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Manual para la vida feliz de Epicteto & Pierre Hadot – Apuntes Breves

Posted by Raul Barral Tamayo en Martes, 1 de agosto, 2017


© del texto de Pierre Hadot, Librarie Générale Francaise / IMEC
© de la traducción del Manual, Claudio Arroyo, 2005
© de la traducción del texto de Pierre Hadot, Javier Palacio Tauste, 2015
Editorial: Errata naturae editores.

Con el paso de los siglos y los milenios, buena parte de la filosofía se ha ido convirtiendo en un conjunto de «tratados intratables»: reflexiones enrevesadas, especulaciones oscuras, fórmulas abstractas y alejadas de la vida… Sin embargo, la filosofía antigua no era otra cosa que un arte de vivir: una guía para que cada individuo realizara su propia elección vital y conformara una existencia plena y dichosa. En esto consiste el Manual de Epicteto.

Este volumen es por tanto una exhortación a la vida buena. O si lo prefieren, un aviso que lanza el maestro a sus posibles discípulos: «Párate un instante, por todos los dioses. Piensa. ¿Cómo es en realidad tu vida? ¿Cómo querrías que fuera? ¿Qué es lo que de verdad te importa? ¿Qué es lo que te haría verdaderamente feliz? ¿Actúas para conseguirlo? ¿O te alejas cada día más de ello?».

Desde el primer capítulo de este libro, Epicteto se dirige al lector con un tú tan cercano y directo que no podemos dejar de sentirnos interpelados. Las reflexiones y máximas que se van desgranando se mantienen siempre pegadas a la realidad de la existencia, para conformar un modelo filosófico de conducta cotidiana en pos de una vida feliz y serena: cómo actuar en el día a día, cómo juzgar lo que nos ocurre, cómo y qué desear, cómo hablar, cómo reír, cómo asistir a fiestas, banquetes y espectáculos, cómo cuidar nuestro cuerpo y nuestra alimentación, cómo ocuparse del amor y de los placeres, cómo tratar con los amigos, la sociedad y los poderosos, cómo enfrentarse a las desgracias y a los accidentes; en resumen: cómo mantener una mirada filosófica y gozosa ante aquello que la vida nos depare.

El Manual se acompaña, además, de un revelador ensayo de Pierre Hadot —una de las máximas autoridades internacionales en el ámbito de la filosofía antigua— que nos permite profundizar, con una simplicidad y lucidez comunes a las del propio Epicteto, en esta obra fundamental de la historia universal del pensamiento.

Epicteto (55-135) fue un filósofo griego de la escuela estoica. Nació en Hierápolis de Frigia (actual sudoeste de Turquía), pero desde su primera infancia vivió en Roma como esclavo, propiedad del liberto Epafrodito, quien lo inició en el estudio de la filosofía. Allí, una vez obtenida la libertad, fundó su primera escuela. Sin embargo, tras ser expulsado de la ciudad, junto al resto de filósofos, por el emperador Domiciano, la trasladó a Nicópolis, en el noroeste de Grecia, hasta donde atrajo a numerosos patricios romanos. Su vida fue siempre de una sencillez extrema. Habitó casas pequeñas, contando únicamente con lo imprescindible, y siempre dejaba la puerta abierta. Durante toda su vida comió lo que tenía a mano. No se casó nunca, pero compartió su vejez con una mujer que, a modo de ama de cría, lo ayudó a sacar adelante al hijo de un amigo caído en desgracia. Al igual que muchos otros maestros antiguos (Sócrates, Diógenes, etc.), decidió no escribir y desarrollar su pensamiento en un auténtico y cotidiano diálogo con sus alumnos. Sus enseñanzas se conservan por tanto a través de los libros transcritos por su discípulo Arriano. La fama de Epicteto fue grande, mereciendo, según Orígenes, más respeto en vida del que había gozado Platón.

Pierre Hadot (1922-2010) fue filósofo y uno de los máximos especialistas internacionales en el pensamiento griego antiguo. Fue director de la École des Hautes Études en Sciences Sociales y catedrático de Historia del Pensamiento Helenístico y Romano en el Collège de France.

Algunas de las cosillas que aprendí leyendo este libro que no tienen porque ser ni ciertas ni falsas ni todo lo contrario:

Manual de Epícteto:

  • Dependen de nosotros el juicio de valor, el impulso a la acción, el deseo, la aversión, en un palabra, todo lo que constituye nuestros asuntos. Pero no dependen de nosotros el cuerpo, nuestras posesiones, las opiniones que los demás tienen de nosotros, los cargos, en una palabra, todo lo que no son nuestros asuntos.
  • Las cosas que dependen de nosotros son libres por naturaleza, sin impedimentos, sin trabas. Las cosas que no dependen de nosotros se hallan en un estado de sometimiento, de servidumbre, y nos resultan ajenas.
  • Si piensas que sólo lo que te pertenece es tuyo y que aquello que es ajeno te es de verdad ajeno, entonces nadie podrá coaccionarte, nadie podrá obligarte a hacer nada, no harás más reproches, no formularás más acusaciones, no volverás a hacer nada contra tu voluntad, no tendrás más enemigos, nadie podrá perjudicarte y no sufrirás más perjuicios.
  • No te bastará un esfuerzo moderado, sino que hay cosas a las que deberás renunciar por completo, y otras que, al menos por el momento, deberás dejar de lado.
  • Ejercítate en añadir de entrada lo siguiente a cada representación dolorosa o triste que te venga a la cabeza: “No eres más que una simple representación y de ningún modo la cosa que representas”.
  • Suprime por lo tanto toda adversión que pudieras tener hacia las cosas que no dependen de ti, y oriéntala únicamente hacia las cosas que son contrarias a la naturaleza y que dependen de ti.
  • Lo que perturba a los hombres no son las cosas, sino los juicios que hacen sobre las cosas.
  • Sólo aquellos que carecen de educación filosófica convierten a los demás en responsables del hecho de que uno sea desgraciado, mientras que los que inician su educación se hacen responsables ellos mismos, y los que la completan entienden que la responsabilidad no recae ni sobre los demás ni sobre sí mismos.
  • Presume únicamente cuando hagas un uso de las representaciones conforme a la naturaleza, pues en ese momento podrás mostrarte orgulloso de un bien que te pertenece.
  • Ocurra lo que ocurra se trata de una molestia que afecta a otra cosa, pero no a ti.
  • No digas nunca respecto de una cosa: “La perdí”, sino: “La devolví”. ¿Ha muerto tu hijo? Ha sido devuelto.
  • Es preferible morir de hambre tras haber vivido sin pena ni miedo que vivir en la abundancia asediado por la inquietud.
  • Más vale que tu esclavo se convierta en un mal esclavo antes de que tú te conviertas en un desdichado.
  • Si quieres progresa, acostúmbrate a que los demás crean que eres un insensato y un bobo en lo referente a las cosas del mundo.
  • No pretendas que parezca que sabes algo.
  • Lo tuyo se limita a eso: interpretar correctamente el papel que has recibido. Elegirlo es cosa de otro.
  • No te ofende quien te insulta o quien te azota, sino tu juicio, que te hace pensar que aquéllos te ofenden.
  • Nadie puede causarte daño a ti, pues sufrirás un daño sólo cuando juzgues que sufres un daño.
  • Proponte cuanto antes un estilo y un modelo de vida, y atente a ellos cuando estés solo contigo mismo y cuando te encuentres con los demás.
  • Guarda silencio la mayor parte del tiempo y habla para decir cosas necesarias y con pocas palabras, pero sólo de vez en cuando, cuando la ocasión se brinde, y no sobre cualquier tema.
  • La risa, que no sea excesiva, ni a todas horas ni por cualquier cosa.
  • En la medida de lo posible, no hagas juramentos.
  • Suprime todo rasgo de ostentación o lujo.
  • Jamás te digas a ti mismo: “No merecía la pena”. Pues ésa no es la reacción de un filósofo, sino de alguien que se deja ofender por las cosas del mundo.
  • Evita hacer reír a los demás.
  • Si no estás actuando correctamente, debes rehuir la acción, pero si actúas correctamente, ¿por qué temer a quienes te critican de manera injusta?
  • Cuando alguien te perjudique con su acción o hable mal de ti, recuerda que actúa o habla creyendo que cumple con su deber.
  • No te llames a ti mismo filósofo cuando estés entre los que no lo son, y tampoco hables mucho en su presencia sobre principios teóricos.
  • El signo y la actitud que distinguen al filósofo es que espera que todo beneficio y todo daño provengan de sí mismo.
  • Los signos que distinguen a quien progresa son que no censura a nadie, no alaba a nadie, no hace reproches, no hace acusaciones y no habla de sí mismo como si fuera alguien o supiera algo.

Una lectura del manual de Pierre Hadot:

  • El manual de Epícteto no fue redactado por Epícteto. Fue redactado por uno de sus discípulos, Arriano de Nicomedia, que escribió el texto a partir de las notas (las Disertaciones) tomadas durante las clases de su maestro.
  • Epadrodito habría hecho torturar a Epícteto retorciéndole una pierna: “Sin ningún temor, Epícteto le dijo sonriendo: Me la vas a romper”. Y, cuando efectivamente se la rompió, Epícteto dijo: “Ya te he dicho que me la ibas a romper”.
  • El propio epícteto informa que siguió las lecciones del filósofo estoico Musonio Rufo en Roma.
  • Tres son los principios esenciales que definen el estoicismo:
    • El único bien es el bien moral.
    • Toda acción humana se basa en el juicio.
    • La naturaleza es coherente consigo misma.
  • Al renunciar al placer y al interés uno encuentra, por añadidura, la felicidad.
  • El único mal posible para un estoico proviene de la mala acción.
  • Un principio de acción eminentemente estoico. Sénece: “Querer siempre lo mismo, despreciar siempre lo mismo”.
  • Zenón: “vivir de modo coherente, segñun una regla vital simple y armoniosa; pues quienes viven en la incoherencia son desdichados”.
  • Epícteto fue obligado al destierro por Domiciano en el año 90, al igual que los más prestigiosos profesores de filosofía de Roma.
  • Simplicio, comentador del Manual, explica que Epícteto llevaba en Roma una vida en extremo sencilla, sin cerrar jamás la puerta de su vivienda, que tan sólo disponía de un lecho de paja y de una estera de junco.
  • Al igual que su maestro Musonio, Epícteto no dejó ningún escrito.
  • Solemos pensar que nuestras preocupaciones y problemas proceden de las cosas que nos ocurren, como, por ejemplo, la enfermedad o la pobreza. Pero si admitimos ese discernimiento nos darmeos cuenta de que, en realidad, somos nosotros los responsables de nuestras desdichas.
  • Somos libres en nuestros juicios, en nuestros deseos, en nuestra decisión a la hora de actuar. Podemos elegir nuestra actitud moral, determinar el sentido y objetivo de nuestra existencia.
  • Aproptosia. Virtud estoica que nos impide conceder de forma precipitada nuestro asentimiento a los juicios correspondientes a las representaciones.
  • En el estoicismo antiguo sólo se distinguían dos actividades del espíritu: por una parte, la actividad cognitiva, la de la representación, el juicio sobre las representaciones y el asentimiento concedido a los juicios, y por otra, la actividad volitiva, denominada hormé, movimiento hacia las cosas, tendencia o impulso activo conducente a realizar determinada acción.
  • Desear o sentir aversión por las cosas que no dependen de nosotros supone correr el riesgo de ser desdichado.
  • La única aversión admisible es la que sentimos por cosas que dependen de nosotros pero que son contrarias a la naturaleza.
  • Aspirar a una perfección todavía inalcanzable puede llevar al aprendiz de filósofo a caer en la tristeza y el desánimo.
  • Ejercicio a menudo practicado por los estoicos: la denominada “previsión de males”. Consiste en representarse de antemano los acontecimientos que pueden acaecer, a fin de estar preparado para aceptarlos cuando ocurran.
  • La cláusula de reserva tiene como finalidad recordar a quien actúa que lo importante no es realmente la acción en sí, sino la intención de actuar bien.
  • La prueba de que lo temible y lo aterrador no residen sino en nuestros juicios subjetivos es que los hombres no consideran aterradoras las mismas cosas.
  • Soy yo mismo el responsable de mi desdicha. Si me siento desdichado es porque me equivoco sobre la naturaleza del mal, sin darme cuenta de que éste sólo reside en el mal moral.
  • Acusar a los demás, acusarse a sí mismo y, finalmente, no acusar a los demás ni a sí mismo son los signos que acompañan el pasodel estado de no filósofo al de aspirante a filósofo y al de verdadero filósofo.
  • El auténtico filósofo no siente miedo ni terror porque no comete errores de juicio: no tiene necesidad de acusarse ni de acusar a los demás.
  • No se trata de desear que lo que sucede no llegue a suceder, sino de desear que lo que sucede suceda como sucede.
  • Séneca: “Lo que nos rodea no nos pertenece; sólo somos sus depositarios. Contamos con su uso y disfrute por algún tiempo, un tiempo de duración limitada a gusto del poseedor, tan pródigo como quiera. Debemos estar preparados para satisfacer una deuda cuyo vencimiento no conocemos”.
  • Si se quiere progresar, es preciso elegir entre una vida moral y el gusto por las cosas del mundo.
  • La paz espiritual está por encima de aquello que nos produce preocupaciones e inquietudes.
  • No desear lo que no depende de nosotros es algo que depende de nosotros.
  • Desde el momento en que amamos, odiamos o tememos las cosas que no dependen de nosotros es de esperar que se conviertan en nuestros amos quienes tienen algún poder sobre ellas.
  • Recibir con humildad las cosas que los hombres consideran bienes y que la divinidad nos ofrece, sin querer retenerlas cuando se nos escapan, o sin mostrarnos impacientes si tardan en llegar.
  • En general, los estoicos creían en la adivinación y en las señales providenciales enviadas por los dioses.
  • Si alguien nos injuria nos está ofreciendo la oportunidad de ejercitar nuestra paciencia; la enfermedad nos ofrece la oportunidad de ejercitar nuestro coraje y serenidad; mientras que la muerte nos obliga a conformar nuestra voluntad con la de la Naturaleza.
  • El dominio de sí mismo comienza con un frenazo, con el deseo de concederse un momento de reflexión para pensar en la representación. Ese momento y esa pausa evitan que se produzca cualquier arranque de cólera.
  • No se puede disfrutar de los beneficios de la filosofía y a la vez de la vida mundana.
  • Los autores cómicos se burlaron de todas las escuelas filosóficas.
  • La arrogancia debía de ser uno de los defectos más comunes de los aprendices.
  • Si el aprendiz de filósofo permanece fiel a su vocación acabará por ganarse el respeto de los profanos.
  • El herrero ofrece armas a la ciudad; el zapatero, zapatos; el hombre rico, juegos; y el filósofo, un modelo de ciudadanía leal y respetuosa.
  • Ese hombre que reconoce, como todos, que la muerte es un fenómeno natural cuando se trata de la muerte de los demás, la considera un mal cuando afecta a sus allegados.
  • Los filósofos organizaban banquetes que reunían a maestros y discípulos. Era una costumbre habitual en las comunidades epicúreas, platónicas y aristotélicas. Existe menos información sobre los banquetes estoicos, pero ciertamente tenían lugar. En ellos se discutía sobre problemas filosóficos , a menudo de manera placentera, mientras se comía y bebía con moderación.
  • Si sólo es moral aquello que se realiza con intención de hacer el bien, lo que se realiza con intención de buscar el placer ha de resultar inmnoral.
  • El acto sexual sólo puede ser moral cuando se realiza conforme a su destino natural, la procreación, y en el marco de la institución destinada a garantizar el nacimiento y la educación de los hijos, es decir, el matrimonio.
  • El cuerpo es algo accesorio al que conviene tratar como tal.
  • La rectitud del discurso, resultaba imprescindible para la rectitud del juicio moral.
  • Filosofar no significa llevar a cabo la exégesis de los discursos de Crisipo. sino vivir en armonía con ellos.
  • Lo importante es aplicar los principios a la vida y no tanto probarse capaz de entender las demostraciones.
  • La filosofía no consiste realmente en conceptos y teorías, sino en la aplicación concreta y práctica de tales principios a la cotidianidad.
  • El aprendiz sabrá que está progresando si es capaz de escuchar a otros decirle que no sabe nada sin sentirse herido.
  • El profano acusa a los demás, el aspirante se acusa a sí mismo y el filósofo no acusa ni a los demás ni a sí mismo.
  • Si el aspirante se espía a sí mismo como si espiara a un enemigo, quedarán expuestas las contradicciones y luchas internas características de quien se inicia en la filosofía, así como los prejuicios y malos hábitos que arrastra desde que era un simple profano.
  • El aprendiz de filósofo es consciente de que no es Sócrates, pero debe vivir como si quisiera convertise en él.
  • Habitualmente suele entenderse el Manual como un breviario de “moral”. Eso supone equivocarse por completo sobre el sentido de la obra. El conjunto de la obra está relacionado con estos asuntos: ¿Cómo convertirse en filósofo? ¿Cómo juzgar con rectitud? ¿Cómo obrar para que no se freustren nuestros deseos?
  • Puesto que aspira a transformarse en “filosofía”, el cristianismo se ve obligado a adoptar el modelo pagano de vida filosófica.
  • Epícteto no aportó a la tradición estoica ningún elemento nuevo, como si haría, por ejemplo, Séneca. Pero no deja de resultar sorprendente que el Manual alcanzar tal éxito entre los monjes.

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