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El camino de las lágrimas de Jorge Bucay – Apuntes

Posted by Raul Barral Tamayo en jueves, 14 de noviembre, 2019


© 2001, Jorge Bucay
Editorial: Random House Mondadori.

La autodependencia, el amor, el dolor y la felicidad son los cuatro caminos que, según Jorge Bucay conducen a la plenitud del ser humano, cuatro proyectos que cada uno ha de recorrer desde su experiencia personal y a su propio ritmo.

El camino de las lágrimas es «el más duro de los caminos», el del duelo y las pérdidas, pero es imprescindible porque no podremos seguir rumbo si no dejamos atrás lo que ya no está con nosotros.

Jorge Bucay nació en Buenos Aires en 1949. En esta ciudad estudió y se licenció en medicina, y después se especializó en enfermedades mentales. Su trabajo de psiquiatra y psicoterapeuta se desarrolló primero en clínicas y consultorios médicos y posteriormente en foros públicos, bibliotecas, colegios y teatros hasta llegar a la radio y a su propio programa en la televisión abierta de Argentina. Más tarde se dejó atrapar por su otra actividad: la escritura. Actualmente vive entre Buenos Aires y Málaga. Alejado de la tarea asistencial, dedica su tiempo a las dos actividades con las que más disfruta: leer y escribir.

Algunas de las cosillas que aprendí leyendo este libro que no tienen porque ser ni ciertas ni falsas ni todo lo contrario:

  • Aunque parezca increíble, todos pensamos, al comenzar este camino, que es insoportable.
  • Hemos sido entrenados por los más influyentesde nuestros educadores para creer que somos  básicamente incapaces de soportar el dolor de una pérdida, que no podríamos aguantar ni siquiera un momento el sufrimiento extremo de una pérdida importante, porque la tristeza es nefasta y destructiva …
  • Como casi siempre sucede, estas «creencias» aprendidas y transmitidas con nuestra educación son una compañía peligrosa y actúan la mayoría de las veces como grandes enemigos que empujan a costos mucho mayores que los que supuestamente evitan.
  • Cada vez que construyamos la certeza de que algo irremediablemente siniestro va a pasar, no sabiendo cómo (o sabiéndolo) nos ocuparemos de producir, de buscar, de disparar o como mínimo de impedir que algo (aunque sea un poco) de lo terrible y previsto efectivamente nos pase.
  • Cuando creemos y confiamos en que de alguna forma se puede seguir adelante, nuestras posibilidades de avanzar se multiplican.
  • Uno de los más condicionantes y falsos mitos culturales que aprendimos con nuestra educación es justamente el de que no estamos preparados para el dolor ni para la pérdida.
  • Siempre hay un dolor cuando se deja en el antes algo que era.
  • No se puede evitar que duela.
  • Las cosas que uno deja, siempre tienen que elaborarse. Siempre tiene uno que dejar atrás las cosas que quedaron en el ayer. Lo que quedó atrás en el pasado ya no está aquí, ni siquiera, repito, ni siquiera si sigue estando …
  • Hace 30 años que estoy casado con mi esposa, yo sé que ella es siempre la misma, tiene el mismo nombre, el mismo apellido, la puedo reconocer, se parece bastante a aquella que era, pero también sé que no es la misma.
  • Que el presente sea mejor que el pasado no significa que yo no tenga que elaborar el duelo.
  • No vivimos en la realidad sino en nuestra imagen de ella.
  • Un camino que empieza cuando sucede o cuando me doy cuenta de una pérdida, y termina cuando esa pérdida ha sido superada.
  • A lo largo de nuestras vidas las pérdidas constituyen un fenómeno mucho más amplio y, para bien o para mal, universal. Perdemos no sólo a través de la muerte sino también siendo abandonados, cambiando, siguiendo adelante.
  • Nuestras pérdidas incluyen también las renuncias conscientes o inconscientes de nuestros sueños románticos, la cancelación de nuestras esperanzas irrealizables, nuestras ilusiones de libertad, de poder y de seguridad, así como la pérdida de nuestra juventud, aquella irrereverente individualidad que se creía para siempre ajena a las arrugas, invulnerable e inmortal.
  • Somos absolutamente incapaces de poder ofrecer a nuestros seres queridos la proteccion que quisiéramos contra todo peligro, contra cualquier dolor, contra las frustraciones, contra el tiempo perdido, contra la vejez y contra la muerte.
  • Somos quienes somos gracias a todo lo perdido y a cómo nos hemos inducido frente a esas pérdidas.
  • Este camino, el de las lágrimas, es el que nos enseña a aceptar el vínculo vital que existe entre las pérdidas y las adquisiciones.
  • Este camino señala que debemos renunciar a lo que ya no está, y que eso es madurar.
  • El objetivo último del camino de las lágrimas es la elaboración del duelo por una pérdida.
  • Como lo dice Sigmund Freud en Melancolía y duelo, la elaboración del duelo es un trabajo … un TRABAJO. El trabajo de aceptar la nueva realidad. El proceso de aceptación.
  • Después de que me doy cuenta o tomo conciencia de lo que pasa, se movilizan mis emociones.
  • Comenzar de nuevo, dejar atrás, aprender otras formas, no depender de la mirada de alguien, caminar sin bastones … éstas y no otras son las cosas que han hecho de nosotros, los adultos, las personas que finalmente somos.
  • Nadie puede crecer si no ha experimentado antes en sí mismo gran parte de las emociones y sensaciones que definen las palabras de esta lista.: impotencia, desesperación, irreversibilidad, autorreproche, desolación, llanto, enojo, sufrimiento, dolor, soledad, vacío, miedo, ausencia, tristeza, desamparo, desasosiego, angustia, extrañeza, desconcierto, muerte, nostalgia.
  • Se evoluciona y aprende desde las frustraciones. Nadie puede moverse hacia su madurez sin dolor.
  • Los duelos son experiencias imprescindibles y parte de nuestro crecimiento.
  • Un duelo siempre ha sido algo personal y siempre lo va a ser.
  • Cada uno de nuestros duelos es único y cada manera de afrontarlos es irrepetible …
  • Ayudar en un duelo implica conectar a quien lo padece con el permiso de expresar sus emociones, cualesquiera que sean, a su manera y en sus tiempos.
  • Todos los terapeutas estamos de acuerdo en que la posibilidad de encontrar una forma de expresión de las vivencias internas ayudará a quienes están transitando por este camino a aliviar su dolor.
  • En el duelo siempre hay algo que se me saca, algo a lo que no hubiera querido renunciar, algo que no hubiera deseado perder.
  • La palabra pérdida nos habla de la imposición que la vida me hace obligándome a conceder mucho más de lo que estaría dispuesto a dar.
  • Conectarse quiere decir ESTAR en sintonía con lo que está pasando, es decir, establecer una relación entre lo que hago, lo que siento, lo que percibo y el estímulo original.
  • No sólo las grandes pérdidas generan duelos sino que cada pérdida lo implica.
  • Me guste o no, voy a ser abandonado por cada persona, por cada cosa, por cada situación, por cada etapa, por cada idea, tarde o temprano, pero inevitablemente.
  • Lo que sigue a aferrarse siempre es el dolor.
  • Mucha gente cree que no aferrarse significa no comprometerse. Un concepto que yo no comparto pero entiendo.
  • La manera de no padecer «de más» no es no amar «de menos», sino aprender a no quedarse pegado a lo que no está, cuando el momento de la separación o de la pérdida nos toca.
  • La salud de tus relaciones con los demás se mide según tu manera de estar, comprometidamente mientras dure, pesquisar, detectar y revisar si esto que tenés es lo que tenés o es el cadáver de aquello que tuviste; y si es un cadáver, comprometidamente despedirte de él y con igual compromiso salirte de lo que ya se terminó.
  • A veces, no soltar es la muerte.
  • Todos tenemos una tendencia a aferrarnos a las ideas, a las personas y a las vivencias. Nos aferramos a los vínculos, a los espacios físicos, a los lugares conocidos, con la certeza de que esto es lo único que nos puede salvar.
  • Deseos, apegos, anhelos y expectativas; he aquí las raíces de nuestro sufrimiento.
  • La solución es dejar de desear. Aceptar. Soltar. Dejá de pretender tener ya todo lo que quisieras tener en este momento, material, afectivo o espiritual, y el sufrimiento va a desaparecer.
  • Identificamos ser felices con nuestro confort, con el éxito, con la gloria, con el poder, con el aplauso, con el dinero, con el gozo, con el placer instantáneo; y no parecemos estar ni un poquito dispuestos a renunciar a algo de eso. Ni a cambio de ser felices. Sabemos que gran parte de nuestro sufrimiento proviene de lo que hacemos diariamente para tener estas cosas, pero nadie puede convencernos de que renunciemos a ello.
  • Es imprescindible desarrollar la habilidad de desear sin quedarme atrapado en el deseo, querer sin agarrarme como se agarra un alpinista de la soga que cree que le va a salvar la vida. En pocas palabras, aprender a soltar.
  • Si yo pudiera descubrir mi posibilidad de disfrutar en cualquier de las situaciones, si yo puedo imaginar algún grado de alegría en cada de las posibilidades, entonces no habría ningún sufrimiento esperándome en el ejemplo.
  • El tema está en el apego, en mi manera de relacionarme con mis deseos. El problema es no saber entrar y salir de las situaciones. No poder aceptar la conexión y la desconexión con las cosas. No haber aprendido que el obtener y el perder son parte de la dinámica normal de la vida considerada feliz.
  • Vivir los cambios es animarnos a permitir que las cosas dejen de ser para que den lugar a otras nuevas cosas.
  • No hay una ganancia importante que no implique de alguna forma una renuncia, un costo emocional, una pérdida.
  • Parece evidente que cuanto mayor sea el apego que siento a lo que estoy dejando atrás, mayor será el daño que se produzca a la hora de la separación, a la hora de la pérdida, a la hora de vivir el duelo.
  • Tengo que aceptar que el mundo no es como yo quiero que sea, y esto implica un duelo para elaborar.
  • El dolor ocupa el espacio. El dolor llena los huecos. El dolor evita el agujero del alma.
  • Me parece que todo el misterio de poder lidiar con nuestras pérdidas no consiste en otra cosa que en animarse justamente a vivir los duelos, animarse a dolerse como parte del camino, animarse a padecer el dolor. Y digo el dolor, no el sufrimiento. Sufrir es quedarse «amorosamente» vinculado a la pena como antes me vinculaba al placer que me daba lo perdido.
  • En el proceso interno de la elaboración de una pérdida se establece una lucha, un duelo de hegemonías; por ejemplo, entre la parte de mí que acepta la pérdida, atada a la realidad, y la otra, la que quiere retener, la que no está dispuesta a soltar lo que ya no está.
  • La negación es una forma de fuga, un vano intento de huida de lo doloroso. Digo vano porque la negación nos lleva al punto de partida; no resuelve nuestra pérdida, sólo la posterga y apuesta a que lo podrá hacer eternamente.
  • El desvío hacia el sufrimiento en cambio es la decisión de no seguir avanzando. Nos detenemos y nos apegamos a lo que se fue, reconociendo que no está pero instalándonos en el lugar del sufrimiento. Sufrir es cronificar el dolor.
  • El sufrimiento siempre es una enfermiza manera de lealtad con los ausentes. Es como volverse adicto al malestar.
  • El dolor siempre tiene un final, en cambio el sufrimiento podría no terminar nunca.
  • La manera en que el sufrimiento podría perpetuarse es desembocando en una enfermedad llamada comúnmente depresión. La depresión no es la tristeza, el uso popular indistinto es un gran error y una fuente de dañinos malos entendidos. La depresión es una enfermedad de naturaleza psicológica, que si bien incluye un trastorno del estado de ánimo, excede con mucho ese síntoma.
  • Vivimos en un mundo de adquisiciones y de posesiones a las cuales nos quedamos agarrados.
  • El duelo es el doloroso proceso normal de elaboración de una pérdida, tendiente a la adaptación y armonización de nuestra situación interna y externa frente a una nueva realidad.
  • Un duelo se ha completado cuando somos capaces de recordar lo perdido sintiendo poco o ningún dolor, cuando hemos aprendido a vivir sin él, ella, sin eso que no está. Cuando hemos dejado de vivir en el pasado y podemos invertir de nuevo toda nuestra energía en nuestra vida presente y en los vivos a nuestro alrededor.
  • Los diez SÍ:
    1. Date permiso para sentirte mal, necesitado, vulnerable.
    2. Confía en tus recursos para salir adelante.
    3. Estamos a veces tan cegados por nuestra propia cólera, dolor, o desgano que no vemos las «nuevas puertas» que se abren.
    4. Tenés que aceptar esta dura realidad: Estás en el cmino de las lágrimas y no hay retorno.
    5. Llega un momento en que sabés que es necesario soltar el pasado. La vida te espera llena de nuevas posibilidades.
    6. Es necesario valorar las cosas buenas que seguimos encontrando en nuestra vida.
    7. Las tres D: mucho descanso, algo de disfrute y una pizca de diversión.
    8. Hacer el duelo significa también aprender a vivir sin algo, sin alguien, de otra forma.
    9. Lo que importa no es coincidir en una posición respecto a la muerte, sino establecer que es una de las cosas que cada uno debe tener definida.
    10. Cuanto tengas una parte del camino recorrida, hablales a otros sobre tu experiencia.
  • Los diez NO:
    1. Nunca cierres tu corazón al dolor. Registrá y expresá las emociones que surjan, no las reprimas. No te hagas el fuerte, no te guardes todo para adentro.
    2. Presta atención a tu propio cuerpo.
    3. No te apures.
    4. Algunas cosas simplemente no son para ser manejadas por uno solo.
    5. No te maltrates.
    6. El miedo a volverse loco. Todos podemos vivir sentimientos intensos de respuesta a la situación de duelo sin que esto nos lleve a ningún desequilibrio.
    7. No seas exigente con los demás. Ignora los intentos de algunas personas de decirte cómo tenés que sentirte y por cuánto tiempo.
    8. No dejés de pedir ayuda. No interrumpas tu conexión con los otros.
    9. No tomes decisiones importantes. Se deben tomar en momentos de suma claridad, y no mientras nos inunda un cierto grado de confusión inevitable.
    10. No intentes olvidar lo que pasó; al contrario, recuerda. Sin morbosidad pero sin escapismos.
  • Vas a vivir momentos duro y emociones displacenteras intensas en un momento en el que estás muy vulnerable. No te exijas entonces demasiado. Respetá tu propio ritmo de curación.
  • Es una gran tentación quedarse refugiado en la idea de que desde el cielo el otro está y me cuida. No tiene nada de malo la creencia religiosa de cada uno, al contrario, es un excelente aliado, pero cuidado con utilizarla para minimizar su desapareción física. Cuidado con llegar a creer que entonces no necesito hacer el duelo.
  • Hay muchas cosas que se pueden tener sin resolver, pero las cuatro o cinco que es necesario tener «acomodadas»: su identidad sexual; su posición filosófica; su relación con sus viejos; su proyecto de vida; y una postura frente a la muerte.
  • Cuando las penas se comparten su peso se divide.
  • Cuando el alma te duele desde adentro no hay mejor estrategia que el llorar.
  • No te guardes todo por miedo a cansar o molestar.
  • No te crees expectativas mágicas. Estate preparado para las recaídas. Un suceso inesperado, una visita, el aniversario, la Navidad te vuelve al principio. No es así.
  • No podés llorar hoy lo de mañana, ni seguir llorando lo de ayer. Para hoy es tu llanto de hoy, para maána el de mañana. Viví solamente un día cada día.
  • Es el momento de aprender a no pedir que las cosas se resuelvan de la manera que quisiéramos que resultaran.
  • Uno de los momentos más difíciles del duelo suele presentarse después de algunos meses de la pérdida, cuando los demás comienzan a decirte que ya tendrías que haberte recuperado. Sé paciente. No te apures. Respeta tus formas, tus tiempos y tus espacios. Jamás te persigas creyendo que ya deberías sentirte mejor.
  • El peor enemigo en el duelo es no quererse.
  • Habrá personas que te dirán: «Tenés que ser fuerte». No les hagas caso. No tenés que ser nada ni dejar de ser nada.
  • La culpa es una versión autodirigida del resentimiento, es la retroflexión de la bronca. La culpa no dura, porque es ficticia, y cuando se queda nos estanca en la parte mentirosa omnipotente y exigente del duelo.
  • La depresión aparece justamente cuando me declaro incapaz de transformar mi emoción en una acción.
  • De la desolación se empieza a salir identificándonos con algunos aspectos del muerto y a veces hasta idealizando transitoriamente algunas características, para poder hacerlas mías. Cuando el proceso es normal sucede como una revalorización un poco exagerada de las virtudes reales del ausente y da lugar a la razonable crítica posterior.
  • Uno llora a aquéllos gracias a quienes es.
  • Cuando me doy cuenta de que todo lo que esa persona me dio no se lo llevó con ella, cuando me doy cuenta de que puedo tener dentro de mí lo que esa persona dejó en mí, es una manera de tener a la persona conmigo.
  • La discriminación y la interiorización me permitirán aceptar la posibilidad de seguir adelante, a pesar de que, como en todas las heridas, también quedará una cicatriz. ¿Para siempre? Para siempre. ¿Entonces no se supera? Se supera pero no se olvida.
  • Etapas del duelo normal:
    • Incredulidad: Parálisis, negación, confusión.
    • Regresión: Llanto explosivo, berrinche, desesperación.
    • Furia: Con el causante de la muerte, con el muerto por abandono.
    • Culpa: Por no haberlo podido salvar, por lo que no hicimos.
    • Desolación: Impotencia, desasosiego, pseudoalucinaciones, idealización, idea de ruina.
    • Fecundidad: Acción dedicada, acción inspirada, identificación.
    • Aceptación: Discriminación, interiorización.
  • Pensar que alguien puede terminar de elaborar el duelo de un ser querido en menos de un año es difícil, si no mentiroso. Porque en un año suceden la mayoría de las primeras veces. Y las primeras veces son siempre dolorosas y porque aunque suene estúpido cada primera vez es la primera vez sin él o sin ella.
  • Quizás los tiempos naturales se correspondan con lo que decían nuestras abuelas: Un mes de duelo absoluto; seis meses de luto riguroso; un año de medio luto; 24 meses de guardar constricción.
  • Creo que si después del primer año uno sigue clavado en el lugar del primer día, quizás sea una buena idea pedir ayuda. A veces es imprescindible que alguien me acompañe en el proceso, aunque más que no sea para mostrarme por dónde no está la salida del laberinto.
  • Estos son los objetivos del duelo: elaborar, resituarse, reubicar.
  • Los ritos, aprendí yo de mis pacientes, son importantes. Designar un espacio, un momento y un lugar para conectarse con el dolor, funciona de verdad.
  • Si el camino no se recorre por completo porque el caminante decide quedarse en algún lugar del recorrido, si se tarda más tiempo del razonable en llegar a destino o si pierde el rumbo en un desvío, hablamos de duelo patológico.
  • Un duelo patológico es siempre la expresión de una patología previa, es decir hay algo que está complicado desde antes y que sale a luz con el proceso de duelo.
  • Muchas veces en una separación no hay duelo ostensible, no por una patología, sino porque el verdadero duelo se hizo antes de la decisión final. En estos casos no se trata de verdaderos duelos ausentes sino de duelos anticipados.
  • La salida sana es aceptar que el que se murió quizás era en muchos sentidos maravilloso y en muchos otros no tanto, y en algunos pocos una mierda, como todos.
  • Idealizar es deshumanizar, y también, como con los vivos, es una manera de no aceptarte.
  • Me parece importantísimo poder perdonar al difunto, pero no olvidar quién fue en vida. Perdonar es cancelar sus deudas, pero no es olvidar que no las pagó.
  • El Tiempo es el único uqe puede ayudarte cuando el dolor de una pérdida te hace creer que no podés seguir.
  • Pierre Cornelle: «Hablar de nuestra pena nos ayuda a calmarla».
  • Rochlin: «Somos seres imperfectos limitados por lo imposible».
  • La muerte de un ser querido, cualquiera que sea el vínculo, es la experiencia más dolorosa por la que puede pasar una persona.
  • No hay ninguna duda de que las herramientas más útiles en estos momentos son un abrazo cariñoso, la posibilidad de compartir nuestra historia, el llanto acompañado, el hombro firme dispuesto a recibir nuestra cabeza cansada y el oído amoroso atento a nuestra necesidad de hablar. Nadie mejor que nuestra familia para atender estas demandas.
  • Uno de los aspectos más sorprendentes que aparecen frente a una muerte es el darse cuenta de que no todos manifestamos nuestro dolor de la misma forma.
  • En general, cuanto más rápida, imprevista y traumática sea la muerte, mucho mayor será el impacto emocional, y lo mismo sucederá cuanto más afecte esa pérdida a la vida diaria del sujeto.
  • La elaboración de un duelo estará condicionada por el grado de facilidad o dificultad que tenga la persona a la hora de expresar lo que siente.
  • Los diez factores que intervienen a la hora de determinar el previsible grado de salud de un duelo:
    1. Calidad de la relación con la persona (íntima o distante, asuntos inconclusos).
    2. Forma de la muerte (por enfermedad o accidente, súbita o previsible).
    3. Personalidad de uno (temperamento, historia, conflictos personales).
    4. Participación en el cuidado del ser querido antes de fallecer.
    5. Disponibilidad o no de apoyo social y familiar.
    6. Problemas concomitantes (dificultades económicas, enfermedades).
    7. Pautas culturales del entorno (aceptación o no del proceso de duelo).
    8. Edades extremas en el que pena (muy viejo o muy joven).
    9. Pérdidas múltiples o acumuladas (perder varios seres queridos al mismo tiempo).
    10. Posibilidad de ayuda profesional o grupal (capacidad de pedir ayuda).
  • La muerte por suicidio merece en este apartado un matiz adicional dado que como normal suele dificultar y a veces hasta impedir la elaboración y superación del duelo. La mayoría de las veces, por más que uno lo intenta, nunca consigue entender las razones que llevaron a un ser querido a quitarse la vida.
  • Un duelo por suicido puede necesitar más tiempo para sanar. Habrá que ser paciente y trabajar mucho la idea del respeto por la elección del otro, aunque uno no esté de acuerdo, aunque se sienta perjudicado, aunque no lo entienda.
  • Los siguientes aspectos están siempre presentes en el duelo anticipado: tristeza; preocupación por la persona que va a morir; ensayo del deceso; ajuste previo a las consecuencias de la muerte; vivencia efectiva de la despedida, a veces mutua.
  • La consecuencia más extrema e irreversible es lo que se ha dado en llamar el «síndrome del corazón roto», donde la muerte del cónyuge precipita la propia.
  • Cuando un hijo se muere y la preja se mantiene unida, hay dos a los que les está pasando lo mismo, hay alguien que puede comprender, porque lo comparte, lo que nos pasa. En cambio cuando la pareja es la que muere, a nadie …, repito, a nadie, le está pasando lo mismo. Estamos verdaderamente solos en nuestro dolor.
  • El gran desafío es poder encontrar las herramientas y los recursos necesarios para reconstruirse y hacer frente a una vida que por ser totalmente distinta se nos aparece tan difícil.
  • Lopata define hasta diez «tipos de soledad» diferentes que podrían llegar a padecer (a la vez) aquellos que viven el duelo por la muerte de la pareja:
    1. Extrañan a la persona en concreto.
    2. Extrañan el hecho de sentirse queridos.
    3. Extrañan la posibilidad de querer a otro.
    4. Extrañan una relación profunda.
    5. Extrañan la sensación de que hay alguien en casa.
    6. Extrañan la posibilidad de compartir las tareas.
    7. Extrañan la forma de vida de la gente casada.
    8. Extrañan la satisfacción de ir acompañados.
    9. Extrañan la vida sexual.
    10. Extrañan las amistades en común.
  • Ellos dirán de sí mismos: «Yo soy yo y todo lo que sé hacer». Las mujeres dirían en cambio: «Yo soy yo y todos aquellos a quienes amo».
  • Después de una pérdida se puede volver a amar, a pesar del dolor, y a sorprendernos sabiendo que el dolor y el amor pueden no solo sucederse sino además coexistir.
  • La persona que murió no se pierde, porque, como hemos visto, es interiorizada emocionalmente. Lo que quedan vacantes son los roles que ocupaba.
  • Mientras yo me crea que nunca podría algo, cualquier cosa, lo más seguro es que no voy a poder.
  • Si yo me creo que no voy a poder soportar tu ausencia, si me creo que no puedo seguir sin vos, si me convenzo de que mi vida ha terminado, es posible que todo eso suceda.
  • Según los especialistas, un duelo termina cuando uno puede volver a insertarse en la vida con nuevos proyectos.
  • Después de la muerte de tu pareja es ciertamente muy difícil permitirse una nueva relación. No es indispensable hacerlo, pero es importantísimo saber que es posible.
  • Sigmund Freud: «Recordar es el mejor modo de olvidar».
  • La dependencia mutua nunca sirve para completar ni para conectar con el otro. Sólo sirve para tironear, para retener, para atrapar al otro y creer que con eso impido para siempre que se pueda ir. Esto no es estar juntos ni tiene que ver con el amor. Esto es un disfraz de la manipulación y un intento de controlar la vida del otro.
  • No tenés el poder de hacerme feliz, nunca lo tuviste, aunque yo quiera concedértelo, aunque vos quisieras tenerlo, y por eso, tampoco el poder de hacerme infeliz. Me puede lastimar algo que hagas, algo que digas, eso sí, seguramente. Pero. ¿hacerme sufrir?, la verdad es que no.
  • Seguir llorando aquello que ya no está, me impide disfrutar esto que tengo ahora.
  • Las cosas NUNCA son como eran. Nunca es lo mismo.
  • Cuando ya no sirve, cuando ya no quiere, cuando ya no es, es el tiempo de soltar.
  • No existe un amor que no se apoye en la libertad.
  • El final de la historia de una pareja nunca está determinado por la fuerza o la habilidad de cada uno de los dos para mantener prisionero al otro.
  • Te puedo garantizar que podés soportar lo que sigue. Si no te aferrás superarás el duelo. Si no pretendés retenerlo vas a sobrevivir a la pérdida. Salvo que vos estés convencido de que te vas a morir por esto.
  • Es sabido que los hombres tienden a abstraerse de la visión global refugiándose en el detalle. Las mujeres son capaces de actuar guiadas por sus emociones e intuiciones en lugar de someter todo a la tiranía del pensamiento lógico.
  • El hombre tiende a resolver el problema adentro antes de accionar en el afuera. Las mujeres se animan a expresar sus emociones con autenticidad en lugar de rumiar para adentro el dolor.
  • Se puede (y sucede) estar de duelo por la conciencia de la pérdida de la juventud, la amenaza de la salud, la cancelación definitiva de las perspectivas, la pérdida efectiva de ciertas posesiones …
  • Lo que nos venía de nuestros abuelos o padres: «Lo que no se hace hasta los 40, después no se hace». Ahora, cerca de los 60, yo no creo que sea así para nada, ni siquiera a mi edad.
  • En algún momento entre los 40 y los 50 todos comenzamos a pensar en el pasado.
  • Ignacio Quintana: «El hombre que envejece con amargura, envejece con odio, resentimiento. Sus arterias se envenenan, mortifican el cerebro y producen la metamorfosis de la sangre en hielo. La amargura conduce al viejo a la muerte y a los suyos a la tragedia».
  • Dice Elena Jabif que frente a la vejez hay siempre cuatro posiciones. Tres de ellas son dramáticamente tristes: la del viejo que se cree viejo, la del viejo que se cree joven y la del viejo que se cree muerto. La cuarta suena maravillosa y factible, es la del viejo que vive la segunda parte de su vida con tanto coraje como la primera.
  • Enfrentarse con el duro diagnóstico de una enfermedad de mal pronóstico, aunque sea a largo plazo, nos adentra en un recorrido que se elabora en cinco etapas: negación, ira, negociación, depresión, aceptación.
  • La negación es un mecanismo normal que nos ha acompañado a lo largo de toda nuestra vida y ante la noticia de una muerte factible se hace presente para conceder una  tregua entre la psiquis y la realidad.º
  • La aceptación solamente aparece cuando la persona ha podido elaborar su ansiedad y su cólera, ha resuelto sus asuntos incompletos y ha podido abandonar la postura autodiscapacitante de la depresión. A esta etapa se llega casi siempre muy débil y cansado.
  • Aferrados al recuerdo de mantener y sostener aquello que fuimos, no habrá ninguna posibilidad de crecer, ni de aprender, ni de llegar a ser quienes verdaderamente somos.
  • La tarea de acompañar tiene que ver con estar y sobre todo con NO HACER lo que no debe hacerse.
  • No olvides que lo que más necesita el que está de duelo al principio es hablar y llorar.
  • No digas frases hechas, diseñadas vaya a saber por quién para «estos casos». Si no sabes qué decir, lo mejor es no decir nada.
  • No des órdenes ni digas que tiene que sobreponerse, ya lo hará a su tiempo. Sólo debes escuchar y estar presente, sin pensar que hay que levantarle el ánimo. No te empeñes en animarlo ni en tranquilizarlo.
  • No pienses que el que está de duelo necesita de nuestros consejos sabios.
  • No le quites importancia a lo que ha sucedido hablándole de lo que todavía le queda, ni intentes hacerle ver las ventajas de una nueva etapa en su vida. Auque fuera cierto no es el momento.
  • No interrumpas NUNCA la expresión del dolor del que sufre. Las más de las veces, la gente que corta las emociones del otro lo hace con la verdadera y oculta intención de protegerse de sus propias emociones dolorosas.
  • Sentir y expresar el dolor, la tristeza, la rabia, el miedo … por la muerte de un ser querido, repetir y evocar los recuerdos es parte del camino que hay que recorrer para cerrar y curar la herida dejada por la pérdida.
  • Los rituales fúnebres parecen cumplir con cinco funciones: preservar a los supervivientes y ayudarles a enfrentarse a la muerte; mostrar la realidad de la pérdida y permitir la expresión pública del dolor; hacer conocer la pérdida y permitir la expresión de solidaridad y apoyo; despedirse del muerto junto con los demás. Y un sentido más simbólico y gregario … comprobar que el grupo continúa viviendo y de alguna forma confirmando el triunfo de la vida sobre la muerte.
  • Los métodos de tratamiento más usados y efectivos en los últimos cinco años, según las encuestas mundiales, incluyen:
    • Los grupos de ayuda mutua autogestionados.
    • La psicoterapia dinámica de tiempo limitado.
    • Las intervenciones sobre comportamiento de inspiración cognitivia.
    • El tratamiento farmacológico con terapia de apoyo.
    • El entrenamiento en desensibilización al trauma de orientación conductista.
    • La terapia gestáltica y los talleres temáticos.
  • Lo que la tarea asistencial debe buscar y hacer. Según Worden, no son más que diez:
    1. Ayudar a la persona en duelo a aceptar la pérdida, invitándola a hablar acerca de ella y de las circunstancias que la rodearon.
    2. Ayudar a identificar los sentimientos relacionados con la pérdida (rabia, culpa, ansiedad, tristeza), no criticando su presencia, más bien avalando su expresión.
    3. Ayudar a vivir sin el fallecido y a tomar sus propias decisiones.
    4. Ayudar a independizarse emocionalmente del fallecido y establecer relaciones nuevas.
    5. Ayudar a enfocar su duelo en situaciones especiales como cumpleaños y aniversarios.
    6. «Autorizar» la tristeza dejando saber que es lo apropiado e informando de las diferencias individuales de este proceso.
    7. Dar apoyo continuo, incondicional y sin límite de demanda.
    8. Ayudar a la persona a entender su propio comportamiento y su estilo de duelo.
    9. Identificar problemas irresueltos y eventualmente sugerir ayuda profesional psicoterapéutica más prolongada y profunda.
    10. Escuchar … comprender … escuchar … comprender … escuchar … y comprender.
  • La terapia está indicada en personas que manifiestan un duelo complejo o anormal. Una persona que necesita ayuda para poder recibir ayuda.
  • Nadie se cura de un duelo tomando antidepresivos.
  • A veces es muy difícil saber si estás molestando o estás ayudando.
  • Puede que sea una buena idea recordar al paciente que hay otras cosas importantes en su vida, pero no lo es forzar una actuación, y menos desde la culpa.
  • Mi postura personal y terapéutica es que hay que permitir y animar al niño a asistir y participar en lo que está pasando a su alrededor.
  • Padre Mamerto Menapace: «El que muere no puede llevarse en su viaje nada de lo que consiguió y tien; pero se llevará, con seguridad, todo lo que dió».
  • El único camino para terminar con las lágrimas es a través de ellas.

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6 respuestas hasta “El camino de las lágrimas de Jorge Bucay – Apuntes”

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