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El mono obeso de José Enrique Campillo Álvarez – Apuntes Breves

Posted by Raul Barral Tamayo en Martes, 3 de enero, 2017


© José Enrique Campillo Álvarez, 2004
Editorial: Editorial Crítica.

¿Por qué hay tantas personas obesas? ¿Cuál es la razón de que resulte tan difícil perder el exceso de peso? ¿A qué obedece esta epidemia de diabetes que en el año 2020 afectará a más de 300 millones de personas? ¿Cómo es posible que la hipertensión y el exceso de colesterol nos aflijan a tantos? En las sociedades desarrolladas, y en algunos países emergentes, éstas y otras enfermedades de la opulencia, como las cardiovasculares, afectan a gran parte de la población mayor de 40 años y, en los últimos años, están amenazando a nuestros hijos.

El mono obeso es un libro de lectura urgente, porque nos encamina hacia la comprensión y, por lo tanto, hacia la prevención de estos problemas acuciantes. En él profesor Campillo analiza el papel que juegan nuestros genes en el desarrollo de las enfermedades de la opulencia y nos explica que muchas de estas dolencias proceden de la incompatibilidad entre el diseño evolutivo de nuestro organismo y el uso inadecuado que de él hacemos.

El lector transitará por un escenario fascinante: el de los últimos diez millones de años de la evolución humana. El conocimiento de nuestra evolución es esencial para comprender los cambios ocurridos en la alimentación de nuestros antepasados y las adaptaciones metabólicas que tuvieron que superar. Se ha dicho que somos hijos del hambre, ya que nuestra especie tuvo que adaptarse a cientos de miles de años de penuria alimentaria. La evolución fue posible gracias a la acumulación de una serie de mutaciones ventajosas que en conjunto se denominan el genotipo ahorrador. Estos genes, hoy en una época de abundancia permanente, pueden ser responsables de la obesidad y de las enfermedades de la opulencia ¿Cuántos de estos genes ahorradores ha heredado usted? Lo que pretende El mono obeso es ayudarnos a encontrar el camino para hacer las paces con nuestro diseño y a conseguir que los genes de la era prehistórica y nuestras formas de vida actual estén en armonía para poder gozar de una vida más saludable y, posiblemente, más larga y feliz.

José Enrique Campillo Álvarez (Cáceres, 1948) es doctor en medicina por la Universidad de Granada y catedrático de Fisiología en la Universidad de Extremadura. Su labor investigadora se ha centrado en el estudio de diversos aspectos relacionados con la diabetes, la nutrición humana y el ejercicio físico, de donde han surgido numerosas publicaciones científicas en revistas especializadas, capítulos en libros y libros completos relacionados con la especialidad. Es miembro de varias sociedades científicas españolas y de la European Association for the Study of Diabetes. En 1989 se le concedió el Premio Nacional de Investigación de la Sociedad Española de Diabetes. Su vocación docente ejercida en las aulas se complementa con numerosas conferencias y con la publicación de varias obras de divulgación sobre temas relacionados con la nutrición, la diabetes y la evolución.

Algunas de las cosillas que aprendí leyendo este libro que no tienen porque ser ni ciertas ni falsas ni todo lo contrario:

  • ¿Por qué hay tantas personas obesas? ¿Cuál es la razón de que resulte tan difícil perder el sobrepeso que nos aflige? ¿A qué se debe esta epidemia de diabetes que en el año 2020 afectará a más de 300 millones de habitantes? ¿Cuál es la razón de que tantas personas mayores de 45 años padezcan hipertensión o que soporten en su sangre cifras muy elevadas de colesterol?
  • Hoy día la causa principal de enfermedad y mortalidad es el comer abundantemente y el estar en casa confortablemente sentado viendo la televisión durante horas.
  • La medicina darwiniana o medicina evolucionista considera que muchas de estas enfermedades que hoy nos afligen resultan de la incompatibilidad entre el diseño evolutivo de nuestros organismos y el uso que hoy le damos.
  • Nuestros genes han evolucionado adaptando nuestro organismo a las diferentes formas de alimentación, que los cambios en el ambiente impusieron a nuestros ancestros.
  • Las enfermedades metabólicas y cardiovasculares que constituyen la principal causa de muerte en los países más desarrollados: la diabetes, la obesidad, la dislipemia, la arterioesclerosis y la hipertensión.
  • Los términos hiperlipemia o dislipemia hacen referencia a las alteraciones de la cantidad de lípidos (grasa) que circulan por la sangre. Dos tipos fundamentales de lípidos: los triglicéridos y el colesterol.
  • La hipertensión se le denomina el enemigo silencioso porque puede estar causando daño en nuestro organismo durante años, sin apenas producir síntomas.0
  • No son enfermedades que se presenten de manera aislada y única, salvo en contadas ocasiones; lo más frecuente es que se presenten asociadas. Si alguien es obeso, con una enorme barriba, probablemente tendrá alterada la cifra de los triglicéridos en sangre y, si se determina la glucemia, se verá que la cifra de glucosa en sangre también sobrepasa las cifras normales. Y hasta es posible que, con el tiempo, desarrolle una hipertensión.
  • En el año 1988, el médico y profesor G. M. Reaven, durante la conferencia Banting, describió lo que se consideraba una nueva asociación de estas patologías: el Síndrome X. Un fenómeno con nombre extraño, pero cuyo concepto intuitivo no es difícil de comprender: la resistencia a la acción de la insulina o insulinorresistencia.
  • La insulina es una hormona que se produce en el páncreas. La misión fundamental es la de permitir la asimilación por el organismo de los nutrientes que ingerimos con los alimentos, es especial los azúcares. La glucosa es la señal que regula la producción de insulina por el páncreas. Regula el metabolismo de la glucosa.
  • Sólo el cerebro y otras poca células escapan a este control por parte de la insulina.
  • Sobre una base de una susceptibilidad genética deben actuar una serie de factores ambientales y de estilo de vida. El sedentarismo, el exceso de alimentos calóricos, el abuso de los dulces y de las grasas, el estrés crónico y continuado, son algunas de las circunstancias capaces de desencadenar todo el proceso.
  • La medicina darwiniana o evolucionista es una rama de la ciencia médica que pretende el estudio de la enfermedad en el contexto de la evolución biológica.
  • Nuestro diseño tiene previsto el alojar en nuestro intestino unas bacterias que se alimentan de nuestros desechos, nos proporcionan a cambio vitaminas y nos defienden de otros enemigos indeseables. Si por determinadas circunstancias se altera esta flora bacteriana intestinal se produce malestar y enfermedad.
  • La medicina evolucionista considera que muchas de las enfermedades que hoy nos afligen son consecuencia de la incompatibilidad entre el diseño evolutivo de nuestro organismo y el uso que hoy le damos.
  • Nuestro cuerpo está diseñado para caminar y correr, para sentarnos sólo cuando estamos cansados y para dormir tendidos.
  • La razón de este libro: el explorar el rastro de la insulinorresistencia a lo largo de la evolucuón de la especia humana con el fin de encontrar una explicación racional de su abundancia entre nosotros.
  • Todo lo que somos es el resultado de millones de años de evolución. El genoma es como un libro en el que no se borra nada de lo que esté ya escrito y se van añadiendo continuamente más párrafos.
  • Nuestro genoma contiene algún gen que no ha cambiado desde que lo albergaban las primeras criaturas unicelulares que poblaban el lodo primitivo, hace millones de años.
  • Un gen es un fragmento de ADN que contiene la receta para fabricar una proteína. Esta proteína puede ser un enzima, una hormona, un transportador, una inmunoglobina o un receptor; cualquier función en nuestro organismo está controlada o sucede gracias a la intervención de una determinada proteína.
  • La selección siempre favorece la característica que proporciona un mayor éxito reproductor.
  • La evolución biológica es la consecuencia de cambios pequeños que pueden llegar a ser grandes por acumulación, al cabo de muchas generaciones, actuando a lo largo de cientos de millones de años, de millones de años.
  • Los datos que poseemos en la actualidad demuestran, fuera de toda duda razonable, que el hombre evolucionó desde un antecesor primitivo, compartido con el resto de los primates.
  • Se dice que “somos lo que comemos”. Pero desde una perspectiva evolutiva, quizá deberíamos decir que “somos lo que comieron nuestros ancestros”.
  • Cada cambio en la nutrición de las especies antecesoras fue consecuencia de las necesarias adaptaciones a las variaciones en el medio ambiente que, si persisten el tiempo suficiente, pueden permitir que ocurra la necesaria adaptación genética.
  • Entre el final del Mioceno y comienzos del Plioceno (hace entre quince y seis millones de años) se corresponde con una fase de nuestra evolución caracterizada nutricionalmente por la abundancia permanente de alimentos, en su mayor parte de origen vegetal.
  • Con la pérdida de las selvas húmedas, lo que se inició hace unos cinco millones de años, los cambios climáticos y las convulsiones geológicas produjeron el aislamento y la evolución de algunos de nuestros antecesores en condiciones de alimentación pobre y escasa. La respuesta evolutiva ante este reto fue la bipedestación.
  • Hace dos millones de años, nuestros antecesores, a causa de la escasez de los alimentos de origen vegetal, se vieron en la obligación de alimentarse de animales terrestres y acuáticos. Esto, que fue una imposición de los cambios ambientales, ocasionó un resultado sorprendente: permitió que creciera el cerebro.
  • Nuestros antecesores abandonaron algún lugar de África hace doscientos mil años y ocuparon el mundo desplazando y eliminando al resto de los homínidos menos evolucionados que lo habitaban.
  • Hace unos quince mil años terminó la última glaciación y comenzó el desarrollo de la agricultura, la ganadería y posteriormente la civilización.
  • La insulina tiene por misión, en todos los animales, el promover la asimilación de los nutrientes que están penetrando desde el intestino durante la digestión de los alimentos.
  • Tenemos un intestino grueso muy pequeño en proporción al tamaño corporal, la cámara de fermentación es insuficiente y no se puede degradar casi nada de la celulosa que se ingiere. La expulsamos al exterior sin modificar, con lo que aumenta el volumen de las heces y tiene la ventaja de que alivia el estreñimiento. Si tuviéramos un intestino grueso más largo nos podríamos alimentar, en parte, pastando el césped de los jardines.
  • Las proteínas vegetales son de baja calidad biológica, esto quiere decir que les faltan algunos de los aminoácidos que necesitamos los primates para construir nuestra propias proteínas.
  • Las vitaminas son aquellos nutrientes indispensables para poder vivir y que estamos obligados a obtener de los alimentos, ya que no podemos fabricarlos dentro de nuestro organismo.
  • Hoy existen pocas dudas acerca del hecho de que los humanos procedemos de la evolución de unos ancestros herbívoros, que dependían casi exclusivamente de las plantas para su alimentación, aunque no se descarta una cierta tendencia omnívora oportunista.
  • Los Australopithecus, se enfrentaron también a una situación novedosa en toda la evolución precedente y que hay nunca abandonaría a los homínidos: el pasar hambre.
  • Sólo existe una forma de resolver el problema de sobrevivir a largos períodos de escasez de alimentos: almacenar reservas de energía.
  • La grasa corporal es la forma más eficiente y económica de almacenar energía. La grasa empaqueta dos veces más energía que los azúcares o las proteínas, por unidad de peso.
  • La glucosa se almacena en forma de glucógeno en el hígado y en el músculo y tiene que almacenarse con mucha agua y a un coste elevado, de más de un veinte por 100 de la energía almacenada.
  • La grasa se acumula en el tejido adiposo, que está formado por unas células, los adipocitos, capaces de acumular grandes cantidades de grasa en su interior hasta llegar a convertirse en una enorme gota de grasa.
  • El ser humano es uno de los mamíferos que más grasa tiene.
  • Los recién nacidos humanos contienen una elevada proporción (un 14% de su peso) de grasa. En comparación, las crías del resto de los primates nacen magras (apenas un 3% de su peso es grasa).
  • La leptinorresistencia proporcionaría una ventaja de supervivencia, ya que permitiría comer mayor cantidad de alimentos, llenar más los depósitos de grasa antes de que actuara la señal supresora del apetito de la leptina.
  • Esta hipótesis asume que el Homo ergaster encontraba caza abundante siempre que salía en su búsqueda. Pero hoy sabemos que esto no era así. El carroñeo era mucho más frecuente que la caza hace un millón de años. Para aquellos seres indefensos resultaba una proeza extraordinaria cazar una pieza incluso de mediano tamaño.
  • Más que el macho cazador, lo importante para la supervivencia era la hembra recolectora.
  • Los carnívoros verdaderos son animales genéticamente insulinorresistentes. Esta dificultad (insulorresistencia) de la insulina para actuar sobre sus receptores, que ocasiona que la glucosa no penetre con facilidad en las células del músculo y del hígado, es el mecanismo que permite sobrevivir a una dieta pobre en hidratos de carbono y rica en proteínas. Esto justifica la paradoja de por qué no se desmaya un tigre después de devorar a una presa.
  • Se acepta que la principal función de la grasa corporal es servir como almacén de energía, que como veremos es esencial para el desarrollo del niño en los primeros meses y para el crecimiento normal de su cerebro.
  • La grasa es la forma más eficiente y económica de almacenar energía.
  • Nuestro riñón está diseñado para ser capaz de asimilar un atracón de carne de vez en cuando, pero no para la sobrecarga diaria de proteínas que caracteriza actualmente la dieta de muchas personas.
  • El cerebro es un órgano que consume mucha energía y posee una elevada actividad metabólica. En situaciones normales sólo consume glucosa (no le sirve cualquier cosa) y utiliza 100 gramos de este azúcar cada día, la cual procede de los hidratos de carbono ingeridos con los alimentales vegetales. Sólo en casos de extrema necesidad, recurre a su combustible alternativo, un sucedáneo, que son los cuerpos cetónicos que proceden de las grasas.
  • Una gran parte de la leche que mama un niño se utiliza para mantener y desarrollar su cerebro.
  • La evolución desde nuestros antecesores hasta el hombre sólo fue energéticamente posible mediante una reducción paralela del tamaño del aparato digestivo. La expansión cerebral del Homo sólo fue posible mediante un cambio en la alimentación: reducción en el consumo de vegetales y aumento del consumo de animales.
  • Los seres humanos no podemos nacer con nuestro enorme cerebro ya prácticamente formado como les sucede a nuestros primos los chimpancés.
  • Para resolver el problema de parir un ser con nuestro tamaño cerebral y a través de una pelvis deformada por la bipedestación, la solución fomentada por la selección natural fue la de lanzar a la vida a un ser a medio desarrollar. El cerebro del recién nacido humano sólo representa el 25% del volumen del cerebro del adulto. El crecimiento del cerebro prosigue durante los seis primeros años y no se alcanza su pleno desarrollo hasta los veintitrés años, aproximadamente.
  • El crebro en crecimiento del niño tiene un elevado consumo energético: llega a consumir entre el 50% y el 70% del gasto metabólico total. Este enorme consumo de energía tiene que estar garantizado frente a cualquier incidencia y esto se logra mediante la gran cantidad de grasa que acumulan los recién nacidos.
  • El pico de adiposidad se alcanza hacia los nueve meses de edad cuando el contenido graso de un niño llega hasta un 25% de su peso corporal.
  • Una de las principales causas de subnormalidad es la deficiencia de la alimentación en la infancia.
  • El material g enético de las mitocondrias se transmite fielmente de madre a hijo. Estudiando el ADN mitocondrial de miles de personas se ha llegado a formular la llamada “Teoría de la Eva Negra”, según la cual todos nosotros, los Homo sapiens sapiens, procedemos de una hembra que vivió en algún lugar de África hace unos 300.000 años.
  • Los estudios del material genético del cromosoma Y (que sólo está presente en las células del hombre) confirman que la humanidad tuvo un antepasado varón que vivió en África hace unos 200.000 años. Sería la “Teoría del Adán Negro”.
  • Estudios del gen de la hemoglobina ratifican que todas las poblaciones humanas modernas derivan de una población ancestral africana de hace unos 200.000 años, compuesta por unos secientos individuos.
  • El único mecanismo que permite sobrevivir a una dieta hiperproteica, con algo de grasa y carente de hidratos de carbono, es la insulinorresistencia. Esta situación permite ahorrar la poca glucosa disponible y reservarla para su consumo por el cerebro y, por otra parte, el exceso de insulina circulante (recordemos que la hiperinsulinemia es la consecuencia asociada a la insulinorresistencia) favorece la acumulación rápida de la grasa ingerida en el tejido adiposo. La acumulación de grasa se vería potenciada, además, por la leptinorresistencia.
  • Es un hecho bien conocido que cuando en una mujer disminuye el porcentaje de grasa corporal por debajo de un cierto límite (por debajo del 10%), es decir, que presenta un adelgazamiento extremo, se produce una inhibición de la ovulación y una amenorrea (ausencia de la menstruación).
  • El dominio del fuego y su utilización para el cocinado de los alimentos pudo contribuir a una mayor encefalización ya que permitió reducir, aún más, el tamaño del aparato digestivo.
  • Los supervivientes a esos miles de años de frío y penalidad exhibían ya todas las cualidades cerebrales y fisiológicas que poseemos nosotros hoy en día. 15.000 años son muy pocos para que la selección natural modifique las características esenciales de un organismo.
  • Pruebas genéticas demuestran que la leche debió de ser un alimento de importancia sólo en la alimentación de nuestros antepasados más recientes.
  • Nuestros antecesores consumían al día al menos de 1g de sodio y más de 7g de potasio. En la sociedad actual se han cambiado las proporciones, un individuo de cualquier ciudad moderna occidental consume diariamente 5g de sodio y menos de 3g de potasio. Este cambio tiene una gran trascendencia en el desarrollo de algunos tipos de hipertensión.
  • El exceso transitorio y breve de insulina favorece la acumulación de grasas y permite la supervivencia en los períodos de hambruna. Pero esos individuos, cuando viven en una sociedad modernizada, de sedentarismo y abundancia de alimentos, sobre todo de azúcares rápidos, se produce un exceso casi permanente de insulina en su sangre y esta hiperinsulinemia es la desencadenante del Síndrome Metabólico y sus consecuencias.
  • La alimentación contemporánea no está sincronizada con nuestros requerimientos genéticos.
  • Yo les propongo un plan de alimentación que evidentemente se ajusta en los esencial a los que hoy recomienda la ciencia médica:
    • Un 50% de nuestra alimentación debe ser como la del Ardipithecus ramidus: frutas, de cualquier tipo y cuanto más mejor, verduras de hoja como la lechuga, las espinacas, las coles, las acelgas o la escarola. Verduras de yema y de fruto como el tomate, el pimiento, la berenjena, la calabaza, el pepino. Infloraciones como la coliflor o el brócoli. Raíces, zanahorias, remolacha, rábano, nabo o bulbos, ajos, cebolla, puerros.
    • Un 30% debe ser como la del Australopithecus afarensis: tubérculos, patata, batata, boniato, semillas verdes, habas, guisantes, judías veres, frutos secos, nueces, almendras, pistachos, avellanas.
    • Un 18% debe ser como la del Homo ergaster: carne, huevos y sobre todo pescado. No debemos olvidar el otro nutriente importante: el agua. Se debe beber más de un litro y medio de agua al día.
    • Un 2% debe incluir las novedades aportadas por el Homo sapiens sapiens: cereales, legumbres, leche y derivados, bebidas fermentadas, dulces y bollería en general, aceites, mantequilla, margarina y sal.
  • Nuestros antepasados del bosque comían siempre que sentían hambre y varias veces al día. Debemos repartir nuestros alimentos en, al menos, cinco comidas al día, y cada comida de poca cantidad.
  • Si corremos o caminamos durante una hora, moveremos masa muscular suficiente como para compensar la que no hemos movido durante el día. Cualquier ejercicio o deporte vale. Caminar una hora diaria a buen ritmo, trotar durante una hora o cuarenta minutos o alternar trotar y correr. Nada de en vez en cuando, ejecutar tablas de gimnasia o ejercicios de musculación.
  • Esta buena disposición es muy recomendable para todos, pero es obligatoria para aquellos portadores de un genotipo ahorrador que son los que tienen una mayor tendencia a desarrollar insulinorresistencia o hiperinsulinismo.
  • Decálogo para ajustar nuestra forma de vida a nuestro diseño evolutivo.
    1. Mantener el peso que nos corresponda.
    2. Realizar ejercicio físico de forma regular.
    3. Consumir abundante fibra vegetal.
    4. Evitar los alimentos con muchas calorías.
    5. Reducir las grasas saturadas.
    6. Reducir los azúcares rápidos.
    7. Moderar la sal en los guisos.
    8. Evitar o moderar el consumo de alcohol.
    9. No consumir tabaco.
    10. Combatir el estrés.
  • Posee un genotipo ahorrador no se puede evitar, viene con la herencia; desarrollar un Síndrome Metabólico se puede retrasar tanto que nunca aparezca.

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3 comentarios to “El mono obeso de José Enrique Campillo Álvarez – Apuntes Breves”

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