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El clown, un navegante de las emociones de Jesús Jara – Apuntes Breves

Posted by Raul Barral Tamayo en martes, 5 de mayo, 2020


© Jesús Jara Fernández.
Editorial: Ediciones Octaedro.

Jesús Jara nos transmite, a través de su libro El Clown, un navegante de las emociones, un concepto novedoso de lo que es un payaso en cuanto a su proyección y trascendencia más allá de los límites de las artes escénicas, y pone a disposición de los formadores, profesores, estudiantes de pedagogía, monitores, animadores, profesionales del teatro y aficionados una herramienta que es, al mismo tiempo, divertida y práctica.

En la primera parte realiza un breve estudio histórico sobre el desarrollo del clown en el teatro, el cine y el circo. En la segunda nos desvela variados aspectos sobre su filosofía payasa y nos ofrece pautas sobre el uso de la nariz, la mirada, la voz, el vestuario y el maquillaje, así como indicaciones relativas al formador y su trabajo. En la tercera, finalmente, ofrece una gran cantidad de juegos y ejercicios que ayudan a conocer y desarrollar el clown que cada persona tiene en su interior.

Alfredo Mantovani, especialista en Teatro en la Educación, prologa este manual de técnicas clownescas, afirmando que ir a la búsqueda del propio clown nos inducirá siempre a explorarnos y recuperar nuestro niño o niña interior. Jugar en clave de clown es representarnos a nosotros mismos como lo hacen los niños y niñas cuando juegan al teatro.

Jesús Jara (Madrid, 1957). Fundador de compañías de teatro. Actor, director o autor en espectáculos. Es miembro de Humor Aula, red de profesionales del humor en diferentes ámbitos sociales. Desde 1983 ha impartido cursos, conferencias y clases magistrales en España, Bégica, Portugal, Argentina, Colombia y Chile.

Algunas de las cosillas que aprendí leyendo este libro que no tienen porque ser ni ciertas ni falsas ni todo lo contrario:

  • Alfredo Mantovani (Timoteo): “Se hace imperioso aprender de uno mismo y el clown es la mejor escuela”.
  • Marguerite Yourcenar: “Todo libro reeditado debe alguna cosa a sus honrados lectores”.
  • Carablanca representa la autoridad y las normas, frente a su pareja, el Augusto, que representa al transgresión. El Augusto es, en mi opinión, el verdadero payaso o clown, tanto por su compleja personalidad como por su actitud y comportamiento.
  • El clown es alguien que vivem siente y reacciona de todas las maneras que una persona puede hacerlo en cualquier de sus fases vitales (infancia, adolescencia, madurez y vejez) con un espíritu positivo, divertido y social basado en la capacidad de reírse de sí mismo y de transmitir ternura. El clown solo tiene como referencia aproximada a cada uno de nosotros cuando nos deslizamos hacia ese otro yo que es nuestro payaso.
  • Se podría decir que en el clown encontramos nuestro mejor otro yo, aquel que es más sincero, primario, apasionado y transparente. El clown condensa y sintetiza todos nuestros rasgos más acusados, tanto los que mostramos con más facilidad como los que ocultamos y/o reprimimos por razones personales, sociales o culturales. Desde ese alter ego enriquecemos nuestro autoconocimiento y ampliamos y amplificamos todos nuestros registros emocionales, conductuales y vitales.
  • Descubrir nuestro clown se convierte en una apasionante aventura, divertida y liberadora, adecuada para cualquier persona, profesional del teatro o no, que desee conocer o desarrollar aspectos de su personalidad aletargados por la rutina y las normas sociales. Y que esté dispuesto a compartir con los compañeros y compañeras esta experiencia de desarrollo personal.
  • Todos los profesionales se encontrarán con uno de los roles más complejos en cuanto a emociones que hayan experimentado; lo cual les ayudará a combatir los estereotipos y a encontrar la verdad en escena. Al tratarse de un trabajo de máscara, se verán obligados a traducir esas emociones en signos codificados de su cuerpo y su voz, con lo que mejorarán así, necesariamente, la economía de movimientos, la limpieza expresiva, la presencia en escena y su nivel de juego actoral.
  • Nos encontramos ante una forma de expresión y/o comunicación directa, espontánea y primaria, con la que podremos recuperar el placer del juego, el dejarse llevar y los estados de máxima sensibilidad, en los que sentimos y reaccionamos más allá de los convencionalismos y las costumbres.
  • Aunque algunos de estos espíritus libres han conocido épocas de gloria y respeto, clowns, bufones, titiriteros, magos, mimos y volatineros componen un abigarrado conjunto de gentes que son considerados como el patito feo de las artes y de la sociedad. Y la mayoría ha encontrado en la calle su lugar natural de expresión, y en las gentes sencillas, sus mejores y más habituales espectadores. Quienes se dedicaban a este oficio pertenecían al pueblo y sus chanzas y burlas golpeaban frecuentemente a los poderosos.
  • El clown entronca con algunas de las actividades más cotidianas y gozosas del ser humano: la risa, la gesticulación y la imitación. Y con la etapa más apasionante de nuestra vida: la infancia, que está llena de ternura, ingenuidad, aprendizaje, descubrimiento y juego. ¿Quién no ha sido niño o niña? El ser humano necesita reír. Para comprender, para conocer, para crecer y asimilar la realidad.
  • El clown ha desarrollado una gran presencia en el mundo del espectáculo a través del cine mudo con Chaplin, Keaton, Harold Lloyd y tantos otros, y a través del circo con grandes figuras como Grock, Charlie Rivel o Popov.
  • Todo lo que representa el clown seguirá caminando, sin duda, por la senda de la permanente alternativa al teatro culto y al comercial.
  • Detrás de cada clown hay un ser humano que desea expresarse, comunicarse con el otro y compartir con las demás personas.
  • El clown de circo, debido al espíritu atlético, tiene unas características claras que lo diferencian. No solo ha de dominar el arte de hacer reír, sino también el de la acrobacia, el equilibrio, los malabares, la magia o la música.
  • En el circo encontramos la pareja más famosa de payasos: el Listo y el Tonto, el Carablanca y el Augusto. El primero representa la elegancia, la razón, la seriedad, el orden y las buenas costumbres; el segundo, la locura, el corazón, la inocencia, el caos y la transgresión. Juntos simbolizan la esencia del ser humano, la eterna contradicción entre lo que queremos y lo que debemos hacer, entre lo que nos impone la sociedad y sus normas y lo que nos piden nuestro corazón y nuestras vísceras. Se necesitan el uno al otro, se complementan. El Carablanca representa la aceptación del rol social de adulto, y el Augusto, el deseo incontenible de permanecer en la infancia, de no crecer.
  • Probablemente, solo hay un aspecto negativo que el circo ha aportado al clown: asociar su figura, exclusivamente, al universo de la infancia.
  • La riqueza y la variedad del clown en el cine han sido inmensas: la picardía y la determinación del vagabundo de Chaplin, la timidez y la convicción moral de Keaton, la inocencia de Harold Lloyd, la transgresión e irreverencia de los Hermanos Marx, la conjunción de cordura y locura en Laurel y Hardy, la elegancia y la bondad de Jacques Tati, la fragilidad y la calamidad de Jerry Lewis o Peter Sellers, la travesura de Cantinflas, la torpeza e incapacidad de Woody Allen, curioso payaso intelectual reflexivo … Todos ellos con un rasgo común: la infinita ternura, sin la cual el clown no existe.
  • Millones de personas, desde aquellos inicios del cinematográfico en París (1895), han recibido del clown un punto de vista irónico, lúcido y cómico sobre la condición más íntima del ser humano.
  • Anónimo: “La sonrisa enriquece a quien la recibe, sin empobrecer a quien la da”.
  • El clown debe transmitirnos una imagen general positiva que nos haga mantener la fe en nosotros mismos, en el ser humano tal como es, con sus virtudes y sus defectos.
  • Cuando reímos porque un clown se desespera al no conseguir algo, lo hacemos porque sabemos que nosotros a veces nos comportamos igual.
  • Actualmente, no existen dudas acerca de los beneficios físicos y psíquicos que el humor y la risa nos aportan.
  • El clown es uno de los mejores transmisores del humor y de la risa que la humanidad haya tenido jamás. Pero no solo eso, con su ternura y su transparencia nos ofrece también todo un abanico de emociones que forman parte de la esencia del ser humano. Sus muecas reflejan dolor, ilusión, miedo, picardía, escepticismo, deseo, tristeza, amor, rabia, alegría.
  • Las parejas de payasos nos recuerdan que nos debatimos constantemente entre lo que queremos y lo que debemos hacer. El Augusto, siempre rebelde. Su contrario, el Carablanca, siempre conservador. El alma del clown representa el alma del ser humano: los opuestos, las contradicciones, la dualidad. El idealismo y el pragmatismo, la fuerza y la debilidad.
  • Chaplin: “El humor activa en el ser humano su sentido de la proporción y le revela que en un exceso de seriedad se esconde lo absurdo”.
  • No es que tengamos que pensar que la crítica social deba ser un objetivo prioritario del clown, pero sí es cierto que en muchas ocasiones ha sido y es así, y orgullosos debemos estar por ello.
  • Chaplin: “Los pesimists dicen que el mal es demasiado serio para hacer humor de él. Esto es erróneo, si hay algo que yo sé es que el poder es sensible al ridículo. Cuanto más grande se hace un individuo, con más fuerza le golpea la risa”.
  • Gogol: “La burla es temida hasta por aquellos que ya no tienen miedo de nada”.
  • El clown no es un niño. El clown es, más bien, un adulto que actúa siempre como lo hacen los adultos cuando no son observados, cuando no están expuestos al juicio de los demás.
  • El clown vive constantemente en el presente más inmediato, no planifica más allá de los próximos minutos, no piensa en el futuro.
  • Nunca he conocido un clown deprimido. El clown es un apasionado de la vida. Siempre encuentra más interés en mirar hacia delante que en recordar el pasado.
  • El clown es una persona que tiene una buena opinión de sí misma. Siempre dice que sí a cualquier propuesta, a cualquier reto que le interese, porque se cree capaz de afrontarlo. Y siempre va a extraer lo positivo de lo que le ocurre, e incluso del mayor de los fracasos.
  • El clown tiene la capacidad de equivocarse y seguir amándose. Se permite pensar lo impensable.
  • Este decálogo terapéutico del clown pretende servir como columna vertebral de la inteligencia exitosa payasa:
    1. Sufrir, no; disfrutar, sí.
    2. Juego, luego existo.
    3. Todo lo hago al 100% porque lo hago con pasión.
    4. Sentir y expresar en mi máxima.
    5. Amo la improvisación porque implica escuchar y aceptar, y me hace una persona más creativa.
    6. Me gustan las emociones y las dificultades porque sin ellas no existo.
    7. Cuando algo no sale bien, siempre creo que he estado a punto de conseguirlo.
    8. Soy lo mejor de mí, no por haber logrado la perfección sino por permitirme todo.
    9. Siendo una persona imperfecta, la gente me quiere.
    10. Todo en mí es belleza, encanto y verdad.
  • Se dice que la nariz roja de un clown es la máscara más pequeña del mundo.
  • La nariz del clown, es decir, su máscara, ha de ser preferentemente un objeto redondo de color rojo, aunque pueden servir también otras alternativas, como narices alargadas o de otras formas, narices unidas a gafas o cualquier prótesis de algún material resistente que se adhiera a la piel y produzca una deformación de nuestra propia nariz.
  • Proverbio árabe: “Quien no entiende una mirada jamás entenderá una larga explicación”.
  • El clown mira de frente, ojos bien abiertos, cejas arqueadas. Inocencia. Mirada clara, receptiva, abierta a recibir, sentir y conocer. Mirada que anuncia, que informa. Transparencia total hasta cuando intenta ocultar.
  • El clown mueve su ficha cada vez que siente algo y lo comunica con la mirada al público. Este reacciona a ese movimiento moviendo ficha a su vez. El clown se da cuenta de ello y reacciona moviendo de nuevo. Así hasta lograr que el público mueva pieza en la dirección que él espera y desea, que no es otra que compartir el juego, la situación, la emoción.
  • Miremos con ojos de clown y dispongámonos a entrar en los entresijos de su personalidad. De su nacimiento y evolución. De su desarrollo a través de la práctica cotidiana. Pasaremos del pensar al hacer, por medio de juegos y propuestas de improvisación que servirán para ir conformando el clown único e intransferible de cada cual. Se abre pues, aquí, el turno de los payasos y las payasa. Echémonos a un lado y permitamos que comiencen a andar, a jugar, a vivir.
  • Entrada original: https://raulbarraltamayo.wordpress.com/2020/05/05/el-clown-un-navegante-de-las-emociones-jesus-jara/
  • El clown nace del interior de cada persona y, por tanto, va a tener lo esencial de nuestro carácter y de nuestra estructura física. Pero lo esencial no es todo aquello que hemos incorporado a nuestro comportamiento debido a la presión de las normas sociales. Vamos a descubrir, con sorpresa, cómo nuestro clown hace cosas que nosotros habitualmente no nos permitimos, porque él es un espíritu libre que vive y actúa con sinceridad, en coherencia con sus sentimientos.
  • Para que nuestro clown crezca sano y fuerte es preciso dejarle dar sus primeros pasos solo. Hay que renunciar a todos los trucos que consideramos propios de los payasos y a los muchos prejuicios que tenemos acumulados sobre ellos. El primer paso es despojarse de todo y dejar, sencillamente, que comiencen a fluir en nuestro interior nuevos impulsos y sensaciones.
  • Es imprescindible que este proceso de descubrimiento se produzca desde la improvisación. No nos obsesionemos con ser originales, simplemente hay que ser honrado con uno mismo y dejarse llevar por los impulsos más auténticos. Conseguiremos que lo que hagamos se produzca de verdad, y eso ya es más que suficiente.
  • Una gran carencia con la que nos encontramos al improvisar con otras personas es la falta de escucha.
  • No hay que tener prisa en establecer un carácter predominante en el clown de cada cual, conviene dejarle permeable a múltiples influencias y matices durante un tiempo para que gane en riqueza y complejidad. Ya sabemos que la base de su carácter será la base del nuestro propio, de lo que somos y de lo que querríamos ser.
  • En cuanto a las improvisaciones de clown, es importante tener en cuenta estas diez “sugerencias de oro”:
    1. Borrar del cerebro la insensata orden de hacer reír a toda costa.
    2. La nariz roja debe estar perfectamente acoplada a la cara con una goma con la medida justa para que no se mueva, pero tampoco ha de apretar en exceso.
    3. La improvisación comienza en cuanto nos ponemos la nariz, aunque todavía no nos vea el público. Igualmente, la improvisación no termina hasta que nos vamos del espacio de juego y nos quitamos la nariz.
    4. Improvisar significa accionar, y para ello es necesaria una actitud activa de participar del juego, evitando instalarse en un rol pasivo de lo que ocurre.
    5. Hay que cultivar el hábito de mirar al público cada vez que se sienta o piense algo importante en la relación con la situación que se está viviendo.
    6. Es muy conveniente evitar trasladar automática y autoritariamente al clown la ideología y los gustos o preferencias de cada persona. Es preciso ir descubriendo qué cosas compartimos con él y cuáles no.
    7. Los diferentes comportamientos del clown, su complejidad, se encuentran desde el juego de payaso con el tiempo. No hay que intentar afirmar rápidamente dos o tres características básicas, porque se corre el riesgo de hacerlo en falso.
    8. Para que la improvisación funcione es imprescindible el apoyo del alumnado que ejerce de público, con una especial actitud de solidaridad, complicidad y diversión.
    9. Con el tiempo, es recomendable disponer de vestuario, objetos y utilería variada, a fin de ir concretando un aspecto personal de cada clown y de apoyarse en complementos que ayuden a vivir las diferentes propuestas en un estado lúdico y creativo.
    10. Las tres pautas fundamentales para el éxito de la improvisación clown son: entrar con ganas, escuchar y estar payasos.
  • Quienes quieran hacer teatro de payasos deben diferenciar entre crear y representar. Durante el proceso de creación de los espectáculos la improvisación sigue siendo el medio idóneo para conseguir el material del mismo en forma de personajes, escenas y conflictos, pero luego es preciso fijar acciones y textos de manera que todo esté perfectamente ensayado cuando se presente ante el público.
  • En cuanto a la voz, lo más importante es no preocuparse, estar payasos, vivir emociones y dificultades y dejar que salga como una parte más de la expresión de nuestro cuerpo. Con cierta frecuencia se cae en la tentación, y en el error, de hacer de la voz y de su uso una especie de tercera máscara.

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