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El proceso de convertirse en persona de Carl R. Rogers – Apuntes Breves

Posted by Raul Barral Tamayo en Martes, 22 de abril, 2014


Título original: On becoming a person.
© 1961 by Carl R. Rogers.
© de la traducción, Lliana R. Wainberg
Editorial: Paidós.

Éste no es un libro de consejos, ni se asemeja de manera alguna a un tratado del tipo “hágalo usted mismo”, pero he podido observar en reiteradas oportunidades que estos trabajos han resultado sugerentes y enriquecedores para los lectores.

De alguna manera, y aunque en pequeña medida, les han brindado mayor seguridad para decidir y realizar sus elecciones individuales, en su esfuerzo por lograr lo que se habían propuesto ser.

Por esta razón quisiera que estos trabajos resultaran accesibles a cualquier persona que los leyera (por ejemplo “al profano inteligente”). Esto me interesa especialmente porque todos mis libros anteriores estaban dirigidos a los profesionales de la psicología, y se hallaban fuera del alcance de las personas ajenas a ese grupo.

Tengo la sincera esperanza de que muchos lectores sin intereses particulares en el campo de la psicoterapia o el asesoramiento lleguen a descubrir que las enseñanzas que surgen de este campo pueden resultarles útiles en su propia vida.

Estoy seguro, además, de que muchas personas que nunca han buscado apoyo en el asesoramiento experimentarán mayor coraje y confianza en sí mismas al leer los resúmenes de entrevistas terapéuticas que hallarán en estas páginas y espero también que al vivir, en su imaginación y con sus sentimientos, las luchas que otros deben librar para crecer y madurar, puedan comprender mejor sus propias dificultades.

Carl R. Rogers, psicólogo y fundador de un centro independiente de psicopedagogía en Rochester (Nueva York), abandonó en 1963 sus actividades universitarias para consagrarse a la investigación en el Western Behavioral Science Institute de La Jolla (California).

Algunas de las cosillas que aprendí leyendo este libro que no tienen porque ser ni ciertas ni falsas ni todo lo contrario:

  • Esto no es un libro de consejos, ni se asemeja de manera alguna a un tratado del tipo “hágalo usted mismo”, pero he podido observar en reiteradas oportunidades que estos trabajos han resultado sugerentes y enriquecedores para los lectores.
  • Sé que me dirijo solamente a un grupo pequeño de psiquiatras. Para muchos, quizá para la mayoría, la verdad sobre la psicoterapia ya ha sido enunciada hace mucho tiempo por Freud, y, por lo tanto, no se preocupan por hallar nuevas posibilidades o se oponen a la investigación en este campo.
  • Aguardo con esperanza el día en que invertiremos al menos el valor de una o dos de las grandes naves espaciales en la búsqueda de una comprensión más adecuada de las relaciones humanas. Pero también tengo dolorosamente presente el hecho de que los conocimientos que ya poseemos son poco reconocidos y utilizados.
  • Ya poseemos conocimientos que, si fueran empleados de manera adecuada, ayudarían a aliviar las tensiones raciales, económicas e internacionales hoy existentes.
  • Es cliente quien sabe qué es lo que le afecta, hacia dónde dirigirse, cuáles son sus problemas fundamentales y cuáles sus experiencias olvidadas. Comprendí que, a menos que yo necesitara demostrar mi propia inteligencia y mis conocimientos, lo mejor sería confiar en la dirección que el cliente mismo imprime al proceso.
  • Tengo la convicción cada vez más firme de que, en el futuro, descubriremos leyes de la personalidad y de la conducta que llegarán a ser tan significativas para el progreso o la comprensión humanas como lo son hoy las leyes de la gravedad o de la termodinámica.
  • En mi relación con las personas he aprendido que, en definitiva, no me resulta beneficioso comportarme como si yo fuera distinto de lo que soy.
  • Soy más eficaz cuando puedo escucharme con tolerancia y ser yo mismo.
  • No podemos cambiar, no podemos dejar de ser lo que somos, en tanto no nos aceptemos tal como somos. Una vez que nos aceptamos, el cambio parece llegar casi sin que se lo advierta.
  • Otro resultado que parece surgir del hecho de aceptarse tal como uno es consiste en que sólo entonces las relaciones se tornan reales.
  • He descubierto el enorme valor de permitirme comprender a otra persona. Muy pocas veces nos permitimos comprender exactamente lo que su afirmación significa para él. Si me permito comprender realmente a otra persona, tal comprensión podría modificarme, y todos experimentamos temor ante el cambio.
  • He descubierto que abrir canales por medio de los cuales los demás puedan comunicar sus sentimientos, su mundo perceptual privado, me enriquece.
  • Me ha gratificado en gran medida el hecho de poder aceptar a otra persona.
  • Aceptar realmente a otra persona, con sus propios sentimientos, no es de modo alguno tarea fácil, tal como tampoco lo es comprenderla.
  • Cuando puedo aceptar a un individuo, lo cual significa aceptar los sentimientos, actitudes y creencias que manifiesta como una parte real y vital de sí mismo, lo estoy ayudando a convertirse en una persona, y a mi juicio esto es muy valioso.
  • Cuanto más me abro hacia las realidades mías y de la otra persona, menos deseo “arreglar las cosas”. Va desapareciendo en mí cualquier tendencia a corregir las cosas, fijar objetivos, moldear a la  gente o manejarla y encauzarla en la dirección que de otro modo querría imponerles. Experimento mayor satisfacción al ser yo mismo y permitir que el otro sea él mismo.
  • Resulta paradójico el hecho de que cuanto más deseoso está cada uno de nosotros de ser él mismo, tantos más cambios se operan, no sólo en él, sino también en las personas que con él se relacionan.
  • Puedo confiar en mi experiencia. Cuando sentimos que una determinada actividad es valiosa, efectivamente vale la pena.
  • Mi experiencia es mi máxima autoridad. Nadie tiene tanta autoridad como ella, ni siquiera las ideas ajenas ni mis propias ideas. Ella es la fuente a la que retorno una y otra vez, para descubrir la verdad tal como surge en mí.
  • Mi experiencia es más confiable cuanto más primaria se torna.
  • La experiencia me ha enseñado que las personas se orientan en una d irección básicamente positiva.
  • He aprendido lenta y gradualmente que la ayuda que puedo prestar a una persona conflictuada no revista la forma de un proceso intelectual ni de un entrenamiento. Ningún enfoque basado en el conocimiento, el entrenamiento o la aceptación incondicional de algo que se enseña tiene utilidad alguna. El cambio sólo puede surgir de la experiencia adquirida en una relación.
  • Cuanto más auténtico puedo ser en la relación, tanto más útil resultará esta última. Sólo mostrándome tal cual soy, puedo lograr que la otra persona busque exitosamente su propia autenticidad. Lo más importante es ser auténtico.
  • Cuanto mayor sea la aceptación y el agrado que experimento hacia un individuo, más útil le resultará la relación que estoy creando.
  • La aceptación no significa nada si no implica comprensión.
  • No siempre puedo lograr este tipo de relación.
  • Mi experiencia me ha obligado a admitir gradualmente que el individuo posee en sí la capacidad y la tendencia de avanzar en la dirección de su propia madurez.
  • Según mi hipótesis, en una relación como la que he descripto, el individuo reorganizará su personalidad, tanto en el nivel consciente como en los estratos más profundos; de esa manera, se hallará en condiciones de encarar la vida de modo más constructivo, más inteligente y más sociable a la vez que más satisfactorio.
  • Intentaré resumir las condiciones implícitas en esa hipótesis general:
    • Si puedo crear una relación que, de mi parte, se caracterice por:
      • una autenticidad y transparencia y en la cual pueda yo vivir mis verdaderos sentimientos;
      • una cálidad aceptación y valoración de la otra persona como individuo diferente, y
      • una sensible capacidad de ver a mi cliente y su mundo tal como él lo ve:
    • Entonces, el individuo
      • experimentará y comprenderá aspectos de sí mismo anteriormente reprimidos;
      • logrará cada vez mayor integración personal y será más capaz de funcionar con eficacia;
      • se parecerá cada vez más a la persona que querría ser;
      • se volverá más personal, más original y expresivo;
      • será más emprendedor y se tendrá más confianza;
      • se tornará más comprensivo y podrá aceptar mejor a los demás, y
      • podrá enfrentar los problemas de la vida de una manera más fácil y adecuada.
  • La psicoterapia no proporciona las motivaciones de este desarrollo o crecimiento. Por el contrario, ellas parecen inherentes al organismo, de la misma manera en que el animal humano manifiesta la tendencia a desarrollarse y madurar físicamente, siempre que se den condiciones satisfactorias mínimas.
  • Hemos logrado identificar los principales agentes del cambio que facilitan la modificación de la personalidad o de la conducta en el sentido del desarrollo personal.
  • El cliente cambia y reorganiza su concepto de sí mismo, deja de percibirse como un individuo inaceptable, indigno de respeto y obligado a vivir según normas ajenas, se aproxima a una concepción de sí mismo como persona valiosa, de dirección interna, capaz de crear sus normas y valores sobre la base de su propia experiencia y desarrolla actitudes mucho más positivas hacia sí mismo.
  • No es un proceso que se produzca rápidamente. Puede tardar años. Por razones que ignoramos, también puede no ocurrir.
  • Debemos esforzarnos por describir, estudiar y comprender el proceso básico de la psicoterapia y no procurar forzarlo para que se adecue a nuestras necesidades clínicas, a nuestros dogmas preconcebidos, ni a las pruebas surgidas en otros campos.
  • Una de las direcciones fundamentales que adopta el proceso terapeútico es la libre experimentación de las reacciones viscerales y sensoriales del organismo, sin que el sujeto haga esfuerzos por relacionarlas con el sí mismo. El punto final de este proceso reside en que el cliente descubre que puede ser su experiencia, con toda su variedad y contradicciones superficiales y que puede sistematizarse a partir de ella, en lugar de intentar imponerle un sí mismo concebido según patrones externos y de negar el acceso a la conciencia de aquellos elementos que no se ajusten a tal modelo.
  • “Puedo permitir que otro se preocupe de mí y puedo aceptar plenamente esa solicitud en mí mismo. Esto me permite reconocer que también a mí me importan profundamente los demás”.
  • El cliente no sólo se acepta a sí mismo sino que realmente llega a gustar de sí mismo. No se trata de un sentimiento jactancioso o de autoafirmación; es el sereno placer de ser uno mismo.
  • La persona puede experimentar con plenitud todas sus reacciones, incluidos sus sentimientos y emociones. A media que eso ocurre, el individuo adquiere un gusto positivo, una apreciación genuina de sí mismo como una unidad total y funcionante; éste es uno de los objetivos fundamentales de la psicoterapia.
  • La esencia más íntima de la naturaleza humana, los estratos más profundos de su personalidad, la base de su “naturaleza animal” son positivos, es decir, básicamente socializados, orientados hacia el progreso, racionales y realistas.
  • La religión, en particular la protestante, ha incorporado a nuestra cultura el concepto de que el hombre es básicamente un pecador, y su naturaleza pecaminosa sólo puede ser negada por algo parecido a un milagro.
  • En psicología, Freud y sus continuadores presentaron argumentos convincentes de que el ello, la naturaleza humana básica e inconsciente, está compuesto primariamente por instintos que, en caso de manifestarse libremente, acarrearían el incesto, el asesinato y otros crímenes.
  • En general el punto de vista del profesional y el del lego coinciden en que la naturaleza básica del hombre debe ser mantenerse oculta o sometida a control, o bien ambas cosas.
  • En la terapia se manifiestan continuamente sentimientos hostiles y antisociales, de manera que es fácil suponer que esto revela la naturaleza más profunda, y por consiguiente básica, del hombre. Poco a poco llegué a comprender que estos sentimientos indómitos y antisociales no son los más profundos ni poderosos y que la esencia de la personalidad humana es el organismo en sí, orientado hacia la socialización y la autoconservación.
  • La psicoterapia es un proceso por medio del cual el hombre se convierte en su propio organismo, sin autodecepción ni distorsión alguna. El individuo llega a ser lo que es. Es un organismo humano total y que funciona plenamente.
  • En la terapia el individuo se convierte realmente en un organismo humano, con toda la riqueza que esto implica. Es capaz de controlarse, y sus deseos sufren un irreversible proceso de socialización. En el ser humano no hay bestia alguna. Sólo hay un hombre, al que hemos logrado poner en libertad.
  • El descubrimiento básico de la psicoterapia es, a mi juicio, que no debemos temer ser “simplemente” un homo sapiens.
  • Sören Kierkegaard señala, que por lo general, la causa de la desesperación reside en no elegir ni desear ser uno mismo y que la forma más profunda de desesperación es la del individuo que ha elegido “ser alguien diferente de sí mismo”.
  • En este intento de descubrir su auténtico sí mismo, el cliente habitualmente emplea la relación para explorar y examinar los diversos aspectos de su propia experiencia y para reconocer y enfrentar las profundas contradicciones que a menudo descubre. Descubre que una gran parte de su vida se orienta por lo que él cree que debería ser y no por lo que es en realidad. A menudo advierte que sólo existe como respuesta a exigencias ajenas, y que no parece poseer un sí mismo propio; descubre que trata de pensar, sentir y comportarse de la manera en que los demás creen que debe hacerlo.
  • El individuo descubre paulatinamente que su propio organismo merece confianza, que es un instrumento adecuado para hallar la conducta más satisfactoria en cada situación inmediata.
  • Cada individuo parece formularse dos preguntas: ¿quién soy? y ¿Cómo puedo llegar a ser yo mismo?
  • ¿Cuál es mi objetivo en la vida? ¿para qué me estoy esforzando? ¿Cuál es mi propósito? Estas son preguntas que todo individuo se plantea en un momento u otro de su vida, a veces con una actitud serena y meditativa, otras, sumido en la agonía de la incertidumbre o en la desesperación. Son preguntas antiguas, que el hombre se ha planteado y respondido en cada siglo de la historia, pero también preguntas que cada individuo debe formularse y responder por sí mismo.
  • Las tendencias que observo parecen surgir del cliente mismo, y no de mí:
    • Dejan de utilizar las máscaras.
    • Dejan de sentir los “debería”.
    • Dejan de satisfacer expectativas impuestas.
    • Dejan de esforzarse por agradar a los demás.
    • Comienzan a autoorientarse.
    • Comienzan a ser un proceso.
    • Comienzan a ser toda la complejidad de su sí mismo.
    • Comienzan a abrirse a la experiencia.
    • Comienzan a aceptar a los demás.
    • Comienzan a confiar en sí mismos.
  • Walden Two, de Skinner, constituye una descripción del paraíso hecha por un psicólogo. A menos que haya deseado escribir una sátira mordaz, Skinner debe haber pensado que su paraíso era un lugar envidiable. En todo caso, es el paraíso de la manipulación; a menos que uno forme parte de un consejo gubernamental, las posibilidades de ser realmente una persona son ínfimas.
  • Brave New World, de Huxley, es sólo una sátira, pero describe vívidamente el debilitamiento de la personalidad humana que, según el autor, se asocia con el aumento de conocimientos psicológicos y biológicos. En términos concretos, parece que el desarrollo de las ciencias sociales conduce a la dictadura social y a la pérdida de la personalidad individual.
  • Mi experiencia me dice que no puedo enseñar a otra persona cómo enseñar.
  • Pienso que cualquier cosa que pueda enseñarse a otra persona es relativamente intrascendente y ejerce poca o ninguna influencia sobre la conducta.
  • El único aprendizaje que puede influir significativamente sobre la conducta es el que el individuo descubre e incorpora por sí mismo. No puede comunicarse de manera directa a otro.
  • Una de mis mejores maneras de aprender consiste en abandonar mis propias actitudes de defensa, al menos temporariamente, y tratar de comprender lo que la experiencia de la otra persona significa para ella.
  • Otra de mis maneras de aprender consiste en plantear mis propias incertidumbres, tratar de esclarecer mis dudas y acercarme así al significado real de mi experiencia.
  • Cuanto mayor sea la coherencia entre experiencia, conciencia y comunicación por parte de un individuo, mayores serán las posibilidades de que la relación que establece con el otro presente una tendencia a una comunicación recíproca de coherencia cada vez mayor y determine una comprensión mutua más precisa de los mensajes, mejor adaptación y funcionamiento psicológico de ambas partes y más satisfacción mutua en la relación.
  • Sabemos cómo predecir, con considerable exactitud, qué individuos alcanzarán el éxito, como estudiantes universitarios, ejecutivos industriales, corredores de seguros, etcétera.
  • Sabemos cómo predecir cuáles miembros de una organización serán delincuentes o crearán problemas.
  • Podemos determinar cuáles son las personas que se dejan influir con facilidad y se adaptan a las presiones grupales y cuáles las que nunca ceden ante tales influencias.
  • En un grupo de trabajo, ya sea en el ámbito de la industria o de la educación, sabemos cómo crear condiciones que determinen un aumento de la productividad y la originalidad y un mejor estado de ánimo más satisfactorio.
  • Tenemos amplios conocimientos acerca de cómo establecer condiciones que influyan sobre las respuestas del consumidor y/o la opinión pública.
  • Sabemos cómo influir sobre la conducta adquisitiva de los individuos y lo hacemos creando condiciones que satisfacen necesidades inconscientes del consumidor, que nosotros hemos sido capaces de detectar.
  • Sabemos cómo establecer las condiciones necesarias para que muchos individuos consideren correctos determinados juicios, aun cuando se opongan a las pruebas que les suministran sus propios sentidos.
  • Sabemos cómo modificar las opiniones de un individuo en una dirección preestablecida, sin que éste advierta los estímulos que determinan el cambio.
  • Sabemos cómo influir sobre los estados de ánimo, actitudes y conductas psicológicas mediante el empleo de drogas.
  • Doctor Skinner, de Harvard: “En un futuro no muy lejano posiblemente sea posible mantener en cualquier estado las condiciones de la vida normal con respecto a las motivaciones y emociones”.
  • Sabemos cómo crear condiciones psicológicas que, durante la vigilia, produzcan alucinaciones vívidas y otras reacciones anormales en el individuo normal.
  • Sabemos cómo desintegrar la estructura de la personalidad de un individuo, eliminando la confianza que siente en sí mismo, destruyendo su concepto de sí y haciendo que dependa de otra persona.
  • A menos que renunciemos a nuestra capacidad de elección subjetiva como individuos y como grupos, siempre seremos personas libres, no simples objetos de una ciencia de la conducta que nosotros mismos hemos creado.

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