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¿Se creen que somos tontos? 100 formas de detectar las falacias de los políticos, los tertulianos y los medios de comunicación de Jualian Baggini – Apuntes Breves

Posted by Raul Barral Tamayo en Jueves, 20 de septiembre, 2012


Título original: The Duck that Won the Lottery: And 99 Other Bad Arguments.
© Julian Baggini, 2008.
Editorial: Paidos.

Julian Baggini nos muestra cómo descubrir las medias verdades y los argumentos falaces que tan a menudo se emplean en la política, en los medios de comunicación y en la vida cotidiana.

En cada uno de los breves capítulos que componen el libro nos plantea un ejemplo de razonamiento cuestionable y, con la claridad y el ingenio que le caracterizan, examina detenidamente la argumentación y nos invita a sacar nuestras propias conclusiones.

La lectura de ¿Se creen que somos tontos?, nos proporciona una manera divertida de detectar imprecisiones, de distinguir la palabrería de los argumentos fundamentados y, en definitiva, de estimular nuestro sentido crítico.

Julian Baggini es editor y cofundador de The Philosophers’ Magazine.

Algunas de las cosillas que aprendí leyendo este libro que no tienen porque ser ni ciertas ni falsas ni todo lo contrario:

  • Hacer las cosas bien es simple: basta con que elimines todos tus errores y serás perfecto.
  • La principal prioridad para quien aspira a pensar con claridad es suprimir todas las falacias y confusiones que contaminan el razonamiento. El problema es que son muchísimas y, para bien o para mal, los seres humanos no somos tan lógicos como Spock.
  • A mi juicio, pensar bien no es tanto una cuestión de pertrecharse como de adoptar una actitud inquisitiva y escéptica, que no cínica.
  • El exceso de confianza es uno de los mayores enemigos de la razón, tanto más peligroso por cuanto puede surgir en su mismo seno.
  • Un libro como éste puede dar fácilmente la impresión de que la línea entre lo racional y lo irracional está bien definida, cuando, por supuesto, rara vez es ése el caso.
  • Insulto persona, ad hominen.
  • Argumento de autoridad.
  • Un argumento de incredulidad funciona esencialmente asumiendo que el hecho de que no podamos creer o imaginar que algo es verdadero (o falso) es una buena razón para pensar que no es verdadero (o falso).
  • El hecho de que tengamos fuertes convicciones cuando nos enfretamos a determinadas experiencias no significa que dichas convicciones sean bases fiables para la creencia verdadera.
  • Si aceptamos que “no podemos negarlo” nunca justifica la ulterior afirmación “es verdadero”, ¿no estamos condenados al escepticismo universal?
  • La adopción espúrea de la teoría cuántica para hacer que algo parezca más impresionante es la que ha alcanzado proporciones epidémica.
  • Sustituir un misterio por otro, cual si de una explicación se tratase.
  • ¿No se hace un mal uso de la religión para explicar lo que no logra explicar la ciencia?
  • La expresión “cita selectiva” implica una distorsión, de modo que, cuando una selección no tergiversa al hablante, no debería recibir tal nombre.
  • Las teorías morales consecuencialistas están de acuerdo en que una acción es incorrecta si tiene malas consecuencias y correcta si sus consecuencias son buenas. Pero eso no significa que una acción se vuelva correcta sólo porque otro la realizaría de todas formas.
  • No soy menos responsable porque otro lo habría hecho. Lo cierto es que fui yo quien lo hizo, así que debo cargar con la culpa.
  • “Falacia existencialista”. Sartre: “Cuando elijo para mí mismo elijo para toda la humanidad”. Cuando elijo para mí mismo, legitimo esa elección para toda la humanidad. Otro tiene derecho de hacer lo mismo, no que deben hacerlo. Si confundimos ambas cosas, cometemos la falacia.
  • La tendencia a la confirmación es más probable que induzca a error al creyente. Sólo seleccionando los indicios que encajan con sus creencias podría llegar a la conclusión de que la astrología funciona.
  • Una vez que te comprometes con lo que consideras verdadero, cuesta mucho evaluar todos los indicios con imparcialidad.
  • La tendencia a la confirmación es un auténtico impedimento para pensar bien, pero, a diferencia de ciertos errores de pensamiento, es muy difícil de extirpar.
  • Hay quien argumenta que la desigualdad siempre será una cuestión importante, al margen de lo ricos que todos lleguemos a ser. Puede que tengan razón, pero de ello no se sigue que siempre será correcto decir que tener menos del 60% de la renta media te convierte en pobre.
  • El principio de caridad es el principio metodológico que determina que, cuando intentamos comprender lo que otro está diciendo, le damos la interpretación más favorable posible.
  • Las exageraciones son moneda de uso corriente, pues solemos evaluar muy mal los riesgos y tendemos a preocuparnos en demasía por cosas de escasa importancia o que escapan a nuestro control.
  • El antropomorfismo está por doquier. Cuando los seres humanos inventan dioses, éstos son casi siempre hominoides con género como nosotros, sólo que más grandes, más poderosos y más difíciles de localizar por teléfono. Incluso poseen muchas características humanas. No podemos evitar ver sonreír a los delfines y reconocer la tristeza en los ojos de los perros de montaña berneses.
  • En sentido amplio, la mayoría de los malos argumentos son variedades de non sequitur: conclusiones sacadas, pero que no se siguen. Lo que está en juego no es necesariamente la verdad de las principales declaraciones, sino la conexión inferencial entre ellas.
  • Sólo porque sientas algo, no quiere decir que exista.
  • Si quieres hacer que tu idea parezca más inteligente de lo que es, utiliza el latín.
  • Al otorgar importancia al aspecto de una mujer, restamos importancia a lo que dice.
  • Si lo masculino se convierte en el paradigma de lo humano, lo femenino queda inevitablemente relegado a un segundo puesto.
  • Cuando algo se presenta como si se tratara de una mera descripción, cuando de hecho contiene uno o más juicios de valor implícitos.
  • Si enseñásemos en nuestras escuelas sólo hechos conocidos con plena certeza, no enseñaríamos absolutamente nada. Lo que hacemos en cambio es enseñar cosas que tenemos abrumadoras evidencias para creer que son así.
  • Pensar bien requiere no otorgar excesiva importancia a la incertidumbre inherente a nuestras creencias ni instalarse en una falsa sensación de seguridad.
  • Cuando algien dice que le corresponde ganar, en el deporte, en el juego o, más metafóricamente, en la vida en general, suele estar expresando una esperanza nacida de la desesperación.
  • Otra fuente de error es una interpretación equivocada de la naturaleza de los sucesos improbables.
  • No existe ningún vínculo necesario entre la bondad o la maldad de un acto y nuestra capacidad o incapacidad de realizarlo. La mayoría de la gente rehuiría realizar una autopsia, y sin embargo eso no convierte en inmorales las autopsías.
  • Lo que distingue a menudo los actos de gran valentía moral es que la gente ordinaria los rehúye.
  • Resulta razonable pedir que uno se enfrente a la realidad de lo que apoya, si dicha realidad es desagradable. Es una ayuda a la deliberación moral, no un atajo hacia la conclusión.
  • Los lingüistas son tan útiles como los lógicos cuando se trata de detectar juegos de manos retóricos.
  • Tanto antiabortista como proabortistas cometen un error fundamental, consistente en pensar que, a menos que exista una frontera tajante entre dos estados o conceptos, no hay una distinción real entre ellos, y lo mejor que podemos hacer es inventar una. Tanto tales fronteras existen y las distinciones que trazan son reales en cualquier caso.
  • La ausencia de una frontera clara y determinada no constituye un argumento en contra de la existencia de una distinción real.
  • Pensar con claridad nos ayuda a comprender la naturaleza de las zonas grises de la vida; no las niega. La resistencia a la ambigüedad tiende a ser más psicológica que lógica.
  • Nuestra capacidad de predecir lo que sucederá y de detectar orden en el mundo depende de un tipo de argumento que, en rigor, es ilógico. La inducción es una forma de razonamiento que nos permite inferir principios generales a partir de experiencias particulares. Sin embargo, a menudo generalizamos basándonos en muy pocas observaciones.
  • El poder de la sugestión. Todos los partidos políticos juegan hoy a lo mismo. Utilizan lo que, a mi juicio, es uno de los trucos retóricos más poderosos, precisamente porque no puede atribuirse a errores lógicos o a inferencias dudosas. Los mensajes implícitos amén de explícitos, difícilmente puede negarse la tesis de que hay cosas tácitas que en realidad no se dicen. El espacio para la discrepancia concierne sólo a cuáles sean esos mensajes implícitos.
  • La insensibilidad al contexto suele ser inobjetable. Las citas cobran vida propia y pueden usarse simplemente para expresar un sentimiento de forma especialmente sucinta.
  • Abundan los casos en los que se omiten las advertencias y las reservas requeridas para hablar con rigor.
  • Tu quoque. Las razones que da la gente para respaldar sus creencias a menudo tienen muy poco que ver con sus auténticas razones para profesarlas.
  • Se nos da bien autoconvencernos de la racionalidad del más irracional de los prejuicios.
  • Sería absurdo pensar que las creencias devienen verdaderas o falsas en función de cuánta gente las comparta.
  • Insistir en que en una democracia debe seguirse la opinión de la mayoría, para bien o para mal, supone confundir la democracia con el simple mayoritarismo.
  • El mayoritarismo no es el sistema predilecto en Occidente, en parte para proteger a las minorías, y en parte porque las mayorías se equivocan con frecuencia.
  • Falacia post hoc. La gente se apresura a atribuir poderes causales a las cosas que precedieron a otras. Muchas supersticiones comienza así.
  • El problema de la culpa por asociación es que no demuestra qué tiene de malo en realidad la cosa criticada. El hecho de que haya mala gente a la que le guste, que la apoye o que la haga no constituye una crítica. Nada es malo o incorrecto simplemente por haber sido rozado por el mal.
  • El hecho de que algo no evolucionara como producto alimenticio humano no significa que debamos comerlo. De hecho, si sólo comiéramos aquello que estuviera inequívocamente destinado a ser comido por nosotros, nos moriríamos de hambre en cuanto dejásemos de ser amamantados.
  • Está justificado que desconfiemos de una idea en virtud de su procedencia. Ahora bien, esa idea debería aceptarse o no en función de sus propios méritos.
  • Debemos recelar de quien es amable con nosotros con viles intenciones, eso no significa que la falta de amabilidad sea el distintivo del rigor intelectual.
  • Deberíamos recurrir a las autoridades sólo cuando somos incapaces de seguir un argumento. Confiar en los expertos es un mal necesario.
  • Cuando alguien objeta que algo envía un mensaje erróneo, lo primero que debemos preguntar es si de veras se está enviando un mensaje, y sólo entonces si éste debería modificarse.
  • En ocasiones se tergiversa la verdad eligiendo para la discusión a dos personas con posiciones fijas y polarizadas. La opinión científica raramente se divide en 50-50.
  • La mayoría de los políticos y comentaristas respaldaron la decisión de invadir Irak en 2003, y muchos de ellos llegaron a lamentar esa elección.
  • Sólo podemos ser juzgados por lo que hacemos realmente, no por lo que decimos que habríamos hecho. En lugar de ser explicaciones genuinas de lo que habríamos hecho, son racionalizaciones post facto de errores.
  • Las racionalizaciones post facto nos ayudan a vivir con verdades incómodas sobre el pasado.
  • Una explicación no es una justificación. La gente parece saltar con facilidad de la explicación a la justificación.
  • Regresión a la media. Cuando medimos algo y vemos que está en un extremo, siempre es probable que la próxima vez que lo midamos sea menos extremo.
  • Carece de sentido decir que deberíamos hacer algo salvo salvo que efectivamente podamos hacerlo. ¿Cómo podemos tener el deber de hacer algo imposible?
  • Se requiere juicio para determinar cuándo es deseable o desastrosa la generalización. Sin categorías suficientemente amplias, sólo podemos hablar de particulares; cuando son demasiado amplias, sólo podemos decir falsedades.
  • La falsa dicotomía supone una enorme simplificación. Elimina toda la complejidad de un asunto y presenta sólo dos opciones: lo tomas o lo dejas. Tricotomía: tres opciones.
  • La predicción no es previsión. Nadie ha hecho predicciones sistemáticamente más precisas que la probabilidad o las de expertos.
  • Uno de los legados más lamentables de Freud es que parece habernos convencido a muchos de que somos mejores jueces de las mentes de los otros de lo que lo son ellos mismos.
  • has ta Hume aceptaría que una simple correlación no indica una causa.
  • En general, no existen derechos concretos para llevar a cabo acciones concretas. Generalmente tenemos derecho a hacer lo que queramos, siempre que no infrijamos la ley o vulneremos los derechos de otras personas a la no interferencia.
  • Resultados pasados no garantizan los futuros. ¿No estamos obligados a basarnos de algún modo en la experiencia del pasado con el fin de aprender para el futuro? La clave está en conceder a la experiencia pasada un peso acorde a su relevancia para las circunstancias actuales. Sería absurdo olvidar el pasado por completo.
  • Nos sentimos fácilmente impresionados cuando una explicación parece encajar con muchos hechos. Deberíamos aprender a impresionarnos menos con la mera consistencia. Las mejores explicaciones no sólo son coherentes sino comprobables.
  • Argumentum ad fatigum. Se ganan los debates, o al menos se renuncia a las posiciones, por puro desgaste. La resistencia a esta estrategia requiere plantar cara a la intimidación que implica. Limitémonos a replicar con serenidad que el asunto puede parecer viejo pero sigue estando muy vivo porque aún no se le ha dado una respuesta satisfactoria.
  • La inmunización contra el error es muy evidente en las teorías conspiratorias, pues cualquier aparente prueba en contra puede verse como prueba de la efectividad de la conspiración.
  • El problema de los argumentos de la pendiente deslizante es que desdibujan el centro de la polémica. En lugar de centrarse en la maldad efectiva de la acción que se debate desplanzan el foco de atención a sus inaceptables extensiones.
  • Un lamento muy común en los círculos serios es que vivimos en la era de la frase lapidaria. Los argumentos matizados han sido sustituidos por la retórica de tiro rápido para la generación de la capacidad de concentración nula.
  • Lo irónico es que los mismos que a menudo desprecian la frase lapidaria por su superficialidad, se dejan seducir con frecuencia por una frase sabia, que es al menos tan vacua como aquélla.
  • Invocar las reglas y las leyes en nuestra defensa moral no es una buena forma de razonar.
  • Nos bombardean constantemente con estadísticas que no han sido desagregadas y, en consecuencia, cuesta mucho saber con exactitud lo que significan. La clave para no llamarnos a engaño está en preguntarnos cómo se ha dividido a la gente para cada encuesta.
  • El principio preventivo ha de ir acompañado de la evaluación del riesgo. El análisis del riesgo consiste en enfrentarse a la incertidumbre: allí donde hay certeza no existe el riesgo.
  • La demostración de una negación es con frecuencia muy sencilla. Contrariamente a la creencia popular, la ausencia de evidencia puede ser evidencia de la ausencia. En derecho, existe también la presunción de inocencia en ausencia de pruebas inculpatorias.
  • La razón para aceptar la ausencia de evidencia como evidencia positiva es precisamente que a menudo resulta imposible demostrar una negación más allá de toda duda. Por tanto, hemos de conformarnos con algo menos que una pruea absoluta.
  • Los seres humanos tendemos a no creer en las coincidencias. Nuestra facultad de manipular y predecir el mundo depende de nuestra capacidad de identificar patrones casuales. Desde un punto de vista evolutivo, es preferible que pequemos por exceso que por defecto.
  • La naturaleza está menos interesada en la verdad que en evitar errores caros.
  • Si aspiramos a ver las cosas tal como son en realidad, haríamos bien en corregir el impulso natural a presumir la falta de coincidencia.
  • Tendemos a sobrestimar la probabilidad necesaria para que tengan lugar ciertos acontecimientos.
  • En un mundo azaroso, lo que requeriría explicación es la ausencia absoluta de coincidencias, no el hecho de que se produzcan.
  • Jugar la carta de la lealtad cambia las reglas del juego. Una vez que decimos que algo será un acto de deslealtad, lo convertimos en uno.
  • Apelar a la libertad de los consumidores es una hábil táctica para captar la atención, pero no cabe afirmar simplemente que deberíamos ser libres de comprar y vender cualquier cosa.
  • Si algo se afirma con suficiente energía, convicción y autoridad, tendemos a aceptarlo aunque no tenga ninguna ventaja efectiva.
  • La presentación de ventajas dudosas funciona probablemente porque somos cognitivamente avaros y nos gusta hacer los menos juicios posibles para salir del paso.
  • El principio de que po rcada ganador tiene que haber un correspondiente perdedor no se sostiene: hay situaciones en las que todos ganan.
  • Con cualquier dato estadístico, la primera pregunta ha de ser: ¿cuál es su fuente? ¿De dónde salen estos números? La siguiente pregunta debería ser cuál fue la metodología.
  • Con frecuencia, las estadísticas se presentaban como si hablaran por sí mismas, cuando los comparadores y las interpretaciones resultan esenciales.
  • Una “prueba” adecuada casi siempre deja margen para la sombra de la duda poco razonable.
  • Casi nadie cree hoy posible la certeza absoluta en la mayoría de las esferas del conocimiento humano.
  • La demostración sólo nos exige llegar más allá de la duda razonable. No puede exigirnos eliminar toda posibilidad de duda.
  • Cui bono? ¿a quién beneficia? es una pregunta estupenda y nos encamina con frecuencia hacia la verdad. Es una buena pregunta, pero no una llave maestra de la verdad.
  • La gente tien que elegir a veces cosas terribles porque no tiene otra opción en la práctica. la prostitución es un buen ejemplo.
  • El hecho de que algo desagradable sea la mejor opción disponible para alguien no lo convierte en aceptable, si se le pudiera ofrecer algo mejor con un coste bajo o nulo.
  • Para ser responsable de algo en sentido moral, uno tien que haber cometido realmente el terrible acto, haber creado una situación donde causar daño era una respuesta moralmente injustificada o haberse comportado de manera imprudente conociendo las terribles consecuencias que podrían derivarse de ello.
  • Los famosos hablan de cualquier cosa y la gente los escucha.
  • No hay expertos en ética. Hay personas más cualificadas que otras para examinar y abordar cuestiones morales complejas.
  • El problema de las falsas autoridades esta muy extendido.
  • Con demasiada frecuencia jugamos la carta de “tengo derecho a opinar” como si triunfara sobre cualquier otra consideración, cuando en realidad salta a la vista que no es así.
  • El hecho de que podamos tener nuestras opiniones no implica que debamos contar con un lugar prominente para expresarlas.
  • Cuando se emplea una analogía en un argumento, es importante ver qué parte de la comparación resulta pertinente.
  • Según mi experiencia, la gente no suele comprender las analogías. Tiende a asumir que estamos trazando toda suerte de paralelismos, cuando en realidad sólo intentamos establecer uno.
  • Es fácil no captar lo esencial, pues tendemos a acostumbrarnos a ver los asuntos que nos preocupan desde una perspectiva muy particular. Hace falta imaginación intelectual para ver de forma diferente.
  • La falacia del hombre de paja tiene lugar cuando tratamos con una versión más débil o distorsionada de un argumento o posición, como si fuera de hecho la exacta y cabal.
  • La meta del debate racional no es que ganemos nosotros, sino que venza la verdad.
  • Las verdades parciales o a medias no sólo son perfectamente aceptables en sí mismas, sino también absolutamente necesarias. Decir toda la verdad sobre cualquier acontecimiento sería una carga demasiado grande. Los problemas sólo surgen cuando la supresión de ciertos detalles torna engañoso lo que decimos.
  • Suggestio falsi, cuando decimos algo que es de hecho correcto, pero que sugiere una falsedad.
  • Las medias verdades pueden ser más poderosas que las mentiras. Por que las medias verdades son verdades a pesar de todo, y pueden aportarse pruebas creíbles para respaldarlas.
  • Los humanos no parecemos vivir cómodos con lo inexplicable.
  • Sherlock Holmes: “Una vez eliminadas todas las demás posibilidades, la que queda, por improbable que sea, es la correcta”. Eso sería cierto, pero sólo si hemos eliminado en efecto todas las demás posibilidades. El problema es que normalmente hemos eliminado tan sólo las posibilidades que se nos han ocurrido.
  • Para aducir de manera convincente que alguien ha cometido un error categorial, debes ser capaz de explicar a qué clase de categoría pertenece en realidad la entidad erróneamente descrita.
  • Asumimos perezosamente que dos temas que suenan parecido deben ser más o menos lo mismo. Los seres humanos somos “cognitivamente avaros” y no nos gusta pensar en dos cosas cuando podemos arreglárnoslas pensando sólo en una.
  • Muchas ambigüedades son deliberadas y manipuladoras.
  • Un hecho triste del mundo es que, sólo porque muchas cosas sean desagradables, no significa que no sean verdaderas.
  • T. S. Eliot: “La especie humana no soporta demasiado la realidad”.
  • Por desgracia, “tenemos que hallar un equilibrio” parece ser hoy la respuesta típica a cualquier pregunta difícil sobre política medioambiental.
  • Cuando la balanza se inclina decididamente hacia un lado, no se requiere equilibrio alguno.
  • A los políticos les gusta atribuirse el mérito de lo que va bien, tanto como evitar la culpa de lo que va mal. El hecho de atribuirse injustamente el mérito (o la culpa) no se restringe a la esfera política.
  • El sentido común es un mal indicador de lo que es verdad o, para quienes sospechan de la palabra “verdad”, de lo que es fiable, práctico o eficaz.
  • El sentido común es poco fiable, es vago y mal definido.
  • Los argumentos que parten de una analogía puede ser retóricamente poderosos, pero es crucial que nos preguntemos si los paralelismos son lo bastante estrechos como para justificar las conclusiones sacadas de ellos.
  • El manejo de datos falsos es un error tan básico que apenas se registran como una mala táctica argumentativa.
  • Goebbels: “Si cuentas una mentira lo bastante grande y no cesas de repetirla, la gente acabará creyéndola”.
  • Aceptar ciertas cosas con los ojos cerrados resulta inevitable, pero hace demasiado fácil que la gente, deliberadamente o no, se aproveche de nuestra tendencia a no cuestionar las simples afirmaciones.
  • La gente confunde con tanta facilidad las defensas parciales con el pleno respaldo por su deseo de dividr el mundo en campos claramente opuestos: “nosotros” y “ellos”.
  • “Se hace desde hace siglos, luego debe ser bueno” es un simple non sequitur.
  • Resulta intuitivamente pausible que , si algo ha resistido durante siglos, algo debe de tener. Pero, siguiendo esa lógica, algo deben de tener la esclavitud y la desigualdad de las mujeres.
  • Muchas hierbas tiene cualidades terapeúticas, se consideran efectivas porque han sido debidamente probadas, no porque sean viejas y, por tanto, estén garantizadas por la historia.
  • “Los inocentes no tiene nada que temer” se saca a relucir cadfa vez que las autoridades desean introducir nuevas medidas que aumentan la vigilancia o limitan las libertades en nombre del incremento de la seguridad. Puede ser un argumento legítimo si lo que significa es: “los temores expresados por los inocentes son infundados”. La diferencia es sutil, pero importante.
  • Hay buena razones para tomarse con un cierto escepticismo lo que dicen los periódicos, pero el hecho de que hayan cometido errores no es un buen motivo para perder toda la confianza en ellos. Es una buena razón para no asumir sin más que todo lo que se lee en la prensa es verdad, pero es una razón insuficiente para adoptar una política de cinismo global.
  • Las palabras requieren algo más que comprensión literal, pero existe el peligro de interpretar demasiadas cosas en lo que dice la gente.
  • El hecho de que ciertas cosas que se antojaban imposibles hayan resultado no serlo no demuestra que podamos hacer de veras cualquier cosa.
  • El reto consiste en tener una mente no tan cerrada que sea incapaz de cambiar, ni tan abierta que acabe por llenarse de todas las ideas disparatadas que anden por ahí. No es fácil lograr ese particular equilibrio.
  • Las malas condiciones laborables pueden ser mejores que nada, pero eso no justifica que las apoyemos. La alternativa no debería no ser nada, sino mejorar las cosas.
  • “Mejor que nada” no es un defensa si podemos hacer bien las cosas.
  • Las personas están autorizadas a expresar sus opiniones sobre asuntos que no les conciernen directamente.
  • En determinadas circunstancias, la gente casi llega a decir que sólo quienes poseen experiencia de primera mano sobre un tema están autorizados a expresar una opinión al respecto.
  • Como le sucede a la mayoría de la gente, si me presentan una enorme cantidad de pruebas, mi juicio se tambalea como mínimo temporalmente.
  • Si queremos evitar caer en la trampa del exceso de confianza, hemos de recordar dos cosas importantes. La primera es la simple vigilancia. No asumir jamás que nuestros argumentos son racionales. La segunda es reconocer que las líneas que separan los argumentos inteligentes de los estúpidos, los buenos de los malos, rara vez son nítidas.

Enlaces relacionados:

  • Blogs: 1, 2 y 3.

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