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El miedo a la libertad de Erich Fromm – Apuntes Breves

Posted by Raul Barral Tamayo en Martes, 27 de septiembre, 2016


Título original: The Fear of Freedom.
Traducción de Gino Germani.
Editorial: Ediciones Paidós.

Este libro intenta explicar los aspectos de la crisis contemporánea de la civilización occidental relacionados con la libertad del hombre.

Una crisis que ostenta diversas manifestaciones, de las que Fromm destaca, para sus fines analíticos, su expresión política (el fascismo) y su expresión sociocultural (la creciente estandarización de los individuos en las sociedades avanzadas).

Ambas manifestaciones de la crisis no son más que formas colectivas de evadir la libertad.

Todo ello provoca varias consecuencias en el hombre de la moderna sociedad industrial: una autoconciencia de insignificancia personal, una sensación de soledad moral y la resignación a sacrificar su propia vida en virtud de poderes exteriores y superiores.

En este sentido, no importa que el hombre actual haya conseguido liberarse de los vínculos de la sociedad tradicional y a la vez sentar las bases de una auténtica potenciación de las cualidades humanas: el análisis de Fromm va dirigido precisamente a esclarecer esta paradoja a través de un examen del significado de la libertad para el hombre moderno y de sus intentos de rehuirla.

Algunas de las cosillas que aprendí leyendo este libro que no tienen porque ser ni ciertas ni falsas ni todo lo contrario:

  • La entidad básica del proceso social es el individuo, sus deseos y sus temores, su razón y sus pasiones, su disposición para el bien y para el mal.
  • La tesis de este libro es la de que el hombre moderno, liberado de los lazos de la sociedad preindividualista, no ha ganado la libertad en el sentido positivo de la realización de su ser individual, esto es, la expresión de su potencialidad intelectual, emocional y sensitiva. Aun cuando la libertad le ha proporcionado independencia y racionalidad, lo ha aislado y, por lo tanto, lo ha tornado ansioso e impotente. Tal aislamiento le resulta insoportable, y las alternativas que se le ofrecen son, o bien rehuir la responsabilidad de esta libertad, precipitándose en nuevas formas de depedencia y sumisión, o bien progresar hasta la completa realización de la libertad positiva, la cual se funda en la unicidad e individualidad del hombre.
  • ¿Es el deseo de libertad algo inherente a la naturaleza de los hombres? ¿Es la libertad solamente ausencia de presión exterior o es también presencia de algo? ¿Puede la libertad volverse una carga demasiado pesada para el hombre, al punto que trate de eludirla? ¿Cómo ocurre que la libertad resulta para muchos una meta ansiada, mientras que para otros no es más que una amenaza? ¿No existirá tal vez, junto a un deseo innato de libertad, un ahelo institivo de sumisión? ¿Cómo podemos explicar la atracción que sobre tantas personas ejerce actualmente el sometimiento a un líder? ¿Qué es lo que origina en el hombre un insaciable apetito de poder?
  • Todo intento por comprender la atracción que el fascismo ejerce sobre grandes pueblos nos obliga a reconocer la importancia de los factores psicológicos.
  • Freud eligió el término sublimación para señalar esta extraña transformación que conduce de la represión a la conducta civilizada. Si el volumen de la represión es mayor que la capacidad de sublimación, los individuos se tornan neuróticos y entonces se hace preciso conceder una merma en la represión.
  • Los hombres no pueden vivir si carecen de formas de mutua cooperación.
  • Un aspecto del proceso de individuación consiste en el crecimiento de la fuerza del yo. Otro aspecto consiste en el aumento de la soledad.
  • Si bien el niño puede sentirse seguro y satisfecho conscientemente, en su inconsciente se da cuenta de que el precio que paga representa el abandono de la fuerza y de la integridad de su yo. Así, el resultado de la sumisión es exactamente lo opuesto de lo que debía ser: la sumisión aumenta la inseguridad del niño y al mismo tiempo origina hostilidad y rebeldía.
  • La existencia humanay la libertad son inseparables desde un principio. La noción de libertad se emplea aquí no en el sentido positivo de “libertad para”, sino en el sentido de “libertad de”, es decir, liberación de la determinación instintiva del obrar.
  • La debilidad biológica del hombre es la condición de la cultura humana.
  • Lo que caracteriza a la sociedad medieval, en contraste con la moderna, es la ausencia de libertad individual. Aun cuando una persona no estuviera libre en el sentido moderno, no se hallaba ni sola ni aislada.
  • El Renacimiento no fue una cultura de pequeños comerciantes y de pequeños burgueses, sino de ricos nobles o ciudadanos. Su actividad económica y su riqueza les proporcionaban un sentimiento de libertad y un sentimineot de individualidad. Pero a la vez esta misma gente había perdido algo: la seguridad y el sentimiento de pertenencia que forecía la estructgura social medieval. Eran más libres, pero a la vez se hallaban más solos.
  • Con el surgir del capitalismo los principios medievales cedieron lugar cada vez más al principio de la empresa individualista. Cada individuo debía seguir adelante y tentar la suerte. Debía nada o hundirse. Los otros no eran ya sus aliados en una empresa común; se habían vuelto sus competidores, y frecuentemente el individuo se veía obligado a elegir entre su propia destrucción o la ajena.
  • Al perder su lugar fijo en un mundo cerrado, el hombre ya no posee una respuesta a las preguntas sobre el significado de la vida; el resultado está en que ahora es víctima de la duda acerca de sí mismo y del fin de su existencia. Se halla amenazado por fuerzas poderosas y suprapersonales, el capital y el mercado.
  • La nueva libertad está destinada a crear un sentimiento profundo de inseguridad, de impotencia, de duda, de soledad y de angustia. Estos sentimientos deben ser aliviados si el individuo ha de obrar con éxito.
  • Las doctrinas protestantes prepararon psicológicamente al individuo para el papel que le tocaría desempeñar en el moderno sistema industrial.
  • La culminación del desarrollo de la libertad en la esfera política la constituyó el Estado democrático moderno, fundado en el principio de igualdad de todos los hombres y la igualdad de derecho de todos los ciudadanos para participar en el gobierno por medio de representantes libremente elegidos.
  • El egoísmo no es idéntico al amor a sí mismo, sino a su opuesto. El egoísmo es una forma de codicia. Como toda forma de codicia, es insaciable y, por consiguiente, nunca puede alcanzar una satisfacción real. Es un pozo sin fondo que agota al individuo en un esfuerzo interminable para satisfacer la necesidad sin alcanzar nunca la satisfacción.
  • Mientras el hombre moderno parece caracterizarse por la afirmación del yo, en realidad éste ha sido debilitado y reducido a un segmento del yo total (intelecto y voluntad de poder) con exclusión de todas las demás partes de la personalidad total.
  • Desde el punto de vista psicológico existe muy poca diferencia entre el hecho de estar empleado por la compañía y el de ser un comerciante “independiente”: siempre se trata de un mero engranaje de la vasta máquina de distribución.
  • Un gran número de problemas, aparentemente irresolubles, desaparecen apenas nos decidimos a abandonar la idea de que los motivos que la gente cree que constituyen la causa de sus acciones, pensamientos o emociones, sean necesariamente aquellos que en la realidad los impulsa a obrar, sentir y pensar de esa determinada manera.
  • Los fneómenos que observamos en los neuróticos no difieren en principio de los que se dan en las personas normales. Son tan sólo más acentuados, más definidos y con frecuencia más manifiestos a la autoconciencia del neurótico que a la del individuo normal, quien no advierte ningún problema que requiera estudio.
  • El primer mecanismo de evasión de la libertad consiste en la tendencia a abandonar la independencia del yo individual propio, para fundirse en algo, o alguien, exterior a uno mismo, a fin de adquirir la fuerza de que el yo individual carece; la tendencia a buscar nuevos “vínculos secundarios” como sustituos de los primarios que se han perdido.
  • Las formas más nítidas de este mecanismo pueden observarse en la tendencia compulsiva hacia la sumisión y la dominación o, con mayor precisión, en los impulsos sádicos y masoquistas tal como existen en distinto grado en la persona normal y en la neurótica, respectivamente.
  • Las formas más frecuentes en las que se presentan las tendencias masoquistas están constituidas por los sentimientos de inferioridad, impotencia e insignificancia individual.
  • El sádico necesita de la persona sobre la cual domina y la necesita imprescindiblemente, puesto que sus propios sentimientos de fuerza se arraigan en el hecho de que él es el dominador de alguien. Esta dependencia puede permanecer del todo inconsciente.
  • Las distintas formas asumidas por los impulsos masoquistas tienen un solo objetivo: librarse del yo individual, perderse; dicho con otras palabras: librarse de la pesada carga de la libertad.
  • Sentirse infinitamente pequeño y desamparado es uno de los medios para alcanzar tal fin; dejarse abrumar por el dolor y la agonía, es otro; y un tercer camino es el de abandonarse a los efectos de la embriaguez.
  • La persona destructiva quiere destruir el objeto, es decir, suprimirlo, librarse de él. El sádico, por el contrario, quiere dominarlo, y, por lo tanto, sufre una pérdida si su objeto desaparece.
  • A menudo, y no sólo en el uso popular, el sadomasoquismo se ha confundido con el amor. Una actitud de completa autonegación en favor de otra persona y la entrega de los propios derechos y pretensiones han sido alabados como ejemplos de “gran amor”. Parecería que no existe mejor prueba de “amor” que el sacrificio y la disposición a perderse por el bien de la otra persona.
  • El amor se fudna en la igualdad y en la libertad. Si se basara en la subordinación y la pérdida de la integridad de una de las partes, no sería más que dependencia masoquista, cualquier que fuera la forma de racionalización adoptada.
  • En sentido psicológico, el deseo de poder no se arraiga en la fuerza, sino en la debilidad. Es la expresión de la incapacidad del yo individual de mantenerse solo y subsistir. Constituye el intento desesperado de conseguir un sustituto de la fuerza al faltar la fuerza genuina.
  • La característica común de todo pensamiento autoritario reside en la convicción de que la vida está determinada por fuerzas exteriores al yo individual, a sus intereses, a sus deseos. La única manera de hallar la felicidad ha de buscarse en la sumisión a tales fuerzas.
  • Otros mecanismos de evasión lo constituyen el retraimiento del mundo exterior, realizado de un modo tan completo que se elimine la amenaza y la inflación del propio yo, de manera que el mundo exterior se vuelve pequeño.
  • Un tercer mecanismo constituye la solución adaptada por la mayoría de los individuos normales de la sociedad moderna. El individuo deja de ser él mismo; adopta por completo el tipo de personalidad que le proporcionan las pautas culturales, y por lo tanto se transforma en un ser exactamente igual a todo el mundo y tal como los demás esperan que él sea. La discrepancia entre el “yo” y el mundo desaparece, y con ella el miedo consciente de la soledad y la impotencia.
  • La persona que se despoja de su yo individual y se transforma en un autómata, idéntico a los millones de otros autómatas que lo circundan, ya no tiene por qué sentirse solo y angustiado.
  • El miedo al aislamiento y la relativa debilidad de los principios morales contribuyen a que todo partido pueda ganarse la adhesión de una gran parte de la población, una vez logrado para sí el poder del Estado.
  • El derecho de expresar nuestros pensamientos, sin embargo, tiene algún significado tan sólo si somos capaces de tener pensamientos propios.
  • Nos hemos transformado en autómatas que viven bajo la ilusión de ser individuos dotados de libre albedrío.
  • La deseperación del autómata humano es un suelo fértil para los propósitos políticos del fascismo.
  • La libertad positiva consiste en la actividad espontánea de la personalidad total integrada.
  • Los niños pequeños ofrecen otro ejemplo de espontaneidad. Tienen la capacidad de sentir y pensar lo que realmente es suyo. Atrae profundamente a cualquiera que no esté tan muerto como para haber perdido la capacidad de percibirla. No hay nada más atractivo y convincente que la espontaneidad.
  • La actividad espontánea es el único camino por el cual el hombre puede superar el terror de la soledad sin sacrificar la integridad del yo.
  • El yo es fuerte en la medida en que es activo.
  • Sólo existe un significado de la vida: el acto mismo de vivir.
  • Si se le permite a los individuos obrar libremente en el sentido de la espontaneidad, si los hombres no reconocen a utoridad superior alguna a la de ellos mismos, ¿no surgirá inevitablemente la anarquía?
  • El fascismo es un sistema que, no importa cuál sea el nombre que adopte, subordina el individuo a propósitos que le son extraños y debilita el desarrollo de la genuina individualidad.
  • El control activo y la cooperación de cada individuo y de las unidades más pequeñas de todo el sistema requieren un alto grado de descentralización.
  • Una de las tareas principales de la sociedad es justamente la de resolver este problema: la forma de combinar la centralización con la descentralización.
  • Actualmente el hombre no sufre tanto por la pobreza como por el hecho de haberse vuelto un engranaje dentro de una máquina inmensa, de haberse transformado en un autómata, de haber vaciado su vida y haberle hecho perder todo su sentido.

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raul

2 comentarios to “El miedo a la libertad de Erich Fromm – Apuntes Breves”

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