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Por qué las cosas pueden ser diferentes de Manuela Carmena – Apuntes Breves

Posted by Raul Barral Tamayo en Martes, 8 de septiembre, 2015


© Manuela Carmena, 2014.
Editorial: Clave Intelectual.

Las cosas pueden ser diferentes. Se pueden cambiar, siempre que exista la voluntad, también individual, de hacerlo. Se pueden hacer grandes cambios pero podemos empezar también por cambiar pequeñas cosas. Los cambios uno a uno significan poco, pero la acumulación de muchos pequeños cambios puede hacer que el mundo sea diferente.

Eso nos dice la jueza Manuela Carmena, que en este libro nos ofrece ejemplos de lo que ha sido, a lo largo de su vida, su lucha contra la injusticia, la corrupción y la burocracia. Pequeños cambios como negarse a utilizar el coche oficial y desplazarse con su escolta en metro, ante los atónitos ojos de sus compañeros de judicatura, o proponer a los miembros del Gobierno Vasco que utilicen en Vitoria la bicicleta, medio con el que ella se mueve también en las ciudades.

Una mujer valiente y comprometida con la justicia social, abogada desde los años 60 (época en que las mujeres en España eran, social y legalmente apenas un objeto), que fundó los primeros despachos laboralistas, que tanto hicieron en defensa de los trabajadores y contra la dictadura franquista, que no se amedrentó cuando un atentado de extrema derecha acabó con la vida de varios de sus compañeros y amigos, y ha continuado defendiendo que la Justicia sea un servicio público de la ciudadanía.

En este libro denuncia también, con multitud de ejemplos y anécdotas no exentas de humor, la inoperancia y corrupción de políticos e instituciones (también en la Justicia), la violencia de género o la injusticia con que la sociedad trata a sus mayores.

Un punto de vista, en definitiva, de una mujer que rompe todos los esquemas, que nos habla con voz propia y clara de los problemas del mundo en que vivimos y nos insufla optimismo para cambiarlo.

Manuela Carmena es magistrada y jueza. En 1965 se licenció en Derecho y poco después fundó el despacho laboralista de la calle Atocha que, en 1977, sufrió un atentado de extrema derecha en el que murieron varios de sus compañeros y que conmocionó al país. Ya como jueza, ha sido vocal en el Consejo General del Poder Judicial, máximo órgano de Gobierno de los jueces; delegada para el País Vasco; jueza decana de Madrid y jueza de vigilancia penitenciaria. También ha representado a España en el Grupo de Trabajo contra las Detenciones Arbitrarias de la ONU. En 2008 fue distinguida con el premio Manuel de Irujo.

En 2010 se jubiló para ‘desjubilarse’, en palabras suyas. Desde entonces, ha seguido vinculada a las víctimas de abusos policiales a través de la Comisión dependiente de la Dirección de Derechos Humanos del Departamento de Justicia del Gobierno Vasco; ha sido relatora de Naciones Unidas; y continua empecinada en reinventar la Justicia a través de proyectos como su blog. Defensora del emprendimiento social, ha creado Yayos Emprendedores, un proyecto dedicado a la comercialización de juguetes y ropa infantil tejida por mujeres presas.

Valiente, original (una abuela que se desplaza en bicicleta), en ocasiones provocadora y siempre al lado de los más débiles, se cuestiona la capacidad de todos y cada uno de mejorar el mundo.

Algunas de las cosillas que aprendí leyendo este libro que no tienen porque ser ni ciertas ni falsas ni todo lo contrario:

  • La ausencia de reconocimiento de lo individual es lo que ha llevado, o ha permitido, echar a perder mucho de lo que las ideologías progresistas implicaban y permitían concebir.
  • Los cambios son siempre por acumulación.
  • En una organización tan politizada como la del Consejo General del Poder Judicial los anticuado protocolos refuerzan los distanciamientos entre unos y otros.
  • ¿Tú crees que alguien ha echado la cuenta de la cantidad de energía que se despilfarra en verano en las empresas públicas y privadas solo porque el nivel de la refrigeración esté regulado de acuerdo con la manera de vestir de los hombres? Aunque sea el mes de julio llevan traje de chaqueta de manga larga, camisa, corbata, zapatos cerrados y calcetines.
  • Mejorar el mundo es sobre todo cuestión de actitud. Querer cambiar el mundo para mejorarlo. Vivimos todos los días rodeados de un sinfín de situaciones, sobre todo de rutinas, que aceptamos sin cuestionar el efecto que causan, a quién dañan y a quién favorecen.
  • Me he encontrado con gente mala. Poca realmente, pero sí auténticamente mala. Personas sin capacidad alguna de compasión, a las que el sufrimiento de los otros no les produce impacto alguno.
  • Nelson Mandela fue grande y no porque fuera un héroe de una resistencia violenta contra un régimen autoritario y criminal, sino porque fue capaz de reinsertarse y de reconocer el error que significaba el derramamiento de sangre que la brutalidad de un régimen político había inoculado en la resistencia del pueblo africano.
  • Los jueces dictan muchísimas setencias a lo largo de su carrera profesional. En su mayoría sin embargo, no suelen estar interesados en absoluto en conocer los efectos que sus decisiones puedan haber causado.
  • No se nos prepara para el cambio. No se nos educa para el cambio.
  • Los cambios son difíciles y quienes se niegan a renunciar a sus descarados privilegios, si el marco social y político se lo permite, son capaces de cometer atrocidades sin límite para defenderlos y aumentarlos.
  • No estamos preparados, ni unos ni otros, para aceptar que los delitos, los delitos graves y crueles, los que hacen sufrir de una manera tan terrible a los otros, los pueden cometer personas que no son esencialmente malvados.
  • En aquellos años muchos de nosotros éramos mucho más antifranquistas de izquierdas que comunistas. No hablábamos de la revolución comunista sino de cómo conseguir la democracia y sobre todo de los derechos de clase obrera.
  • Nunca me convenció el marxismo.
  • A lo largo de mi vida he hecho una clasificación muy particular de amigos o conocidos que han accedido a la política, entre los que se ponen al teléfono y los que no. Y tengo que decir que poco tienen que ver su accesibilidad con las ideologías que unos y otros profesan.
  • La base fundamental de la designación de los candidatos primero, y luego de los cargos políticos, es la afiliación política y, dentro de esta, su lealtad. Su supuesta capacidad para gestionar lo público y su constatable conocimiento de los asuntos sobre los que vaya a versar su actividad política, no constituyen criterios relevantes para su selección.
  • Las oposiciones de juez eran entonces, y lo siguen siendo ahora, un ejercicio cruel, puramente memorístico. Sigue siendo el mismo desde tiempos inmemoriales.
  • Los magistrados que preparan las oposiciones no suelen declarar a Hacienda esos ingresos ni acostumbran por tanto a dar recibo a los opositores que preparan.
  • Cuando se entra en la Escuela Judicial el proceso real de selección ya se ha producido. La mayor parte eran personas metódicas, rigurosas, para quienes los requisitos eran esenciales. Muy poquitos resultaban básicamente intelectuales. Prácticamente ninguno era apasionado y muy pocos empáticos.
  • Lo que hay que hacer, si se quiere de verdad luchar contra la corrupción, es: 1. Analizar y combatir el caldo de cultivo que la incuba. 2. Castigarla con el cumplimiento estricto de la norma y garantizando la devolución de los beneficios obtenidos con los actos de corrupción.
  • La falta de eficacia en la Administración y su terrible lentitud devienen inequívocos componente del caldo de cultivo de la corrupción.
  • Cuestión básica que propiciaba la corrupción fueron en todo caso las tasas judiciales. Una vez que había que pagarlas, surgía con mayor facilidad “aumentarlas”, siempre buscando la “diferencia”. Si no se ha de pagar nada, en una Justicia cabalmente gratuita, es más difícil introducir cobros “extra”.
  • Otros componentes muy determinantes: los propios derivados de los procedimientos judiciales. Los corruptos necesitan hacerse necesarios y por eso precisan que la Administración sea lenta, compleja y oscura.
  • El futuro de una Justicia útil, eficaz y sencilla exige, sin duda, dos condiciones: 1. expertos en organización que la lideren y que sepan gestionar los procedimientos con agilidad y eficacia en los menores tiempos posibles. 2. la desaparación de la escritura como medio de relación y constatación.
  • Falta investigación. Ni hay un seguimiento de lo que ocurre con las leyes una vez promulgadas, ni se evalúa cuál ha sido su resultado, sus efectos positivos o los efectos negativos, o “colaterales”.
  • La cuestión consiste en ser capaces de imaginar el modo mediante el que conseguir en qué y cómo se desarrollan las conductas deseadas sin tener que recurrir a las normas que las definen y, en menor medida, a establecer castigos para, mediante el temor, tratar de imponer su incumplimiento.
  • En muchas ocasiones las nuevas mujeres profesionales no se han sentido atraídas por la oportunidad de cambio. Se han limitado a copiar los patrones masculinos.
  • La violencia surge por la imposibilidad de aceptar la frustración. Responde a actos de ira que quien los sufre no es capaz de frenar.
  • Los jubilados tenemos muchas posibilidades para desarrollar la necesaria invención social. Lo único que no tenemos los viejos es futuro. Pero no importa, porque al no tener futuro quizás tenemos menos miedo a equivocarnos.

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raul

5 comentarios to “Por qué las cosas pueden ser diferentes de Manuela Carmena – Apuntes Breves”

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