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Una revolución liberal para España de Juan Ramón Rallo – Apuntes Breves

Posted by Raul Barral Tamayo en Martes, 16 de septiembre, 2014


© 2004 Juan Ramón Rallo.
Editorial: Deusto.

Estado y bienestar son dos términos que se han vuelto inseparables tras la generalización de la expresión «Estado de bienestar». Aparentemente, todo aquel que desee más bienestar para la población ha de defender un mayor Estado, mientras que quien propugne un Estado más reducido ha de hacerlo a costa de aceptar recortes en el bienestar de la población. Pocos se han planteado que quepa una tercera y revolucionaria posibilidad: a saber, que el bienestar de toda la sociedad se maximice cuando el tamaño del Estado se minimice.

En este libro, el economista Juan Ramón Rallo describe cómo funcionaría una sociedad donde sectores y servicios tan básicos como la educación, la sanidad, las pensiones, la asistencia social, la protección del medio ambiente, las carreteras o el dinero fueran enteramente privatizados y liberalizados; es decir, una sociedad donde los Estados no se apropiaran del 50 por ciento de los ingresos de sus ciudadanos sino que permitieran que éstos dispusieran de la totalidad de su renta para escoger libremente el colegio y la educación de sus hijos, el hospital donde tratar sus dolencias, el plan de pensiones con el que planifi car su jubilación o las infraestructuras que desean utilizar y costear.

Haciendo uso de la mejor teoría económica y de la más amplia evidencia empírica disponible, Juan Ramón Rallo demuestra que una sociedad basada en la cooperación voluntaria lograría cotas globales de bienestar muy superiores a las alcanzables mediante la coerción estatal. Lejos de los pronósticos apocalípticos de quienes afi rman que sin Estado no habría bienestar para todos, este libro pone de manifi esto que es justamente fuera del Estado donde pueden desarrollarse las sociedades más prósperas, más libres, más dinámicas y más cohesionadas.

Todos deseamos disfrutar de un excelente sistema sanitario y educativo; todos aspiramos a que las pensiones y los salarios sean lo más elevados posible; todos queremos vivir en una comunidad innovadora, culturalmente vanguardista, respetuosa con el medio ambiente y solidaria con los más necesitados. La mayoría de ciudadanos cree que la manera de alcanzar todos estos loables objetivos pasa por aumentar el tamaño del Estado a pesar de que éste ya se halla en máximos históricos.

El conocido economista Juan Ramón Rallo ofrece en este libro una propuesta radicalmente distinta a la habitual: el camino a la prosperidad colectiva no pasa por incrementar todavía más el intervencionismo estatal, sino por reducirlo a su mínima expresión; es decir, su propuesta pasa por que sea la propia sociedad, y no los políticos y los burócratas, la que se haga cargo de servicios tan esenciales como la educación, la sanidad, las pensiones o la protección del medio ambiente.

Eso es justamente lo que encontrará en esta obra: una rigurosa y documentada explicación de por qué el bienestar de todos los ciudadanos mejoraría muy notablemente con menos impuestos, menos gasto público y menos regulaciones.

Juan Ramón Rallo, es doctor en Ciencias Económicas, licenciado en Derecho y profesor de Economía en el centro de estudios OMMA y en Isead Business School. Es, además, director del Instituto Juan de Mariana.

Algunas de las cosillas que aprendí leyendo este libro que no tienen porque ser ni ciertas ni falsas ni todo lo contrario:

  • H. L. Mencken: “La persona más peligrosa para cualquier gobierno es aquella capaz de pensar sin el corsé de las supersticiones y de los tabús convencionales”.
  • Thomas Jefferson: “El mal gobierno deriva del mucho gobierno”.
  • Los ciudadanos piensan que no pueden vivir sin el Estado y en gran medida lo piensan porque desconocen cómo vivir sin el Estado.
  • No existen razones válidas para justificar un Estado hipertrofiado que vaya acaparando poderes crecientes sobre nuestras vidas.
  • Bastiat: “El Estado es la gran ficción a través de la cual todo el mundo quiere vivir a costa de los demás”.
  • Kelvin Throop: “Si la gente se comportara como los Estados, llamarías a la policía”.
  • El Estado es coacción, violencia.
  • La inmensa mayoría de la gente se opone de manera instintiva al ejercicio de la violencia pero, paradójicamente, aprueba sin reservas la existencia del Estado.
  • ¿Qué prohibiciones u obligaciones universales permiten minimizar los conflictos que puedan emerger en relación con los recursos materiales o con las acciones de las personas?
  • El ideal de justicia liberal parte de la base de que los recursos externos son “apropiables”. El principio general es el de finders, keepers (quien lo encuentra se lo queda).
  • La segunda pata de los principios liberales de justicia: pacta sunt servanda, los contratos voluntarios obligan a las partes.
  • No podemos controlar al político y, aunque lo hiciéramos, el Estado seguiría tomando malas y coactivas decisiones.
  • El propósito de este libro es demostrar que la sociedad podría prestar y disfrutar de todos esos servicios sin necesidad de recurrir al Estado.
  • El Estado no proporciona gratuitamente nada, sino que traslada su coste sobre terceras personas.
  • No queda prácticamente nadie en Occidente que recuerde cómo funcionaban las sociedades antes de que el Estado copara ámbitos crecientes de nuestras vidas.
  • Dictadura del statu quo, lo que existe es lo mejor porque no podemos concebir nada mejor a lo que existe.
  • El Estado sólo debería cubrir, con la menor intervención posible, aquellos campos que, por dificultades en la coordinación del grupo, queden fuera del alcance de la sociedad y del mercado.
  • Barry M. Goldwater: “Un gobierno lo suficientemente grande como para darte todo lo que quieres también es lo suficientemente grande como para quitártelo todo”.
  • Nuestra propuesta de Estado pasa por hacerlo regresar al período anterior a 1913. Regresar a un tamaño del Estado del siglo XIX no es una utópica involución, sino una pragmática propuesta dirigida a contrarrestrar la distópica involución que sí ha supuesto la hipertrofia de la coacción estatal durante el siglo XX.
  • Un país que restrinja el intervencionismo estatal a un rango entre el 5% y el 7% del PIB no sólo resultaría plenamente funcional, sino mucho más funcional que si absorbe el 50% del mismo.
  • Karl Marx: “Pagar impuestos debería considerarse alta traición. Negarse a pagar impuestos es el primer deber de cualquier ciudadano”.
  • James Buchanan, premio Nobel de Economía: “Un impuesto sobre la renta eficiente implicaría un tipo único sobre todas las formas de renta, sin deducciones, no sujeciones o exenciones”.
  • En el caso de España, nuestra propuesta de Estado se militará a lo siguiente: 2,2% del PIB en justicia, seguridad y defensa; 0,3% en infraestructuras e I+D básica; 0,5% en la burocracia estatal y una horquilla de entre el 1% y el 4% dirigada a asistencia social subsidiaria. En circunstancias normales, la asistencia social necesaria se acercará como mucho al 1% o al 2%; en momentos de crisis, se podría elevar si las circunstancias lo requirieran, al 3% o 4%.
  • La revolución liberal, caso por caso:
    1. Estado de derecho.
      • Lao Tse: “Cuantas más prohibiciones impongas, menos virtuosa será la gente”.
      • Tácito: “Mientras más corrupto es el Estado, más numerosas son las leyes”.
      • La creación e interpretación de normas jurídidas debería ser un proceso impulsado esencialmente por la sociedad y no por el Estado.
      • Allí donde sea posible la autorregulación, la legislación estatal sobra.
      • la flexibilidad normativa que necesitan las sociedades y las economías modernas sólo puede venir desde el interior de un libre mercado y no desde los órganos de planificación de nuestros partidos políticos.
      • Para todas las cuestiones no cubiertas por los servicios privados sí debería intervenir la policía nacional.
      • Con unos 22.000 millones de euros anuales, España podría gozar de un Estado de Derecho mucho más funcional que el actual.
    2. Servicios municipales.
      • Una comunidad nacional no es la unidad básica de convivencia humana: desde Aristóteles sabemos que ese cometido le corresponde a la polis, a la ciudad.
      • La copropiedad de los espacios comunes, incluyendo la copropiedad sobre las normas que regulan la convivencia en una ciudad.
      • En ausencia de Estado emergerían ciudades regidas por órganos de gobierno privado.
      • Las distintas ciudades privadas serían autónomas entre sí, cada una de ellas podría establecer normativas diferentes.
      • La competencia entre ciudades minimizaría los costes de los se rvicios y maximizaría su calidad.
      • En ausencia de Estado seguiría habiendo ciudades pero constituidas de manera flexible y voluntaria para todas las partes.
      • A través de estos tres mecanismos alternativos (ciudades privadas, constitución de nuevas comunidades privadas por división de los espacios comunes y gestión municipal con externalización de servicios), debería ser posible prestar los servicios comunitarios básicos de un modo privado y competitivo, con la mejor calidad y con el menor coste posible.
      • Serían los copropietarios quienes determinarían las infraestructuras municipales.
    3. Medio ambiente.
      • Elinor Ostrom: “Los burócratas no suelen tener información correcta, pero los ciudadanos y los usuarios de los recursos naturales sí”.
      • El ser humano sí está naturalmente inclinado en no degradar extraordinariamente su entorno y en no quedarse desprovisto de recursos naturales.
      • La propiedad privada de individuos particulares y de asociaciones privadas sobre el entorno permite solventar muchos de los problemas medioambientales, pero no todos.
      • La propiedad privada comunal ha sido la herramienta tradicional por excelencia para resolver los problemas medioambientales dentro de una comunidad.
      • Muchos de los mayores desastres medioambientales de la historia de la humanidad han sido perpetrados por la intervención del Estado.
      • Cuando el Estado pretende suplantar el orden espontáneo económico y ecológico a través de mandatos coactivos que no encajan adecuadamente con las necesidades, los valores y los incentivos de la población, el fracaso está garantizado.
      • La protección del entorno no puede ser impuesta de arriba a abajo, sino que debe desarrollarse espontáneamente de abajo arriba.
    4. Infraestructuras.
      • Durante el siglo XIX las principales vías de comunicación eran construidas y gestionadas por empresarios privados.
      • El sector privado del transporte se desarrollaría en ausencia de Estado de manera similar a la de cualquier otro. Aunque las infraestructuras requieran de una enorme inversión inicial, no parece haber obstáculos insalvables para que el sector privado coseche el capital necesario para sufragarlas.
      • Un agente económico con mucha relevancia en la gestión y planificación de las infraestructuras serían los órganos de gobierno de las ciudades privadas.
    5. Moneda y banca.
      • No hay ninguna diferencia práctica entre que cada banco ofrezca sus propios servicios de cuenta corriente y que emita sus propios billetes.
      • la auténtica cuestión es si podríamos ponernos todos de acuerdo a la hora de seleccionar el dinero “base” de la economía, el dinero que los bancos prometen entregar en sus deudas.
      • Un mercado libre cuenta con suficientes instrumentos para prevenir la irresponsabilidad de los banqueros.
      • No hay razón de peso, ni  teórica ni histórica, para jutificar los distorsionadores y excepcionales privilegios que el Estado otorga a la industria bancaria.
    6. Promoción de empresas.
      • Nadie sabe a priori qué bienes y servicios debe producirse en cada momento ni, sobre todo, cómo deben producirse.
      • Actualmente no vivmos en un mercado empresarial libre, sino en uno controlado y regulado por el Estado. El Estado suele privilegiar a algunos empresarios.
      • El principio general ha de ser que aquellas empresas incapaces de generar valor para los consumidores por sus propios medios deben ceder su espacio y sus recursos a otras que sí puedan hacerlo.
      • Como normal general cabe pensar que las políticas sectoriales tienden a ser un completo desastre. Los políticos no tienen mejor información ni mejores incentivos que los empresarios para desarrollar los modelos de negocio que mejor encajen con las preferencias de los consumidores.
      • Cuando una empresa prospera sobre las restantes hasta el punto de quedarse con la práctica totalidad del mercado es porque posee una ventaja competitiva que las demás no son capaces de imitar.
      • Los únicos monopolios de los que deberíamos preocuparnos son aquellos que resultan de las regulaciones estatales en materia de licencias.
    7. Mercado de trabajo.
      • Uno de los mercados más hiperregulados que existe en la actualidad es el mercado de trabajo.
      • No son los decretos gubernamentales los que incrementan los sueldos, sino la acumulación de capital y la competencia entre los empresarios.
      • Un mercado laboral libre no necesita de regulaciones para lograr que los trabajadores perciban un salartio cada vez mayor o para que disfruten de unas condiciones laborales cada vez mejores. Cuanto más inviertan los empresarios, más escaso se vuelve el obrero con respecto al capital acumulado y, por tanto, mayor remuneración tiende a percibir.
    8. Mercado eléctrico.
      • Robert Bradley Jr.:”La competencia en el mercado eléctrico estadounidense era tan grande que las empresas asentadas levantaron la bandera blanca para pedirle al regulador que reemplazara la competencia por un monopolio legal que burocratizara la gestión de este sector”.
      • Disponer de energía barata resulta fundamental para aumentar la productividad y el crecimiento económico.
      • La paradoja de Jevons, cuanto más eficiente se vuelve una economía en el uso de la energía, más intensivamente la emplea.
      • Una energía más barata permite rentabilizar muchos proyectos empresariales que no eran viables con costes energéticos superiores.
      • Las centrales no tendrían más remedio que internalizar la totalidad de sus costes.
      • Distinto es el caso de las redes de transmisión y distribución, donde sí parecen existir fundados motivos para suponer que cumplen las características de un monopolio natural.
      • Aun cuando toda la red de transmisión fuera propiedad de una única empresa, ello no implica que posea capacidad para imponer cualesquiera precios a sus clientes.
      • No podemos hablar de un mercado eléctrico libre, sino de sistemas con un grado de intervencionismo estatal más o menos directo.
    9. Investigación y desarrollo.
      • El Estado no conoce cuáles son los beneficios sociales de una determinada inversión y, mucho menos, de una inversión tan incierta como la I+D.
      • La forma habitual que tiene el sector privado de capear esta gigantesca incertidumbre acerca del destino final de la investigación científica es a través de dos instrumentos: los equipos autónomos de investigación y los fondos de capital riesgo.
      • La inversión en I+D se acometería por la sencilla razón de que es rentable hacerlo.
      • El objetivo de la patente no es el de permitir que el inventor use y disfrute de su invención, sino el de evitar coactivamente que otros agentes disfruten de la misma haciendo uso de sus propiedades.
      • Si las patentes no existieran, nos trasladaríamos a un mundo donde el coste fijo por innovación sería mucho más bajo.
      • Ni la innovación científica comenzó con la implantación de las patentes, ni el reforzamiento del monopolio de las patentes ha ido jamás ligado a una intensificación del desarrollo tecnológico.
    10. Educación.
      • Benjamin Disraeli: “Allí donde existe un gobierno paternalista, uno puede encontrar un sistema de educación pública”.
      • Los individuos mejor formados son capaces de generar una mayor riqueza para sí mismos y para la sociedad.
      • Los gobernantes pueden estar tentados a adoctrinar a la población para mantenerla sojuzgada.
      • Todo el mundo cree saber cómo y qué debe enseñarse a los estudiantes, pero en realidad es bastante dudoso que existe una respuesta única y universal para esa problemática.
      • Deberíamos avanzar hacia un sistema descentralizado y hetereogéneo de escuelas autónomas y en competencia. La oferta educativa tendería a responder y a adaptarse de un modo mucho más fidedigno a las necesidades reales de los estudiantes.
      • El 70% de los costes de la educación son los salarios de los profesores.
      • Si maestros y profesores perciben un salario cercano a la media de un país, la inmensa mayoría de la población que cobre un salario cercano a esa media podrá hacer frente a unos costes educativos que son, básicamente salariales.
      • La educación privada resulta accesible a casi todo el mundo, con independencia de que estemos en un país rico o en un país pobre.
      • Gran parte de los costes actuales se deben a rigideces regulatorias que obligan a que proporcionen la enseñanza de un modo específico.
      • Las propias instituciones educativas u otras fundaciones benéficas privadas pueden encargarse de conceder becas a sus mejores estudiantes.
      • El propio estudiante se puede endeudar para acceder a estudios universitarios.
    11. Cultura y arte.
      • Tyler Cowen: “La riqueza y la seguridad financiera les proporcionan a los artistas el espacio para rechazar los valores sociales establecidos. El bohemio, el vanguardista y el nihilista son productos del capitalismo”.
      • El capitalismo de libre mercado constituye el marco óptimo para el florecimiento de las distintas formas culturales.
      • En cierto modo, el capitalismo ha actuado como Prometeo entregándole el fuego de la creación cultural al hombre corriente.
      • Sin división del trabajo y sin capitalismo no podría haber ningún tipo de arte.
      • El creador cultural ya no necesita satisfacer el gusto de las masas para poder financiar su obra, sino que pueden orientarse a un grupo relativamente pequeño de consumidores dispersos por distintas regiones del planeta.
      • No olvidemos que los consumidores de arte suelen ser las clases adineradas de una sociedad, de manera que las subvenciones estatles constituyen una redistribución regresiva de la renta.
      • No existe evidencia histórica de que la implantación de los copyrights hayan contribuido mínimamente a incrementar la producción cultural de los autores. De hecho, en algunos campos, como el de la música clásica, la evidencia disponible indica que el número de compositores se redujo tras la generalización del copyright.
      • El copyright es un ejemplo más de monopolio intelectual que encarece y dificulta el acceso a la cultura para las masas populares.
    12. Pensiones.
      • Milton Friedman: “Si los individuos, en lugar de haber dedicado sus cotizaciones sociales a financiar la Seguridad Social, las hubiesen ahorrado, el actual stock de capital del país sería mayor”.
      • La manera prudente de planificar la jubilación es a través del ahorro personal. Una operación que financieramente se conoce como capitalización de nuestra renta o de nuestro ahorro.
      • Si el número de pensionistas crece mucho más rápido que el de trabajadores, sólo hay dos formas de mantener el sistema: o incrementando lo que produce y paga cada trabajador o reduciendo lo que cobra cada pensionista.
      • El país pionero a la hora de abandonar el absurdo y antisocial sistema público de pensiones fue Chile. En 1981, el país andino inició una transición al sistema privado de capitalización.
      • Es falso que el Estado proporcione seguridad garantizando las pensiones.
      • Buena parte de la inseguridad que las personas sienten a la hora de gestionar su patrimonio se deriva de que nunca han tenido que hacerlo.
      • La bolsa es un activo bastante menos arriesgado de lo que suele pensarse.
      • Aunque nadie pueda asegurar cuáles serán las pensiones futuras, sí puede asegurarse que para el conjunto de los ciudadanos éstas serán más elevadas bajo un sistema privado de capitalización que bajo uno público de reparto.
      • Las habituales objeciones contra el sistema de capitalización de las pensiones no son sólidas, aunque merezcan ser tomadas en consideración.
    13. Sanidad.
      • Milton Friedman: “La probada eficiencia del sector privado permitiría mejorar la calidad y reducir el coste de la sanidad”.
      • El ahorro propio es la fuente de financiación lógica para la mayoría de gastos vinculados con el deterioro de la salud por la edad.
      • Los seguros son una fuente de financiación adecuada para hacer frente a la mayoría de gastos de naturaleza imprevisible.
      • Un seguro no es más que una herramienta para cubrir riesgos dentro de un grupo humano.
      • El problema de Estados Unidos es que el gasto sanitario no lo raciona nadie, de manera que sucede lo esperable: que el gasto se dispara.
      • El problema de la planificación estatal de la sanidad es que, a cambio de racionar la demanda y contener los costes, congela y estanca las condiciones en las que se provee la atención sanitaria, impidiendo su innovación y mejora dinámica.
      • Otro país que sigue exhibiendo muchas de las características de un mercado sanitario libre y que arroja unos resultados simplemente espectaculares: Singapur. El gasto sanitario asciende al 70% del total, y casi un 90% de ese gasto sanitario es sufragado directamente por ahorro personal.
    14. Asistencia social.
      • Buena parte de las situaciones de desprotección que pueden emerger en una sociedad libre son reconducibles a través del ahorro, los seguros y la familia.
      • La cohesión y la preservación de la sociedad es esencial para el ser humano, de ahí que evolutivamente haya desarrollado emociones que le llevan a no preocuparse únicamente por su bienestar particular, sino también por el de su entorno: cada ser humano tiene una inclinación a proteger a su prójimo y a esperar que su prójimo le proteja a él.
      • Toda persona prefiere recibir una asistencia social basada en la ayuda mutua antes que en la caridad.
      • En ausencia de Estado, la inmensa mayoría de la asistencia social tendería a proporcionarse mediante sociedades de ayuda mutua, basadas en la existencia de derechos y obligaciones recíprocos entre sus miembros.
      • En una sociedad libre, la mayor parte de la asistencia social se canalizaría a través de las sociedades de ayuda mutua y otra porción se dirigiría a la filantropía.
      • La participación masiva del Estado en la asistencia social tiende a resquebrajar las redes de asistencia mutua que natural y voluntariamente emergen en la sociedad.
    15. Estado mínimo: libertad y prosperidad.
      • Karl Popper: “Que la libertad redunde en mayor prosperidad es una feliz coincidencia”.
      • Los beneficios del libre mercado no derivan sólo de que pueda hacer lo mismo que el Estado de manera más barata, sino que puede hacerlo mucho mejor a un menor coste.
      • No existe ningún motivo riguroso para matener el actual sector público sobredimensionado salvo el de alimentar a las élites extractivas que medran a costa de la sociedad valiéndose del aparato de compulsión estatal.
    16. La transición al Estado mínimo.
      • Este libro busca persuadir a los ciudadanos de que una radical reducción del peso y de las regulaciones del Estado sobre nuestras vidas sería altamente deseable para nuestra libertad y para nuestra prosperidad.
      • Aquellas propiedades estatales que no puedan serles devueltas a sus propietarios originales deberán someterse a un proceso de privatización. Le permite al Estado recaudar sustanciales sumas de dinero con las que amortizar parte de su deuda pública o hacer frente a la transición del sistema de pensiones.
      • La segunda posibilidad es entregar la propiedad pública a las personas que trabajan o se relacionan con ella.
      • Cabe la posibilidad de transferir esa propiedad pública al conjunto de los ciudadanos mediante el reparto de acciones o participaciones sobre las mismas.
      • El retorno al patrón oro debería efectuarse de un modo gradual y multilateral.
  • Jonah Goldberg: “A los ideales se les llama ideales por una razón: porque son ideales. Son objetivos, aspiraciones, reglas abstractas que usamos como vara de medir para el torcido tronco de la humanidad”.
  • William Beveridge: “Una buena sociedad no depende del Estado, sino de sus ciudadanos, quienes actúan individualmente o asociándose libremente entre ellos, por motivos egoístas o altruistas, por razones estrechamente materialistas o por amor al ser humano o a Dios”.
  • In dubio, pro libertate; cuando dudemos, maximicemos las esferas de la libertad y minimicemos las de coacción.
  • La mínima coacción necesaria durante el tiempo mínimo imprescindible.
  • De la necesidad de un Estado que ocupe el 5% del PIB no se deriva la necesidad de un Estado que cope el 50% del PiB e hiperregule el otro 50%.
  • Sin Estado no sólo no hay caos sino que tiende a emerger un orden respetuoso con nuestras libertades y catalizador de una mayor prosperidad.
  • Carecer de ideales es carecer de rumbo y ser presa fácil de aquellas otras personas que sí los tienen y que desean marcarnos a todos el paso.
  • Los ideales deben ir acompañados de ideas y de evidencias sólidas si no quieren terminar degenerando en meros dogmas de fe.

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raul

4 comentarios to “Una revolución liberal para España de Juan Ramón Rallo – Apuntes Breves”

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