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Homo Erectus de Juan Eslava Galán – Apuntes

Posted by Raul Barral Tamayo en Martes, 30 de abril, 2019


© Juan Eslava Galán, 2011
Editorial: Editorial Planeta.

¿Problemas con la dama de sus sueños? ¿Aspira usted a entender a su pareja? Descubra en estas páginas QUE NO DEBEN LEER LAS MUJERES algunas claves que explican, pero en modo alguno justifican, la eterna lucha entre sexos. Una visión ácida, mordaz y desenfadada de las relaciones de pareja, con el sexo en primer plano, que propone, de forma divertida, pero no por ello menos seria, un posible armisticio entre las partes.

Juan Eslava Galán ofrece un catálogo de sabios consejos para sobrevivir en la pareja. Un libro a medio camino entre el erotismo, la antropología, la historia y la psicología; un libro que denuncia, sin pelos en la lengua, las complejas maquinaciones masculina y femenina en el arte amatorio e intenta defender, con moderado entusiasmo, a una especie en extinción: el seductor (o seductora).

Con altas dosis de humor, Eslava Galán repasa los distintos estadios de una relación a lo largo de la vida del ser humano y la evolución del erotismo y del sexo a lo largo de la historia, desde la invención de la teta por los bisabuelos de los hombres de Atapuerca, hasta la revolución del Wonderbra y el calzoncillo bóxer, pasando por la aparición de la mujer cazadora y de la píldora liberadora, la mujer pantera, el descubrimiento del sexo recreativo, las tribulaciones del homo salidus, que conducen a la empanada mental del homo asustadus y mucho más …

Juan Eslava Galán es doctor en Filosofía y Letras.

Algunas de las cosillas que aprendí leyendo este libro que no tienen porque ser ni ciertas ni falsas ni todo lo contrario:

  • El cambio ha sido tan rápido que es natural que se hayan producido errores y abusos. Uno de los más extendidos es el de considerar que el hombre y la mujer somos mentalmente iguales. No somos iguales. Del mismo modo que físicamente somos distintos, mentalmente también lo somos. Ninguno es superior al otro, ojo. Somos, simplemente, distintos. Pensamos y actuamos de manera distinta. Sólo asumiendo esas diferencias podrmeos ser felices en pareja.
  • Intentaremos explicar por qué somos tan distintos y por qué nos conviene asumir esas diferencias en lugar de intentar abolirlas.
  • El paso más decisivo de la evolución fue introducir dos sexos diferenciados para optimizar ese intercambio de genes. El sexo se probó la herramienta de supervivencia más eficaz. Y a eficaz no le gana nadie a la Naturaleza. O sea, entiéndase, nos dotó de sexo por una cuestión de eficacia, no por vicio.
  • Con el desarrollo del cerebro, la infancia brevísima del primate se fue alargando bajo la tutela de la madre. El crecimiento cada vez más lento del monillo-hombre se convirtió en una pesada carga imposible de llevar por la madre sola. Como primera providencia, la Naturaleza ocultó el periodo de celo de la monilla de modo que aparentemente siempre pareciera fértil.
  • La frecuentación de la mona por el mono creó el apego, el vínculo afectivo de la pareja en el que cada miembro es cuidador y cuidado. De ahí nació el amor.
  • Cuando algunos monos más fuertes o más despabilados destacaron claramente sobre los otros y pudieron acaparar recursos, surgieron las primeras sociedades complejas y con ellas la poligamia como expresión de poder y prestigio. En cierto modo, la poligamia asociada al poder perdura en nuestro días.
  • Bebés de crecimiento lento e infancia prolongada limitaron la movilidad de la mujer. Media humanidad, la femenina, tuvo que replegarse a la vida doméstica, al cuidado de la prole y a recolectar, mientras la otra media, la masculina, salía a cazar para procurar el sustento de la familia.
  • Las tetas o mamas son un culo vicario, un truco evolucionista que la hembra humana lleva colgado delante para que no nos distraigamos del cumplimiento sabatino. También desarrolló unos labios prominentes y frescos que reproducen la vulva carnosa y roja que la posición erecta y el coito misional escamoteaban.
  • Si las mamas de la hembra humana sirvieran verdaderamente a la lactancia de la criatura y no al encabritamiento del macho, se parecerían a las del resto de las monas, y no obstruirían, con su prominencia de globo, las naricillas del lactante.
  • La mona, lista y sensata como era, cuando vio peligrar la despensa, desarrolló el instinto de la fidelidad, rarísimo entre las hembras primates. La fidelidad de la pareja. Ése fue el precio que impuso la Naturaleza a la supervivencia del homo salidus como especie.
  • ¡Había nacido la familia, la célula de la sociedad! La familia, una institución natural, sin papeles ni curas (los curas vivnieron después a administrarla, deseosos, ellos también, de participar de las ganancias del cazador sin dar golpe).
  • Sentado que el mono humano es infiel por naturaleza, vayamos a la mona. Ella no es tan simple e impulsiva, pero es igualmente presa de un impulso que la inclina a aparearse con machos genéticamente potentes.
  • Hemos evolucionado lo indecible en tecnología, hasta el punto de enviar a un hombre a la Luna e inventar la fregona y el reloj de cuco suizo, pero bajo ese elegante barniz del hombre moderno que vive en una ciudad con todos los adelantos, que se conduce educadamente con sus semejantes, late el primate elemental con sus instintos primigenios intactos.
  • Hombres y mujeres tenemos circuitos cerebrales distintos, con diferentes programaciones. Nosotros obedecemos a unos patrones de conducta; ellas, a otros. La conducta es innata (no impuesta por la educación como creíamos).
  • Cuando descendimos de los árboles las circunstancias nos forzaron a dividir el trabajo por sexos. Esa especialización por sexos, mantenida durante cientos de miles de años, ha modelado de manera distinta no sólo los cuerpos sino los cerebros.
  • ¿Quiere decir esto que el cerebro de la mujer es superior al del hombre? Eso me temo, queridos congéneres. Y no queda ahí la cosa. Tomen nota: el cerebro femenino está mejor aprovechado y es más operativo. En el cerebro del macho incluso existen algunas zonas neutras, las “estancias de la nada”, en las que el usuario supuestamente regenera su energía mental.
  • El cerebro masculino rechaza la sminucias, prefiere ir al grano. Sin embargo, nuestra existencia se compone de minucias que nos afectan, la letra pequeña de los contratos que nos extiende la vida. Por eso, en tantas parejas, cedemos el mando a la mujer, nos dejamos influir por ella, cambiamos fácilmente nuestra opinión a la suya (tras una razonable insistencia). Si uno no es tonto, confiará en las superiores (casi siempre) dotes organizativas de su mujer. También es cierto que ellas, con paciencia y perseverancia, saben hacernos creer que la idea ha sido nuestra, cuando en realidad lo único que hemos hecho ha sido ratificarlo.
  • Esto deberían tenerlo en cuenta la smujeres: los hombres, debido a la insuficiencia de nuestras conexiones cerebrales, podemos no ser muy sutiles: a veces no captamos indirectas ni ocultas intenciones.
  • Es un hecho que cada miembro de la pareja tiende a dominar al otro e imponerle sus criterios.
  • Se dice que el hombre mientras que la mujer nace sabida.
  • Una consecuencia de la superior capacidad verbal de la mujer es su necesidad de expresarse. Incluso puede seguir varias conversaciones cruzadas y enterarse de todo.
  • El cazador, acostumbrado a ir directo a la presa, expone sus deseos o sus necesidades sin rodeos; por el contrario, la cuidadora de la camada y de la cueva prefiere sugerir y persuadir.
  • La extraordinaria inteligencia emocional de la mujer capta pequeños detalles, sutiles señales, imperceptibles cambios emocionales, descifra el lenguaje corporal, advierte afectos y desafectos. Por eso nos resulta tan difícil engañarlas y, sin embargo, a ellas les resulta facilísimo engañarnos.
  • Tus palabras pueden engañarla en principio, pero esa parte que tú no controlas, la comunicación no verbal, opera contra ti porque transmite el mensaje de que la comunicación verbal que acabas de exponer no es del todo fiable. Entonces ella te hace un par de preguntas indirectas, comprobatorias y tú caes como un chorlito. Por eso las engañamos mejor por teléfono; en la entrevista presencial estamos perdidos.
  • Los niveles hormonales de la mujer experimentan altibajos a lo largo de su ciclo menstrual, lo que le acarrea, también, profundas variaciones de carácter.
  • Segregamos los niveles máximos de testosterona al amanecer, la hora de salir de caza, y esa circunstancia, combinada con que la vejiga urinaria presiona los nervios eréctiles, favorece la erección matinal que, a cierta edad, si la mujer no remolonea en los preliminares, permite a la pareja culminar una faena de aliño.
  • Lo de la fuerza física o muscualr debemos matizarlo: lo que tenemos los hombres es el esqueleto más fuerte y la musculatura más desarrollada. Ya está. Sin embargo, la mujer, falsamente considerada sexo débil, reviste mejor que nosotros el dolor, las enfermedades y las adversidades de la vida. Está mejor equipada para sobrevivir en un mundo infestado de microbios, virus, bacilos y machos alfa depredadores.
  • Debemos tener en cuenta que existe una relación inversamente proporcional entre el cociente intelectual de una mujer y su cociente emocional, o sea, hablando en plata, que las más listas son las menos sentimentales y viceversa.
  • La pitopausa existe, que duda cabe, pero a unos nos afecta más que a otros. Puede que tenga algunas causas hormonales (el descenso en la producción de testosterona), pero la mayor incidencia es puramente psicológica.
  • Cuando se espera algo del amor, ya no es amor, sino cálculo e inversión.
  • Rindámonos a la evidencia: la única realidad, más allá de las pamemas trascendentes filosóficas o religiosas, es que estamos en el mundo sólo para transmitir nuestros genes. La teología sierva de la biología. Unos animalillos indefensos manipulados por nuestros instintos, unos esclavos de la Naturaleza, eso es lo que somos.
  • Desde el mono primitivo, él busca en ella un medio para transmitir sus genes; ella busca en él bienes que le aseguren una alimentación adecuada en la preñez y en la crianza.
  • Es conveniente convivir un par de años antes de formalizar la pareja y ponerse a tener hijos. Sólo entonces sabrás si tu pareja es la idónea para arrostrar el largo viaje de toda una vida en compañía.
  • El cómico galo Arthur se pone serio para decir: “El problema de las parejas es que las mujeres se casan pensando que ellos van a cambiar y los hombres se casan pensando que ellas no van a cambiar”.
  • El tranquilo amor conyugal es un sentimiento que puede prolongarse toda una vida y hacernos felices. El cariño no tiene fecha de caducidad, ahí está lo bueno, puede durar toda la vida e incluso perdurar más allá de la muerte. Su duración depende de que haya inteligencia por la dos partes y de que la vida no los ponga a prueba con demasiadas adversidades.
  • El matrimonio, o la pareja, es como una ciudad sitiada: los que están dentro quieren salir de ella y los que están fuera quieren entrar.
  • Un procedimiento bueno es presentársela a una amiga y dejarlas a solas. Desapareces al menos una hora. Al día siguiente llamas a tu amiga: ¿Qué te pareció fulanita? Escaneo, disección, vivisección, autopsia son palabras que pueden describir lo que una mujer hace con otra que está a punto de alzarse con un macho de su manada. Ellas no necesitan esta precaución. Hablan contigo un rato y te calan.
  • Hoy no han aprendido todavía lo que es hacerse una paja y ya están copulanbdo: se ha perdido la ilusión. Es una pena.
  • Recordemos: el hombre se enciende en tres segundos; la mujer, en treinta minutos (cuando se enciende, lo que no siempre ocurre).
  • ¿Por qué motivo nos depiló la madre Naturaleza, por qué nos transformó en lo que Desmond Morris denomina “el mono desnudo”? Lo hizo para aumentar nuestra sensibilidad cutánea a fin de favorecer nuestras relaciones. A la que más desnudó fue a la monilla, para que ese aspecto infantil, potenciado por el tono de voz más agudo (también infantil) estimulara nuestro instinto protector.
  • SEgún Llum Quiñonero, una caricia es preferible al más caro de los detalles. Y mucho más barata, cabe añadir. Con un reglao no siempre aciertas, pero con una caricia no te equivocas jamás.
  • A las féminas les apasiona el sexo siempre que vaya acompañado de ternura, los consabidos “antes” y “después”, y del imprescindible orgasmo.
  • El que aspire a una normal relación de pareja debe priorizar el orgasmo femenino sobre el suyo, inclsuo si para ello tiene que contrariar sus impulsos naturales al egoísta aquí te pillo, aquí te mato.
  • El orgamos femenino no tiene función biológica alguna. Lo ha desarrollado la Naturaleza sólo para compensarlas de la incomodidad de aguantarnos, y de soportar la regla, la sopa de hormonas, la preñez, la lactancia y todo ese mal rollo que les ha tocado.
  • Lo ideal sería hacerlo cada vez como si fuera la primera. Eso es lo que marca la diferencia entre la mujer satisfecha y el incordio, tú verás. El que ara y siembra, recoge.
  • Wojtla declaró pecado desear a la esposa si no era con fines reproductivos.
  • Mi consejo terapeútico a los cornudos es siempre el mismo: calma y no hacerse mala sangre ni recurrir a venganzas calderosas. Consolarse porque esa situación es más cotidiana de lo que parece.
  • Fuentes tardías atribuyen la preñez de María a un soldado romano llamado “Pantera”.
  • Todos los hijos son de la madre, pero entre un 10 y un 30 por ciento de ellos no son del supuesto padre.
  • Tradicionalmente se había evitado que la mujer se instruyera, incluso se sospechaba que la mujer instruida o bachillera podía terminar puteando, o sea, desbocándose sexualmente. Pierna quebrada y en casa, significaba mantenerla en la ignorancia. Naturalmente si se la educaba para ser burra, se convertía en burra. Era normal darles estudios a hijos menos inteligentes y negárselos a las hijas aunque destacaran más que sus hermanos.
  • Durante milenios, el sexo recreativo ha sido cosa de hombres, jamás de mujeres. La mujer decente ni siquiera sentía los orgamos o si los sentía era mejor que los disimulara. En el silog XIX la clase media y parte de la aristocracia educaba a sus mujeres en la más completa ignorancia sexual.
  • La verdadera liberación de la mujer llegó con la píldora anticonceptiva, que le permitió decidir si tenía hijos y cuándo los tenía.
  • La íntima contradicción de la mujer moderna aparentemente liberada de la tiranía del varón es su sometimiento a la moda. La contradicción se ahonda cuando descubrimos que incluso prestigiosas militantes feministas son fashion victims. Resulta paradójico que el tiempo en que la mujer ha alcanzaod sus máximas metas en la igualación de derechos y libertad traiga aparejada esa esclavitud del aspecto físico que sus abuelas nunca sufrieron.
  • El hedonismo imperante nos empuja a rechazar cualquier incomodidad, a buscar el placer inmediato, a consumir compulsivamente: nos cansamos de la pareja del mismo modo en que nos cansamos del cohe. La tendencia natural es a cambiar de coche y de pareja cada pocos años.
  • Se busca al hombre y a la mujer perfectos y la relación fracasa. Nadie es perfecto, nadie puede cubrir razonablemente bien tantas expectativas. Hay que conformarse con las limitaciones del otro, complementarlas, ayudarlo a superarlas.
  • Nosotros tendemos a la promiscuidad o formamos parejas sucesivas; ellas, aunque puedan ser promiscuas durante unos años, cuando alcanzan cierta edad tienden a buscar un compromiso para toda la vida.
  • El catolicismo y sus curas reprimidos y obsesionados con el sexo han hecho mucho daño. A la abuela la educaron para que fuera frígida porque si aparentaba el menor interés por el sexo o, una vez metida en harina, demostraba que lo estaba gozando, cabía sospechar que era una pérdida (o sea, una puta).
  • El hombre de hoy vive cada encuentro como si se presentara a un exmane en el que puede suspender. Al cansancio y al estrés se unen el miedo a decepcionar cuando se sabe examinado por una mujer que lo ha practicado con otros hombres quizás más dotados y mejores amantes que él. El cine porno ha hecho mucho daño en este sentido.
  • El sexólogo Juan José Borrás señala que “vivimos en un sociedad hedonista en la que no es difícil que se produzca una disonancia entre las expectativas y la raliad”. De ello se derivan trastornos y pérdida del deseo.
  • La magistrada de la Audiencia de Barcelona María Sanahuja señala: “Hemos pasado de un extremo al otro. Del pasado, en que la palabra de una mujer no servía ni para comenzar una investigación, a la situación actual, en la que esa palabra, casi sin nada más, ya sirve para una condena […]. La presión mediática ha llevado a muchos profesionales a una reacción defensiva y de autoprotección ante el miedo a las posibles consecuencias personales. Así ,ju eces que han concedido prácticamente todas las órdenes de protección que les han solicitado por temor a que se les pudiera acusar de no haber tomado medidas, colapsando así los servicios administrativos de protección a las víctimas que difícilmente las pueden atender”.

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Otros libros relacionados:

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2 comentarios para “Homo Erectus de Juan Eslava Galán – Apuntes”

  1. […] Homo Erectus de Juan Eslava Galán. […]

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  2. […] #14) Homo Erectus de Juan Eslava Galán. […]

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