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Terapia emocional de Ramiro A. Calle – Apuntes Breves

Posted by Raul Barral Tamayo en Martes, 17 de febrero, 2015


© Ramiro A. Calle, 1998, 2011.
Editorial: Ediciones Temas de Hoy.

La salud emocional es posible. Cultivándola día a día, aplicando el autoconocimiento y encauzando su vida por la senda de la armonía, todo ser humano puede convertirse en artífice de su propio equilibrio, de su proceso de apertura afectiva.

Nada bueno emergerá jamás de los estados mentales negativos. El odio, la avaricia, la envidia o el afán de venganza, entre otros, originan malestar, conflictos, heridas que condicionan nuestra conducta. Por contra, nada hay más saludable y energético que las emociones constructivas (el amor, la compasión, el sosiego), siempre y cuando estén reguladas por la inteligencia.

Ramiro Calle, maestro orientalista, nos explica paso a paso todos los métodos, las estrategias, para fomentar los sentimientos positivos y transformar los negativos o liberarse de ellos. Una terapia eficaz para disfrutar de los beneficios de la estabilidad emocional.

Ramiro Calle ha sido a lo largo de cinco años profesor especial de yoga de la Universidad Autónoma de Madrid y ha impartido clases durante varios años en las Aulas de Tercera Edad. Pionero del yoga en nuestro país, ha investigado a fondo tanto en las psicologías de Oriente como en las de Occidente. Dirige desde hace más de cuarenta años un centro de yoga y orientalismo, Shadak, por el que han pasado más de medio millón de practicantes. Ha viajado en más de cien ocasiones a Oriente para recibir enseñanzas de los más grandes maestros y yoguis. Es especialista en psicoanálisis, budismo y técnicas orientales del bienestar.

Algunas de las cosillas que aprendí leyendo este libro que no tienen porque ser ni ciertas ni falsas ni todo lo contrario:

  • Confucio: “El hombre superior es libre y sereno. El hombre inferior es lúgubre y lleno de preocupaciones”.
  • Buda: “Si te estimas en mucho, vigílate bien”.
  • Antiguo dicho del yoga: “Así como piensas, así eres”. Así como nos sentimos, así nos relacionamos.
  • Cada mañana, al despertar, me pregunto a mí mismo: ¿Qué elijo hoy? ¿Alegría o tristeza? Y siempre elijo la alegría.
  • En la medida en que se intensifica una emoción positiva, la negativa va cediendo.
  • Plutarco: “El cerebro no es una vaso por llenar, sino una lámpara por encender”.
  • Observar cómo, cuándo y con qué fuerza surgen las emociones negativas y de qué modo alteran, confunden u originan malestar psicológico e incluso físico, o si debilitan y dañan la relación con otras personas.
  • Nada positivo ni provechoso surge jamás de una emoción negativa, ni personal ni colectivamente.
  • Muchos rasgos negativos o emociones insanas giran en torno a una emoción negativa más enraizada. Esta emoción negativa nuclear genera emociones negativas de superficie y, a veces, tiene gran capacidad para camuflarse.
  • Freud: “A veces un puro es un puro”.
  • Por desgracia, ni la sociedad, ni mucho menos sus dirigentes, se preocupan por la salud emocional, ni tampoco por la mental, de sus miembros.
  • Las emociones negativas son muchas veces los síntomas de una precaria salud no solo emocional, sino también mental.
  • Padres desequilibrados emocionalmente pueden perjudicar mucho a sus hijos.
  • Cada personas es en última instancia su maestro y su discípulo, su terapeuta y su paciente.
  • El viaje de sanación emocional (y todos estamos más o menos enfermos en este sentido) requiere autoconocerse, superar autoengaños, aceptación consciente y no resignación, voluntad de ser y no solo de tener.
  • Dhammapada: “La mayoría de las personas van envejeciendo como bueyes, engordando en kilos pero no en sabiduría”.
  • Todos tenemos buen número de tendencias neuróticas. Descubrirlas y corregirlas es labor de todo aquel que quiera obtener equilibrio emocional.
  • Desdramatizar, no añadir innecesariamente sufrimiento al sufrimiento, cultivar el oportuno sentido del humor…
  • El hecho mismo de tomar conciencia de nuestras emociones negativas, ya nos preparar para comenzar a resistirlas, rectificarlas o transformarlas.
  • No es fácil descubrir las emociones más íntimas porque a menudo recurren al enmascaramiento o encubrimiento.
  • En todos los seres humanos opera el autoengaño y cuanto más analítica o intelectual es la persona, más lamentablemente capacitada está para tejer ladinos autoengaños, puntos ciegos y escapismos psicológicos.
  • Con frecuencia, el inconsciente genera resistencias y camuflajes porque uno no ve en sí mismo lo que no quiere ver.
  • Se puede disponer de muy poco y tener sobre ello apego y sentido de posesión; se puede disponer de mucho y no tener sobre ello ningún sentido de posesión.
  • Adagio: “Si quiero atraparlo, se pierde; si no trato de agarrarlo, viene”.
  • Dhammapada: “Más importante que vencer a mil guerreros en mil batallas diferentes es vencerse a uno mismo”.
  • Dar reporta más satisfacción que recibir si la persona está sana emocionalmente.
  • Ni siquiera somos dueños del cuerpo y en verdad nada nos pertenece.
  • Séneca: “No disminuí la libertad de nadie y ninguno disminuyó la mía”.
  • Muchas veces el deber no es más que el juez que nuestros mayores han instalado en nuestro interior o en las normas sociales introyectadas o el afán de mantener ante nosotros mismos nuestra imagen o ante los demás el yo idealizado, o la torpe tentativa por satisfacer deseos de los otros, por no defraudarles o no burlar sus expectativas.
  • No se trata de atender al abuelo enfermo por sentido del deber sino por un genuino sentido de cariño y benevolencia.
  • Nadie, mientras tenga un cuerpo y una mente, está libre del ego.
  • La verdadera autoestima no consiste en potenciar el ego, sino, bien al contrario, en neutralizarlo y ponerlo al servicio de la cooperación, la interdependencia y el autodesarrollol
  • Con autoimportancia no se es libre y uno se siente fácilmente amenazado, herido o rechazado. No hay salud mental ni emocional.
  • El envidioso se siente mal por la prosperidad, contento, satisfacciones y éxitos de los otros.
  • Detrás de la envidia hay muchas incapacidades anímicas, complejo de inferioridad, autoimportancia, malevolencia e inseguridad.
  • ¡Qué necio es el envidioso! ¡Cómo sufre innecesariamente! En lugar de duplicar su alegría contentándose con los bienes y éxitos ajenos, multiplica su desdicha.
  • La impaciencia puede originar un sentimiento de enfermiza urgencia, compulsión, agitación y ansiedad.
  • Saber esperar es otro arte y otro signo de salud mental. No se trata de no ser diligente, sino de serlo sin impacientarse.
  • La impaciencia roba la paz interior.
  • La impaciencia es hermana gemela de la insatisfacción, el tedio y el descontento.
  • Un maestro: “Yo espero lo que ocurre”.
  • Epicuro: “Hay que recordar que el futuro no nos pertenece, pero tampoco nos es del todo ajeno, para que no aguardemos que sea del todo nuestro, ni desesperemos si no lo es en absoluto”.
  • El antídoto de la insatisfacción es aprender a vivir en el momento y disfrutar con lo que hay y es.
  • Si estás obsesionado por alcanzar la cima, no disfrutarás del viaje hacia la cima. El camino ya es la meta; la meta es el camino mismo.
  • Un individuo con personalidad airada (ira) siempre está aquejado por algún tipo o grado de irascibilidad y su carácter se amarga.
  • En todos, salvo en las personas muy maduras y autorrealizadas, existen impulsos de hostilidad.
  • A veces la ira no emerge como accesos coléricos, pero impregna nuestros pensamientos, palabras y actos, y se despliega de modos que no son tan inofensivos como creemos o queremos creer, tales como la mordacidad, el sarcasmo cruel, la ironía discordante, el afán de imponer justicia, las palabras o gestos despiadados, la difamación, la prepotencia, el despotismo…
  • Los arrogantes, prepotentes y vanidosos también tienden al enrabietamiento u otras expresiones internas o externas de ira cuando reciben heridas en su ego o se sienten desaprobados o desconsiderados.
  • En una sociedad como la nuestra, hostil y despiadada, donde impera tanto la voluntad de poder, y apenas la de ser, el lecho para la ira es muy fértil.
  • La ira nunca es firmeza, sino todo lo contrario. La ira es signo de debilidad.
  • Toda la energía negativa se puede aprender a contener, transformar e incluso sublimar. Igual que se puede cambiar el curso de un río, es posible hacer buen uso de la energía que deriva de la ira poniéndola al servicio de causas no destructivas e incluso constructivas.
  • Es necesario ejercitarse en reconciliarse y perdona, así como autoperdonarse.
  • Aunque hay personas básicamente malevolentes, no creamos los demás que estamos libres de alguna sombra de esta emoción negativa.
  • Séneca: “Si eres amigo de verdad de ti mismo, lo serás de todo el mundo”.
  • Todos los seres anhelan la felicidad y el bienestar y ningún ser gusta del sufrimiento o malestar.
  • La violencia no es signo de fuerza. A menudo el violento es un ser acomplejado, con un yo enfermizo.
  • Si una persona tiene lucidez, nunca puede ser violenta, porque de la lucidez mental nace la compasión y no del odio.
  • No se trata de reprimir, sino de suprimir de forma consciente, corregir y rectiticar. No es represión, sino transformación.
  • El mal humor no viene de fuera, sino que se engendra dentro de nosotros.
  • Hay una llave que abre muchos corazones: la amabilidad.
  • No hay nadie que no tenga miedo. El miedo es una emoción nuclear cuyas raíces son muy difíciles de erradicar. Es un código biológico para la supervivencia.
  • Cuando sea posible enfrentar un temor y superarlo o atravesarlo, ¡adelante! Si no es posible enfrentarlo y superarlo, hay que aprender a convivir con el temor, sin que por ello se resienta la autoestima.
  • Evitar todo tipo de autorrecriminación o sentimiento de culpa por tener temores, pues hasta los espíritus más fuertes los tienen.
  • Muchas cosas tienen que hacerse aunque sea con miedo o temor.
  • Resistirse a dejarse atrapar por el miedo al miedo.
  • Antiguo texto budista: “Todos los seres están sumergidos en el lodazal, difícil de ser atravesado, de las falsas imaginaciones”.
  • El odio es una de las emociones básicas o nucleares del ser humano y halla sus raíces en la aversión y la ira.
  • El odio encadena a quien lo padece, a la persona odiada.
  • El que odia es forzosamente un acomplejado. Los peores dictadores y tiranos han sido acomplejados que han conseguido poder y han envenenado con su odio a la humanidad.
  • Al final, la persona no ve más que lo que quiere, anhela o teme ver.
  • Antiguo adagio: “De la mente parten dos sendas. Toma siempre la de la claridad”.
  • Nacemos solos y morimos solos, aunque mucha gente nos rodee en el acontecimiento del nacimiento o en el evento de la muerte.
  • La soledad es inherente al ser humano. ¿Dónde comienza el verdadero problema? En el sentimiento de soledad.
  • Si uno no se aprecia lo suficiente o si hay insatisfacción profunda o si uno se rechaza o no se gusta, el sentimiento de soledad está a flor de piel.
  • Una adicción se torna un medio para olvidarse de uno mismo en lugar de seguir medios laudables para ser uno mismo.
  • No temas expresar directamente y sin ambages a una persona amiga o amada tu sentimiento de soledad y solicitar su consuelo o su compañía.
  • Evita los pensamientos nocivos, los recuerdos ingratos, los temores de futuro. No dejes que el lado siniestro de la imaginación presente su cara.
  • Henry Miller: “Es en soledad cuando uno permanece cara a cara con uno mismo y es posible conocer el ser real que somos”.
  • A veces nos resistimos a la soledad porque no nos aceptamos a nosotros mismos o por conflictos internos sin resolver o por frustraciones sin superar.
  • No consideres a los demás como tus jueces o rivales, sino como tus compañeros vitales.
  • Confucio: “Una injuria dura el tiempo que nos empeñemos en recordarla”.
  • Rudyard Kipling: “Si nadie que te hiera, llega a hacerte la herida”. Nadie está exento de que le hieran o le traten de herir.
  • Aprender a conocer las emociones negativas, cuándo y cómo surgen y en qué condiciones, mediante la autoobservación y la autoconciencia o autovigilancia; explorar dichas emociones y cómo unas generan otras y se va creando, por repetición, un hábito emocional negativo y un flujo de energía negativa.
  • Ejercitarse para poder observar la “ola” de la emoción negativa en cuanto se levanta, sin dejarse identificar y arrebatar por la misma, observándola inafectadamente, como el que mira la arrolladora corriente de un río sin que le concierna.
  • Entrenarse para resistirse a la emoción negativa y rectificar, o tratar de suprimirla conscientemente, lo cual no es en absoluto represión.
  • Dhammapada: “Conquista al hombre airado mediante el amor; conquista al hombre de mala voluntad mediante la bondad; conquista al avaro mediante la generosidad”.
  • Philippe Gerfa: “Si grita el orgullo es que el amor calla”.
  • Por lo general hemos sido educados para dar recibiendo o no dar sin recibir.
  • No puedo ser tan indulgente conmigo mismo y tan implacable con los demás.
  • La compasión nos hace interiormente más libres y seguros; nos ayuda a superar la angustia o vacío existencial, previene contra el tedio vital y la pesadumbre existencial, procura energías propias y ajenas.
  • Adagio: “La vida se encarga de desbaratar todo”.
  • Querer detener o empujar el río es pura insensatez.
  • C. Humphreys, gran especialista en budismo: “¿Acaso no son ya las cosas suficientemente tristes para añadirles nuestra tristeza?”.
  • Todas las circunstancias, todas las personas, incluso las más desagradables, pueden convertirse en maestros de ecuanimidad y, por tanto, de paciencia, resitencia psicológica y autosuperación.
  • Cultivando, con lucidez, las emociones positivas van desplazando las negativas.
  • Buda: “Abandonad todo lo perjudicial y cultivad todo lo provechoso”.
  • Buda: “No hay otra felicidad que la paz interior”.
  • La conquista de la paz interior no es solo un aprendizaje, sino también un desaprendizaje, desaprender todo aquello que nos roba la paz interior.
  • No hay peor enemigo para la quietud que el pensamiento desordenado y la imaginación descontrolada, fuentes de inquietud, zozobra y ansiedad.
  • El yoga es por excelencia la senda hacia la serenidad perfecta.
  • Imitar estados mentales positivos. Imitemos calma, ternura, sosiego, tendencia cariñosas, ecuanimidad y contento.
  • Estar presto a perdonar, ser más flexible mental y emocionalmente, mostrarse un poco más indulgente y tolerante.
  • Un maestro espiritual dijo en una ocasión de modo terminante: “No me digáis jamás que una persona no puede cambiar”.
  • Se irá consiguiendo, aunque lentamente, entrar en la corriente del arte noble de vivir.

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