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Manual de civismo de Victoria Camps y Salvador Giner – Apuntes Breves

Posted by Raul Barral Tamayo en Martes, 28 de agosto, 2012


© 1998 y 2008: Victoria Camps y Salvador Giner.

El civismo es una actitud esencial para la buena convivencia entre las personas. También lo es para la vida pública. Manual de civismo explora la anatomía de la conducta cívica y descubre cómo sólo mediante ella es posible una sociedad amable, participativa, solidaria y capaz de enfrentarse al intenso cambio social de nuestra época así como a las incertidumbres que nos acechan.

Las viejas virtudes de la austeridad, la templanza y los buenos modales son contempladas por Victoria Camps y Salvador Giner como virtudes cívicas. Demuestran cómo de su práctica generalizada depende una vida individual y colectiva civilizada, tolerante y creativa. Tanto o más, si cabe, que de la existencia de unas libertades y una Constitución que garanticen los derechos de toda la ciudadanía.

Victoria Camps es catedrática de Filosofía moral y política en la Universidad Autónoma de Barcelona, presidenta de la Fundación Víctor Grifols i Lucas y del Comité de Bioética de Cataluña.

Salvador Giner es catedrático de Sociología en la Universidad de Barcelona y presidente del Institut d’Estudis Catalans. Galardonado con el Premio Nacional de sociología (2006).

Algunas de las cosillas que aprendí leyendo este libro que no tienen porque ser ni ciertas ni falsas ni todo lo contrario:

  • El comportamiento cívico es la base de la buena convivencia.
  • Comportarse cívicamente exige voluntad y un cierto esfuerzo, algo que suele carecer de valor en un mundo donde lo que impera es precisamente la ley del mínimo esfuerzo.
  • Estamos instalados en el liberalismo, en el triunfo de las libertades individuales por encima de cualquier otro valor. No hay que lamentarlo.
  • Lo que debe hacerse es aprovechar al máximo las cotas de libertad que se han ido ganando.
  • La eficacia y la rentabilidad inmediata y contable tienden hoy a ser el criterio y la medida de cualquier resultado. Vale lo que sirve para ganar dinero rápido.
  • El civismo viene a ser aquella ética mínima que debería suscribir cualquier ciudadano liberal y demócrata. Mínima, para que pueda ser aceptada por todos. Ética, porque sin normas morales es imposible convivir en paz y respetando la libertad de todos.
  • La interacción humana engendra siempre tensiones de poder o influencia, y ello a su vez produce en quienes entran en ella esfuerzos por persuadir y convencer, órdenes que unos dan a otros y que son, o no, atendidas.
  • Nuestra convivencia es difícil: muchos deseamos, con recursos desiguales, los mismos bienes, que son escasos; una parte muy sustancial de la humanidad siente pasión por dominar a los demás; con demasiada frecuencia los criterios egoístas predominan sobre los altruistas.
  • Mientras el egoísmo no necesita ser inculcado, el respeto, la solidaridad, la generosidad y demás virtudes necesitan de esfuerzos permanentes para que prevalezcan.
  • La base ética de la convivencia es el precepto “no hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti”.
  • La vida cívica consiste en tratar a los demás con la deferencia y delicadeza, y no sólo con buena educación, con la que querríamos que siempre nos trataran a nosotros.
  • Jonathan Swift, los Viajes de Gulliver: “Las buenas maneras son el arte de hacer que los demás se encuentren bien con uno”.
  • Tener educación supone aceptar unas reglas. Unas reglas que, como casi todas, son convencionales, artificiales. Podrían ser otras.
  • Somos no sólo naturaleza, sino también cultura.
  • Las buenas maneras son formas que hemos establecido para exteriorizar o reconducir nuestras emociones y sentimientos. O para reprimirlos cuando parecía mal o feo manifestarlos.
  • A causa de los modales, el ser humano no siempre es espontáneo al mostrar alegría, tristeza, dolor, admiración, odio, respeto.
  • Uno se acostumbra a reprimir el enfado o a suavizarlo, a manifestar más satisfacción o entusiasmo de los que en realidad siente, a sonreír aun sin ganas.
  • Son maneras de decirles a los demás que no nos son indiferentes, que no pasamos olímpicamente de su presencia.
  • Complicarse la vida es también una especialidad del ser humano.
  • Vivir con otras personas obliga a reprimirse, a no hacer lo que a uno le viene en gana en cualquier momento. Se reprimen los sentimientos y los instintos. En su lugar, aparecen la razón y la conciencia moral. Uno no hace lo que quiere sino lo que se debe hacer.
  • El precio de la civilización, de la cultura, de la educación es un montón de renuncias.
  • Las reglas son todas represivas. Las reglas no se aprenden sin prohibiciones.
  • Educar es también coaccionar, no nos engañemos.
  • El niño descubre lo que debe hacer a través de un “no” que no cesa.
  • Es más sencillo denunciar lo que está mal, que indicar qué está bien.
  • Cuando hay reglas claras sabemos a qué atenernos.
  • Las buenas maneras, precisamente porque fueron las normas de las clases pudientes y refinadas, demasiadas veces han sido sólo el escaparate de una realidad putrefacta y detestable.
  • Vivir con otros implica, a veces, tener que fingir. La buena educación se basa en esa trampa que roza la falsedad y el engaño.
  • “Todos los hombres son iguales”, es un principio que, desde hace siglos, se considera el fundamento de la justicia.
  • Los derechos implican deberes.
  • En una democracia, cada individuo es un poco responsable de lo que pase en el conjunto de la sociedad.
  • Tiene que haber leyes que obliguen a ser benevolente y simpático con el desfavorecido del que nadie se puede acordar, que obliguen a subsanar también la miseria que nadie percibe.
  • John Stuart Mill: “El único límite que debe tener la libertad es el daño al otro”.
  • Sartre: “Cuando elegimos, elegimos por toda la humanidad”.
  • Spinoza: “Cada uno debe potenciar al máximo sus posibilidades y capacidades”.
  • La sensación de que lo que uno haga se echará a perder en un conjunto depravado y absurdo puede con el sentido del deber más firme.
  • Eckhart: “Lo importante es ser buenas personas y no hacer muchas cosas”.
  • Tanto Spinoza como Marx explicaron que la libertad no puede ser otra cosa que el desarrollo del poder humano: el reino de la libertad es el fin de la humanidad.
  • La libertad es un valor si sirve para encauzar la existencia hacia algún fin.
  • Uno de los logros más dignos de tenerse en cuenta de la civilización moderna ha sido la consolidación del pluralismo ideológico, religioso y cultural en un marco de tolerancia y diálogo.
  • Si todo es relativo, todo vale.
  • Una de las consecuencias inesperadas del imperio del relativismo ha sido el triunfo del instrumentalismo moral.
  • Siempre ha habido en el mundo centros económicos, políticos y culturales, con sus respectivas periferias o zonas de influencia, pero hoy todos ellos se hallan entrelazados y abocados a una situación de mutua dependencia.
  • La templanza es la virtud que nos inclina a conducirnos con mesura.
  • Las cuatro virtudes cardinales de la tradición cristiana: templanza, prudencia, justicia y fortaleza.
  • Las desmesuras son una consecuencia perversa de la proliferación de las libertades individuales.
  • Tan vil era el trabajo en el mundo antiguo, que los esclavos que estaban sometidos a él quedaban automáticamente excluidos de la ciudadanía, pues participar en ellos significaba gestionarlos y para gestionarlos hacía falta tiempo. Para el esclavo no hay más tiempo que el tiempo de trabajo.
  • La ciudadanía hay que entenderla como una cierta dedicación y cooperación con lo público, lo que es de todos.
  • El trabajo bien hecho debería ser el fin de un buen profesional que se deb no sólo a sí mismo sino a los otros.
  • No es casualidad que la negación de la contemplación vaya unida con frecuencia a una actividad incivil.
  • La televisión no ayuda a la contemplación pausada de nada: las más de las veces es impresionista, manipulativa, veloz y superficial en sus presentaciones, maquilladora de la realidad, caleidoscópica en su ritmo e incapaz de matizar.
  • Quien contempla, sopesa y juzga. Y quien no lo hace es un autómata social.
  • La actividad por la actividad, esa especie de terror a no saber qué hacer mata la imaginación y la creatividad.
  • Una parte esencial, y en el fondo la más significativa del civismo, es aquella que nos permite diferir, discrepar y hasta oponernos a otras voluntades de un modo a la vez civilizado y eficaz.
  • Es inevitable que surjan sin cesar enconos y discordias.
  • El civismo es el marco mínimo adecuado para resolver fructíferamente muchos de los conflictos endémicos en la convivencia.
  • Toda causa noble puede triunfar sin violencia. Aunque triunfe a medias: es evidente que Amnistía Internacional no ha logrado abolir la tortura, ni la pena de muerte, ni las farsas judiciales en los procesos políticos, pero también es innegable que cuenta en su haber una cantidad espléndida de pequeñas y grandes victorias.
  • Las convecciones sociales son a menudo irracionales, o meros formalismos hipócritas. Pero suelen encubrir, además, injusticias o, simplemente, situaciones con las que honestamente no nos cabe sino estar en abierto desacuerdo.
  • Baltasar Gracián: “Cada uno debe obrar como quien es, no como le obligan”.
  • La insolencia no es necesariamente un mal, ni un vicio. Puede ser una virtud.
  • El uso de la violencia para enfrentarnos con la violencia es un asunto muy espinoso.
  • El levantamiento armado contra la opresión siempre se sabe cómo empieza. Nunca cómo acaba.
  • La idea de la resistencia pacífica a la injusticia es tan antigua como lo puedan ser el budismo, el humanismo griego y el cristianismo.
  • El coraje moral, la serenidad y la tozudez civilizada transforman el clima emocional, las leyes injustas y las decisiones arbitrarias antidemocráticas sin hacer daño, sin crear más víctimas.
  • La violencia es siempre intolerable, venda de donde venga.
  • Si la militancia cívica y pacífica no da resultados inmediatos o a corto y hasta medio plazo, sea.
  • Reivindicamos el uso de la imaginación cívica e infinitamente paciente para crear a los opresores una situación que sea para ellos, a la postre, insostenible, que les haga ceder poco a poco ante la insistencia de una ciudadanía terca y civilizada.
  • No abogamos pura y simplemente por una “tolerancia cero” en todos los casos de delincuencia.
  • La violencia es inútil, perniciosa y banal.
  • Pedirle al ciudadano que sea más cívico es recordarle que se debe a su ciudad, que algo tiene que hacer para contribuir al bien de esa ciudad que es la suya.
  • La ciudad griega necesitaba individuos cívicos, virtuosos, dispuestos a compartir un sentimiento de justicia y a respetarse mutuamente. Quien se negara a desarrollar dichas virtudes debería ser expulsado de la ciudad, pues sería un estorbo para la convivencia. Sería un idiotés, decían los griegos, una persona no integrada en la polis, alienada de ella totalmente privatizada. El idiotés es el que pasa de todo y al que le da igual lo que a los demás pueda pasar.
  • Rousseau: “Las leyes deben reinar en el corazón de las personas, mientras la fuerza legislativa no llegue al corazón de las personas, las leyes serán incumplidas”.
  • El primer enemigo del civismo urbano es la fiebre consumista. En una economía de mercado las personas no se forman automáticamente para ser ciudadanos, sino para ser consumidores de mercancías.
  • Un segundo enemigo del civismo es la anomia que padecen las sociedades contemporáneas. La confusión que surge entre normas contradictorias, así como por la falta de normas clara.
  • Un tercer obstáculo para el civismo: la multiculturalidad. Convertir las diferencias en desigualdades y discriminaciones es lo más opuesto al civismo.
  • Nadie ha inventado la solución perfecta para que todas las fuerzas sociales convivan sin que unas medren y otras languidezcan.
  • Civismo y democracia se hallan íntimamente ligados. Una democracia incivil es, sencillamente, inconcebible.
  • La democracia es la expresión política del civismo.
  • Sin fraternidad no hay civismo. El civismo sin fraternidad es una comedia de modales vacíos e hipócritas.
  • El civismo nos obliga a intentar dialogar hasta con los terroristas.
  • Deber de reflexionar sobre las consecuencias de nuestros actos.
  • Las religiones han sido una respuesta al anhelo de trascendencia de la vida personal.
  • El mundo de los satisfechos se mantiene y aumenta su riqueza gracias a condenar al resto a no ver nunca satisfechas sus necesidades básicas.
  • La mayoría de las innovaciones no se han producido como respuesta a las hambrunas o a las necesidades más elementales, sino como respuesta al hábito imparable de consumir más y más.
  • La vida de calidad no es algo que pueda sernos dado por el beneplácito de nuestros administradores y políticos. Es algo que hay que inventarse e ir construyendo paso a paso y entre todos.
  • Estamos tan viciados por la economía de consumo que es muy difícil que algo pueda escapar a su dinámica.
  • La economía de mercado se nutre y nos nutre de modas que no pueden venderse como tales, sino que deben camuflarse bajo ropajes más serios.
  • El respeto a la naturaleza no es un fin en sí mismo, que incluso debe anteponerse a cualquier otra cosa.
  • Hay que recordar siempre que los derechos humanos son derechos individuales.
  • Se trata, en definitiva, de cuidar y conservar lo que no es patrimonio de nadie en privado porque es esencialmente público.
  • La democracia necesita ciudadanos activos y responsables.
  • Los valores del buen ciudadano son los que sirven a la construcción del interés común.
  • Las buenas costumbres necesitan de pocas leyes.
  • Si los individuos no son capaces de desarrollar actitudes responsables, los innumerables subsidios sociales pierden su razón de ser porque acaban en manos no de los más necesitados sino de los más astutos.
  • Uno no debe responder de lo que no elige hacer o de lo que hace necesariamente porque no puede actuar de otra forma.
  • No sólo hay que responder de lo que se hace sino de lo que no se hace: de las omisiones.
  • La inhibición de las responsabilidades colectivas ha llevado a lo que se llama la “judicialización” de la política. Significa abandonar cualquier reconocimiento de responsabilidad en manos de los jueces.
  • Las leyes tienen fisuras y lagunas.
  • No es posible cooperar con nadie ni con nada sin dejar de pensar sólo en el propio interés.
  • El artífice más genuino de la teoría del contrato social fue Thomas Hobbes, en el siglo XVII.
  • La sociedad civilizada se basa en el principio del do ut des: renuncio a parte de mi libertad, e incluso a algunos de mis privilegios, para que me ayudes y me protejas.
  • No sabemos aún a ciencia cierta si el ser humano tiene una naturaleza sociable o insociable. Somos a la vez sociables y egoístas.
  • Es imposible vivir sin prejuicios, y no todos son igualmente desechables.
  • La vida en común determina que al elegir vivir de una forma u de otra no elegimos sólo para nosotros, sino también para los demás.
  • El civismo es la producción social de seres humanos responsables.
  • El civismo es la llamada a defender unas mismas convicciones contra quienes las rechazan o las maldicen con sus obras.
  • Es muy peligrosos banalizar el mal. Pero también lo es tratar de comprenderlo o, aún peor, justificarlo.
  • La educación cívica tiene dos tareas urgentes e incuestionables. la primera, enseñar en qué consisten el fantismo y el fundamentalismo, mostrar el peligro de que la rigidez dogmática acaba en la violencia. La segunda, desactivar los juicios rápidos que llevan a excluir a otros por su parecido externo o cercanía de origen con los grupos terroristas.

Enlaces relacionados:

  • Blogs: 1 y 2.

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raul

2 comentarios to “Manual de civismo de Victoria Camps y Salvador Giner – Apuntes Breves”

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