado.
  • El que vive sólo para sí mengua como persona en lo afectivo, en lo intelectual. El que no se compromete con valores y con personas, queda personalmente tullido.
  • La persona está orientada a lo que le hace plena pero es capaz de decidir lo que desintegra a la persona.
  • Las opciones, si crean hábitos positivos, liberan. De lo contrario, empobrecen y esclavizan.
  • Siempre es posible el cambio radical de rumbo, una ruptura: la conversión o la apostasía.
  • Ser libres supone tener que responder de nuestros actos, de nuestras elecciones.
  • La persona crece al hacerse responsable de sí y de lo que hace, al tomar las riendas de sí.
  • Por no querer hacerse cargo de sí y de lo que encuentra en su vida, mira como fatalidad todo cuanto le sucede, adoptando una actitud de conformismo y sometimiento a la mentalidad dominante, de pasividad e individualismo, de relativismo e indiferencia.
  • Quien cree que nada pueda cambiar, se conforma y acomoda, se aburguesa y pierde tensión vital.
  • La persona no es un agregado de partes o de sistemas componentes. Es una unidad y totalidad.
  • La relación entre las dos dimensiones es tal que la psíquica presupone la corporal y está condicionada pero también posibilitado por ella.
  • Lo intelectivo, lo volitivo, lo afectivo y lo corporal se recubren totalmente.
  • En la actuación de la persona para afrontar la realidad, hay que atender a tres dimensiones: inteligencia, voluntad y sentimiento.
  • Inteligencia es la forma en que nos referimos a un conjunto de capacidades de la persona que modulan las diversas maneras de estar frente a la realidad, a todos los factores de la realidad.
  • La inteligencia tiene como primera misión elaborar un proyecto a partir de la vocación que descubre en sí.
  • Sólo el ajustamiento a la realidad en todas sus dimensiones permite el crecimiento de la persona.
  • La prudencia es la capacidad de deliberar bien para poder obrar bien, es decir, de modo que la persona, mediante esa elección, crezca hacia su plenitud o haga crecer a otros.
  • La voluntad consiste en tener que hacerse cargo de la realidad, optando entre las posibilidades que nos ofrece.
  • No se actúa ni opta contra o al margen de las tendencias sino desde las tendencias.
  • Las tendencias son lo que condiciona la actuación de la persona, también es lo que la posibilitan. La voluntad es tendente.
  • Las tendencias me mueven a actuar pero no me determinan: soy yo quien tiene que decidir.
  • Por tendencias entendemos tanto los impulsos o deseos internos, biológicos y psíquicos, como los motivos, sean estos personales o sociales.
  • La voluntad no quiere en abstracto, sino sobre la concreción de unas tendencias y motivos que ya están en la persona.
  • Aniquilar el deseo es aniquilar la voluntad.
  • Frente a un deseo, incluso fruto de un hábito, de un vicio, sólo cabe decidirse por otro deseo.
  • Como enseñaba Freud, lo reprimido vuelve a emerger con más fuerza.
  • La persona es el ser que es capaz de decir “no”.
  • Las tendencias arrastran más o menos pero nunca doblegan a la persona.
  • La persona “es dueña de sí”, domina su propia realidad. Dominar es encauzar las propias tendencias. Todo esfuerzo humano sería imposible sin esta orientación de la voluntad.
  • el dominio ocurre desde la propia identidad y desde la vocación, desde el propio proyecto de vida.
  • Si se diese la deliberación y la decisión pero no la ejecución estaríamos ante una patología de la voluntad.
  • La afectividad es la capacidad personal de ser modificado interiormente por una realidad presente.
  • La realidad se hace presente de modo cognitivo, pero no neutral.
  • Afecto e inteligencia se recubren mutuamente.
  • Las cosas, eventos o circunstancias no se presentan nunca de modo “neutral” a la inteligencia, sino que se presentan siempre como realidades que me permiten o no realizarme, en referencia a mi vida. Se presentan como posibilidades para la vida.
  • Si no se hace lo que se podría hacer, se renuncia a optar constructivamente, por lo que el resultado es el de, además de la tristeza, la aparición del sentimiento de fracaso y de culpa.
  • Ante el empobrecimiento de una vida sin metas, sin fidelidades, inmediata, surge la angustia, que no pocas veces es un síntoma de la neurotización de la vida psíquica.
  • Conocer las propias emociones y sentimientos exige saber expresarlos.
  • Relación impersonal: no ser afectada ni afectar al núcleo de la persona.
  • Relación ‘vampiresca’ o dominación: afectar y no ser afectada.
  • Relación inmadura o utilitarista: afectar y ser afectada puntual y epidérmicamente.
  • El mismo cuerpo, si quiere ser perfeccionado, debe ser adiestrado, sometido, exigido.
  • Lo que ocurre en la intimidad o en la inteligencia se manifiesta en el cuerpo y viceversa.
  • La persona no es autosuficiente; debe ser autónoma, pero necesita apoyarse en las cosas y en las personas. La persona está, necesariamente, abierta a los demás.
  • La persona no se puede realizar como tal si no es abriéndose a las demás personas.
  • Crecemos en diálogo con los demás.
  • La mayor parte de lo que somos lo somos con otros, por otros, gracias a otros.
  • La relación personal más intensa y auténtica es la de encuentro entre dos personas.
  • El dinero o el poder nunca son suficientes para llenar el corazón.
  • Lo que nuestra voluntad quiere en su raíz, no son objetos, que nunca colman nuestro deseo de plenitud, sino aquello que fundamenta nuestra realidad. Buscamos la verdad sobre nosotros.
  • Toda persona, creyenteo no en una religión positiva, experimenta en sí el deseo de Absoluto. Incluso los ateos.
  • Si la persona es deseo, no es deseo de algo sino de alguien. Sólo un “tú” es la respuesta adecuada a la necesidad de un “yo”.
  • La religión no debe confundirse ni reducirse a una institución o a formas rituales o sociales. Es, ante todo, la plasmación de una experiencia de fe.
  • La actitud religiosa no es una actitud más en la vida, sino que es la actitud radical y fundamental con que se pueden vivir todos los hechos y procesos en la vida. La religión consiste en vivir todos los actos de la vida dentro de la dimensión de la entrega a la divinidad, en una fe.

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4 comentarios to “Para ser persona de Xosé Manuel Domínguez Prieto – Apuntes Breves”

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