Raul Barral Tamayo's Blog

Frases Llenas

La inutilidad del sufrimiento de María Jesús Álava Reyes – Apuntes

Posted by Raul Barral Tamayo en martes, 28 de abril, 2020


© Mª Jesús Álava Reyes, 2003
Editorial: La Esfera de los Libros.

Este libro, que se ha convertido en una obra de referencia, parte de una premisa muy clara: nada justifica el sufrimiento inútil y prolongado; por el contrario, vivir de manera positiva nos permite huir de este encadenamiento y recuperar la ilusión.

Su autora nos enseña los errores más habituales de nuestro comportamento y nos ofrece sugerentes reflexiones, pautas de conducta, ejercicios de autocontrol y numerosos testimonios que nos permiten entender la vida no como una trajedia, sino como un presente lleno de oportunidades que hay que aprovechar.

María Jesús Álava Reyes, psicóloga, experta en psicoterapia por la Federación Europea de Asociaciones de Psicólogos, directora del Centro de Psicología Álava Reyes y de Apertia Consulting, ha sido elegida como una de las “TOP 100 Mujeres Líderes en España”. Es colaboradora habitual de diversos medios de comunicación, directora de la enciclopedia La psicología que nos ayuda vivir, en la que han participado más de 40 prestigiosos especialistas.

Algunas de las cosillas que aprendí leyendo este libro que no tienen porque ser ni ciertas ni falsas ni todo lo contrario:

  • ¿Alguna vez nos hemos puesto a pensar con qué facilidad sufrimos? Realmente, ¿hay justificación a tanto sufrimiento?, ¿la vida es tan difícil y la felicidad tan imposible? La verdad es que mucha gente sufre de forma inútil y, además, sufre prolongadamente.
  • La verdad es que sin darnos cuenta repetimos conductas, rutinas, costumbres, hábitos …, formas de actuar que, inexorablemente, nos hacen sentirnos mal, pero que se nos antojan imposibles de evitar.
  • Por supuesto, a veces las circunstancias que nos rodean hacen difícil, muy difícil, que nos encontremos bien, pero si hemos conseguido un buen control de nuestros pensamientos lograremos ser dueños de nuestras emociones, y esas circunstancias podemos verlas como oportunidades para desarrollar nuevas habilidades y recursos, que nos facilitarán el control de nuestras vidas.
  • Lo crucial no es lo que “nos pasa”, sino lo que pensamos en cada momento. El pensamiento es previo a la emoción, y ese pensamiento es el que nos hace sentirnos bien o mal. Este hecho explica cómo las personas que han vivido o presenciado un mismo hecho experimentan emociones muy diferentes nte el mismo: unas pueden sentirse desgraciadas, otras afortunadas, otras indiferentes …
  • En este libro vamos a intentar aprender a conocer y descubrir nuestros pensamientos, para controlarlos después, para ponerlos a nuestro servicio, para que sean nuestros alidos, no nuestros enemigos.
  • Una cosa es el sentimiento absolutamente natural, espontáneo y humano, que experimentamos ante situaciones dramáticas, y otra muy distinta es el pozo en el que caemos cuando parece que sólo hay un camino: el de “bloquearnos”, “sumergirnos” y “dar vueltas” ininterrumpidament a unos hechos que ya no tienen marcha atrás.
  • Ser sensible no significa dejar de luchar ante los acontecimientos hostiles o difíciles, ni “hundirse” ante la adversidad o “tirar la toalla” en los momentos en que parece no haber esperanza.
  • Uno de los principales objetivos del ser humano: la búsqueda continua del equilibrio, de la estabilidad, del autocontrol …, la búsqueda, en definitiva de nuestra identidad.
  • Lo importante en nuestra vida son los pensamientos, no los acontecimientos.
  • Nuestros pensamientos son los responsables de nuestras emociones. Lo que nos repetimos de forma constante, esas frases interiores que nos formulamos, son las responsables de nuestros estados emotivos.
  • Que nos sintamos bien o mal depende fundamentalmente de lo que internamente nos estamos diciendo, y este hecho nos lleva a un axioma fundamental: si aprendemos a controlar nuestros pensamientos, controlaremos nuestra vida.
  • El ser humano, por principio, se siente más feliz cuando consigue una meta difícil, que cuando logra algo rápidamente y sin dificultad.
  • Desgraciadamente, los psicólogos no tenemos “buen cartel” para muchas personas, con frecuencia piensan que somos poco serios y nada rigurosos en nuestro trabajo, y en las primeras sesiones están muy expectanetes y alertas al mínimo indicio de incompetencia por nuestra parte.
  • Alfonso asumió que la realidad era difícil para muchas personas y que lamentarse o enfadarse con esa situación no sólo no arreglaba nada, sino que además le hacía sentirse cada vez más impotente e incapaz.
  • Con frecuencia nos sentimos “prisioneros” ante diversas circunstancias, y podemos pensar erróneamente que nuestro presente no nos pertenece. Esta es otra de la ideas irracionales más extendidas, y que cuenta con más seguidores.
  • A pesar de todo, siempre conservamos un principio de libertad. A pesar de todo, tenemos la libertad de nuestros pensamientos; podemos hacer nuestro trabajo canturreando por dentro o machacándonos sin piedad; podemos amar o desechar, querer o aborrecer, sonreír o llorar, gritar o conversar …
  • El presente nos pertenece, si tenemos la firme voluntad de que así sea.
  • No nos confudamos, no hay nada que pueda arrebatar nuestro presente, incluso en las circunstancias físicas más duras que nos podamos imaginar, siempre nos pertenecerán nuestros pensamientos y, con ellos, nuestras emociones.
  • Resulta comprensible que en un primer momento reneguemos de un pasado que nos ha resultado doloroso; pero si lo hacemos de forma permanente estaremos enfrentándonos a un presente con “las manos casi vacías”, al menos vacías del aprendizaje que hubiéramos podido extraer de los acontecimientos que hemos vivido.
  • Siempre decimos que cuando nos sintamos mal, primero tenemos que concentrar nuestras energías en salir de esa situación, y sólo cuando lo hayamos conseguido estaremos en disposición de aprender y superar viejos pensamientos, que nos produjeron vivencias dolorosas.
  • Cuando han pasado años de un determinado hecho, y éste aún nos sigue doliendo, la causa no la debemos buscar en el hecho en sí, sino en las ideas que aún nos repetimos acerca de ese acontecimiento.
  • No tiene nada de sano ni saludable que, al cabo de los años, nos estemos machando con algo que, por muchas vueltas que le demos, no podemos conseguir que no hubiera ocurrido.
  • Recordemos que como humanos nos equivocamos y nos seguiremos equivocando y una parte de nuestra madurez consistirá en aprender de nuestras equivocaciones pasadas y “poner los medios” para que éstas no vuelvan a suceder o se repitan en el futuro.
  • En lugar de sensibilizar a los niños hacia lo positivo, hacia lo que hacen bien, hacia lo que les puede dar seguridad y confianza en sí mismo, les sensibiliza hacia lo que les puede perturbar, inquietar, producir intranquilidad, inseguridad y desconfianza.
  • Que nadie piense que los niños o los adultos somos masoquistas, simplemente nos han programado para “pasarlo mal” a la mínima oportunidad. Muchas inseguridades y frustraciones tienen su origen en esas desgraciadas enseñanzas que nos inculcaron de pequeños.
  • Algunas de las grandes equivocaciones de la educación que recibimos:
    • Fijarnos en lo negativo y no en lo positivo.
    • Sancionar, en lugar de reforzar.
    • Imponer, en lugar de dialogar.
    • Emplear el deber y el miedo, en lugar de la motivación.
    • Potenciar:
      • El seguidismo, en lugar del razonamiento.
      • El inmovilismo, en lugar de la creatividad.
      • La dureza, en lugar del afecto.
      • La insensibilidad, en lugar de la sensibilidad.
      • La tristeza, en lugar de la alegría.
      • La derrota y el pesimismo, en lugar de la esperanza.
      • La desconfianza y la ruindad, en lugar de la confianza y la transparencia.
      • La inseguridad, en lugar de la seguridad.
      • La humillación, en lugar de la autoestima.
      • El egoísmo, en lugar de la generosidad.
  • La realidad es que cuesta mucho percatarse de la cantidad de ideas irracionales que aún persisten en nosotros.
  • El ser humano aprende a sellar sus creencias “a fuego” y le resulta muy difícil “escindirlas”. Posteriorment comienza el proceso de sustituirlas por otras más racionales.
  • Sólo el “entrenamiento”, y no únicamente la voluntad, permite a las personas cambiar sus hábitos.
  • No resulta fácil liberarnos de las ideas y los prejuicios absurdos que nos acompañan, pero sí podemos intentar que, poco a poco, dejen de condicionarnos de forma negativa.
  • Tenemos poco control sobre las conductas de los demás, y menos aún sobre sus pensamientos, pero siempre podemos controlar nuestros pensamientos, lo que nos repetimos sin parar. Este control nos llevará a dejar de sufrir “inútilmente”.
  • Muchas personas pueden pensar que ellos no tienen solución, pues determinadas experiencias les han condicionado irremediablemente. Esto es rigurosamente falso. No son los acontecimientos de nuestra vida los que determinan nuestro presente o nuestro futuro, son nuestros pensamientos los que provocan que, en esos momentos o al cabo de los años, aún nos sintamos mal.
  • Todas las personas tienen o han tenido utilidad en nuestras vidas, porque de todas hemos podido aprender algo.
  • El ser humano puede extraer los aprendizajes “útiles” de esas situaciones, para ello le sirve su inteligencia y su experiencia, pero si en lugar de hacerlo así se vuelca en buscar argumentos que justifiquen su malestar, caerá en un falso determinismo, que enturbiará y condicionará parte de su vida.
  • Es imposible, absolutamente imposible, pretender caer bien a todo el mundo.
  • El presente es nuestro principal “activo” y lo es porque nos pertenece plenamente.
  • Con abnegación, y a veces con auténtica resignación, vamos cumpliendo nuestras jornadas de trabajo o estudio, sin apenas disfrutarlas, como si el esfuerzo y la felicidad tuvieran que estar reñidos. Todo lo hacemos en función de las vacaciones. ¿Pero qué pasa cuando llegan las vacaciones? Las expectativas difícilmente se cumplen, han sido demasiados meses soñado y, con frecuencia, la realidad no se corresponde con los sueños; pero incluso en los casos en que todo va saliendo bien, llega un momento en que nos empezamos a “entristecer”, que ya no disfrutamos tanto, porque empezamos a pensar que … las vacaciones se terminan. Los últimos días los pasamos como los domingos por la tarde, con el síndrome del lunes, sin disfrutar, y con frecuencia con nostalgia, cuando no con rabia.
  • Todos somos conscientes de la cantidad de tiempo que tiramos sin vivirlo, dejándolo pasar, como si el tiempo fuera infinito, como si nos perteneciera la eternidad.
  • En cualquier circunstancia, recuperar el presente será el mejor regalo que siempre podamos hacernos.
  • Es imposible no sufrir, y es cierto, pero, por favor, no nos sumerjamos y nos anclemos sin retorno en ese sufrimiento. Es injusto e inútil.
  • Aprendamos a vivir el presente sin los condicionantes negativos de nuestro pasado.
  • Una de las mayores ingenuidades que cometemos los adultos es creernos que somos “dueños de nosotros mismos”, cuando la realidad es que una parte importante de nuestras conductas está “automatizada”, es decir, las hacemos sin darnos cuenta, como si fuéramos pequeños robots que repetimos lo que tenemos grabado.
  • No estamos hablando del determinismo ni de la falta de libertad de las personas; no nos confundamos, estamos hablando del comportamiento humano. En ningún momento negamos la capacidad de elegir libremente, pero no podemos obviar como esa “elección” la mayoría de las veces no se ha producido, simple se ha “reproducido” una conducta ya vivida, que estaba unida a un hecho y a una emoción que ocurrieron en el pasado, y que quedaron registrados en nuestro cerebro.
  • Nuestro cerebro tiende a repetir con fuerte intensidad las últimas emociones, no las primeras. Eso explica por qué, cuando hemos sentido ansiedad, angustia o incluso pánico, en una situación concreta, al repetirse esa situación lo primero que nos viene es la última emoción.
  • No se trata de pasarnos la vida “buceando” en nuestro interior, en un intento casi desesperado por localizar esos pensamientos automáticos, que parecen dirigir nuestra existencia. Pero sí conviene hacerlo cuando nos encontremos mal, cuando empecemos a sentir ansiedad, insatisfacción, disgusto, apatía, desconsuelo, rabia, impotencia …
  • No tiene sentido que nos sintamos mal “automáticamente” por el simple hecho de que una escena se parezca a otra anterior que hemos vivido, y que nuestro cerebro, en su momento, la recogió y grabó como escena negativa, pero lo cierto es que así funcionamos habitualmente.
  • Lo primero es que, en esas ocasiones de falta de control o cuando nos encontramos mal, aprendamos a ser conscientes de nuestros pensamientos, para poder confrontarlos con la realidad y sustituirlos por otros más objetivos.
  • Si alguna ventaja tiene un pasado difícil es que te da la oportunidad de desarrollar más competencias, más destrezas ante las situaciones presentes y futuras.
  • En muchas ocasiones el problema no consiste en coger un camino equivocado, sino en no ver ningún camino.
  • Hay una regla clave: cuando no veas ningún camino, no sigas mirando. ¡Párate! Cierra los ojos, controla tu respiración, intenta pensar en algo positivo y, cuando lo consigas, mira de nuevo y quizá ya puedas ver; pero si áun no distingues nada, no te preocupes, porque seguro que está ahí y lo único que quiere es darte una sorpresa; vuelve a concentrarte en otra cosa, a ser posible que te raiga recuerdos agradables, intenta disfrutar de esas imágenes y, cuando menos lo esperes, aparecerá lo que buscas.
  • Una persona no se vuelve “tonta” de un día para otro; pero es cierto que se pueden cometer muchos errores cuando se está tensa, nerviosa, inquieta, desmoralizada, angustiada …
  • Cuando perdemos la confianza en nosotros mismos, toda nuestra vida se desmorona. En esos momentos resulta extraordinariamente difícil reaccionar, pero es ahí cuando tenemos que luchar y no dejarnos llevar por la apatía, el desencanto, la tristeza, la falta de esperanza, de ilusión …, la ausencia de horizontes.
  • Siempre existen uno o varios caminos acertados, pero a veces necesitamos separarnos un poco del arcén y alzar la vista para poderlos ver.
  • Una vez que hemos aprendido de nuestro pasado y hemos conseguido recuperar nuestro presente, estaremos en las mejores condiciones para “conquistar” nuestro futuro.
  • Muchos adultos sacrifican constantemente su vida en aras a ese piso que deben pagar, a ese coche nuevo que acaban de comprar, a esa segunda vivienda para el verano o como inversión … y todo lo dejan para después. Hace poco, comentando la muerte de un conocido, alguien me dijo: “¡Qué pena, ahora que ya le faltaba tan poco para empezar a vivir!”. Me callé, pero pensé: “¡Qué pena de vida sin ser vivida!”.
  • Cada día veo más como una trampa mortal ese enfoque de vida en el que todo es “una inversión para el futuro”. ¿No será mejor que vivamos, de verdad, con la mejor de las disposiciones, y con toda la alegría que seamos capaces de sentir nuestro presente? Y ello sin matar nuestro futuro.
  • No hay nada que justifique el que “nos matemos o nos inmolemos” en nuestro presente para garantizar un futuro que nadie nos puede asegurar.
  • La mejor conquista del futuro es el día a día vivido con alegría, con buen ánimo, con esperanza, con proyectos; pero también con realidades presentes, con ilusiones repartidas en cada esfuerzo, con una meta constante en nuestra vida: ¡ser todo lo felices que nuestra limitación humana nos permita en cada momento!
  • Una vez “situados” es interesante que nos planteemos qué futuro queremos tener.
  • Qué futuro queremos tener es algo que conviene que nos planteemos a cualquier edad y con cierta frecuencia.
  • A veces vivimos con tantas prisas y tensiones nuestro día a día que ni levantamos la vista para mirar el horizonte y poder contemplat no sólo por dónde vamos, sino a dónde queremos llegar. El ajetreo cotidiano se convierte así en una trampa; trabajamos a destajo, nos dejamos todas las energías en superar “todo lo que tenemos encima” y, cuando nos queremos dar cuenta, nos encontramos en un lugar muy diferente al esperado.
  • A veces las metas dependen no sólo del esfuerzo, sino también un poco de la suerte, pero que siempre merece la pena esforzarse, intentar conseguir ese futuro que queremos tener … y lo habremos hecho bien, si no nos arrepentimos del “presente”, si el esfuerzo ha ido unido a la satisfacción que teníamos cada día, si nuestro objetivo no era únicamente aprobar las oposiciones oposiciones, sino aceptar que podíamos suspenderlas, y que aún en ese supuesto, ¡habría merecido la pena intentarlo!
  • El futuro bien entendido está en el presente bien vivido.
  • No basta con saber cuáles son nuestras metas, es más importante que analicemos si son realistas.
  • perder las ilusiones es como perder la brújula.
  • ¿Qué nos falta cuando nos sentimos impotentes y sin esperanzas? Nos faltan ilusiones.
  • ¡El ser humano no puede vivir sin ilusiones! Porque entonces su existencia sólo es un cúmulo de obligaciones sin sentido, de esfuerzos malgastados, de falsas responsabilidades, de insatisfacciones permanentes …, de trampas constantes.
  • Uno de los primeros aspectos que conviene trabajar, cuando se ha perdido la ilusión, es volver a encontrar nuestra misión, esa meta que justifica nuestros esfuerzos y da sentido a nuestra vida. A veces, de forma muy clara, en análisis nos dice que tenemos que crear nuevos objetivos porque los antiguos quedaron obsoletos; sin embargo, con frecuencia ese análisis riguroso nos hace ver lo que ya no veíamos; nos ayuda de nuevo a encontrar el sentido a nuestros esfuerzos y la utilidad a nuestro trabajo o sacrificio.
  • Es difícil vivir sin dinero y más aún sin salud, pero es imposible vivir sin ilusiones.
  • Para conseguir recuperar esas ilusiones tendremos que llevar a cabo cambios importantes en nuestra vida. A veces tendremos que conseguir desarrollar e implantar nuevos hábitos que nos permitan “poner nuestros pensamientos al servicio de nuestros objetivos”.
  • La certeza de que nuestra situación ya es “insalvable” crea un estado casi permanente de ansiedad y desesperanza.
  • Cuando pensamos que no tenemos solución, en realidad le estamos diciendo a nuestro cerebro que, haga lo que haga, ¡está todo perdido! El cerebro se lo termina creyendo y actúa de hecho como si de verdad ya no se pudiera hacer nada. Nuestra “mala” predisposición determina, con frecuencia, una realidad negativa.
  • Aún no he encontrado a nadie “que no tenga solución”, pero, desgraciadamente, he conocido a muchas personas que se habían pasado media vida pensándolo, sufriendo inútilmente y creando un ambiente muy difícil a su alrededor y, por supuesto, algunas de esas personas seguramente aún lo pasan mal.
  • No se trata de “volvernos del revés”, en absoluto; se trata de evolucionar y seguir creciendo …, en suma, se trata de madurar.
  • Hay muchas personas que “no son buenas personas”, que se disculpan a sí mismas los comportamientos más innobles; que son capaces de urdir las mentiras más sangrantes; que no se acuerdan de los que siempre han tenido con ellos una actitud de ayuda y colaboración; que son capaces de “matar”, en el más amplio sentido de la palabra, para conseguir sus fines. Con estas personas hay que actuar muy “friamente”; no hay que caer en la trampa de tratar de ponerse en su lugar, pues nosotros nunca haríamos lo que ellos hacen, y estaríamos cometiendo un error de análisis imperdonable.
  • La persona es un proceso en permanente crecimiento, en continua superación y adaptación constante.
  • Cuando algunas personas dejan de escuchar es como si estuvieran muertas, ¿qué nos van a transmitir, si ya han dejado de vivir?
  • La psicología nos demuestra que todo lo que se aprende se puede desaprender; igual que nos hemos entrenado a pasarlo mal, podemos entrenarnos en ser más realistas y enfocar la vida de forma objetiva.
  • Cuando la persona se encuenta muy deestructurada no deben abordarse todos los objetivos de forma simultánea, pues los resultados serían pobres y tardíos, y el desánimo y las ganas de “abandonar” se impordrían.
  • Adela se empeñaba en racionalizar sus miedos, y éste es un esfuerzo inútil que sólo consigue agotar a la persona que lo intenta y crearle un sentimineot de impotencia y desesperanza.
  • El miedo, por definición, es irracional; activa además una serie de mecanismos fisiológicos que contribuyen a que la persona se sienta aún más insegura y bloqueada.
  • Nuestros principales recursos girarán en torno al control de nuestros pensamientos, no a su racionalización; en esos momentos es más útil intentar “distraer” nuestra mente que perseverar para que “razone”.
  • A veces nos será muy útil “desconectarnos” de situaciones ansiógenas, que sólo nos llevan a aumentar nuestra inseguridad y disparar más ansiedad; en otras ocasiones nos “enfrentaremos” con decisión y voluntad a ellas, para conseguir “doblegarlas” y encauzarlas.
  • No conozco a ninguna persona adulta que, en algún momento de su vida, no haya pensado que su “situación” no tiene solución. Es fácil dejarse llevar por el abatimiento y el pesimismo cuando nos encontramos en momentos penosos y tristes.
  • Las personas de nuestro alrededor pueden favorecer o entorpecer nuestra búsqueda de la felicidad, pero no nos engañemos: ni son los responsables de que lo consigamos ni los culpables e que no lo alcancemos.
  • No es fácil que quien está sufriendo tan intensamente pueda reaccionar con rapidez.
  • Todo parece girar en torno al amor y sin embargo, ¡qué poco nos han preparado para vivir el amor!
  • ¡Cuidado!, ¡no reduzcamos el amor al enamoramiento de una u otra persona! El amor es consustancial a la vida, va unido a la esencia del ser humano.
  • Favorecer la reflexión siempre me ha parecido uno de los ejercicios más estimulantes que puede hacer la persona.
  • Muchas personas piensan que su felicidad está en manos de los demás porque dependen de su amor para sentirse bien.
  • Para el niño pequeño sentirse querido es vital; su dependencia del entorno el marca en los primeros años, y muchas de sus características y conductas futuras tienen su origen en los hechos, circunstancias o situaciones que se dan en esa fase.
  • El adulto, a diferencia del niño ¡se tiene a sí mismo!, con sus limitaciones, pero también con sus fortalezas, con el equilibrio, el apoyo y los recursos que le dan sus experiencias, y con los aprendizajes que ha ido elaborando a lo largo de su vida.
  • El amor, como los demás sentimientos del ser humano, tiene sus explicaciones y sus misterios; sus grandezas y sus miserias. Pero no confundamos deseo con necesidad.
  • Es lógico que deseemos que nos quieran las personas claves de nuestra vida, pero ello no significa que lo necesitemos para vivir. Eso no es una necesidad, es un deseo; absolutamente lógico por otra parte, pero no esencial ni determinante para nuestra vida actual.
  • No tenemos por qué tener miedo al dolor, incluso al sufrimiento cuando es inevitable; porque ese dolor y ese sufrimiento serán pasajeros.
  • La vida no se termina cuando se termina un amor, por mucho que creamos que es el amor de nuestra vida; la vida se termina cuando nos negamos a sentir, a ver, a escuchar …, a razonar; cuando nos negamos a controlar nuestros pensamientos y nos forzamos a no creer en nosotros mismos.
  • El amor no es sinónimo de felicidad y sufrimiento; el amor es la mejor oportunidad para aprender a vivir nuestra vida; para integrar nuestras experiencias, para mejorar nuestros sentimientos, para crecer como personas.
  • Si hiciéramos un análisis riguroso, concluiríamos que más del 95% de las veces sufrimos inútilmente. Hemos desarrollado una facilidad enorme para provocarnos sufrimientos injustificados.
  • Nuestra cultura, nuestra educación y, por qué no decirlo, también las distintas religiones, parecen haberse empeñado en ofrecernos una visión negativa de la vida, que nos ha provocado un aprendizaje en gran medida estéril, y nos ha condicionado a pasarnos la vida sufriendo inútilmente.
  • El sufrimiento inútil provoca un desgaste exagerado a nivel físico, una irritabilidad creciente a nivel psíquico y un desplome enorme de nuestro control emocional.
  • Si nos pasamos tres horas dándole vueltas a algo que nos hace sufrir, desde el punto de vista orgánico es como si hubiéramos estado tres horas corriendo sin parar: el desgaste, mal que nos pese, es equivalente. Las consecuencias son fáciles de imaginar: nos sentimos cansados, aunque no nos hayamos movido de una silla; embotados, aunque no hayamos desarrollado funciones importantes a nivel intelectual; apáticos, aunque nada justifique ese malestar; decaídos y tristes, aunque estemos rodeados de personas que nos quieren y se sientan cercanos a nosotros …
  • Sólo hay un sufrimiento positivo: el que te hace reaccionar pronto y facilita que, sin hundirte, aprendas de la situación vivida, e incorpores un nuevo recurso al repertorio de tus conductas.
  • Uno de los signos de equilibrio que deberíamos tener las personas supuestamente maduras es haber aprendido a no sufrir de forma tan absurda como peligrosa.
  • Los desengaños, los desencantos, las desilusiones, las frustraciones … no justifican nuestro sufrimiento, porque lo único que conseguimos, si optamos por ese camino, es hundirnos cada vez más en esas vivencias tan negativas. Esa actitud hace que en lugar de aprender y salir rápidamente a la superficie nos machaquemos de forma absurda y nos enfanguemos en terrenos pantanosos; al final, nos sentiremos agotados en medio de una lucha sin tregua.
  • ¿Cuántas veces nos sorprendemos “dando vueltas” a hechos o situaciones que ya han pasado, incluso que han pàsado hace bastante tiempo?
  • ¡Difícilmente aprendemos de los errores ajenos! La psicología lo demuestra constantemente. Hay un célebre dicho que nos recuerda “que no escarmentamos en cabeza ajena”.
  • Si nos cuesta aprender de nuestras propias vivencias, ¡cómo vamos a pretender que las personas interioricen y hagan suyas enseñanzas o experiencias de otras personas!
  • Fácilmente nos dejamos llevar por lo que dicen los demás en lugar de por lo que hacen. En el mejor de los casos, nos han entrenado a escuchar, en lugar de observar, mirar y analizar.
  • ¿Cuánto tiempo hemos dedicado a “prepararnos” para afrontar la muerte que vamos a “vivir” a nuestro alrededor e, incluso, la propia?
  • Existen muchos hechos “inevitables” que se sucederán a lo largo de nuestra vida; no aceptarlos, desde un punto de vista de salud mental, significa, de nuevo, embarcarnos en un sufrimiento inútil, desgarrador y, en muchas ocasiones, muy duradero en el tiempo.
  • entrada original: https://raulbarraltamayo.wordpress.com/2020/04/28/la-inutilidad-del-sufrimiento-de-maria-jesus-alava-reyes/
  • La lucha no significa desgarro, sino adecuación a los hechos, para obtener el máximo fruto posible, no la máxima desgracia que el ser humano pueda vivir.
  • Si nos pasamos la vida no aceptando lo inevitable el sufrimiento será tan inútil como injusto.
  • Un montón de sucesos o situaciones que se escapan a nuestro control o intervención: 1. Potencial intelectual con el que nacemos. 2. Padres y familiares que tenemos. 3. Personas que nos rodena en nuestra infancia. 4. Ciudad en la que vivimos. 5. Jefes que tenemos. 6. Ex maridos/ex mujeres: ex novios/as; ex amigos/as; compañeros/as … 7. Guerras, genocidios, masacres, abusos, violaciones …
  • La inmoralidad es quedarnos en el lamento, en la queja y en el sufrimiento inútil.
  • La grandeza del ser humano es su capacidad de adaptación a la realidad, pero adaptación aquí no debemos entenderla como resignación, sino como situación óptima donde la persona pondrá todos los recursos disponibles en la consecución de sus fines.
  • No aprende quien cree que todo lo sabe.
  • ¡Con qué facilidad gastamos gran parte de nuestras energías e ilusiones persiguiendo objetivos absurdos, cuando no imposibles!
  • Hacemos un problema de cualquier cosa, sentimos conflictos que sólo existen en nuestra mente, sufrimos tragedias inexistentes, anhelamos metas absurdas y … al final, lo peor de todo es que nos sentimos mal.
  • La vida puede ser tan fácil como nosotros queramos situarla en cada circunstancia, y tan difícil como la sintamos en cada momento.
  • Hemos de aprender a no expresar “todo” lo que pensamos. Cuando asimilamos que decir todo lo que pensamos va unido a conceptos como sinceridad, nobleza, honestidad, transparencia …, cuesta entender y asumir que esa premisa no responde a la realidad. No estamos diciendo que ¡hay que ser hipócritas y falsos! No. Decimos que hay que actuar racionalmente y utilizar la inteligencia emocional, que a veces la dejamos “en mantillas”. En muchas ocasiones estas expresiones, lejos de ser un ejemplo de sinceridad, simplemente son una demostración de insensibilidad y hasta de crueldad. ¿Hay que mentir entonces? ¿tenemos que ser cínicos e hipócritas? No. Hemos de ser sensibles y humanos, y se puede conseguir sin confundir, sin herir y sin expresar inútilmente todo lo que pensamos.
  • Una vez que aprendamos a no expresar torpemente todo lo que pensamos, intentaremos no cometer otro error muy típico y generalizado: creer que siempre estamos en posesión de la verdad.
  • El ser humano, por su propia esencia, es falible y por ello sería absurdo pensar que siempre acierta, o que siempre se equivoca.
  • La inteligencia emocional, la inteligencia que de verdad te facilita tu paso por la vida y hace que tu convivencia con los demás, y contigo mismo, sea más agradable.
  • Estoy convencida de que la sabiduría, el auténtico conocimiento, no está en las cosas, está en las personas.
  • Los sabios siempre escuchan.
  • Hay personas que sistemáticamente desconfían de sí mismas y otras que creen que la solución siempre les vendrá “de los demás”. A priori, resulta tan erróneo pensar que siempre tenemos razón como que no la tenemos nunca.
  • La desconfianza en nosotros mismos nos crea frustración e insatisfacción permanente.
  • Cuando decimos que un “equipo tiene la suerte de los campeones”, en realidad, parte del éxito ¿no estará motivado por la predisposición favorable de los jugadores?
  • Pensar que la solución está en las manos de los demás es negar nuestra libertad, a la par que abdicamos del control de nuestra vida.
  • Si nos creeemos que la culpa de lo que nos pasa está siempre en los que nos rodean, difícilmente adoptaremos una actitud realista y proactiva para superar los osbstáculos. Como siempre, el análisis riguroso y objetivo nos permitirá encauzar nuestras energías y superar las dificultades.
  • Un buen indicador que nos muestra que ya somos capaces de “racionalizar” y, en consecuencia, podemos pensar de verdad en soluciones, estrategias o alternativas, es cuando volvemos a sonreír. La sonrisa nos ayuda a superar la irracionalidad.
  • En general, nuestro sistema de vida es poco “humano”, hay que ser casi un atleta para ir saltando todos los obstáculos, vivimos sin margen para integrar en nuestra vida acontecimientos tan normales como el que nosotros o alguien de nuestra familia se ponga enfermo, que tengamos una avería, que se “rompa” algo.
  • Cuando alguien se siente muy mal, no es capaz de razonar; lo que quiere y necesita es quejarse, que lo escuchen, que se den cuenta de su estado de desesperación, de su mala suerte, de que ya no puede más, de que todo es injuisto …
  • Dar muestras de impaciencia, querer intervenir rápidamente, pretender que razone y vea de inmediato su equivocación son errores que sólo conseguirán que la persona se reafirme en sus creencias irracionales.
  • Creer que las personas pueden razonar y ser objetivas en cualquier momento y circunstancia demuestra un profundo desconocimiento de la realidad y de las limitaciones del ser humano.
  • Para “salir” de las situaciones difíciles un requisito previo es que la persona crea que hay opciones, y eso lo logrará más fácilmente desde la ilusión que desde la desesperación.
  • La tristeza, como la alegría, se contagia con facilidad.
  • Pocas resistencias son tan fuertes como alguien que se siente impotente para hacer aquello que, en el fondo, sabe que es el único camino que le queda, pero se atenaza, se bloquea y se resigna porque cree que nunca lo conseguirá.
  • Si padecemos en primera persona esta situación, y llevamos varios meses bloqueados, incapaces de encontrar una salida. Si por lo que sea acudimos a un especialista, al menos no cometamos los errores que más se pueden volver en nuestra contra:
    • No dejemos de salir con las personas que eran nuestros amigos.
    • No nos cerremos a situaciones o actividades que antes nos procuraban bienestar.
    • No nos empeñemos en cambiar de trabajo en esas circunstancias.
    • No abandonemos nuestra casa.
    • No nos asociemos económicamente, y no nos vinculemos con negocios que nos propone “la persona” que ha convulsionado nuestra vida.
    • No actuemos de forma impulsiva a la hora de tomar decisiones que antes no hubiéramos “hecho propias”.
  • Si somos acompañantes, amigos o espectadores de estas situaciones, tampoco caigamos en los errores más frecuentes:
    • Desconectar cuanto estas personas nos hablan.
    • Darles la razón y dejarnos llevar por el pesimismo y la irracionalidad que sienten.
    • Acudir ante cualquier queja o alarma por su parte.
    • Apoyarlos cuando nos hablan mal de otros amigos o personas.
    • Ceder a sus chantajes.
    • Fomentar su creencia en que la solución está en lo que hagan los demás o en acontecimientos externos.
    • En general, todo aquello que fomente su situación actual.
  • Estoy buscando que seamos conscientes de la realidad que tenemos, para que en lugar de soportarla con resignación intentemos cambiarla en la medida de lo posible, ¡que siempre es más de lo que creemos!
  • Si estamos continuamente al límite de nuestras fuerzas, tarde o temprano terminaremos cayendo. Y entonces no tendremos capacidad de reacción, pues habremos agotado todas nuestras fuerzas.
  • No nacemos ya seguros de nosotros mismos, en absoluto.
  • No es fácil creer en uno mismo. De hecho, es uno de los aspectos que más les cuesta conseguir a las personas que nos piden ayuda.
  • Hábitos o costumbres que debemos tratar de disminuir y eliminar:
    • Machacarnos sin piedad después de un acontecimiento o hecho poco satisfactorio.
    • Recriminarnos y traer a la memoria hechos pasados en los que actuamos de forma poco “débil”.
    • Dejar que los demás nos responsabilicen de sus desgracias o insatisfacciones.
    • Sufrir por aquello que ya no tiene solución.
  • Hábitos que conviene potenciar:
    • Asumir que nos podemos equivocar.
    • Asumir que habrá cosas que desconozcamos o no sepamos hacer.
    • Animarnos a nosotros mismos cuando parezca que “todo está en nuestra contra”.
    • Pensar en positivo.
    • Confiar en nuestras posibilidades.
    • Aceptar que, con frecuencia, las cosas llegan o se consiguen más tarde de lo que pensábamos.
    • Seguir confiando en nosotros después de un “aparente fracaso”.
    • Visualizarnos en positivo.
    • Sonriamos al máximo.
  • El éxito no es sinónimo de valía, a veces es una casualidad y, en ocasiones, incluso una injusticia.
  • Creer en nosotros mismos es animarnos en los momentos difíciles, premiarnos en los aparentes fracasos, querernos cuando nos encontremos solos y sonreír siempre que nos sintamos tristes.
  • Nuestro propósito es muy sencillo, aunque paradójicamente más profundo, queremos “intentar sentirnos bien cada día”.
  • Somos muy cicateros con nosotros mismos, asumimos con naturalidad que no podemos dejarnos tiempo sin darnos cuenta de que nos estamos privando de unos instantes que ya nunca volverán, que los habremos perdido para siempre. Ese es un error que termina pasando factura de forma inexorable.
  • Reglas básicas para aplicar a diario:
    • Dejarnos unos minutos “en silencio” para nosotros mismos.
    • Programar, dentro de las rutinas del día, alguna actividad que nos ayude a sentirnos bien.
    • Cerrar los ojos, respirar en profundidad y escucharnos por dentro, al menos durante las rutinas de la vida diaria.
    • Sonreír, interna y externamente, durante la mayor parte del día; no como una “pose”, sino como reflejo de nuestra satisfacción interior.
    • Pensar en las cosas agradables que hemos hecho, en las que nos quedan por hacer y en las que nos sorprenderán favorablemente.
    • Hacer un poco de ejercicio que nos ayude a sintonizarnos con nuestro ritmo biológico.
    • Mirarnos al espejo con complacencia, identificándonos con la imagen que nos devuelve y sabiendo que somos capaces de mejorarla.
  • Si cada día nos sorprendemos con algo agradable, conseguiremos “sentirnos bien” y haremos la vida bastante agradable a los que están a nuestro lado.
  • La felicidad, como la juventud, los años, la inteligencia emocional, la alegría auténtica, la vida … no se compra.
  • No es fácil asumir nuestra propia libertad, no es sencillo alcanzar la felicidad, pero es un reto que ningún ser humano puede perderse.
  • Otras de las reglas que nos ayudarán en este propósito será seguir confiando en nosotros en los momentos difíciles y convertir las crisis en nuevas oportunidades.
  • Si queremos ayudarnos a salir de las “crisis” no dudemos en seguir unas “reglas” básicas:
    • Esforzarnos en controlar nuestros pensamientos catastrofistas. Si nos resulta muy difícil este control, siempre podremos intentar “distraernos” con otros pensamientos más positivos, o podremos traer a nuestra mente situaciones pasadas o futuras que nos hagan sentir bien.
    • “Cortar” los pensamientos que nos indiquen “que no hay salida” y forzarnos a “tomar distancia” de la situación.
    • Emplear la “observación” como método que nos permitirá tomar la suficiente distancia, recuperar la objetividad y analizar nuestras auténticas opciones.
    • Reforzarnos en momentos de crisis. Animarnos sin parar en esos momentos, decirnos a nosotros mismos que seremos capaces de salir de la crisis, mostrarnos seguros de nuestras posibilidades, creer en nuestro potencial.
    • Mostrarnos “seguros” ante los demás. Verbalizar nuestra confianza en nosotros mismos.
    • En lugar de “compadecernos” a nosotros mismos, nos animaremos por las nuevas opciones que se nos han presentado.
    • Recordar que otros “difíciles momentos” vinieron acompañados de enseñanzar muy útiles y, siempre, siempre tener presente lo que sigue.
    • Premiaos en esas circunstancias, concedeos algún capricho, daos un poco de tiempo para vosotros mismos, para hacer aquello que os gusta, para hablar con las personas positivas de vuestra vida, para tomar el aire, para pasear, para bailar, para …
  • “Coger distancia y aprender a observar”, además de facilitar nuestro autocontrol, fomenta la riqueza y el aprendizaje de las experiencias, la racionalidad y el crecimiento del ser humano, su autoestima, la capacidad de autoafirmación, de seguridad personal, de comunicarse con otras personas, de relacionarse socialmente, de pasar de la reactividad a la proactividad …
  • Obligarnos a escribir, casi sin darnos cuenta, nos permitirá ser conscientes de cosas que antes nos pasaban desapercibidas y que, sin embargo, tienen una gran repercusión en nuestras emociones. De repente, descubrimos cómo nos sentimos bien o mal, no ante situaciones concretas, sino como respuesta a los pensamientos que, de otra manera, en gran medida nos pasarían desapercibidos.
  • Como regla general, recordemos que cuando nos sintamos emocionalmente muy implicados en una situación o acontecimiento, cogeremos “distancia” con algo tan sencillo, pero poco habitual en nuestra conducta, como obligarnos a hacer registros de esa situación, y a través de los mismos veremos, de manera objetiva, las posibles vías de solución.
  • Cuando nos sintamos emocionalmente muy implicados en algo, ¡enfriemos la situación y no tomemos grandes decisiones en esos momentos!, pues correríamos el riesgo de equivocarnos, al ser nuestra parte menos racional la que impulsara nuestras respuestas.
  • Con frecuencia sustituimos el principio de aprender y disfrutar de cada día, por el de hacer las “tareas” y/u obligaciones inherentes a cada día.
  • El aprendizaje bien entendido, y bien facilitado, debería ser sinónimo de “vida vivida”; de existencia auténtica, de alegría compartida y de crecimiento constante.
  • Si la situación que hemos vivido ha sido especialmente negativa, una vez extraído el aprendizaje sólo nos quedaría “cortar” nuestro malestar, pues a partir de ese momento el sufrimiento no tendría ningún sentido. Por el contrario, si la experiencia ha sido positiva, podemos centrarnos todo lo que necesitemos en ella, pues mientras su evocación nos genere alegría y seguridad las consecuencias seguirán siendo positivas.
  • Los días que no hayamos aprendido nada, serán días vacíos; días que “nada” aportarán a nuestra vida.
  • El ser humano seguirá “creciendo” mientras siga aprendiendo; facilitemos los aprendizajes y hagamos de los mismos un estilo de vida.
  • Insistir en los errores de siempre es negar nuestra capacidad para aprender y rectificar.
  • Todas las personas sirven para algo, pero no existe una que pueda servir para todo.
  • La voluntad, por sí misma, no es sinónimo de triunfo; la voluntad, para ser valiosa, deberá estar subordinada a la inteligencia. Poner nuestra voluntad en estudiar algo que se escapa a nuestro potencial sólo nos lleva a sentir fracaso, impotencia, insatisfacción e infelicidad.
  • Lo que no debemos hacer es obviar nuestras debilidades ni obsesionarnos con ellas; nuestra misión será conocerlas primero para tratar de superarlas después; nuestro potencial lo pondremos al servicio de este objetivo, no en contra del mismo.
  • La inteligencia es la capacidad de dirigir el comportamiento.
  • Cuando ante una aparente situación difícil, incluso nueva y sorpresiva, no experimentemos emociones extremas: ira, depresión, angustia, terror …, estaremos utilizando el sentido común.
  • El humor seguramente es el antídoto por excelencia contra la enfermedad; potencia nuestras defensas físicas y psíquicas; desarrolla nuestro equilibrio y seguridad; agudiza nuestro ingenio; nos defiende de los pesimistas, de los agresivos o imperativos, de los “tristes de solemnidad” … En definitiva, “el humor es uno de los principales aliados de nuestra vida”.
  • Favorecer el sentido del humor nos ayudará a racionalizar y a tomar distancia en las situaciones delicadas: nos aproximará al punto de equilibrio: potenciará nuestra creatividad, incluso en la resolución de problemas; encauzará nuestras energías y nos aproximará a ese estado de felicidad y bienestar que toda mente sano desea.
  • El sentido del humor estará incompleto si no está acompañado de una sensibilidad equilibrada; es decir, de una sensibilidad que lejos de potenciar su vulnerabilidad favorezca la elaboración de defensas acordes con las agresiones de que pueda ser objeto.
  • Fomentar el sentido del humor debería ser uno de los ejes de la enseñanza de todos los niños, adolescentes, jóvenes y adultos de cualquier país.
  • No nos engañemos, el ser humano no está en el mundo para sufrir y sufrir. Si así fuera, respondería desde el principio de forma positiva ante el sufrimiento, y no hay más que ver cómo huye un niño ante el sufrimiento, suyo o ajeno, para darnos cuenta del error.
  • La ansiedad no tiene por qué ser siempre negativa. Hay gente que piensa que la ansiedad es buena porque le permite hacer más cosas. En realidad, puede ser adecuado tener un cierto nivel de activación, dependiendo de lo que vayamos a hacer.
  • Cuando las personas están en plena fase depresiva, o padecen una fuerte crisis de ansiedad, lo primero que se sientes es ¡muy solas!, porque difícilmente desde el exterior la gente que les rodea entiende qué les pasa y no saben cómo ayudarles. La realidad es que estas personas ¡están agotadas!, sin fuerzas, sin ánimo y, lo que es peor, en esos momentos están sin esperanzas.
  • Lo paradójico es que nuestro cerebro “no distingue”, y reacciona con la misma intensidad ante situaciones reales de peligro que ante lo que simple y llanamente son pensamientos internos irracionales, que en nada se corresponden con la realidad.
  • En los últimos años la insatisfacción profesional, el aumento de la presión en el medio laboral, la impotencia para conciliar las “obligaciones de la vida diaria”, para “llegar a todos los sitios”, para apagar todos los fuegos, para atender al trabajo, a la pareja, a los hijos, a los padres …, terminaba por minar la salud y el equilibrio emocional de muchas personas.
  • Si analizamos hoy las condiciones de vida en el mercado laboral, tenemos que concluir que, en conjunto, son peores que hace unas décadas.
  • ¿Cómo definiríamos el autocontrol? Podríamos contestar que es la capacidad que podemos adquirir y desarrollar las personas para mantener bajo control nuestras emociones y comportamientos. Para ejercer este autocontrol, previamente debemos tomar conciencia de nuestros estados emocionales (positivos y negativos). Una vez que somos conscientes de nuestras emociones, determinaremos qué comportamientos deseamos controlar.
  • Para enfrentarnos a nuestras autoverbalizaciones negativas utilizaremos fundamental la “pregunta”. Existen tres tipos de preguntas:
    1. Las que intentan evaluar la evidencia, la consistencia lógica y la claridad semántica:
      • ¿Dónde está la evidencia de que esto es como yo me lo digo?
      • ¿Puedo probar esto que me estoy diciendo?
      • ¿Puedo demostrarlo?
      • ¿Por qué es eso verdad?
      • ¿Es eso una buena prueba?
      • ¿Dónde está escrito que eso es así?
    2. Las que intentan analizar el tipo de consecuencias y la trascendencia de lo que pienso:
      • ¿Qué ocurriría si las cosas son como pienso?
      • ¿Por qué sería tan terrible?
      • ¿Qué consecuencias tendría?
      • ¿Puedo encontrarme bien aun cuando esto sea así?
      • ¿Puedo estar contento incluso si no tengo lo que quiero?
    3. Preguntas que intentan analizar a qué le conduce pensar de esa forma:
      • ¿Me es rentable pensar como pienso?
      • ¿Merece la pena arriesgarme?
      • ¿Qué consecuencias tiene para mí pensar de esta manera?
      • Si pienso así, ¿soluciono mis problemas?
  • Según el tipo de bloqueo que experimentemos, podremos controlarlo con relajación, respiración diafragmática, terapia racional emotiva, parada de pensamiento, …
  • Nuestra mente continuamente se nutre de pensamientos; algunos absolutamente inofensivos, pero otros resultan tan estresantes como inadvertidos.
  • Si nos acostumbramos a decirnos frases positivas en diversos momentos del día, y reconducimos nuestra mente cuando empieza a bloquearse con pensamientos desestabilizadores, ¡no sabemos la cantidad de defensas y de recursos que estamos generando!
  • Cuando reforzamos una conducta ésta tiende a repetirse. Por tanto, parece lógico que, si nos cuesta mucho hablar en público, una vez que lo hemos hecho debemos reconocérnoslo ampliamente; nos felicitaremos por ello.
  • Nuestros mejores recursos: 1. El razonamiento lógico / el sentido común. 2. El sentido del humor / alegría. 3. La empatía. 4. La esperanza. 5. La motivación. 6. La ilusión. 7. La afectividad. 8. La felicidad.
  • La asertividad es la capacidad de autoafirmación personal, entendida como la expresión directa de los propios sentimientos, necesidades, derechos legítimos u opiniones, sin amenazar o castigar a los demás y sin violar los derechos de esas personas.
  • La persona auténticamente asertiva es la que sabe escuchar, la que sabe transmitir lo que piensa, lo que desea; la que sabe respetar los sentimientos y las opiniones de la otra persona y la que, en el transcurso de una comunicación interpersonal, sabe crear un ambiente de cordialidad y confianza.
  • Las principales características de las personas asertivas: 1. Expresan sus deseos o sentimientos, tanto positivos como negativos, con claridad. 2. Repiten su deseo tantas veces como sea preciso. 3. Dicen “no” cuando desean, sin poner excusas. 4. No mienten. 5. Nunca discuten. 6. Aceptan críticas. 7. Comprenden la postura del otro. 8. Llegan a acuerdos, negocian; ofrecen alternativas. 9. Piden información. 10. Dan información. 11. Hacen confidencias personales.
  • Estilos de comportamiento:
    • Inhibido.
      • No le respetan sus derechos.
      • Se aprovechan de él.
      • No consigue sus objetivos.
      • Se siente frustrado, desgraciado, herido, ansioso.
      • Deja a otros elegir por él.
    • Asertivo.
      • Respeta los derechos del otro.
      • Tiene confianza en sí mismo.
      • Puede conseguir sus objetivos.
      • Se siente bien consigo mismo.
      • Elige por si mismo.
    • Agresivo.
      • No respeta los derechos de los otros.
      • Se aprovecha de otros.
      • Puede conseguir sus objetivos pero a expensas de otros.
      • Está a la defensiva, humillando y denigrando a los otros.
  • Mihaly Csikszentmihaly: “Las personas que saben controlar su experiencia interna son capaces de determinar la calidad de sus vidas”.
  • Tucídides: “Recordad que el secreto de la felicidad está en la libertad y el secreto de la libertad, en el coraje”.
  • Kafka: “La felicidad suprime la vejez”.
  • Proverbio chino: “El que teme sufrir ya sufre de temor”.
  • Aferrarse al pasado es tal vez un síntoma de infelicidad, de falta de presente, de ideas, de objetivos. Querer retornar, además de absurdo e imposible, conduce a la negación de tu actualidad, de que el presente tiene un sentido que hay que elaborar.
  • El secreto es la aceptación de uno mismo en cada momento. Lo contrario es el desengaño, la vida artificial y la inadaptación, que lleva a la infelicidad.
  • El presente es la vida, el pasado ya no existe y el futuro ¡quién sabe cómo será! ¡Vivamos nuestro presente!
  • Nos pasamos la vida aprendiendo conceptos que no utilizamos, memorizando datos que olvidaremos, acumulando conocimientos técnicos que pronto se vuelven obsoletos, escudriñando lo que nunca vemos y esforzándonos en lo que no comprendemos.
  • Resulta muy preocupante que en la actualidad los distintos sistemas educativos de las llamadas sociales en desarrollo, lejos de preparar a las personas para afrontar su vida, las entrenen o entretengan únicamente en la adquisición de conocimientos; conocimientos muchas veces obsoletos, manipulados y hasta tergiversados, que poco ayudan al desarrollo de personas auténticamente libres, emocionalmente maduras y personalmente equilibradas.
  • Séneca: “No aprendemos gracias a la escuela, sino gracias a la vida”.
  • Demos a la inteligencia emocional el valor que le corresponde, y hagamos de su desarrollo uno de los principales objetivos de la educación actual.
  • Proverbio hindú: “Un libro es un cerebro que habla; cerrado, un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destrozado, un corazón que llora”.
  • Huyamos de los sufrimientos inútiles y busquemos la felicidad cada día, en cada acción, en cada momento, en cada persona.

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raul

6 comentarios para “La inutilidad del sufrimiento de María Jesús Álava Reyes – Apuntes”

  1. […] La inutilidad del sufrimiento de María Jesús Álava Reyes. […]

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