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Cómo discutir con un fundamentalista sin perder la razón de Hubert Schleichert – Apuntes Breves

Posted by Raul Barral Tamayo en Martes, 14 de octubre, 2014


Título original: Wie man mit Fundamentalisten diskutiert, ohne den Verstand zu verlieren.
© Hubert Schleichert.
© de la traducción 2004, Jesús Alborés.
Editorial: Siglo XXI España Editores.

De forma ingeniosa y mordaz, el filósofo Hubert Schleichert desenmascara, con ayuda de la lógica, aquellas dudosas estrategias de discurso de las que gustan servirse ideólogos y fanáticos de cualquier credo, pero también políticos de toda especie.

Muestra con qué pseudoargumentos, dudosas comparaciones, premisas implícitas y trucos semejantes trabajan cuando quieren darnos gato por liebre. Pese a su estilo satírico, el autor no se limita a la simple polémica: expone los fundamentos del arte de argumentar.

Los lectores podrán disfrutar de una lectura tan divertida como instructiva: un libro subversivo en el mejor de los sentidos, un libro que sólo podía escribir un vienés.

Hubert Schleichert nació en 1935 en Viena. Ha sido profesor invitado en las universidades de Berlín, Marburgo y Graz. Desde 1967, y hasta su jubilación, fue catedrático de filosofía en la Universidad de Constanza. Sus principales áreas de trabajo son la filosofía política, la filosofía extraeuropea, la teoría de la argumentación, la Ilustración y el empirismo lógico.

Algunas de las cosillas que aprendí leyendo este libro que no tienen porque ser ni ciertas ni falsas ni todo lo contrario:

  • Argumentar es una de las actividades fundamentales del hombre: mediante el lenguaje, intenta ganarse a sus congéneres para su postura, para sus tesis.
  • Lo más que puede lograr una investigación sobre la argumentación es hacernos más claramente conscientes de las estructuras y peculiaridades de las argumentaciones, agudizar la mirada crítica y, por desgracia, también destruir algunas ilusiones sobre el poder de la argumentación.
  • No es posible trazar demarcaciones claras entre una ideología aparentemente inocua y sus aplicaciones radicales, en absoluto inofensivas.
  • Pese a que el libro llega a unas conclusiones un tanto decepcionantes sobre esos métodos, no es en modo alguna pesimista.
  • Ninguna ideología, religión o institución posee el monopolio de la inhumanidad y el fanatismo es algo que se entiende por sí solo. Esa plaga afecta a píos e impíos.
  • Quien espere encontrar una colección de recetas para una argumentación de eficacia garantizada quedará decepcionado.
  • Prácticamente cualquier figura argumentativa puede ser utilizada mutatis mutandis por los defensores y críticos de una tesis. Es preciso utilizar los argumentos de forma tan diferenciada como sea posible y que uno nunca puede estar muy seguro de su éxito, ni siquiera cuando está convencido de tener de su parte la verdad, la humanidad o la tolerancia.
  • En el caso normal se intenta convencer, mientras que en el caso fundamental se trata de persuadir. En la práctica esta dicotomía no siempre es nítida.
  • Su sistema de valores, sus principios básicos son otros. ¿Cómo se puede seguir argumentando con él? Esa es la pregunta por las posibilidades, métodos y límites de la argumentación fundamental.
  • Las falacias no tienen relevancia práctica, y aquí no las trataremos.
  • Es posible elaborar un discurso para defender cualquier tesis, y también su contraria.
  • En el ámbito de la actuación o del saber humanos raras veces es posible afirmar algo con absoluta seguridad; las cosas siempre pueden ser de otra manera.
  • Cuanto más general es una teoría de la argumentación, tanto más inane se hace; eso es irremediable.
  • Dificultad típica de todas las argumentaciones que tienen como fin la tolerancia, la aceptación de diversas opiniones, credos, e ideologías mutuamente contradictorias.
  • Toda secta, toda confesión, toda ideología aspira a estar en posesión de una sola, absoluta y única verdad.
  • Un suceso incómodo, pero a fin de cuentas tolerable en sí mismo, resulta insoportable cuando le subyace una regularidad general o un plan.
  • No es necesario tomar en serio una tesis cuyo surgimiento es explicable históricamente.
  • Manifiesto comunista: “Las ideas dominantes de una época nunca fueron otra cosa que las ideas de la clase dominante”.
  • Ningún testimonio es suficiente para establecer un milagro, a no ser que el testimonio sea tal que su falsedad fuera más milagrosa que el hecho que intenta establecer.
  • Demostrar que uno no ha hecho algo o que algo no ha tenido lugar es difícil, siquiera sea por razones lógicas.
  • En los sistemas religiosos e ideológicos, negar la moralidad del adversario forma parte del repertorio estándar.
  • El ilustrado tiene el principio de que hay que valorar más la humanidad que los dogmas religiosos; el fanático religioso tiene el principio de que su verdad trae la salvación y que por tanto hay que imponerla por la fuerza si es necesario.
  • ¿Cómo se puede abordar una argumentación con alguien, cómo se puede argumentar contra la tesis de alguien cuando no hay acuerdo con él en los principios fundamentales? La situación puede describirse sucintamente mediante el antiguo axioma de la lógica según el cual no se puede discutir con quien pone en cuestión nuestros principios: contra principia negantem non est disputandum.
  • Las disputas ideológicas y religiosas han costado mucha sangre y seguirán haciéndolo.
  • En las discusiones con fanáticos siempre debe partirse de que uno se las tiene que haber con personas inteligentes, que piensan de forma consecuente, cuyas acciones no son en modo alguno “irracionales”. Es bueno familiarizarse con los principios y figuras más habituales de la argumentación fanática; pues también hay argumentos de su lado.
  • El fanatismo es lo contrario de la tolerancia. Es inhumanidad en nombre de altos ideales, y por tanto con la mejor conciencia.
  • Agustín da por supuesto que es un crimen tener una opinión distinta a la ortodoxia.
  • El fanático nunca describe a su oponente como una persona reflexiva que busca la verdad; siempre se trata de criminales, monstruos, dementes.
  • Así ocurre siempre: el disidente es un enemigo de clase, el adversario teológico es un blasfemo.
  • Un fanático no contempla la separación entre el estado y la ideología propia.
  • La criminalización está relacionada con la prohibición del pensamiento que tanto gustan de decretar las ideologías fanatizadas.
  • El trabajo sucio siempre lo llevan a cabo el vulgo, los “idiotas útiles”, el “brazo secular”, mientras que los ideólogos no se manchan de sangre sus manos. Si las quejas por el terror suben demasiado de tono, la ideología se distancia de los “excesos” y los “desaprueba”. Sin embargo, no se hace nada por evitar esos “excesos”.
  • El fanático se ve a sí mismo como hombre indulgente y bondadoso cuya dureza no se basa en el sadismo o el odio, sino que viene impuesta por la sagrada causa.
  • De estas obras de Bayle (Commentaire philosophique, sur les paroles de l’evangile) y Castellion (De haereticis an sint persequendi) tomaremos argumentos en contra de la intolerancia.
  • Una simple negación de los principios del adversario no es una argumentación.
  • El crítico interno intenta, con toda inocencia, abrir un diálogo racional. Utiliza la misma Biblia, apela a la misma religión que su adversario.
  • Prácticamente no hay un solo texto fijado por escrito de cierta longitud que se pueda leer de forma literal palabra por palabra, frase por frase. El lenguaje no funciona sin un cierto grado de metáfora. En el caso de los antiguos textos sagrados esto es especialmente importante.
  • Cuando Voltaire asume el estilo y las figuras argumentativas de la crítica interna de la Biblia, lo que surge es casi una sátira. Voltaire no critica nada, se limita simplemente a calcar claramente un procedimiento que presenta de forma especialmente fiel y con una ingenuidad que desarma.
  • Voltaire se indigna expresamente contra una interpretación excesivamente metafórica de la Biblia: no, es preciso tomarse en serio los textos sagrados.
  • Los profetas no suelen ofrecer profecías falsables, sino que prefieren las órdenes, los dogmas y cosas semejantes.
  • A nosotros no nos sirve de nada que alguien reciba o afirme recibir su inspiración de dios.
  • Aquel a quien le es revelado algo heteredoxo es un hereje. Esa es la forma de actuar de cualquier ortodoxia. Reclama para sí la verdadera profecía y quema por falsarios a los disidentes.
  • Se mueven en círculos: es una revelación porque creen firmemente en ella; creen firmemente en ella porque es una revelación.
  • La esencia y el supuesto mérito de la fe consiste en que no se basa en argumentos; lo que se cree sin argumentos tampoco puede refutarse concluyentemente con argumentos. Pero se puede remover, minar, socavar. Ese es el uso subversivo de la razón.
  • Por lo general, el ser humano no acostumbra a cambiar sus convicciones en la edad madura, más allá de los 25 años. Es difícil mover el corazón humano. Por tanto, es necesario influir en las personas mientras se encuentran en una edad dúctil. Este es el motivo por el que las iglesias atribuyen tal importancia a la clase de religión de los pequeñuelos sin uso de razón.
  • Examínalo todo, pero conserva lo bueno.
  • Las ideología no se pueden refutar.
  • El secreto de la eficacia de Voltaire; siempre informa de forma exacta y correcta. Precisamente por ello tienen un efecto tan subversivo sus historias. Ataca refiriendo hechos; deja que el lector saque las consecuencias.
  • No es posible impresionar al verdadero fanático mediante argumentos de ningún tipo. No cabe sino abandonarle a sí mismo, aunque se intentará reducir el peligro que se deriva de él.
  • El objetivo del ilustrado no debería ser una “refutación” del fanático, sino evitar que las ardientes efusiones del fanático despierten interés inmunizando a la opinión pública contra ellas.
  • Las ideologías de cualquier tipo, incluídas las religiones, no son vencidas, ni refutadas ni superadas. Sino que acaban siendo obsoletas, ignoradas, aburridas, olvidadas.
  • En tanto en cuanto que este tenga el poder de prender hogueras, uno no se puede limitar a ridiculizarle; por otro lado, frente a una ideología que ha perdido los dientes, que ha perdido su poder real, uno no entrará en discusiones especialmente intensas sobre sutilezas dogmáticas.
  • Exponer la doctrina a socavar para que esta se destruya a sí misma. Se toma en serio al adversario, extremadamente en serio, más en serio que la masa de sus simpatizantes y partidarios de buena fe.
  • El vaciamiento secreto de la dogmática es una característica de las religiones e ideolgías que han podido establecerse durante mucho tiempo en el mundo. De determinados dogmas se prefiere no hablar en absoluto; en cualquier caso, son reinterpretados alegóricamente, se les hace inofensivos, se difuminan.
  • En la iglesia ya se sabe muy bien que formulaciones excesivamente radicales producen mala impresión de puertas afuera.
  • El fanatismo no es “ira ciega”. Se prepara dogmáticamente y anuncia abiertamente sus ideas.
  • La ideología “manipula” los hechos retrospectivamente con argumentos impactantes.
  • En épocas de tolerancia a una ideología no le gusta que le recuerden su anterior comportamiento intolerante.
  • Las acciones que eran frecuentes en su época no pueden atribuirse a los protagonistas, sino a las circunstancias históricas. Este entendimiento no puede convertirse en disculpa o aprobación de la atrocidad, en la que los autores aparecen como meras víctimas de las circunstancias históricas.
  • ¿Quién sabe hoy algo sobre la caza de brujas y la Inquisición? Es preciso recordar los horrores del pasado, si no la próxima generación ya no entenderá por qué los ilustrados tuvieron que luchar contra instituciones tan inofensivas como las iglesias o los partidos únicos de antaño.
  • La gente debe saber de qué son capaces el fanatismo político o religioso.
  • No sería necesario obligarse una y otra vez a recordar la brutalidad y la estupidez del pasado si uno pudiera estar seguro de que el asunto se ha acabado para siempre. Pero no podemos estarlo.
  • Tolerar consiste en soportar, transigir, aguantar a alguien a pesar de que nos resulta insufrible, a pesar de que nos perturba, desafía, irrita. La tolerancia es antinatural; exige contención cuando la reacción natural sería atacar para eliminar la molestia.
  • Quien está del lado de la verdad no puede reconocer como iguales las opiniones que divergen de ella, por más que las tolere. La verdad debe conservar su estatuto especial frente a las opiniones falsas.
  • Los hombres no se han hecho más tolerantes; simplemente han perdido el interés por la religión.
  • No hay un argumento concluyente en favor de la tolerancia.
  • La paz religiosa de la que disfrutamos hoy es fruto de la Ilustración. Es estable porque es una paz irreligiosa. Esta situación estable no ha resultado de un aumento de la virtud, sino de la eliminación del objeto del conflicto. Los hombres no se han hecho más tolerantes; simplemente han perdido el interés por la religión.
  • Las ideologías de todo tipo, y en especial las religiones, odian la risa, porque saben lo peligrosa que es. Quien se ríe de algo ya no lo teme. Por eso se persigue y castiga de forma tan rigurosa la risa, incluso la sonrisa. La risa priva al santuario del temor. Las ideologías exigen que se les rinda un respeto especial.
  • Una buena caricatura no es una falsificación, sino una acentuación del material. No inventa nada; es polémica, pero no miente… y en eso basa su eficacia.
  • No existe una argumentación realmente vinculante, concluyente, contra la creencia en los milagroas; no puede haberla porque se trata de una creencia, de un principium.
  • El crítico Voltaire quiere confinar al reino de la fábula las historias bíblicas de milagros.
  • Nietzsche: “En todo partido hay alguno que por su exposición excesivamente crédula de los principios del partido mueve a los demás a desertar”.
  • Las historias sagradas devienen absurdas o abstrusas cuando se traducen a las situaciones humanas ordinarias y se miden con los baremos racionales o morales corrientes.
  • En un sistema lógico cerrado todas las proposiciones son igualmente importantes: si una noes verdadera, ninguna lo es.
  • Nietzche: “La forma más pérfida de perjudicar a una causa es defenderla intencionadamente con razones equivocadas”.
  • Voltaire: “La debilidad y perversidad de los seres humanos es tan grande que sin duda es mejor para nosotros cultivar todas las supersticiones posibles, siempre que no sean sanguinarias, que vivir sin religión”.
  • Da igual cómo se formulen los argumentos en contra de la verdad de la religión, un teólogo experto siempre conoce la respuesta: eso es inherente a la estructura de una religión, de cualquier religión.
  • La fe, cuando uno se desvincula de la experiencia, cuando los textos pueden interpretarse, según convenga, alegórica o literalmente, simbólicamente o de cualquier otra forma.
  • ¿Entiende alguien qué significan realmente los dogmas?
  • Uno sólo puede creer en algo cuyo sentido entiende.
  • El que alguien no entienda la verdad no es un argumento en contra de la verdad, sino que prueba la limitación de las capacidades intelectuales.
  • Las reflexiones histórico-genéticas deben refutar la religión: ¿cómo y a partir de qué necesidades surgió la fe en los dioses, para qué sirvió, quién se beneficiaba de ella, qué explica, qué oculta?
  • El antropomorfismo de las religiones; vuestro dios o vuestros dioses no son más que seres humanos superlativos, con pasiones, preferencias y debilidades humanas, y por todo ello ridículos.
  • La religión debe quedar refutada por la demostración de sus consecuencias prácticas indeseadas y negativas: el temor a los dioses, el miedo a las penas del infierno, la represión sexual, la demonización de la mujer, la explotación de los creyentes por parte de la iglesia, la persecución de quienes piensan de otro modo y el apoyo a la opresión política.
  • Se acusa a la religión de no poder lograr lo que promete: no mejora al ser humano, no atenúa el sufrimiento, sino que, por el contrario, atrae mucho sufrimiento adicional sobre la humanidad por culpa de su intolerancia.
  • Se reprocha a la religión su hostilidad a la ciencia.
  • Nadie debe, en nombre de ninguna clase religión, ideología o ideal, intimidad, atemorizar, escarnecer, perjudicar materialmente, privar de libertad, torturar o asesinar. No merece la pena hablar con quien no lo suscriba sin reservas.
  • Hay que atacar a todas las ideologías, religiones, exaltaciones, visiones, dogmas, doctrinas, creencias y supersticiones, ortodoxias, herejías y cualesquiera similares que alienten o minimicen las violaciones de los derechos humanos… incluso aunque de momento parezcan inocentes como corderos.
  • Uno no debe tolerar, tajantemente, ningún intento de hacer despreciable la razón, ninguna relativización de la razón, sea por parte de intelectuales juguetones o de fanáticos intransigentes.

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raul

2 comentarios to “Cómo discutir con un fundamentalista sin perder la razón de Hubert Schleichert – Apuntes Breves”

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