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Bipolar de Terri Cheney – Apuntes Breves

Posted by Raul Barral Tamayo en Lunes, 16 de julio, 2012


© 2008, Terry Cheney.

Terri Cheney, una antigua abogada de espectáculos de Los Ángeles, disipa expectativas deliberadamente con un paseo seguro a través del turbulento relato sobre el trastorno bipolar.

Con una imaginería muy evocadora, recuerdos desordenados en el tiempo en los que se reflejan sus desorientados y extremos estados de ánimo, Cheney deja su vida al servicio de la piedad de la química cerebral, que la arranca de la desesperación más desalmada para llevarla a la exuberancia más estridente, de persecuciones impetuosas al letargo paralizador.

Apresada en las aguas revueltas del impulso febril, fluctúa de la seducción al intento de suicidio cuando flirtea imprudentemente con los hombres, el peligro y la muerte, sólo para encontrarse ante más desafíos en los dos lados del drástico efecto que le produce el tratamiento.

En Bipolar, Terri Cheney cuenta con honestidad y delicadeza la dura historia de su vida, donde pasa de cenar en restaurantes de lujo y conducir su Porsche deportivo a encerrarse en su casa durante semanas, incapaz de salir de la cama, sin vislumbrar ningún futuro.

Bipolar es el impresionante relato de una mujer con trastorno maniaco-depresivo con la que van a sentirse identificadas miles de personas que padecen esta enfermedad o que han padecido amigos o familiares.

Terry Cheney es una abogada especializada en propiedad intelectual. Ha trabajado para importantes firmas de Los Angeles donde, a lo largo de sus 16 años de carrera, ha representado a celebridades como Michael Jackson y Quincy Jones, así como a grandes productoras de cine como Universal Studios y Columbia Pictures. En la actualidad, se dedica a compartir su experiencia como enferma bipolar a través de actividades como grupos de apoyo o conferencias sobre el tema. Participa como consejera en varios programas del Instituto Neuropsiquiátrico de la UCLA (Universidad de California, Los Angeles).

Algunas de las cosillas que aprendí leyendo este libro que no tienen porque ser ni ciertas ni falsas ni todo lo contrario:

  • El trastorno bipolar no es un trayecto seguro. No va desde el punto A hacia el B siguiendo un esquema conocido, agradable. El rumbo es caótico, imprevisible. Nunca se sabe qué dirección tomará.
  • Quise que este libro reflejara la enfermedad, que transmitiera una experiencia visceral al lector.
  • Cuando miro hacia atrás, pocas veces recuerdo las fechas o el orden en que ocurrieron los hechos. Recuerdo, en cambio, en qué estado emocional me encontraba cuando sucedían: maniaco, depresivo, suicidad, eufórico.
  • Para mí no es el tiempo, sino el estado de ánimo lo que va delineando la vida.
  • He tratado de ser tan fiel a mis recuerdos como me fue posible. Pero la enfermedad mental crea su propia y vívida realidad, tan convincente que, en ocasiones, es difícil saber con exactitud dónde está la realidad.
  • La memoria es la primera víctima del trastorno bipolar. Cuando estoy manica, sólo registro el instante. Cuando estoy deprimida, sólo registro el dolor.
  • La enfermedad me ha dañado mucho menos que su tratamiento. He perdido la cuenta de los medicamentos psicotrópicos que me vi obligada a tomar durante años, así como sus características y efectos secundarios. Tal vez el electroshock sea útil como último recurso, pero es bien sabido que destruye la memoria. El mundo nunca volvió a ser tan nítido y claro como lo era antes del electroshock.
  • La enfermedad se desarrolla a expensas de la vergüenza y la vergüenza gracias al silencio.
  • Para aliviar mi conciencia, me digoa mí misma que, en realidad, el sexo bipolar no es una relación sexual, sino conversación.
  • La vieja ansiedad maniaca de saberlo todo me atacó con furia.
  • Las intenciones maniacas siempre son buenas. Los resultados casi nunca lo son.
  • No sabía si terminaría en el cielo o en el infierno, o tal vez en el purgatorio. Supe que no estaba en el cielo, porque me hacían preguntas sobre mi seguro sanitario.
  • El trastorno bipolar es una actitud mental que lo definía todo. Yo creía que el mundo era de tal manera o todo lo contrario. Mi manera de pensar era rígida, poco natural.
  • Los altos ejecutivos no ríen con facilidad y los ejecutivos de compañías de discos, menos aún.
  • De forma inevitable, cuando el equilibrio químico de mi cerebro empezaba a variar, era el primer indicio de alarma. En cuanto sentía que volvía a cobrar vida, era consciente de que la depresión estaba asomando. Sabía que se trataba de hipomanía.
  • Con el transcurso de los años había creado todo un repertorio de trucos, sutilezas de la voz, la mirada o la postura a las que a menudo apelaba para influir sobre un jurado indeciso o serenar a un juez recalcitrante.
  • Si había algún signo indudable de que la manía se acercaba, era esa secreta convicción de que tenía absoluta autoridad para decidir sobre la sexualidad de los demás, esa súbita ráfaga de confianza en que ningún hombre, o mujer, si lo hubiera deseado, estaba fuera de mi alcance.
  • Tal vez sólo un bipolar puede comprender que, a veces, frenar es más divertido que ganar la carrera.
  • Nunca he transgedido de forma intencionada las normas.
  • Las pelirrojas jamás deberían de vestir de anaranjado.
  • Cuando estoy maniaca tiemblo, me mareo y sudo.
  • El hecho de que padezca una enfermedad mental no significa que haya perdido el juicio.
  • Para el bipolar suele ser imposible cambiar de dirección. Sencillamente, sigue adelante.
  • Cuando alguien va camino a la fase maniaca, la sensación más insignificante altera sus nervios.
  • Quien va camino a la fase maniaca luce una espléndida y angustiosa delgadez. Simplemente, no se le ocurre comoer, porque su mente está ocupada por una infinidad de ideas importantes, ideas que podrían cambiar el mundo si tan sólo pudiera detenerse el tiempo necesario para anotarlas.
  • Entre dos verdaderos enemigos no hay lugar para la risa.
  • Quienes viven a salvo de la fase maniaca no tienen forma de imaginar el sufrimiento que implica el silencio forzoso. La necesidad de hablar aumenta a medida que el cerebro se acelera hasta que es tan irresistible como estornudar en medio de una nube de polvo. Clínicamente se lo denomina “discurso bajo presión”.
  • He visto maniacos que utilizan de forma creativa toda clase de recursos para eludir la imperiosa necesidad de hablar. La técnica favorita es, sin lugar a dudas, sacudir la pierna. Mi truco es apretar los puños. Clavo las uñas en las palmas una y otra vez. El dolor es siempre una distracción eficaz.
  • La peligrosa euforia, la angustia desesperante y los extravagantes cambios de humor no siempre son síntomas de una mente alterada sino de un corazón palpitante.
  • Como todas las pelirrojas naturales, soy algo vanidosa con respecto a mi cabello. Supongo que si Dios hubiera querido que fuera humilde no me habría hecho tan llamativa.
  • Desde el amanecer hasta el anochecer había adoptado media docena de personalidades diferentes.
  • Mi enfermedad me ha enseñado que las cosas no permanecen invariables durante mucho tiempo.
  • Las fantasías son la llave del subconsciente.
  • Los ricos nunca son locos sino pintorescos.
  • Si el dinero no puede comprar la felicidad, al menos puede comprar armonía.
  • Era inútil tratar de negar la existencia de la fealdad, en el mundo y en mí misma. Dios creó la luz y los monstruos. Debía de haber un motivo para que así fuera.
  • Comprendí que la auténtica belleza no reside en la ausencia de fealdad sino en su aceptación.
  • El trastorno bipolar siempre elige las ocasiones más inoportunas para recordar que la remisión es sólo una tregua y no una cura.
  • Creo que mucho peor que el hambre es el recuerdo de haber tenido sustento.
  • Las drogas derrotaban a la depresión, pero me mantenían siempre maniaca.
  • Las revelaciones maniacas son como estrellas fugaces: destellos de luz que desaparecen en un instante.
  • En un maniaco-depresivo la falta de descanso prolongada produce toda clase de efectos engañosos en la química del cerebro. Unas veces lo hace caer en la depresión; otras, lo catapulta a la manía. De una u otra forma, casi siempre lo desestabiliza.
  • El peligro de la fase maniaca reside siempre en su magnificiencia.
  • Cada vez que pensaba en el suicidio, la imagen de esa niña masai apareceía en mi mente. No podía encontrar un argumento que refutara esa sonrisa.
  • Sabía que una prolongada falta de apetito era un indicio de que estaba en fase maniaca.
  • El gran desafío de ser un enfermo mental, a pesar de que las condiciones son claramente adversas, es mantener siempre cierto sentido de la dignidad.
  • Al ingresar omitieron decirme caúl era la norma más importante: no observar a un esquizofrénico paranoide.
  • Cuando alguien ha perdido el control de aquello que le rodea, cuando otros deciden sobre todo, las pequeñas cosas se vuelven importantes.
  • En ese momento comprendí por qué evitaba a los demás pacientes. Eran, potencialmente, espejos. No temía a la locura de otros. Lo que me causaba más temor era mi propia enfermedad. Me aterrorizaba la idea de vislumbrar en ellos, por casualidad, algo de mí misma.
  • En el mundo hay personas que no quieren flotar libremente en el viento ni danzar con el demonio el sábado por la noche. Todo lo que desean es un jardíon con flores que se abren y se marchitan de acuerdo con la estación. Para algunos, es suficiente.
  • Un abogado del mundo del espectáculo siempre está disponible. Es una de las condiciones de su trabajo.
  • Harta de ser rehén de un aparato electrónico, finalmente hice algo inimaginable. Abandoné mi exitosa carrera. Ya no podía tolerar las exigencias de una gran empresa.
  • En la vida de todo abogado hay un Gran Caso, tal vez dos. Cuanto más grande es el bufete, más importante es el caso.
  • Las celebridades casi nunca son enjuiciadas.
  • El principal efecto secundario de la terapia de electroshock reside en que arrasa con la memoria a corto plazo. El olvido se produce de una manera muy evidente. No era capaz de recordar cosas simples, de las que ni siquiera era consciente.
  • El suicidio implica ponerse en movimiento y la depresión pesa mil toneladas.
  • ¿Cómo saber qué falló durante la última sesión de terapia con electroshock? Resurgí del caos convertida en otra persona, con una nueva identidad. Ya no deprimida, sino bipolar. Era coherente con mi errática manera de vivir.
  • Los crímenes contra un inocente nunca quedan impunes, y siempre dejan una marca.
  • No sólo había perdido la mayoría de mis inhibiciones, sino también buena parte de mi memoria.
  • Después de la delicia de caer en la tentación es imposible no seguir cayendo, cada vez más bajo, siempre.
  • Para quien, como yo, ha padecido depresión severa, sabe que la capacidad de hablar por teléfono significa que lo peor ha pasado.
  • En el espectro bipolar existe una curiosa franja llamada “estado mixto”, donde la manía y la depresión se encuentran y chocan. Es la más peligrosa de las combinaciones, la que más impulsa al suicidio.
  • Pocas cosas pueden sobrevivir al enfrentamiento mortal entre la manía y la depresión. El amor no está entre ellas.
  • En mi opinión, para un maniaco-depresivo es imposible tener una relación normal con la comida.
  • Antes era normal que estuviera deprimida al menos la mitad de cada mes, ahora pasan estaciones enteras sin que piense un solo día en el suicidio.
  • Si bien la obesidad es una epidemia nacional, nadie le dice a un desconocido que está muy gordo. Pero, aparentemente, hay una especie de consenso social acerca de que la delgadez es un asunto de interés público.
  • Una vez que la química de mi cerebro por fin pareció estabilizarse, mi cuerpo hizo lo mismo.
  • Prozac, por primera vez una medicación era efectiva. Parecía mantenerme a salvo de la depresión sin conducirme a la manía. En cambio, era indulgente con una leve hipomanía, el sueño de todo maniaco depresivo. La hipomanía es el breve preludio, inmediatamente anterior a la manía, durante el cual todos los sentidos están excitados, pero bajo control.
  • Nunca, jamás se debe llamara “maniaco” a un maniaco. El mote es lo más degradante, insultante, ofensivo que puede imaginar.
  • Nunca había tenido dificultad para vestirme cuando estaba en una fase maniaca. Me limitaba a elegir el vaquero más sexy o el vestido más insinuante y los zapatos con los tacones más altos que encontrara en mi armario. Era aún más sencillo cuando estaba en fase depresiva. Nada me quedaba bien, y basta.
  • Una de las reglas fundamentales de Hollywood: no confundir belleza y credibilidad.
  • Siempre, después de superar con éxito un desafío, se desencadena una reacción: unas veces, la manía; otras, la depresión, a menudo con tendencia suicida.
  • Si se alimenta durante cierto tiempo, una mentira se convierte en una forma de vida.
  • Decir la verdad es como bailar: hay pasos, ritmo, protocolo.
  • Es todo lo que en verdad importa para quien padece trastorno bipolar: el día de hoy, nada más. Sin embargo, los días se suman.
  • La estabilidad parece algo muy precario, depende sólo de la dosis correcta prescrita por el médico apropiado.

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raul

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2 comentarios to “Bipolar de Terri Cheney – Apuntes Breves”

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