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De la autoestima al egoísmo de Jorge Bucay – Apuntes

Posted by Raul Barral Tamayo en Jueves, 15 de agosto, 2019


© del texto 1999, Jorge Bucay
Editorial: RBA Libros.

Muchas personas invocan cotidianamente la autoestima pero, ¿qué significa realmente autoestimarse?

No necesariamente las mismas cuestiones que son útiles para algunos lo son para todos. Entre el Yo ideal y el Yo real en ocasiones media una gran distancia. ¿Merece la pena recorrerla?

Egoísta, ególatra, egocéntrico, ¿son sinónimos?

¿Tener miedo es estar asustado, ser fóbico o algo diferente?

Si no siento culpa, ¿soy una persona irresponsable?

Todas estas preguntas están la orden del día para muchos de nosotros. Recorrer el camino que va “de la autoestima al egoísmo” con Jorge Bucay es una grata manera de encontrar las respuestas. Este libro es una invitación a dialogar con el autor que, como siempre, nos brinda la oportunidad de conocer estimulantes relatos de todas las culturas y aprender de sus palabras, tan cálidas como sabias.

Jorge Bucay nació en Buenos Aires en 1949. Se graduó en medicina y se especializa en enfermedades mentales. Es psicodramatista y psicoterapeuta.

Algunas de las cosillas que aprendí leyendo este libro que no tienen porque ser ni ciertas ni falsas ni todo lo contrario:

  • Los derviches, como los jasídicos y como los monjes zen, nos enseñaron que una forma privilegiada de transmitir el conocimiento es a través de parábolas y cuentos.
  • Es muy posible que el hecho de que tantos personajes tan distintos entre sí se identifiquen con el mismo nombre sea el mejor modo de demostrar que también cada uno de nosotros podría ser Nasrudín.
  • Mi intención no es la de asombrarte con mis ideas sino obligarte a repensar las tuyas y sistematizar aquellas en las que coincidimos.
  • Muchas veces en la historia alguien decide no querer quedarse con la primera respuesta aunque sepa que es correcta. Seguir preguntando es el primer pilar.
  • Cada vez que alguien se animó a decir que había algo más de lo que se veía en apariencia, otros se animaron a buscarlo también y en su búsqueda pudieron ver más aún.
  • Una buena autoestima es una buena capacidad de evaluarse a sí mismo y de encontrar las cosas valiosas de uno. Es ser capaz de valorarse adecuadamente.
  • Estoy seguro de que no miento ni exagero si aseguro que en algunos aspectos de mi vida soy un “boludo”. Un tonto retonto. ¿Pero cuál es el problema de que sea así? ¿Por qué tendría que ser siempre ordenado, eficiente y eficaz? ¿Por qué debería tener siempre la respuesta más correcta y adecuada o hacer siempre lo que se debe hacer? Esto es tener la autoestima puesta en su lugar; saber sin avergonzarme que hay aspectos en los que tengo ciertas capacidades y saber sin avergonzarme tampoco que hay otros en los que no las tengo.
  • Cuidado con escudarme en “mis incapacidades” para justificar mi flojera o utilizarla como excusa para que otros hagan para mí lo que no quiero hacer yo por mí.
  • El único peligro es establecer como premisa que sería mejor que yo no fuera como realmente soy. En otras palabras, qué bueno sería yo si tuviera las capacidades de las que carezco, si manejara las habilidades que no poseo, si tuviera lo que no tengo.
  • Hay que tener cuidado con hacer pasar la valoración de mi mismo por las capacidsades que se supone que debo tener.
  • Es correcto que uno quiera seguir creciendo, tener ganas de saber más, tener el deseo de cubrir las propias incapacidades con conocimiento, crecimiento y desarrollo.
  • Cada uno llega a su madurez portando una imagen de lo que sería el Yo ideal.
  • Más pronto o más tarde me doy cuenta de que, por mucho que me empeñe, no consigo ser el Jorge ideal. Tomo conciencia de que no puedo ser tal como me enseñaron o me dicen que “debería”. Y entonces me frustro. Me siento un fracasado.
  • Landrú, Tía Vicenta: “Cuando se encuentre en un callejón sin salida, no sea idiota, salga por donde entró”.
  • Librados de los mecanismos de la autotortura, la autoestima florece. El autorreproche se reemplaza por complacencia de cada uno con lo que es y el esfuerzo con el natural deseo de hacer las cosas cada vez mejor.
  • Saber que uno es valioso por el hecho concreto de ser quien uno es, y eso sólo sucede si tomo la decisión de ser verdadero todo el tiempo y en cualquier situación.
  • Aceptarse es uno de los desafíos del camino de mantenerse sanos y también de cualquier intento de recuperar la salud. Significa dejar de pelearme conmigo mismo, no enfadarme por no ser como los otros quieren que yo sea, no castigarme por no ser por el momento como a mí me gustaría.
  • Si bien es verdad que parte del proceso educativo transita por decisiones que uno toma por otros, también pasa por la decisión del educador de ceder el poder y la responsabilidad de las futuras decisiones de cada uno a cada quien. Para ello una de las claves es por supuesto enseñar a postergar el placer.
  • Si algún cambio me espera sólo sucederá saludablemente si partimos de aceptar que somos lo que somos.
  • Si vamos a cambiar, como hemos mencionado antes, vamos a hacerlo a partir de nuestra decisión de mejorar, y nunca creyendo que ahora no valemos nada y que después del cambio vamos a valer, o que es inaceptable que seamos así o que tenemos el deber de ser de otra manera.
  • Suelo decir y confieso que me agrada repetir y es que no “tengo que” nada.
  • Superarse en todo caso quiere decir: hoy estoy bien y mañana seguramente estaré aún mejor. Y no: hoy estoy mal y mañana voy a estar bien.
  • La mejor actitud de superación personal nunca es la que parte del desprecio o de la desaprobación hacia uno mismo en el presente.
  • Autónomo define a una persona capaz de fijar sus propias normas. Alguien capaz de tomar sus decisiones de acuerdo a sus normas y de estructurar éstas según su propia moral y a sus propios principios.
  • Es mi responsabilidad hacerle saber que sólo podrá entrar en esos espacios, cuando yo lo autorice, hasta donde yo quiera y de la manera en que yo lo permita, porque por eso los llamo mis espacios.
  • Saber poner límites es algo que adquiere importancia precisamente con las personas que más queremos, y muy especialmente con aquellos con quienes convivimos.
  • Las personas que ponen límites brutales lo hacen porque no saben poner límites de manera afectuosa.
  • La persona que a la hora de poner límites lo hace chillando es porque no cree verdaderamente que tenga derecho a establecerlos.
  • No hay nada más cercano al amor que el re speto mutuo por los espacios privados.
  • Para que mi autoestima esté preservada hace falta que yo me sienta orgulloso de ser quien soy, que me sienta verdaderamente contento y conforme conmigo.
  • Una parte imprescindible de la autoestima es vivir sabiéndose tan digno de recibir como para permitirse aceptar de la vida todo lo nutritivo que ésta nos concede.
  • Autoestima significa también asumirnos merecedores plenos de todo lo bueno que nos sucede, aceptar de buen grado los regalos, los halagos, las caricias, la pr esencia y, sobre todo, el reconocimiento de quienes nos rodean.
  • En suma, tener una buena autoestima significa ser verdaderamente quien soy, autónomo, capaz de poner límites, orgulloso de ser quien soy y, por último, absolutamente abierto a recibir del universo lo que me he ganado.
  • La autoestima se construye a partir de la relación con los demás, empezando por la relación con los padres.
  • Hay algunas cosas que a cierta edad ya no se pueden cambiar, A mi juicio, una v ez que se sale de la adolescencia y se llega a la edad adulta, la estructura de la personalidad, por ejemplo, no se cambia nunca más.
  • Los hábitos son aprendidos y se pueden cambiar adquiriendo otros hábitos más sanos, más pertinentes o más adecuados al tipo de vida que se lleva. Se pueden cambiar los hábitos, aunque sin duda al pasar los años se nos haga cada vez más difícil.
  • La mayoría de las personas de ese mundo un poco perdido no ha recibido de sus padres suficiente valoración, aceptación, autonomía, respeto, orgullo o reconocimiento. Si uno no ha recibido este mensaje, puede aprenderlo de alguien más, en otro momento de su vida. Aquel aprendizaje que no se hizo en la infancia, puede y debe realizarse después.
  • Cualquier grupo de pertenencia, si es un grupo, funciona como un gran soporte y es capaz de dar excelentes niveles de aprobación, aceptación, autonomía y límites, de aquellos que nos unen y nos diferencian del resto del mundo. Un grupo, cuando funciona como tal, nos inunda de sensación de orgullo compartido, de respeto y reconocimiento mutuo.
  • Hemos enseñado a nuestros hijos algo que nuestros padres no nos enseñaron: la capacidad de rebeldía. Nuestras miserias no van a ser traspasadas a nuestros hijos en t anta cantidad como traspasaron a una o dos generaciones anteriores.
  • Yo aprendo la autoestima no sólo por ser estimado, sino porque quien me estima se estima, se sabe valioso. El mejor paso que puedo dar para enseñarle a mi hijo la autoestima es fortalecer mi propia autoestima.
  • Tendemos a tratar a nuestros padres de la manera en que ellos nos e nseñaron que había que hacerlo tratando a sus padres, y del mismo modo, nuestros hijos van a hacer con nosotros lo mismo que vieron que nosotros hicimos con nuestros padres.
  • Sólo el que se siente valioso puede transmitir con claridad a su descendencia lo que significa sentirse valioso.
  • Soberbia es creer que por ser así, soy más que tú, más que alguno.
  • Cuando el propio valor de un adulto depende solamente de lo que vale para alguien específico, algo está distorsionado.
  • El orgullo no implica necesariamente soberbia.
  • El éxito es morirse en el lugar del mundo que uno elija, rodeado por la gente que uno quisiera que esté en ese momento. Nada más que eso.
  • Los logros sólo sirven para satisfacer la vanidad y, como consecuencia de ello, de alguna forma todo lo que uno puede adquirir y poseer es vanidad.
  • Lo único que verdaderamente tienes es aquello que no podrías perder en un naufragio.
  • Es muy bueno ser capaz de valorar lo que se tiene, valorar lo que se hace, valorar absolutamente todo lo que tienes a tu alrededor, pero sobre todo, una vez más, valorar lo que cada uno es.
  • ¿Por qué sería malo quererme muchísimo a mí mismo? No es por quererse mucho a sí mismo que alguien no quiere a los demás.
  • Hoy sabemos que solamente es posible llegar a querer a otros queriéndose a uno mismo. No hay ningún amor por el otro que no empiece en el amor que se siente por uno mismo.
  • La definición que te propongo establecer desde ahora para egoísta: Egoísta es aquella persona que se prefiere a sí misma antes que a los demás.
  • Que quede claro que nuestros hijos también son capaces de sentir la incondicionalidad en el amor que sentimos hacia ellos, pero no será hacia nosotros sino hacia sus propios hijos. Es algo que ocurre de arriba hacia abajo, no de abajo hacia arriba, no es reversible.
  • Habrá que admitir que existen por lo menos dos tipos de egoísmos. Un egoísmo sano, que es el que son capaces de tener las personas sanas, y un egoísmo patológico, propiedad de las personas mezquinas, crueles, manipuladoras, autoritarias y resentidas.
  • Altruismo, ahora lo sabemos, es preferir al otro antes que a mí. Quizás sería maravilloso, pero si fuera permanente lo consideraría enfermizo. No es necesario ser altruista para ser solidario, por lo menos cuando uno es un adulto sano.
  • La única ayuda que no genera duda es la ayuda dada por el placer de ayudar.
  • Lo siniestro, lo perverso y lo terrible es la egolatría, no el egocentrismo. El ególatra cree que es un Dios, se cree un ser superior.
  • La única manera de no vivir girando alrededor de algo o de alguien es ser el centro de la propia vida, el centro de mi propio mundo.
  • Si te amo, lo mejor que puedo hacer es trabajar para construir la manera en que los dos vivamos juntos el mayor de los placeres: el encuentro. Un encuentro donde tú sepas que estoy a tu lado porque me quiero y me prefiero; y donde yo sepa que estás junto a mi porque, haciendo uso de tus mejores egoísmos, me escoges a mí para estar contigo.
  • ¿Cómo me reconozco neurótica? Yo diría que hay tres conductas estereotipadas que son emblemáticas: el mal humor, la queja y el miedo.
  • Sin ser quienes somos no podremos nunca ser felices. La falta de autenticidad nos ocasiona sufrimiento. Nos damos cuenta de cómo se consume nuestra energía tratando de sostener los roles prefijados. Pero lo seguimos haciendo.
  • Todo es cuestión de grados: lo patológico, lo enfermo, es que el mal humor, la queja o el miedo sean la norma, que rijan tu vida, que estén presentes la mayor parte del tiempo.
  • ¿Un individuo sano nunca estaría de mal humor>? Nunca.
  • Es miedo es causa y consecuencia de la conducta neurótica, y hasta cierto punto es también su definición, porque el miedo condiciona, limita, restringe, empequeñece y distorsiona.
  • Todos hemos sentido, sentimos y sentiremos miedo. Algún miedo.
  • Algunas emociones culturalmente aceptables y hasta deseables que muchas veces esconden miedo: fastidio, asco, timidez, malos recuerdos, aprensión, rechazo, repugnancia, resistencia, odio, precaución, obediencia, incomodidad, veneración, desagrado, repulsión, respeto, disgusto, irritación, desconfianza, “cosa”.
  • Un individudo sano, quiero decir absolutamente sano, una inexistente construcción teórica, se asustaría frente a una situación de peligro, la recordaría y aprendería de su experiencia, pero no condicionaría su conducta posterior por el miedo.
  • Eso que llamamos miedo incluye muchas cosas: miedo, susto, temor, fobia, terror, pánico, espanto, pavor.
  • So yo no fuera capaz de asustarme, habría situaciones de peligro de las cuales no podría defenderme.
  • Nadie podría seguir infinitamente expuesto a una situación peligro si no amortiguara su respuesta emocional.
  • Una vez que un miedo se transforma en susto, entonces uno lo puede dominar y vencer.
  • El miedo, dice Krishnamurti, es un invento del pensamiento, lo cual significa que nuestros miedos los inventamos nosotros, que son una construcción nuestras.
  • El miedo, tanto el sano como el patológico son inventos del pensamiento.
  • Puedo tener miedo de algo que, quizás, no llegue a pasar nunca.
  • Georg Groddeck dice que cada miedo, profundamente esconde un deseo.
  • Todos los miedos que tenemos los hemos aprendido, no son innatos.
  • “Ten cuidado” es “ten miedo”, “el mundo es peligroso” o “hazte cargo de que no te ocurra nada”. Y, sobre todo, porque implica un lúgubre mensaje: “Cuídate porque yo no podría vivir si algo te ocurriera”.
  • Recuérdalo siempre: la emoción es la mitad del proceso, la otra mitad es lo que uno hace con esa emoción.
  • La emoción, en el mejor de los casos, siempre finaliza en acción y, si no lo hace, se cambia a inquietud. Así se llega a la verdadera situación de indecisión, y aquellas movilización que originariamente se podía transformar en excitación se convierte, ahora sí, en ansiedad, esta vez displacentera y dañina.
  • Cuando esta situación de indecisión y ansiedad se mantiene, la primera se transforma en parálisis y la segunda en angustia.
  • En realidad el ataque de pánico no es una enfermedad del miedo, es una enfermedad de la ansiedad.
  • Hay un tipo de “ansiedad” que puede ser inútil, aquella que nunca consigue transformarse en motivación.
  • Si caigo en la parálisis y la angustia, y me quedo mucho tiempo detenido en ese estado, en vez de aterrizar en el miedo, aterrizo en la depresión.
  • Unos de los síntomas principales de la depresión es la disminución del compromiso con el mundo exterior y el aletargamiento de la vivencia emocional interna, todo empezará a suceder desde detrás de un cortinaje. Como si la realidad estuviera muy lejos y se revolcara silenciosa entre algodones.
  • No confundas depresión con tristeza porque son dos cosas diferentes. Cuando estoy verdaderamente deprimido no siento; no tengo grandes sensaciones ni registro sentimientos demasiado profundos.
  • En la depresión, al dejar de tener registro del estímulo, dejo de tener vivencia de la emoción. Y si pierdo ambos registros, desaparece la necesidad de respuesta, y el aletargamiento de mi casi ausencia me protege. Por supuesto que no es sano, aparece como un mecanismo evitador y no sanador.
  • La mayor parte de las veces, el deprimido no tiene ganas de nada, ni siquiera de suicidarse.
  • Deprimido es aquel que se encierra en su casa y se queda en la cama durante semanas, y no sale porque siente que no tiene sentido hacerlo.
  • Sostener esta situación y seguir cumpliendo con las tareas que se tienen que hacer mientras se está deprimido, es realmente heroico. Toda persona que se halle en una situación como ésta terminará irremediablemente herida por la vivencia y posiblemente con una cicatriz como recuerdo.
  • Únicamente alguien que ha estado realmente deprimido puede entenderlo.
  • La persona triste está hiperemotiva, tiene aumentada su sensibilidad, le pasan muchas cosas aunque todas le parezcan displacenteras, la persona que está deprimida en cambio tiene disminuida su capacidad de emocionarse, pareciera que no le pasa nada.
  • La depresión nos acerca mucho al peligroso estado de la verdadera indiferencia. Alguien profundamente deprimido podría dejarse morir y que le dé exactamente igual.
  • Una tristeza muy profunda, sostenida durante un tiempo prolongado o mal elaborada puede frecuentemente, por sobreestimulación, terminar en una depresión profunda.
  • El miedo se vence actuando y no hay otro camino.
  • A todos aquellos que tienen miedo de viajar en avión una de las cosas que les recomiendo es que, si está en sus posibilidades, hagan un curso de piloto, aunque sea unas pocas clases.
  • Los sedantes tomados indiscriminadamente durante mucho tiempo pueden frenar la capacidad de movilizar las energías necesarias y condenar a todas las decisiones a que queden sin fuerza para ser actuadas, pudiendo terminar como dijimos en una depresión por inacción.
  • El único antídoto que hay para no tenerle miedo a la muerte es conectarse con la acción de estar vivo.
  • Básicamente hay sólo tres miedos fundamentales. Miedos arcaicos, innatos, esenciales en todos nosotros. El miedo a la soledad. La sensación de impotencia. Miedo a perder el manejo de las cosas, el temor al descontrol.
  • En la decrepitud imaginamos y tememos la soledad, la impotencia y el descontrol.
  • Una regla que es inalterable: un ser vivo siempre está creciendo o envejeciendo. Todos los seres vivos están evolucionando o involucionando, creciendo o envejeciendo y no hay otra posibilidad.
  • Nuestro cuerpo empieza a envejecer a los 25 o 26 años, pero no pasa lo mismo con nuestro intelecto, con nuestras emociones, con nuestro espíritu. Nosotros podemos crecer a nivel psicológico, a nivel espiritual, a nivel psíquico, a nivel intelectual indefinidamente. No hay ningún límite.
  • En la antigüedad, cuando la pena de muerte parecía una condena insuficiente para castigar a un criminal, se lo desterraba. El destierro era peor castigo que la muerte.
  • Para la psicología, cualquier tipo de respuesta que alguien tenga ante un estímulo es una conducta, aunque la respuesta sea la falta de respuesta.
  • Si me señalas a diez individuos culposos, me estás mostrando diez individuos exigentes.
  • Toda violencia es resultado de la impotencia.
  • No olvides que las emociones son energía que fluye en nuestro interior y que están allí para transformarse en acción. Como hemos visto si uno no transforma las emociones en acción, esas energías se quedan dentro estancadas, como si fueran una bomba de tiempo.
  • Este mecanismo por el cual me hago a mí mismo lo que en re alidad quiero hacerle a otro, se denomina retroflexión. La culpa es la retroflexión de una agresión sentida frente a una exigencia muchas veces imaginarias. La culpa empieza y termina en uno, pero no como autoexigencia, sino como autoreflexión.
  • Algunas veces, la indiferencia es sólo una excusa tibia de los que no nos permitimos conectarnos con nuestra agresividad ni siquiera para defendernos.
  • Si cada vez que uno se siente culpable pudiera revertir el proceso de retroflexión y reorientar la agresividad, es decir, volver la agresión hacia donde originalmente estaba dirigida, inmediatamente dejaría de sentir culpa.
  • ¿Por qué me voy a enfadar con mis padre? Primero y fundamental, porque no les perdono envejecer. Me molesta muchísimo que no sea joven, me crea complicaciones que no se pueda trasladar valiéndose de sus propios medios, me asusta que haya envejecido, me molesta muchísimo su decadencia, no tolero que no pueda valerse por sí misma, y me irrita tener que hacerme cargo de su decadencia más porque ellos estén decadentes que porque lo tenga que hacer.
  • Existen tres formas fundamentales en las cuales podemos retroflexionar el cabreo y agredirnos por no actuar ese cabreo con el otro. Uno es la culpa, otra es la depresión y la tercera es a través de las enfermedades psicosomáticas.
  • La exigencia conecta con la resistencia. Si la exigencia es una acción, la reacción es “no quiero”; es decir, si me exigen, no quiero.
  • Ningún culposo es sólo culposo; también es un exigente que se siente exigido.
  • En el sentimiento de culpa siempre tienen que estar presentes tres elementos: un otro que te exija (aunque su exigencia no sea real), que tú sientas cabreo y, además, que no te atrevas a actuarlo.
  • Nadie puede hacerme sentir culpa, amor, odio ni nada. Estas sensaciones y sentimientos son míos, no del otro.
  • Lo que calma la angustia es darnos cuenta de que no somos omnipotentes. Quizás sea la estúpida exigencia de no equivocarnos nunca lo que termina por desembocar en lo que nos asusta nuestra impotecnai.
  • El verdadero solidario, el que de verdad ayuda a otro, es alguien que es capaz de ayudar pero no porque se siente culpable, sino porque siente placer al ayudar.
  • Lamentablemente, es tan poco frecuente encontrar a los que han descubierto el placer de ayudar, que todas las asociaciones de beneficiencia del universo se sustentan en la culpa para poder conseguir que la gente haga su aportación; y lo hacen así porque no consiguen nada de otra manera, no porque les parezca lo mejor.
  • La más denigrante de las maneras de disimular la culpa: la lástima. Si la culpa es la transformación de los sentimientos auténticos en un falso sentimiento, la lástima es peor, porque ni siquiera es un sentimiento, es sólo un pensamiento basura.
  • La lástima es el sentimiento de los soberbios, de los que se sienten por encima de los demás. Prima hermana del desprecio, es casi lo peor que se puede sentir por alguien.
  • La culpa es, en última instancia, lo único que impide que los hombres se maten unos a otros.
  • Yo he aprendido en mi experiencia como paciente y como terapeuta que la culpa actúa en nosotros como un subproducto exclusivamente educativo, muchas veces antinatural y en general bastante pernicioso. Y creo más aún, creo que la culpa es de hecho uno de los símbolos emblemáticos de nuestras neurosis.
  • ¿Por qué la educación nos enseña a sentirnos culpables si es tan dañino?
  • La culpa sólo sirve para crearnos conflictos, para volvernos más y más neuróticos, menos y menos auténticos.
  • La culpa es el bozal que les cabe sólo a los que no muerden.
  • Quiero pedirte que te quedes pensando solamente en algunas pocas ideas:
    • Hay que dejar que salgan las emociones.
    • Hay que sacarlas hacia donde van dirigidas.
    • Ho hay que reprimir, ni tragarse las cosas.
    • No hay que retroflexionar, ni las buenas ni las malas, ni las positivas ni las destructivas, ni las mejores ni las peores.
    • No hay que vivir regalando compulsivamente cosas cuando en realidad necesito que alguien me regale alguna vez algo a mí.
    • No hay que vivir enfadándome conmigo para no enfadarme con aquellos que me colman de sus expectativas.
    • Hay que asumir la total responsabilidad de todo lo que hacemos, de todo lo que decimos y de todo lo que decidimos no hacer y no decir.
    • Si la hacemos así, no habrá más necesidad ni motivo para sentirse culpable.
    • Y sin culpas la vida será mucho, pero mucho más placentera.

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raul

4 comentarios para “De la autoestima al egoísmo de Jorge Bucay – Apuntes”

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