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La corrosión del carácter de Richard Sennett – Apuntes

Posted by Raul Barral Tamayo en Martes, 13 de noviembre, 2018


Título original: The Corrosion of Character: The Personal Consequences of Work in the New Capitalism.
© Richard Sennett, 1998.
Traducción de Daniel Najmías
Editorial: Editorial Anagrama.

En el “nuevo capitalismo”, la concepción del trabajo ha cambiado radicalmente. En lugar de una rutina estable, de una carrera predecible, de la adhesión a una empresa a la que se era leal y que a cambio ofrecía un puesto de trabajo estable, los trabajadores se enfrentan ahora a un mercado laboral flexible, a empresas estructuralmente dinámicas con periódicos e imprevisibles reajustes de plantilla, a exigencias de movilidad absoluta.

En la actualidad vivimos en un ámbito laboral nuevo, de transitoriedad, innovación y proyectos a corto plazo. Pero en la sociedad occidental, en la que «somos lo que hacemos» y el trabajo siempre ha sido considerado un factor fundamental para la formación del carácter y la constitución de nuestra identidad, este nuevo escenario laboral, a pesar de propiciar una economía más dinámica, puede afectarnos profundamente, al atacar las nociones de permanencia, confianza en los otros, integridad y compromiso, que hacían que hasta el trabajo más rutinario fuera un elemento organizador fundamental en la vida de los individuos y, por consiguiente, en su inserción en la comunidad.

Mediante entrevistas con ejecutivos de IBM despedidos en la gran remodelación de esta compañía en los años noventa; el seguimiento de la trayectoria de un padre y de su hijo, asalariado toda su vida el primero y asesor forzosamente independiente el segundo; y de dos generaciones de trabajadores de la misma empresa panificadora de Boston, Sennett analiza con notable penetración y cuantiosa información el contraste entre dos ámbitos de trabajo radicalmente distintos: el antiguo, en vías de desaparición, un mundo de organizaciones jerárquicas rígidas, donde se esperaba de los trabajadores una identidad firme, una personalidad formada, y el nuevo mundo de empresas en permanente crecimiento y cambio, un mundo de riesgo, de extrema flexibilidad y objetivos a corto plazo, donde se exigen individuos capaces de reinventarse a sí mismos sobre la marcha.

Richard Sennett, sociólogo y profesor de la prestigiosa London School of Economics, es autor de algunos de los ensayos más provocadores e incisivos de nuestro tiempo sobre el trabajo, la familia y las clases sociales, Premio Europa de Sociología, que tuvo una extraordianria acogida internacional.

Algunas de las cosillas que aprendí leyendo este libro que no tienen porque ser ni ciertas ni falsas ni todo lo contrario:

  • “Carrera” es un término cuyo significado original en inglés era camino para carruajes; aplicado posteriormente al trabajo, designa el canal por donde se encauzan las actividades profesionales de toda una vida.
  • En el inglés del siglo XIV, la palabra job (trabajo, empleo) designaba un pedazo o fragmento de algo que podía acarrearse. Hoy, la flexibilidad le devuelve su sentido desconocido, pues a lo largo de su vida la gente hace fragmentos de trabajo.
  • La flexibilidad crea ansiedad: la gente no sabe qué le reportarán los riesgos asumidos ni qué caminos seguir.
  • En la actualidad, el término flexibilidad se usa para suavizar la opresión que ejerce el capitalismo. Al atacar la burocracia rígida y hacer hincapié en el riesgo se afirma que la flexibilidad da a la g ente más libertad para moldear su vida.
  • El nuevo capitalismo es, con frecuencia, un régimen de poder ilegible.
  • Los viejos hablantes de inglés tenían perfectamente claro el significado del término “carácter”, a saber: el valor ético que atribuimos a nuestros deseos y a nuestras relaciones con los demás.
  • El carácter se centra en particular en el aspecto duradero, “a largo plazo”, de nuestra experiencia emocional. El carácter se expresa por la lealtad y el compromiso mutuo, bien a través de la búsqueda de objetivos a largo plazo, bien por la práctica de postergar la gratificación en función de un objetivo futuro.
  • De la confusión de sentimientos en que todos vivimos en un momento cualquiera, intentamos salvar y sostener algunos; estos sentimientos sostenibles serán los que sirvan a nuestro carácter.
  • ¿Cómo decidimos lo que es de valor duradero en nosotros en una sociedad impaciente y centrada en lo inmediato? ¿Cómo perseguir metas a largo plazo en una economía entregada al corto plazo? ¿Cómo sostener la lealtad y el compromiso recíproco en instituciones que están en continua desintegración o reorganización?
  • Una idea tiene que soportar el peso de la experiencia concreta, de lo contrario se vuelve una mera abstracción.
  • El trabajo de Enrico tenía un único objetivo a largo plazo: servir a su familia.
  • Lo que más me sorprendió de Enrico y su generación fue cuán lineal era el tiempo en su vida: año tras año en empleos que raramente presentaban cambios en lo cotidiano; en ese tiempo lienal, los logros eran acumulativos. La época que vivían era predecible. En el momento en que lo conocí Enrico apenas tenía cuarenta años, ya sabía exactamente cuándo iba a jubilarse y con cuánto dinero contaría entonces.
  • El tiempo es el único recurso del cual pueden disponer gratuitamente los que viven en el escalón más bajo de la sociedad.
  • Aunque un senob evitaría a Enrico por aburrido, él experimentaba los años como una historia dramática que avanzaba reparación tras reparación, pago de intereses tras pago de intereses. El portero sentía que se convertía en el autor de su vida y, aunque ocupaba los últimos peldaños de la escala social, ese relato le proporcionaba una sensación de respeto por su propia persona.
  • Enrico se ganó el reconocimiento de persona única entre aquellos que lo conocían lo suficiente para comprender su hisotira; de sus nuevos vecinos, en cambio, se ganó un tipo de respeto más anónimo haciendo lo que todo el mundo hacía: mantener limpia la casa y bien cuidado el jardín y vivir sin incidentes.
  • Aunque Enrico sentía que había alcanzado cierto honor social, no toleraba la idea de que su hijo Rico repitiera su historia. El sueño americano de movilidad social ascendente era un poderoso mnotor para mi amigo.
  • Mientras los ingresos de Enrico se situaban en la cola del escalafón, Rico ha ascendido hasta el 5% superior. Y, sin embargo, no es una historia totalmente feliz para él.
  • Un consultor tiene que tener que trabajar de una manera u otra en respuesta a los caprichos o los cambios de ideas de los que pagan. Rico no tiene un papel fijo que le permita afirmar: “Esto es lo que hago; de esto soy responsable”.
  • Su miedo a perder el control tenía raíces mucho más profundas que la preocupación por perder poder en su trabajo. Rico teme que las medidas que necesita tomar y la manera como tiene que vivir para sobrevivir en la moderna economía hayan lanzado a la deriva su vida interior y emocional.
  • Esas comunidades no carecen totalmente de una componente social o de barrio, pero en ellas nadie se convierte en un testigo de por vida de la historia de otra persona.
  • Le preocupa también la frecuente anarquía en la que se hunder su familia, y le preocupa no ocuparse lo suficiente de sus hijos, cuyas necesidades no pueden programarse para que se adapten a las exigencias de su trabajo.
  • Ya entonces me había dicho que se sentía agotado por las reglas inamovibles que gobernaban la vida del portero. Ahora que él es padre, lo obsesiona el miedo a perder la disciplina ética, en especial el temor a que sus hijos se vuelvan unas “ratas de centro comercial”.
  • Su preocupación más honda es no poder ofrecer la sustancia de su vida profesional como ejemplo para que sus hijos vean cómo han de comportarse éticamente. Las cualidades del buen trabajo no son las cualidades del buen carácter.
  • El mercado es demasiado dinámico para permitir hacer las cosas del mismo modo año tras año, o, simplemtne, hacer la misma cosa. El economista Bennett Harrison cree que la fuente de dicha avidez de cambio es el “capital impaciente”, el deseo de un rendimiento rápido.
  • En la generación de Enrico (la generación posterior a la Segunda Guerra Mundial) el desorden se controló hasta cierto punto en la mayoría de las economías avanzadas; unos sindicatos fuertes, las garantías del Estado del bienestar y las empresas a gran escala se combinaron para producir una era de relativa estabilidad.
  • Los ascensos y los despidos tienden a no estar estipulados en normas claras y fijas, como tampoco están rígidamente definidas las tareas: la red define constantemente su estructura.
  • “Nada a largo plazo” es el principio que corroe la confianza, la lealtad y el comprimiso mutuos.
  • Unos vínculos sólidos dependen de una asociación larga; en un plano más personal, dependen de una disposición a establecer compromisos con los demás.
  • Para hacer frente a las realidades actuales, el desapego y la cooperación superficial son una armadura mejor que el comportamiento basado en los valores de lealtad y servicio.
  • Trasladado al terreno de la familia, el lema “nada a largo plazo” significa moverse continuamente, no comprometerse y no sacrificarse.
  • Lo que Rico quiere decir es que los niños no ven que el compromiso se practique en la vida, o en la generación de sus padres.
  • Si se practica en casa, el trabajo en equipo es destructivo, y refleja una falta de autoridad y de orientación en la educación de los niños.
  • ¿Cómo pueden perseguirse objetivos a largo plazo en una sociedad a corto plazo? ¿Cómo sostener relaciones sociales duraderas? ¿Cómo puede un ser humano desarrollar un relato de su identidad e historia vital en una sociedad compuesta de episodios y fragmentos?
  • La flexibilidad lo ha empujado a afirmar que la auténtica fuerza de voluntad es la esencia de su ética. Su voluntad se ha vuelto estática; está atrapada en la mera afirmación de los valores.
  • Enrico tenía un relato para su vida, lineal y acumulativo, un relato con sentido en un mundo altamente burocratizado. En cambio, Rico vive en un mundo marcado por la flexibilidad y el cambio a corto plazo.
  • “Cambio” sólo significa “a la deriva”.
  • Lo que hoy tiene de particular la incertidumbre es que existe sin la amenaza de un desastre histórico; y en cambio, está integrada en las prácticas cotidianas de un capitalismo vigoroso. Es posible que la corrosión del carácter sea una consecuencia inevitable.
  • La consigna “nada a largo plazo” desorienta la acción planificada, disuelve los vínculos de confianza y compromiso y separa la voluntad del comportamiento.
  • La sociedad moderna se rebela contra la rutina, el tiempo burocrático que puede paralizar el trabajo, el gobierno u otras instituciones. El problema de Rico es qué hacer consigo mismo cuando esta rebelión contra la rutina triunfa.
  • En los albores del capitalismo industrial, no era tan evidente que la rutina fuera una lacra.
  • Diderot creía que la rutina en el trabajoa podía ser como cualquier otra forma de memorización, un profesor necesario; Adam Smith, por su parte, creía que la rutina embotaba la mente.
  • Diderot era más inclinado a teorizar, creía, como Voltaire, que al dominar la rutina y sus ritmos la gente llegaba a dominar su trabajo y se tranquilizaba a la vez.
  • A partir del siglo VI, las campanas de las iglesias habían dividido el día en sus unidades religiosas; a comienzos de la Edad Media los benedictinos dieron un paso importante al instituir el repique de campanas para distinguir las horas de trabajo de las horas de comida, así como las horas para la oración. Más próximos a los días de Smith, los relojes mecánicos reemplazaron las campanas, y, a medidados del siglo XVIII, los relojes de bolsillo estaban ya muy difundidos.
  • Smith reconoce que dividir las tareas en las partes integrantes de un clavo condenaría a los individuos a una día mortalmente aburrido, la rutina se vuelve autodestructiva, porque los seres humanos pierden el control sobre sus propios esfuerzos; la falta de control sobre el tiempo de trabajo significa la muerte mental de las personas.
  • La rutina industrial amenaza con aplacar el carácter humano en sus mismas raíces.
  • Los brotes espontáneos de solidaridad nos empujan fuera de nuestros límites morales normales. No hay nada predecible ni rutinario en la solidaridad.
  • Como escribió el historiador marxista Edward Thompson, en el capitalismo moderno los empleados “perciben una diferencia entre el tiempo de su empleador y su “propio” tiempo”.
  • Las insatisfacciones del trabajo, incluso aquellas tan profundas que vacían el trabajo de toda satisfacción, no conducen a los trabajadores a la rebelión: la resistencia a la rutina no provoca la revolución.
  • Diderot no creía que la rutina fuera degradante; al contrario, creía que la rutina fomentaba la aparición de una narrativa a medida que las reglas y los ritmos de trabajo evolucionan gradualmente.
  • La palabra flexibilidad entró en el idioma inglés en el siglo XV; su sentido original derivaba de la simple observación que permitía constatar que aunque el viento podía doblar un árbol, sus ramas volvían a la posición original. En condiciones ideales, una conducta humana flexible debería tener la misma resistencia a la tensión: adaptable a las circunstancias cambiantes sin dejar que éstas lo rompan. Hoy la sociedad busca vías para acabar con los males de la rutina creando instituciones más flexibles.
  • Para John Stuart Mill es el comportamiento flexible lo que genera la libertad humana.
  • La piedra angular de las modernas prácticas de dirección de empesas es la creencia en que las redes flexibles son más abiertas que las jerarquías piramidales a una reinvención radical.
  • A mediados de los años noventa, muchos directores de empesa vieron con claridad que sólo en la vida fantástica y muy bien pagada de los consultores puede una organización grande definir un nuevo plan comercial, reducirse y reinventarse con vistas a adaptarse y después avanzar hasta llevar a la práctica el nuevo plan.
  • Algunos economistas han llegado a afirmar que si se suman todos los costes del trabajo informatizado, la tecnología, en realidad, arroja un déficit de productividad.
  • En el modelo renano (existe desde hace casi un siglo en los Países Bajos, Alemania y Francia) los sindicatos y las empresas comparten el poder, y el Estado del bienestar proporciona un sistema de pensiones, de educación y de prestaciones sanitarias relativamente bien entretejido y seguro.
  • El modelo angloamericano subraya la subordinación de la burocracia estatal a la economía y, en consecuencia, tiende a aflojar la red de seguridad que proporciona el gobierno. Este modelo ofrece mayores posibilidades al capitalismo de libre mercado.
  • El modelo renano no se lleva del todo mal con la burocracia estatal, mientras que el angloamericano opera basándose en el principio de que el gobierno es culpable hasta que no se demuestre su inocencia.
  • En los regímenes renanos la brecha en los salarios no ha aumentado tanto en la última generación, el desempleo se ha vuelto una maldición. El régimen angloamericano tiene pleno empleo, pero pocas restricciones políticas a la desigualdad de ingresos.
  • El horario flexible surgió con la nueva entrada de mujeres en el mercado de trabajo.
  • La necesidad, así como el deseo personao, ha impulsado el trabajo femenino; hoy, un estándar de vida de clase media requiere por lo general dos asalariados adultos.
  • Estas mujeres trabajadoras necesitaban un horario de trabajo más flexible; al margen de su clase social, muchas de ellas trabajan a tiempo parcial y siguen siendo madres a tiempo completo.
  • El horario flexible es un privilegio de la jornada de trabajo; el trabajo por las tardes o por la noche aún recae en las clases menos privilegiadas.
  • El trabajo está descentralizado desde el punto de vista físico, pero el poder ejercido sobre los trabajadores es más directo.
  • El teletrabajo es la última isla del nuevo régimen.
  • El tiempo de la flexibilidad es el tiempo de un nuevo poder. La flexiblidad engendra desorden, pero no libera de las restricciones.
  • Puede que el hombre de Davos sea implacable y codicioso, pero esas cualidades animales solas no son suficientes para explicar los rasgos caracterológicos de los barones de la tecnología, de los capitalista de riesgo y de los expertos en reengineering de empresas que se reúnen allí. Tienen, si no la capacidad de dar, sí la capacidad de desprenderse.
  • La capacidad de desprenderse del pasado, la seguridad necesaria para aceptar la fragmentación, éstos son dos rasgos de carácter que se manifiestan en Davos entre las personas que de verdad se sienten cómodas en el nuevo capitalismo.
  • Estos mismos rasgos de carácter que fomentan la espontaneidad se vuelven más autodestructivos para los que trabajan en escalones más b ajos del régimen flexible.
  • Como resultado de este método de trabajo, en realidad los panaderos ya no saben cómo se hacen el pan. El pan automatizado no es una maravilla de la perfección tecnológica; las máquinas a veces se equivocan en los panes que están cocinando. Los trabajadores pueden juguetear con la pantalla para conrregir un poco esos defectos; lo que no pueden hacer es arreglar las máquinas o, lo que es más importante, preparar pan manualmente cuando las máquinas se estropean, cosa que ocurre con bastante frecuencia. El trabajo ya no les resulta legible, en el sentido de que ya no comprenden lo que están haciendo.
  • Antiguamente se desperdiciaban muy pocos panes; ahora todos los días los enormes cubos de plástico de la panadería están llenos de montones de panes quemados.
  • Una y otra vez, la g ente dijo lo mismo con otras palabras: en realidad, no soy panadero. Son personas con una identidad laboral débil. Si Bill Gates no siente mucho apego por productos específicos, esta nueva generación es indiferente a los trabajos específicos.
  • Ahora en el régimen flexible, las cualidades personales de ser un buen trabajador parecían más difíciles de definir.
  • La dificultad es contraproducente en un régimen flexible. Por una terrible paradoja, cuando reducimos la dificultad y la resistencia, creamos las condiciones para una actitividad acrítica e indiferente por parte de los usuarios.
  • Cuando las cosas nos resultan fáciles, nos volvemos débiles; nuestro compromiso con el trabajo se vuelve superficial, pues nos falta la comprensión de lo que estamos haciendo.
  • En el régimen flexible, las dificultades cristalizan en un acto particular, a saber: el acto de sumir riesgos.
  • Tversky llegó a la conclusión de que, en la vida cotidiana, la gente se preocupa más por la pérdida que por las ganancias cuando asumen riesgos en sus carreras o sus matrimonios, igual que en la mesa de juego.
  • Lo inherente de todo riesgo es la regresión a la media. Los dados caen siempre al azar.
  • Estar continuamente expuesto al riesgo puede desgastar nuestra sensación de carácter. No hay narración que pueda vencer la regresión a la media; uno está siempre “volviendo a empezar”.
  • La cultura moderna del riesgo se caracteriza porque no moverse es sinónimo de fracaso, y la estabilidad parece casi una muerte en vida. Por lo tanto, el destino importa menos que el acto de partir.
  • La flexibilidad es sinónimo de juventud; la rigidez es sinónimo de vejez.
  • Una razón para esta superficialidad degradante es la desorganización del tiempo. La flecha del tiempo se rompe; no tiene una trayectoria en una economía política constantemente reconvertida, que odia la rutina y programa a corto plazo.
  • La ética del trabajo es la pelstra en la cual profundidad de la experiencia se ve más desafiada hoy día. La ética del trabajo, tal como la entendemos corrientemente, reafirma el uso autodisciplinado del tiempo y el valor de la gratificación postergada.
  • La moderna ética del trabajo se centra en el trabajo de equipo.
  • La antigua ética se fundaba en el uso autodisciplinado del propio tiempo, con el acento puesto en una práctica autoimpuesta y voluntaria más que en una sumisión meramente pasiva a los horarios y a la rutina. En la antigüedad, esta disciplina autoimpuesta se consideraba la única manera de manejar el caos de la naturaleza.
  • Las Geórgicas trasladan la anarquía de la naturaleza a una visión de anarquís interior, psíquica; contra estas batallas interiores la única defensa del individuo es organizar bien su tiempo.
  • El catolicismo había intentado tranquilizar a la imperfecta humanidad aconsejándole que se rindiera a las instituciones de la Iglesia, a sus rituales y a los poderes mágicos de sus sacerdotes. El protestantismo buscó un remedio más individual a esa duda.
  • Lutero se distinguió por sostener que el hombre o la mujere que renunciaban a la idolatría tenían que hacer frente a las cuestiones de la fe solos y sin ayuda, más que como miembros de una comunidad. La suya es una teología del individuo.
  • Al protestante, en lugar de un balsámico ritualse le ofreció una medicina más dura: el trabajo esforzado y constante orientado hacia el futuro.
  • Michael Foucalt nos dice que la disciplina es una acot de autopunición.
  • El debilitamiento de la ética del trabajo sería un logro para la civilización. No hay duda de que queremos exorcizar a las furias que aocsan al hombre preso por sus exigencias.
  • El trabajo en equipo hace hincapié en la receptividad mutua más que en la validación personal.
  • El vodka es la bebida preferida de los alcohólicos secretos, pues creen que nadie puede oler que han estado bebiendo.
  • Los grupos tienden a seguir unidos manteniéndose en la superficie; la superficialidad compartida mantiene unida a la gente gracias a la omisión de cuestiones personales difíciles, divisorias. En consecuencia, el trabajo en equipo podría parecer otro ejemplo de los vínculos de conformidad al grupo.
  • Las personas con poder no justifica sus órdenes, los poderosos sólo “facilitan”, posibilitan un camino a los demás. Este poder sin autoridad desorienta a los empleados, que pueden seguir sintiendo la necesidad de justificarse, si bien ahora no hay nadie “arriba” que responda.
  • En cada “partido” se empieza de cero, lo cual significa que en el moderno lugar de trabajo la antigüedad cuenta cada vez menos.
  • El poder está presente en las escenas superficiales del trabajo en equipo, pero la autoridad está ausente. Una figura de autoridad es alguien que asume la responsabilidad por el poder que ejerce.
  • El poder sin autoridad permite a los líderes de un equipo dominar a los empleados negando la legitimidad de las necesidades y deseos de éstos.
  • El buen jugador de equipo no se queja.
  • El cambio múltiple e irreversible, la actividad fragmentada, pueden ser cómodos para los nuevos amos del régimen, como la corte de Davos, pero pueden desorientar a los sirvientes del régimen.
  • El problema al que nos enfrentamos es cómo organizar nuestra vida personal ahora, en un capitalismo que dispone de nosotros y nos deja a la deriva.
  • El fracaso es el gran tabú moderno. La literatura popular está llena de recetas para triunfar, pero por lo general callan en lo que atañe a la cuestión de manejar el fracaso.
  • El novelista Salman Rushdie afirma que el yo moderno es un “edificio tembloroso que construimos con retales, dogmas, injurias infantiles, artículos de periódico, comentarios casuales, viejas películas, pequeñas victorias, gente que odiamos, gente que amamos”.
  • Cualquier que haya saboreado de verdad el fracaso reconocerá el impulso: ante la pérdida de la esperanza y el dseo, la preservación de la voz activa es la única manera de hacer el fracaso soportable. No es suficiente con declarar simplemente la voluntad de durar.
  • Un sentido más amplio de comunidad, y un sentido más pleno del carácter, es lo que necesita el número creciente de personas que, en el capitalismo moderno, están condenados al fracaso.
  • Los tres aspectos estructurales de la flexibilidad: reinvención discontinua, producción flexible y concentración de poder sin centralización.
  • Una de las consecuencias no deliberadas del capitalismo moderno es que ha reforzado el valor del lugar y ha despertado un deseo de comunidad.
  • El fantasma de no conseuigr hacer nada de uno mismo en el mundo, de “hacerse una vida” mediante el trabajo. Todas estas situaciones impulsan a la gente a buscar otra escena de cariño y profundidad.
  • El deseo de comunidad es defensivo, y a menduo se expresa como rechazo de los inmigrantes y otras personas de fuera.
  • El vínculo social surge básicamente de una sensación de dependencia mutua.
  • Las estructuras sociales que no fomentan de un modo positivo la confianza en los otros en momentos de crisis infunden la más neutra y vacía falta de confianza.
  • El mantenimiento de sí mismo es una actividad cambiante, pues las circunstancias personales cambian y la experiencia se acumula; la fidelidad a sí mismo, como el ser honesto con los propios defectos, tiene que ser constante, no importa dónde se esté ni qué edad se tenga.
  • Para ser fiables, debemos sentirnos necesitados; para que nos sintamos necesitados, este Otro debe estar en situación de carencia.
  • La indiferencia del viejo capitalismo de clase era crudamente material; la indiferencia que irradia el capitalismo flexible es más personal porque el sistema mismo está menos marcado, es menos legible en su forma.
  • El viejo hábito del marxismo era tratar la confusión como una especie de falsa conciencia; en nuestras circunstancias es una reflexión precisa sobre la realidad.
  • Éste es el problema del carácter en el capitalismo moderno. Hay historia, pero no una narrativa compartida de dificultad, y, por lo tanto, no hay destino compartido. En estas condiciones, el carácter se corroe; la pregunta “¿Quién me necesita?” no tiene respuesta inmediata.
  • Temen el resurgir de los sindicatos.
  • Los nuevos amos han rechazado las carreras en el antiguo sentido inglés de la palabra, como caminos a lo largo de los cuales la gente puede viajar; los caminos de acción duraderos y sostenidos son territorios desconocidos.
  • He aprendido del pasado duro y radical de mi familia; si se produce el cambio, se da sobre el terreno, entre personas que hablan por necesidad interior más que a través de levantamientos de masas. No sé cuales son los programas políticos que surgen de esas necesidades internas, pero sí sé que un régimen que no proporciona a los seres humanos ninguna razón profunda para cuidarse entre sí no puede preservar por mucho tiempo su legitimidad.

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