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Vencer la depresión de Francisco Alonso-Fernández – Apuntes Breves

Posted by Raul Barral Tamayo en Martes, 4 de marzo, 2014


© Francisco Alonso Fernández, 1994.
Editorial: Temas de hoy.

He aquí un libro necesario que ofrece todos los conocimientos para afrontar mejor las consecuencias de una dolencia psíquica frecuente en nuestros días: la depresión. Un estado en el que todos podemos caer, si no logramos superar los retos de nuestra vida cotidiana.

¿Qué define a un enfermo depresivo? ¿A qué se deben su falta de energías, sus dificultades para comunicarse y sus ritmos descontrolados? ¿Qué papel desempeña la herencia genética en la depresión? ¿Cómo es la convivencia de estas personas con las de su entorno?

El reconocido y prestigioso psiquiatra Francisco Alonso-Fernández responde a estas cuestiones y, además, nos da las pautas imprescindibles para reconocer a tiempo a un afectado por esta enfermedad (desde una adolescente anoréxica a un alcohólico o un ama de casa), nos indica las medidas preventivas de uso general e individual, nos informa sobre su incidencia en niños, jóvenes y ancianos, y nos orienta sobre los tratamientos psicoterapéuticos y farmacológicos existentes.

Una obra de consulta fundamental que le permitirá, con la ayuda del médico, la familia y los amigos, vencer la depresión.

Francisco Alonso-Fernández nació en Oviedo y es catedrático emérito de Psiquiatría y Psicología Médica por la Universidad Complutense de Madrid, académico numerario de la Real Academia Nacional de Medicina (1978) y director del Instituto de Psiquiatras de Lengua Española (1992). Es vicepresidente de la Asociación Europea de Psiquiatría Social, presidente de la Asociación Española de Psiquiatría Social, y director de la revista Psicopatología, entre otros muchos cargos científicos. Autor de la prueba psicométrica española para el diagnóstico de la depresión y de más de cuatrocientas publicaciones.

Algunas de las cosillas que aprendí leyendo este libro que no tienen porque ser ni ciertas ni falsas ni todo lo contrario:

  • Los infortunados que la estén padeciendo o que la han padecido son la cuarta o quinta parte de la población.
  • “La era de la depresión” es una de las fórmulas que podría servir para caracterizar la segunda mitad del siglo XX.
  • La solución o salida a esta enfermedad viene dada por un moderno sistema terapeútico que permite recuperaciones bastante rápidas en la mayor parte de los casos.
  • La tristeza es simplemente la experiencia humana normal ante las adversidades y las penas de la vida.
  • La palabra depresión significa hundimiento o abatimiento. Lo que se hunde en la enfermedad depresiva es la vitalidad del ser. Asimismo, se produce una inhibición de todas las funciones vitales, tanto las somáticas como las psíquicas.
  • El síndrome depresivo vital se define como un conjunto de síntomas tetradimensional: el humor depresivo, la anergía o falta de energías, la falta de sintonización o de comunicación con el exterior y el descontrol de los timos o ritmopatía.
  • Este enfermo se encuentra incapacitado para experimentar cualquier tipo de placer, satisfacción o alegría, rasgo conocido como anhedonía.
  • El enfermo depresivo tiene tendencia a la hipocondría, ya que convierte el cuerpo en el centro de su atención y sus preocupaciones.
  • Se pierden o están ausentes el ansia del poder, la apetencia sexual y las ambiciones personales.
  • Modos de vivir la energía. Grado ligero: apatía, aburrimiento o desinterés. Grado intermedio: anestesia psíquica o insesibilidad. Grado intenso: paralización psíquica o nihilismo.
  • La voluntad depresiva está marcada por la dificultad de esforzarse y de tomar decisiones.
  • La concentración de la atención es la función psíquica más energética de todas en un estado anímico normal y la que más precozmente se resiente en la depresión. Muchos expresan con insistencia haber perdido la memoria para los datos recientes.
  • El descenso de la capacidad de sintonización vital con los demás y con el entorno próximo, implicado con frecuencia en la depresión, conduce al enfermo a sentirse invadido por vivencias de extrañeza, soledad y aislamiento, en una atmósfera de desconfianza y crispación.
  • Las depresiones paranoides se caracterizan por la presencia de un delirio relacional, que distorsiona las relaciones con los demás, mediante convicciones de que se habla de ellos (autorreferencia), o de de que se les trata de perjudicar o perseguir.
  • Los enfermos depresivos ritmopáticos se refugian en el pasado, a la vez que se alejan relativamente de la realidad presente.
  • Es raro que la sintomatología depresiva se mantenga estable a lo largo del día.
  • La ayuda verbal exterior a este tipo de enfermo capaz de aliviar su estado de ánimo no debe enfocarse casi nunca con una exigencia de superación.
  • El depresivo abandona mucho antes las diversiones y los hobbies que la actividad laboral, ya que ésta se encuentra enmarcada en un horario y unas pautas preestablecidas, lo que le ahorra el esfuerzo de tomar decisiones, y además posee una índole obligatoria desprovista en sí de placer.
  • La falta de energía psíquica facilita el auge del impulso de repetición y la proliferación de fenómenos obsesivos.
  • Falla lo que se denomina meta-comunicación, la comunicación sobre la comunicación, esto es, el significado del mensaje. El resultado es la abundancia de distorsiones en los mensajes recibidos por ambas partes.
  • El depresivo rechaza total o parcialmente leer los periódicos, oír la radio y ver la televisión.
  • La mayor parte de las anorexias se debe a un estado depresivo previo o simultáneo.
  • La actitud de hostilidad y los comentarios críticos de los familiares operan como factores terapéuticos muy negativos, incluso con significación estadística.
  • La actitud crítica de la pareja ejerce un efecto directo y profundo sobre el enfermo, empeorando notablemente el pronóstico de su estado.
  • El conocimiento científico de la depresión se remonta al médico griego Hipócrates, quien en los siglos V y IV a.C. exponía el cuadro de la melancolía-enfermedad en la línea de lo que hoy entendemos por depresión.
  • El ejercicio físico hace que nuestro cerebro cargue sus baterías.
  • Lo que realmente se transmite en la depresión endógena genéticamente es una especial vulnerabilidad biológica para caer en ella. No se trata de una herencia fatal, sino de una predisposición hereditaria.
  • Lo que casi siempre existe es una extremada inseguridad en sí mismo y una marcada tendencia a una escasa autoestima.
  • El ambiente familiar más propicio para el origen de la personalidad neurótica es el dominado por la sobreprotección, la privación afectiva o el autoritarismo.
  • Dos mecanismos defensivos del Yo que, desplegados excesivamente, fomentan el origen y el desarrollo de la personalidad neurótica: la represión de material conflictivo en el inconsciente, fuerza patógena fundamental en las neurosis, y las inhibiciones o retraimientos, que se apoderan de la persona neurótica hasta tal grado que algunas veces se la describe como una personalidad inhibida.
  • Sin un justo nivel de autoestima, el individuo es una víctima propicia para sucumbir ante cualquier acontecimiento o situación de la vida indeseables.
  • Entre el 6 y el 8 por ciento de la población general mayor de quince años está afectada por la depresión.
  • A medida que se eleva la sobrecarga de estreses en la urbe y se acentúa la carencia de servicios sociales y es aislamiento en el campo, la depresión encuentra mayores facilidades para producirse.
  • La vida rural no amortigua el riesgo de una depresión para todos los individuos que viven en este medio, sino sólo para los adultos por debajo de los cuarenta y cinco años, dispensando mayor protección a las mujeres que a los hombres.
  • Los familiares y los amigos forman el recurso preventivo natural más importante, sea como promotores de la salud o como colaboradores sanitarios.
  • Una corriente de opinión extendida entre los autores norteamericanos, expuesta con detalle por Sime y Samstead (1987), muestra el ejercicio físico como una de las pautas preventivas más eficaces frente a la depresión.
  • Los efectos antidepresivos de la actividad física son múltiples: la estimulación del sentimiento de maestría y dominio sobre sí mismo y sobre las situaciones; la elevación del nivel de autoestima; el refuerzo positivo de la imagen corporal; el incremento de las tasas cerebrales de noradrenalina y endomorfinas, y la promoción de la oxigenación del organismo en su totalidad, así como la facilitación de la circulación del sistema nervioso central.
  • Los enfermos de depresión son particularmente proclives al suicidio en estos dos momentos: el estadio inicial de la enfermedad y el comienzo del tratamiento.
  • Las relaciones sociales, la actividad física y el contacto con el aire libre y la luz natural son condiciones imprescindibles para que el fármaco antidepresivo pueda desarrollar en toda su extensión su acción curativa propia.
  • La psicoterapia es imprescindible desde el principio al fin en el tratamiento de todos los enfermos depresivos.
  • Una de las cosas que más agobian a los depresivos es que se les exija demasiado.
  • Las normas que deben aplicarse de modo inexorable a la mayoría de los enfermos en este trance puede resumirse en los seis principios siguientes:
    • La permanencia en su lugar habitual de residencia en compañía de las personas acostumbradas.
    • La continuidad en el mismo trabajo con el horario de vida habitual. Conservar al máximo posible sus hábitos horarios.
    • La contraindicación para unas vacaciones en tanto en cuanto continúen presentes rastros de la sintomatología depresiva.
    • El aplazamiento de la adopción de cualquier medida o decisión importante por parte suya o de tus familiares o socios hasta que se haya recuperado el episodio depresivo.
    • El acompañamiento asiduo del enfermo por familiares y amigos.
    • La realización de un plan de vida activo con un amplio contacto con el aire libre y la luz natural.
  • Otro aspecto socioterapéutico que debe afrontarse de forma sistemática se refiere a mantener un nivel de actividades suficiente. El desarrollo más satisfactorio de este punto se puede obtener mediante la confección de un programa de ocupaciones cotidianas.
  • La privación del sueño como pauta terapéutica para la depresión se pone en práctica ante la idea de que en tanto el sueño puede ejercer una acción depresógena entre los depresivos, a diferencia de lo que ocurre entre los sujetos normales, la falta de sueño es capaz de ejercer una acción antidepresiva. La privación más eficaz es la que suprime el sueño de la segunda mitad de la noche.

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