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Por qué Marx tenía razón de Terry Eagleton – Apuntes

Posted by Raul Barral Tamayo en martes, 11 de agosto, 2020


Título original: Why Marx Was Right.
© Yale University, 2011
© de la traducción: Albino Santos Mosquera, 2011
Editorial: Ediciones Península.

«Este libro se originó a partir de una única y llamativa posibilidad: ¿Y si todas las objeciones que se plantean más habitualmente a la obra de Marx estuvieran equivocadas? ¿O, cuando menos, aun no siendo desatinadas del todo, sí lo fueran en su mayor parte?

Con esto no pretendo insinuar que Marx no diera jamás un paso en falso. No soy de ese género de izquierdistas que, por un lado, proclaman devotamente que todo es susceptible de crítica y, al mismo tiempo, cuando se les pide que propongan aunque solo sean tres puntos importantes que se puedan reprochar a las tesis de Marx, reaccionan con malhumorado silencio. Yo mismo tengo mis propias dudas acerca de algunas de las ideas marxianas y creo que este libro lo pondrá suficientemente de manifiesto. Pero la verdad es que Marx tuvo la suficiente razón a propósito del suficiente número de cuestiones importantes como para que llamarse marxista pueda ser una descripción razonable de uno mismo.»

Terry Eagleton (Salford, Reino Unido, 1943) es profesor de Literatura Inglesa en la Universidad de Lancaster. Doctorado en el Trinity College de Cambridge, fue profesor en el Jesus College de la misma institución, en varios centros académicos de Oxford y en la Universidad de Manchester. Discípulo de Raymond Williams, Eagleton ha unido los estudios culturales con la teoría literaria, el marxismo y el psicoanálisis.

Algunas de las cosillas que aprendí leyendo este libro que no tienen porque ser ni ciertas ni falsas ni todo lo contrario:

  • No pretendo insinuar que Marx no diera jamás un paso en falso. Yo mismo tengo mis propias dudas acerca de algunas de las ideas marxistas y creo que este libro lo pondrá suficientemente de manifiesto.
  • Marx tuvo la suficiente razón a propósito del razonable número de cuestiones importantes como para que llamarse marxista pueda ser una descripción juiciosa de uno mismo.
  • Me propongo exponer no la perfección de las ideas de Marx, sino plausibilidad.
  • En este libro tomo diez de las críticas más convencionales formuladas contra el pensador alemán y trato de refutarlas una por una.
  • Ni los más contumaces críticos de Marx negarán que él transformó nuestra manera de entender la historia humana.
  • La alienación, la «mercantilización» de la vida social, la cultura de la codicia, la agresividad, el hedonismo sin sentido y el nihilismo crecientes, la constante hemorragia de sentido y de valor que padece la existencia humana: cuesta dar con un análisis inteligente de estas cuestiones que no esté sensiblemente en deuda con la tradición marxista.
  • Cuando digo Marx suelo referirme muy a menudo tanto a Marx como a Engels.
  • En la esencia misma del marxismo está el que sea una empresa estrictamente provisional; de ahí que quien invierta en ella toda su identidad esté cometiendo un claro error de concepto.
  • El marxismo es una crítica del capitalismo: concretamente, la más perspicaz, rigurosa y exhaustiva crítica de su clase jamás formulada y emprendida.
  • Marx trabajó a sueldo del capitalismo. Sin la factoría textil Ermen & Engels de Salford, propiedad del padre de Friedrich Engels, industrial del ramo, es muy posible que un pobre crónico como Marx no hubiera logrado siquiera sobrevivir para escribir sus invectivas contra los empresarios del textil.
  • El escenario era el propicio para el ascenso de Reagan y de Thatcher, quienes ayudaron a desmantelar el tejido industrial tradicional, a coartar al movimiento obrero, a dejar que el mercado se desatara, a fortalecer el brazo represor del Estado y a capitanear una nueva filosofía social: la de la más descarada codicia.
  • Lo que contribuyó más que ninguna otra cosa a desacreditar el marxismo fue la sensación de impotencia política que se había ido apoderando de mucha gente. Resulta difícil mantener la fe en el cambio cuando el cambio mismo parece estar fuera del orden de prioridades.
  • Como ya predijera Marx, en nuestra propia época las desigualdades de riqueza se han profundizado hasta niveles extraordinarios.
  • El capitalismo ha creado más prosperidad de la que nunca antes había contemplado la historia, pero el coste ha sido astronómico.
  • Nos enfrentamos a un futuro probable de Estados nuclearizados en guerra por el control de unos recursos escasos, escasez que es consecuencia en buena media del propio capitalismo.
  • El límite final del capitalismo, según comentó Marx en una ocasión, es el capital mismo, pues la reproducción constante de este es una frontera más allá de la cual no se puede aventurar.
  • ¿Por qué continuamos consintiendo el mito que abona la vana esperanza de que la fabulosa riqueza generada por el modo de producción capitalista acabará llegándonos a todos y a todas tarde o temprano?
  • Las naciones capitalistas modernas son el fruto de una historia de esclavitud, genocidio, violencia y explotación tan abominable como las de la China de Mao o la Unión Soviética de Stalin.
  • China y la Unión Soviética sacaron a sus ciudadanos y ciudadanas del atraso económico y los transportaron hasta el mundo industrial moderno, aunque fuera a un coste humano terrible.
  • En términos generales, el maoísmo y el estalinismo fueron experimentos chapuceros y sangrientos que vertieron sobre la idea misma del socialismo una capa de hediondez insoportable para el olfato de muchas de las personas que más podían beneficiarse de ella en otras partes del mundo.
  • Los marxistas tampoco imaginaron en ningún momento que fuera posible alcanzar el socialismo en solo un país. El movimiento sería internacional o no sería nada.
  • La extravagante noción del socialismo de un único Estado fue un invento de Stalin en la década de 1920.
  • En condiciones ideales, para que el socialismo prospere se necesita un pueblo unificado, educado y políticamente sofisticado; unas instituciones ciudadanas florecientes, una tecnología evolucionada, unas tradiciones liberales ilustrada y un hábito democrático asentado.
  • Marx subraya que el socialismo también exige un acortamiento de la jornada laboral, en parte, para que hombres y mujeres dispongan de tiempo libre para su realización personal, pero en parte, también, para crear tiempo para el autogobierno político y económico colectivo.
  • Al final, los bolcheviques harían desfilar a su pueblo hambriento, descorazonado y cansado de tanta guerra, hacia la modernidad a punta de pistola. Este no tardó en usurpar los sóvierts de los trabajadores y en prohibir la prensa y el sistema judicial independientes. Reprimió igualmente la disensión política y los partidos opositores, manipuló las elecciones y militarizó la mano de obra.
  • En un cierto sentido paradójico, el estalinismo, lejos de desacreditar la obra de Marx, es prueba de su validez. Si lo que buscamos es una explicación convincente de las causas y de  orígenes del estalinismo, hay que acudir al marxismo.
  • Los marxistas no creen que la imponente estirpe liberal que se extiende desde Thomas Jefferson hasta John Stuart Mill quede anulada por la existencia de prisiones secretas de la CIA para torturar a musulmanes.
  • El llamado socialismo de mercado imagina un futuro en el que los medios de producción serían de propiedad social, pero donde existirían cooperativas autogestionadas que competirían entre sí en el mercado.
  • Algunos marxistas aseguran que el propio Marx era un socialista de mercado, al menos, en tanto en cuanto creía que el mercado permanecería vigente durante el periodo transitorio que seguiría a una revolución socialista.
  • Incluso Trotski apoyaba el mercado, si bien solo durante el periodo de transición hacia el socialismo y combinado con la planificación económica.
  • El socialismo de mercado deroga la propiedad privada, las clases sociales y la explotación. También deposita el poder económico en manos de los productores reales.
  • El capitalismo nos priva del poder de decidir si queremos producir más hospitales o más cereales para el desayuno. Bajo el socialismo, esa libertad se ejercería de forma habitual y normalizada.
  • Los precios no se determinarían de forma centralizada, sino que serían las diversas unidades de producción las que los decidirían basándose en la información y las opiniones aportadas por consumidores, usuarios, grupos de interés, etc.
  • Hay otros bienes menos indispensables desde el punto de vista social (artículos de consumo, productos de lujo? que podrían dejarse al albur del funcionamiento del mercado.
  • Muchos pensadores sociales han concebido la sociedad humana como una especie de unidad orgánica, pero, para Marx, el verdadero elemento constitutivo de esta es la división. La sociedad está formada de intereses mutuamente incompatibles. La lógica que la guía es la del conflicto, más que la de la cohesión.
  • Marx proclama en El manifiesto comunista su famosa sentencia de que «la historia de toda sociedad hasta nuestros días no ha sido sino la historia de las luchas de clases». Es evidente que no pudo afirmar algo así en sentido literal.
  • El manifiesto comunista es un escrito de propaganda política y, como tal, está repleto de adorno retórico.
  • Significa, más bien, que la lucha de clases es el factor más fundamental de la historia humana.
  • Él utiliza el término «historia» con el sentido de curso significativo de los acontecimientos, no como un sinónimo del conjunto total de la existencia humana hasta nuestros días.
  • Lo que sí es original de su pensamiento es el hecho de ligar esas dos ideas (la lucha de clases y el modo de producción) entre sí para producir un escenario histórico que resulta ciertamente novedoso.
  • En términos generales, para Marx un modo de producción significa la combinación de ciertas fuerzas de producción con determinadas relaciones de producción. Una fuerza de producción significa cualquier instrumento mediante el que aplicamos nuestro trabajo al mundo para reproducir nuestra vida material.
  • En un momento de su extensa obra, Marx llega incluso a afirmar que ninguna nueva clase social releva en el poder a otra hasta que las fuerzas productivas han sido desarrolladas en la máxima medida posible por la anterior.
  • entrada original: https://raulbarraltamayo.wordpress.com/2020/08/11/por-que-marx-tenia-razon-de-terry-eagleton/
  • Es evidente que Marx cree que la riqueza material puede dañar nuestra salud moral. Aun así, él no aprecia el abismo entre lo moral y lo material que sí ven algunos pensadores idealistas. Según él, el despliegue de las fuerzas productivas supone también el de las facultades y las capacidades humanas.
  • La clase surge cuando la producción material está organizada de tal modo que unos individuos se ven forzados a transferir su plustrabajo a otros para sobrevivir. Cuando el excedente es escaso o nulo, como sucede en el llamado comunismo primitivo, todo el mundo tiene necesidad de trabajar y nadie puede vivir del esfuerzo de otras personas, por lo que no puede haber clases
  • Solo con el capitalismo puede crearse suficiente excedente como para que la abolición de la escasez sea posible. Lo que sucede es que únicamente el socialismo puede llevar eto último a la práctica.
  • En un momento de pesimismo, desacostumbrado en él, Marx admite que la lucha de clases podría desembocar en la «runia común» de las de las clases en pugna.
  • No existe prueba alguna de que Marx sea en líneas generales un determinista, entendido como alguien que niega que las acciones humanas son libres. Al contrario: él da muestras evidentes de creer en la libertad.
  • Marx afirmó que sus tesis sobre la transición del feudalismo al capitalismo eran aplicables específicamente a Occidente y no podrían universalizarse. Los bolcheviques fueron capaces de dar el salto de una Rusia parcialmente feudal a un Estado socialista sin pasar por un prolongado interludio de capitalismo generalizado.
  • Hay ciertos pasajes en la obra de Marx en los que este jalea el crecimiento del capitalismo como único modo de allanar el camino hacia el socialismo.
  • Marx nunca muestra el más mínimo interés en un futuro en el que no existan el sufrimiento, la muerte, la pérdida, el fracaso, los desperfectos, el conflicto, la tragedia o, incluso, el trabajo. De hecho, no le interesa especialmente el futuro en general.
  • Es el capitalismo, no el marxismo, el que comercia con futuros.
  • Como buen materialista, Marx era reacio a las ideas que se hallaban divorciadas de la realidad histórica y creía que, por lo general, algún buen motivo histórico debía de existir para tal separación.
  • Para Marx, el socialismo es el punto a partir del que empezamos de manera colectiva a determinar nuestros propios destinos. Es la democracia tomada totalmente en serio.
  • Marx es, en ciertos sentidos, un pensador trágico, que no pesimista.
  • Los marxistas son, por una parte, unos tipos realistas que se muestran escépticos ante cualquier moralismo elevado y recelan del idealismo. Dotados de una mentalidad suspicaz por naturaleza, tienden a buscar los intereses materiales que se ocultan latentes bajo la embriagadora retórica política.
  • El comunismo organiza la vida social de tal manera que los individuos sean capaces de realizarse en (y a través de) la realización de otros individuos.
  • Hay sobradas razones para sospechar que jamás podrá haber una conciliación completa entre individuo y sociedad.
  • Quienes se burlan de los ideales socialistas harían bien en recordar que tampoco el libre mercado puede realizarse a la perfección. Sin embargo, eso no disuade a los liberales de defenderlo.
  • Si el comunismo consiste en la participación de todos y todas en la vida social y en la máxima medida de lo posible, es de esperar también que aumenten los enfrentamientos en lugar de disminuir, ya que serán más los individuos implicados en la acción.
  • En una sociedad socialista, nadie gozaría de semejante posición, pero no porque todo el mundo se fuese a volver angelical de pronto, sino porque no habría fondos de pensiones privados ni medios de comunicación privados.
  • El marxismo no promete la perfección humana. Ni siquiera promete abolir el trabajo duro. Marx creía que, incluso en condiciones de abundancia, continuaría resultando esencial una cierta dosis de trabajo desagradable.
  • Lo que sí promete el marxismo es la solución de las contradicciones que actualmente impiden que comience la historia propiamente dicha, con toda la libertad y la diversidad que la caracterizarán.
  • Los materialistas no niegan lo espiritual, sino que nos recuerdan que la realización del espíritu precisa de ciertas condiciones materiales.
  • Los seres humanos no dan lo mejor de sí cuando sufren condiciones de escasez, ya sean naturales o artificiales. La privación engendra violencia, miedo, avaricia, ansiedad, actitudes posesivas, dominación y antagonismos mortales.
  • Contemplados a lo largo de periodos prolongados, los cambios institucionales sí tienen efectos profundos en las actitudes humanas.
  • En la Europa medieval y de comienzos de la Edad Moderna, la avaricia era considerada como el más vil de los vicios.
  • Marx era inusitadamente pesimista acerca del pasado e inhabitualmente optimista con respecto al futuro.
  • Si la historia ha sido tan sangrienta, no es porque la mayoría de los seres humanos sean malvados, sino por las presiones materiales a las que estos han estado sometidos.
  • El poder solo triunfa de verdad cuando se gana la colusión de sus subordinados.
  • Tampoco es posible un orden social en el que todas las personas seamos iguales. La queja de que «el socialismo haría que todos fuéramos lo mismo» carece de fundamento. Marx no tenía semejante intención. Era enemigo declarado de la uniformidad. De hecho, para él la igualdad era una valor burgués.
  • La verdadera igualdad no implica tratar del mismo modo a todo el mundo, sino ocuparse por igual de las necesidades diferentes de todos y todas.
  • En cierto sentido, afirmar que todo se reduce a lo económico es seguramente una perogrullada.
  • Sin producción material no puede haber civilización.
  • La propiedad, según Rousseau, es la raíz del malestar humano.
  • Para Marx (como para su mentor, Aristóteles), la vida buena consiste en la realización de actividades por el hecho mismo de realizarlas. Las mejores cosas son las que se hacen porque sí. Las llevamos a cabo simplemente porque pertenecen al ámbito de nuestra realización conforme al tipo de animales que somos, y no por obligación.
  • El tema central de la obra de Marx es el disfrute humano. La vida buena, para él, no es una vida dominada por el trabajo, sino por el tiempo libre. La realización personal en libertad es una forma de «producción», sí, pero no es una producción coactiva.
  • A Marx, nunca le quitó mucho el sueño la cuestión de si el mundo está hecho de materia, de espíritu o de queso azul. Despreciaba esas abstracciones metafísicas a gran escala y las rehusaba de inmediato por considerarlas una mera especulación ociosa.
  • Feuerbach, de quien Marx aprendió parte de su propio materialismo, escribió que toda filosofía auténtica tiene que partir de su opuesto, la no filosofía.
  • Platón pensaba que la filosofía era imposible sin la presencia de una élite aristocrática desocupada de cualquier otra obligación.
  • A través de los otros, nos convertimos en lo que somos. La identidad personal es un producto social.
  • Nuestras necesidades biológicas son los cimientos de la historia.
  • Si queremos variar nuestra manera de pensar y de sentir de forma suficientemente radical, estamos obligados a cambiar lo que hacemos.
  • Para empezar, son nuestras necesidades físicas las que moldean nuestra forma de pensar.
  • Como otros muchos filósofos carnavelescos, Marx es un gigante del pensamiento que desconfía muy sinceramente de las ideas exaltadas.
  • Por «estructura económica» o «base», Marx entiende las fuerzas y las relaciones de producción; por superestructura entiende instituciones como el Estado, el derecho, la política, la religión y la cultura. A su entender, la función de estas instituciones es apoyar la «base», es decir, el sistema de clases imperante.
  • Marx creía que quienes controlan la producción material tienden a controlar también la producción mental.
  • Hay innumerables elementos que no pertenecen a la producción material ni a la llamada superestructura.
  • Los materialistas no son criaturas desalmadas. Y si lo son, no se debe necesariamente a que sean materialistas.
  • Una vez comentó que había sacrificado su salud, su felicidad y su familia para escribir El capital, pero que habría sudo un «buey» si hubiera dado la espalda a los sufrimientos de la humanidad. También señaló que nadie había escrito tanto sobre el dinero teniendo tan poco.
  • Su hija, Eleanor Marx, explica que su padre le dijo una vez a su madre que si quería «satisfacer sus necesidades metafísicas» buscara entre los profetas judíos antes que en la Sociedad Laica a la que ella acudía en ocasiones.
  • Marx creía que la ética que rige la sociedad capitalista (la idea de que yo puedo prestarte un servicio solamente si me resulta rentable hacerlo) era una manera detestable de vivir.
  • Marx fue un verdadero moralista en la más pura tradición de Aristóteles, aunque no siempre fuera consciente de que lo era. Perteneció a la gran tradición aristotélica para la que la moral no es una cuestión preeminentemente de leyes, deberes, códigos y prohibiciones, sino de cómo vivir del modo más libre, pleno y personalmente satisfactorio.
  • Ningún socialista que se precie ha creído nunca que la clase obrera sea capaz de derribar el capitalismo por sí sola.
  • La palabra «proletariado» nos ha llegado del vocablo latino proles («descendencia»), con el que se designaba a aquellas personas que eran demasiado pobres para servir al Estado con otra cosa que no fuera la fecundidad de su vientre.
  • Marx mismo no creía que una persona tuviera que estar dedicada al trabajo manual para que se la considerara un miembro de la clase obrera.
  • La clase obrera incluye más bien a todas aquellas personas que se ven obligadas a vender su fuerza de trabajo al capital, que malviven bajo las opresivas disciplinas de este y que tienen escaso o nulo control sobre sus condiciones de trabajo.
  • La idea de revolución suele evocar imágenes de violencia y caos. Contrasta en ese punto con la reforma social, que tendemos a considerar pacífica, moderada y gradual.
  • Al poco de la revolución bolchevique, estalló una sangrienta guerra civil. Tropas británicas y francesas se implicaron a fondo en el respaldo a las fuerzas contrarrevolucionarias blancas.
  • Las revoluciones se traman normalmente durante mucho tiempo y pueden tardar siglos en alcanzar sus objetivos.
  • El único pacifista con el que vale la pena debatir es aquel o aquella que rechaza la violencia absolutamente.
  • En su breve aunque sangrienta vida, el marxismo ha provocado una atroz cantidad de violencia. Pero ¿y los crímenes del capitalismo? La historia del capitalismo es, entre otras cosas, una historia de guerra global, explotación colonial, genocidio y hambrunas evitables.
  • Los socialistas, y su odio hacia el militarismo y el chovinismo, han desempeñado un papel muy importante en la mayoría de movimientos por la paz a lo largo de la historia contemporánea.
  • Si las revoluciones socialistas han entrañado generalmente violencia, ha sido en gran medida porque las clases acaudaladas rara vez ceden sus privilegios sin plantear batalla.
  • Para el marxismo, las revoluciones no son simples intentos de derrocamiento del Estado. En su sentido más pleno, las revoluciones se producen únicamente cuando una clase social derriba el dominio de otra y lo sustituye por su propio poder.
  • Puesto que la esencia del socialismo es el autogobierno popular, nadie puede llevar a cabo una revolución socialista en nuestro lugar.
  • Las revoluciones socialistas solo pueden ser democráticas. La clase dominante es una minoría antidemocrática.
  • Los bolcheviques acumulaban un dilatado historial de debate abierto en sus filas, y la idea de gobernar el país como partido político único no formaba parte en absoluto de su programa original.
  • Uno de los problemas de las revoluciones socialistas es que tienen más probabilidades de estallar en aquellos lugares donde más difíciles son de sostener.
  • Los marxistas se sienten a veces ofendidos por la supuesta apatía política de la clase obrera.
  • Mientras un sistema social siga produciendo un mínimo de gratificación para sus ciudadanos, no es irrazonable que estos se queden con lo que ya tienen en vez de dar un arriesgado salto hacia un futuro imposible de conocer. El suyo no es un conservadurismo merecedor de desdén alguno.
  • Las revoluciones tienden a estallar en el momento en que casi cualquier alternativa parece preferible al estado presente.
  • El capitalismo es perfectamente capaz de derrumbarse bajo el peso de sus propias contradicciones sin haber recibido siquiera el más ligero empellón de sus oponentes.
  • Marx se opuso implacablemente al Estado. De hecho, es de sobra conocido que esperaba con ansia el momento futuro en que aquel se desvaneciera por completo.
  • El Estado como organismo administrativo continuaría existiendo. Lo que Marx espera ver desaparecer es el Estado en su faceta de instrumento de violencia.
  • No toda la violencia estatal es en aras de la protección del status quo. Los policías que impiden que unos matones racistas asesinen a palo a un joven asiático no están actuando como agentes del capitalismo.
  • Las prisiones no son simplemente lugares que penalizan a los socialmente desfavorecidos, aunque no hay duda de que también ejercen esa función.
  • El socialismo es la culminación de la democracia, no la negación de esta.
  • La dictadura del proletariado significaba sencillamente el gobierno de la mayoría. La palabra «dictadura» en aquel entonces, significaba una contravención extralegal de una constitución política.
  • La forma de poder más fructífera es el poder sobre uno mismo o una misma, y la democracia significa el ejercicio colectivo de esa capacidad.
  • Parte de la discrepancia de Marx con los anarquistas era por la cuestión de cuán fundamental es el poder. Para Marx había que poner el poder político en un contexto histórico más amplio.
  • El viejo eslogan comunista del «socialismo o barbarie» siempre les ha parecido a alguno un tanto apocalíptico de más.
  • ¿Ha habido alguna vez un pensador más caricaturizado?

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raul

3 respuestas hasta “Por qué Marx tenía razón de Terry Eagleton – Apuntes”

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