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Los patitos feos de Boris Cyrulnik – Apuntes Breves

Posted by Raul Barral Tamayo en Lunes, 28 de mayo, 2012


© 2001 Éditions Odile Jacob, París.

María Callas, “la divina”, la voz del siglo si sólo nos fuera permitido elegir una, fue una niña que languidecía abrumada por las carencias afectivas en un centro de acogida en Nueva York …

Georges Brassens, un chico descarriado, debe a su profesor de bachillerato el descubrimiento de la poesía que daría una nueva salida a su rebeldía …

Estos casos de resiliencia son célebres.

Todos ellos fueron capaces de volver a empezar después de haber sufrido una experiencia traumática durante la infancia. Cyrulnik nos ofrece una visión alternativa y razonablmente optimista a las actuales teorías sobre el trauma infantil y sus efectos dañinos, incluso irreparables.

A través de ejemplos de personajes famosos y también de pacientes de su propia práctica clínica, nos muestra la existencia de un mecanismo de autoprotección que, “amortiguando” la mayoría de las veces el choque del trauma, se pone en marcha desde la más tierna infancia, primero mediante el tejido de lazos afectivos y más tarde a través de la expresión de las emociones.

Debido a los fuertes vínculos con el mundo que los rodea, las niñas y los niños sometidos a malos tratos y abusos, pueden valerse de una especie de “reserva” biopsíquica que les permite sacar fuerza de flaqueza y esto es posible, sobre todo, si el entorno social está dispuesto a ayudarles.

Neurólogo, psiquiatra y psicoanalista, Boris Cyrulnik es uno de los fundadores de la etología humana. Profesor en la Universidad de Var en Francia, y responsable de un grupo de investigación en etología clínica en el Hospital de Toulon.

Algunas de las cosillas que aprendí leyendo este libro que no tienen porque ser ni ciertas ni falsas ni todo lo contrario:

  • Cuando uno ha estado muerto y ve que la vida regresa, deja de saber quién es.
  • Cuando los niños se apagan porque ya no tienen a nadie a quien querer, cuando un significativo azar les permite encontrar a una persona capaz de hacer que la vida regrese a ellos, no saben ya cómo dejar que su alma se reconforte.
  • Cuando se aleja la muerte, la vida no regresa. Hay que ir a buscarla, aprender a caminar de nuevo, aprender a respirar, a vivir en sociedad.
  • El fin de los malos tratos no representa el fin del problema. Encontrar una familia de acogida cuando se ha perdido la propia no es más que el comienzo.
  • Hay que golpear dos veces para conseguir un trauma.
  • El primer golpe, el primero que se encaja en la vida real, provoca el dolor de la herida o el desgarro de la carencia. Y el segundo, sufrido esta vez en la representación de lo real, da paso al sufrimiento de haberse visto humillado, abandonado.
  • Para curar el primer golpe, es preciso que mi cuerpo y mi memoria consigan realizar un lento trabajo de cicatrización.
  • Para atenuar el sufrimiento que produce el segundo golpe, hay que cambiar la idea que uno se hace de lo que le ha ocurrido, es necesario que logre reformar la representación de mi desgracia y su puesta en escena ante los ojos de los demás.
  • A la cicatrización de la herida real se añadirá la metamorfosis de la representación de la herida. Lo que va a costarle tiempo comprender al patito feo es el hecho de que la cicatriz nunca sea segura. Es una brecha en el desarrollo de su personalidad, un punto débil que siempre pueden reabrirse con los golpes que la fortuna decida propinar.
  • La resiliencia, el hecho de superar el trauma y volverse bello pese a todo, no tiene nada que ver con la invulnerabilidad ni con el éxito social.
  • Podemos huir de una agresión externa, filtrarla o detenerla, pero en aquellos casos en que el medio se halla estructurado por un discuro o por una institución que hacen que la agresión sea permanente, nos vemos obligados a recurrir a los mecanismos de defensa, es decir, a la negación, al secreto o a la angustia agresiva.
  • Tom: “Hay familias en las que se sufre más que en un campo de exterminio”.
  • La representación del pasado es una producción del presente.
  • Todos estos medios psicológicos permiten regresar al mundo cuando uno ha sido expulsado de la humanidad: la negación, el aislamiento, la huida hacia delante, la intelectualización, y sobre todo, la creatividad.
  • La tentación de la anestesia disminuye el sufrimiento, pero aletarga nuestro modo de ser humanos, no es más que una protección.
  • Basta con encontrar una sola vez a alguien que signifique algo para que se avive la llama y pueda uno regresar con los hombres a su mundo.
  • La vergüenza de haber sido una víctima, el sentimiento de ser menos, de no ser ya el mismo, de no ser ya como los demás.
  • Nunca se consiguen liquidar los problemas, siempre queda una huella, pero podemos darles otra vida, una vida más soportable y a veces incluso hermosa y con sentido.
  • Las buenas simientes no necesitan familias ni sociedades para desarrollarse. El aire puro del campo y unos buenos alimentos bastarán.
  • Un golpe de la fortuna es una herida que se inscribe en nuestra historia, no un destino.
  • Aún hay personas entre nosotros que piensan que el sufrimiento psíquico es un signo de debilidad, una degeneración.
  • En cada capítulo de su historia, todo ser humano es un ser total, terminado, con su mundo mental coherente, sensorial, pleno de sentido, vulnerable e incesantemente vulnerable.
  • Una alteración metabólica es con frecuencia más fácil de corregir que un prejuicio.
  • Hacer que nazca un niño no basta, también hay que traerlo al mundo.
  • Sin angustia, nos encontramos en pleno desierto. Con la angustia nace la esperanza de que alguien venga en nuestra ayuda.
  • En la mayoría de los casos, los niños de madres deprimidas terminan por aletargarse y desinteresarse del mundo.
  • Los niños que conviven con una madre deprimida saben aceptar las invitaciones pero no se atreven a tomar la iniciativa. No solicitan la interacción de los demás, pero se muestran encantados de que se les anime a interactuar.
  • Es posible ser resiliente con una persona y no serlo con otra, reanudar el propio desarrollo en un medio y derrumbarse en otro.
  • Tres gestos (dejar de sostener la mirada, dejar de fingir y dejar de señalar) permiten detectar en fases extremadamente tempranas una detención grave de la construcción de la personalidad.
  • Cuando se observa con regularidad a los hijos de madres depresivas, se constata la puesta en marcha de unas interacciones empobrecidas.
  • La depresión precoz y las carencias afectivas no solamente no han desaparecido, sino que aumentan incluso en las familias acomodadas, segñun constata Michaël Rutter.
  • Un niño tiene que hacer tonterias para demostrar su alegría de vivir.
  • En algunos pueblos de África ecuatorial, se dice que “se necesita a la aldea entera para criar a un niño”.
  • Las culturas se pasan la vida cambiando y cuando no cambian, mueren.
  • No todos los padres tienen el deseo ni la posibilidad de ser padres reales.
  • No existe igualdad en los traumas. Muchos se hicieron delincuentes o psicópatas porque, siendo más fuertes por su temperamento, supieron agarrarse a algún frágil hilo de resiliencia, suficiente para sobrevivir pero no para socializarse.
  • No existe reversibilidad posible después de un trauma, lo que hay es una perentoria obligación de metamorfosis. Puede volver a ser hermoso y cálido, pero será diferente. El trastorno puede repararse, a veces incluso de forma ventajosa, pero no es reversible.
  • Los primeros años constituyen un período sensible para la construcción de los recursos internos de la resiliencia.
  • Si asistiéramos a una escena de tortura, nos identificaríamos hasta tal punto con uno de los dos que la indignación haría que nos sublevásemos.
  • Nuestra fascinación por las catástrofes naturales (que nunca llamamos “horrores naturales”) explica que el perdón que tan fácilmente concedemos a un volcán contraste hasta tal punto con los efectos devastadores y prolongados del horror de los suplicios humanos.
  • Sólo podemos relacionarnos con los objetos a los que nuestro desarrollo y nuestra historia nos han vuelto sensibles, pues les atribuimos un significado particular.
  • Los niños que han de enfrentarse al trauma no pueden no adaptarse. Sin embargo, la adaptación no siempre es un beneficio: la amputación, la sumisión, la renuncia a llegar a ser uno mismo, la búsqueda de la indiferencia intelectual, la glaciación afectiva, la desconfianza, la seducción del agresor, todos estos valores son sin duda adaptativos, defensas no resilientes.
  • Todo creador es forzosamente un marginado, ya que pone en la cultura algo que no estaba ahí antes de llegar él.
  • Todos los niños que han conocido situaciones extremas se ven obligados a convertirse en autores de mitos.
  • Sin culpabilidad no hay moralidad.
  • Un niño de las calles que no fuera delincuente tendría únicamente una esperanza de vida de unos pocos días.
  • El niño se adapta a la patología del adulto merced a la divergencia, que le proporciona un beneficio inmediato y pone en marcha una bomba de relojería. Su personalidad aprende a desarrollarse en dos direcciones diferentes. Según la primera dirección, su personalidad se teje en torno a las guías de desarrollo que proponen los adultos en las esferas afectiva y social. La segunda dirección se elabora en secreto, en la intimidad de un mundo mental que los adultos rechazan.
  • Dado que los adultos no quieren escuchar su razonamiento, t endrá que hacer él solo ese trabajo y él solo tendrá que adquirir nuevo control sobre la representación de su pasado, sobre la creación de un nuevo mundo. Semejante defensa puede llevarle al delirio, dado que, aislado de la sociedad, su trabajo íntimo se sustrae al efecto corrector de los demás.
  • Cuando lo real es monstruoso, hay que transformarlo para hacerlo soportable.
  • Hay que comprender y actuar para desencadenas un proceso de resiliencia. Cuando falta alguno de estos dos factores, la resiliencia no se teje y el trastorno se instala. Comprender sin actuar da pie a la angustia. Y actuar sin comprender produce delincuentes.
  • En un medio sin leyes ni rituales, un niño que no fuera delincuente tendría una esperanza de vida muy breve. El hecho de poner su talento, su vitalidad y su desenvoltura al servicio de la delincuencia, prueba que está sano en un medio enfermo.
  • No estoy tratando de afirmar que un vínculo afectivo inseguro conduzca a la delincuencia.
  • Los padres apagan las llamitas de resiliencia cuando se ocupan en exceso del niño. La abnegación invasora acostumbra al hijo a una pasividadque más tarde reprochará a su madre.
  • El medio más seguro para apagar las llamitas de resiliencia, es colocar al niño en un medio estropeado en el que se vincule a unos adultos depresivos.
  • Los deseos de venganza no conducen a la resiliencia.
  • Incluso en el caso de los niños que se desarrollan bien, el despertar de la creatividad necesita de una carencia.
  • El arte no es una actividad de ocio, es un acicate que nos impulsa a luchar contra la angustia del vacío suscitada por el acceso a la libertad que nos proporciona el placer de crear.
  • Todos los niños son creadores porque han de incorporar su medio y hacerlo evolucionar.
  • Los niños rotos no tienen elección. La felicidad de crear es vital.
  • El talento supremo consiste en exponer la propia desgracia con humor.
  • Anna Frank: “Un ataque de risa es mejor que diez comprimidos de valeriana”.
  • Un niños sin relaciones vive en una sucesión de presentes. Privado de relaciones, no está abierto a la representación del tiempo.
  • Los niños aislados se desarrollan en el interior de una enorme laguna de memoria. Para ellos, nada adquiere categoría de recuerdo pues, privados de toda relación, viven en un mundo pobre en acontecimientos.
  • Cuando la herida está en carne viva, uno siente la tentación de recurrir a la negación.
  • No es tanto el niño el que es resiliente como us evolución y su proceso de vertebración de la propia historia.
  • La vida es demasiada rica para reducirse a un único discurso.

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9 comentarios to “Los patitos feos de Boris Cyrulnik – Apuntes Breves”

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