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El respeto hacia uno mismo de Nathaniel Branden – Apuntes Breves

Posted by Raul Barral Tamayo en Martes, 9 de junio, 2015


Título original: Honoring the Self. The Psychology of Confidence and respect.
© 1985 by Nathaniel Branden
© 1990 de la traducción, Magdalena L. Senestrari de Salvi
Editorial: Paidós.

El concepto más importante que podemos formarnos es el concepto sobre nosotros mismos. Nuestra autoestima constituye la clave de nuestro éxito o de nuestro fracaso. En palabras de Nathaniel Branden: “Díganme cómo juzga una persona su autoestima y les diré cómo actúa esa persona en el trabajo, en el amor, en el sexo, como padre, en cada aspecto importante de su existencia…, y hasta dónde puede ascender su vida. La reputación que nos forjamos ante nosotros mismo (nuestra autoestima) es el único factor de fundamental importancia para alcanzar la plenitud”.

La lectura de El respeto hacia uno mismo nos permitirá acceder a la necesaria confianza en nosotros mismos; liberarnos de la sensación de culpabilidad; dejar de temer la desaprobación del prójimo; fomentar la autoestima en los demás y, especialmente, en los niños; en suma, encontrar las claves para alcanzar un pleno respeto por la propia persona.

Nathaniel Branden (Ontario, 1930) psicoterapeuta canadiense especialista en la psicología de la autoestima. Doctorado en Psicología por la Universidad de California, Branden estuvo vinculado a la corriente objetivista de Ayn Rand, filósofa con la que Branden colaboró estrechamente, a lo largo de 18 años. Actualmente vive y ejerce de psicoanalista en Los Ángeles, donde ha reimpulsado el método de completar frases para hacer conscientes pensamientos subconscientes.

Algunas de las cosillas que aprendí leyendo este libro que no tienen porque ser ni ciertas ni falsas ni todo lo contrario:

  • De todos los juicios que entablamos en la vida, ninguno es tan importante como el que entablamos sobre nosotros mismos.
  • ¿Me pertenezco o pertenezco a otros? ¿El propósito primario de mí mismo es la búsqueda de mi propia felicidad y del desarrollo de mis propias potencialidades, o el cumplimiento de los deseos y expectativas de los demás? ¿Vivo de acuerdo con mi propia visión de las cosas o con la visión de otros? ¿Me preocupa ante todo mi propia aprobación o la aprobación de los demás? ¿Debo confiar principalmente en mi propia mente o en las mentes de mis padres o maestros, líderes o gurúes?
  • La psicología y la ética guardan una íntima interrelación, aunque ni los psicólogos ni los moralistas se hayan mostrado jamás dispuestos a reconocer la conexión.
  • El modo en que nos relacionamos con nosotros mismos afecta el modo en que nos relacionamos con los demás, con el mundo que nos rodea.
  • La autoestima y la autonomía personal constituyen condiciones indispensables del bienestar humano.
  • No es el egoísmo, sino la ausencia del sí-mismo, la raíz de la mayoría de nuestros males, la falta de egoísmo constituye el más importante peligro personal, interpersonal y social que nos acecha y que lo ha sido durante la mayor parte de nuestra historia.
  • Respetar el sí-mismo:
    • La afirmación de la conciencia: la elección de pensar, de ser consciente, de dirigir la luz indagadora de la conciencia hacia el mundo exterior y hacia nuestro propio ser.
    • Estar dispuesto a pensar de manera independiente, a vivir de acuerdo con nuestra propia mente y a tener el coraje de atender a nuestras propias percepciones y juicios.
    • Estar dispuesto a saber no sólo que pensamos, sino también lo que sentimos, lo que queremos, necesitamos, deseamos, lo que nos hace sufrir, sentir miedo, o lo que nos irrita, y a aceptar nuestro derecho a experimentar esta variedad de sentimientos.
    • Conservar una actitud de autoaceptación: aceptar lo que somos, sin oprimirnos ni castigarnos, sin fingir con respecto a la verdad de nuestro propio ser.
    • Vivir de un modo auténtico, hablar y actuar de acuerdo con nuestras convicciones y sentimientos más íntimos.
    • Negarse a aceptar la culpa inmerecida y hacer todo lo posible por corregir la culpa que podamos haber merecido.
    • Respetar nuestro derecho a existir, proviene del conocimiento de que nuestra vida no pertenece a otras personas y de que no estamos aquí, en la tierra, para vivir de acuerdo con las expectativas de los demás.
    • Amar nuestra propia vida, amar nuestras posibilidades de madurar y de experimentar alegría, amar el proceso de descubrir y explorar las potencialidades distintivamente humanas que poseemos.
    • Practicar el egoísmo en el sentido más sublime, noble y menos comprendido de la palabra. Esto requiere enorme independencia, coraje e integridad.
  • Las dos características más sobresalientes de los hombre y mujeres que recurren a la psicoterapia son cierta falta de autoestima y una condición de autoalienación. Se sienten enajenados de su verdadera condición humana. Trasitan sonámbulos por su propia existencia.
  • Goethe: “El peor de los males que le puede suceder al hombre es que llegue a pensar mal de sí mismo”.
  • La mayor de las barreras para el amor es el secreto temor de no ser digno de ser amado.
  • La peor barrera para la felicidad es la indescriptible sensación de que la f elicidad no es el destino adecuado para nosotros.
  • Cuando partimos de una baja autoestima, las culpas encuentran naturalmente terreno fértil donde desarrollarse, empeorando un autoconcepto ya deficiente de por sí.
  • Cuando no existe ni evasión, ni irresponsabilidad, ni violación consciente de la integridad, no hay fundamentos racionales para el sentimiento de culpa. Naturalmente, puede haber fundamentos para el dolor o el arrepentimiento por errores de juicio.
  • El concepto del pecado original se contrapone a la autoestima por su propia naturaleza. Por lo tanto, resulta inhumano.
  • Lo bueno de sentirse culpable es que: me permite permanecer paralizado; no tengo que hacer nada; la gente siente pena por mí; prueba que soy una prueba moral; no tengo que cambiar; puedo sentirme superior a otras personas; puedo sentir pena por mí mismo.
  • Un “buen” niño es el que se adapta al punto de vista que los padres tienen de las cosas. De manera que, si un niño quiere ser bueno y se le dice que es malo, se genera una dolorosa paradoja.
  • No maduramos negando o reprimiendo nuestros sentimientos de dependencia, sino aceptándolos, experimentándolos, para luego dejarlos atrás aprendiendo a escuchar y respetar nuestras señales internas y a dejarnos guiar por nuestras propias conclusiones.
  • Nos engañamos si imaginamos que podemos redimir nuestra autoestima sólo a través del sufrimiento, o del autoconvencimiento de que no existe redención posible para nuestra autoestima. Con raras excepciones, siempre existe una forma de redención y es nuestra responsabilidad encontrarla.
  • El individuo que intenta fingir una sana autoestima se ve empujado a perpetuar y reforzar el mismo tipo de criterios antirracionales y autodestructivos que provocaron la pérdida de su seguridad personal y el respeto de sí mismo en primera instancia.
  • Cada vez que admitimos una verdad difícil, cada vez que nos enfretamos a aquello que nos producía t emor afrontar, cada vez que reconocemos hechos cuya existencia hemso estado ignorando, cada vez que nos mostramos dispuestos a tolerar el miedo o la ansiedad temporales en beneficio de un mejor contacto con la realidad, nuestra autoestima crece.
  • No existe objeto de miedo más aterrador para los seres humanos que el miedo mismo, ni miedo más aterrador que aquel cuyo objeto es imposible de identificar.
  • En la medida en que una persona sufre de baja autoestima, vive negativamente y a la defensiva, es decir, motivada por el miedo.
  • No niego que los tranquilizantes sean de utilidad, a veces como medidas a corto plazo ante emergencias. Pero como forma de vida se transforman en una negación de la vida.
  • Es absurdo culpar del éxito de los tranquilizantes como industria a las compañías farmaceúticas. La causa es la inclinación humana a seguir el camino menos complicado, la inclinación a aceptar la solución que parece más fácil y menos exigente, en vez de la correcta.
  • El problema del abuso está íntimamente relacionado con problemas de autoestima y no puede comprenderse fuera de este contexto.
  • Poseer una sana autoestima no significa ser inmune a las vicisitudes de la vida o al dolor de la lucha.
  • Una de las actitudes más importantes que diferencia a los individuos de alta autoestima de aquellos de baja autoestima consiste en aceptar el proceso de la lucha como parte de la vida, aceptarlo todo, incluso los peores momentos de angustia.
  • El deseo de evitar el miedo y el dolor no representa el motivo que rige las vidas de hombres y mujeres muy evolucionados.
  • Cuanto más inseguros somos, existen más posibilidades de que transformemos cada desilusión, revés o fracaso en la obtención de nuestros objetivos, en prueba de nuestra incompetencia, ineptitud e indignidad.
  • Evolucionar hacia la propia existencia es la primera tarea humana. En cualquier etapa del camino, el proceso puede quedar interrumpido, frustrado, bloqueado o desviado de manera que el individuo quede fragmentado, dividido, enajenado, atascado en uno u otro nivel de inmadurez mental o emocional. La mayoría de las personas se encuentran detenidas a lo largo de este camino del desarrollo.
  • Vivir según nuestra propia mente no significa que no aprendamos de los demás. Significa que no intentamos vivir según la conformidad inconsciente y la suspensión del discernimiento crítico independiente. Nos hacemos responsables de las ideas que aceptamos y de los valores en que basamos nuestras acciones.
  • En una etapa muy temprana de la vida, se nos enseña a dar prioridad a las señales externas sobre las internas, a respetar la voz de los demás antes que la voz del sí-mismo. Un “buen” niño se que “se preocupa” por sus mayores, el que “se porta bien”. Se nos enseña a identificar la virtud con la complacencia de los deseos y expectativas de otros.
  • Nadie que siente terror de equivocarse puede obtener autonomía moral.
  • El miedo a la autonomía implica miedo a la propia responsabilidad, lo cual implica miedo a la identidad, lo cual implica miedo a la soledad, lo cual implica miedo a la muerte.
  • Cuando existe disociación, el cuerpo ni pertenece exclusivamente al sí-mismo ni constituye siquiera un aspecto del sí-mismo; es, en cambio, la ausencia de sí-mismo. En nuestra cultura, la inmensa mayoría de la gente existe en diferentes grados de enajenación respecto de su propio cuerpo.
  • La mayoría de los padres enseñan a sus hijos a reprimir sus sentimientos y emociones. Les enseñan que la inconsciencia es un valor positivo, uno de los precios que hay que pagar para que le amen a uno, le acepten y le consideren una “persona mayor”.
  • Los padres que aceptan ciertos adoctrinamientos religiosos muy probablemente contaminarán a sus hijos con la espantosa idea de que existen cosas tales como “malos pensamientos” o “emociones pecaminosas”. Así puede provocarse en el niño el terror moral hacia su propia vida interior.
  • Dejar de saber lo que sentimos significa dejar de experimentar lo que las cosas significan para nosotros, lo cual implica estar desconectados de nuestro propio contexto.
  • En diferentes grados, el niño aprende a “hacerse el muerto” para sobrevivir. Con el fin de proteger la autoestima, el niño aprende a entregar cada vez más del sí-mismo. El niño medio se transforma en un experto en abnegación en el nivel psicológico más profundo: el nivel de la mente y el espíritu, el nivel de la fuerza vital misma.
  • Los sentimientos suelen ser la primera forma en que tomamos conciencia de que algo anda mal en nuestras vidas. Nos valemos del pensamiento para saber qué hacer, pero los sentimientos, con frecuencia, nos alertan sobre la existencia de un problema.
  • En nuestra vida personal, si no somos capaces de sentir profundamente, difícilmente podremos pensar con claridad.
  • El arte de ser es el arte de conocernos, de aceptarnos, de vivir en armonía con nosotros mismos y de desarrollar, en la práctica, las más altas posibilidades de nuestra naturaleza. Incluye tres conceptos básicos: la conciencia de sí mismo, la autoaceptación y la afirmación personal.
  • A medida que vamos tomando conciencia del flujo de nuestros sentimientos, nos percatamos más claramente de los impulsos ocultos que existen detrás de nuestras acciones.
  • Cuando tomamos conciencia de los sentimientos que rechazamos y los experimentamos, éstos se apaciguan. Ocurre lo contrario con los sentimientos deseados: se fortalecen.
  • La técnica de completar frases hace posible lograr el cambio necesario de conciencia para que podamos tener acceso al material que quizá no esté fácilmente disponible.
  • Crecer significa asumir la responsabilidad de ser padres para el niño que llevamos dentro.
  • Sin autoaceptación, el autoconocimiento tiene un límite.
  • La solución no reside en  tratar de imponernos a nuestra resistencia: si somos incapaces de aceptar un sentimiento (un pensamiento o un recuerdo), debemos aceptar nuestra resistencia. Si mantenemos la resistencia en un nivel consciente, comenzará a diluirse.
  • Nos descentramos cuando tratamos de luchar contra nosotros mismos; si nos dejamos llevar por lo que existe, recuperamos el equilibrio y el control. Esta es la esencia del arte de la autoaceptación.
  • Si nos permitimos experimentar lo que estamos negando, volvemos a establecer contacto con nosotros mismos, hacemos posible que se descarguen los sentimientos indeseados y liberamos el proceso de integración que sustenta nuestro equilibrio y bienestar interiores.
  • No son los sentimientos no deseados los que dañan un comportamiento sano, sino la negación y e rechazo de tales sentimientos.
  • La autoafirmación puede resultar aterradora: me pone en contacto con mi soledad.
  • En el camino hacia niveles más altos de expresión, autorrealización e individuación, uno de los obstáculos más importantes con que se topa la tendencia a la afirmación personal es el mensaje paterno internalizado que prohíbe al individuo evolucionar más allá de un determinado punto. Muchos hombres y mujeres tienen demasiada energía e independencia como para aceptar estos mensajes de un modo absoluto, pero no la suficiente como para liberarse de ellos completamente. De modo que viven en un estado crónico de tensión y conflicto que no comprenden.
  • No aceptamos la muerte como un fenómeno natural.
  • La ansiedad provocada por la muerte rara vez surge como problema explícito.
  • Muchos seres humanos experimentan un terror subyacente a la muerte del que casi nunca hablan o que ni siquiera captan en un nivel consciente.
  • Algunas veces se necesita un gran esfuerzo para lograr que un paciente acepte el hecho de que algún día morirá, lo que demuestra la fuerza del mecanismo de negación. La consecuencia de esto es un cambio en los valores y las prioridades, una mayor disposición a participar en la vida por parte del paciente.
  • Para vivir plenamente en el presente, necesitamos la referencia de nuestra mortalidad. El paso del tiempo no es una tragedia. Resulta esencial para el significado y la emoción de vivir, para la intensidad del amor y, en realidad, para la intensidad de cualquier alegría. La gloria de la vida es inseparable del hecho de su finitud.
  • Paradójicamente, son las personas menos capaces de vivir y disfrutar el momento las que parecen más preocupadas por anhelar la eternidad.
  • Tanto el miedo a la vida como el miedo a la muerte obstruyen en la misma medida la aparición de una buena autoestima.
  • Si no sabemos vivir en el presente, no sabremos vivir en la eternidad.
  • Son los hechos irrebatibles de la existencia los que ponen a prueba las potencialidades heroicas de nuestra naturaleza.
  • Nuestra vida depende de nuestro pensamiento y esfuerzo; el éxito nunca está garantizado; resulta virtualmente inevitable que todo ser humano sufra en alguna medida. No tenemos elección sobre la existencia de estos desafíos: nuestra única elección reside en cómo responder a ellos.
  • Ser valiente significa perseverar. Amar el proceso y la lucha. Reír y llorar sin tapujos. Permanecer abiertos y vulnerables, lo que implica sentir. Permitir que la fuerza vital nos eleve tanto como podamos trepar.

Enlaces relacionados:

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raul

3 comentarios to “El respeto hacia uno mismo de Nathaniel Branden – Apuntes Breves”

  1. Arno said

    Interesante! Camino hacía un mayor conciencia ! :)

  2. […] El respeto hacia uno mismo de Nathaniel Branden. […]

  3. […] El camello sobre el tejado de Burhanuddin Herrmann – Apuntes Breves El respeto hacia uno mismo de Nathaniel Branden – Apuntes Breves […]

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