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Frases Llenas

El arte de ser feliz de Arthur Schopenhauer – Apuntes

Posted by Raul Barral Tamayo en jueves, 6 de diciembre, 2018


Título original: Die Kunst, glücklich zu sein.
Traducción: Ángela Ackermann Pilári
Editorial: Herder.

El arte de ser feliz es una pequeña joya literaria y un valioso libro de cabecera, que reúne cincuenta reglas para la vida que cualquier persona puede aplicar.

Arthur Schopenhauer solía dedicarse a la redacción de pequeños tratados como este, a los que concebía como textos para su uso práctico personal. gracias a la intensa dedicación a los clásicos griegos y latinos, a los grandes filósofos de todos los tiempos (a los que leía como magistri vitae) y al estudio de la sabiduría india, Schopenhauer llegó a apreciar la filosofía no solo como saber teorético, sino también como forma de vida y ejercicios mental; no solo como conocimiento puro y separado del mundo, sino también como enseñanza práctica y sabiduría para la vida.

Pero, ¿qué tipo de consejos sobre la felicidad puede brindarnos el filósofo que ha pasado a la historia como maestro del pesimismo? Se trata de encontrar reglas de conducta y de vida que nos ayuden a evitar las penurias y los golpes del destino, con la esperanza de que, si bien la felicidad perfecta es inalcanzable, podamos llegar a esa felicidad relativa que consiste en la ausencia del dolor.

Arthur Schopenhauer (1788-1860), maestro del pesimismo profundo, es uno de los filósofos más destacados del pensamiento alemán. De padre comerciante y madre escritora, ya de joven entró en contacto con personalidades de su época como Goethe. Su trayectoria como profesor universitario estuvo marcada por su confrontación con Hegel, quien gozaba de gran popularidad. Tras diversos viajes a Italia e intentos poco fructíferos de impartir clases en la Universidad de Berlín, se instaló definitivamente en Fráncfort.

Algunas de las cosillas que aprendí leyendo este libro que no tienen porque ser ni ciertas ni falsas ni todo lo contrario:

  • Introducción:
    • El camino de la renuncia y austeridad no es el adecuado, porque la ciencia está calculada para el hombre normal y éste está demasiado cargado de voluntad (vulgo sensualidad) como para querer buscar la felicidad por este camino.
    • El maquiavelismo, es decir, la máxima de alcanzar la felicidad a costa de la felicidad de todos los demás, no es adecuada porque en el hombre corriente no se puede presuponer la inteligencia necesaria para ello.
    • El ámbito de la eudemonía se situaría, por tanto, entre el del estoicismo y el del maquiavelismo, considerando ambos extremos como caminos aunque más breves a la finalidad, pero sin embargo vedados a ella. Enseña cómo se puede ser lo más feliz posible sin mayores renuncias ni necesidad de vencerse a sí mismo y sin estimar a los otros directamente como simples medios para los propios fines.
  • Regla número 1: El prudente no aspira al placer, sino a la ausencia de dolor.
    • Reconocemos que lo mejor que se puede encontrar en el mundo es un presente indolor, tranquilo y soportable: si lo alcanzamos, sabemos apreciarlo y nos guardamos mucho de estropearlo con un anhelo incesante de alegrías imaginarias o con angustiadas preocupaciones cara a un futuro siempre incierto que, por mucho que luchemos, no deja de estar en manos del destino.
  • Regla número 2: Evitar la envidia.
    • Séneca: “Nunca serás feliz si te atormenta que algún otro es más feliz que tú”.
    • Séneca: “Cuando piensas cuántos se te adelantan, ten en cuenta cuántos te siguen”.
    • No hay nada más implacable y cruel que la envidia; y sin embargo, ¡nos enforzamos incesante y principalmente en suscitar envidia!.
  • Regla número 3: Carácter adquirido.
    • El carácter adquirido, al que sólo se consigue en la vida a través del ejercicio en el mundo, y del que se habla cuando se elogia a alguien como hombre de carácter o cuando se critica a alguien por su falta de carácter.
    • El mero hecho de querer, y también poder, por sí mismo aún no bastan, sino que un hombre también debe saber lo que quiere, y debe saber lo que puede hacer. Sólo así dará pruebas de su carácter, y sólo entonces puede realizar algo con logro.
    • Sólo la experiencia nos enseña cuán inquebrantable es el carácter ajeno, y antes de aprenderlo creemos puerilmente que nuestros argumentos razonables, nuestros ruegos y súplicas, nuestro ejemplo y nuestra generosidad pueden llevar a alguien a abandonar su manera de ser, cambiar su forma de actuar, distanciarse de su modo de pensar o incluso ampliar sus capacidades; y lo mismo nos ocurre con nosotros mismos.
    • Ya no actuaremos como principantes que ponderan, intentan, tantean, para ver lo que realmente quieren o pueden hacer, sino que lo sabemos de una vez por todas, de modo que, en cualquier elección, sólo hemos de aplicar proposiciones generales a casos particulares y llegamos pronto a la decisión.
    • Una vez hemos averiguado dónde están nuestras capacidades e insuficiencias, cultivaremos nuestras disposiciones naturales sobresalientes para usarlas y aprovecharlas de todas las maneras posibles, y nos encaminaremos siempre en aquella dirección donde son útiles y válidas, mientras que evitaremos por completo, venciendo nuestros impulsos, a los propósitos para los que por naturaleza tenemos poco talento.
    • Cuando estamos totalmente familiarizados con nuestras capacidades y deficiencias, ya no intentaremos mostrar puntos fuertes que no tenemos, no jugaremos con moneda falsa, porque estos engaños finalmente fallarán su meta.
    • Nada nos reconcilia más firmemente con la necesidad exterior e interior como su conocimiento preciso. Cuando hemos reconocido de una vez por todas nuestros fallos y deficiencias lo mismo que nuestras características buenas y capacidades, y hemos puesto nuestras metas de acuerdo con ellas, conformándonos con el hecho de que ciertas cosas son inalcanzables, entonces evitamos de la manera más segura y en la medida en que nuestra individualidad lo permite el sufrimiento más amargo, que es el descontento con nosotros mismos como consecuencia inevitable del desconocimiento de la propia individualidad, de la falsa presunción y la arrogancia que resulta de ella.
  • Regla número 4: Sobre la relación entre las pretensiones y las posesiones.
    • Los bienes que a alguien nunca se le había pasado por la cabeza pretender, no los echa en absoluto de menos, sino que está plenamente contento sin ellos. Otro, en cambio, que posee cien veces más que aquél, se siente desgraciado porque le falta una cosa que pretende.
    • Cada uno tiene su propio horizonte de lo que a él le es posible alcanzar.
    • La riqueza es como el agua de mar: cuanto más se bebea, más sed tendrá. Lo mismo vale para la fama.
    • La fuente de nuestro descontento se encuentra en nuestros intentos siempre renovados de subir el nivel del factor de las pretensiones, mientras la inmovilidad del otro factor lo impide.
  • Regla número 5: La medida natural e individual del dolor.
    • Grandes sufrimientos hacen totalmente imperceptibles a los pequeños y, a la inversa, en ausencia de grandes sufrimientos incluso las más pequeñas molestias nos atormentan y ponen de mal humor.
    • Y también a la inversa, después de producirse un hecho feliz y largamente esperado no nos sentimos, en conjunto, mucho más a gusto y cómodos que antes.
    • Sólo el instante en que se produce dicho cambio nos conmueve de manera inusitadamente fuerte, sea en forma de un profundo lamento o en la de una exclamación de júbilo. Más, en ambos desaparecen pronto porque se basan en un engaño.
    • Tras el alivio por un final feliz de una gran preocupación que nos primía, pronto aparece otra en su lugar, cuya materia ya estaba presente, pero no podía llegar como tal preocupación a la conciencia, porque a ésta no le sobraba capacidad para ello, de modo que dicha materia de preocupación permanecía desapercibida tan sólo como una figura oscura y nebulosa en el último extremo del horizonte.
    • El júbilo o el dolor excesivos siempre se basan en un error y una ilusión.
    • Habría que evitar las ilusiones, pues cualquier dolor excesivo que aparece repentinamente no es más que la caída desde semejante punto elevado, o sea, la desaparición de una ilusión que lo ha producido.
    • La ética estoica se propuso principalmente liberar el ánimo de todas estas ilusiones y sus consecuencias y de dotarlo, en cambio, con una ecuanimidad inalterable.
    • Nos resistimos a aceptar que el sufrimiento es esencial a la vida, de modo que no fluye hacia nosotros desde fuera, sino que cada uno llevar la fuente inagotable del mismo en su propio interior. Siempre buscamos una causa externa y singular para nuestro dolor incesante.
    • Nos movemos incansablemente de un deseo a otro y, aunque ninguna satisfacción alcanzada, por mucho que prometía, nos acaba de contentar, sino generalmente pronto se presenta como error vergonzoso, no terminamos de admitir que estamos llenando la bota de las Danaídes, sino que corremos detrás de deseos siempre nuevos.
  • Regla número 6:
    • Hacer con voluntad lo que se puede y tener la voluntad de soportar el sufrimiento inevitable.
  • Regla número 7:
    • Reflexionar a fondo sobre una cosa antes de emprenderla, pero, una vez se ha llevado a cabo y se pueden esperar los resultados, no angustiarse con repetidas consideraciones de los posibles peligros, sino desprenderse del todo del asunto, mantener el cajón del mismo cerrado en el pensamiento y tranquilizarse con la convicción de que en su momento se ha ponderado todo exhaustivamente. Si el resultado, no obstante, llega a ser malo, ello se devbe a que todas las cosas están expuestas al azar y al error.
  • Regla número 8:
    • Limitar el propio ámbito de acción: así se da menos oportunidad de ataque (prise) al infortunio; la limitación nos hace feliz etc.
  • Regla número 9:
    • Aristóteles: “El prudente no aspira al placer, sino a la ausencia de dolor”.
  • Regla número 10:
    • Séneca: “Sométete a la razón si quieres someterlo todo”.
  • Regla número 11:
    • Una vez que un infortunio se ha producido y no se puede remediar, no permitirse pensar que pudiera ser de otra manera. De otro modo uno se convierte en un torturador de sí mismo. Pero lo inverso tiene la ventaja de que el castigo de sí mismo vuelve a uno más prudente en una próxima ocasión.
  • Regla número 12: Sobre la confianza.
    • Nada será tan provechoso como comportarse de manera no llamativa y hablar muy poco con los demás, pero mucho consigo mismo.
  • Regla número 13:
    • Cuando estamos alegres, no debemos pedirnos permiso para ello con la reflexión de si a todas luces tenemos motivo para estarlo.
    • No hay nada que tenga una recompensa más segura que la alegría: porque en ella la recompensa y la acción son una misma cosa.
    • Nada hay que pueda sustituir tan perfectamente como la alegría a cualquier otro bien.
    • No hay nada que contribuya menos a la alegría que las circunstancias externas de la fortuna y nada que la favorezca más que la salud. Por eso debemos dar preferencia a ésta ante todo lo demás y, en concreto, procurar conservar un alto grado de perfecta salud, cuya flor es la alegría.
  • Regla número 14:
    • Se podría decir que buena parte de la sabiduría de la vida se basa en la justa proporción entre la atención que prestamos en parte al presente y en parte al futuro para que la uno no pueda estropear a la otra.
    • Muchos viven demasiado en el presente (los imprudentes), otros demasiado en el futuro (los miedosos y preocupados), raras veces alguien mantendrá la medida justa.
    • La tranquilidad del pr esente sólo la pueden molestar aquellos males que son seguros y cuyo momento de producirse es igualmente seguro. Pero hay muy pocos que sean así.
  • Regla número 15:
    • Un hombre que se mantiene sereno ante todos los accidentes de la vida, sólo muestra que sabe cuán inmensas y diversas son las posibles contrariedades de la vida.
  • Regla número 16:
    • La experiencia nos enseña que la felicidad y el placer son puras quimeras que se nos muestran a lo lejos como una imagen engañosa, mientras que el sufrimiento y el dolor son reales, se manifiestan inmediatamente por sí mismos si necesitar la ilusión o la expectación.
    • Lo mejor que se puede encontrar en el mundo es un presente indoloro, tranquilo y soportable.
  • Regla número 17:
    • Puesto que toda felicidad y todo placer son de carácter negativo, mientras que el dolor es positivo, resulta que la vida no tiene la función de ser disfrutada, sino que nos es infligida, hemos de padecerla
    • Vive la vida, la vida se termina, escapa a los peligros.
    • Una de las quimeras más grandes que inhalamos en la infancia y de la que sólo nos libramos más tarde es justamente la idea de que el valor empírico de la vida consista en sus placeres, que existan alegrías y posesiones que puedan hacernos positivamente felices.
    • Si reconociéramos temprano que los bienes positivos son una quimera, mientras que los dolores son muy reales, sólo estaríamos atentos a evitar estos últimos cuando los vemos a lo lejos.
    • Aristóteles: “El prudente no aspira al placer, sino a la ausencia de dolor”.
  • Regla número 18:
    • En todas las cosas que afectan nuestro bienestar y malestar, nuestras esperanzas y temores, hay que poner riendas a la fantasía.
    • Las cosas que afectan nuestro bienestar y malestar sólo las tenemos que tratar con la capacidad de juicio, que opera con conceptos e in abstracto, con la reflexión sobria y fría; no debemos dejar que la fantasía se acerque a ellas, porque no es capaz de juzgar; sólo nos muestra una imagen y ésta emociona el ánimo inútilmente y a menudo de manera penosa.
    • ¡Poner riendas a la fantasía!
  • Regla número 19:
    • No hay que entregarse a grandes júbilos ni a grandes lamentos ante ningún suceso, porque la variabilidad de todas las cosas puede modificarlo por completo en cualquier momento.
    • Disfrutar en todo momento el presente lo más alegremente posible: esta es la sabiduría de la vida.
    • Los planes y las preocupaciones cara al futuro, o también la nostalgia del pasado nos ocupan tan plena y constantemente que casi siempre menospreciamos y descuidamos el presente.
    • Sólo el presente es seguro, mientras que el futuro y también el pasado casi siempre son diferentes de cómo los pensamos.
    • Si bien la búsqueda del pasado siempre es inútil, la preocupación por el futuro lo es a menudo y por eso sólo el presente es el escenario de nuestra felicidad.
  • Regla número 20:
    • Mostrar ira u odio en palabras o en la expresión de la cara es inútil, peligroso, imprudente, ridículo y vulgar.
    • No se debe mostrar la ira o el odio de ninguna otra manera que en los actos.
  • Regla número 21:
    • Debemos poder abstraer, debemos pensar, arreglar, disfrutar, sufrir cada cosa en su momento, sin preocuparnos de todo lo demás.
    • Nada permite sustraernos mejor a la coacción externa que la coacción que nos aplicamos a nosotros mismos.
  • Regla número 22:
    • “Vivir feliz” sólo puede significar vivir lo menos infeliz posible o, dicho más brevemente, de manera soportable.
    • El joven cree que el mundo está hecho para ser disfrutado, que es una morada de la felicidad a la que desaciertan sólo aquellos que no tienen la habilidad de buscarla.
    • El camino de la sabiduría de la vida consiste en partir de la convicción de que toda felicidad y placer sólo son de carácter negativo, mientras que el dolor y la carencia son de índole real y positiva.
    • Sería indigno y ridículo lamentarse de placeres perdidos.
  • Regla número 23:
    • Terencio: “En la vida es como en el juego de dados: si una tirada no cae como la necesitas, el arte debe corregir lo que el azar ofrece”.
  • Regla número 24:
    • Lo que nos hace tan desgraciados en la primera mitad de la vida, aunque tiene tantas ventajas frente a la segunda, es la persecución de la felicidad a partir de la firme presunción de que debería ser posible encontrarla en la vida.
    • En la segunda mitad de la vida, el lugar del anhelo siempre insatisfecho de felicidad lo ocupa la preocupación por el infortunio.
  • Regla número 25:
    • Debemos intentar conseguir que veamos aquello que poseemos con la misma mirada como lo estaríamos mirando si alguien nos lo quitara; sea lo que sea.
  • Regla número 26:
    • Poner una meta a nuestros deseos, frenar nuestras apetencias, domar nuestra ira, tener siempre en mente que el ser humano no puede alcanzar más que una mínima parte de todo lo deseable y que muchos males son inevitables.
  • Regla número 27:
    • Observas más a menudo a los que se encuentran peores que a los que parecen estar mejores en comparación con nosotros.
  • Regla número 28: Sobre las edades de la vida.
    • Es un error compadecer la falta de alegría de la vejez y lamentar que algunos placeres le son negados. Todo placer es relativo.
    • La comodidad y la seguridad son las necesidades principales de la vejez. Por eso los viejos aman sobre todo el dinero como sustituto de las fuerzas que les faltan. Al lado de ello están los placeres de la comida que sustituyen los placeres del amor.
    • Es una suerte para el anciano si conservba el amor por el estudio, por la música e incluso por el teatro.
  • Regla número 29:
    • Epicuro: “La riqueza acorde con la naturaleza está delimitada y es fácil de conseguir. Pero la de las vanas ambiciones se derrama al infinito”.
    • Diógenes: “Entre los deseos unos son naturales y necesarios, Otro naturales y no necesarios. Otros no son naturales ni necesarios, sino que nacen de la vana opinión”.
  • Regla número 30:
    • La actividad, el emprender algo o incluso sólo aprender algo es necesario para la felicidad del ser humano.
    • Esforzarse y luchar contra algo que se resiste es la necesidad más esencial de la naturaleza humana.
    • Superar obstáculos es el placer más completo de su existencia, para él no hay nada mejor.
  • Regla número 31:
    • Para las ambiciones no hay que tomar como guía las imágenes de la fantasía, sino los conceptos. Generalmente ocurre lo contrario.
    • La intuición también tiene un efecto más inmediato sobre nuestra voluntad que el concepto, la idea abstracta, que sólo nos proporciona lo general, no el detalle, y que sólo tiene una relación indirecta con la voluntad.
  • Regla número 32:
    • Al menos nueve décimos de nuestra felicidad se basan únicamente en la salud. Porque de ésta depende en primer lugar el buen humor.
    • Lo que produce la felicidad o desgracia no son las cosas tal como son realmente en la conexión exterior de la experiencia, sino lo que son para nosotros en nuestra manera de comprenderlas.
    • La salud y la alegría que la acompaña pueden sustituir a todo lo demás, pero nada las sustituye a ellas.
    • La mayor de las necedades consiste en sacrificar la salud a lo que sea, adquisiciones, erudición, fama, promoción, y menos aún satisfacciones carnales y placeres fugaces.
  • Regla número 33:
    • Debemos llegar a dominar la impresión de lo intuitivo y presente, que es desproporcionadamente fuerte frente a lo pruamente pensado y sabido, no por su materia y contenido, que a menudo son muy insignificantes, sino por su forma, por prestarse a la intuición, por su inmediatez, con las que la impresión importuna el ánimo y altera su tranquilidad o inclsu ohace vacilarlo en sus propósitos.
    • Cuando todos los que nos rodean son de otra opinión que nosotros y se comprotan según ella, es cosa ardua no dejarse commocionar por ellos aunque estemos convencidos de su error.
  • Regla número 34:
    • El curso de nuestra vida no es en absoluto simplemente nuestra propia obra, sino el producto de dos factores, a saber, de la serie de acontecimientos y de la serie de nuestras decisiones.
  • Regla número 35:
    • Lo que más frecuentemente y casi forzosamente descuidamos y dejamos de tener en cuenta en nuestros planes de vida son las transformaciones que el tiempo mismo opera en nosotros.
  • Regla número 36:
    • El medio más seguro para no volverse infeliz es no desear llegar a ser muy feliz, es decir, poner las exigencias de placer, posesiones, rango, honores, etc. a un nivel muy moderado.
    • La aspiración a la felicidad y la lucha por ella atraen los grandes infortunios.
    • No conviene edificar la felicidad sobre un fundamento muy ancho por medio de muchos requisito; porque si se sostiene sobre tal fundamento se derrumba con la mayor facilidad.
    • Mantener las exigencias lo más modestas posibles en relación con los propios medios de todo tipo es la manera más segura de evitar las grandes desgracias.
    • Toda felicidad positiva sólo es una quimera, el dolor es real.
  • Regla número 37:
    • Como en la vida el sufrimiento predomina y es positivo mientras que los placeres son negativos, aquel que toma la razón como hilo conductor de sus acciones, ponderando en todo lo que enfoca las consecuencias y el futuro, tendrá que aplicar muy a menudo el substine y abstine, y para asegurar la mayor ausencia de dolor para toda la vida tendrá que sacrificar la mayoría de las veces los placeres y las alegrías más intensas.
  • Regla número 38:
    • Cada uno vive en un mundo diferente, y éste resulta ser diferente según la diferencia de las cabezas.
    • Es mucho menos importante lo que sucede a uno en la vida que la manera en que lo experimenta , o sea el tipo y el grado de su receptividad en cualquiera de las maneras.
    • No es razonable que a menudo uno envidie a otro por algunos sucesos interesantes de su vida; en lugar de ello debería tener envidia de la sensibilidad gracias a la cual esos sucesos parecen tan interesantes en su descripción.
    • Deberíamos aspirar menos a la posesión de bienes externos que a la conservación de un temperamento alegre y felix y de una mente sana que en buena medida dependen de la salud.
    • La voluntad siempre causa mucho sufrimiento y poca alegría verdadera.
  • Regla número 39:
    • Debido al poder secreto que preside incluso los sucesos más azarosos de nuestra vida, deberíamos acostumbrarnos a considerar todo acontecimiento como necesario, un fatalismo que resulta bastante tranquilizador y que, en el fondo, es correcto.
  • Regla número 40:
    • Haríamos mejor en  tomar todas las posibilidades malas como objeto de nuestra especulación, lo cual nos motivaría en parte a tomar precauciones para prevenirlas, en parte daría lugar a sorpresas agradables si no se cumplen.
    • Quien lo ve todo negro y siempre teme lo peor, no se habrá equivocado tantas veces en el cálculo como aquel que siempre atribuye a las cosas bellos colores y prespectivas alegres.
  • Regla número 41:
    • Cuando se ha producido algo malo, no permitirse siquiera el pensamiento de que pudiera haber sido de otra manera, que pudiera ser diferente.
  • Regla número 42:
    • Una de las insensateces mayores y más frecuentes es hacer amplios preparativos para la vida, no importa de qué tipo sean.
  • Regla número 43:
    • Aquel que fue ricamente dotado por la naturaleza no necesita obtener del exterior nada más que la libertad del ocio para poder disfrutar de su riqueza interior.
    • Únicamente lo interior, la conciencia y su estado son el yo y sólo en él se halla nuestro bienestar y malestar.
  • Regla número 44:
    • Goethe: “La mayor fortuna es la personalidad”.
    • En todo y contodo, en realidad, uno disfruta sólo de sí mismo; si el yo mismo no vale mucho entonces todos los placeres son como vinos deliciosos en una boca con un regusto a hiel.
    • Los grandes enemigos de la felicidad son dos, el dolor y el aburrimiento.
    • Aristóteles: “Todos los hombres geniales son melancólicos”.
    • Ninguna vida puede permanecer del todo libre de aburrimiento y dolor.
    • El espíritu hace sentir el dolor de manera doble y múltiple; y para una mente alegre sin espíritu la soledad y el ocio sin ocupación son del todo insoportables.
  • Regla número 45:
    • Alegre es aquel que se alegra de un buen resultado y no se enoja cuando es desfavorable.
    • Los sufrimientos espirituales nos hacen insensibles para los corporales, lo mismo como a la inversa.
    • La transmisión hereditaria de la disposición al suicidio demuestra que la parte subjetiva de la determinación parece ser la más fuerte.
  • Regla número 46:
    • Aristóteles define la vida filosófica como la más feliz.
  • Regla número 47:
    • Entre lo que uno tiene están principalmente los amigos.
  • Regla número 48:
    • Aristóteles: “La felicidad pertenece a los que se bastan a sí mismos”.
  • Regla número 49:
    • La definición de una existencia feliz sería: una existencia tal qeu, vista objetivamente, o según una reflexión fría y madura, sería decididamente preferible al no ser. La queremos por elal misma, pero no solamente por el miedo a la muerte, y de ellos se sigue, a su vez, que quisiéramos que fuera de duración infinita.
  • Regla número 50:
    • La mitad objetiva se encuentra en manos del destino y es variable, la mitad subjetiva somos nosotros mismos, y ésta es esencialmente invariable. De ello se desprende claramente hasta qué punto nuestra felicidad depende de lo que somos, de nuestra individualidad, mientras que la mayoría de las veces sólo tiene en cuenta nuestro destino y aquello que tenemos.
    • El destino puede mejorar, y la persona moderada no le pide mucho.
    • Un necio no deja de ser un necio y un zoquete grosero será eternamente un zoquete grosero, aunque en el paraíso estuviera rodeado de huríes.
    • Goethe: “La mayor suerte es la personalidad”.

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3 comentarios para “El arte de ser feliz de Arthur Schopenhauer – Apuntes”

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