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Estrellas y Telescopios de Pedro Arranz García y Jorge García Martín – Apuntes Breves

Posted by Raul Barral Tamayo en Lunes, 13 de mayo, 2013


© Equipo Sirius, 1995.

Cuando en una noche despejada miramos al infinito balcón del cielo, ante nuestros ojos se despliegan multitud de astros. No seremos capaces, sin embargo, de distinguir su naturaleza, puesto que, salvo alguna que otra manchita pálida, los apreciaremos tan sólo como meros puntos de distinto brillo. Por eso, para explorar con mayor detalle y profundidad la Bóveda Celeste, necesitamos el Telescopio, una herramienta característica de los aficionados a la Astronomía.

En la actualidad, con el abaratamiento de los costes de producción, la adquisición de un telescopio (que hace no mucho era un lujo) está al alcance de todos y, de hecho, es un instrumento que suele estar presente en muchos hogares.

Pero, ¿sabemos manejarlos correctamente?, ¿le sacamos el mejor partido? ¿nos movemos con soltura por el cielo?¿conocemos la diversa y abundante gama de objetos celestes que el firmamento pone a nuestro alcance?, ¿somos capaces de registrar para la posteridad alguna de las más hermosas joyas siderales? Precisamente el presente libro pretende dar respuesta a esta y otras preguntas.

Se ha concebido con la clara intención de que el lector aprenda a manejar a fondo el telescopio y se vaya adentrando con firmeza en las profundidades de la esfera celeste, tanto visual como fotográficamente.

Si a simple vista siempre hay algo en el cielo nocturno que suscita nuestro interés, y si ya unos prismáticos son capaces de abrir nuevas y fascinantes posibilidades, ¿qué nos deparará, entonces el telescopio?

En la maleta de todo astroaficionado que se precie, habrá siempre tres cosas: un entusiasmo a raudales, un telescopio, y un ir al encuentro de un cielo para ver y guardar. Éstos han sido, también, los pilares del presente libro: el primero está en el fondo de cada palabra; los otros dos, son la propia materia.

Pedro Arranz García tiene una dilatada experiencia como astrónomo observador, habiendo realizado multitud de campañas tanto de planetas como de meteoros, asó como la campaña de GRBs de 1993. Es colaborador de SOMYCE y escribe asiduamente en la revista Tribuna de Astronomía. Tiene un amplio reconocimiento nacional e internacional en el campo de la astrofotografía, donde ha cosechado dos primeros premios, tres segundos y un tercer premio, así como varios accesits.

A Jorge García le “picó” el gusanillo de la Astronomía a los 13 ó 14 años; en la actualidad, cuenta con 25. Pertenece a la Agrupación Astronómica de Madrid desde 1989 y ha sido miembro de su Junta Directiva como Vocal de Observaciones. Es asiduo colaborador de la revista “Tribuna de Astronomía”.

Algunas de las cosillas que aprendí leyendo este libro que no tienen porque ser ni ciertas ni falsas ni todo lo contrario:

  • Johanes Kepler: “La diversidad de los fenómenos de la Naturaleza es tan grande y los tesoros que encierran los cielos tan ricos, precisamente para que la mente del hombre nunca se encuentre carente de su alimento básico”.
  • Ralph Waldo Emerson: “Si las estrellas aparecieran tan sólo una vez cada mil años … ¡Cómo las adorarían los hombres!”.
  • La Astronomía es, quizás, la única disciplina de la ciencia que admite la posibilidad de que existan aficionados.
  • Las personas a las que les gusta la Astronomía a veces se sorprenden al ver un libro con imágenes espectaculares de una galaxia, una nebulosa o un planeta y, más tarde, cuando tienen la oportunidad de mirar por el “canuto” se desilusionan. Lo que están viendo no se parece a la hermosa lámina del libro que le regalaron.
  • En la actualidad la adquisición de un telescopio, que hace no mucho era un lujo, está al alcance de todos.
  • Ya unos prismáticos son capaces de abrir nuevas y fascinantes posibilidades.
  • Las lentes pueden utilizar dos principios ópticos diferentes. El de la refracción, o propiedad que tiene el vidrio transparente y con cierta curvatura, de modificar la dirección de los rayos luminosos cuando lo atraviesan; o bien, la reflexión, el cambio de dirección de la luz es producido por el material de la superficie. Tanto lentes como espejos producirán imágenes buenas cuando sus superficies estén bien talladas y el montaje óptico sea el correcto.
  • Al principiante que nunca haya utilizado instrumento óptico alguno, el uso del telescopio puede conllevarle dificultades técnicas que frustren su avance dentro de la observación de los objetos celestes. Con los prismáticos no ocurre esto. Son intuitivos, sencillos de manejar, fáciles de transportar y, sobre todo, poseen bajos aumentos y gran campo.
  • Para el neófito, el desembolso inicial que puede suponer un telescopio astronómico no se verá compensado inmediatamente.
  • Todos los refractores astronómicos, anteojos, son del tipo que diseñara, hace ya unos cuantos siglos, el gran matemático Joahnnes Kepler. Por su peculiar construcción dan una imagen invertida de los cuerpos celestes. Ello no debiera constituir dificultad alguna. Muy pronto nos acostumbraremos a la nueva orientación de las cosas.
  • A pesar de ser más caro que el reflector de igual diámetro, el refractor es preferible para cierto tipo de observaciones, por aportar una imagen de mayor nitidez.
  • Un telescopio refractor bien cuidado, puede durar toda la vida.
  • Desde antiguo, es conocido que la estrella Mizar, astro cnetrla de la Vara del Carro, tiene a su lado otra estrellita llamada Alcor. Esta pareja representó durante mucho tiempo una prueba de agudeza visual: quien fuera capaz de verlas separadas, gozaba de perfecta vista. De hecho, era utilizada, por ejemplo, por algunas tribus precolombinas como prueba para los guerreros.
  • Lo importante en los telescopios no es lo que “aumenta”, si no la cantidad mínima de luz capaz de detectar.
  • Dado que los oculares son los responsables de la mitad de la calidad de la imagen final, bien puede afirmarse que un ocular es como “medio” telescopio. Son sistemas ópticos de varias lentes que permiten modificar el aumento.
  • La luz de la luna, sobre todo el plenilunio, no es peligrosa para el ojo del observador, pero puede llegar a ser molestísima, especialmente con telescopios de gran diámetro y muy luminosos.
  • Vamos a ver en blanco y negro y no en el color que aparecen en esas maravillosas fotografías. Éstas tienen largos tiempos de exposición y están tomadas con los grandes telescopios de observatorios profesionales o de aficionados avanzados.
  • Es a Hans Lippershey, un fabricante de gafas de la ciudad holandesa de Middelburg, a quien se atribuye la invención del telescopio. En Italia, un año después, Galileo Galilei aportó alguna mejora a los primeros instrumentos y fabricó varios modelos. Dos de sus telescopios se conservan en el museo de la Ciencia de Florencia.
  • Johannes Kepler fue el primer científico que estudió las bases ópticas del funcionamiento del telescopio.
  • A finales de 1990, se lanzó al espacio el telescopio Hubble con un espejo de 2,4 metros, fue desarrollado por la Agencia Espacial Europea (ESA) y la estadounidense (NASA). Situado a 600 km de altura, da una vuelta a la Tierra cada hora y media.
  • Uno de los mayores inconvenientes al observar, es la presencia de luces artificiales próximas.
  • Con la noche cerrada, tenemos que aclimatar los ojos a la oscuridad. La capacidad de visión va mejorando lenta y progresivamente, de modo que tras unos 20 minutos, los ojos han adquirido una gran sensibilidad. Para conservarla, hay que evitar la exposición a luces intensas; la luz rojiza de nuestra linterna debiera bastarnos para “ver” todo lo más cercano a nosotros.
  • Tenemos que acordarnos de no mirar con fijeza y durante un largo tiempo a través del telescopio para no producir fatiga y pérdida de sensibilidad visual.
  • Las constelaciones no tienen un significado físico; solamente son unas áreas con distintas extensiones en las que se ha dividido el cielo para poder estudiarlo mejor.
  • Una sencilla forma de aprender las constelaciones consiste en comenzar con dos o tres distinguibles fácilmente y usarlas como referencia para llegar a otras.
  • El criterio de circumpolaridad tiene un importante significado ya que nos indica qué parte del cielo siempre veremos sobre el horizonte, cuáles son las estrellas que no tienen nunca ni orto ni ocaso.
  • El movimiento anual de la Tierra alrededor del Sol hace que las constelaciones visibles varíen con los meses.
  • Los planetas se desplazan respecto al fondo de estrellas fijas. No es que las estrellas estén inmóviles, lo que sucede es que su lejanía reduce hasta tal punto su movimiento aparente que somos incapaces de detectarlo a simple vista. Por eso, los antiguos las llamaron estrellas “fijas” para distinguirlas de aquellas que se movían, conocidas como estrellas “errantes” (los planestas).
  • Venus es el planeta de más fácil identificación. Después del Sol y la Luna, es el astro más brillantes de todo el cielo. Siempre sobre el horizonte oeste, tras la puesta del Sol; o bien sobre el este, antes de que el Sol salga (de ahí que se le conozca como “lucero” del alba o del atardecer).
  • En el siglo II a.C., Hiparco clasificó el brillo de las estrellas en 6 categorías o magnitudes: las más luminosas son de 1ª magnitud, las siguientes de 2ª, y así sucesivamente hasta la 6ª, que eran las más débiles que a simple vista se podían ver en total oscuridad. Aunque el sistema de magnitudes continúa utilizándose actualmente, desde los tiempos de Hiparco ha sufrido indudables mejoras. Cuando en el siglo XIX se comenzó a medir los brillos con instrumentos muchísimos más precisos que el ojo humano, cada magnitud se dividió en décimas, centésimas e incluso milésimas.
  • A mediados del siglo XIX, el astrónomo inglés N. Pogson, fue el primero que sentó las bases matemáticas de las magnitudes estelares. Apreció que una estrella de la 6ª magnitud era 100 veces menos brillante que una de 1ª. Para mantener esta relación, se estableció que el paso de una magnitud a otra implica un cambio de 2,51 veces.
  • El ojo humano está más capacitado para captar mejor el color amarillo que el azul. Esto supone que una estrella amarillenta nos parecerá más brillante que una azulada de brillo similar. Sin embargo, la emulsión fotográfica es más sensible al azul.
  • La historia de la Astronomía abunda en valiosas contribuciones realizadas por aficionados. A diferencia de lo que ocurre en la mayoría de las otras ciencias, el aficionado puede desempeñar un papel importante en Astronomía, particularmente en aquellos campos en los que son necesarias una periódica serie de observaciones y que, por falta de tiempo, no pueden ser cubiertas por los profesionales (dobles, variables, cometas, meteoros, novas, etc.).
  • Las asociaciones astronómicas y algunos observatorios pueden facilitar la información acerca de diversas campañas de observación. Es muy importante formar parte de alguna de las asociaciones que se dedican al estudio y divulgación de la Astronomía.
  • las únicas partes del Sol que pueden verse con el telescopio son las más exteriores; es decir, la fotosfera, cromosfera y en determinadas ocasiones, la corona. Todas estas capas pertenecen a la “atmósfera solar”. En la fotosfera, el rasgo más característico y que mejor puede observarse, son las manchas solares. La vida de una mancha solar es por lo general corta, pero los grandes grupos puede persistir durante 10 días o más.
  • Es peligrosísimo mirar al sol directamente a través del telescopio. Esta osadía puede pagarse con la ceguera.
  • Existen varias maneras seguras de realizar observaciones al Sol: 1) Proyectar su imagen sobre una cartulina blanca. 2) Filtros para el ocular.
  • Algunas de las más atractivas y gratificantes vistas que podemos observar con cualquier telescopio son los paisajes lunares.
  • La luna emplea 27,3 días en recorrer su órbita con respecto a las estrellas (mes sideral), que es el mismo tiempo que tarda en completar un giro completo sobre su propio eje. A consecuencia de esto, siempre nos muestra la misma cara, permaneciendo oculto un 50% (más o menos) de su superficie.
  • Contrariamente a lo que pueda parecer, el mejor momento para mirar la Luna, no es cuando está llena, ni tampoco durante los 3 ó 4 noches anteriores y posteriores al plenilunio.
  • Uno de los momentos más preciosos para mirar la luna se produce 3 ó 4 días después del novilunio, cuando la estrella y luminosa hoz creciente se ve arropada por un débil resplandor grisáceo que completa el círculo de la luna (la luz cenicienta)
  • Los periodos más atrayentes para observar la luna son las noches que preceden a los cuartos creciente, después del atardecer, y menguante, antes del amanecer.
  • Los planetas del Sistema Solar son los cuerpos más difíciles de fotografiar con éxito. Sus pequeños tamaños aparentes hacen necesario el uso de amplificaciones muy grandes.

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raul

Una respuesta to “Estrellas y Telescopios de Pedro Arranz García y Jorge García Martín – Apuntes Breves”

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