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Hermano mayor de Pedro García Aguado & Esther Legorgeu – Apuntes Breves

Posted by Raul Barral Tamayo en Lunes, 15 de abril, 2013


© Pedro García Aguado & Esther Legorgeu, 2010.
Editorial: Amat Editorial.

Apatía en su día a día, falta de voluntd y de proyectos, irritabilidad ante cualquier contradicción, ninguna tolerancia a la frustación, libertad siempre que sea bajo el amparo paterno, satisfacciones inmediatas, realidades virtuales, sexo irresponsable, consumo despreocupado de drogas … ¿Dónde están los jóvenes rebeldes, inconformistas y con una sólida escala de valores?

Desde luego, aquí y ahora es difícil encontrarlos. Los adolescentes de la sociedad del bienestar poco tienen que ver con los que lo fueron hace apenas unas décadas y ahora se encuentran con unos hijos que son unos perfectos desconocidos. Qué esperan de la vida, cómo hay que tratarlos, cómo marcarles el mejor camino, cómo atajar con écito los problemas de convivencia que se hacen tan habituales en familias con adolescentes y evitar que cada conversación sea una discusión.

El hermano mayor Pedro García Aguado y la psicóloga especializada en familias en conflicto Esther Legor geu nos ofrecen algunas pautas para lograr entender a nuestros jóvenes y tratar así de ayudarlos en su desarrollo. Con un lenguaje sencillo y ejemplos reales, Pedro y Esther ofrecen una salida razonable a padres e hijos. Porque su objetivo es que todos ganen.

Pedro García Aguado, Toto, ha conocido la cara más amable de la vida y, a la vez, la trágica. Formó parte de la mejor selección española de waterpolo de todos los tiempos, que deslumbró al mundo tras los Juegos Olímpicos de 1992. Los días estaban llenos de triunfos sin límites, marcadas por el excesivo consumo de alcohol y otras drogas. Compaginó durante años esos dos mundos hasta que, por fin, imperó la cordura y se sometió a una cura en un centro de desintoxicación. Ahora ejerce de terapeuta para persona que, como él, quieren dejar atrás la adicción a las drogas.

Esther Legorgeu. Psicóloga de profesión, es directora del departamento de Psicología Clínica en el Instituto de Orientación Psicológica EOS. Elabora e imparte cursos, talleres y conferencias destinadas a diferentes colectivos, Escuelas de Padres, Control de la Ansiedad ante los exámenes, Habilidades de comunicación para adolescentes y adultos, además de ser tutora en las prácticas de los alumnos de la Especialidad de Psicología Clínica de la Universidad Autónoma de Madrid.

Algunas de las cosillas que aprendí leyendo este libro que no tienen porque ser ni ciertas ni falsas ni todo lo contrario:

  • José Antonio Marina: “Sólo tenemos tres herramientas educativas: el cariño, la exigencia y la comunicación”.
  • José Antonio Marina: “No podemos evitarles esas dificultades, ni vivirlas por ellos. Cada uno tiene que pelear sus propias batallas. Lo único que podemos hacer es ayudarles para que atraviesen esa prueba con éxito.”
  • Educar a los hijos es, probablemente, la tarea más difícil a la que debe enfrentarse el ser humano. Se trata de integrarlos en la sociedad, hacerlos partícipes de nuestros valores e intentar, en la medida de lo posible, que sean felices.
  • No hay que desesperarse ni inculparse. Ésa es la única forma de no solucionar nada.
  • No nos dejemos engañar, no basta con que los jóvenes tengan acceso a la información sino que hay que hacérsela llegar de una forma didáctica y convincente.
  • Hemos pasado de la etapa del autoritarismo desmesurado a la permisividad absoluta.
  • Siempre he pensado que una persona mayor, por el mero hecho de llevar más tiempo que yo en este mundo, independientemente de su entorno social, siempre podrá enseñarme algo que yo desconozca, y eso ya es digno de respeto.
  • El psicólogo es un recurso más que afortunadamente tenemos a nuestra disposición. Nuestros padres no lo tuvieron.
  • Nunca es tarde para ponerse a trabajar. Pensad que hacer frente al problema siempre es empezar a resolverlo.
  • Un psicólogo es algo así como un entrenador de pensamientos y comportamientos.
  • Estudios de neurología recientes  han demostrado que el cerebro no termina de madurar hasta los 25 años.
  • Siempre se ha considerado que la madurez llegaba cuando conseguíamos templar todo el arrojo y la osadía de la juventud, su impulsividad, su imprudencia, su inconsciencia.
  • Mostrales que respetáis su punto de vista y, si es así, que opináis de otra forma.
  • La pérdida de autoridad sobre un joven nace a menudo de discusiones que para nosotros pueden resultar intrascendentes.
  • No debéis poneros a su altura en las conversaciones, que es otro de los errores más comunes.
  • La falta de objetividad explica el dogmatismo con el que frecuentemente proceden los adolescentes en la defensa de sus opiniones. Se aferran con obstinación a puntos de vista atrevidos y resoluciones imprudentes. Adoran algo o lo odian.
  • Los adolescentes son extremistas, les gusta el dramatismo, llevar las situaciones al límites.
  • Lo mejor es respirar hondo y no dejarse llevar por el torbellino emocional con que ellos afrontan una situación o una conversación.
  • Si lo que nos plantea no nos parece bien, debemos decírselo. Sin despreciar sus argumentos, pero tampoco renunciando a los nuestros, que son finalmente los que deben imponerse.
  • La introversión del adolescente responde a esa nueva necesidad de vivir dentro de sí mismo.
  • La paciencia es una parte importante de ser padres, además del conocimiento de habilidades de comunicación.
  • En el proceso de individualización de los hijos existe un distanciamiento hacia los padres. Es lo normal y lo necesario para que maduren.
  • Ayudar a los hijos a desarrollar una buena autoestima es la tarea más importante de la paternidad y la maternidad.
  • La clave es siempre describir las conductas sin juzgarlas. No hay que etiquetar al joven cuando se le está diciendo algo.
  • Cuando sabemos por qué reaccionan de una manera las personas y lo que les gusta o no es más fácil anticiparse a lo que va a pasar.
  • Para hacer un elogio siempre hay que comunicar sentimientos.
  • No hay que ser excesivo en el elogio, ya que eso incomoda y no es creíble.
  • Hay que tener en cuenta que tal como critiquemos nosotros su conducta ellos lo harán después. Si gritamos, gritará. Si insultamos, insultará. Si lo ignoramos, nos ignorará.
  • Es mejor ser firme y avisar de lo que va a pasar.
  • Hay tres actitudes que debemos evitar a toda costa en nuestra relación con los adolescentes para no arruinar su autoestima: la amenaza, la generalización y el desentendimiento.
  • No existe relación entre padres e hijos, entre adolescentes y adultos que convivan y mantengan vínculos emocionales sin conflicto. Es así.
  • Aprender a manejar como adultos nuestro enojo para comunicarnos habilidosamente es fundamental.
  • Se trata de cambiar el pensamiento negativo que nos conduce al enfado y al estallido por otro resolutivo.
  • Una buena forma de conseguirlo es retirarse antes de iniciar una conversación que amenace con convertirse en una discusión si uno ve que va a saltar y no va a conseguir mantener un diálogo sin gritos ni reproches. Otra buena estrategia para evitar estallar en cuanto se avecina una acalorada discusión con el adolescente es posponer la conversación.
  • Para superar el enfado es conveniente reflexionar sobre sus motivos y buscar vías para encauzarlo en una conversación.
  • Sin emociones, no seríamos humanos.
  • Disculparse no es humillarse ni cambiar de opinión. Es más, les está enseñando a sus hijos un patrón de conducta fundamental para su vida como adultos.
  • Los adolescentes tiene derecho a enfadarse y a expresarlo, y es normal que lo hagan en una etapa de gran carga emocional.
  • Es probable que el chico aumente la intensidad de los gritos, los insultos y los golpes si está acostumbrado a que los padres presten atención a sus rabietas.
  • Cualquier mínimo gesto o palabra que ponga en evidencia que el padre o la madre toman en cuenta la indignación del hijo y que ésta tiene efecto sobre ellos conducirá a pensar al adolescente que su estrategia está teniendo éxito.
  • No es conveniente obligar a hablar al adolescente después de un estallido de ira, pero hay que transmitirle la convicción de que cuando quiera hablar, los padres van a estar disponibles para hacerlo.
  • El tono de voz que utilicemos tiene que ser calmado y firme siempre, aunque el del adolescente sea todo lo contrario.
  • “Responsabilidad” significa que la persona sepa anticiparse a las consecuencias haciendo buenas elecciones y se haga cargo de sus errores.
  • Hacer una buena labor de padre implica saber darle a cada hijo la responsabilidad que puede asumir por su madurez.
  • El respeto no se consigue por el mero hecho de ser padre, sino que debe venir acompañado de algún mérito. Nuestros hijos nos respetarán si nos ganamos ese respeto.
  • La violencia sobre niños y jóvenes sólo acarrea graves consecuencias sobre la personalidad.
  • Uno puede creer que una bofetada a tiempo puede resolver una indisciplina, pero lo único que consigue es reforzar esa actitud y convertir al niño o al adolescente en un maltratador en potencia.
  • Por encima de todo, debemos mostrar un comportamiento coherente. Los hijos no deben detectar contradicciones entre lo que decimos y lo que hacemos.
  • El padre y la madre deben ponerse de acuerdo a la hora de establecer normas y límites, porque si se contradicen entre ellos, los niños se desconciertan y acaban por no tomarse en serio ni las normas ni los castigos. En definitiva, acaban por no respetar a los padres.
  • En lo que no deberíamos caer nunca es en la contradicción. La diferencia de criterios entre el padre y la madre es lo peor para los jóvenes. Es mejor callarse, auqnue uno no esté de acuerdo con la actitud, la reacción o la decisión del otro, que enfrentarse delante de los jóvenes.
  • Eso es precisamente lo que deben hacer los adolescentes: asumir las consecuencias de sus acciones. Las buenas y las malas.
  • Si le rescatas de los problemas no aprenderá nunca que no responsabilizarse tiene un precio.
  • Haz que asuma el coste de sus actos.
  • El conflicto no es agradable para nadie y deja a menudo unos rastros de resentimiento que pueden ser difíciles de superar cuando llegan a determinado nivel.
  • No contribuye a la tranquilidad general la obsesión por buscar a una persona sobre quien descargar las culpas de una situación o un problema en lugar de buscar una solución.
  • El comportamiento de los padres es aún un punto de referencia para ellos, por mucho que quieran diferenciarse del modelo paterno.
  • El maltrato físico en la infancia hace jóvenes agresivos.
  • Si no se le han puesto límites de pequeño va a ser muy difícil ponérselos de mayor.
  • La estrategia siempre es la misma: dejar claro que queremos establecer un nuevo orden y una nueva dinámica en nuestra relación, que queremos resolver el conflicto y que somos conscientes que en esa negociación de tú a tú vamos a tener que ceder y que, de la misma forma, exigimos un buen trato y un compromiso.
  • No nos engañemos, que sean droga o no legales no quiere decir en absoluto que sean más o menos peligrosas.
  • Doctora Nora volkow: “El alcohol es una droga que no preocupa”.
  • Está más que demostrado que el alcohol que hay en las botellas de bebidas como el vino, la cerveza y los destilados es una droga, y de las más duras.
  • Muchos estudios han demostrado que hay personas que tienen una predisposición genética a desarrollar la adicción al alcohol y a otras sustancias, incluso si beben o consumen drogas de forma moderada y puntual.
  • Hay que ser estrictos y autoritarios, aunque esto cueste y nos resulte más trabajoso, ya que puede evitar situaciones desagradables en el futuro.
  • Debemos transmitir a nuestros hijos, desde pequeños, las nefastas consecuencias del consumo de drogas. Hay que explicarles los efectos y las consecuencias.
  • La moderación en el uso de droga no exime de generar dependencia.
  • No hay drogas duras y blandas, todas tienen la capacidad de destrozarte la vida, sólo que algunas, como el alcohol, la marihuana, o el cannabis, puede hacerlo más lentamente que otras.
  • En la adolescencia, el consumo de droga ha de ser cero.
  • Gerardo Aguado, psicólogo y doctor en Ciencias de la Educación : “Los agresores no son adolescentes de familias desestructuradas, sino niños que no han tenido límites y que están enormemente insensibilizados ante la violencia”.
  • No hay mejor muestra de que un joven ha entrado de lleno en la adolescencia que el cambio en su forma de vestir.
  • “Los comportamientos se mantienen porque funcionan para algo”.
  • Lo que no debemos hacer en ningún caso es repetirles las consecuencias de su comportamiento, se les ha informado una vez y después se actúa. Ser firmes es fundamental para el cambio de conducta.

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raul

3 comentarios to “Hermano mayor de Pedro García Aguado & Esther Legorgeu – Apuntes Breves”

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