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Encuentro con el Otro de Ryszard Kapuscinski – Apuntes Breves

Posted by Raul Barral Tamayo en Martes, 7 de junio, 2016


Título original: Ten Inny Wydawnicrwo Znak.
© Ryszard Kapuscinski, 2006.
Editorial: Editorial Anagrama.

El concepto de “el Otro” puede entenderse como aquello distinto de uno, como el individuo que se contrapone a los demás individuos, pero “el Otro” también es aquel que hunde sus raíces en la diversidad de sexo, generación, nacionalidad y religión. A través del reportaje, el autor rememora a los interlocutores que ha ido encontrando por las calles del mundo, a aquellos que cuentan la historia de sus vidas y hablan de la sociedad a la que pertenecen.

Son personas hechas de dos partes muy difíciles de separar: una es el hombre igual a nosotros, con sus alegrías y sus penas, sus días buenos y malos, que teme el hambre y el frío, que siente el dolor como una desdicha y el éxito como satisfacción y realización. La otra, superpuesta y trabada a la primera, es la identidad racial, cultural y religiosa. Ninguna de las dos partes aparece en un estado puro y aislado, sino que ambas conviven influyendo la una en la otra.

Kapuscinski analiza este doble aspecto del hombre-individuo y el hombre-raza dejando al descubierto que la percepción cultural nunca es rígida, estática y estable, sino dinámica, móvil, mutable y sujeta a los altibajos de las tensiones que dependen del contexto exterior, de las expectativas del entorno y de nuestra edad y estado anímico. El mundo vuelve a desvelarse una vez más con una nueva acepción: como territorio en el cual la salvaguardia de la diversidad pasa a través del conocimiento de la diversidad.

Este libro recoge el material de seis conferencias y se convierte en una ocasión para reflejar al Otro que existe en cada uno de nosotros, la distancia entre el hombre hipotéticamente sin connotaciones y el hombre connotado. Un pequeño libro. Un gran testamento espiritual.

Ryszard Kapuscinski (Polonia, 1932-2007) fue corresponsal en el extranjero hasta 1981. Entre sus muchos galardones figura el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, concedido en 2003.

Algunas de las cosillas que aprendí leyendo este libro que no tienen porque ser ni ciertas ni falsas ni todo lo contrario:

  • Cada uno de los encuentros con los Otros era una incógnita: ¿cómo empezaría?, ¿cómo transcurriría?, ¿en qué acabaría?
  • El encuentro con el Otro, con personas diferentes, desde siempre ha constituido la experiencia básica y universal de nuestra especie.
  • Los arqueólogos nos dicen que los grupos humanos más antiguos no contaban más que treinta o, a lo sumo, cincuenta personas. Si aquellas familias-tribus hubiesen sido más numerosas, les habría resultado difícil trasladarse con la rapidez suficiente. Si hubiesen sido más pequeñas, les habría resultado muy difícil defenderse y librar batallas en su lucha por la supervivencia.
  • Cada individuo hallaba en sí mismo una parte, por minúscula que fuese, de aquel Otro, o al menos así lo creía y vivía con este convencimiento.
  • Al hombre siempre se le abrían tres posibilidades ante el encuentro con el Otro: podía elegir la guerra, aislarse tras una muralla o entablar un diálogo.
  • Resulta difícil justificar la guerra.
  • A la idea que llevó al hombre a levantar murallas altísimas y cavar profundos fosos con el fin de aislarse de otra gente se la ha “bautizado”, ya en nuestra época, con el hombre de apartheid. Ese Otro era representado como perro, rata o reptil. El apartheid fue y sigue siendo una doctrina de odio, desprecio y repugnancia hacia el extraño, hacia el Otro.
  • Los mitos y leyendas de muchos pueblos y tribus rezuman la convicción de que sólo nosotros (los miembros de nuestro clan, de nuestra comunidad) somos seres humanos; todos los demás son, como mucho, infrahombres o cualquier cosa menos personas.
  • ¡Cuán diferente la imagen del Otro en la época de las creencias antropomórficas, cuando los dioses podían adoptar el aspecto humano y comportarse como personas! En aquellos tiempos, nunca se sabía si era dios u hombre el viajero o el peregrino que se acercaba. Esta inseguridad, esta intrigante ambivalencia, constituye una de las fuentes de la cultura de la hospitalidad, que exige un trato magnánimo al visitante, cuya naturaleza no acaba de ser reconocible.
  • Por lo general, la noción del Otro se ha definido desde el punto de vista del blanco, del europeo.
  • Todos los habitantes de nuestro planeta somos Otros ante otros Otros: yo ante ellos, ellos ante mí.
  • Resulta importante la posesión de una identidad propia y definida, y la firme convicción de que esa identidad tiene fuerza, valor y madurez. Sólo entonces puede el hombre encararse con otra cultura. En el caso contrario, tenderá a ocultarse en su escondrijo, a islarse, temeroso, de otras personas. Tanto más cuanto que el Otro no es sino un espejo en el que se contempla, un espejo que lo desenmascara y lo desnuda, cosa que todo el mundo prefiere más bien evitar.
  • La cultura se vuelve cada vez más híbrida, heterogénea.
  • Decimos del mundo de hoy que es multiétnico y multicultural no porque haya aumentado con respecto al pasado el número de comunidades y culturas, sino porque éstas hablan con una voz cada vez más audible, independiente y decidida, exgiendo aceptación y reconocimiento de su valor y un lugar en la mesa de las naciones.
  • Mi experiencia de convivir con Otros, muy remotos, durante largos años me ha enseñado que la buena disposición hacia otro ser humano es esa única base que puede hacer vibrar en él la cuerda de la humanidad.
  • Cada uno de esos desconocidos que encontramos en nuestros periplos por el mund parece llevar en su interior a dos personas. Una es un ser como todos nosotros, con sus alegrías y sus tristezas, con sus días buenos y malos, alguien que celebra sus éxitos, al que no le gusta pasar hombre ni frío, que percibe el dolor como desgracia y sufrimiento, y la suerte como disfrute y realización. El segundo ser, que se solapa y entrelaza con el primero, es portador de unos rasgos raciales determinados, de una cultura, unas creencias y una ideología. Ninguno de estos seres se manifiesta en estado puro, por separado; los dos conviven y se influyen mutuamente.
  • Nunca sabewmos con quién nos vamos a encontrar. Cada encuentro con el Otro es un enigma, una incógnita, más aún: es un misterio.
  • Europa es la única civilización que desde sus mismos comienzos griegos muestra una gran curiosidad por el mundo y un deseo no sólo de conquistarlo y dominarlo sino también de conocerlo. Y en el caso de sus mentes más preclaras, única y exclusivamente de conocerlo. Y comprenderlo.
  • Por un lado, el ser humano necesita a otro ser humano, lo busca, sabe que no puede vivir sin Otros, pero, al mismo tiempo, en el momento del primer contacto reaccionará con desconfianza, inseguridad y miedo.
  • Sapir: “El verdadero lugar donde se desarrolla la cultura está en la interacción entre personas”.
  • Los Otros son el espejo en que nos reflejamos y que nos hace conscientes de quiénes somos.
  • El hecho de que se reconozca la multiculturalidad del mundo ya en sí es un progreso pues crea un clima que favorece a culturas no hace mucho humilladas y denigradas.
  • Participar en el mundo multicultural exige madurez y fuerte sentido de identidad.
  • No debemos relegar al olvido el calamitoso balance de nuestras relaciones con los Otros, porque, al igual que una mala infancia deja huellas en toda la posterior vida de la persona, una mala memoria histórica influye en las ulteriores relaciones entre las sociedades.
  • Lo paradójico de la actual situación mediática va aún mas lejos. Por un lado, aumenta la globalización de los medios, pero, por el otro, también aumenta su superficialidad, su cualida de algo desconcertante y caótico. Cuanto más convive el hombre con los medios, más se queja de su extravío y de su soledad.
  • El nacionalista considera a su pueblo como el valor supremo y a todos los demás como algo inferior (cuando no digno de desprecio).
  • El rasgo más peligroso del nacionalismo es que a él va indisolublemente unido el odio hacia el Otro. La dosis de ese odio puede variar, pero su concurrencia es segura.
  • La religión que más dinámicamente se expande en nuestros días es sin duda el islam.
  • Allí donde se produce una intensificación del celo religioso, esa intensificación reviste un carácter regresivo, conservador, fundamentalista.
  • Descubro que todos llevan una gran carga de emoción, tan grande que de vez en cuando mi Otro es incapaz de dominarla. Entonces se produce el conflicto, la colisión, la masacre, la guerra. Mi Otro es una pesona extremadamente emocional.
  • Para mí, el mundo siempre ha sido una enorme torre de Babel, sólo que en esa torre Dios no sólo mezcló las lenguas, sino también las culturas y las costumbres, las pasiones y los intereses, y la pobló con sujetos ambivalentes que aunaban en su ser al Yo y al no-Yo, al de casa y al de fuera, a uno mismo y al Otro.

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raul

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