Raul Barral Tamayo's Blog

Frases Llenas

La conquista de la felicidad de Bertrand Russell – Apuntes Breves

Posted by Raul Barral Tamayo en martes, 1 de mayo, 2018


Título original: The Conquest of Happiness.
© 1930, 1961, 1975, Unwin Imán Limited
© de la traducción, 2000, Juan Manuel Ibeas
Editorial: Debolsillo.

La felicidad ¿es un estado o una búsqueda?

Esta obra afirma que lo segundo: el ser humano se debe mostrar activo en la eliminación de las trabas al despliegue de la felicidad, comenzando por eliminar esas pasiones egocéntricas que son la envidia, el miedo o la conciencia de pecado y reforzando las que impulsan hacia fuera de sí mismo, que invitan a sentirse parte de la corriente de la vida: “Cuantas más cosas interesen a alguien, más oportunidades de felicidad tendrá”, afirma, para concluir que el ser feliz es el que se siente ciudadano del universo “y goza libremente del espectáculo que le ofrece y de las alegrías que le brinda”.

Una obra de autoayuda… si no fuera porque se trata de un proyecto, de raigambre estoica, de repensar el ser humano y su posición en el mundo.

Bertrand Russell nació en Trelleck Gales, Inglaterra, en el seno de una familia perteneciente a la nobleza. Perdió a sus padres a la edad de tres años y fue educado por sus abuelos paternos. Su abuelo, lord John Russell, fue primer ministro de Inglaterra en dos ocasiones. Recibió una educación muy esmerada y se especializó en filosofía y matemáticas. Trabajó como profesor en diferentes universidades y dio muchas conferencias. Se casó cuatro veces, sus tres primeros matrimonios acabaron en divorcio. Tuvo tres hijos. En 1903 publicó su primera obra, Los principios de las matemáticas. A Russell se le considera como uno de los padres de la Filosofía Analítica moderna. En el campo de la filosofía sus pensamientos giraron inicialmente alrededor del Idealismo Absoluto y más tarde del Atomismo Lógico y del Realismo, lo que le valió el Premio Nobel en 1950. Fundador del movimiento Pugwash (con Einstein, 1953), contra el armamentismo nuclear, destacó por sus avanzadas concepciones pedagógicas en una sociedad excesivamente puritana.

Algunas de las cosillas que aprendí leyendo este libro que no tienen porque ser ni ciertas ni falsas ni todo lo contrario:

  • Aunque de tipos muy diferentes, encontrará usted infelicidad por todas partes.
  • En la multitud de horas de trabajo verá usted ansiedad, exceso de concentración, dispepsia, falta de interés por todo lo que no sea la lucha cotidiana, incapacidad de divertirse, falta de consideración hacia el prójimo.
  • Ya he escrito en ocasiones anteriores sobre los cambios que habría que hacer en el sistema social para favorecer la felicidad. Pero no es mi intención hablar en este libro sobre la abolición de la guerra, de la explotación económica o de la educación en la crueldad y el miedo.
  • Mi intención es sugerir una cura para la infelicidad cotidiana normal que padecen casi todas las personas en los países civilizados, y que resulta aún más insoportable porque, no teniendo una causa externa obvia, parece ineludible. Creo que esta infelicidad se debe en muy gran medida a conceptos del mundo erróneos, a éticas erróneas, a hábitos de vida erróneos, que conducen a la destrucción de ese entusiasmo natural, ese apetito de cosas posibles del que depende toda felicidad, tanto la de las personas cono la de los animales.
  • Se trata de cuestiones que están dentro de las posibilidades del individuo, y me propongo sugerir ciertos cambios mediante los cuales, con un grado normal de buena suerte, se puede alcanzar esta felicidad.
  • He logrado prescindir de ciertos objetos de deseo (como la adquisición de conocimientos indudables sobre esto o lo otro) que son absolutamente inalcanzables.
  • Poco a poco aprendí a ser indiferente a mí mismo y a mis deficiencias; aprendí a centrar la atención, cada vez más, en objetos externos: el estado del mundo, diversas ramas del conocimientos, individuos por los que sentía afecto.
  • La vanidad, cuando sobrepasa cierto punto, mata el placer que ofrece toda actividad por sí misma, y conduce inevitablemente a la indiferencia y el hastío. A menudo, la causa es la timidez, y la cura es el desarrollo de la propia dignidad.
  • No existe ninguna satisfacción definitiva en el cultivo de un único elemento de la naturaleza humana a expensas de todos los demás, ni en considerar el mundo entero como pura materia prima para la magnificiencia del propio ego.
  • Por lo general, el megalómano, tanto si está loco como si pasa por cuerdo, es el resultado de alguna humillación excesiva.
  • La típica persona infeliz es aquella que, habiéndose visto privada de joven de alguna satisfacción normal, ha llegado a valorar este único tipo de satisfacción más que cualquier otro, y por tanto ha encauzado su vida en una única dirección, dando excesiva importancia a los logros y ninguna a las actividades relacionadas con ellos.
  • Personalmente, no creo que el hecho de ser infeliz indique ninguna superioridad mental. El sabio será todo lo feliz que permitan las circunstancias, y si la contemplación del universo le resulta insoportablemente dolorosa, contemplará otra cosa en su lugar.
  • Por mucho que se diga, la razón no representa ningún obstáculo a la felicidad.
  • Byron: “No hay alegría que pueda darte el mundo comparable a la que te quita, cuando el brillo de las primeras ideas degenera en la insulsa decadencia de los sentimientos”.
  • Autor del Eclesiastés: “Y proclamé dichosos a los muertos que se fueron, más dichosos que los vivos que viven todavía. Y más dichosos que ambos son los que nunca vivieron, que no han visto el mal que se hace bajo el sol”.
  • Es una suerte para los literatos que ya nadie lea cosas escritas hace mucho tiempo, porque si lo hicieran llegarían a la conclusión de que, se opine lo que se opine sobre la construcción de estanques, la creación de nuevos libros no es más que vanidad.
  • El hombre que adquiere con facilidad cosas por las que solo siente un deseo moderado llega a la conclusión de que la satisfacción de los deseos no da la felicidad. Si tiene inclinaciones filosóficas, llega a la conclusión de que la vida humana es intrínsecamente miserable, ya que el que tiene todo lo que desea sigue siendo infeliz. Se olvida de que una parte indispensable de la felicidad es carecer de algunas de las cosas que se desean.
  • ¿Que no hay nada nuevo bajo el sol? ¿Y qué me dicen de los rascacielos, los aviones y los discursos radiofónicos de los políticos?
  • Una de las cosas que lamenta el señor Krutch de nuestro mundo es que hay demasiadas cosas nuevas bajo el sol.
  • Si tanto la ausencia como la presencia de novedades son igualmente fastidiosas, no parece que ninguna de las dos pueda ser la verdadera causa de la desesperación.
  • El hábito de mirar el futuro y pensar que todo el sentido del presente está en lo que vendrá después es un hábito pernicioso. El conjunto no puede tener valor a menos que tengan valor las partes.
  • Si yo viviera eternamente, las alegrías de la vida acabarían inevitablemente perdiendo su sabor. Tal como están las cosas, se mantienen eternamente frescas.
  • El Eclesiastés es trágico; el Modern Temper del señor Krutch es patético.
  • Siempre ha habido muchos pesimistas cuando mucha gente veía disminuir sus ingresos.
  • Las razones que empujan al cinismo a ciertas personas tienen que ver con el predominio de los viejos ideales sobre el subconsciente y con la ausencia de una ética racional que permita a la gente de nuestros días regular su conducta. El remedio no está en lamentarse y sentir nostalgia del pasado, sino en aceptar valerosamente el concepto moderno y decidirse a arrancar de raíz, en todos sus oscuros escondites, las supersticiones oficialmente descartadas.
  • El amor es capaz de romper la dura concha del ego, ya que es una forma de cooperación biológica en la que se necesitan las emociones de cada uno para cumplir los objetivos instintivos del otro.
  • Hemos perdido el sentido de la importancia cósmica de una muerte individual porque nos hemos vuelto demócratas, no solo en las formas externas sino en nuestras convicciones más íntimas.
  • En nuestros tiempos las grandes tragedias tienen que ocuparse más de la comunidad que del individuo.
  • para escribir tragedia, hay que sentirla. Y para sentir la tragedia, hay que ser consciente del mundo en que uno vive, no solo con la mente sino con la sangre y los nervios.
  • A todos los jóvenes con talento que van por ahí convencidos de que no tienen nada que hacer en el mundo, yo les diría: “Deja de intentar escribir y en cambio intenta no escribir. Sal al mundo, hazte pirata, rey en Borneo u obrero en la Rusia soviética; búscate una existencia en que la satisfacción de necesidades físicas elementales ocuep todas tus energías”.
  • Cuando la gente habla de lucha por la vida, en realidad quieren decir lucha por el éxito. Lo que la gente teme cuando se enzarza en la lucha no es no poder conseguirse un desayuno a la mañana siguiente, sino no lograr eclipsar a sus vecinos.
  • Por mi parte, lo que me gustaría obtener del dinero es tiempo libre y seguridad. Pero lo que quiere obtener el típico hombre moderno es más dinero, con vistas a la ostentación, el esplendor y el eclipsamiento de los que hasta ahora han sido sus iguales.
  • La raíz del problema están en la excesiva importancia que se da al éxito competitivo como principal fuente de felicidad. No niego que la sensación de éxito hace más fácil disfrutar de la vida.
  • El hombre rico de nuestros tiempos tiende a ser de un tipo muy diferente. Nunca lee. Si decide crear una galería de pintura con el fin de realzar su fama, delega en expertos para elegir los cuadros; el placer que le proporcionan no es el placer de mirarlos, sino el placer de impedir que otros ricos los posean. En cuanto a la música, si es judío puede que sepa apreciarla; si no lo es, será tan inculto como en todas las demás artes. El resultado de todo esto es que no sabe qué hacer con su tiempo libre.
  • El conocimiento dela buena literatura, que era universal entre la gente educada hace cincuenta o cien años, está ahora confinado a unos cuantos profesores. Todos los placeres tranquilos han sido abandonados.
  • Las personas cuyo concepto de la vida hace que sientan tan poca felicidad que no les interesa engendrar hijos están biológicamente condenadas. No tardarán mucho en ser sustituidas por algo más alegre y festivo.
  • No es solo el trabajo lo que ha quedado envenenado por la filosofía de la competencia; igualmente envenedado ha quedado el vicio. El tipo de ocio tranquilo y restaurador de los nervios se considera aburrido. Tiene que haber una continua aceleración, cuyo desenlace natural serán las drogas y el colapso. El remedio consiste en reconocer la importancia del disfrute sano y tranquilo en un ideal de vida equilibrado.
  • El aburrimiento parece ser una emoción característicamente humana. Es cierto que los animales en cautividad se vuelven indiferentes, pasean de un lado a otro y bostezan, pero en su estado natural no creo que experimenten nada parecido al aburrimiento.
  • El aburrimiento es básicamente un deseo frustrado de que ocurra algo, no necesariamente agradable, sino tan solo algo que permita a la víctima del ennui distinguir un día de otro. En una palabra: lo contrario del aburrimiento no es el placer, sino la excitación.
  • Con la invención de la agricultura, la vida comenzó a volverse tediosa, excepto para los aristócratas, por supuesto, que seguían estando en la fase cazadora.
  • Seguro que el aburrimiento contribuyó en gran medida a la práctica de la caza de brujas, el único deporte que podía animar las noches de invierno.
  • A medida que ascendemos en la escala social, la búsqueda de excitación se hace cada vez más intensa.
  • El aburrimiento no debe considerarse absolutamente malo. Existen dos clases, una de las cuales es fructífera mientras que la otra es ridícula. La fructífera se basa en la ausencia de drogas, mientras que la ridícula en la ausencia de actividades vitales.
  • Evitar el exceso de excitación siempre lleva aparejado cierto grado de aburrimiento, pero el exceso de excitación no solo perjudica la salud sino que embota el paladar para todo tipo de placeres, sustituyendo las satisfacciones orgánicas profundas por meras titilaciones, la sabiduría por la maña y la belleza por sorpresas picantes.
  • Todos los grandes libros contienen partes aburridas, y todas las grandes vidas han incluido periodos sin ningún interés.
  • En general, se comprobará que la vida tranquila es una característica de los grandes hombres, y sus placeres no fueron del tipo que parecería excitante a ojos ajenos.
  • Ningún gran logro es posible sin trabajo persistente, tan absorbente y difícil que queda poca energía para las formas de diversión más fatigosas, exceptuando las que sirven para recuperar la energía física durante los días de fiesta, cuyo mejor ejemplo podría ser el alpinismo.
  • Los padres modernos tienen mucha culpa en este aspecto; proporciona a sus hijos demasiadas diversiones pasivas, como espéctaculos y golosinas, y no se dan cuenta de la importancia que tiene para un niño que un día sea igual a otro, exceptuando, por supuesto, las ocasiones algo especiales.
  • En general, los placeres de la infancia deberían ser los que el niño extrajera de su entorno aplicando un poco de esfuerzo e inventiva.
  • Un chico o un joven que tenga algún propósito constructivo serio aguantará voluntariamente grandes cantidades de aburrimiento si lo considera necesario para sus fines. Pero los propósitos constructivos no se forman fácilmente en la mente de un muchacho si este vive una vida de distracciones y disipaciones, porque en este caso sus pensamientos siempre estarán dirigidos al próximo placer y no al distante logro.
  • Podemos pensar lo que queramos, pero somos criaturas de la tierra; nuestra vida forma parte de la vida en la tierra, y nos nutrimos de ella, igual que las plantas y los animales. El ritmo de la vida de la tierra es lento, el otoño y el inviernos son tan imprescindibles como la primavera y el verano, el descanso es tan imprescindible como el movimiento.
  • Una vez vi a un niño de dos años, criado en Londres, salir por primera vez a pasear por el campo verde. Estábamos en invierno, y todo se encontraa mojado y embarrado. A los ojos de un adulto aquello no tenía nada de agradable, pero al niño le provocó un extraño éxtasis.
  • La clase especial de aburrimiento que sufren las poblaciones urbanas modernas está íntimamente relacionada con su separación de la vida en la tierra.
  • La fatiga puramente física, siempre que no sea excesiva, tiende en todo caso a contribuir a la felicidad; provoca sueño profundo y buen apetito, y añade atractivo a los placeres posibles en los días de fiesta.
  • En las comunidades avanzadas, la clase de fatiga más grave en nuestros tiempos es la fatiga nerviosa. Curiosamente, este tipo de fatiga es mucho más acusado entre las personas acomodadas, y tiende a darse mucho menos entre los asalariados que entre los hombres de negocios y profesionales intelectuales.
  • El sabio solo piensa en sus problemas cuando tiene algún sentido hacerlo; el resto del tiempo piensa en otras cosas o, si es de noche, no piensa en nada.
  • No hay nada tan agotador como la indecisión, ni nada tan estéril.
  • Descubrí que cuanto menos me preocupara de si hablaba bien o mal, menos mal hablaba, y poco a poco la tensión nerviosa disminuyó hasta casi desaparecer.
  • En la vida moderna, la clase de fatiga que importa es siempre emocional; la fatiga puramente intelectual, como la fatiga puramente muscular, se remedia con el sueño.
  • Uno de los síntomas de la inminencia de una crisis nerviosa es creerse que el trabajo de uno es terriblemente importante y que tomarse unas vacaciones acarrearía toda clase de desastres.
  • Creo que se puede implantar en el subconsciente una idea consciente si se hace con suficiente fuerza e intensidad.
  • Yo he descubierto que si tengo que escribir sobre algún tema difícil, el mejor plan consiste en pensar en ello con mucha intensidad durante unas cuantas horas o días, y al cabo de ese tiempo dar la orden (por decirlo de algún modo) de que el trabajo continúe en el subterráneo. Después de algunos meses, vuelvo conscientemente al tema y descubro que el trabajo está hecho.
  • Cuando uno ha considerado serenamente durante algún tiempo la peor posibilidad y se ha dicho a sí mismo con auténtica convicción “Bueno, después de todo, la cosa no tendría demasiada importancia”, descubre que la preocupación disminuye en grado extraordinario.
  • Todas las variedades de miedo empeoran si no se les hace frente.
  • Si hubiera más valor, habría menos preocupaciones y menos fatiga; y es que una gran proporción de las fatigas nerviosas que sufren en la actualidad hombres y mujeres se debe a los miedos, conscientes o inconscientes.
  • El problema es que los placeres más fáciles de obtener y más superficialmente atractivos son casi todos de los que agotan los nervios.
  • Si la opinión pública permitiera a los hombres casarse a los 21 años sin ausmir las cargas económicas que actualmente conlleva el matrimonio, muchos hombres nunca irían en busca de placeres agotadores, tan fatigosos como su trabajo.
  • Lo único que puede hacer un hombre prudente es dosificarse, y no permitirse una cantidad de placeres fatigosos que perjudique su salud o interfiera con su trabajo.
  • Después de la preocupación, una de las causas más poderosas de la infelicidad es, probablemente, la envidia. Yo diría que la envida es una de las pasiones humanas más universales y arraigadas.
  • La envidia es la base de la democracia El movimiento democrático en los estados griegos debió de inspirarse casi por completo en esta pasión. Y lo mismo se puede decir de la democracia moderna.
  • Entre todas las características de la condición humana normal, la envidia es la más lamentable; la persona envidiosa no solo desea hacer daño, y lo hace siempre que puede con impunidad; además, la envidia la hace desgraciada. En lugar de obtener placer de lo que tiene, sufre por lo que tienen los demás. Existe en al condición humana una pasión que compensa esto: la admiración.
  • Quien desee aumentar la felicidad humana debe procurar aumentar la admiración y reducir la envidia.
  • Si lo que deseas es la gloria, puedes envidiar a Napoleón. Pero Napoleón envidiaba a César, César envidiaba a Alejandro y Alejandro, me atrevería a decir, envidiaba a Hércules que nunca existió.
  • Un hombre que sea feliz en su matrimonio y con sus hijos no es probable que sienta mucha envidia de otros por su riqueza o por sus éxitos, siempre que él tenga lo suficiente para criar a sus hijos del modo que considera adecuado.
  • ¿Por qué la propaganda es mucho más efectiva cuando incita al odio que cuando intenta promover sentimientos amistosos?
  • Donde más daño hace la educación moral de la primera infancia es en el terreno del sexo.
  • Muchos hombres consideran que el sexo degrada a las mujeres, y no pueden respetar a sus esposas a menos que estas detesten el contacto sexual.
  • La regla correcta es muy sencilla: hasta que el niño se aproxime a la edad de la pubertad, no hay que enseñarle ninguna clase de moral sexual, y sobre todo hay que evitar inculcarle la idea de que las funciones naturales del cuerpo tienen algo de repugnante.
  • Lo que un hombre cree deliberadamente con toda su razón cuando tiene fuerzas debería ser la norma de lo que le conviene creer en todo momento.
  • El sentimiento de pecado, lejos de contribuir a una vida mejor, hace justamente lo contrario. Hace desdichado al hombre y le hace sentirse inferior.
  • No existe nada tan perjudicial, no sólo para la felicidad sino para la eficiencia, como una personalidad dividida y enfrentada a sí misma.
  • No hay nada tan aburrido como estar encerrado en uno mismo, ni nada tan regocijante como tener la atención y la energía dirigidas hacia fuera.
  • Si una persona de cierto ambiente asegura ser víctima de un maltrato universal, lo más probable es que la causa esté en ella misma.
  • Si a todos se nos concediera el poder mágico de leer los pensamientos ajenos, supongo que el primer efecto sería la ruptura de casi todas las amistades; sin embargo, el segundo efecto sería excelente, porque un mundo sin amigos nos resultaría insoportable y tendríamos que aprender a apreciar a los demás sin necesidad de ocultar tras un velo de ilusión que nadie considera a nadie absolutamente perfecto.
  • Cuatro máximas generales, que servirán de eficaz preventivo de la manía persecutoria si se acepta suficientemente su veracidad. La primera es: recuerda que tus motivos no siempre son tan altruistas como te parecen a ti. La segunda: no sobrestimes tus propios méritos. La tercera: no esperes que los demás se interesen por ti tanto como te interesas tú. Y la cuarta: no creas que la gente piensa tanto en ti como para tener algún interés especial en perseguirte.
  • Cualquier cosa que haya que hacer, solo se podrá hacer correctamente con ayuda de cierto entusiasmo, y es difícil tener entusiasmo sin algún motivo personal.
  • El hombre cuyo motivo primario es el deseo de aplauso carece de una fuerza interior que le impulse a un modo particular de expresión, y lo mismo podría hacer un tipo de trabajo totalmente diferente. Esta clase de hombre, si no consigue que se aplauda su arte, lo mejor que podría hacer es renunciar.
  • En algunas ocasioens puede existir un amor tan fuerte que hasta los mayores sacrificios resultan naturales, pero si no son naturales no hay que hacerlos y a nadie se le debería reprochar que no los haga.
  • Con mucha frecuencia, la conducta ajena que nos molesta no es más que la sana reacción del egoísmo natural contra la voraz rapacidad de una persona cuyo ego se extiende más allá de los límites correctos.
  • Las satisfacciones basadas en el autoengaño nunca son sólidas, y, por muy desagradable que sea la verdad, es mejor afrontarla de una vez por todas, acostumbrarse a ella y dedicarse a construir nuestra vida de acuerdo con ella.
  • Muy pocas personas pueden ser felices sin que su modo de vida y su concepto del mundo sean aprobados, en términos generales, por las personas con las que mantienen relaciones sociales y, muy especialmente, por las personas con que viven.
  • Casi todo el mundo necesita un entorno amistoso para ser feliz.
  • Si su trabajo le obliga a vivir en una población pequeña y, sobre todo, si necesita conservar el respeto de la gente corriente, como ocurre por ejemplo con los médicos y los abogados, puede verse obligado durante casi toda la vida a ocultar sus verdaderos gustos y convicciones a la mayoría de las personas con que trata a lo largo d el día.
  • A las personas convencionales les enfurece lo que se sale de la norma, principalmente porque consideran estas desviaciones como una crítica contra ellas.
  • No estar en armonía con el propio entorno es una desgracia pero no siempre es una desgracia que haya que evitar a toda costa.
  • Todos los hombres de genio de los que hemos oído hablar han triunfado sobre circunstancias adversas, pero no hay razones para suponer que no ha habido innumerables genios más, malogrados en la juventud.
  • Viejos y jóvenes, en cuanto alcanzan la edad de la discreción, tienen igual derecho a decidir por sí mismo y, si se da el caso, a equivocarse por sí mismos.
  • Yo creo que, en general, dejando aparte la opinión de los expertos, se hace demasiado caso a las opiniones de otros, tanto en cuestiones importantes como en asuntos pequeños.
  • Cuando el carácter de cada persona se desarrolla individualmente, se conservan las diferencias ente tipos y vale la pena conocer gente nueva, porque no son meras copias de las personas que ya conocemos.
  • En el mundo moderno, debido a la rapidez de la locomoción, la gente depende menos que antes de sus vecinos más próximos.
  • La felicidad es más fácil si uno se relaciona con personas de gustos y opiniones similares.
  • Habría que prohibir todo lo que haga la vida insoportable a individuos inocentes, aun en el caso de que hayan dicho o hecho cosas que, publicadas maliciosamente, puedan desprestigiarles.
  • Al hombre que se subestima le sorpreden siempre sus éxitos, mientras que al hombre que se sobrestima le sorprenden con igual frecuencia sus fracasos.
  • En la vida del hombre de ciencia se cumplen todas las condiciones de la felicidad. Ejerce una actividad que aprovecha al máximo sus facultades y consigue resultados que no solo le parecen importante a él, sino también al público en general, aunque este no entienda una palabra.
  • El hombre de ciencia no tiene necesidad de corrillos, ya que todo el mundo tiene buena opinión de él excepto sus colegas.
  • El cinismo que tan frecuentemente observamos en los jóvenes occidentales con estudios superiores es el resultado de la combinación de la comodidad ocn la impotencia.
  • Cuanto menos interesante sea un trabajo, más probable es que acabe haciéndolo una máquina.
  • Con la introducción de la agricultura, la humanidad comenzó un largo periodo de mediocridad, miseria y locura, del que solo ahora empieza a liberarse gracias a la benéfica intervención de las máquinas.
  • Para un gran número de personas, creer en una causa es una fuente de felicidad.
  • No muy diferente de la devoción a causas menores es dejarse absorber por una afición.
  • La persona capaz de olvidar sus preocupaciones gracias a un interés genuino por, pongamos por ejemplo el Concilio de Trento o el ciclo vital de las estrellas, ha adquirido un aplomo y una calma que le permiten afrontar sus problemas de la mejor manera y mientras tanto habrá experimentado una felicidad auténtica, aunque pasajera.
  • Lo que es el apetito en relación con la comida, es el entusiasmo en relación con la vida.
  • Cuantas más cosas le interesen a un hombre, más oportunidades de la felicidad tendrá, y menos expuesto estará a los caprichos del destino, ya que si le falla una de las cosas siempre puede recurrir a otra.
  • La mente es una extraña máquina capaz de combinar de las maneras más asombrosas los materiales que se le ofrecen, pero sin materiales procedentes del mundo exterior se queda impotente.
  • Los antiguos consideraban que la moderación era una de las virtudes fundamentales.
  • Todos nuestros gustos y deseos tienen que encajar en el marco general de la vida.
  • A cada momento de su vida, el hombre civilizado se ve frenado por restricciones a los impulsos.
  • Tanto para las mujeres como para los hombres el entusiasmo es el secreto de la felicidad y del bienestar.
  • Una de las principales causas de pérdida de entusiasmo es la sensación de que no nos quieren; y a la inversa, el sentirse amado fomenta el entusiasmo más que ninguna otra cosa.
  • Los que se enfrentan a la vida con sensación de seguridad son mucho más felices que los que la afrontan con sesación de inseguridad, siempre que esa sensación de seguridad no los conduzca al desastre.
  • Los hábitos mentales adquiridos en los primeros años tienden a persistir toda la vida.
  • Las mujeres tienden a amar a los hombres por su carácter mientras que los hombres tienden a amar a las mujeres por su apariencia.
  • Las únicas relaciones sexuales que tienen auténtico valro son aquellas en que no hay reticencias, en que las personalidades de anbos se funden en una nueva personalidad colectiva. Entre todas las formas de cautela, la cautela en el amor es, posiblemente, la más letal para la auténtica felicidad.
  • De todas las instituciones que hemos heredado del pasado, ninguan está en la actualidad tan desorganizada y mal encaminada como la familia.
  • En los viejos tiempos, las mujeres se veían empujadas al matrimonio para huir de las insoportables condiciones de vida de las solteronas.
  • La joven soltera que tiene una profesión puede ya, si su inteligencia y su atractivo no están por debajo de la media, disfrutar de una vida agradable en todos los aspectos, con tal de que no ceda al deseo de tener hijos.
  • En la Edad Media, las ciudades eran tan rurales como lo es ahora el campo.
  • En los viejos tiempos, había señores y esclavos; los señores decidían lo que había que hacer, y en general apreciaban a sus esclavos ya que estos se ocupaban de su felicidad. Es probable que los esclavos odiaran a sus amos, aunque esto no era, ni mucho menos, tan universal como la teoría democrática quiere hacernos creer.
  • Dentro de pocos años, las nacioens occidentales en conjunto verán disminuir sus poblaciones, a menos que las repongan con inmigrantes de zonas menos civilizadas.
  • Muy pocos hombres y mujeres tendrán hijos movidos por su sentido del deber social, aunque estuviera claro que existe dicho deber social, que no lo está. Cuando los hombres y mujeres tiene hijos, lo hacen porque creen que los hijos contribuirán a su felicidad o porque no sabe cómo evitarlo.
  • En mi caso personal, la paternidad me ha proporcionado una felicidad mayor que ninguna otra de las que he experimentado.
  • Para ser feliz en este mundo, sobre todo cuando la juventud ya ha pasado, es necesario sentir que uno no es solo un individuo aislado cuya vida terminará pronto, sino que forma parte del río de la vida.
  • En todas las relaciones humanas es bastante fácil garantizar la felicidad de una parte, pero es mucho más difícil garantizar la felicidad de las dos.
  • Una mujer que haya adquirido algún tipo de destreza profesional debería, por su propio bien y por el de la comunidad, tener libertad para seguir ejerciendo su profesión a pesar de la maternidad.
  • Los padres insatisfechos tienden a ser emocionalmente avaros.
  • No se debería exigir por costumbre a todas las madres que hagan cosas que otra mujer podría hacer mejor.
  • Creo que si el trabajo no es excesivo, para la mayor parte de la g ente hasta la tarea más aburrida es mejor que no hacer nada.
  • La mayor parte del trabajo que casi todo el mundo tiene que hacer no es nada interesante en sí mismo, pero incluso este tipo de trabajo tiene algunas ventajas. Ocupa muchas horas al día, sin necesidad de decidir qué vamos a hacer.
  • La capacidad de saber emplear inteligentemente el tiempo libre es el último producto de la civilización, y por el momento hay muy pocas personas que hayan alcanzado este nivel.
  • Casi todos los ricos ociosos padecen un aburrimiento insoportable; es el precio que pagan por librarse de los trabajos penosos. Por eso, los ricos más inteligentes trabajan casi tan duro como si fuera pobres.
  • La persistencia en los propósitos es uno de los ingredientes más importantes de la felicidad a largo plazo, y para la mayoría de los hombres esto se consigue principalmente en el trabajo.
  • Todo trabajo que exija habilidad puede proporcionar placer, siempre que la habilidad requerida sea variable o se pueda perfeccionar indefinidamente. Si no se dan estas condiciones, el trabajo dejará de ser interesante cuando uno alcanza el nivel máximo de habilidad.
  • Las actividades más satisfactorias son las que conducen indefinidamente de un éxito a otro sin llegar jamás a un callejón sin salida; y en este aspecto es fácil comprobar que la construcción es una fuente de felicidad mayor que la destrucción.
  • La satisfacción que produce el éxito en una gran empresa constructiva es una de las mayores que se pueden encontrar en la vida, aunque por desgracia sus formas más elevadas solo están al alcance de personas con aptitudes excepcionales.
  • El tipo más importante de poder, el poder sobre los pensamientos y sentimientos de otros.
  • La capacidad de producir grandes obras de arte va unida con mucha frecuencia, aunque no siempre, a una infelicidad temperamental tan grande que, de no ser por el placer que el artista obtiene de su obra, le empujaría al suicidio.
  • Si hiciéramos una encuestra entre periodistas de Inglaterra o Estados Unidos, pregúntandoles si creen en la política del periódico para el que trabajan, creo que comprobaríamos que solo una minoría contesta que sí; el resto, para ganarse la vida, prostituye su talento en trabajos que ellos mismos consideran dañinos.
  • Sin respeto por un mismo, la felicidad es prácticamente imposible.
  • El hombre que se avergüenza de su trabajo difícilmente podrá respetarse a sí mismo.
  • La constancia en los propósitos no basta para hacerle a uno feliz, pero es una condición casi indispensable para una vida feliz. Y la constancia en los propósitos se encarna principalmente en el trabajo.
  • En la vida del hombre corriente, los temas que ocupan la mayor parte de sus pensamientos ansiosos y serios son su esposa y sus hijos, su trabajo y su situación económica.
  • Una de las fuentes de infelicidad, fatiga y tensión nerviosa es la incapacidad para interesarse por cosas que no tengan importancia práctica en la vida de uno.
  • Tomar decisiones y realizar actos de voluntad son cosas muy fatigosas, sobre todo si hay que hacerlo con prisas y sin la ayuda del subconsciente. Tienen mucho razón los que dicen que las decisiones importantes hay que “consultarlos con la almohada”.
  • La persona capaz de olvidarse de su trabajo al terminar la jornada y no volver volverse a acordar hasta que empieza el día siguiente, seguramente hará su trabajo mucho mejor que el que se sigue preocupando durante las horas intermedias. Y resulta mucho más fácil olvidarse del trabajo cuando conviene olvidarlo si uno tiene muchas más cosas que le interesen, aparte del trabajo.
  • En general, a los hombres les resulta mucho más fácil olvidarse de su trabajo que a las mujeres.
  • El mundo está lleno de cosas, cosas trágicas o cómicas, heoricas, extravagantes o sorprendentes, y los que no encuentran interés en el espectáculo están renunciando a uno de los privilegios que nos ofrece la vida.
  • Si yo tuviera poder para organizar la educación superior como yo creo que debería ser, procuraría sustituir las viejas religiones ortodoxas por algo que tal vez no se podría llamar religión, ya que se trata simplemente de centrar la atención en hechos bien comprobados.
  • Hasta en las vidas más afortunadas hay momentos en que las cosas van mal.
  • No conviene dejarse hundir en la pena. El dolor es inevitable y natural, pero hay que hacer todo lo posible por reducirlo al mínimo.
  • Es puro sentimentalismo prtender extraer de la desgracia, como hacen algunos, hasa la última gota de sufrimiento.
  • Para soportar bien la desgracia cuando se presenta conviene haber cultivado en tiempos más felices cierta variedad de intereses, para que la mente pueda encontrar un refugio inalterado que le sugiera otras asociaciones y otras emociones diferentes de las que hacen tan insoportable el momento presente.
  • La verdad no siempre es interesante y la gente cree muchas cosas solo porque son interesantes, aunque en realidad apenas haya evidencias a su favor.
  • Excepto en muy raros casos, la felicidad no es algo que se nos venga a la boca, como una fruta madura, por una mera concurrencia de circunstancias propicias. Por eso he titulado este libro La conquista de la felicidad.
  • Las únicas personas totalmente indiferentes al poder son las que sienten completa indiferencia hacia el prójimo.
  • La resignación también desempeña un papel en la conquista de la felicidad, y es un papel tan imprescindible como el del esfuerzo.
  • Existen dos clases de resignación: una se basa en la desesperación y la otra en una esperanza inalcanzable. La primera es mala, la segunda es buena.
  • Si los objetivos personales formaban parte de un proyecto más amplio, que afecte a la humanidad, la derrota no es tan completa cuando se fracasa.
  • Hay personas que son incapaces de sobrellevar con paciencia los pequeños contratiempos que constituyen, si se lo permitimos, una parte muy grande de la vida. Con la energía que estas personas gastan en problemas triviales, si se empleara bien, se podrían hacer y deshacer imperios.
  • La preocupación, la impaciencia y la irritación son emociones que no sirven para nada.
  • Si uno es capaz de olvidarse de sí mismo y no representar ningún papel, me parece admirable. Pero si estamos acostumbrados a representar papeles, más vale hacerse un repertorio para así evitar la monotonía.
  • Mejor es no hacer nada que hacer daño.
  • Se necesita cierta resignación para atreverse a afrontar la verdad sobre uno mismo: este tipo de resignación puede causar dolor en los primeros momentos, pero a largo plazo protege contra las decepciones y desilusiones aque se expone quien se engaña a sí mismo.
  • A la largo, no hay nada tan fatigoso y tan exasperante como esforzarse día a día en creer cosas que cada día resultan más increíbles. Librarse de este esfuerzo es una condición indispensable para la felicidad segura y duradera.
  • La felicidad depende en parte de las circunstancias externas y en parte de uno mismo.
  • Muchas personas que son desdichadas creen que sus pesares tienen causas complicadas y sumamente intelectualizadas.
  • Por regla general, la persona desgraciada tiende a adoptar un credo desgraciado, y la persona feliz adopta un credo feliz; cada uno atribuye su felicidad o su desdicha a sus creencias, cuando ocurre justamente al revés.
  • Hay ciertas cosas que son indispensables para la felicidad de la mayoría de las personas, pero se trata de cosas simples: comida y cobijo, salud, amor, un trabajo satisfactorio y el respeto de los allegados. Para algunas personas también es imprescindible tener hijos. Cuando faltan estas cosas, solo las personas excepcionales pueden alcanzar la felicidad.
  • Cuando las circunstancias exteriores no son decididamente adversas, la felicidad debería estar al alcance de cualquiera, siempre que las pasiones e intereses se dirijan hacia fuera, y no hacia dentro.
  • El miedo es la principal razón de que la gente se resista a admitir los hechos y esté tan dispuesta a envolverse en un cálido abrigo de mitos.
  • Los que se engañan a sí mismo suelen saber en el fondo que se están engañando, y viven en un estado de aprensión, temiendo que algún acontecimiento funesto les obligue a aceptar realidades desagradables.
  • Uno de los peores inconvenientes de las pasiones egocéntricas es que le quitan mucha variedad a la vida. El que solo se ama a sí mismo está condenado a sufrir un aburrimiento insoportable por la invariable monotonía del objeto de su devoción.
  • El hombre felix es el que vive objetivamente, el que es libre en sus afectos y tiene amplios intereses, el que se asegura la felicidad por medio de estos intereses y afectos que, a su vez, le convierten a él en objeto del interés y el afecto de otros muchos.
  • Que otros te quieran es una causa importante de felicidad; pero el cariño no se concede a quien más lo pide. Recibe cariño el que lo da.
  • Oblíguese a reconocer cada día al menos una verdad dolorosa: comprobará que es tan útil como la buena acción diaria de los boy scouts.
  • Aprenda a sentir que la vida valdría la pena vivirla aunque usted no fuera incomparablemente superior a todos sus amigos en virtudes e inteligencia.
  • Solo puede sernos útil lo que verdaderamente nos interesa, pero podemos estar seguros de que encontraremos intereses objetivos en cuanto hayamos aprendido a no vivir inmersos en nosotros mismos.
  • Lo que se necesita no es abnegación, sino ese modo de dirigir el interés hacia fuera que conduce de manera espontánea y natural a los mismos actos que una persona absorta en la consecución de su propia virtud solo podría realizar por medio de la abnegación consciente.
  • Debemos desear la felicidad de aquellos a quienes amamos, pero no como alternativa a la nuestra.
  • Toda infelicidad se basa en algún tipo de desintegración o falta de integración.
  • El hombre feliz es el que no sufre ninguno de estos dos fallos de unidad, aquel cuya personalidad no está escindida contra sí misma ni enfrentada al mundo.

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raul

7 comentarios para “La conquista de la felicidad de Bertrand Russell – Apuntes Breves”

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