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Un paso al frente de Luis Gonzalo Segura de Oro-Pulido – Apuntes Breves

Posted by Raul Barral Tamayo en Martes, 10 de marzo, 2015


© Luis Gonzalo Segura de Oro-Pulido 2014.
Editorial: Tropo Editores.

Imagina un mundo de castas en la que la casta minoritaria fuese la dominante. Esta casta controlaría la policía, la fiscalía, la justicia, la intervención, los auditores, los medios de comunicación y cualquier otro estamento relevante.

Establecería un férreo control que impidiese que el resto de castas se manifestase en público, reprimiéndoles con dureza cuando infringiesen la ley del silencio e internándoles en cárceles o centros similares, después de juicios llevados a cabo por personas que jamás han leído un libro de derecho. Un lugar en el que los poderosos privan de libertad, acosan, o reprimen a quien desean, con total impunidad y con la connivencia de la justicia.

La próxima vez que camines junto a un recinto militar recuerda que ese mundo se encuentra tras sus muros.

“Un paso al frente” destapa las miserias del Ejército español. El autor, militar en activo con participación en Afganistán y una experiencia de doce años, presenta una historia coral y de denuncia sobre la vida cotidiana de personajes “de carne y hueso”. “Un paso al frente” le da voz a los sin voz.

Luis Gonzalo Segura de Oro-Pulido (Madrid, 1977). Ingresó en el Ejército de Tierra como soldado especialista en administración en el año 2002, siendo destinado al Centro Geográfico del Ejército. Tres años después opositó a Oficial de la escala de complemento siendo nombrado Alférez de la especialidad de Transmisiones en el año 2006. Ejerció como oficial en el Regimiento de Transmisiones 22 (Madrid) donde se hizo cargo de un centro de telecomunicaciones que daba servicio a una de las entidades de brigada más importantes del Ejército de Tierra. En el año 2009 ascendió a Teniente y solicitó destino en la Jefatura de Información, Telecomunicaciones y Asistencia Técnica (JCISAT). En los años 2012 y 2013 interpuso diversas denuncias de índole muy variada cuyo destino han sido y serán (para las que aún están abiertas) el archivo, salvo que la valentía personal de alguien comprometido las salve en el último momento.

Tras comprobar la imposibilidad de encontrar justicia en el mundo militar decide dar la cara y escribir este relato, a pesar de los numerosos problemas que le puede acarrear y de poner en peligro su propio puesto de trabajo. Basado en hechos reales y ficticios, intenta dar a conocer a todo aquel que lo desee un mundo que es completamente desconocido por la mayoría de los españoles.

Algunas de las cosillas que aprendí leyendo este libro que no tienen porque ser ni ciertas ni falsas ni todo lo contrario:

  • La presente historia se narra en el contexto del Ejército de Tierra español, pero podría enmarcarse dentro del Ejército de cualquier país.
  • Describe un oscuro mundo de poder y conspiraciones desconocido al gran público.
  • Si por muchos generales indeseables fuera, estarían todavía más presentes.
  • Los acontecimientos que se narran son necesariamente una combinación de noticias, hechos reales y pura fantasía, aunque es cierto que lo fantástico es realidad en gran parte del mundo. Todos los aquí narrados son hechos ficticios o reales, pero fabulados con las correspondientes licencias literarias.
  • Avergonzarse en ocasiones de tu propio país y tu trabajo es la única opción que permite el honor.
  • Habernos equivocado no nos da licencia para seguir haciéndolo. Eso solo lo hacen los cobardes, aunque triunfen como mediocres.
  • En el Ejército, los hombres no tienen nombre, sólo apellido.
  • En el Ejército la música señala lo que hay que hacer y cuándo hacerlo.
  • Tardaría poco en descubrir los sacrificios que se necesitaban para convertirse en soldado: parejas perdidas, hijos que no reconocen a sus progenitores, navidades desapacibles a miles de kilómetros del calor familiar.
  • El Ejército simplifica, unifica, reduce, elimina sentimientos.
  • “Ya se han gastado otra vez el dinero para mejora de la residencia en actos y en un puto jacuzzi para el general”.
  • ¿Qué justicia se puede esperar de un país en el que tienes que arruinarte para tener unas mínimas posibilidades?
  • No había nada peor en el Ejército que encontrarse solo. Ninguna sensación podía generar mayor desconsuelo en la instrucción que la soledad. Era un indicio inequívoco de problemas.
  • Yo creo que una ley que otorga a los oficiales el derecho a una pensión de incapacidad o invalidez mientras que a los soldados les rescinde el contrato, les da una pequeña indemnización y les expulsa a un mundo en el que difícilmente van a sobrevivir, es una ley injusta.
  • Cadeteras eran las chicas que iban tras los cadetes, que frecuentaban los mismos ambientes que estos, hasta que se ennoviaban y después se casaban. Las consideraba en parte prostitutas: no vendían su cuerpo por dinero, pero sí vendían su alma por estabilidad y prestigio social.
  • “Somos oficiales y es normalo que tengamos un estatus. Faltaría más que tuviéramos que compartir espacio con esa chusma. ¿Sabes que el Ejército se está llenando de sudacas?”.
  • María no podía parar de pensar que los clubes militares gastaban una gran cantidad de dinero público solo para que unos pocos (los oficiales, y en menor medida, los suboficiales) pudieran sentirse ricos sin serlo. Todo a precios irrisorios. La tropa no tenía derecho a acceder a ninguno de estos recintos, a excepción de algunas residencias de descanso.
  • “Soy la mujer de un general y no voy a compartir mi mesa con vulgares suboficialas”.
  • Los oficiales, incluso en la academia, tenían servicio de limpieza en su cuarto y camareros durante la comida.
  • Durante la instrucción, el hambre nunca desaparecería en los castigados cuerpos de los militares por mucha cantidad de comida que ingiriesen o muchas veces que lo hiciesen al día.
  • Al poco tiempo de entrar en el Ejército decubrió que los oficiales, sobre todo los altos mandos, acudían a ejercicios y maniobras y terminaban la noche deleitados en la mejor gastronomía local, bebiendo un buen licor en algún local de moda y durmiendo en alguno de los lujosos hoteles que se encontrasen cercanos.
  • “Mando que no abusa pierde prestigio”, decían los más curtidos en armas, máxima militar que los altos mandos intentaban seguir en la medida de lo posible.
  • “¿Quién eres tú para decirme que te corresponden días si la normativa la he escrito yo? Cada día sois más comunistas”.
  • “España se va al garete. El Ejército está lleno de rojos, ¿qué es lo siguiente?, ¿manifestaciones?, ¿libertad de expresión?”.
  • Casi a las cuatro de la mañana más de una veintena de encapuchados entraron en el cuarto con rapidez. Las patadas, los puñetazos, los palazos y los jabonazos se lanzaban frenéticos contra sus víctimas. El “código rojo” de los oficiales que tenía como misión preservar los valores militares se había vuelto a poner en marcha y había señalado con el dedo a los “indeseables” con la esperanza de que estos abandonasen  la instrucción en el último momento.
  • En la justicia militar, los abogados no tenemos acceso a las denuncias y las sentencias como ocurre en la justicia civil. No son públicas. Lo único que se pretende con tales limitaciones jurídicas es poner trabas a la justicia y favorecer la arbitrariedad. Ante dos situaciones idénticas, los jueces pueden decirte a ti que no y a otra persona que sí.
  • Estoy cansada de ver cómo el juzgado central archiva denuncias bien fundamentadas contra altos mandos, sin demostrar el más mínimo interés por estudiarlas, y luego el juzgado territorial admite denuncias mucho menos cimentadas contra militares de menor r ango.
  • No hay justicia en este país y menos en este Ejército.
  • Los robos en la contrata de comida, las estafas y falsedades documentales en los expedientes de mantenimiento armamentístico, los desvíos que se producen en la sección de obras, los contratos ilegales, traslados o comisiones de servicio también ilegales, los sistemas militares que consumen millones de euros al año y que no funcionan o no se usan …
  • “Nunca dejamos a un compañero atrás”. Ahora sé que solo es un eslogan. Marketing. Puro marketing.
  • En general, cualquier partida presupuestaria destinada a material fungible o difícil de meter en inventario era un auténtico agujero negro en el que se podía hacer y deshacer. Los auditores en el Ejército no estaban para perseguir ni a nada ni a nadie, era unos patriotas.
  • El dinero no siempre era empleado en un beneficio personal directo, como en el caso de los políticos. En muchas ocasiones se dedicaban a agasajar a superiores que más tarde les concedían ascensos o les facilitaban vacantes en destinos especiales, o realizaban regalos y favores que les valdrían futuros puestos de consejeros en empresas públicas o privadas.
  • “Hay hasta una piscina mandada por un puñetero coronel. Tanto dinero en formación y salario para mandar una piscina militar”.
  • En el Ejército, una de las mayores preocupaciones de los altos mandos era disfrutar con la mayor intensidad posible del privilegio del poder. Se tardaba mucho tiempo en llegar a la cima y no había manera legal de pasar más de dos años en ella.
  • El estudio de los edificios militares es, sin duda, una de las mejores formas de conocer y comprender el Ejército. Sus edificios son austeros, regulares y uniformes si se observan desde su fachada, en un fiel reflejo de los valores que se transmiten al exterior. Por el contrario, en su interior los edificios militares resultan clasistas, jerarquizados y heterogéneos. El tamaño y el mobiliario de las dependencias dejan patente el estatus de quien las ocupa.
  • Hay numerosas escaleras de generales o coroneles por las que solo ellos pueden transitar.
  • “Cuando yo meo, a ti no llega ni la humedad”.
  • Si algo le había dicho su padre antes de ingresar en el Ejército era que jamás se fijaran en él, ni para bien ni para mal.
  • Al producirse la profesionalización del Ejército, los altos mandos no fueron capaces de adaptar su mentalidad a los nuevos tiempos y prescindir de sus privilegios como señores feudales.
  • Tal era el descontrol, que ni siquiera sabían dónde se encontraban muchos de los soldados que se prestaban. Por lo general, no existía un solo papel que acreditase los traslados y, cuando existía, solía estar plagado de falsedades.
  • Dados los escasos salarios con los que eran retribuidos los cuerpos comunes en comparación con otros empleos públicos o privados, en el Ejército solían ingresar los peores licenciados de cada una de las especialidades, justo al contrario de lo que sucedía en la carrera judicial civil.
  • El obstáculo con que se topaban los jueces militares era que hacer bien su trabajo casi equivalía a arruinar su carrera profesional.
  • Era imposible que un juez militar encausase a tenientes coroneles, coroneles y generales, puesto que acabarían siendo sus jefes si no lo habían sido ya y dependería de ellos en su futuro profesional.
  • Ni siquiera denunciar corruptelas. El silencio y la máxima sumisión eran las única leyes válidas en el Ejército, cuya infracción acarreaba como castigo la repulsa generalizada.
  • Hay dos ejércitos en España: por un lado, están los soldados, los suboficiales y algunos oficiales, que apuestan su futuro en Afganistán o Irak. Y luego están los oficiales de la antigua escala superior de oficiales, que han convertido las Fuerzas Armadas en su juego de tronos.
  • Ninguno de los ministros que se han sucedido ha sido capaz de cumplir con su verdadera obligación: convertir un Ejército con estructuras del Antiguo Régien en un Ejército democrático.
  • Los delitos deberían ser juzgados por magistrados civiles independientes y en una sala de los juzgados civiles especializada para ello. Asimismo, deberían ser ellos también quienes sancionasen las faltas graves y leves, ya que las mismas pueden suponer una privación de libertad.

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