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De qué hablo cuando hablo de correr de Haruki Murakami – Apuntes Breves

Posted by Raul Barral Tamayo en Lunes, 7 de enero, 2013


Título original: Hashiru koto ni tsuite kataru toki ni boku no kataru koto.
© Haruki Murakami, 2007.
Editorial: Tusquets Editores.

En 1982, tras dejar el local de jazz que regentaba y decidir que, en adelante, se dedicaría exclusivamente a escribir, Haruki Murakami comenzó también a correr. Al año siguiente correría en solitario el trayecto que separa Atenas de Maratón, su bautizo en esta carrera clásica.

Ahora, ya con numerosos libros publicados con gran éxito en todo el mundo, y después de participar en muchas carreras de larga distancia en diferentes ciudades y parajes, Murakami reflexiona sobre la influencia que este deporte ha ejercido en su vida y en su obra.

Mientras habla de sus duros entrenamientos diarios y su afán de superación, de su pasión por la música o de los lugares a los que viaja, va dibujándose la idea de que, para Murakami, escribir y correr se han convertido en una actitud vital.

Reflexivo y divertido, filosófico y lleno de anécdotas, este volumen nos adentra plenamente en el universo de un autor que ha deslumbrado a la crítica más exigente y hechizado a miles de lectores.

Haruki Murakami (Kioto, 1949) es uno de los pocos autores japoneses que ha dado el salto de escritor de culto a autor de prestigio y grandes ventas tanto en su país como en el exterior. Ha recibido prestigiosos premios como el Noma, el Tanizaki, el Yomiuri y el Franz Kafka, así como el Arcebispo Juan de San Clemente, concedido por estudiantes gallegos. Recientemente, ha sido distinguido con la Orden de las Artes y las Letras por el Gobierno español.

Algunas de las cosillas que aprendí leyendo este libro que no tienen porque ser ni ciertas ni falsas ni todo lo contrario:

  • Somerset Maugham: “Todo afeitado encierra también su filosofía”. Al realizar cualquier acto, por trivial que sea, con el paso de los días acaba por surgir algo similar a una contemplación filosófica.
  • Soy una persona incapaz de pensar a fondo sobre algo si antes no intento convertirlo en letras.
  • Pain is inevitable. Suffering is optional.
  • La dureza es un hecho inevitable, lo de poder o no poder más, eso queda ya al arbitrio del interesado.
  • Truco que utilizo cuando escribo una novela larga: dejo de escribit en el preciso momento en que siento que podría seguir escribiendo. Si lo hago así, al día siguiente me resulta mucho más fácil reanudar la tarea.
  • La música de los Lovin’ Spoonful, la escuches cuando la escuches, es estupenda.
  • Cuando pienso en la vida, a veces tengo la impresión de que no soy más que un tronco a la deriva, arrastrado por las aguas hasta una playa.
  • Cuando digo “correr en serio” me refiero a correr sesenta kilómetros a la semana, unos doscientos kilómetros al mes.
  • Correr largas distancias siempre había ido bien con mi naturaleza. Simplemente, disfrutaba corriendo.
  • Nunca he tenido especial interés en competir con los demás para ver quién gana o pierde. Me interesa más ver si soy o no capaz de superar los parámetros que doy por buenos.
  • A los corredores de fondo no les importa demasiado que otro corredor les supere o superar a otro durante la carrera.
  • El orgullo de haber conseguido terminar la carrera es el criterio verdaderamente relevante para los corredores de fondo.
  • Mi nivel es extremadamente corriente. Pero eso no es en absoluto importante. Lo importante es ir superándose, aunque sólo sea un poco, con respecto al día anterior.
  • En algún momento de su vida, todo el mundo alcanza la cota más alta de su capacidad física, y después viene el declive.
  • Dostoievski escribió sus dos novelas largas más significativas, Los demonios y Los hermanos Karamázov, en los últimos años de los sesenta que vivió.
  • No quiero mezclar la música con la informática. Es lo mismo que lo de no mezclar la amistad o el trabajo con el sexo.
  • Yo soy de esos a los que no les produce tanto sufrimiento el hecho de estar solos.
  • El carácter de una persona tampoco puede variar esencialmente de una manera drástica.
  • A menudo me preguntan en qué piendo cuando estoy corriendo. Los que me formulan preguntas de esta índole son, por lo general, persona que nunca han vivido la experiencia de correr durante una larga temporada. Mientras corro, simplemente corro. Corro para lograr el vacío.
  • En el interior de la mente humana es imposible lograr el vacío absoluto.
  • Competir con los demás no es mi ideal de vida.
  • Cuando me enfado, oriento el enfado hacia mí. Cuando siento rabia, redirijo hacia mí esa rabia para mejorar.
  • Mis únicos puntos fuertes han sido siempre la diligencia, el aguante y la fuerza física.
  • En ese preciso instante me dije: “ya está, voy a probar a escribir una novela”. No ambicionaba convertirme en novelitas, ni nada parecido. Simplemente, quería escribir una novela, sin mayores pretensiones. No tenía ninguna idea concreta sobre qué podría escribir, pero sentí que, en ese momento, sería capaz de escribir algo con cierta enjundia.
  • El deseo de escribir una novela de mayor calado me perseguía. En aquel entonces mis ingresos del bar eran mayores que los que obtenía como novelista, pero no me quedó más remedio que renunciar por completo a ellos.
  • Cuando proyecto hacer algo, sea lo que sea, no me quedo satisfecho si no me involucro al cien por cien.
  • El primer problema serio al que tuve que enfrentarme nada más convertirme en novelista fue el del mantenimiento de mi condición física.
  • Si te pones a correr a diario, dejar el tabaco es una consecuencia natural.
  • Si me permiten hacer lo que quiero, cuando quiero y del modo que quiero, lo hago con un empeño superior a la media.
  • Lo que más feliz me hizo al convertirme en novelista fue poder levantarme y acostarme temprano.
  • Decidimos despertarnos con la salida del sol y acostarnos lo antes posible cuando oscureciera. Eso era lo que considerábamos una vida natural.
  • La relación más importante en mi vida debía entablarla, más que con alguien determinado, con una pluralidad indeterminada de lectores.
  • Correr pasó a ser un hábito. Fui a una tienda de deportes especializada y me compré unas buenas deportivas y ropa cómoda adecuadas para correr. Me hice con un cronómetro y leí un libro para corredores principiantes. Así se va uno convirtiendo en corredor.
  • Si haces ejercicio todos los días, tu peso ideal se acaba estableciendo de forma natural.
  • La vida es esencialmente injusta. De eso no cabe la menor duda. Pero creo que incluso de las situaciones injustas es posible extraer lo que de “justicia” haya en ellas.
  • Tener fuerza de voluntad no significa que uno consiga todo lo que quiere.
  • Si una persona tiene interés en correr largas distancias, en algún momento se pondrá a correr por su propia cuenta aunque no se le diga nada; y, si no tiene interés, de nada servirá que se lo recomendemos fervientemente. Uno no se hace corredor porque alguien se lo recomiende. En esencia, uno se hace corredor sin más.
  • Lo más importante que aprendemos en la escuela es que las cosas más importantes no se pueden aprender allí.
  • Treinta y tres años. Esa edad tenía cuando comencé a correr.
  • Otra buena costumbre para conservar la salud es dormir un poco después de comer. Más o menos, a la media hora, me despierto. Me noto más descansado y con la mente despejada.
  • Gimnasio de Tokio: “El músculo se adquiere con dificultad y se pierde con facilidad. La grasa se adquiere con facilidad y se pierde con dificultad”.
  • Las causas de aquel fallo estaban claras: falta de entrenamiento, falta de entrenamiento, falta de entrenamiento.
  • Creo que perder es, en cierta medida, algo difícil de evitar. Una persona, sea quien sea, no puede ganar siempre.
  • Nuestros músculos tienen un alto sentido de deber: basta con que sigamos el protocolo correcto para que no protesten.
  • Si tuviera que dejar de correr sólo porque estoy ocupado, sin duda no podría correr en mi vida.
  • Razones para seguir corriendo no hay más que unas pocas, pero, si es para dejarlo, hay para llenar un tráiler.
  • La cualidad indispensable para un novelista es, sin duda, el talento. Si no se tiene absolutamente nada de talento literario, por más que uno se esfuerce, nunca llegará a ser novelista.
  • El talento no tiene nada que ver con la voluntad. Brota libremente, cuando quiere y en la cantidad que quiere, y, cuando se seca, no hay nada que hacer.
  • La siguiente cualidad que necesita un novelitas es la capacidad de concentración. Después es imprescindible la constancia.
  • La concentración y la constancia se pueden adquirir a posteriori mediante entrenamiento, y pueden ir mejorándose cualitativamente.
  • Escribir novelas largas es básicamente una labor física. La mayoría de la gente, que sólo ve el exterior, cree que el trabajo de novelista es una tranquila labor intelectual de despacho.
  • Escribir novelas no es un trabajo tan apetecible.
  • Ser joven y con talento es como estar dotado de alas para volar.
  • La progresiva pérdida natural de talento se puede ir supliendo a base de madurez personal.
  • Es importante llevar al cuerpo hasta el límite, pero, si lo sobrepasas, podrías quedarte sin nada.
  • Cada persona tiene algo así como unas “tendencias generales” de nacimiento y, le gusten o no, es imposible huir de ellas. Se pueden regular hasta cierto punto. Pero no cambiar de raíz. La gente las llama naturaleza.
  • Se puede distinguir fácilmente a los principiantes de los veteranos. Los que respiran a bocanadas cortas y jadeando son los principiantes, en tanto que los veteranos lo hacen de modo silencioso y regular.
  • Con la edad, uno va aprendiendo a apañárselas con lo que tiene.
  • Las prestaciones de las zapatillas de ahora han mejorado notablemente, de modo que a partir de cierto precio, elijas la marca que elijas, todas se parecen mucho.
  • En líneas generales, estoy de acuerdo con la idea de que escribir novelas es una labor insana. Los actos artísticos contienen en sí mismos agentes insanos y antisociales. Son fenómenos innegables. Para tratar con cosas insanas, las personas tiene que estar lo más sanas posible.
  • Si algo merece la pena, entonces merece poner en ello todo el empeño (e incluso a veces un poco más).
  • Cuando tengo que hablar delante de la gente, me siento más cómodo haciéndolo en mi inglés que en japonés.
  • Correr ayuda a memorizar discursos y cosas similares.
  • Sentía que el fin era sólo la culminación de una etapa, algo sin excesivo sentido. Era como el vivir. La existencia no tiene sentido porque tenga un fin.
  • De todas las cosas que comportó para mí la experiencia de la ultramaratón, la más significativa no fue de carácter físico, sino espiritual. Me trajo una suerte de apatía espiritual. De pronto, algo que podría denominarse la “tristeza del corredor”, el runner’s blue, me envolvía como una fina película.
  • Para un corredor de fondo, que ha de convivir a diario con el duro entrenamiento, las rodillas son siempre su talón de Aquiles.
  • El Gran Gatsby es una novela magnífica. Cada vez que la leo, descubro algo nuevo y siento intensamente algo nuevo.
  • La experiencia me enseña: “Ya has hecho todo lo que tenías que hacer. A estas alturas poco importa lo que pienses. No queda sino esperar a que llegue el día”.
  • El instinto me dice una sola cosa: “Imagina”.
  • En la vida real, no obstante, las cosas no suelen salir tan bien. De ahí que necesitemos un plan B.
  • En la línea de salida me situé detrás de la liebre que llevaba el cartel de tres horas y cuarenta y cinco minutos. Me adelantó la liebre de las tres horas y cincuenta minutos y luego también la de las tres horas y cincuenta y cinco minutos.
  • Voy a seguir corriendo maratones con todo mi empeño, sin desfallecer, hasta que consiga volver a sentir que he corrido satisfactoriamente.
  • A menudo, las cosas verdaderamente valiosas son aquellas que sólo se consiguen mediante tareas y actividades de escasa utilidad. Tal vez sean tareas y actividades vanas, pero jamás estúpidas.
  • Los tiempos individuales, el puesto en la clasificación, tu apariencia, o cómo te valore la gente, no son más que cosas secundarias. Lo importante es ir superando, con tus propias piernas y con firmeza, cada una de las metas. Quedarse convencido de que ha dado todo l oque tenía que dar y de que ha aguantado como debía. Ir extrayendo alguna enseñanza concreta de las alegrías y los fracasos.
  • Quiero dedicar este libro a todos los corredores con losque hasta ahora me he cruazo por los caminos de todo el mundo.

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raul

3 comentarios to “De qué hablo cuando hablo de correr de Haruki Murakami – Apuntes Breves”

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