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Cuentos himalayos de Ramiro Calle – Apuntes Breves

Posted by Raul Barral Tamayo en Jueves, 4 de abril, 2013


© de la edición original, Ramiro Calle.
Editorial: Sirio.

Ramiro Calle, tras haber realizado una veintena de viajes por los Himalayas y haber conectado con grandes maestros, yoguis y eremitas, ha recuperado y compilado un buen número de significativas narraciones espirituales transmitidas desde la noche de los tiempos de maestro a discípulo y que representan la quintaesencia de la más elevada sabiduría.

Son narraciones que deleitarán a toda clase de lectores y que representan claves orientadoras en la senda espiritual.

Algunas de las cosillas que aprendí leyendo este libro que no tienen porque ser ni ciertas ni falsas ni todo lo contrario:

  • Los cuentos espirituales se han utilizado en las más diversas tradiciones místicas tanto de Occidente como de Oriente, y de manera más considerable dentro del hinduismo.
  • Muchos de estos cuentos, como las parábolas y símiles de los grandes maestros, admiten distintos niveles de entendimiento, de acuerdo con el grado de madurez del aspirante.
  • La mayoría de estos cuentos apuntan a realidades que están más allá de los conceptos y la lógica ordinaria.
  • Los maestros saben que el pensamiento, aunque tiene que ocupar un lugar en nuestras vidas y hay que aprender a utilizarlo sabia y conscientemente, es insuficiente para captar las realidades de orden superior.
  • Todos estos cuentos son adogmáticos y por ello precisamente han ido floreciendo en las más distintas tradiciones e impregnando las unas a las otras.
  • Es curioso comprobar cómo personas de distintas razas, religiones y psicologías los aceptan con el mismo entusiasmo y a todos les resultan reveladores e inspiradores.
  • Nada perturba tanto la mente y enturbia tanto las emociones y el proceder como la vanidad.
  • El egocentrismo nos hace muy vulnerables y dependientes y, además,  nos aleja de los demás e incluso de nuestro propio ser.
  • La peor dificultad a menudo está en la propia mente. El más implacable enemigo reside en la mente.
  • A menudo estamos tan identificados con nuestros afanes, anhelos y actividades, que vivimos de espaldas a nuestro propio ser.
  • Los extremos son trampas, emboscadas. El equilibrio es orden, armonía, visión esclarecida, comprensión profunda y flexibilidad.
  • Debemos cultivar los cuatro bálsamos de la mente: amor, compasión, alegría por la dicha de los otros y ecuanimidad.
  • protegiéndote a ti mismo, proteges a los demás; protegiendo a los demás, te proteges a ti mismo.
  • Está en la naturaleza de la mente ser indócil, insidiosa y movible. El aspirante debe someterse al triple entrenamiento espiritual (virtud, meditación y desarrollo de la sabiduría) para modificar los viejos modelos de conducta mental y convertir la mente enemiga en amiga.
  • No poseemos ni siquiera nuestro cuerpo.
  • Más vale vivir en la propia jaula que ser metido en la de otro.
  • La mente dispone de una especial sagacidad para ser ladina y buscar todo tipo de pretextos, justificaciones y autoengaños para no enfrentar su propia realidad ni la realidad que le es ajena.
  • El afán acumulativo de la mente es tal que incluso tiende a coleccionar doctrinas, enseñanzas espirituales y métodos de autorrealización, añadiendo así confusión a la confusión y llenando de más cachivaches el trastero de la mente.
  • Todo está dicho, pero muy poco está hecho.
  • La Sabiduría no cambia; son las modas las que varían.
  • A menudo, lo que tanto nos irrita en los demás, también está en nosotros mismos.
  • La realidad de la mente se impone a otras realidades, porque todo se percibe a través de ella.
  • La vida adquiere todo su significado cuando amamos y nos hacemos dignos merecedores de que nos amen.
  • El pensamiento es desleal y traidor y se convierte, cuando no es controlado, en el ladrón de toda felicidad.
  • Siempre se ha comparado la mente con un mono ebrio y loco, de aquí para allá.
  • A menudo la imaginación usurpa el lugar de lo que es en cada momento.
  • El rencor nos convierte en siervos suyos. No hay felicidad posible si el rencor envenena la mente y el corazón. Cuando perdonamos, el mejor obsequio nos lo hacemos a nosotros mismos.
  • No hay peor fiebre que la del odio, que enturbia el discernimiento, enferma el alama y genera todo tipo de disputas.
  • No hay mayor poder sobre sí mismo que el desapego.
  • Nunca será eliminada la violencia a través de la violencia. La violencia es el infierno. Nunca el odio puede ser superado por el odio, sino sólo vencido por el amor. La paz y el amor son el paraíso.
  • Cada uno debe hacer su propio trabajo y cumplir su propio destino, en lugar de dedicarse a la imitación.
  • ¿Qué utilidad tiene acopiar conocimientos de todo orden si no nos modificamos? Vale más un gramo de saber transformador que toneladas de saber que no muta ni purifica la consciencia.
  • El saber libresco, el conocimiento intelectual y la erudición no son sabiduría. La sabiduría nace dentro de uno y muta la consciencia. Podemos hallar métodos para estimular la propia sabiduría, pero nadie puede transmitírnosla ni despertarla por nosotros.
  • Al mirar lo peor en los otros, no hacemos otra cosa que ver en los demás lo peor que habita en nosotros mismos.

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raul

3 comentarios to “Cuentos himalayos de Ramiro Calle – Apuntes Breves”

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