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El hombre y sus símbolos de Carl G. Jung – Apuntes Breves

Posted by Raul Barral Tamayo en Jueves, 25 de junio, 2015


Título original: Man and his symbols.
© Carl G. Jung, 1964.
Editorial: Luis de Caralt.

Se trata de un libro que no dudamos en calificar de fundamental. Es el resultado de un trabajo de equipo realizado por Jung y sus más íntimos colaboradores, donde se estudia la importancia de los símbolos tal como se presentan en la mente humana, y de manera especial a través de los sueños. A la preparación de este trabajo dedicó Jung los últimos meses de su vida.

Car G. Jung. Psicólogo y psiquiatra suizo (1875-1961), se formó en las universidades de Basilea y Zurich, de las que más tarde sería profesor. Colaboró con Freud durante varios años. Sus estudios han contribuido al desarrollo del psicoanálisis y de la caracteriología. Su obra escrita sobre tales materias ha tenido amplia difusión, por la sutilidad con que incide en planteamientos que preocupan al hombre contemporáneo.

Algunas de las cosillas que aprendí leyendo este libro que no tienen porque ser ni ciertas ni falsas ni todo lo contrario:

  • El lenguaje y la “gente” del inconsciente son símbolos, y los medios de comunicación son los sueños.
  • La interpretación de los sueños es para los psicólogos junguianos un asunto totalmente personal e individual que, en modo alguno, puede confiarse a normas empíricas.
  • Los junguianos “enseñan” a ser receptivo para los sueños.
  • Usamos constantemente términos simbólicos para representar conceptos que no podemos definir o comprender del todo. Esta es una de las razones por las cuales todas las religiones emplean lenguaje simbólico o imágenes.
  • El hombre produce símbolos inconsciente y espontáneamente en forma de sueños.
  • El hombre jamás percibe cosa alguna por entero o la comprende completamente. Los sentidos limitan su percepción del mundo que le rodea.
  • Fue el estudio de los sueños lo que primeramente facilitó a los psicólogos investigar el aspecto inconsciente de los sucesos de la psique consciente.
  • Todo psicólogo que haya escuchado a numerosas personas contar sus sueños, sabe que los símbolos del sueño tienen mucha mayor variedad que los síntomas físicos de la neurosis.
  • Con mucha frecuencia, los sueños tienen una estructura definida, de evidente propósito, que indica una idea o intención subyacente, aunque, por regla general, lo último no es inmediatamente comprensible.
  • Es fácil comprender por qué los soñantes tienden a ignorar, e incluso negar, el mensajes de sus sueños. La consciencia se resiste a todo lo inconsciente y desconocido. Ya señalé la existencia entre los pueblos primitivos de lo que los antropólogos llaman “misoneísmo”, un miedo profundo y supersticioso a la novedad.
  • El sueño no es nada parecido a una historia contada por la mente consciente.
  • El simbolismo del “lenguaje onírico” tiene tanta energía psíquica que nos vemos obligados a prestarle atención.
  • Los mensajes del inconsciente son más importantes de lo que piensa la mayoría de la gente. Cuanto más influida está la consciencia por prejuicios, errores, fantasías y deseos infantiles, más se ensanchará la brecha ya existente haciéndose una disociación neurótica que conduzca a una vida más o menos artificial, muy alejada de los instintos sanos, la naturaleza y la verdad.
  • La función general de los sueños es intentar restablecer nuestro equilibrio psicológico.
  • El sueño compensa las deficiencias de su personalidad y, al mismo tiempo, le advierte los peligros de su vida presente.
  • Los sueños, a veces, pueden anunciar ciertos sucesos mucho antes de que ocurran en la realidad.
  • No niego que se han obtenido grandes ganancias con la evolución de la sociedad civilizada. Pero estas ganancias se han hecho al precio de enormes pérdidas cuyo alcance apenas hemos comenzado a calcular. El hombre primitivo estaba mucho más gobernado por sus instintos que sus modernos descendientes “racionales” los cuales han aprendido a “dominarse”.
  • Ningún símbolo onírico puede separarse del individuo que lo sueña y no hay interpretación definida o sencilla de todo sueño.
  • Hay sueños y símbolos aislados que son típicos y se producen con frecuencia. Entre tales motivos están las caídas, los vuelos, ser perseguido por animales peligrosos u hombres hostiles, estar poco o absurdamente vestido en lugares públicos, tener prisa o estar perdido entre las aperturas de una multitud, luchar con armas inútiles o estar completamente indefenso, correr mucho sin llegar a ninguna parte.
  • El sueño repetido es digno de nota. Hay casos en que la gente tiene el mismo sueño desde la infancia hasta los últimos años de su vida adulta. Un sueño de esa clase suele ser un intento para compensar un defecto particular de la actitud del soñante hacia la vida; o puede datar de un momento traumático que dejó tras de sí cierto perjuicio específico.
  • Nadie puede tomar un pensamiento más o menos racional, alcanzado como deducción lógica o con deliberada intención y luego darle forma “simbólica”.
  • En los sueños, los símbolos se producen espontáneamente porque los sueños ocurren, pero no se inventan; por tanto, son la fuente principal de todo lo que sabemos acerca del simbolismo.
  • La forma que toman los sueños es natural al inconsciente porque el material con el que están construidos está retenido en estado subliminal precisamente de ese modo. Un sueño no puede producir un pensamiento definido. Si comienza a hacerlo, deja de ser un sueño porque traspasa el umbral de la consciencia.
  • El conocimiento que, acerca de la naturaleza humana, fui acumulando durante sesenta años de experiencia clínica, me enseñó a considerar cada caso como si fuera nuevo y en el que, sobre todo, tenía que buscar el conocimiento del individuo.
  • Comúnmente se supone que en alguna determinada ocasión de los tiempos prehistóricos se “inventaron” las ideas mitológicas básicas por algún inteligente filósofo anciano o profeta y que, en adelante, fueron “creídas” por el pueblo crédulo y carente de sentido crítico.
  • Por paradójico que parezca, sabemos más acerca de simbolismo mitológico que ninguna otra generación anterior a la nuestra. El hecho es que, en tiempos anteriores, los hombres no reflexionaban sobre sus símbolos: los vivían y estaban inconscientemente animados por su significado.
  • No fue el hombre Jesús el que inventó el mito del dios-hombre. Ya existía muchos siglos antes de su nacimiento.
  • Los mitos se remontan a los primitivos narradores y sus sueños, a los hombres movidos por la excitación de sus fantasías. Esa gente no era muy distinta de la que, generaciones posteriores, llamaron poetas y filósofos.
  • El hombre moderno no comprende hasta qué punto su “racionalismo” le ha puesto a merced del “inframundo” psíquico. Se ha librado de la “superstición”, pero, mientras tanto, perdió sus valores espirituales hasta un grado positivamente peligroso. Se desintegró su tradición espiritual y moral, y ahora está pagando el precio de esa rotura en desorientación y disociación extendidas por todo el mundo.
  • Al crecer el conocimiento científico, nuestro mundo se ha ido deshumanizando. El hombre se siente aislado en el cosmos, porque ya no se siente inmerso en la naturaleza y ha perdido su emotiva “identidad inconsciente” con los fenómenos naturales. El trueno ya no es la voz de un dios encolerizado, ni el rayo su proyectil vengador. Ningún río contiene espíritus, ni el árbol es el principio vital del hombre, ninguna serpiente es la encarnación de la sabiduría, ni es la gruta de la montaña la guarida de un gran demonio. Ya no se oyen voces salidas de las piedras, las plantas y los animales, ni el hombre habla con ellos creyendo que le pueden oír.
  • Parece que lo que llamamos inconsciente ha conservado características primitivas que formaban parte de la mente originaria.
  • Los huecos en el recuerdo de su infancia son meros síntomas de una pérdida mayor: la de la psique primitiva.
  • Estamos tan cautivados por neustra consciencia subjetiva y tan enredados en ella que hemos olvidado el hecho antiquísimo de que Dios habla principalmente por medio de sueños y visiones.
  • La depreciación general del alama humana es tan enorme que ni las grandes religiones ni las filosofías ni el racionalismo científico han estado dispuestos a examinarla dos veces.
  • Los sueños proporcionan la más interesante información para quienes se toman la molestia de comprender sus símbolos.
  • La mente humana tiene su propia historia y la psique conserva muchos rastros de las anteriores etapas de su desarrollo. Los contenidos del inconsciente ejercen una influencia formativa sobre la psique. Conscientemente, podemos desdeñar esos contenidos, pero inconscientemente respondemos a ellos y a las formas simbólicas con que se expresan.
  • Al individuo puede parecerle que sus sueños son espontáneos y sin conexión.
  • Algunos de los símbolos en sueños derivan de lo que el Dr. Jung llamó “el inconsciente colectivo”, es decir, esa parte de la psique que conserva y transmite la común herencia psicológica de la humanidad.
  • En la lucha del hombre primitivo por alcanzar la consciencia, este coflicto se expresa por la contienda entre el héroe arquetípico y las cósmicas potencias del mal, personificadas en dragones y otros monstruos.
  • Son sólo las formas específicas de los modelos arcaicos los que cambian, no su significado psíquico.
  • Jung empleó la palabra “sombra” para esa parte inconsciente de la personalidad (aspectos de nuestra personalidad que por diversas razones hemos preferido no contemplar muy de cerca) porque, en realidad, con frecuencia aparece en los sueños en forma personificada.
  • La imaginación activa es cierta forma de meditar imaginativamente por la cual podemos entrar deliberadamente en contacto con el inconsciente y hacer una conexión consciente con fenómenos psíquicos. Está entre los descubrimientos más importantes de Jung.
  • En nuestro mundo civilizado, la mayoría de los sueños se refieren al desarrollo (por el ego) de la actitud interior “adecuada” respecto al “sí-mismo”, pues estas relaciones están más alteradas en nosotros por las modernas formas de pensar y de comprotamiento que en el caso de pueblos primitivos. Estos, por lo general, viven directamente de su centro interior. Nuestra mente consciente crea continuamente la ilusión de un mundo exterior claramente modelado, “real”, que bloquea otras muchas percepciones.
  • Toda personificación del inconsciente (sombra, ánima, ánimus y “sí-mismo”) tienen, a la vez, un aspecto claro y otro oscuro.
  • La historia del simbolismo muestra que todo puede asumir significancia simbólica. El hombre, con su propensión a crear símbolos, transforma inconscientemente los objetos o formas en símbolos y los expresa ya en su religión o en su arte visual.
  • La historia entrelazada de la religión y del arte, remontándose a los tiempos prehistóricos, es el relato que nuestros antepasados dejaron de los símbolos que para ellos eran significativos y emotivos.
  • El motivo animal suele simbolizar la naturaleza primitiva e instintiva del hombre.
  • El artista ha sido en todos los tiempos el instrumento y portavoz del espíritu de la época. Su obra sólo puede ser entendida parcialmente en función de su psicología personal. Consciente o inconscientemente, el artista da forma a la naturaleza y los valores de su tiempo que, a su vez, le forman a él.
  • Todos los hombres tienen heredadas en común normas de conducta emotiva y mental (arquetipos).
  • Aun nuestros conceptos científicos más modernos y básicos permanecieron por mucho tiempo ligados a ideas arquetípicas que originariamente procedieron del inconsciente.
  • Los números no son conceptos inventados conscientemente por los hombres con fines de cálculo, son productos espontáneos y autónomos del inconsciente, como lo son los símbolos arquetípicos.

Enlaces relacionados:

Otros libros relacionados:

raul

3 comentarios to “El hombre y sus símbolos de Carl G. Jung – Apuntes Breves”

  1. ronnyedavid said

    Reblogueó esto en XDavkid's blogy comentado:
    Realmente ineteresante. Tanto que me he animado a “rebloguearlo”.
    El mundo de los sueños…¡cuántos misterios nos aguardan en él!

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