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Pensar bien, sentirse bien de Walter Riso – Apuntes Breves

Posted by Raul Barral Tamayo en Martes, 17 de junio, 2014


© 2007 Walter Riso.
Editorial: Ediciones Granica.

Si pensáramos mejor, actuaríamos y nos sentiríamos mejor, esa es la premisa. Pero ¿cómo pensar mejor y alejarnos de la irracionalidad que tanto daño nos hace? Mi experiencia como terapeuta me ha demostrado que si bien es cierto que la mente es causa de nuestro sufrimiento, como lo sostenía Buda, también es cierto que somos capaces de revertir el proceso mental negativo.

La mente humana no es exacta ni infalible a la hora de procesar la información, pero, afortunadamente, tenemos la facultad de darnos cuenta de nuestros errores y desaprender lo que aprendimos. Nada justifica el sufrimiento inútil.

Pensar bien, sentirse bien es el resultado de años de investigación sobre terapia cognitiva, es decir, la manera en que procesamos e interpretamos la información. Es una propuesta seria y fundamentada para empezar a pensarse a uno mismo de una manera más racional y saludable y desarrollar así nuestro potencial humano.

Algunas de las cosillas que aprendí leyendo este libro que no tienen porque ser ni ciertas ni falsas ni todo lo contrario:

  • Montaigne: “Aunque podamos ser eruditos por el saber de otros, sólo podemos ser sabios por nuestra propia sabiduría”.
  • Maurizio González de la Garza, columnista de un diario mexicano: “No hay peor censura que la autocensura”.
  • Cuando la censura proviene desde lo íntimo de la persona, ésta se ubica muy próxima a la invalidez y a la incapacidad absoluta. Si la censura proviene de afuera, es posibe que se la reconozca y se luche contra ella, pero si es intestina, es más difícil de reconocer, pues trae el sello de la “veracidad” inherente que le atribuimos a todo lo que pensamos sobre nosotros mismos.
  • Las creencias arraigadas son verdaderos motores que inspiran y mueven nuestra vida cotidiana. Su validez y veracidad no suele ser motivo de escrutinio o de duda.
  • Una vez las creencias se organizan en la memoria las defendemos a muerte, no importa cuál sea su contenido. Quizá ésta sea la base de la irracionalidad humana.
  • La mente humana tiene una doble potencialidad. En ella habita el bien y el mal, la locura y la cordura, la compasión y la impiedad.
  • ¿Qué hacer entonces? Conseguir que la mente se mire a sí misma, sin tapujos ni autoengaños, para que descubra lo absurdo, lo inútil y/o lo peligroso de su manera de funcionar.
  • Para cambiar, la mente debe hacer tres cosas: dejar de mentirse a sí misma (realismo); aprender a perder (humildad); aprender a discriminar cuándo se justifica actúar y cuándo no (sabiduría).
  • Somos capaces de darnos cuenta de los errores y desaprender lo que aprendimos.
  • Habrá ocasiones en las cuales pensamos mal porque nos sentimos mal y otras en las que nos sentimos mal porque pensamos mal.
  • La mente inventa la cultura, o mejor, es la cultura.
  • Amor y razón, los motores de la humanización. Odio e irracionalidad, la fuerza deshumanizante, el retroceso, la involución.
  • Cada quien debe descubrir la manera personal de adentrarse en sí mismo y, tal como decía Krishnamurtir, navegar por el laberinto de la mente hasta desenredar la madeja de sus propios pensamientos.
  • La mente humana es perezosa. Se autoperpetúa a sí misma, es llevada de su parecer y con una alta propensión al autoengaño. En cierto sentido, creamos el mundo y nos encerramos en él.
  • ¿Por qué en determinadas situaciones continuamos defendiendo actitudes negativas y autodestructivas a pesar de la evidencia en contra?
  • La mente es egocéntrica, busca sobrevivir a cualquier costo, incluso si el precio es mantenerse en la más absurda irracionalidad.
  • Anthony de Mello decía que los humanos actuamos como si viviéramos en una piscina llena de mierda hasta el cuello y nuestra preocupación se redujera a que nadie levantara olas. Nos resignamos a vivir así, limitados, atrapados, infelices y relativamente satisfechos, porque al menos mantenemos los excrementos en un nivel aceptable. Conformismo puro.
  • La mayoría de las personas mostramos una alta resistencia al cambio. Preferimos lo conocido a los desconocido.
  • Le hacemos demasiado caso a las creencias que nos han inculcado de pequeños.
  • Nos convencemos de los que somos, asumimos el papel que el medio nos asigna como si fuéramos ratones de laboratorio.
  • Hay que crear la capacidad de pensarse y repensarse a la luz de nuevas ideas.
  • Una vez las creencias se organizan en la memoria, las defendemos a muerte, no importa cuál sea su contenido. Quizás ésta sea la base de la irracionalidad humana.
  • Conozco muchas personas desbordantes de conocimiento científico pero sin sentido común.
  • Cuando la información que llega al organismo no coincide con las creencias que tenemos almacenadas en la memoria, resolvemos el conflicto a favor de las creencias o esquemas ya instalados, es decir, nos hacemos trampa.
  • Lo que coincide con nuestras expectativas lo dejamos pasar y lo recibimos con beneplácito, lo que es incongruente con nuestras creencias o estereotipos lo ignoramos, lo consideramos “sospechoso” o simplemente lo alteramos para que concuerde con nuestras ideas preconcebidas.
  • Es menos gasto para el sistema conservar los esquemas que tenemos almacenados que cambiarlos.
  • A diferencia de lo que nos sugiere el sentido común, la memoria no permanece inalterable a través de los años. Embellecemos o dramatizamos nuestro pasado y luego tomamos decisiones en base a esos datos alterados.
  • Recordamos más fácil y mejor aquello que concuerda con nuestros esquemas o creencias almacenadas.
  • Es bueno tomar con pinzas aquellos momentos que confirman tu malestar, tu alteración y tu dolor. No todo lo que brilla es oro, ni nada es tan horrible o tan espectacular como el pasado nos sugiere.
  • Gran parte del tiempo generamos deducciones equivocadas.
  • La mejor estrategia para combatir el sesgo perceptivo es la verificación consciente, que consiste en revisar las premisas de las cuales partes y examinar el proceso por el cual llegas a ciertos resultados.
  • La profecía autorrealizada es la mayor expresión del autoengaño.
  • Los esquemas siempre intentan autoperpetuarse, sean bueno o malos.
  • Es como si viviéramos con un enorme y furioso perro al cual le tuviéramos miedo y aun así lo alimentáramos para que cada día estuviera más fuerte y grande.
  • La conducta de evitación fortalece los esquemas negativos porque impide su confrontación con la realidad. Es una forma indirecta de autoperpetuación, ya que se pierde la oportunidad de “desaprender lo malo”.
  • La evitación originada en el miedo patrocina la patología, ya que vuelve intocable los esquemas negativos.
  • La mejor actitud para vencer la evitación crónica es “aceptar lo peor que pueda ocurrir” y alejarte un poco del principio del placer. Aceptar que el cambio te va a doler, que será incómodo. Tocar fondo a veces es útil para muchas personas, ya que el pensamiento que surge en tales condiciones es liberador.
  • El problema no es el pensamiento en sí, sino cómo lo usamos.
  • ¿Cuánto tiempo malgastaen conservar una “buena imagen” para que los demás te admiren? ¿Cuánta energía inviertes diariamente en tratar de ser el o la “mejor” para ubicarte por encima de la gente que te rodea? ¿Te comparas mucho? ¿Cuánto tiempo te quita la envidia, la ambición, la codicia?
  • El optimismo ilusorio puede ser tan nefasto como el pesimismo crónico.
  • La crueldad casi siempre va de la mano de la inflexibilidad.
  • La palabra “nunca” puede ser peligrosa porque nos impide ver las excepciones.
  • Cuando los dilemas se confrontan de verdad, los extremos se sueltan y los paradigmas comienzan a temblar.
  • Si tu “yo” es totalitario, tu pensamiento será dictatorial.
  • Aléjate de vez en cuando de los temas que te preocupan, cambia de dial y deja que la mente se reorganice y adquiera una nueva perspectiva.
  • La mente desprevenida es la que prefieren las musas.
  • Razón y emoción: dos caras de la misma moneda.
  • Los racionales/detallistas llevados al extremo configuran un cuadro clínico conocido como TOC y los emocionales/holísticos pueden desarrollar una alteración psicológica reconocida como trastorno de la personalidad histriónica.
  • Mi experiencia es que las razones lógicas pesan más que las emocionales y nos llevan a cometer menos errores, pero si se combinan con las del afecto puedes matizar tu decisión y hacerla más humana y acorde a tus necesidades.
  • No somos buenos procesadores de la información porque nuestra facultades mentales son limitadas.
  • Si Krishnamurti tenía razón, en cada uno de nosotros descansa la historia de toda la humanidad y, por lo tanto, el autoconocimiento es el camino principal.
  • Nuestra cultura gira alrededor de las tres “p”: poder, prestigio y posición.
  • Nunca entendí a los que se sienten “orgullosos” de su patrimonio económico y menos aún a los que felicitan a los otros por lo que tienen.
  • Lo que define el desapego no es tanto el ascetismo como la disposición activa a renunciar a “cualquier cosa” si hiciera falta.
  • No significa ser ignorante sino estar dispuesto a descartar cualquier idea o creencia si debiera hacerse.
  • Quien entiende un fenómeno perfectamente es capaz de explicarlo y hacerlo asequible al público sin tener que recurrir a tanta cháchara.
  • La experiencia demuestra que cuanto más se acerca la gente a la sabiduría, más se aleja de la erudición, o la necesita menos.
  • El conocimiento te instruye, la sabiduría te transforma.
  • La moral ordena, la ética conseja.
  • No se trata de anular nuestras apetencias y anhelos, sino de vivirlos conscientemente, sin culpa ni autocastigo.
  • Montaigne, Ensayos: “Todo hombre lleva en sí mismo la forma entera de la condición humana”.
  • No se nos enseña a perder. El mundo es de los ganadores, de los que nunca se dan por vencidos, de los poderosos. Es una educación antisavbiduría que alimenta la idea absurda de que sólo el éxito conduce a la felicidad.
  • Reconocer la derrot ay saber aceptarla es señal de inteligencia. Resignarse cuando algo escapa de nuestro control es sabiduría.
  • El sabio no espera nada, pero no porque ya lo tenga todo, sino porque no teme perder nada.
  • La felicidad, tal como la entendemos en la cultura industrial occidental, es el deseo de sostener el placer indefinidamente. Es la quimera de la alegría eterna. Semejante creencia a lo único que puede conducir es a ser esclavos de una felicidad inalcanzable, a una carga más que a un alivio.
  • Una idea más razonable y práctica de la felicidad supone ubicarla en el aquí y en el ahora. Estar feliz mientras hago lo que quiero. Desear lo que tengo o lo que hago, mientras lo tengo y lo hago, disfrutar de lo que no me falta.
  • Apego no es otra cosa que la incapacidad de retirarse a tiempo.
  • Aprender a perder significa que cuando lo bueno se acabó, se acabó.
  • No hay certezas existenciales, no las puede haber sin autoengaño. Por eso hay que habitar la incertidumbre y eliminar la ilusión de control que pregona la cultura.
  • No odiar no es dejar de combatir, sino enfrentar la situación de manera serena.
  • Perdonar es no odiar, es extinguir el rencor y los deseos de venganza. Es negarse a que el resentimiento siga echando raíces.
  • El odio cansa, enferma e incluso puede enloquecer a quien lo padece.
  • Aprende a ver cómo tu mente juega al autoengaño.
  • Siempre me ha llamado la atención cómo algunos pacientes prefieren seguir en el dolor de la enfermedad a tener que soportar el dolor del cambio.
  • La evitación te vuelve intolerante a la adrenalina. Tus umbrales bajan y magníficas el temor apenas éste se insinúa. Al escapar impides que el organismo se habitúe a la emoción del miedo. La próxima vez que el miedo asome, no lo evites de inmediato. El afrontamiento es una oportunidad para desactivar y modificar tus esquemas negativos.
  • Si evitas, puede que a corto plazo sientas alivio, pero a mediano o largo plazo sólo robustecerás los esquemas responsables del sufrimiento.
  • Cuando tu comportamiento sea inadecuado o sientas malestar emocional, intenta identificar el pensamiento responsable.
  • Tu mente nunca está silenciosa. Lo que propongo no es acallar la mente, sino encauzarla.
  • No se trata de que pierdas confianza en ti mismo y empieces a preguntarte por todo, sino que cuando un pensamiento te haga sentir mal, lo repases, lo investigues y lo examines en profundidad.
  • Si haces del debate basado en la evidencia una costumbre, un número considerable de malos pensamientos dejarán de molestarte.

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