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Mi claustro es el mundo de Sor Lucía Caram – Apuntes Breves

Posted by Raul Barral Tamayo en Martes, 18 de julio, 2017


© Sor Lucía Caram O.P., 2012
Editorial: Plataforma Editorial.

A los 18 años, con el deseo de ayudar a las personas y trabajar por un mundo más justo, Lucía Caram se hizo monja. Fascinada por la figura de Jesús de Nazaret, decidió seguir sus pasos y hacer del Evangelio su proyecto de vida, así como trabajar por la instauración de un nuevo orden social.

En una búsqueda constante de sentido, y urgida por algo inexplicable que le devoraba las entrañas, dejó la actividad frenética como religiosa y optó por la vida contemplativa, por hacerse monja de clausura. Pero ¿cómo conjugar este estilo de vida con un espíritu inquieto y libre?

En estas páginas, Lucía rememora su infancia en una familia del Opus Dei, sus primeros años de noviciado, sus dificultades para adaptarse a una Iglesia cuyas estructuras institucionales y formas claman por un cambio. Nos habla también de la realidad de la vida cotidiana en comunidad, haciéndonos partícipes de su lucha por renovar la manera de vivir y compartir la fe, y de su intenso trabajo junto a los más pobres; hasta nos contagia su pasión por el fútbol. Porque siendo monja, no deja de ser mujer, hija, tía, amiga y profesional. Porque su claustro es el mundo.

Sor Lucía Caram (1966, Tucumán, Argentina) es monja dominica contemplativa. En su vida claustral, compagina la oración, el estudio y la vida en comunidad con la actividad social junto a las personas más vulnerables, lo que la llevó a promover el Grupo de diálogo interreligioso de Manresa, el proyecto MOSAIC de salud mental y la Fundació Rosa Oriol.

Algunas de las cosillas que aprendí leyendo este libro que no tienen porque ser ni ciertas ni falsas ni todo lo contrario:

  • Si no vivimos a tope, con pasión, “sudando la camiseta”, poniendo toda la carne en el asador, la mediocridad nos ganará terreno y pasaremos por el mundo sin pena ni gloria.
  • Hubo momentos de vacilación, de vacío, hasta que mi fe fue madurando, hasta que aprendí a escuchar a mi corazón, dejé de creer por los otros y empecé a creer por mí. Tras años de estudiar Teología, descubrí que todo eso no tenía nada que ver con el dios que me seducía.
  • Mamerto Menapace, monje benedictino argentino: “en el monasterio, cuando desaparece el sentido del humor, comienza el campo de concentración”.
  • Me niego en redondo a que las circunstancias adversas dobleguen mi voluntad para redireccionar el rumbo de las cosas y para avanzar superando el inmovilismo y el miedo de los que no se mueven porque se han instalado en la cómoda mediocridad del “todo está bien como está”, o del “siempre se hizo así”.
  • Ya decía Jesús en el Evangelio que el vino nuevo requiere odres nuevos.
  • Me repugna el discurso fácil de los que dicen que los cristianos hoy estamos perseguidos en nuestra sociedad; y más aún el de aquellos que viven desde el victimismo.
  • Hoy no se nos escucha porque nuestra voz se ha vuelto irrelevante, porque nos hemos dedicado a dar soluciones a problemas que nadie tiene y a responder a preguntas que nadie se hace … Y encima nos creemos que somos el centro del mundo.
  • La Iglesia Católica es una de las instituciones peor valoradas por la ciudadanía.
  • Se sigue funcionando como si todos fueran católicos fervorosos a los que hay que señalarles las leyes y organizarles las instituciones, dictaminarles la moral, y mandales lo que deben creer y hacer.
  • Muchas veces me he preguntado: si Jesús viviera hoy, ¿cómo se le trataría desde Roma? ¿Se aceptaría su mensaje? ¿Nuestros pastores, los obispos, lo escucharían y promoverían el compromiso con su causa? Me temo que se lo condenaría y lo quitarían de en medio.
  • A José Antonio Pagola no le perdonaron nunca su gran capacidad para dialogar con todos y su gran sensabilidad humana. Su libro (Jesús; aproximación histórica) fue censurado y retirado de las librerías católicas (aunque algunas lo siguieron vendiendo).
  • Algunos quizás preferirían que yo fuera una “monjita dócil” que dijera a todo “amén”, que hablara poco y que no incomodara, en definitiva, que fuera una monja de clausura, que cerrar mi blog y que mi voz se dejara de escuchar en la radio y en la televisión.
  • Tener siete hermanos y una casa grande, abierta para acoger a amigos y primos, vecinos y gente muy diversa, fue la gran escuela en la que aprendí a compartir y a vivir con saludable apertura y naturalidad.
  • Soy muy poco “piadosa”, no soy nada rezadora, y que nadie se escandalice, porque siendo monja contemplativa, dedicada fundamentalmente a la oración, entiendo esta en la dinámica del silencio, de escucha, y por eso mi oración es silenciosa. A lo mejor por eso después no callo.
  • Siempre digo que en la oración paso por el corazón y la mente lo vivido, lo amado, lo decidido, lo proyectado, y dejo que allí se abreven en el silencio, reposen y excuentren todo su lugar.
  • Me temo que hemos hecho de la Buena Noticia del Evangelio una ideología o una religión que poco tiene que ver con la libertad, cuando seguramente lo único que pretendía Jesús era enseñarnos a estar en el mundo de una manera amable, desde la bondad, viviendo con libertad: como Él vivió.
  • Quien estaba divorciado y se había vuelto a casar, no era bienvenido a mi casa, y mis padres tampoco iban a la suya.
  • Fernando Pesoa, Libro del desasosiego: “Soy hijo de un tiempo en el que la mayoría de los jóvenes han perdido la fe en Dios por la misma razón por la que sus padres la había tenido siempre: sin saber por qué”.
  • Todos necesitamos tener razones personales para alimentar la propia fe, sea la que sea.
  • Hoy seguramente no habría aguantado aquella disciplina y cómo se multiplicaban las estupideces y las normas.
  • Muchas veces me pregunté por qué no podían casarse los curas, y cuando lo cuestioné en clase en el convento, me mandaron callar: había cosas que no se podían preguntar en público, eran así y punto.
  • María Elena Walsh, balada: “En este mundo traidor transigir es lo mejor. El que diga basta va a parar la canasta, y el que sea opositor va a parar al asador”.
  • Me dije a mí misma: “Aguanta, resiste, y una vez que profeses, vivirás con libertad”.
  • Dije que soñaba con que por fin la Iglesia hiciera la opción preferencial por los pobres para que nuestra Iglesia fuera su Iglesia.
  • Miguel Chabrando, padre: “Tú acabarás, por la fuerza que tienes, o siendo una guerrillera, o siendo monja de clausura”.
  • La libertad interior no te la quita nadie.
  • La castidad y y puede ser una opción libre y liberadora asumida y vivida por el Reino, y también sé que nunca puede ni debe ser impuesta.
  • El celibato ha de ser siempre una opción libre, y por esta razón creo que no ha de ser una condición, por ejemplo, para ser sacerdote.
  • Carlos Mújica era para mí todo un referente.
  • Eran dominicas como yo, peor había algo que no me cuadraba. Las veía muy rígidas y llenas de normas, amén de oficialistas y papistas.
  • Me costó años, peor finalmente descubrí que mi claustro es el mundo, mi clausura no tiene límites, y menos se limita por unos muros.
  • No sé si yo era muy fresca, creo que no, pero nunca tuve cargos de conciencia por saltarme la “norma” y los yugos impuestos, porque me parecía que lo obvio y normal no debía someterse en nombre de Dios y de la obediencia a la ballenadas como estas.
  • Lo que a día de hoy me duele y preocupa es que existen en diversos órganos oficiales e internos de la Iglesia y de las comunidades auténticos lobbies de poder liderados por una derecha radicla que dentro de la Iglesia se dedican a ejercer de martillo de herejes. Van buscando a quién denunciar, y lo peor de todo es que tienen en las curias interlocutores que dan crédito a sus obsesiones. Todo esto nos está haciendo perder credibilidad y una presencia significativa.
  • Tengo la sensación de que algunos defensores de la ortodoxia a ultranza tienen como lema: “Mirad cómo me amo”, porque la soberbia y la prepotencia rezuman en sus palabras, escritos y portales, en los que se ve se glorian y se deleitan en la condena inmisericorde a sus hermanos.
  • Sueño con el día en que caigan los prejuicios y los deseos de excluir a los que piensan diferente.
  • Que nadie pretenda escalar posiciones o ponerse medallas para ascender en el escalafón eclesiástico, y que siendo servidores los unos de los otros, entendamos de una vez por todas que en la Iglesia, o servimos a los hermanos, especialmente a los más pobres y necesitados, o no servimos para nada.
  • Le insistí en mi identificación con un modelo de vida contemplativa dominicana diferente, en el que las inquietudes intelectuales y sociales tuvieran cabida; una vida contemplativa en la que hubiera más cercanía a la gente con una presencia más significativa, y en la que las monjas dentro de la Iglesia y de las diócesis ejerciéramos realmente nuestra mayoría de edad para pensar, para discrepar, para tomar decisiones y para no ser una especie híbrida, manejable por aquellos que en nombre de Dios ejercen el poder y que creen estar tocados por el Espíritu Santo para hacer su sacrosanta y egoísta voluntad.
  • Muchas veces he pensado en que los andamios, cuando se está construyendo una casa, son necesarios, pero una vez acabada la casa, se vuelven inservibles. Las estructuras nos asfixian, y sin darnos cuenta, nos van matando la vida y van ahogando el fuego, la pasión y la fuerza del Espíritu.
  • Fue entonces cuando yo descubrí que no aspiraba a una vida de perfección, como decían que era la vida religiosa, sino que me conformaba con una vida de bondad, y solo de bondad.
  • Desburí que lo que yo construía desde dentro, nada ni nadie me lo podía quitar.
  • Muchas veces he pensado, viendo cómo funcionan los organismos más oficiales de la Iglesia, que lamentablemente casi siempre existe el idiota útil de turno, que es además un obsecuente con el que manda, al igual que aquellos que van con la cabeza del “enemigo” como un trofeo para ganarse méritos antes los superiores.
  • Recuerdo que cuando nos querían vender “el negocio de las indulgencias”, lo único que conseguían era que dejara de tener credibilidad todo el discurso.
  • Toda la carne y el embutido que entraba en el monasterio servían para los desayunos de los frailes que celebraban cada día la misa. La abstinencia de carne de todo el año, salvo alguna excepción, la llevaban bastante mal, con poca resignación y sin ningún convencimiento.
  • Muchas veces escucho cómo se habla de una nueva forma de vida religiosa, de la necesidad de dar paso a algo nuevo, pero lo cierto es que nadie o muy pocos quieren morir para que nazca algo nuevo. Y el que viene de fuera, o se adapta y mantiene las sacrosantas estructuras y modelos de lo que siempre se hizo, o ha de marcharse.
  • Siempre me gustó pensar que Santo Domingo quiso que las comunidades de hermanos y hermanas estuvieran en el centro de las ciudades, y no en las afueras. Se trataba de constituir casas de acogida y predicación.
  • Prueba de mi aburrimiento final fue que los últimos meses de mi estancia en Torrente cogí el tocho del catecismo de la Iglesis católica, que más parecía un ladrillo que un libro apetecible, y viendo que era inmasticable, decidí buscarle la vuelta.
  • Cada vez que voy a la Argentina voy a casa de mis padres y hago vida absolutamente normal. Porque siendo monja no dejo de ser hija, hermana, familia.
  • La teología, que algunos definen como la fe de los “que piensan”, no es una arma desestabilizadora cuando va más allá de lo “que siempre se nos ha dicho”.
  • Baste recordar el catecismo del padre Astete que formó a tantas generaciones en el infantilismo más absoluto y en la negación de la razonabilidad de la fe y dela vida.
  • No nos quitemos la caveza cuando entremos en la Iglesia, ni cuando asumamos, como es el caso, un camino de consagración, ni pensemos que “es más perfecto el que calla y asiente sin pensar”.
  • Pensar en la fe es el primer paso para vivir con convicción y para abrirse al misterio que nos lleva a vivir con pasión y compromiso con Dios y con las personas en el tiempo presente.
  • Mi patria es Cataluña, y mi tierra, Manresa.
  • Claro que en todos los sitios se cuecen habas, y en los monasterios, a calderadas. Eso no es pecado, sino un signo más de que todos estamos hechos con el mismo barro, marca Adán.
  • Entonces había algunos hermanos que pensaban que las mujeres en la Iglesia estábamos para escucharlos, lavarles la ropa y callarnos en la Iglesia.
  • No nos pensemos que la minusvaloración de la mujer es patente exclusiva de la Iglesia católica, lo es de la sociedad civil y de los ámbitos más diversos religiosos, culturales, políticos, etc.
  • Mosén Escós: “El demonio es el mal que nos hacemos entre los buenos sin darnos cuenta”. Eso es el demonio y no el de cuernos y rabos que van con el trincho en la mano buscando cazar incautas.
  • Sin duda, cuando un signo se vuelve antisigno o pierde su significación hay que quitarlo, porque lo que hace es confundir, poner distancias y hacer poco comprensible el mensaje y la vida.
  • Si Jesús repetía tanto esa frase, seguramente es porque sabía que con frecuencia el miedo nos paraliza. Repetirme No tinguis por (no tengas miedo) me daba seguridad y confianza.
  • Con mi vieja siempre hubo una gran sintonía, más allá de nuestras diferencias ideológicas. Siempre le digo que ella es talibán en la vivencia de su fe, pero igual nos entendemos. Ella es miembro del Opus Dei, y sin duda es muy coherente, es su camino y le hace mucho bien. Para mí, la “vieja” es lo más sagrado que tengo.
  • Yo siempre entendí que la vida es oración y que esta lleva a la praxis, o no es cristiana.
  • Si haces todo lo que te dicen y cumples, sobre todo en la asistencia al coro, a la liturgia, “que es la oración oficial”, ya eres un buen religioso.
  • Tengo la impresión de que el uso y el abuso de las rúbricas y grandes ornamentaciones, ritos y normas, frecuentemente ponen coto a la libertad del Espíritu, que está más allá de cualquier forma o encasillamiento litúrgico o formal, en el que todo está pautado, mesurado o incluso ¡vigilado!
  • En el silencio, la vida simplemente fluye, y Dios se toma la libertad de sugerir, hablar, mostrar, iluminar: lanzarnos a la aventura de vivir a fondo y posibilitar que los otros también vivan.
  • Una vez más experimenté que en la Iglesia no siempre existe la libertad, o lo que es peor, existe el miedo. Todo ha de estar controlado y debe ser “vigilado”, no sea que el personal abra los ojos, se dé cuenta de muchos engaños y mentiras, comience a pensar y se marche, como de hecho ha pasado y sigue pasando, o deje de tragarse todo lo que le dan masticado.
  • El infierno, esa hoguera sin piedad que han creado los que se han quedado sin argumentos para debatir y apelan a lo irracional y al miedo para ocultar su ignorancia y sus muchas inseguridades.
  • ¿Podemos hablar del azote de la ira de Dios? ¿Cabe en el que es el Amor la ira?
  • ¿Pero no habíamos quedado en que los méritos son de Jesús y que ya estamos salvados, que somos personas libres llamadas a conquistar esa libertad?
  • Mamerto Menapace: “Si la gente viene al monasterio pidiéndonos dinero, quiere decir que somos ricos; si viene a pedirnos influencias, quiere decir que somos poderosos. Pero si nos piden un espacio para orar y para compartir el deseo de la unidad, eso significa que han entendido nuestra misión”.
  • Lo que Tomás quiso quemar, “porque no era Dios, porque era paja”, es lo que hoy la Iglesia nos propone como materia de fe y como referencia de lo que hemos de creer.
  • Como sugiere Hans Küng, existen unos valores genuinamente humanos compartidos por las grandes tradiciones religiosas. Sobre este fondo común se puede edificar la convivencia y la ética global.
  • El problema en la convivencia en nuestras ciudades y barrios no es que el otro sea “musulmán” sino que es una persona vulnerable, en situación de pobreza y necesitada.
  • Si bien reconozco las bondades del diálogo interreligioso teológico, yo opto por el diálogo de base, en el que conjugamos espacios y momentos de diálogo, de oración, pero sobre todo el acercamiento mutuo, la búsqueda de intereses comunes, y la defensa de los derechos de los otros, cuando siendo minoría fácilmente pueden ser acallados o ignorados.
  • Yo creo que en un Estado aconfesional no debe haber privilegios para nadie, pero sí debe garantizarse el respeto y el ejercicio de la libertad de todos a vivir y a profesar sus creencias respetando las normas del país y aportando lo que cada tradición es y tiene que aportar.
  • En la Iglesia más oficial o jerárquica incomodo porque me consideran de izquierda, y estos grupos “radicaloides” de izquiera me consideran clerical y de derechas. Suerte que lo que dicen unos y otros me resbala, y a unos y a otros les invito para que vengan a ayudarnos.
  • A veces pienso que los talibanes son los progres que van de liberales y los que se niegan a entender las razones de los otros, y a medida que pasa el tiempo, me voy convenciendo de que no me faltan razones para creerlo.
  • Todavía había algunas voces que por lo bajo decían: “La monja protege a los moros”. Estos todavía no habían entendido nada de lo que estábamos haciendo.
  • El Evangelio y la persona de Jesús son cada vez más mi referente, mi estilo y mi pasión, y posiblemente por eso no me caso con muchas cosas que me parecen una perversión de la fe y del cristianismo impuesto o propuesto en nombre de Dios.
  • Entiendo que no es legítimo hablar de “un pueblo elegido por Dios”, porque todos los pueblos y todas las personas son elegidas y amadas por Dios.
  • La felicidad es amar la vida y compartirla generosamente.
  • Me paso la vida golpeando puertas y reclamando ayuda y solidaridad, compromiso. En la oración es donde me hago mendiga, ante quien no me niega lo que pido, incluso sin verbalizar, para quienes lo necesitan.
  • Cada vez veo más claro que dentro de la Iglesia hay bandos y que unos y otros se devoran, haciendo gala de su intolerancia; siento que nos hace mal, y no me interesa.
  • No pocas veces me han preguntado: “¿Has tenido problemas con la jerarquía?”. Claro que sí. Y cada uno de ellos ha sido fruto de la intolerancia y la falta de diálogo. No estamos aún maduros para amarnos en la diferencia.
  • Pedro Meca, dominico, define a la Iglesia como “una casa de putas, donde aprendía a hacer el amor”.
  • Si queremos ser santos, !no hagamos a los que nos rodean de cerca o de lejos mártires! Que mientras hacemos el bien, a los otros les dé ganas de apuntarse, y que viéndonos felices, quieran serlo con nosotros.
  • Ver al Barsa es un hobby muy sano, que ayuda a desconectar, a activar la circulación y a despertar y a mantener viva la pasión por Cataluña.
  • Nunca debemos desesperar de las personas, todos tenemos nuestro tiempo, y es preciso saber acompañar, esperar y no juzgar.
  • Compartir y no acumular, vivir desde la generosidad, es la expresión del voto de pobreza de mis hermanas.
  • La crisis y la pobreza es un problema de todos. Y si no damos respuesta a las necesidades más urgentes, como son la comida, la salud, la luz, la vivienda, pronto tendremos realmente no un problema, sino un grave problema, porque todo el mundo debe comer, y si no tienen para comer, lo tienen que conseguir. Y ya entraremos en una rueda más complicada.
  • Eso de que Dios aprieta pero no ahoga es relativamente cierto: creo que aprieta; ahoga, y cuando ya no podemos más, nos echa un cable.
  • Era muy fácil en aquellos momentos culpar a los bancos o a los políticos, como responsables únicos de la gravedad de la crisis, pero si éramos sinceros, todos, en alguna medida, teníamos alguna responsabilidad por acción o por omisión: a todos nos vino bien el nivel y el ritmo de vida; todos, quien más quien menos, se habían subido al carro de la sociedad del bienestar y habían gastado más de la cuenta hipotecando el presente y el futuro.
  • El trabajo estaba y está mal repartido. No puede ser que tengamos un índice tan alto de parados y por otra parte gente que vive para trabajar, cuando lo lógico sería que todos pudieran trabajar para vivir.
  • Hay un refrán que dice que “las alabanzas son golosinas y las críticas son medicinas”.
  • Si no tenemos un sentido de pertenencia, si no vivimos las cosas como propias, no prosperarán.
  • Esta, entiendo yo, es la única indignación válida: implicarse y hacer que la fuerza de la indignación se convierta en compromiso responsable por el cambio. Hay que arremangarse y crear alternativas.
  • No me sirve de nada que me prometan la vida eterna en el más allá si esa vida que es eterna y que ya ha comenzado secuestra la felicidad, que es nuestro gran tesoro y que está amasada de libertad, una libertad que encuentra su máxima realización en el servicio y que es patrimonio de la humanidad y de cada una de las criaturas.
  • Kalil Griban, profeta: “La tierra es mi patria, y la humanidad, mi familia”.
  • Mamerto Menapace: “El que muere no puede llevarse nada de lo que consiguió en esta vida, pero sí se lleva todo lo que fue capaz de dar”.
  • La vida contemplativa en la Iglesia ha sido secularmente la que ha guardado la memoria y la cultura de Europa en los monasterios, en los que monjes y monjas a lo largo de los siglos han ejercido de notarios del paso del tiempo y amanuenses de historias y gestas que han contribuido a consolidar la identidad de todo un continente.
  • Pertenezco institucionalmente al grupo dentro de la Iglesia al que denominan escandalosamente como “monjas de clausura”.
  • La Iglesia institucional, en el derecho canónico, mete a todas las contemplativas en el mismo saco de la clausura, sin hacer distinciones que son esenciales, y a todas nos echa el cerrojo de la tutela jurídica de los obispos, como si fuéramos menores de edad.
  • En este universo claustral, aunque nos empeñemos en negarlo, todavía hay mucho infantilismo, mucha ñoñería, muchas monjitas (que no monjas) que aún hoy se escandalizan y acusan a instancias superiores de otras visiones y formas de vivir la vida de sus mismas hermanas.
  • Con el tiempo he aprendido a perdonar y a no culpabilizar, en todo caso a sentir pena por la cortedad de miras.
  • Decía José Luis Sampedro que hemos ganado en información pero hemos perdido en sabiduría, y es esa sabiduría la que cada vez va más buscada.
  • A medida que pasan los años, me voy dando cuenta de que ya no me interesa ni cautiva tanto escuchar brillantes planteos y estrategias perfectas, ni tan siquiera discursos exquisitos. Lo que realmente me seduce y convoca es escuchar a quienes hablando, tal vez poco, lo hacen desde esa sabiduría “de haber vivido lo vivido”, de haber permanecido constantes en las duras y en las maduras aprendiendo en la escuela de la vida.
  • Jesús, el de Nazaret, no vino a fundar ninguna religión, simplemente vino a instaurar un nuevo orden, el de la justicia y el del amor.
  • Creí hasta hace unos años que la obediencia era hacer la voluntad de Dios, y algunos se empeñaban en hacerla pasar por unas mediaciones humanas en las que era muy difícil hacer un acto de fe en el Dios de la vida.

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