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Las ‘mentiras’ científicas sobre las mujeres de S. García Dauder y Eulalia Pérez Sedeño – Apuntes Breves

Posted by Raul Barral Tamayo en Martes, 24 de julio, 2018


© S. García Dauder y Eulalia Pérez Sedeño, 2017
Editorial: Los Libros de la Catarata.

A lo largo de la historia de la ciencia, las mujeres han sido objeto de afirmaciones, hipótesis y teorías que han inducido a errores muy graves, justificando su estatus subordinado e invisibilizando, ocultando e inventando temas relacionados con su cuerpo y su salud. Además, apenas existe un imaginario que reconozca a las mujeres como sujetos de conocimiento científico y la “naturaleza” femenina o “lo humano” se han representado a partir de lo masculino.

La pregunta es si el “sexo” o la “raza” del sujeto de investigación son relevantes para el conocimiento o, mejor dicho, si la diversidad y la democracia en una comunidad científica influyen en mejores formas de hacer ciencia, más objetivas y justas socialmente.

Sabemos que la presencia de mujeres en la ciencia no es condición suficiente para una mejor ciencia, aunque sí necesaria, porque cuando se hace desde el punto de vista de grupos excluidos de la comunidad científica, se identifican muchos campos de ignorancia, se desvelan secretos, se visibilizan otras prioridades, se formulan nuevas preguntas y se critican los valores hegemónicos.

Este libro aporta una visión crítica de la historia de la ciencia para fomentar una investigación que sea consciente de los sesgos de género y los efectos de la ignorancia, con el objeto de hacer una ciencia mejor y más responsable.

S. García Dauder es docente de Psicología Social en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid e imparte clases sobre género, diversidad y salud en varios másteres universitarios.

Eulalia Pérez Sedeño es profesora de Investigación en Ciencia, Tecnología y Género del CSIC y catedrática de Lógica y Filosofía de la Ciencia. Ha sido directora general de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (2006-2008), presidenta de la Sociedad de Lógica, Metodología y Filosofía de la Ciencia en España (2000-2006), vicepresidenta de la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas (2001-2006), miembro del Consejo Asesor de la Red-Cátedra de Mujeres, Ciencia y Tecnología en Latinoamérica (desde 2005) y coordinadora adjunta del área de Filología y Filosofía de la ANEP (2005-2006). En la actualidad coordina la Red Iberoamericana de Ciencia, Tecnología y Género. Ha investigado en historia de la ciencia antigua y de las instituciones científicas, así como en filosofía de la ciencia; ciencia, tecnología y sociedad; percepción y comunicación de la ciencia, y ciencia, tecnología y género.

Algunas de las cosillas que aprendí leyendo este libro que no tienen porque ser ni ciertas ni falsas ni todo lo contrario:

  • La pregunta es si el “sexo” o la “raza” del sujeto de la investigación son epistemológicamente relevantes o si la diversidad y la democracia en una comunidad científica influyen en mejores formas de hacer ciencia, más objetivas y más justas socialmente.
  • Lo que si tenemos claro es que cuando la ciencia se hace desde el punto de vista propio de grupos tradicionalmente excluidos de la comunidad científica, se identifican muchos campos de ignorancia, se desvelan secretos, se visibilizan otras prioridades, se formulan nuevas preguntas y se critican los valores hegemónicos.
  • Nuestro objetivo no era hacer un libro exhaustivo sobre “mala ciencia” sobre las mujeres, sino más bien exponer y visibilizar algunos “estudio de caso” que problematizan lo que se presentan como verdades científicas y, con ello, ofrecer herramientas analíticas y pedagógicas para detectar diferentes sesgos de género en ciencia, tanto respecto a la producción de conocimiento como en relación con sus omisiones e ignorancias.
  • Los problemas de “mala ciencia” también se producen por omisión, en la producción de ignorancia o no conocimiento. Distinguimos entre no saber, no saber que no se sabe (no hay conciencia), no querer saber, o no querer que se sepa.
  • Danab Zohar: “Hemos heredado una forma de espíritu que nos lleva a analizar, disecar, razonar en términos de unidades distintas y aisladas. Este esquema es el que hay que hacer volar en pedazos”.
  • El entonces presidente de la Universidad de Harvard, Lawrence Summers manifestó en una conferencia pronunciada el 14 de enero de 2005 que si las mujeres no lograban llegar a lo más alto en matemáticas, ciencias e ingenierías se debía a una incapacidad innata en ellas. Según Summers, tres hipótesis explicarían las “sustantivas disparidades en relación con la presencia de mujeres en profesiones científicas, en el más alto nivel”. La primera de ellas sería la hipótesis del dinamismo en el trabajo, es decir, las mujeres no quieren trabajar 80 horas a la semana, algo necesario para llegar a lo más alto en la ciencia. La segunda sería la diferente aptitud o capacidad en matemáticas entre hombres y mujeres, dicho de otro modo, pequeñas diferencias de aptitud media en matemáticas o ciencias se traducen en una gran disparidad en el nivel intelectual que se necesita para hacer ciencia. Por último, la tercera hipótesis se refiere a la diferente socialización y los patrones de discriminación: a las niñas y a las mujeres jóvenes se las expulsa de la ciencia y de la ingeniería y las que entran en esos campos padecen discriminaciones mientras tratan de progresar en sus carreras. Summers “aclaró” que las dos primeras hipótesis eran las que realmente servían para explicar la subrepresentación de las mujeres en los nivels más altos de las carreras científicas y que la última apenas tenía importancia.
  • Aristóteles fue el primero en dar una “explicación” biológica y sistemática de la mujer, en la que esta aparece como un hombre imperfecto, justificando así el papel subordinado que social y moralmente debían desempeñar las mujeres en las polis. Esa concepción siguió prácticamente intacta a lo largo de los siglos y sirvió de apoyo a los defensores de su supuesta inferioridad.
  • A finales del siglo XIX, los darwinistas sociales proclamaron que la mujer era un hombre que, ni física ni mentalmente, había evolucionado completamente.
  • Una de las teorías “de la naturaleza” utilizadas para convencer de la inferioridad intelectual y social de la mujer fue la teoría de la evolución. Darwin estaba convencido de la diferencia mental entre los dos sexos, del sometimiento del sexo “débil” al “fuerte” y de la existencia de un continuo moral entre los seres humanos y los animales.
  • La competencia entre machos hace que mejore la especie, mientras que la elección por parte de la hembra genera atractivo inútil.
  • Darwin: “la hembra […] se dice que la formación de su esqueleto está entre el niño y el hombre”.
  • Darwin se hizo eco de la tradición aristotélica al insistir en que la mujer debe gastar gran parte de su energía en alimentar al feto, afirmando que este gasto de energía impide la variación femenina. El macho, al necesitar solo una pequeña cantidad de energía para formar su semilla y al no desempeñar papael alguno en el desarrollo del feto, dispone de una reserva de energía para su propio desarrollo.
  • La teoría del instinto que Charles Darwin presentaba en The Descent of Man apoyaba la diferencia intelectual entre hombres y mujeres y justificaba su confinamiento en la esfera privada: el instinto maternal hace que las mujeres sean más tiernas y cariñosas y menos egoístas; por ese motivo, quienes se oponían al movimiento en favor de los derechos de las mujeres decían que ese instinto maternal era estupendo para la esfera privada, pero no así para la pública, pues iría en contra del desarrollo evolutivo de la sociedad. El instinto maternal haría que se fuera indulgente con quienes, según la teoría de la evolución social, debían desaparecer, ya que solo sobrevivien los más adecuados.
  • Se siguen manejando estereotipos de lo masculino y lo femenino semejantes a los victorianos: los machos son activos, competitivos y promiscuos y las hembras pasivas, tímidas, criadoras y cuidadoras.
  • Popularmente, cuando se habla de diferencias cognitivas entre los sexos, por lo general se recurre a la supuesta evidencia que hay a favor de la existencia de diferencias entre hombres y mujeres en la capacidad innata para las matemáticas.
  • El argumento subyacente es el siguiente: dado que las mujeres son innatamente inferiores en capacidad matemática, no importa la educación que se les dé, ni las políticas educativas o de acción compensatoria que se sigan, las mujeres nunca llegarán a lo más alto en las carreras cientificotecnológicas.
  • A veces, hombres y mujeres muestran perfiles cognitivos diferentes en pruebas que se realizan en un tiempo concreto y limitado. Las mujeres son mejores en algunas áreas verbales, espaciales y matemáticas y los hombres en otras.
  • En Islandia las chicas puntúan muchísimo más alto que los chicos en las pruebas matemáticas, como puede verse en los distintos informes PISA. Esas pruebas no miden algo innato e inmutable, sino algo sobre la enseñanza que han tenido los estudiantes.
  • Las mujeres están subrepresentadas con respecto a los hombres en cualquier terreno laboral de ciencia e ingeniería, a pesar de tener buenas calificaciones.
  • En PISA 2012, las chicas siguen obteniendo mejores resultados que los chicos, en todos los países, siendo esa diferencia muy significativa.
  • Por lo que se refiere a PISA 2012 el área de matemáticas es donde los alumnos obtienen mejores resultados que las alumnas, con excepción de Islandia, Finlandia y Suecia, donde las chicas logran mejores resultados, pero la diferencia no es significativa.
  • La actuación de las mujeres solo era peor cuando creían que estaban siendo comparadas con los hombres, lo que activaba el estereotipo de que los hombres son mejores en matemáticas. La discrepancia desaparecía cuando esa situación cambiaba mediante la información de la amenaza de estereotipo.
  • ¿Es esa diferencia biológica innata o es producto de la socialización y la educación?
  • Hay gran cantidad de evidencia que sugiere que las desigualdades surgen más adelante, en la pubertad, por lo que es difícil diferenciar los orígenes biológicos o sociales. Hombres y mujeres difieren a veces en las estrategias que utilizan para resolver un problema que puede ser abordado de diversas maneras.
  • Los cerebros humanos no se pueden categorizar en dos clases distintas: cerebro masculino y cerebro femenino.
  • Los efectos secundarios asociados a la píldora femenina no se perciben como desmotivadores de su uso en las mujeres: depresión, náusea, fatiga, migrañas, falta de energía sexual, coágulos, etc. Así, para las farmacéuticas y sus intereses de investigación, efectos no tolerables en varones, sí lo son en mujeres.
  • Todo lo que no se investiga sobre la contracepción masculina, se deja de investigar, igualmente, sobre los efectos secundarios de la femenina.
  • La medicina siempre se ha movido entre el paradigma de la diferencia y el de la semejanza. Se ha considerado que las enfermedades que padecen mujeres y hombres son diferentes, cuando de hecho son similares, o se ha partido de la base de que las enfermedades de hombres y mujeres son iguales cuando de facto no lo son. Esto último ha llevado a centrarse únicamente en la especificidad reproductiva de las mujeres, obviando otros aspectos importantes de la anatomía femenina.
  • El ejemplo que pone Tuana es el desconocimiento histórico de la anatomía del clítoris, órgano olvidado por la medicina.
  • Robert Merton lo llamó el “efecto Mateo” por la primera parte del versículo 13:12 del Evangelio según Mateo que dice: “Porque a cualquier que tiene, se le dará más, y tendrá en abundancia”. Mark Kac se centra en la segunda parte del proverbio, que no se suele mencionar cuando se habla de dicho efecto: “Y a quien no tiene, se le quitará incluso lo poco que tiene”. Margaret Rossiter propuso llamar a esta segunda parte el “efecto Matilda”.
  • El estudio demostró el “efecto Rosenthal” o “efecto Pigmalión”, que es el fenómeno que explica que el rendimiento de las personas sobre las que hay mayores expectativas termina siendo mejor: los profesores pueden haber apoyado o ayudado más a estos e, imperceptiblemente, tener más interacciones personales o gestos amables, etc. mientras que prestan menos atención a quienes se espera que rindan menos.
  • Durante mucho tiempo, la hipótesis del “hombre cazador” que en grupos partía a la captura de grandes animales, dejando a las mujeres al cuidado de los niños, fue unánimemente admitida dentro de la teoría evolucionista.
  • Nuestras preguntas son moldeadas por las particularidades de nuestra situación histórica, además de por supuestos culturales inconscientes.
  • Jeanne Altmann se dio cuenta de que no todos los biólogos o primatólogos de campo utilizaban las mismas técnicas para recoger los datos, sino que la mayoría registraba solamente lo que más le llamaba la atención.
  • Algo bastante aceptado hoy en día en historia y filosofía de la ciencia: lo que se elige como objeto de etudio puede influir enormemente en los resultados y contenidos de la investigación.
  • Como ya señaló Lewis Binford en los años ochenta, los homínidos se habrían alimentado de los restos desechados por otros carnívoros o de animales muertos por accidente o en condiciones naturales.
  • Los paleonantropólogos sostienen que la alimentación de nuestros antepasados de hace unos 4 millones de años de antigüedad se componía fundamentalmente de alimentos blandos como frutos maduros, dado que el esmalte de sus dientes era relativamente delgado.
  • Las últimas investigaciones quitan protagonismo a la alimentación de origen animal en la dieta de los homínidos y, por lo tanto, a la caza.
  • Hoy en día, la hipótesis más extendida y aceptada es la de que nuestras sociedades primitivas eran recolectoras y cazadoras.
  • Al mismo tiempo que las mujeres tienden a ser subtratadas en muchas áreas de la medicina, corren el riesgo de ser sobretratadas en el área de la reproducción, como sucede con las cesáreas e histerectomías innecesarias.
  • Durante mucho tiempo se supuso que la “salud de las mujeres” hacía referencia a la salud reproductiva, lo que incluía la atención al parto, la anticoncepción, el aborto, el cáncer de útero, el síndrome premenstrual y otras enfermedades específicamente femeninas. Hoy en día, incluye además el estudio de enfermedades que se encuentran solo en las mujeres o mayoritariamente en ellas.
  • Marie Curie: “Nada en la vida debe ser temido, solamente comprendido. Ahora es el momento de comprender más para temer menos”.
  • Eso a lo que llamamos “sexo” es una construcción científica que reduce, mediante una palabra, una realidad poliédrica constituída por varios componentes (cromosomas, hormonas, gónadas, anatomía genital, características sexuales secundarias, etc) que a su vez no siempre responden a patrones dualistas discretos ni están siempre alineados uno a uno en varón/mujer.
  • A partir del silog XVIII, el modelo anatómico aristotélico-galénico de un único sexo, con la idea de la mujer como un “varón mal engendrado”, dio paso a un modelo dualista que partirá teóricamente de dos sexos opuestos, cualitativamente diferentes.
  • Mujeres sanas que eyaculaban han sido tratadas como si tuvieran problemas de incontinencia urinaria o coital, extripándoles la próstata como remedio.
  • El interés médico por investigar el ciclo y sus trastornos no ha provenido tanto de la necesidad de una mayor comprensión del cuerpo de las mujeres como de sus costes laborales y el objetivo de conseguir medicamentos anticonceptivos.
  • Mientras son necesarios estudios científicos determinantes sobre las causas de los trastornos de la menstruación, las prioridades de investigación se han centrado más en encontrar medicación anticonceptiva que en ayudar a la regulación del ciclo y sus dolores. Prueba de ello es que antes de desarrollar investigaciones que permitan una comprensión integral del mismo, se han creado medicamentos para abolirlo.
  • A partir de los noventa, cuando laboratorios y publicistas se pusieron de acuerdo para convencer a las mujeres de que todos los males del envejecimiento en ellas (dolores, osteoporosis, hipertensión, problemas cardiacos, etc.) eran causados por la menopausia.
  • Una forma de evaluar la calidad metodológica de los ensayos clínicos es valorar el riesgo que tienen de estar sesgados.
  • La prevención de riesgos laborales desde una perspectiva de género que atienda a la morbilidad diferencial de las mujeres sigue siendo un campo desatendido por las instituciones públicas.
  • La producción farmacológica estimula la imaginación patológica para cubrir un mercado de potenciales consumidores y consumidoras. Todo ello con importantes problemas para la salud pública: convierten a personas sanas en pacientes, desperdicia recursos y, en ocasiones, causan efectos adversos.
  • Cada vez más, la industria farmaceútica aparece como agente mediador entre el profesional médico y el etiquetaje del enfermo.
  • Durante la segunda mitad del siglo XIX se utilizaron técnicas ginecológicas de cirugía (la extirpación del clítoris o de los ovarios o las cuaterizaciones) para tratar y curar “trastornos mentales” femeninos como la histeria, la masturbación o la ninfomanía.
  • Rara vez los médicos de los nervios malgastaban su tiempo en mujere pobres: solo las mujeres ricas podían permitirse largos tratamientos y curas de reposo; a los varones burgueses, en cambio, se les recomendaba viajar a los balnearios para estar en contacto con la tranquilidad de la naturaleza.
  • Al igual que otras desviaciones de la moral victoriana, cualquier acto sexual no reproductivo, no coital o fuera de los márgenes del matrimonio era contra natura y por ende patologizado.
  • No es casual que la “histeria” se definiera como útero errante; que lo “lunático” hiciera referencia al ciclo menstrual; o que el nombre de la llamada hormona femenina, el “estrógeno”, aluda al creador del estro, que según su raíz latina o griega significa pasión sexual irracional asociada al celo animal o impulso loco.
  • El imaginario popular y científico que se ha transmitido es que las mujeres, al estar sujetas a las tiranías de sus ovarios y hormonas, son demasiado emocionales, impredecibles, frágiles, pero también peligrosas.
  • Es necesario recordar que el cuerpo reproductivo de las mujeres por lo general ha sido tradicionalmente considerado como abyecto, en necesidad de ser controlado, y la menstruación como la cara de la locura, la impureza, la maldad y la debilidad.
  • Durante el siglo XIX, la menstruación se utilizó como argumento científico en contra del acceso de las muejres a la educación superior, a los trabajos, e incluso, al voto.
  • La fabricación de enfermedades mentales ha sido un dispositivo muy eficaz de control y regulación tanto de la feminidad como de la sexualidad de las mujeres.
  • Durante el silog XIX y principios del XX, “enfermedades sociales y psicológicas” como el feminismo y el lesbianismo se asociaban también a la sexualidad clitoridiana.
  • Hacer un seguimiento de las sucesivas ediciones del DSM nos permite analizar el proceso de extensión y expansión de las categorías diagnósticas psiquiátricas relacionadas con la sexualidad, fabricando y modelando enfermedades no existentes en el pasado, mediante procesos de medicalización y psicologización de malestares sociales para el mantenimiento del status quo.
  • Las mujeres generalmente no separan el deseo de la excitación, les importa menos la excitación física que la subjetiva y sus malestares sexuales frecuentemente se centran en dificultades relacionales o emocionales.
  • Si no hay un modelo universal de respuesta sexual humana, tampoco existen dos, masculino y femenino.
  • Luce Irigabay: “El lenguajes de la ciencia, como el lenguaje en general, no es asexual ni neutral”.
  • Dos sesgos que permena todo el proceso investigador: la tendencia a exagerar las diferencias entre sexos y la tendencia a minimizarlos o ignorarlas.
  • Quejas masculinas y femeninas no son atendidas por igual, buscándose más componentes psicosomáticos en las mujeres y prescribiéndose un mayor número de psicofármacos en mujeres ante iguales síntomas que varones.
  • Los ensayos clínicos han utilizado tradicionalmente a varones como prototipos poblacionales, extrapolando automáticamente los resultados a las mujeres. El resultado es que el riesgo de reacción adversa a un medicamento es el doble de alto entre las mujeres y existe un gran desconocimiento sobre los efectos de los medicamentos en ellas.
  • Una misma conducta interpretada como agresiva en hombres puede ser interpretada como inestabilidad emocional en mujeres.
  • Las farmaceúticas hacen que los investigadores no comuniquen en sus publicaciones resultados adversos o que los disimulen. Las revistas científicas no suelen aceptar trabajos con resultados negativos.
  • Dentro de la comunidad académica y científica, vemos cómo las teorías se revalorizan cuando son reapropiadas por científicos blancos occidentales escribiendo en inglés.
  • En la filosofía tradicional de la ciencia hay dos supuestos fundamentales: la distinción entre hechos y valores y entre contexto de descubrimiento y contexto de justificación. Ambas distinciones servían para delimitar las tareas de la filosofía de la ciencia frente a otras disciplinas como la historia, la sociología o la psicología de la ciencia.
  • Aunque se siguieran de forma rigurosa las nomas científicas, ¿cómo evitar que la selección y definición de problemas no venga determinada por los grupos dominantes en una cultura determinada?
  • Los valores sociales, éticos o políticos interactúan en la investigación científica, por lo que no se puede distinguir entre buena y mala ciencia por su presencia.

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raul

3 comentarios to “Las ‘mentiras’ científicas sobre las mujeres de S. García Dauder y Eulalia Pérez Sedeño – Apuntes Breves”

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  2. […] #28) Las ‘mentiras’ científicas sobre las mujeres de S. García Dauder y Eulalia Pérez Sedeño. […]

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