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Interpretación y enseñanza del violín de Ivan Galamian – Apuntes Breves

Posted by Raul Barral Tamayo en Lunes, 6 de mayo, 2013


Título original: Principles of Violin. Playing and Teaching
© Prentice-hall, Inc., 1984.
Editorial: Ediciones Pirámide.

La filosofía, principios de enseñanza y métodos prácticos de Ivan Galamian produjeron resultados sorprendentes en sus alumnos, algunos de los cuales se encuentran entre los concertistas y solistas más aclamados mundialmente de esta generación. Era un profesor virtuoso cuyo sistema de enseñanza del violín era a la vez ingenioso y lógico. Su obra Interpretación y enseñanza del violín ofrece una visión en profundidad del peculiar método de Galamian.

La profesora Elisabeth A. H. Green, que fue discípula de Galamian y colaboró con él en la primera edición inglesa de la obra, ha contribuido con una nueva sección a esta edición. En ella nos ofrece detalles acerca del método de Galamian para la introducción al aprendizaje del violín con la ayuda de la escala en La mayor y las múltiples diferencias con los métodos de estudio clásicos que los alumnos fueron descubriendo en su aprendizaje con el sistema de estudio de Galamian.

En la obra también se incluye un glosario de los estudios más frecuentes, desde los de Kreutzer hasta el École de Wieniavski.

Ivan Galamian, músico de renombre internacional, se graduó a los dieciséis años en la School of the Philarmonic Society de Moscú. Dio clases en el Conservatorio Ruso de París y llegó a Estados Unidos en 1938, incorporándose al Curtis Institute of Music de Filadelfia. Durante los cuarenta años siguientes fue profesor del citado centro y en la Juilliard School de Nueva York.

Algunas de las cosillas que aprendí leyendo este libro que no tienen porque ser ni ciertas ni falsas ni todo lo contrario:

  • Hay muchas maneras de tocar el violín. Algunas son buenas, otras correctas y otras malas. El sistema que he procurado ilustrar en las siguientes páginas es el que considero más práctico, aunque de ninguna manera pretendo que sea el único posible o correcto.
  • Lo mejor que un profesor puede ofrecer a un alumno es un enfoque individualizado.
  • Nadie puede aprender y nadie puede enseñar sólo con un libro. Pero un libro puede servir de ayuda a la hora de ilustrar los principios generales y clarificar muchos de los problemas que surgen.
  • Establecer reglas estrictas constituye una actitud peligrosa. Son las reglas las que deberían estar hechas para servir de ayuda a los estudiantes y no los estudiantes para santificar dichas reglas.
  • El profesor ha de ser consciente de que cada estudiante tiene su propia personalidad, sus propias características físicas y una disposición mental diferente, su propio enfoque del instrumento y de la música. El maestro debe tratar al alumno en consecuencia. La naturalidad debería ser el principio que le sirviese de guía.
  • Lo “correcto” no es más que aquello que es natural para un alumno en particular, porque sólo lo que es natural resulta cómodo y eficaz.
  • El profesor debe esforzarse por conseguir que cada estudiante se encuentre a gusto con el instrumento.
  • Aunque los diversos elementos individuales que configuran la técnica del violín son importantes, aún más importante es la comprensión de su interdependencia en una relación orgánica, mutua.
  • Lo que es de suprema importancia no son los movimientos físicos en sí, sino el control mental sobre ellos.
  • La clave de la habilidad y la destreza y del dominio de la técnica hay que buscarla en la coordinación entre la mente y los músculos.
  • Aunque supiésemos con exactitud (lo que no es posible) cómo deseaba Bach que sonase su música, aún quedaría por resolver la cuestión de si deberíamos ejecutarla según el estilo imperante en su tiempo o adaptar dicho estilo para acomodarlo a los medios, ideas y entornos modernos. Se trata de un tema muy controvertido al que no es posible dar una respuesta definitiva.
  • la técnica es la capacidad de dirigir mentalmente y ejecutar físicamente todos los movimientos necesarios de las manos, los brazos y los dedos.
  • Sin la maestría que proporciona una técnica interpretativa adecuada el intérprete no puede ni dirigir adecuadamente ni ser fiel a la dirección de otro.
  • La interpretación es el objetivo final del estudio de cualquier instrumento, su única raison d’être. La técnica no es más que un medio para alcanzar este objetivo.
  • Para una ejecución correcta no es suficiente con disponer de una técnica adecuada. El intérprete debe comprender en profundidad el significado de la música, debe tener una imaginación creativa y un enfoque personal de su trabajo si pretende que éste se eleve por encima de lo meramente seco y pedante. Su personalidad no debe ser inhibida ni exageradamente manifiesta.
  • Las grandes interpretaciones siempre tienen algo de improvisación. El artista se siente emocionado por la música que ejecuta, olvida la técnica y se abandona con libertad improvisadora a la inspiración del momento. Una ejecución así es la única que puede transmitir la esencia de la música al oyente con la inmediatez de una genuina recreación.
  • Todo ejecutante que no sea aún técnica y musicalmente maduro evitará dejarse arrastrar por las emociones durante una interpretación.
  • La interpretación, en su más elevado sentido artístico, no puede enseñarse directamente, ya que sólo un enfoque personal y creativo puede ser realmente artístico. Por eso es un gran error que el profesor imponga su propia interpretación a todos sus discípulos.
  • El maestro debe tener presente que su objetivo supremo ha de ser siempre lograr que el estudiante sea autosuficiente. La imitación no da nunca frutos de valor.
  • Kreisler: “El exceso de estudio puede ser peor que su deficiencia”.
  • La imitación de grabaciones es no menos deplorable.
  • Es posible dividir a lo estudiantes en las categorías de “activos” y “pasivos”. El activo es aquel que tiene el impulso innato de una imaginación creativa. Estos alumnos constituyen un verdadero desafío, y es posible contribuir a su desarrollo hasta que se convierten en genuinos artistas. El otro tipo no es capaz de hacer nada por sí mismo, nada que no le haya sido enseñado por sus profesores o por otros intérpretes. Jamás podrán destacar musicalmente en nada. Siempre dependerán de alguna muleta, de algún modelo que imitar. En el mejor de los casos, podrán convertirse en brillantes artesanos, pero nunca en artistas de verdad.
  • Algunos estudiantes desarrollan su individualidad un tanto tardíamente. El maestro debe fomentar pacientemente este desarrollo. Puede ser un error irreparable clasificar como incapaz a un estudiante que tarda en adquirir personalidad e imaginación musicales.
  • A muchos no se les pasa siquiera por la cabeza el hecho de que lo que vale para el salón de casa no sirve en una sala de conciertos y viceversa. En la sala de conciertos el intérprete deberá proyectar su ejecución de modo que llegue, de forma clara y comprensible, incluso al miembro más distante del público. El modo de hacerlo dependerá en gran medida del tamaño y la acústica del local.
  • Llenar de sonido una sala de conciertos no es una simple cuestión de volumen, isno más bien de fuerza en la emisión. Cuanto más correctamente se produzca el tono, tanto más lejos llegará. En el violín no debe forzarse nunca el sonido.
  • La producción de sonidos en los instrumentos de cuerda no es simplemente la emisión de un sonido continuo, sino que éste ha de contener una determinada combinación de elementos percusivos o acentuados, que le dan carácter y color.
  • Al tocar, deben evitarse los movimientos corporales exagerados. El movimiento corporal debe ser limitado peor nunca totalmente suprimido.
  • No deberían imponerse normas precisas sobre el modo de coger el instrumento.
  • El artista debe ser extremadamente perceptivo y ha de disponer de la capacidad de ajustar instantáneamente su afinación.
  • Debería ser posible tocar afinadamente incluso con un instrumento desafinado. El ejecutante que haya adquirido tal habilidad jamás perderá su seguridad y autoridad ante el público por culpa de una cuerda recalcitrante.
  • Para entender el funcionamiento del arco, hay que comprender desde el comienzo que toda la técnica del brazo derecho se basa en un sistema de muelles.
  • La senda hacia la maestría violinística es larga y ardua, y son necesarios gran aplicación y perseverancia para alcanzar su fin. El talento allana el camino, pero no puede, por sí mismo, ocupar el lugar del trabajo duro. Incluso el esfuerzo da escaso fruto si es de un tipo incapaz de producir resultados, ya que existen malas prácticas y buenas prácticas, y desafortunadamente las primeras son infinitamente más frecuentes que las segundas.
  • Una de las cosas más importantes que el maestro debe enseñar a sus discípulos es la técnica de un buen estudio. Ha de hacer comprender a sus alumnos que el estudio ha de ser una continuación de las clases, que no es nada más que un proceso de autoaprendizaje.
  • Un maestro que se limita a resaltar los defectos y no a enseñar el modo de corregirlos fracasa en la trascendental misión de mostrar al pupilo cómo trabajar por sí mismo.
  • Hay que dejar claro al estudiante la necesidad de una concentración mental completa y continua durante el estudio. Otro estudio, carente tanto de dirección como de control, es una pérdida de tiempo y esfuerzo. Los errores se repiten una y otra vez, y el oído se vuelve sordo a los sonidos defectuosos.
  • No tiene sentido exigir dogmáticamente que cada alumno practique un determinado número de horas con arreglo a un programa rígido. Cada estudiante debe averiguar por medio de una experimentación inteligente qué es lo mejor para él.
  • Es importante que el tiempo se emplee eficientemente y que el estudio se convierta en un hábito cotidiano.
  • El violinista debe emplear todo el poder de su voluntad para tocar tan bien como pueda. Por encima de todo no debe perder los nervios si algo va mal. Un modo de adquirir esta habilidad consiste en luchar contra la costumbre de detenerse durante el período de ejecución.
  • Es de la mayor importancia entrenar al oído para una escucha objetiva, para lograr oír el sonido como lo oiría el público y librarse de las halagadoras falacias del oído subjetivo. La capacidad de escuchar honrada y objetivamente es el prerrequisito esencial para una práctica eficiente.
  • El maestro que se toma en serio su trabajo debe ver en cada discípulo un nuevo desafío. En lugar de señalas las desviaciones de la regla, debe descubrir si existe alguna dificultad real que haya que superar.
  • Todo profesor ha de ser un buen psicólogo.
  • La capacidad de cualquier persona para digerir novedades es limitada, y una actitud excesivamente ambiciosa por parte del maestro al aplicar demasiadas curas simultáneamente producirá resultados negativos.
  • No hay limitación de edad para el desarrollo de la capacidad musical, pero la infancia es el momento en que la técnica se desarrolla con mayor rapidez.
  • Los conocimientos del maestro no deben estar restringidos al repertorio para violín. De estarlo, dejará mucho que desear como guía musical e interpretativo.
  • Una buena docencia requiere un grado de devoción que el maestro será incapaz de aportar sin dedicarse a ella en cuerpo y alma.
  • La mente aprende a través de la resolución de problemas.
  • La mente tiene que ser capaz de anticiparse a la acción, debe tener una imagen clara del movimiento que se va a realizar.
  • Cuando te enfrentas a un joven alumno, hay ocasiones en las que piensas que ha llegado el momento de introducirlce a una determinada técnica. Descubres que al niño parece resultarle muy difícil. Que lucha denodadamente. ¡Déjala a un lado! Enséñale algo diferente que esté listo para aprender. Al cabo de un mes, más o menos, pruebas suerte de nuevo. ¿Que sigue siendo muy difícil? Lo dejas estar. La tercera vez que lo intentas … ¡Ah! ahora está listo para abordarlo. ¡Adelante, enséñaselo!
  • Los dedos son el factor determinante. Deben ponerse del modo que ofrezca las condiciones más favorables para sus diversos movimientos y acciones. Una vez logrado esto, todo lo demás encontrará su posición correcta.
  • Un estudiante que está incómodo con el instrumento no puede expresarse musicalmente.
  • La naturalidad es el principio guía.
  • Galamian hablaba muy poco de sí mismo. No propiciaba ni el menor culto a la personalidad, que detestaba, ni ridiculizaba a los demás maestros, ni hacía comentarios negativos acerca de ellos. En el estudio hablaba exclusivamente de lo que había que lograr y de cómo hacerlo. Nunca había largas recapitulaciones acerca de lo que había hecho mal el estudiante; en su lugar, decía “Haz esto” o “Practica así”, y el problema quedaba resuelto.
  • Tres factores que influyen en la calidad del sonido: velocidad del golpe, presión del arco y distancia al puente.
  • El desarrollo de la técnica violinística no es ya cuestión de experimentación y error. Hoy es una ciencia exacta.
  • Galamian nunca pedía lo imposible. Tampoco exigía a todos los estudiantes que aplicaran variaciones que ya habían conseguido dominar.

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raul

2 comentarios to “Interpretación y enseñanza del violín de Ivan Galamian – Apuntes Breves”

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