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El arte de la pareja de Ramiro Calle – Apuntes

Posted by Raul Barral Tamayo en martes, 23 de julio, 2019


© 2009, Ramiro Calle
Editorial: Kailas Editorial.

Seguir en pareja o romperla, ¿qué hacer? Tan importante es saber asir como saber soltar, y ambas opciones constituyen todo un arte, que no es otro que el de saber vivir.

Ramiro Calle se zambulle en el intenso mundo de la pareja, en un momento en el que hay más divorcios que matrimonios para darnos, en cada caso, las claves de una convivencia enriquecedora o bien los secretos para afrontar una ruptura de modo inteligente.

A través de algunos testimonios anónimos y de múltiples citas de personajes conocidos, y valiéndose de un profundo estudio realizado sobre el mundo de la pareja, Ramiro Calle ofrece soluciones prácticas para solventar las discusiones matrimoniales más frecuentes, y también propuestas para tomar el camino de la separación cuando ésta se manifiesta como la vía adecuada para que el individuo siga creciendo.

Ramiro Calle es especialista en meditación, psicoanálisis y psicología oriental y es uno de los pioneros de la enseñanza del yoga en España. Entre sus múltiples actividades destaca su consultorio semanal, de carácter fundamentalmente sentimental, en La Vanguardia. Es autor de más de doscientos libros y artículos.

Algunas de las cosillas que aprendí leyendo este libro que no tienen porque ser ni ciertas ni falsas ni todo lo contrario:

  • Ángel Fernández Fermoselle:
    • Creo que nunca acabamos de darnos cuenta de que hay que disfrutar el trayecto, y olvidarnos de pretender la llegada. En eso consiste la felicidad: en buscarla, mucho más que en disfrutarla cuando esté aquí.
    • El problema es que estamos perdidos. Los líderes de nuestra generación están perdidos. Los baby-boomers están perdidos. Perdidos porque la sociedad que quisimos crear ha ido perdido definición, enredándose en su propia madeja, despojándose de la claridad y el brillo que tuvo, para terminar difuminándose.
    • Asir si hay que asir, pero asir con todas las fuerzas, con las que tengamos y ls que no, a pesar de todos, a pesar de las mayor de las complicaciones; soltar si hay que soltar, aunque las consecuencias se conviertan en un tsunami de unas dimensiones demoledoras, tales que ni el más loco imprudente pueda prever, hasta que a uno le revienten el rostro y tenga que reinventarse en el salto sin red que significa la vida deseestructurada.
    • En el fondo, el autor no hace otra cosa que invitarnos a vivir cada segundo como si fuera el último. ¿Existe alguna filosofía mejor?
  • Toda relación de pareja debe ser para sumar dicha y no para restarla; para incrementar felicidad y no para sustraerla.
  • La mayoría de las veces, los seres humanos, y más en el ámbito de la relación de pareja, ni saben asir ni saben soltar, y muchas veces cuando deberían asir, no lo hacen y cuando deberían soltar, menos aún. Se trata de asir de aprender a asir sin obsesión, dependencia, aferramiento o apego; se trata de aprender a soltar sin rencor, sin resentimiento, sin reproches ni malos sentimientos, con ecuanimidad y generosidad.
  • Si supiéramos el gran poder que hay en dar, no dejaríamos de hacerlo.
  • Toda persona tiene un instinto gregario, salvo rarísimas excepciones.
  • En todo ser humano hay un impulso primigenio, y en cierto modo sagrado, de entrar en contacto con los demás y, cuando surge el afecto, de compartir, confortarse, apoyarse, animarse, departir, hacerse confidencias y cooperar. Ésta es la base de la amistad.
  • La línea divisoria entre la amistad y el erotismo es más fina que el pelo de un elefante. Sería raro encontrar al hombre que no quisiera tener un lance amoroso con las amigas que son hermosas o le inspiran sensualidad o romanticismo, y lo mismo ocurriría con no pocas mujeres sin prejuicios y con una mentalidad abiertas y unos sentimientos francos. Si un hombre y una mujer son amigos y se gustan, muy probablemente terminarán teniendo algún tipo de acercamiento sexual, que puede luego incluso acabar en pareja o quedarse en el plano de la amistad amorosa.
  • De un modo u otro, la pareja es elección, pero muchas más veces hecha de manera ciega y mecánica que consciente.
  • Hay un adagio que reza: «Si alguien te gusta, tenlo lejos y te seguirá gustando». Ni tan lejos que se desdibuje, ni tan cerca que no puedas verlo, como pasa con tus propias cejas.
  • Hay un dicho: «Una persona, difícil; dos, imposible; tres, comienza a ser más fácil».
  • Ya alguien dijo que el sueño de todo hombre era vivir en paz con dos mujeres. Valga lo mismo para la mujer.
  • He conocido por raro que resulte, a mujeres que han sido de un solo hombre y no han querido volver a formar pareja con ningún otro, quizá porque el suyo era un amor persistente de verdad, pero, con sinceridad, no he conocido a ningún hombre que haya sido de una sola mujer … , aunque sea de pensamiento.
  • La pretensión de esta obra, y por tanto de su autor, no es poner en tela de juicio sistemáticamente la pareja hasta derruir sus cimientos, sino, por el contrario, mostrar las claves para que la pareja se convierta en un arte y poder velar por ella y cuidarla.
  • Si no hay cariño inmenso y profundo, es difícil que se mantenga cualquier relación de afectos humanos, sea de amistad o amor. Sobre la base del verdadero cariño, fructifica el vínculo más sólido y fiable.
  • Una encuesta realizada a un gran número de mujeres que había convivido con su pareja más de cinco años me ha permitido constatar lo que ya presuponía: un elevadísimo porcentaje de estas mujeres tendría una aventura amorosa, sobre todo inmensamente romántica y sexual, extraconyugal, si encontrase al hombre que las atrajese, que fuera discreta y que no pusiera en riesgo su pareja actual. Las mujeres, en su mayoría, al menos hoy por hoy, no tienen el mal g usto de anhelar tener un harén, peor ¿y un compañero prudente, amoroso y complementario que las lleve de la mano al universo del misterio al q ue no logra conducirla su pareja?
  • No es tanto por qué nos emparejamos, sino que podemos hacer para que la pareja o la relación de amor sea menos inestable y más fecunda y creativa.
  • Amantes mediocres, vulgares e inatentos hay muchos; amadores atentos, sensibles y capaces de descubrir las necesidades de la persona amada para satisfacerlas, hay pocos.
  • Las inclinaciones a las pareja spueden deberse a muchos factores, entre otros:
    • Condicionamiento de la experiencia temprana, familiar y social.
    • La necesidad de intimidad, afectividad, las emociones y deseos.
    • La sexualidad.
    • Los esquemas, ideas y creencias del mundo, de los otros y de uno mismo.
    • Los intereses, objetivos, planes y metas.
    • La personalidad. Hay personalidades más tendentes a emparejarse que otras, que necesitan más compartir, departir, sentirse acompañadas, confortadas, apoyadas y reconocidas.
    • La influencia del contexto y el entorno.
    • El enamoramiento.
    • El cariño profundo.
    • Razones de ensoñación, metafísicas o incluso cosmológicas.
    • 123.
  • No todo emparejamiento por intereses o de conveniencia conduce al fracaso, en absoluto. En la India, donde en la mayoría de las personas es así, se nos dice: «Primero viene lo esencial y luego ya el amor viene con el tiempo». Lo esencial es que la persona convenga.
  • No deja de ser paradójico que los homosexuales, a la avanzadilla del aperturismo, se empeñen en tiempos recientes en servirse de una institución tan anacrónica, de conveniencia social y económica, pero que con el amor verdadero no tiene muchos puntos en contacto.
  • Si no hay madurez, la relación de pareja discurre en líneas paralelas que jamás se encuentran y la frustración es inevitable.
  • Encontrar al ser tan amado puede ocurrir en buena hora … pero también a deshora o en mala hora. Los amores trágicos están a la orden del día y han inspirado toda clase de novelas y películas.
  • Cada día es mayor el número de personas que viven solos, aun teniendo pareja o semipareja o multipareja, y que se encuentran muy a gusto consigo mismas y con su consorte sin institucionalizar o establecer socialmente su relación.
  • Septiembre es el mes en el que más separaciones y divorcios se producen. Parejas que durante el año se han ido más o menos esquivando gracias a las ocupaciones mutuas y a la adormidera de la rutina se ven obligados durante el mes de agosto a compartir las veinticuatro horas. Ahí se ve que se detestan, aunque no siempre lo expresen directamente. Matrimonios que sólo siguen de la mano porque lo dice un papel, por obligación, por miedo, por la familia o por inercia, pero que se aburren juntos, que hasta se odian, que se desean una muerte súbita que les libere para siempre del cónyuge.
  • Un buen amigo mío y alumno con grandes conocimientos de psicología: «Creo que una pareja tiene que tener necesariamente un proyecto común, ya sea compartir la vida o la pasión por algo, formar una familia, vivir juntos o cualquier otra cosa. Si no es así, entonces podrán ser amantes, amigos íntimos o simples amigos, pero no una pareja real como yo lo entiendo».
  • Si la pareja es una elección debe tratar de poner los medios inteligentes y emocionales para que esa relación avance armónicamente y sea gratificante para los dos miembros de la pareja. Eso es asir, pero sin apego ni aferramiento. Pero si la pareja se vuelve un lugar de torrente de alegría e inspiración, de torrente de hostilidad, amargura, insatisfacción y desdicha, hay que saber soltar. Para eso hay que quererse a uno mismo y querer a la otra persona.
  • Algunos puntos que pueden ser orientadores o aun reveladores para el que quiera fomentar el «arte de la pareja»:
    • Un gran número de intereses comunes que compartir y un respeto enorme por los de la otra persona, aunque no se compartan.
    • Cada una de las personas que forma la pareja tiene claro que debe tener su propia base, pero que la complementa tomando como base la de la otra persona, que la ayuda a tener más estabilidad, coherencia y seguridad propia.
    • No consienten que se prolonguen los malentendidos o equívocos, y los resuelven lo antes posible.
    • Evitan en la medida de lo posible las fricciones inútiles, las discusiones prolongadas.
    • Se vigila para no acarrear tensiones de uno a otro día y, por tanto, para eliminar cualquier residuo de rencor o revanchismo.
    • Se resuelven con diligencia las tiranteces, lo que evitará que la pareja se vaya intoxicando con resquemores o resentimientos.
    • No se pone de por medio el falso orgullo, el ridículo amor propio o el ego, y se tiene una actitud de ceder inteligentemente lo preciso y cooperar con la otra persona para que ella coopere con nostros y de no exigir para que no se nos exija.
    • Velar por uno mismo, por la otra persona y por la pareja.
  • Es cierto que no funciona aquello de «contigo pan y cebolla», pero no lo es menos aquello de «contigo el pan y la cebolla saben mejor», cuando la pareja es armónica.
  • Pocos aman en la pareja tan de verdad, tan incondicionalmente, que seguirían amando desinteresadamente a su pareja aun si ésta termina. En lo amistoso y espiritual no se desvinculan del ser amado.
  • Este proceso en síntesis, sería: sensación-atención-atracción-enamoramiento incipiente-enamoramiento intenso-enamoramiento plácido o sereno-cariño-amor-amor incondicional.
  • El hecho cierto es que la persona tiene simpatía-empatía por una persona en particular aun pudiendo haber muchas más.
  • Ciamndo el enamoramiento cede, comienza de verdad la relación humanizada, porque antes sólo se relacionaba uno con un «holograma» muy deseado de carne y hueso, pero no tanto de alma y necesidades humanas. Hay que crear el vínculo y si éste es sano, la preja perdurará, pero si es insano, más vale que no lo haga. Ahí comienza el verdadero trabajo, porque el otro no es como yo quiero que sea, es él en sí mismo, con su vida, sus ansiedades y alegrías, sus miedos y esperanzas.
  • Un amor que encadene y active los celos, el afán de posesividad, resentimientos y reproches no es amor. El que verdaderamente ama, siempre ama.
  • El enamoramiento puede producir inseguridad, inestabilidad, miedo, suspicacia, mientras que el amor es estable y seguro.
  • En una relación amorosa, más allá del narcisismo y el egoísmo, debe ir aflorando una verdaderas amistad o compañerismo, que son seguros muy fiables para la relación de pareja más sana.
  • El amor mecánico conduce a los celos, la posesividad, los reproches, las imposiciones y exigencias, el egoísmo y las presiones más diversas, lo que a su vez conlleva todo tipo de conflictos.
  • A menudo lo que denominamos amor no es más que una transacción de compensaciones, prestaciones y contraprestaciones.
  • ¿Por qué se llama al amor consciente «amor consciente»? Porque:
    • Se ejercita.
    • Se desenvuelve a la luz de la consciencia y la inteligencia clara.
    • Se libera de contaminaciones: celos, odio, afán de posesividad, manipulaciones por sutiles que fueren, imposiciones o exigencias y reproches.
    • Sus requisitos son: atención, consciente, tolerancia, respeto y ecuanimidad.
    • Lo mismo sabe asir que, cuando llega el caso, soltar.
    • Descubre y trata de entender las necesidades de la otra persona.
    • Colabora en el crecimiento de la otra persona incluso a riesgo de que evolucione y se aparte de uno o siga su senda.
    • Pone más énfasis en dar que en t omar, en atender y considerar que en ser atendido y considerado.
    • No se enreda en suspicacias narcisistas ni se parapeta o acoraaa con egocéntricas autodefensas.
    • Es un amor para el crecimiento propio y ajeno y desde la interdependencia y la libertad.
    • Es un amor cooperante, donde se ponen de manifiesto la compasión y la benevolencia, la indulgencia y los buenos sentimientos.
  • Hay que poner los medios para que la persona amada sea lo más felix posible y lo más completa en sí misma.
  • No hay bálsamo tan extraordinario como el del amor consciente. Cuando el amor es verdadero siempre todo lo inspira. Es el verdadero antídoto contra el resentimiento, la rabia y el tencor. Enseña a perdonar y conciliar. El que más se beneficia es el que ama, porque el amor desencadena una prodigiosa energía de integración, bienestar, cordura y plenitud. Todo se entibia e ilumina. Es la gran medicina.
  • La persona madura en la relación de afecto propende a atender, cuidar, respetar, tolerar, ayudar, confortar, disculpar, apoyar y cooperar. La persona inmadura, a descargar su responsabilidad, culpabilizar, exigir, imponer y defenderse narcisistamente.
  • Colabora al vínculo sano lo siguiente:
    • Conocerse mejor, cultivar una adecuada autovaloración y tener un afecto sano por uno mismo.
    • Superar las actitudes y reacciones narcisistas.
    • Aprender a aceptarse conscientemente a uno mismo e igualmente a la persona con la que uno se relaciona amorosamente.
    • Vigilar más las palabras y actos para no dañar, aunque sea por negligencia, a la otra persona.
    • Esclarecer el entendimiento, aprender a ser ecuánime y sopesar, y no dejarse llevar por interpretaciones falaces, prejuicios o juicios, para poder ver y aceptar a la pareja como es.
    • Tratar de descubrir y atender las necesidades de la pareja, pero velando también por las propias, para no incurrir en el sacrificio ciego e innecesario.
    • Estimular cualidades como la paciencia, la ecuanimidad, la indulgencia, el sentimiento de cooperación, la amabilidad, la ternura y la entrega más incondicional.
    • Evitar que los sentimientos recurrentes de monotonía, indolencia o tedio invadan la relación de pareja.
    • Escuchar con atención, es decir, con amor.
    • Hablar con precisión y sinceridad.
    • Cultivar la sensibilidad, pero no perderse en el sentimientalismo y la sensiblería.
    • No dejarse atrapar en la red de manipulaciones, chantajes emocionales, exigencias, imposiciones y reproches.
    • Enriquecer la comunicación confiando y despertando confianza en la pareja, pero sin dar cuartel a dependencias mórbidas.
    • Humanizar al máximo el vínculo, liberándolo de proyecciones, imágenes o actitudes egocéntricas; estar en proximidad anímica; saber pedir perdón y saber perdonar.
    • Responsabilizarse de los propios actos y actitudes, así como de sus consecuencias.
    • No actuar ni tomar determinaciones que involucren a la pareja desde el miedo, la desconfianza o el resentimiento.
    • No extraviarse en pretextos, justificaciones, racionalizaciones o tener propensión a la sumisión.
    • No situar el centro de gravedad o gravitación sólo en la pareja, sino en uno mismo, para no perder nuestra propia identidad.
    • Asumir que el afecto debe cultivarse metódica y disciplinadamente, que hay que cooperar en mantener un vínculo afectivo sano y poder así tallar relaciones genuinas de amor.
  • El yo dominante es narcisista, posesivo, autoritario y quiere detentar siempre el monopolio de la verdad y por tanto tener la razón.
  • Si una persona deja que le hagan daño una y otra vez, hay que cambiar el «me hacen» por «me hago».
  • El vínculo sano es el de genuina interdependencia.
  • Buda: «Si te proteges a ti mismo, proteges a los demás, si proteges a los demás, te proteges a ti mismo».
  • Los vínculos sentimentales neuróticos jamás pueden ser enriquecedores ni cultivar bienestar ni dicha; tampoco son nunca expansivos e integradores.
  • Los sanos y maduros son capaces de suspender una relación cuando es perjudicial; los insanos prosiguen con ella incluso de por vida, porque se amoldan como el periquito a su jaula.
  • Para que el vínculo afectivo sea sano, tenemos que:
    • Aceptar y comprender, y más idóneo apoyar, que nuestro consorte tiene su vida propia y tiene que vivirla, aunque sea desde la pareja.
    • Que sus sueños, vivencias, motivaciones e intereses no tienen por qué ser los nuestros y no tenemos nunca que imponerlos.
    • Que la pareja no se forma sólo para que la otra persona nos haga felices a costa de su felicidad, sino para crear un ámbito de felicidad en ambas direcciones.
  • El vínculo sentimental será t anto más sano cuanto más sanas sean emocionalmente las personas que se emparejan y cuanto más capacitadas estén para darse verdadero amor y comprensión.
  • Si uno no está completo en sí mismo, utilizará a la otra persona para cerrar sus heridas y le hará cargo de ello si no lo consigue.
  • El que tiene una mente ofuscada, difícilmente puede hacer elecciones sanas.
  • Dos vacíos hacen un vacío más g rande y dos soledades una soledad desmedida.
  • Si pudiera escudriñar las primeras semanas de relación sentimental de dos personas uno con la mirada penetrante y sin prejuicios del buen científico, podria en cierto modo presuponer, con bastante acierto, cómo serán los años sucesivos.
  • En el trasfondo de la psiquis humana, hasta que uno se completa y desarrolla, hay una necesidad compulsiva de ser aprobado y afirmado, atendido y considerado y uno no soporta ser ignorado o creer que lo es; surgen por todo ello exigencias, expectativas, resentimientos, culpabilizaciones y celos.
  • Cuando el vínculo no es sano, no puede darse genuino amor ni verdaderas afectividad.
  • Éste no es un libro de recetas, pero lo es para la reflexión y el mejoramiento de las relaciones sentimentales.
  • ¿Quién termina de saberlo todo sobre la pareja o sobre la relación sentimental?
  • Muchos dicen querer, pero pocos quieren.
  • No todas las personas están capacitadas para cultivar vínculos sanos. ¡Si ni siquiera se soportan a sí mismas!
  • En todo vínculo sentimental sano hay lugar para la individualidad y la fusión. No dejo de ser yo para ser tú; sino que porque yo soy también quiero ser tú.
  • Toda relación interpersonal desencadena fricciones, pero estas fricciones, si se saben instrumentalizar, ayudan en el autodesarrollo y, bien resueltos, consolidan la pareja.
  • Si uno logra que cada día la pareja sea una aventura, no decae, no termina por agonizar.
  • Una relación de pareja no es estática, es cinética y dinámica, y exige adaptación, readaptación y, desde luego, lucidez o inteligencia primordial. Todo cambia, todo está sometido a la inestabilidad o mudabilidad.
  • Lo ideal, si algo lo es, sería estar bien con pareja y sin pareja, y, por supuesto, insistamos en ello, saber asir y saber soltar, porque hay un tiempo para recibir y otro para dejar ir.
  • Todos tenemos que desarrollar la sabiduría de la inseguridad o la incertidumbre.
  • Hay parejas que pueden seguir funcionando armónicamente salvados algunos escollos, pero hay otras que cuanto antes se resuelvan mejor.
  • Hay personas que peor no pueden elegir a sus parejas, a unque hay algo peor: que las mantienen por tiempo indefinido.
  • Muchas personas se separan o deciden romper la pareja por algunos de los siguientes motios o varios de ellos:
    • Desencanto, hastío, falta de motivación, decepción profunda e irreversible.
    • Continuada e insuperable frustración.
    • Sentimiento de desdicha e insatisfacción.
    • Creciente sentimiento de soledad y por tanto de insatisfacción y abatimiento.
    • Continuado choque de personalidades, caracteres, intereses vitales, una inagotable serie de exigencias, reproches, cargos, resentimientos y rencores.
    • El tedio vital, la incomunicación, el desencuentro cada vez más intenso y evidente.
    • La fraternización de la parteja, donde los miembros de la misma sienten y funcionan como si fueran hermanos, con ausencia completa de deseo, sexualidad y la complicidad de las parejas que es diferente a la fraterna, pero no digamos que superior o inferior.
    • La aparición de una tercera persona que atrae o fascina a uno de los miembros de la pareja … esté ya disponible o en perspectiva.
    • Distanciamiento anímico. Se crea una gran barrera entre los miembros de la pareja.
    • Despego. El desapego es hermoso, maduro, generoso, porque implica superar el afán de poseer o de aferrarse, con lo cual se superan los celos, la tendencia a manipular. Pero el despego es desinterés que puede tornarse indiferencia. Se ha dejado vencer por la apatía y la inercia.
    • Insensibilidad y falta de atención por parte d euno de los miembros.
    • El incremento de enemigos en la pareja y la ausencia de aliados.
  • Hay que concienciarse de que en las relaciones de pareja muchas veces culpabilizamos a la otra persona de nuestra desmotivación, abatimiento o sentimiento de soledad, como si ésta tuviera la obligación de llenar las lagunas psíquicas que nosotros mismo no sabemos completar.
  • Una cosa es que el deseo c eda y otra cosa es que se extinga por completo. No depende de uno y el deseo no es fácil de recuperar.
  • Muchas personas, hombres y mujeres, no rompen la pareja porque temen no encontrar otra y temen la soledad, la inseguridad, la indefensión y el dolor.
  • Hay quien ha llegado a decir que hay más tríos que parejas, sólo que los primeros son secretos y clandestinos y las segundas no.
  • Toda pareja en principio debe ser mutante y mutuante. Mutuante en cuanto que debe reinar una óptima voluntad de ayudarse y contribuir uno en el bienestar del otro; mutante, porque, se quiera o no, todo cambia y muda.
  • Para la psicología de un adolescente es mucho mejor una separación de las figuras de sus progenitores que tener que estar aguantando día tras día las discusiones, reproches, maltratos psíquicos, gritos y vituperios entre sus padres. Eso daña la psicología del niño y su tierna alma de por vida.
  • Si tuviera que aprobarse de un examen previo para ser padre, muy pocos de los que se presentasen lo pasarían.
  • Cuando el diálogo es de sordos, la pareja cree que habla de lo mismo, pero habla de cosas diferentes.
  • Nunca he terminado de entender racionalmente por qué se dramatiza tanto la ruptura de una pareja.
  • ¿A qué es debido que se mantengan durante años, o tal vez toda una vida, parejas que están en quiebra y van arruinando la esfera anímica de sus componentes?
    • El miedo al cambio y, por tanto, a la nueva situación, y a lo desconocido e imprevisible.
    • La resistencia ser uno mismo sin pareja.
    • La angustia que produce el enfrentamiento con situaciones que habrá que resolver por uno mismo y sin apoyo de la pareja, teniendo que asumir más responsabilidad y una capacidad extra de decisión u opción.
    • El sentimiento de fracaso.
    • El disgusto que se provoca a familiares y amigos.
    • El miedo a saltar fuera de la sombra de los esquemas tradicionales, familiares y sociales.
    • El miedo a la soledad.
    • El temor a no poder rehacer la vida.
    • La falsa creencia de que no será uno capaz de encontrar una pareja y el miedo a no hallarla.
    • La incapacidad para resolver y tomar la determinación por uno mismo.
    • La idea de que el paso del tiempo puede arreglar o mejorar la mala situación que aqueja a la pareja.
    • La indecisión acentuada, y por tanto la falta de resolución.
    • El cariño que persiste incluso sin funcionar armónicamente la pareja.
    • La falta de verdadera autovaloracón.
    • La creencia o percepción de que la persona con la que uno está, aun no siendo la oportuna, juega un papel esencial en tu vida.
    • El sentimiento de inseguridad de tener que relacionarse sin pareja cuando lleva años haciéndolo desde la pareja.
    • La costumbre y la rutina, la fuerza del hábito.
    • El sentimiento de inseguridad. Tan acostumbrada está la persona a ser validada por su pareja que cree que al faltarle el andamiaje de seguridad se vendrá abajo.
    • La opinión ajena.
    • El miedo a la libertad y la independencia.
    • No dañar a los hijos si los hubiere.
    • La ausencia de deseo sexual y de acercamiento físico.
    • El estancamiento, la divergencia de intereses, el frenazo de proyectos en común.
    • El desenamoramiento por comparación y los desos de otras experiencias que explorar.
    • La consciencia de que las necesidades y motivaciones de la pareja ya no cuadran con las propias.
    • La negativa a abandonar el proyecto, el fatídico e inexorable proyecto.
  • Es absurdo ver como un fracaso sentimental que una pareja tenga que desemparejarse, ya que más fracaso es seguir obstinadamente en el intento de que salga adelante algo que ha entrado en un verdadero callejón sin salida.
  • Asombraría saber que un gran número de parejas se encuentra en esta situación, uno a la espera de que el otro diga algo para tomar la resolución y que sea el otro el que tome la determinación.
  • Dada la naturaleza del ego, es muy fácil asir, pero asir mal y con aferramiento, y muy difícil soltar, pero hay mucha generosidad y grandeza cuando se suelta con amor y por amor.
  • La pareja empieza a resentirse cuando surgen los que llamaríamos «derechos adquiridos», es decir, que uno de los componentes comienza a presionar, exigir, reclamar y afirmarse basándose en un compromiso; compromiso que, por cierto, entre personas evolucionadas y maduras, siempre debería ser voluntario, consciente y tácito, sin necesidad de recurrir a formulismo religiosos o socioculturales.
  • La pareja es un prestaciones y contraprestaciones, en uno u otro nivel o en varios. La cuestión es si la compensa o no compensa.
  • Hay personas que se emparejan porque lo hace todo el mundo; las hay que tienen hijos y forman una familia tradicional porque lo hace todo el mundo. Y porque lo hace todo el mundo hay parejas que convierten sus vidas en una tensa, aburrida e inacabable tarde de domingo, sin el menor aliciente. Porque todo el mundo lo hace.
  • O se acepta o no se acepta al otro. Si se le acepta, asir, si no se le acepta, soltar. De nuevo: saber asir, saber soltar.
  • Para construir armónicamente una pareja, hay que construirse armónicamente a uno mismo.
  • Muchas veces el obstáculo es uno mismo, pero es más fácil engañarse, seguir tejiendo la impresionante tela de araña de los autoengaños, y culpar a la otra persona.
  • Una pareja que con uno funciona mal, puede funcionar muy bien con otro. Una persona que a uno le pone nervioso, le exaspera o desequilibra, puede calmar y armonizar a otro. Ése es el misterio de las personas y de las parejas.
  • Este libro no representa una teoría de la pareja, sino una serie de reflexiones que inviten al lector a pensar.
  • Algunos puntos sí son clave para la reflexión y la consciencia, y muchos de ellos son los mejores aliados para que la relación fructifique:
    • La actitud es esencial en el que forma pareja. La actitud es el modo de tomarse las cosas y consecuentemente el modo de proceder o abstenerse de proceder.
    • Toda competencia o contienda subterránea es muy nociva para la pareja.
    • La pareja no tiene la obligación de cubrir nuestras expectativas, ni llenar nuestro vacío interno ni hacer el trabajo interior por uno. Cada persona debe tomar las riendas de su vida interior y acometer el proceso de crecimiento interno y madurez.
    • Somos una caja de resonancia y nos extraviamos en reacciones desmesuradas. Toda reacción desorbitada o anómala es neurosis.
    • No hacer las cosas por un sentido del deber, sino porque realmente se quiera y por cariño a la otra persona.
    • Perdonar.
    • La comprensión es esencial en la pareja.
    • Confiar.
    • Atender.
    • El contento. Un estado interior de alegría que se transmite a la otra persona.
  • Para que funcione armónicamente, en toda relación debe haber tres espacios: el tuyo, el mío y el nuestro.
  • Una relación de pareja donde los celos afloren una y otra vez es un infierno y lo mejor sería resolverla.
  • El ejercicio de la tolerancia, en todos los órdenes, en una pareja, es esencial para que nada se pudra psíquicamente, haya comunicación y reine el sosiego y la armonía.
  • Antiguo adagio oriental: «Hay tres cosas que no pueden ser recuperadas: la flecha disparada, la ocasión perdida y la palabra dicha». Hay que ser especialmente cuidadoso en la palabra. Debe ser veraz, amable, concordiante, precisa, directa, bien medida y bien intencionada.
  • En la pareja hay que tratar de ser generoso no sólo en detalles, si uno puede permitírselo, y atenciones, sino en ternura, tiempo, comprensión, expresiones y afectivas, y demostrar que puedan contar con uno en los momentos más esenciales.
  • Psicoanalíticamente se ha llegado a decir que cuando dos personas se relacionan en realidad son seis las que lo hacen: las dos tal cual son, las que imaginan ser y las que imaginan que el otro es.
  • Con lo indulgente que a veces puede uno llegar a ser con uno mismo, hay que aprender a serlo con la pareja y no convertirse en un juez severo e implacable.
  • No importa si una pareja dura diez años o cien, pero el tiempo que dure que sea en plenitud y bienestar.
  • «Lo que no evoluciona, degrada».

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