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Las leyes fundamentales de la estupidez humana de Carlo M. Cipolla – Apuntes Breves

Posted by Raul Barral Tamayo en Martes, 6 de diciembre, 2016


Título original: The Basic Laws of Human Stupidity.
© 1988 by Societá editrice il Mulino, Bologna.
© de la traducción, María Pons, 1991
Editorial: Editorial Planeta.

“La humanidad se encuentra (y sobre esto el acuerdo es unánime) en un estado deplorable”, nos dice Carlo M. Cipolla, uno de los mayores historiadores del siglo XX. Lo cual se debe en buena medida a la abundancia de los estúpidos, la más peligrosa categoría de seres humanos, que nos rodean por todas partes, dispuestos a hacernos daño (y hacérselo a sí mismos).

Todo comenzó como un rasgo de humor, asociado a la crítica del fraude científico en Allegro ma non troppo, hasta que sus lectores descubrieron que estas Leyes fundamentales de la estupidez humana no sólo eran una parodia de ciertas formas de análisis sociológico, sino una reflexión llena de lucidez sobre la realidad de los daños que causa “el poder político, económico o burocrático” puesto en manos de los estúpidos. Leído hoy, cuando somos víctimas de la estupidez, repetidamente denunciada, de las políticas de austeridad, el texto de Cipolla cobra una inquietante actualidad.

Carlo M. Cipolla (1922-2000) ha sido uno de los mayores historiadores del siglo XX. Catedrático de Historia económica en las universidades de Pavía y Berkeley.

Algunas de las cosillas que aprendí leyendo este libro que no tienen porque ser ni ciertas ni falsas ni todo lo contrario:

  • La humanidad siempre ha estado en una situación deplorable. El pesado fardo de desdichas y miserias que los seres humanos deben soportar es básicamente el resultado del modo extremadamente improbable (y me atrevo a decir estúpido) como fue organizada la vida desde sus comienzos.
  • Se trata de un grupo no organizado, que no se rige por ninguna ley, que no tiene jefe, ni presidente, ni estatuto, pero que consigue, no obstante, actuar en perfecta sintonía, como si estuviese guiado por una mano invisible, de tal modo que las actividades de cada uno de sus miembros contribuyen poderosamente a reforzar y ampliar la eficacia de la actividad de todos los demás miembros. La naturaleza, el carácter y el comportamiento de los miembros de este grupo constituyen el tema de las páginas que siguen.
  • Las páginas que siguen son el resultado de un esfuerzo constructivo por investigar, conocer y posiblemente neutralizar, una de las más poderosas y oscuras fuerzas que impiden el crecimiento del bienestar y de la felicidad humana.
  • Por muy alta que sea la estimación cuantitativa que uno de haga de la estupidez humana, siempre quedan estúpidos, de un modo repetido y recurrente.
  • Tengo la firme convicción, avalada por años de observación y experimentación, de que los hombres no son iguales, de algunos son estúpidos y otros no lo son, y de que la diferencia no la determinan fuerzas o factores culturales sino los manejos biogenéticos de una inescrutable Madre Naturaleza.
  • Uno es estúpido del mismo modo que otro tiene el cabello rubio. Uno nace estúpido por designio inescrutabel e irreprochable de la Divina Providencia.
  • Creo firmemente que la estupidez es una prerrogativa indiscriminada de todos y de cualquier grupo humano, y que tal prerrogativa está uniformemente distribuida según una proporción constante.
  • La proporción varón-mujer entre los recién nacidos es constante, con un ligero predominio de los varones. No sabemos de qué manera la Naturaleza obtiene este extraordinario resultado, pero sabemos que para obtenerlo debe operar con grandes números.
  • La prueba de que la educación y el ambiente social no tienen nada que ver con la probabilidad E nos la han proporcionado una serie de experiemtnso llevados a cabo en muchas universidades del mundo. El resultado confirmó los poderes supremos de la Naturaleza: una fracción E de los premios Nobel estaba constituida por estúpidos. Este resultado es difícil de aceptar y de digerir, pero existen demasiadas pruebas experimentales que confirman básicamente su validez.
  • Todos los seres humanos están incluídos en una de estas cuatro categorías fundamentales: los incautos, los inteligentes, los malvados y los estúpidos.
  • Nadie sabe, entiende o puede explicar por qué esta absurda criatura hace lo que hace. En realidad, no existe explicación (o mejor dicho) sólo hay una explicación: la persona en cuestión es estúpida.
  • En determinadas circunstancias una persona actúa inteligentemente, y en otras circunstancias esta misma persona puede comportarse como una incauta. La única excepción importante a la regla la representan las personas estúpidas que, normalmente, muestran la máxima tendencia a una total coherencia en cualquier campo de actuación.
  • El malvado perfecto es aquel que con sus acciones causa a otra pérdidas equivalentes a sus ganancias.
  • Algunos estúpidos causan normalmente sólo perjuicios limitados, pero hay otros que llegan a ocasionar daños terribles, no ya a uno o dos individuos, sino a comunidades o sociedades enteras. El segundo factor que determina el potencial de una persona estúpida procede de la posición de poder o de autoridad que ocupa en la sociedad.
  • Entre los burócratas, generales, políticos y jefes de Estado se encuentra el más exquisito porcentaje E de individuos fundamentalmente estúpidos.
  • La pregunta que a menudo se plantean las personas razonables es cómo es posible que estas personas estúpidas lleguen a alcanzar posiciones de poder o de autoridad.
  • La fracción E de personas que votan son estúpidas, y las elecciones les bridan una magnífica ocasión de perjudicar a todos los demás, sin obtener ningún beneficio a cambio de su acción. Estas personas cumplen su objetivo, contribuyendo al mantenimiento del nivel E de estúpidos entre las personas que están en el poder.
  • Los estúpidos son peligrosos y funestos porque a las personas razonables les resulta difícil imaginar y entender un comportamiento estúpido. Una persona inteligente puede entender la lógica de un malvado. Se pueden prever las acciones de un malvado, sus sucias maniobras y sus deplorables aspiraciones, y muchas veces se pueden preparar las oportunas defensas. Con una persona estúpida todo esto es absolutamente imposible.
  • Frente a un individuo estúpido, uno está completamente desarmado.
  • El hecho de que la actividad y los movimientos de una criatura estúpida sean absolutamente erráticos e irracionales, no sólo hace problemática la defensa, sino que hace extremadamente difícil cualquier contraataque.
  • Schiller: “Con la estupidez hasta los mismos dioses luchan en vano”.
  • La persona inteligente sabe que es inteligente. El malvado es consciente de que es un malvado. El incauto está penosamente imbuido del sentido de su propia candidez. Al contrario, el estúpido no sabe que estúpido.
  • El es túpido aparecerá de improviso para echar a perder tus planes, destruir tu paz, complicarte la vida y el trabajo, hacerte perder dinero, tiempo, buen humor, apetito, productividad, y todo esto sin malicia, sin remordimientos y sin razón. Estúpidamente.
  • No hay que asombrarse de que las personas incautas no reconozcan la peligrosidad de las personas estúpidas. Lo que resulta verdaderamente sorprendente es que tampoco las personas inteligentes ni las malvadas consiguen muchas veces reconocer el poder devastador y destructor de la estupidez. Es extremadamente difícil explicar por qué sucede esto.
  • Si todos los miembros de la una sociedad actuaran malvadamente por turnos regulares, no solamente la sociedad entera, sino incluso cada uno de los individuos, se hallaría en un estado de perfecta estabilidad. Las personas estúpidas ocasionan pérdidas a otras personas sin obtener ningún beneficio para ellas mismas. Por consiguiente, la sociedad entera se empobrece.
  • Sería un grave error creer que el número de los estúpidos es más elevado en una sociedad en decadencia que en una sociedad en ascenso. Ambas se ven aquejadas por el mismo porcentaje de estúpidos. La diferencia entre amba sociedades reside en el hecho de que en la sociedad en declive los miembros estúpidos de la sociedad se vuelven más activos por la actuación permisiva de los otros miembros.

Leyes fundamentales de la estupidez humana:

  • Siempre e inevitablemente cada uno de nosotros subestima el número de individuos estúpidos que circulan por el mundo.
  • La probabilidad de que una persona determinada sea estúpida es independiente de cualquier otra característica de la misma persona.
  • Una persona estúpida es una pe rsona que causa un daño a otra persona o grupo de personas sin obtener, al mismo tiempo, un provecho para sí, o incluso obteniendo un perjuicio.
  • Las personas n oestúpidas subestiman siempre el potencial nocivo de las personas estúpidas. Los no estúpidos, en especial, olvidan constantemente que en cualquier momento y lugar, y en cualquier circunstancia, tratar y/o asociarse con individuos estúpidos se manifiesta infaliblemente como un costosísimo error.
  • La persona estúpida es el tipo de persona más peligrosa que existe. El estúpido es más peligroso que el malvado.

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raul

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3 comentarios to “Las leyes fundamentales de la estupidez humana de Carlo M. Cipolla – Apuntes Breves”

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