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La industria del Holocausto de Norman G. Finkelstein – Apuntes Breves

Posted by Raul Barral Tamayo en Martes, 15 de julio, 2014


Título original: The Holocaust Industry. Reflections on the Exploitation of Jewish Suffering.
© Norman G. Finkelstein, 2000.
© de la traducción, María Corniero Fernández, 2002
Editorial: Siglo Veintiuno de España Editores.

La industria del Holocausto es un libro vehemente e iconoclasta que ha provocado una gran polémica en todos los países en los que ha sido publicado, sobre todo en Alemania, Reino Unido y Estados Unidos. El autor denuncia en este libro la explotación del sufrimiento de las víctimas del Holocausto.

Norman G. Finkelstein expone la tesis de que la memoria del Holocausto no comenzó a adquirir la importancia de la que goza hoy día hasta después de la guerra árabe-israelí de 1967. Esta guerra demostró la fuerza militar de Israel y consiguió que Estados Unidos lo considerara un importante aliado en Oriente Próximo. Esta nueva situación estratégica de Israel sirvió a los líderes de la comunidad judía estadounidense para explotar el Holocausto con el fin de promover su nueva situación privilegiada, y para inmunizar a la política de Israel contra toda crítica.

Finkelstein sostiene que uno de los mayores peligros para la memoria de las víctimas del nazismo procede precisamente de aquellos que se erigen en sus guardianes. Basándose en una gran cantidad de fuentes hasta ahora no estudiadas, Finkelstein descubre la doble extorsión a la que los grupos de presión judíos han sometido a Suiza y Alemania y a los legítimos reclamantes judíos del Holocausto. Denuncia que los fondos de indemnización no han sido utilizados en su mayor parte para ayudar a los supervivientes del Holocausto, sino para mantener en funcionamiento “la industria del Holocausto”.

Norman G. Finkelstein es hijo de supervivientes de los campos de concentración de Auschwitz y Majdanek. El resto de su familia pereció en el Holocausto. En la actualidad es profesor en la Universidad DePaul en Chicago y escribe para la London Review of Books.

Algunas de las cosillas que aprendí leyendo este libro que no tienen porque ser ni ciertas ni falsas ni todo lo contrario:

  • Rabino Arnold Jacob Wolf, Director de la Fundación Académica Hillel de la Universidad de Yale: “Me da la impresión de que, en lugar de dar clases sobre el Holocausto, lo que se hace es venderlo”.
  • Los Estados Unidos son la sede central de la industria del Holocausto.
  • The New York Times hace las veces de principal vehículo publicitario de la industria del Holocausto. El volumen de información que se ofrece del Holocausto en sus páginas sólo es superado por el de las previsiones meteorológicas.
  • Mi difunta madre: “No es casualidad que sean los judíos quienes hayan inventado la palabra chutzpa”. Chutzpa: descaro, desvergüenza.
  • Tal vez tampoco sea una casualidad que los judíos hayan inventado la palabra mensch. Mensch: persona honrada, íntegra.
  • Este libro es tanto una anatomía como una denuncia de la industria del Holocausto.
  • “El Holocausto” es una representación ideológica del holocausto nazi. Como la mayoría de las ideologías, posee cierta relación con la realidad, aunque sea tenue. El Holocausto no es un constructo arbitrario, está dotado de coherencia interna. Sus dogmas fundamentales respaldan importantes intereses políticos y de clase. El Holocausto ha demostrado ha demostrado ser un arma ideológica indispensable.
  • El despliegue del Holocausto ha permitido que una de las potencias militares más temibles del mundo, con un espantoso historial en el campo de los derechos humanos, se haya convertido a sí misma en Estado “víctima”, y que el grupo étnico más poderoso de los Estados Unidos también haya adquirido el estatus de víctima. Esta engañosa victimización produce considerables dividendos; en concreto, la inmunidad a la crítica, aun cuando esté más que justiticada. Debo añadir que quienes disfrutan de dicha inmunidad no están libres de la corrupción moral que suele ir aparejada.
  • Mi interés en el holocausto nazi fue en un principio personal. Mi padre y mi madre eran supervivientes del gueot de Varsovia y de los campos de concentración nazis. Aparte de mis padres, el resto de mis parientes por líneas tanto materna como paterna fueron exterminados por los nazis.
  • Por mucho que lo intenté, nunca conseguí ni por un instante dar el salto imaginario que podría haber vinculado a mis padres, tan normales como los veía, con aquel pasado. Y, francamente, sigo sin conseguirlo.
  • No recuerdo que el holocausto nazis se inmiscuyera en absoluto en mi infancia. La razón principal fue que a nadie de fuera de mi familia parecía importarle lo que había sucedido. No era un silencio respetuoso. Era simple indiferencia.
  • A veces pienso que habría sido mejor que la comunidad judía estadounidense hubiera seguido olvidándose del holocausto nazi en lugar de “descubrirlo”.
  • ¿No es preferible sufrir en la intimidad a la burda explotación del martirio judío que se hace hoy día?
  • Mis padres revivieron día a día ese pasado hasta el momento de su muerte y, sin embargo, hacia el final de sus vidas perdieron todo interés en el espectáculo público del Holocausto.
  • Mi madre se aficionó a citar esta frase de Henry Ford: “La historia es pura palabrería”.
  • John Stuart Mill señaló que las verdades que no se someten a una revisión continua terminan por “dejar de tener el efecto de la verdad al convertirse en falsedades a través de la exageración”.
  • La actual campaña lanzada por la industria del Holocausto para obtener dinero de Europa mediante un chantaje realizado en nombre de “las víctimas del Holocausto necesitadas” ha rebajado la categoría moral del martirio de mis padres a la de un casino de Monte Carlo.
  • El estudio del holocausto nazi no sólo puede enseñarnos mucho sobre “los alemanes” o “los gentiles”, sino sobre todos nosotros.
  • Para que realmente podamos aprender del holocausto nazi, es necesario reducir su dimensión física y aumentar su dimensión moral.
  • Se han invertido demasiados recursos públicos y privados en recordar el genocidio nazi. Y, en general, estos esfuerzos han sido inútiles, pues, en lugar de ser un tributo al sufrimiento judío, lo han sido al engrandecimiento de los judíos. Ya va siendo hora de que abramos nuestros corazones al sufrimiento del resto de la humanidad.
  • A la vista de los sufrimientos de los afroamericanos, los vietnamitas y los palestinos, el credo de mi madre siempre fue: “Todos somos víctimas del holocausto”.
  • Hasta hace poco, el holocausto nazi apenas si ocupaba un lugar en la vida estadounidense. El hábito de prestar escasa atención al holocausto nazi no era exclusivo de los estadounidenses en general, ya que también lo compartían los judíos estadounidenses, incluídos los intelectuales.
  • Los verdaderos motivos del silencio público con respecto al exterminio nazi fueron la política conformista de los líderes judíos estadounidenses y el clima político de los Estados Unidos de posguerra.
  • Había otra razón que daba cuenta de que la solución final era un asunto tabú para las élites judeo-estadounidenses: que era uno de los temas favoritos de los judios izquierdistas. El afán de recordar el holocausto nazi se tildó de causa comunista.
  • Deseosas de dar lustre a sus credenciales anticomunistas, las élites judías llegaron incluso a respaldar económicamente y a alistarse en organizaciones de extrema derecha como la Conferencia Panamericana para Combatir el Comunismo, y hacían la vista gorda cuando los veteranos de las SS nacionalsocialistas entraban en los Estados Unidos.
  • Desde su fundación, en 1948, hasta la guerra de junio de 1967, israel no fue un interés prioritario en la planificación estratégica de Estados Unidos.
  • El presidente Eisenhower forzó a Israel a hacer una retirada absoluta y prácticamente incondicional del Sinaí.
  • Al igual que Podhoretz, muchos intelectuales judeo-estadounidenses destacados se “convirtieron” súbitamente tras la guerra de los Seis Días.
  • Con la salvedad de su alianza con EE.UU., Israel cayó en desgracia internacionalmente después de la guerra de octubre de 1973.
  • No fueron el aislamiento y la debilidad supuestos de Israel, ni tampoco el miedo a un “segundo Holocausto”, los que decidieron a las élites judías a poner en marcha la industria del Holocausto después de junio de 1967, sino, por el contrario, el poderío demostrado por Israel y su alianza estratégica con los Estados Unidos.
  • La política de la identidad y el Holocausto han echado raíces en la comunidad de los judíos estadounidenses no porque a éstos les corresponda el estatusde víctimas, sino porque no son víctimas.
  • A la vez que las barreras antisemitas se desplomaban después de la Segunda guerra mundial, los judíos se fueron elevando a una situación prominente en los Estados Unidos. Lejos de constituir un obstáculo para el éxito, la identidad judía sirve para coronar el éxito.
  • Charles Silberman: “Para los judíos estadounidenses es extraordinariamente difícil erradicar el sentimiento de superioridad, por mucho que traten de reprimirlo”.
  • Evocar la persecución histórica de los judíos sirve para desviar toda crítica presente.
  • Invocar el Holocausto era una estratagema para deslegitimar toda crítica a los judíos, puesto que dicha crítica sólo podía derivar de un odio patológico.
  • Tratar despóticamente a quienes están peor preparados para defenderse: tal es el auténtico significado del supuesto coraje de la comunidad judía organizada de EE.UU.
  • Boas Evron, reputado escritor judío: “La conciencia del Holocausto es en realidad un adoctrinamiento propagandístico oficial, una producción masiva de consignas y falsas visiones del mundo, cuyo verdadero objetivo no es en absoluto la comprensión del pasado, sino la manipulación del presente”.
  • Dos son los dogmas fundamentales que sustentan la estructura del Holocausto: 1) el Holocausto constituye un acontecimiento histórico categóricamente singular; 2) el Holocausto marca el clímax del eterno e irracional odio gentil a los judíos.
  • La singularidad del Holocausto es la mejor coartada de Israel.
  • Siempre que se explica la decisión de Israel de crear armas nucleares, se evoca el fantasma del Holocausto.
  • Elie Wiesel: “En nosotros, todo es diferente”. Los judíos son “ontológicamente” especiales.
  • La estructura del Holocausto presenta la solución final de Hitler como el clímax del milenario odio gentil a los judíos.
  • Cynthia Ozick: “El mundo quiere eliminar a los judíos. El mundo siempre ha querido eliminar a los judíos”.
  • La preeminencia de Wiesel está en función de su utilidad ideológica. Elie Wiesel es el Holocausto.
  • Doctora Ella Lingens-Reiner, superviviente de Auschwitz: “Había pocos sádicos. No más de un cinco o un diez por ciento”.
  • Los apologistas de Israel trataron por todos los medios de estigmatizar a los árabes tachándolos de nazis después de la desafortunada invasión israelí del Líbano en 1982.
  • Considerando la cantidad de disparates que produce diariamente la industria del Holocausto, lo extraño es que haya tanto pocos excépticos.
  • Imaginemos las lamentaciones y acusaciones que aquí se entonarían si Alemania construyese un museo nacional en Berlín para conmemorar no el genocidio nazi sino la esclavitud estadounidense o el exterminio de los nativos de América del Norte.
  • El punto crítico de la orientación política del museo del Holocausto radica en quiénes son los conmemorados. ¿Fueron los judíos las únicas víctimas del Holocausto?
  • Las primeras víctimas políticas del nazismo no fueron los judíos, sino los comunistas, y las primeras víctimas del genocidio nazi tampoco fueron los judíos, sino los discapacitados.
  • Justificar la exclusión del genocidio gitano fue el mayor reto que hubo de afrontar el museo del Holocausto. Los nazis asesinaron sistemáticamente ni más ni menos que a medio millón de gitanos, con lo que las pérdidas proporcionales son aproximadamente equivalentes a las del genocidio judío.
  • Reconocer el genocidio gitano supondría que los judíos perderían sus derechos exclusivos sobre el Holocausto, con la consiguiente pérdida de “capital moral”.
  • Solía exclamar mi madre: “Si todos los que hoy día aseguran ser supervivientes, lo son, ¿a quién mató Hitler?”.
  • A juzgar por los criterios de Israel Gutman, Wilkomirski es un superviviente del Holocausto porque su “dolor es auténtico”.
  • Prácticamente sin presiones externas, Alemania ha pagado hasta el momento unos 60.000 millones de dólares en concepto de indemnizaciones.
  • Cuando las élites judías roban a los supervivientes judíos, no se trata de un problema ético: es una simple cuestión de dinero.
  • Si se concedieran premios a los mercachifles del Holocausto más emprendedores, el primero se lo llevaría sin duda Kenneth Bialkin.
  • En los últimos años, la industria del Holocausto se ha convertido lisa y llanamente en una red de extorsión. En supuesta representación del mundo judío al completo, incluidos muertos y vivos, está reclamando los activos judíos de la era del Holocausto en Europa entera.
  • Para la industria del Holocausto, todas las cuestiones judías corresponden a una categoría especial y superlativa…, todo es lo peor, lo más importante…
  • Los Estados Unidos también fueron un refugio seguro para los capitales judíos de Europa susceptibles de ser transferidos. ¿Qué pasó con las cuentas inactivas del Holocausto de los bancos estadounidenses?
  • Seymour Rubin: “Estados Unidos adoptó unas medidas muy limitadas para identificar los activos sin herederos que había en EE.UU., y aportaron sólo 500.000 dólares”. Dicho de otro modo, Estados Unidos se portó mucho peor que los suizos. La valentía tiene sus límites.
  • Itamar Levin: “Las compensaciones materiales por el Holocausto son la mayor prueba ética a la que se enfrenta Europa a finales del siglo XX”.
  • Animada por el éxito en la extorsión de los suizos, la industria del Holocausto enseguida pasó a “poner a prueba” al resto de Europa.
  • Cabe preguntarse si las “víctimas del Holocausto necesitadas” llegarán a disfrutar alguna vez de los fondos aportados nuevamente por Alemania.
  • Las historias que hablan de muchos centenares de miles de supervivientes constituyen en sí mismas una forma de negar el Holocausto.
  • La extorsión de Suiza y Alemania no fue más que un preludio de la gran escena final: la extorsión de la Europa del Este.
  • Aún es posible que el Holocausto resulte ser el “mayor robo de la historia de la humanidad”.
  • Hitler se inspiró para su conquista del Este en la conquista del Oeste realizada por los estadounidenses. Durante la primera mitad de este siglo, la mayoría de estados de EE.UU. promulgaron leyes de esterilización y decenas de miles de estadounidenses fueron esterilizados a la fuerza. Los nazis invocaron explícitamente el precedente estadounidense cuando promulgaron sus propias leyes de esterilización.
  • La comunidad judía estadounidense organizada ha explotado el holocausto nazi para desviar las críticas a Israel y a su propia política, moralmente indefendible. La aplicación de esta política ha colocado a Israel y a la comunidad judía estadounidense en una posición estructural afín: el destino de ambas pende de un fino hilo cuyo extremo es sujetado por las élites dominantes de EE.UU. Si estas élites llegaran algún día a la decisión de que Israel  es un obstáculo o de que pueden prescindir de los judíos estadounidenses, el hilo podría cortarse.
  • Si Israel perdiera el favor de los Estados Unidos, muchos se apresurarían a divulgar valerosamente su desafección con respecto al Estado judío y cubrirían de improperios a los judíos estadounidenses por haber convertido Israel en una religión.
  • ¿No está repleta la historia “normal” de la humanidad de espantosos capítulos de inhumanidad?
  • El reto que se nos plantea hoy día es volver a convertir el holocausto nazi en un objeto racional de investigación. Sólo entonces podemos aprender de él.
  • El gesto más noble que puede hacerse por aquellos que perecieron es conservar su recuerdo, aprender de su sufrimiento y permitirles, de una vez por todas, descansar en paz.
  • Deplorando el cinismo de la industria del Holocausto, denuncié específicamente la falsedad de la cifra de casi un millón de judíos supervivientes del holocausto nazi que según el Plan de Asignación y Distribución siguen con vida hoy día.
  • Informe Expoliación y restitución: EE. UU. y los activos de las víctimas del Holocausto: “pese a que Estados Unidos es culpable de todas las faltas imputadas a los suizos, no se le ha impuesto unas exigencias comparables con respecto a las indemnizaciones por el Holocausto”.

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