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Felicidad de la pobreza noble de Koji Nakano – Apuntes Breves

Posted by Raul Barral Tamayo en Jueves, 5 de enero, 2012


© by Koji Nakano, 1992.

LA HONRADEZ TIENE SU PREMIO. El principio de VIVIR CON MODESTIA, PENSAR CON GRANDEZA trata de liberar a los propios japoneses y occidentales de su específica responsabilidad cono actores y víctimas de un estereotipo: producir-consumir-exportar tecnología y bienes de consumo implacablemente competitivos.

Este libro, de amena lectura, presta un impagable servicio a la sociedad “desarrollada”, cuya cultura: “estado de bienestar”, “consumo”, “pelotazo”, “todo vale”, está cambiando, y ha de cambiar aún más. Maravillosos pasajes descritos por Koji Nakano que nos transporta a otras épocas y nos invita a reflexionar.

Koji Nakano nació el primer día del año 1925 en la prefectura de Chiba (isla de Hondo). se graduó en la Universidad de Tokio. Desde 1952 ha estado vinculado en tareas docentes a la Universidad Kokugakuin, primero como lector y más tarde, en 1964, como catedrático. Durante esos años dedicó largas horas a la traducción de autores modernos de lengua alemana. En 1966 profundizó aún más su conocimiento de la cultura occidental durante una larga estancia en Alemania.

Algunas de las cosillas que aprendí leyendo este libro que no tienen porque ser ni ciertas ni falsas ni todo lo contrario:

  • El famoso principio de “Vivir con modestia, pensar con grandeza”, sobre el que se sustentaba tradicionalmente el exquisito “refinamiento” de la vida, del arte y de la literatura japoneses hasta mediados de este siglo.
  • Parece como si la derrota tras la II Guerra Mundial, en lugar de ser un punto final y una vuelta a tiempos pasados de aislamiento voluntario en busca de sus raíces, hubiera sido una obsesionante fuga hacia adelante para conquistar el mundo, empezando de la nada, por el camino de la competencia tecnológica e industrial.
  • Felicidad: fruto de la sabiduría adquirida conviviendo honradamente con el medio natural y con la sociedad.
  • Pobreza: sin apetencias materiales que pongan en peligro esa doble convivencia.
  • Noble: manteniéndose en un nivel de dignidad personal que sea garantía de paz con uno mismo.
  • Japón posee una larga tradición de relevante entrega al mundo del espíritu. Preconizaba la vida sencilla y la elevación espiritual como las formas más sublimes de experiencia humana.
  • Nuestros antepasados vivían en armonía con la naturaleza sin que nadie les hubiera dicho que lo hicieran.
  • La sociedad de la producción en masa exige consumo de masas, lo que acarrea un imprudente despilfarro de los recursos naturales. Esta civilización es culpable de la destrucción de la tierra a la cual asistimos hoy en día.
  • Cuanto mayor sea el aprecio que se tenga por algo, más grande será la preocupación de que se caiga al suelo y se rompa, o de que se pierda, y tanto más turbada resulta nuestra paz espiritual.
  • Por muy valioso que sea un objeto, si empieza a quebrantar nuestro espíritu, es mejor no tenerlo.
  • Inmisericordes, avaros, codiciosos o crueles, abundan a lo largo de la historia los individuos que sólo se han preocupado por ellos mismos. En cualquier época el número de estas personas ha sobrepasado el de aquellas otras que se esforzaban por vivir en armonía con sus congéneres, y la época en que vivimos no es una excepción.
  • Sólo aquellos que, espoleados por la codicia, confunden presunción con sensatez, pueden creer que la riqueza y la posición bastan para hacer respetables a las personas.
  • La felicidad humana no tiene nada que ver con la riqueza o la pobreza, sino con el estado del espíritu.
  • Se da una injusticia muy grande cuando prospera una sola nación en medio de la pobreza que acecha al resto del mundo.
  • No existen penalidades en la pobreza. Probablemente la riqueza y el poder sí las tienen a causa de la falta de escrúpulos y de integridad.
  • Buscar una mujer para casarse porque es rica es una necedad y puede conducir a la desazón.
  • No hay que amar el dinero como si fuera un tesoro.
  • Si un hombre y una mujer cuidan el uno del otro, ni siquiera la mayor pobreza les negará la dicha.
  • No hay idea más equivocada de que la creencia comúnmente difundida de que el dinero y las posesiones pueden proporcionar la felicidad. En realidad, es todo lo contrario: cuanto más se posee, más libertad espiritual se pierde.
  • Es preciso trabajar sin descanso para ganar la enorme suma de dinero imprescindible para llevar un tren de vida de este tipo. Crearse semejantes obligaciones es algo realmente absurdo.
  • Si desean que su existencia transcurra de forma relajada y cómoda, han de librarse de esa preocupación por las cosas.
  • El hombre inteligente, al morir, no deja posesión alguna. Si queremos dejarle algo a una persona concreta después de nuestra muerte, lo mejor es entregarle lo que sea mientras estemos aún vivos.
  • Algunas cosas son probablemente indispensables para la vida cotidiana, pero, por lo demás, es mejor no poseer nada en absoluto. La persona que no posee nada más, es realmente libre.
  • Nada bueno puede derivarse de las posesiones que deja un muerto. para que, a su muerte, no se produzcan batallas entre parientes codiciosos, la gente sensata hace donación de sus posesiones en vida.
  • No es la opinión de los demás lo que cuenta, sino los dictados del propio corazón.
  • No puedo sino lamentar que los hombres de negocios japoneses se hayan granjeado a escala mundial la reputación de preocuparse exclusivamente por el dinero y de limitarse a hablar de valores tan sólo en términos monetarios.
  • En oposición a los valores del mundo terrenal existe otro mundo invisible, el mundo de la salvación del espíritu predicado por Buda.
  • En la actualidad, el budismo ha degenerado tanto que casi resulta irreconocible; los sacerdotes han perdido su aptitud para salvar almas. Ha quedado reducido a una simple cáscara vacía.
  • Aunque un individuo posea una fortuna, si desea muchas cosas, se le puede llamar pobre.
  • Estoy convencido de que era transcendental para las gentes creer en una existencia absoluta e invisible y someterse a ella.
  • Sólo cuando la escasez es la norma siente la gente satisfacción y gratitud por las cosas que posee.
  • Sacerdote significa rechazar la sociedad común y escoger la práctica del budismo durante toda la vida.
  • Si una persona rechaza los deseos mundanos y deja que la elegancia se enseñoree de su espíritu, deleitándose con la poesía y la música, esta actitud se convierte en un medio para liberarse de las preocupaciones de fama y dinero y redimir así el espíritu.
  • Es propio de la naturaleza humana querer casas, dinero y tierras. El deseo no tiene límites. Pero, en realidad, la riqueza, las tierras y el capital se acaban, y el poder no puede tolerar otro poder.
  • La vulgaridad es equiparada a la plaza del mercado y al afán del comerciante por obtener beneficios.
  • Los eruditos y artistas de ayer trabajaban para sí mismos, mientras que los de hoy trabajan para otros.
  • Las personas que odian la muerte deberían amar la vida. ¿Cómo es posible que los hombres no se alegren cada día por el placer de estar vivos?
  • La gente no disfruta de la vida porque no teme a la muerte, olvidan cúan cercana está.
  • El mayor de los placeres humanos no es la riqueza, la fama o la posición, sino el disfrute inmediato de la vida siendo conscientes de la inevitabilidad de la muerte.
  • Los asuntos mundanos dominan por completo las vidas de la mayoría de hombres y mujeres; por tanto, es fácil que lleguen a descarriarse.
  • Todos nosotros tendemos a olvidar lo que es esencial a causa de una excesiva preocupación por lo cotidiano.
  • Por muy alta que sea la media de nuestra esperanza de vida, si eso sólo supone una prolongación física de la vida, ¿qué valor puede tener?
  • La comprensión de la Verdad no tiene historia. Es precisamente aquello que posee una universalidad que transciende la historia lo que es digno de ser llamado “cultura”.
  • Aquellos que no sufran reveses nunca llegarán a apreciar el valor de la vida, y éste es el gran y contradictorio secreto de la vida.
  • Mientras no sepamos vivir cada momento como si fuera todo lo que tenemos, corremos el riesgo de no conocer jamás la vida en toda su plenitud.
  • La experiencia sólo es auténtica mientras uno está inmerso en los acontecimientos. Una vez pasados estos acontecimientos, ya no son otra cosa que historia pasada. La vida existe en el momento, y en ese momento la experiencia pasada no sirve para nada. Por eso no es bueno que los ancianos vayan por ahí dando consejos a los jóvenes basándose en sus recuerdos del pasado.
  • La idea de que todo puede ser “repetido” está haciendo nuestras vidas terriblemente superficiales y vulgares.
  • Japón puede haberse convertido en una superpotencia, pero la vida de los japoneses no se ha enriquecido como resultado de este estado de cosas. Ni siquiera ha alcanzado la tranquilidad de espíritu.
  • Una vida feliz tiene que estar basada en principios, no en cosas.
  • Antaño existía en Japón una espléndida filosofía llamada “pobreza noble”. Era la idea paradójica de que el individuo podía realizar grandes progresos hacia la libertad interior manteniendo sus propiedades al más bajo nivel posible.
  • La pobreza noble es diferente de la indigencia pura y simple.
  • Una solución radical es imposible mientras no cambiemos de actitud con respecto a la naturaleza. Me parece esencial que reconsideremos y demos todo su auténtico valor a la postura de nuestros antepasados con relación a la naturaleza y a su aspecto espiritual.
  • Los números no nos dicen nada acerca del amor por los seres humanos o de la compasión por las cosas vivientes. Éstas son experiencias del corazón y es imposible medirlas cuantitativamente.
  • Cada época tiene su gente avara, ostentosa, sus negociantes volcados en su publicidad, y, claro está, también gente hambrienta de poder, pero las personas corrientes los consideraban unos “tipos malos”.
  • Llevar una vida sencilla y rayana en la pobreza permite mantener una especie de autocontrol.
  • Era vergonzoso tirar cosas antes de que se les hubiera dado un uso adecuado y se cumpliese su destino.
  • El abismo económico entre el norte y el sur ya está provocando fricciones y conflictos en el mundo entero. La estructura actual es de tal índole que cuanto más recursos y energía consume el norte tanto más carece de ellos el sur.
  • La cultura es algo vivo, que sustenta nuestra vida en el presente.
  • Los “tres tesoros sagrados” para vivir en los años cincuenta: una lavadora, una nevera y un televisor.
  • Vivir modestamente significa arrerglárselas con muy poco, pero también que se tiene lo suficiente.
  • El deseo humano no tiene fin. Las personas suben un escalón y, en lugar de sentirse satisfechos, ponen sus miras todavía más arriba.
  • Si un producto destaca en el mercado, se considera un éxito. La felicidad humana no tiene sitio en la ecuación.
  • La gente ya no se siente culpable por tirar cosas.
  • A pesar de la desorbitada profusión de cosas materiales, nuestras vidas son pobres en lo que de verdad importa.
  • A menudo oímos que Japón es un país rico con un superávit comercial. Esto tal vez sea cierto, pero la riqueza y el superávit no guardan relación con aquellos de nosotros que en la actualidad vivimos aquí. Sólo son cifras abstractas que nos resultan casi irreales.
  • Creo que nuestro primer error fue empezar a producir cosas simplemente porque poseíamos la tecnología para fabricarlas, preocupándonos tan sólo de si se vendían o no, sin la menor consideración por los seres humanos. El segundo error fue el de no preguntarnos por qué producíamos de acuerdo con una doctrina que situaba el rendimiento por encima de cualquier otra cosa.
  • El número de restricciones que el mundo nos impone es una locura.
  • Por muy buena que sea la marca de nuestro televisor, no sirve para mejorar los programas de baja calidad, necios y vulgares que aparecen en la pantalla.
  • Si queréis llevar una vida realmente satisfactoria, liberaos de las relaciones de posesión que os conmocionan. Después volved vuestra mirada hacia la naturaleza.

Enlaces relacionados:

  • Blogs: 1, 2 y 3.

Otros libros relacionados:

raul

4 comentarios to “Felicidad de la pobreza noble de Koji Nakano – Apuntes Breves”

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