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Dentro de WikiLeaks de Daniel Domscheit-Berg – Apuntes Breves

Posted by Raul Barral Tamayo en Miércoles, 12 de septiembre, 2012


Título original: Inside Wikileaks.
© 2011 Daniel Domscheit-Berg.

En septiembre de 2010, Daniel Domscheit-Berg escribió sus últimas líneas como portavoz de WikiLeaks en un chat en el que anunciaba que se iba.

Atrás habían quedado unos años muy intensos, “los más intensos de mi vida”, puntualiza el propio Domscheit-Berg. Años en los que fue la mano derecha de Julian Assange y pieza fundamental en el desarrollo, despegue y consolidación de la plataforma que ha cambiado el modo de entender la verdad que nos ofrecen los medios.

El proyecto WikiLeaks fue creado para dar a conocer al mundo los entresijos de gobiernos, empresas y organizaciones en su lucha por ejercer y mantener el poder. La idea original consistía en la transparencia absoluta de la información y el derecho del ciudadano a conocerla.

Destaparon casos como el de la banca suiza Julius Bär, el crash económico que llevó a Islandia a la bancarrota o las muertes de civiles a manos de soldados americanos en Afganistán.

Con el tiempo ese criterio fue mutando y se convirtió en raíz del desencuentro entre Julian Assange y Daniel Domscheit-Berg, pero lo que ocurrió Dentro de WikiLeaks, solo los dos lo saben y ahora Domscheit-Berg lo desvela.

Daniel Domscheit-Berg nació en 1978, y durante dos años y medio fue el portavoz de WikiLeaks bajo el seudónimo Daniel Schmitt. Con anterioridad, había trabajado para importantes empresas internacionales como informático especializado en seguridad de TI, y estaba comprometido con la libertad de información y transparencia en la Red.

Algunas de las cosillas que aprendí leyendo este libro que no tienen porque ser ni ciertas ni falsas ni todo lo contrario:

  • Aprendí de primera mano que la combinación de poder y secretismo conduce en última instancia a la corrupción.
  • Julian y Wikileaks, una simbiosis inseparable que se convirtió en un fenómeno pop. Lo que se debe sobre todo al vacío informativo relacionado con esta reservada organización que hace gala de transparencia.
  • En Wikileaks solíamos decir que únicamente un correcto registro histórico podía hacer posible una mejor comprensión del mundo.
  • En su día Julian y yo fuimos los mejores amigos, o como mínimo algo muy parecido (a fecha de hoy no estoy seguro de que exista una categoría semejante en su mente).
  • Ya no estoy seguro de nada en lo que a su persona se refiere.
  • En mi vida he conocido a nadie con una personalidad tan fuerte como Julian Assange. Tan liberal. Tan enérgico. Tan genial. Tan paranoico. Tan obsesionado con el poder. Tan megalómano.
  • Creo poder decir que hemos pasado juntos los mejores momentos de nuestras vidas. Debo admitir abiertamente que no cambiaría estos últimos años por nada en el mundo. De poder volver atrás, haría lo mismo.
  • He podido adentrarme en los abismos y he jugado con los engranajes del poder. He comprendido el funcionamiento de la corrupción, el blanqueo de dinero y quién mueve los hilos en el mundo de la política. (Nota del blogger: espero que en un futuro profundice en estas ideas que me crearon unas altas expectativas no satisfechas en este libro)
  • Gracias a Wikileaks Julian Assange se ha convertido en algo semejante a una estrella del pop, en una de las figuras mediáticas más cautivadoras y disparatadas de los medios de comunicación actual.
  • En el mundo que soñábamos no había sitio para mandatarios ni jerarquías, y nadie podría basar su poder en la ocultación de conocimientos a otras personas.
  • Estoy seguro que el proyecto era genial. Tal vez demasiado genial para funcionar a la primera.
  • Cryptome.org publicaba documentos de personas que deseaban sacar a la luz informaciones secretas sin correr el riesgo de ser desenmascaradas como traidores o ser encausadas por ello. En esa idea también se fundamenta Wikileaks.
  • Me registré en el chat que todavía existe en la página de Wikileaks y entré en contacto con ellos. Pregunté si podía colaborar de algún modo. La respuesta llegó dos días más tarde: ¿Sigues interesado en trabajar? Era Julian Assange quien preguntaba. Me asignó un par de tareas poco importantes.
  • En situaciones delicadas era posible pasar la noche en uno de los innumerables sofás del Chaos Computer Club. El club velaba para que los integrantes de aquel mundillo se reunieran periódicamente.
  • Julian llevaba siempre la misma ropa.
  • Su posición respecto a la comunidad de hackers, por ejemplo, era por completo distinta a la mía. Consideraba que eran idiotas, “inútiles”.
  • Con frecuencia juzgaba a la gente por el grado de “utilidad”, según su propia definición de “útil”. Incluso los hackers especialmente hábiles eran a sus ojos idiotas, si no empleaban sus capacidades en un objetivo superior.
  • Los juicios de Julian tenían siempre un carácter intransigente. Daba su opinión sin que nadie se la pidiera.
  • Julian Assange no era solo el fundador de Wikileaks, sino también de Mendax, miembro de Subversivos Internacionales: uno de los hackers más grandes, coautor de Underground, un libro muy valorado en determinados círculos.
  • Tras cada publicación aparecían un par de voluntarios que decían querer apoyar a Wikileaks. Sin embargo, cuando se les encomendaban tareas concretas, con mucha suerte de cien voluntarios respondía uno.
  • Cada cinco minutos miraba de reojo mi móvil para comprobar si aparecía alguna noticia sobre nosotros en Google News.
  • No podíamos saber si alguien había consultado la documentación, iba en contra del enfoque anónimo de Wikileaks.
  • En Alemania las personas que revelan secretos son considerados delatores y no héroes de la libertad de información.
  • Uno de los fundamentos en los que se basa el principio de Wikileaks: tan pronto como alguien eliminaba un sitio de la red, en otro lugar del mundo se creaban cientos de réplicas. Era casi imposible taparnos la boca.
  • El banco Julius Bär retiró la demanda. Nunca volvió a presentarse una demanda contra Wikileaks.
  • De haber aceptado la publicación del material en silencio, la banca Julius Bär hubiera salido bastante menos perjudicada.
  • Aun en nuestros mejores tiempos en Wikileaks apenas contábamos con un puñado de personas a los que podíamos confiar las tareas de mayor relevancia. En realidad, durante mucho tiempo fuimos solo Julian y yo los que nos ocupábamos de la parte del león del trabajo.
  • También Julian trabajaba con varios nombres distintos.
  • En algunos casos, a fecha de hoy, no sé si se trata de personas reales o simplemente es otro de los nombres de Julian Assange.
  • Nunca tuve contacto con los disidentes chinos que se supone participaron en la fundación de Wikileaks.
  • Durante demasiado tiempo solo contamos con un servidor. Nuestros elementos técnicos eran chatarra. Se trataba de dos jóvenes fanfarrones y radicales con una única y vetusta máquina.
  • ¿Por qué no eliminamos el nombre de inmediato, cuando la información podía meter en problemas a un inocente? Decidimos no hacerlo porque era habitual que las personas que veían sus nombres publicados y asociados a informaciones negativas se dirigieran a nosotros con la petición de retirar de inmediato su nombre de la página. Queríamos comprobar la información antes de corregirla.
  • No queríamos modificar las declaraciones originales de nuestra fuente, sino que preferíamos defendernos con notas explicativas.
  • Ralf Schneider fue acusado de forma injusta. Por lo que sé, ha sido el único caso en toda la historia de Wikileaks.
  • Al introducir su nombre en Google descubrían el link que les remitía a Wikileaks, y entonces se ponían en contacto con nosotros en un tono indignado. Desde amenazas a ruegos, pasando por intentos de soborno, no desistían hasta intentarlo todo. Y nosotros nos divertíamos con ello.
  • Admito que en ocasiones disfrutábamos al imaginar a nuestro interlocutor mordiendo el respaldo de la silla a causa de la ira.
  • Desarrollamos un sexto sentido para los correos que empezaban con alabanzas. Casi siempre acababan mal.
  • Publicábamos todo lo que llegaba a nuestras manos en cumplimiento de nuestro principio de transparencia. Lo publicábamos todo. Solo descartábamos las informaciones extremadamente insignificantes.
  • A buen seguro nuestras publicaciones en ocasiones iban demasiado lejos, puesto que no retirábamos los correos privados que afectaban a terceros no involucrados.
  • Para Julian los principios estaban por encima de todo.
  • Julian parecía disfrutar sembrando la discordia lo más posible.
  • Durante mucho tiempo consideramos igual de importante nuestra norma de revisar los documentos por orden de recepción. Queríamos publicar todo lo que llegaba a nuestras manos aunque tuviera una mínima relevancia. Así lo hicimos hasta finales de 2009, cuando Julian sobre todo empezó a insistir cada vez más en que debíamos publicar en primer lugar los temas más mediáticos.
  • Julian no era demasiado cortés, pero tenía la habilidad de hacer sentir bien a sus interlocutores.
  • Julian quería hacer algo útil por la sociedad y dar su merecido a los malos, según sus propias palabras.
  • No creíamos que fuera una casualidad que de repente toda una serie de personas del grupo Anonymous participaran en nuestro chat. Este grupo internacional de activistas de la red había declarado la guerra a la Cienciología.
  • Anonymous: “Knowledge is free. We are Anonymous. We are Legion. We do not forgive. We do not forget. Expect us!”.
  • Los manuales de Cienciología no solo son secretos, sino que además con muy caros.
  • Mantuve conversaciones telefónicas con numerosos ex miembros de la secta a altas horas de la noche.
  • En lo tocante a cuestiones de seguridad, yo era un profesional; quien me llamaba podía estar seguro de que no nos escuchaba nadie.
  • Cuando se trataba de enviar documentos tomábamos grandes medidas de seguridad. Nos encargábamos de que, antes de llegar a nuestras manos, los documentos con informaciones explosivas diertan tantos rodeos, pasaran por tantos procesos de cifrado y de eliminación de la identidad y llegaran con tanto ruido de fondo como fuera posible, para que nadie lograra seguirles la pista.
  • Ni siquiera nosotros mismos podíamos contactar con nuestras fuentes, por mucho que se tratara de algún asunto urgente.
  • Nuestros remitentes no dejaban rastro alguno en la red, ni la menor huella dactilar, ni un solo byte que pudiera delatarlos.
  • Deseábamos fervientemente una denuncia por parte de la Cienciología. Estábamos seguros de que las demandas de la secta no prosperarían y de que, en cambio, un proceso judicial atraería mucha más atención sobre los espectaculares documentos que habíamos publicado, como ya había sucedido con Julius Bär. Los representantes de la secta demostraron ser más inteligentes que nuestro rival bancario.
  • Prácticas religiosas y confidencialidad, artimañas legales y marketing: es innegable que aprendimos muchas cosas de las personas a quienes nos enfrentamos.
  • Los medios de comunicación nos enseñaron cómo se puede manipular la opinión pública.
  • Si el enemigo no es capaz de encontrar ningún punto donde asestar el golpe, no podrá atacarte.
  • Aprendimo con qué periodistas debíamos trabajar para lograr que una noticia recibiera la mayor atención posible.
  • La experiencia nos decía que era preferible que las informaciones muy complejas llegaran al público a través de una versión más digerible elaborada por los medios.
  • Tuvimos que aceptar el hecho de que las filtraciones que despertaran mayor interés no fueran necesariamente las que tenían un contenido más interesante, sino las más fáciles de digerir y las que llegaban a un público más amplio.
  • Otro de nuestros frentes abiertos era la batalla para impedir que los periodistas utilizaran nuestra información sin citar Wikileaks como fuente.
  • Cada vez que alguien nos amenazaba y nos exigía que eliminásemos inmediatamente un documento de nuestra página web, nuestra respuesta consistía en preguntar al demandante si podía atestiguar que poseía el copyright del documento en cuestión. Muchos comunicantes tenían la deferencia de mandarnos una captura de pantalla para probar que detentaban los derechos legales sobre el documento. Entonces publicábamos también esa captura de pantalla.
  • Julian se comportaba a menudo como si se hubiera criado entre lobos y no entre seres humanos. La comida no se repartía, sino que se trataba de ver quién comía más rápido.
  • Julian tenía también una relación muy libre con la verdad; a veces tenía la sensación de que probaba hasta dónde le era posible llegar.
  • Julian no solo se perdía constantemente, sino que también se montaba en el tren equivocado o conducía en dirección contraria.
  • Si olvidaba algo, la culpa no era nunca suya.
  • En mi vida he visto a nadie con una capacidad de concentración como la de Julian, podía pasarse días enteros sentado ante la pantalla del ordenador. De pronto, se levantaba de un brinco y hacía unos extraños ejercicios de kung-fu. De repente, se iba a dormir y se quedaba dormido al instante. Se levantaba de sopetón y, en el proceso, solía llevarse siempre algo por delante.
  • Tenía la sensación de que en la vida de Julian debía haber fallado algo fundamental.
  • Los percances de Julian tenían siempre una explicación perfecta, por no decir heroica.
  • En cuanto me enteré de que tenía intención de escribir su autobiografía, mi primer pensamiento fue que el libro iba a tener que aparecer en la sección de ficción.
  • Julian se creaba cada día de nuevo, como si fuera un disco duro que se formateara una y otra vez.
  • Respeto, respeto, respeto: Julian hablaba de ello constantemente.
  • En aquella época todas las cuentas a nuestro nombre eran gestionadas por voluntarios.
  • Si alguien no se interesaba por el dinero, era el mejor indicado para administrarlo. Si a alguien no le interesaba ejercer su propia influencia en la opinión pública, podía gestionar el chat, y así con las demás tareas.
  • Nadie supo nunca la cuantía de los ingresos que llegaron a Moneybookers ni cuál era su destino. Julian impidió el acceso a toda la gente de Wikileaks.
  • A Julian, el dinero en sí le daba igual. Nunca pagaba con la excusa de que no quería que alguien pudiera saber su paradero por sacar dinero de un cajero automático. Sobre todo recibía ayuda de las mujeres. No sé cuántas cosas llegaron a comprarle.
  • Con frecuencia pensábamos en cómo conseguir dinero para Wikileaks.
  • Yo tenía muy claro que algún día los colaboradores de Wikileaks podríamos cobrar un sueldo.
  • En mi opinión, el hecho de no poder realizar el trabajo que satisface a cada uno es una especie de prostitución.
  • Era necesario superar cierto umbral de percepción en los medios de comunicación para poder cambiar algo. Para ello lo mejor era personalizar un problema con una cara y un toque individual.
  • Julian había reserado el código 6639, es decir MNDX, que representaba mendax, su antiguo nombre de hacker.
  • Julian habló con un representante del Open Society Institute (OSI) de George Soros, que le preguntó de dónde sacábamos el dinero para Wikileaks, y dio a entender que el OSI subvencionaba proyectos como el nuestro. Por lo que sé, no conseguimos nada.
  • Siempre es necesario un idealista que vaya en cabeza.
  • En el mundillo las camisetas negras casi forman parte del código de indumentaria.
  • Nuestra idea de crear un puerto franco para los medios, análogo a las islas que se convierten en paraísos fiscales por su legislación particularmente favorable para el negocio bancario, se basaba en convertir Islandia en un paraíso informativo, con leyes favorables para empresas de comunicación y proveedores de información.
  • La decisión de desconectarnos de la red fue unánime. Con ello pretendíamos mandar un mensaje al mundo: si quereis que sigamos adelante, tenéis que apoyarnos un poco. El 23 de diciembre de 2009 cerramos la página.
  • Cuando en septiembre de 2010 abandoné Wikileaks, el proyecto había alcanzado el nivel técnico que siempre había soñado. Teníamos teléfonos encriptados, buscapersonas por satélite y un montón de servidores nuevos. Nos habíamos expandido considerablemente y nuestro sistema contaba con una arquitectura de ensueño.
  • Queríamos convertirnos en “la organización periodística más agresiva del mundo”.
  • Julian hablaba cada vez más a menudo de que nos perseguían y de que debíamos convertirnos en intocables.
  • Justo cuando teníamos más dinero que nunca empezamos a discutir por cada céntimo.
  • Julian diseñó un organigrama jerárquico que determinaba quién podía criticar a quién y quién no, con él en la cúspide de la pirámide.
  • La forma más sencilla de provocar la ira de Julian consistía en afirmar ni más ni menos lo que decían algunos artículos sobre Wikileaks: que Daniel Schmitt era uno de sus fundadores. Siempre utilicé la misma fórmula: “Me incorporé al proyecto pronto y ahí me quedé”.
  • Creo que nadie le daba al concepto “fundador” tanta importancia como el fundador mismo. A la mayoría de los periodistas eso les traía sin cuidado.
  • Nunca he comprendido de dónde salía esa obsesión de Julian de que alguien le estaba persiguiendo.
  • Julian veía muchas similitudes entre su vida y la de aquel erudito, matemático y filosofo (Solzhenitsyn).
  • Según Julian, la verdadera convicción empieza cuando “las botas de los soldados derriban la puerta de tu casa y vienen a por ti”.
  • Daniel Ellsberg, famoso informador que en 1971 filtró a los medios documentos secretos del Pentágono sobre la guerra de Vietnam: “Si a uno le detienen, debe llevar traje”. El objetivo, naturalmente, no es aparecer elegante en las fotos de la detención, sino el efecto que eso produce en la opinión pública: que vean que un buen traje no impide recibir un castigo.
  • Julian hacía tiempo que no tenía residencia fija, vivía aquí y allí, y siempre encontraba a alguien que lo acogía.
  • Julian: “Existe la posibilidad de que nos concedan el Premio Nobel de la Paz”.
  • Orwell: “El lenguaje político está creado para que las mentiras suenen como verdades y los asesinatos parezcan respetables para, así, dar apariencia de solidez a algo que no es más que viento”.
  • Experimentábamos constantemente con nuestro rol, cometíamos errores y aprendíamos de ellos. Creo que esa es una actitud aceptable siempre y cuando uno no intente esconder dichos errores.
  • Lo único que pedíamos a los informadores era que nos dieran un motivo por el que, en su opinión, el material mereceía ser publicado. Con ello queríamos evitar, entre otras cosas, que nuestra plataforma se utilizara para ventilar venganzas personales.
  • Nos encargábamos de que los informadores no se pusieran a sí mismos en peligro con sus textos descriptivos. Su protección era nuestra máxima prioridad. Si algo no podíamos hacer era proteger a los informadores de sí mismos.
  • No existen secretos auténticos. Cuando una frase empieza con: “Te lo contaré, pero tienes que prometerme no decírselo a nadie, absolutamente a nadie, ¿de acuerdo?”, es evidente que esa promesa va a romperse usando exactamente esas mismas palabras.
  • En más de una ocasión nos habría encantado disponer de un sistema para ponernos en contacto con nuestras fuentes. Incluso nos habíamos planteado la posibilidad de crear un canal de comunicación bidireccional. Sin embargo, la esencia y también la seguridad de Wikileaks se basan en que no exista absolutamente ninguna posibilidad de localizar a las fuentes. Permitir que los periodistas tengan acceso a una fuente implica necesariamente no poder protegerla.
  • Yo no le aconsejaría a ningún informador que acudiera con un documento secreto digital a la prensa tradicional.
  • En el transcurso de nuestro trabajo pudimos constatar la ingenuidad con la que la mayoría de periodistas tratan la información. Un documento comprometedor alojado en el ordenador de la mayoría de periodistas es cualquier cosa menos seguro.
  • Con la detención de Manning, volvimos a plantearnos la cuestión, ¿en qué supuestos consideraríamos que un documento era demasiado peligroso para la fuente como para publicarlo?
  • ¿Qué debíamos hacer si, tres días después de proporcionarnos una información, una fuente se ponían en contacto con nosotros y nos pedía que eliminásemos el documento? ¿No debería la fuente tener siempre la última palabra?
  • ¿Cómo podíamos asegurarnos de que una fuente que nos pedía que eliminásemos un documento a posteriori no lo hacía bajo la presión de terceros?
  • Finalmente decidimos mantenernos firmes en nuestra política de “recepción implica publicación”.
  • Un portavoz del Pentágono declaró en una conferencia de prensa que Wikileaks tenía “las manos manchadas de sangre”. Sin embargo, se ha demostrado que hasta la fecha ni un solo informante ha sido perjudicado debido a la publicación de aquellos informes (los diarios de guerra de afganistán).
  • Julian Assange no perdía el tiempo con los débiles, sino que había escogido a la nación más poderosa del mundo como enemigo. Su propia importancia se medía por la de su enemigo.
  • La idea de colgar el archivo insurance.aes256 no me pareció tan genial. Los técnicos trabajaron en una solución para que las contraseñas se publicaran automáticamente en caso de que pasara algo. Este método recibe el nombre de Dead man switch. De haberlo sabido, me hubiera opuesto a ello.
  • Cuando Julian sufrió una detención preventiva en Londres a causa de la investigación abierta en Suecia, este manifestó a su abogado que habría que considerar la “opción termonuclear”, refiriéndose a la posibilidad de hacer pública la clave del “seguro-archivo” en caso de que Julian fuera extraditado a Suecia.
  • El “seguro-archivo” no estaba pensado para que Julian esquivara las investigaciones en un país democrático, sobre todo cuando se trataba de un asunto puramente privado.
  • Nunca me pareció que Julian tuviera miedo de nada.
  • Su frase favorita: “No pongas en duda al líder en tiempo de crisis”.
  • Para Julian las personas de nuestro equipo eran simplemente carne de cañón.
  • Nosotros también teníamos referencias internas. Wikileaks era “WL”, Julian quedaba representado por una “J” en el chat, yo era una “S” de “Schmitt”, y otros miembros del equipo también contaban con solo una letra. Cuanto más importante era una persona en Wikileaks, más corto era su apodo. Cuando en el chat de Wikileaks aparecía un ente representado por una sola letra, uno podía estar casi seguro de que estaba en presencia de un representante oficial del proyecto.
  • El criterio de Julian para considerar a una mujer deseable era muy simple: veintidós años. Tenía que ser joven. También era importante que no le cuestionara y que fuera consciente de su papel en tanto que mujer. Asimismo, debía ser inteligente. No percibí ningún otro patrón concreto. No le importaba si era flaca o gorda, alta o bajita, o rubia. Si era guapa, aún mejor, pero no era una condición imprescindible.
  • Lo que pasó entre aquellas mujeres y Julian solo pueden saberlo ellos.
  • Hasta finales del año 2009, prácticamente solo Julian y yo verificábamos los documentos que nos llegaban. Ninguno de los ochocientos expertos voluntarios había tenido jamás acceso material. No existía ningún mecanismo para integrarlos en el proceso.
  • Siempre debe producirse un intercambio dentro del grupo sobre las cuestiones importantes, y en los debates nadie debe quedar excluido.
  • Puedo afirmar una y mil veces que Julian era un “dictador”.
  • El servidor de correo se encontraba en una discreta población de la Cuenca del Ruhr.
  • El 17 de septiembre de 2010 registramos el nombre de nuestro nuevo proyecto: OpenLeaks.
  • Cualquier información que viaje por las redes de datos norteamericanas, se encontrará también bajo la vigilancia constante de la Agencia Nacional de Seguridad, el servicio de inteligencia del gobierno norteamericano.
  • La página no está cifrada, de modo que es relativamente fácil seguir la pista de cualquier que se interese por un envío potencial de información a Wikileaks.
  • Trabajar con Julian es insoportable.
  • Julian no especifió qué habría sido en su opinión no hacer lo debido y qué consecuencias nos habría acarreado. Por dramáticas que puedan sonar, amenazas así son amenazas vacías.
  • La mayor parte del antiguo núcleo de Wikileaks no habría aceptado jamás la publicación de los documentos (cables, telegramas diplomáticos de las embajas norteamericanas) en esos momentos.
  • Cada vez que veo a Julian en las noticias y en la prensa me doy cuenta de lo mucho que ha envejecido en poco tiempo.
  • En el fondo Julian merece que lo apoyen. Es un escándalo que políticos y periodistas norteamericanos inciten al asesinato de Julian delante de las cámaras. Lo que hay que evitar es que se le extradite a los Estados Unidos; eso supondría sentar un precedente gravísimo y no puede suceder en ningún caso.
  • Existe una larga e indigna tradición cuando se trata de oponerse a cualquier afán de apertura y de diálogo amparándose en un bien mayor que hay que proteger.
  • Estoy firmemente convencido no solo de que se puede confiar la verdad al ciudadano, sino de que es necesario hacerlo.
  • El verdadero problema de Wikileaks fue que tuvo que satisfacer demasiadas exigencias al mismo tiempo. Wikileaks gestiona sola todo el proceso de traición de secretos digitales: las fuentes cuelgan sus documentos, el equipo de Wikileaks los limpia de metadatos, verifica los envíos y redacta las notas adjuntas al contexto. Al final, todo eso se publica en su página web. Llegó un momento en el que ya no nos era posible llevar a cabo todas esas tareas.
  • Cada elección implica una censura y toda censura es una intervención política.
  • El enfoque inteligente consiste en centrarse en las propias virtudes.
  • Con OpenLeaks hemos decidido emprender un nuevo camino y que sean varios los hombros que acarren con la responsabilidad. Al separa la recepción y la publicación de los documentos, resolvemos el problema que se genera cuando se acumulan un exceso de decisiones en un mando central.
  • Con OpenLeaks, si una fuente opina que la prensa local será la que mejor podrá gestionar un documento, esta debe disponer de él. Si la fuente cree que los documentos deben estar en manos de Amnistía Internacional, la decisión también es suya. ¿Quién puede estar mejor preparado para tomar esa decisión que la fuente?
  • OpenLeaks concentra todos sus esfuerzos en la primera mitad del proceso de filtración: garantizar que los documentos se puedan enviar de forma anónima, que las fuentes estén protegidas y que los socios puedan trabajar con el material.
  • La fuente también podrá especificar de cuánto tiempo dispone el receptor para evaluar los documentos en exclusiva. Este mecanismo garantiza que ningún envío termine bloqueado, pues cuando venza el plazo establecido pasará de forma automática a disposición del resto de socios de la plataforma OpenLeaks.
  • Sería ingenuo asumir que los periódicos, que se financian en gran medida gracias a la publicidad empresarial, son totalmente libres de elegir qué publican y qué no.
  • OpenLeaks no pretende hacerle la competencia a Wikileaks. De entrada, OpenLeaks no va a publicar nada. Además, no tenemos intención de utilizar los varios miles de documentos de diversa índole de Wikileaks que tenemos almacenados a buen recaudo, en un entorno seguro.
  • La fama de Wikileaks ha logrado poner el debate sobre los informadores encima de la mesa. ¿Existe un derecho al mantenimiento de secretos? ¿Existen determinados documentos que es preferible que los informadores no revelen?
  • La genial idea de Wikileaks (la idea de servirse de los instrumentos de los que ya disponemos para aportar transparencia a cuestiones de interés público) fracasó.
  • Nuestra sociedad necesita individuos despiertos, que no deleguen su responsabilidad en un mesías, un líder o un macho alfa, sino que estén en situación de distinguir la información buena de la mala y que, basándose en buenas informaciones, sean capaces de tomar buenas decisiones.

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raul

5 comentarios to “Dentro de WikiLeaks de Daniel Domscheit-Berg – Apuntes Breves”

  1. […] « Manual de civismo de Victoria Camps y Salvador Giner – Apuntes Breves Dentro de WikiLeaks de Daniel Domscheit-Berg – Apuntes Breves […]

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