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Petrocalipsis de Antonio Turiel – Apuntes

Posted by Raul Barral Tamayo en martes, 20 de octubre, 2020


© Antonio Turiel, 2020
Editorial: Alfabeto Editorial.

Petrocalipsis es un análisis crudo y claro de las posibles alternativas a nuestro sistema energético actual.

Frente al triunfalismo que muchas veces exhiben las noticias sobre la futura utilización de nuevas fuentes energéticas, el libro plantea con concisión por qué no funcionan ni funcionarán cada una de las falsas soluciones que se han venido discutiendo durante las últimas dos décadas.

No hay soluciones sencillas ni atajos al dilema que plantea la transición energética, doblemente necesaria no solo por el impacto ambiental de los combustibles fósiles, sino también por un factor a menudo ignorado: su próxima escasez.

Frente a la fe ciega en la tecnología que parecen profesar los responsables políticos y económicos, el autor nos explica que nada podrá evitar que en las próximas décadas sigamos una senda de descenso energético de la que nadie quiere hablar.

La lectura de este libro deja claro que si queremos evitar el peor escenario, el “petrocalipsis”, debemos dejar de engañarnos, comprender nuestra situación real y actuar cuanto antes en consecuencia.

Antonio Turiel (León, 1970) es científico y un conocido divulgador de los problemas de sostenibilidad de nuestra sociedad. Licenciado en Físicas, en Matemáticas y doctor en Física Teórica, es investigador científico en el Instituto de Ciencias del Mar de Barcelona, CSIC. Su investigación se ha centrado en la turbulencia y en la oceanografía por satélite, aunque también es experto en el ámbito de los recursos naturales. Su blog, The Oil Crash, es una de las grandes referencias en castellano sobre el problema del cenit del petróleo.

Algunas de las cosillas que aprendí leyendo este libro que no tienen porque ser ni ciertas ni falsas ni todo lo contrario:

  • Jamás saldremos de esta crisis. No, al menos, dentro del esquema económico y social del que nos hemos dotado. Hace mucho tiempo que se sabe que iba a pasar esto; lo que ocurre es que no queríamos cambiar y por eso no lo hemos hecho. Pero ahora ya no se puede esperar más.
  • ¿Cómo puedo afirmar tan rotundamente que no saldremos jamás de esta crisis? Porque cuanto impide la salida de esta crisis constituyen razones físicas, a saber: es físicamente imposible volver a crecer desde una perspectiva económica, y no solo eso, sino que incluso estamos condenados a decrecer.
  • Un economista con formación clásica rechazará la noción de que el mundo real pueda imponer límites físicos al mundo económico; la idea le parecerá tosca, grosera, ingenua.
  • Nuestro sistema económico necesita el crecimiento para funcionar. Vamos de un ciclo recesivo al siguiente, con pequeños períodos intercalados de calma, en una crisis que empezó en 2007 y que no va a acabar nunca.
  • Un desastre cuyo primer síntoma es la misma escasez del petróleo.
  • El petróleo, como el resto de combustibles, contiene mucha energía en poco volumen: es una sustancia energéticamente densa. Y eso es lo que lo vuelve tan interesante. Y tan necesario.
  • Gracias a esta densidad energética sin igual, es posible mover máquinas muy pesadas con una autonomía de muchas horas o de centenares de kilómetros usando un depósito de combustible increíblemente pequeño.
  • El petróleo, hoy en día, viene a ser la savia de la economía mundial.
  • Petróleo quiere decir “transporte”: aun cuando no todo el petróleo se use en el transporte, la mayoría del transporte se basa en el petróleo.
  • El petróleo permite mantener en marcha el transporte mundial. Gracias a la abundancia del petróleo barato que ha caracterizado las últimas décadas, el sistema de transporte mundial se ha expandido hasta alcanzar el gigantismo actual, lo que ha hecho posible el sueño de la globalización.
  • La tercera parte de la energía que se consume hoy en día en el mundo proviene del petróleo, lo cual lo convierte en la fuente de energía más importante de todas las que usamos.
  • A principios de la década de 1970 descubrimos hasta qué punto dependíamos del petróleo cuando los países árabes, como represalía por nuestro apoyo a Israel, sometieron a Occidente a un embargo que duró meses, pero cuyas consecuencias económicas se dejaron sentir hasta mediados de la década de 1980.
  • Necesitamos dejar el petróleo, pero, como muetran los ejemplos de 1973 y de 2008, no podemos prescindir de él de golpe.
  • En noviembre de 2018 comenzó a sonar, con fuerza, una alarma. Una amenaza que los representantes políticos y los grandes actores económicos, pese a conocerla desde hace tiempo, han preferido ignorar tanto como han podido porque plantea un problema urgente para el cual no disponemos de una solución sencilla. Es el que supone la llegada del llamado peak oil, o “cénit de producción de petróleo”. Un problema tan grave que nos va a obligar a prescindir del petróleo aunque nosotros no queramos. En realidad, el petróleo nos va a abandonar mucho antes de que nosotros renunciemos a él.
  • Es un hecho conocido desde hace décadas que, a pesar de que las reservas de petróleo puedan ser inmensas, la velocidad a la que extraemos (o producimos) petróleo se halla limitada por diversos factores físicos y no puede sobrepasar cierto valor. Peor aún: después de haber alcanzado su máximo, la velocidad de extracción de petróleo irá reduciéndose paulatinamente sin remedio.
  • De promedio, solo se puede extraer el 35% de todo el petróleo que alberga una formación de petróleo convencional.
  • Al principio extraemos todo el petróleo fácilmente interconectado y perforamos por donde nos dé más rendimiento. A medida que el yacimiento envejece y se vuelve muy explotado, se necesita cada vez un esfuerzo mayor para sacar menos petróelo.
  • Si contamos el volumen total de las reservas de todo tipo de hidrocarburos que, más o menos, podemos considerar asimilables al petróleo, nos encontraremos con que, al ritmo del consumo de hoy en día, unos 93 millones de barriles diarios, necesitaríamos varios siglos para terminarlas.
  • Por así decir, la naturaleza nos impone un corralito en nuestra cuenta de petróleo, y no vamos a poder extraer lo que queramos cada mes, sino lo que esta nos deje. Aquí reside el verdadero problema.
  • El problema que se plantea con el agotamiento del petróleo no es que su producción se detenga de golpe, sino que, a partir de cierto momento, empiece a disminuir, aunque ese descenso se produzca a lo largo de muchas décadas.
  • Quizá nunca debíamos haber intentado producir petróleos no convencionales, por que nos van a llevar a una caída más desastrosa si cabe.
  • Los principales petróleos no convencionales:
    1. Los líquidos del gas natural.
    2. Los biocombustibles.
    3. Los petróleos en aguas ultraprofundas.
    4. Los petróleos extrapesados provenientes de las arenas bituminosas de Canadá y de la Franja del Orinoco de Venezuela.
    5. El petróleo ligero de roca compacta proveniente de la fractura hidráulica (fracking).
  • Los líquidos del gas natural solo sustituyen al petróleo en la producción del plástico, pero tienen un uso limitado en sus sustitución como combustible.
  • Uno de los ingredientes del modelo de Hubbert consiste en afirmar que continuamente se están descubriendo y poniendo en marcha nuevos pozos de petróleo y, a pesar de ello, la producción de petróleo puede acabar decayendo.
  • Se trata de identificar fuentes de hidrocarburos que, con la extracción y el tratamiento adecuados, puedan usarse después como sustitutos más o menos aceptables de petróleo.
  • La técnica de explotación del fracking resulta extremadamente costosa y por ese motivo no se ha usado de forma masiva hasta que nuestra desesperación nos ha obligado a ello.
  • Los pozos de fracking obtienen el 80% de su rendimiento en los dos primeros años y cinco años después su producción resulta completamente despreciable, por lo que se suelen abandonar antes de cumplirse ese plazo, y se comprenderá por qué no se han hecho oleoductos que transporten la producción, pues los pozos duran tan poco tiempo que no sale a cuenta.
  • Como de promedio se necesitan doscientos pozos de fracking para producir lo mismo que con un pozo convencional, se tienen que perforar miles de pozos, sin pausa, para mantener en marcha semejante industria.
  • El fracking no solo no va a resolver el problema, sino que en realidad es una bomba de relojería que va a causar mucho daño cuando estalle. Y en un plazo de tiempo bastante breve.
  • Los geólogos que trabajaban en las petroleras comprendían perfectamente ya, a finales del pasado siglo, que la progresiva reducción de los hallazgos de nuevos yacimientos presagiaba una deceleración, primero, y una caída, después, de la producción de petróleo.
  • En 1998, los geólogos Colim Campbell y Jean Laherrère, con décadas de servicio en grandes petroleras multinacionales, publicaron en su premonitorio artículo “El fin del petróleo barato” en la revista Scientific American, en el que avisaban acerca del futuro inevitable que auguraban para la producción de petróleo convencional.
  • Si la rentabilidad de los yacimientos en aguas profundas es dudosa, la de los yacimientos árticos es aún más especulativa y, probablemente, el doble de peligrosa. No cabe esperar, por tanto, ninguna solución mágica que proceda de este tipo de yacimientos.
  • Numerosos estudios muestran cómo el rendimiento energético de la mayoría de los biocombustibles es tan bajo, que en realidad, eso de cosechar la propia energía resulta un negocio ruinoso. Tan ruinoso, de hecho, que la adición de biocombustibles estuvo subvencionada por los Estados durante muchos años.
  • No solo los actuales biocombustibles suponen un contrasentido energético, sino que hasta los proyectados biocombustibles de segunda generación (que provendrían de la fracción celulósica de los vegetales o de las algas marinas) tendrán siempre rendimientos energéticos muy b ajos.
  • Gracias a esos dos millones de barriles diarios de agrocombustibles que llevamos añadiendo desde 2010, hemos podido disimular la dificultad que tiene el mundo para incrementar la producción de hidrocarburos líquidos.
  • La producción de agrocombustibles fue un error estratégico guiado por una mala valoración de la capacidad de aumentar su producción, y hoy en día genera muchos más problemas que beneficios, con el inconveniente de que su producción no supone un incremento real de la energía disponible, pero sí significa una reducción de los alimentos disponibles para la humanidad.
  • Dado que todavía estamos en la fase creciente de la producción de gas natural, aún existe cierta incertidumbre en torno al momento exacto en que tendrá lugar el nivel máximo de extracción el gas natural.
  • Si comenzáramos a utilizar de forma masiva el gas natural, podríamos acelerar el proceso y llegar antes al pico de producción.
  • Es evidente que no podemos confiar en que sea el gas natural el que nos proporcione una alternativa duradera al petróleo, puesto que en breve (a una escala histórica) se va a encontrar en la misma situación de declive terminal.
  • En muchos sentidos el gas natural es un combustible mucho menos conveniente que los derivados del petróleo, lo cual lo incapacita como una solución transitoria viable.
  • El gas natural es gaseoso y, en consecuencia, volátil; de ahí que requiera un manejo más complicado.
  • Para el transporte intercontinental, la única opción es el uso de buques metaneros, encargados de llevar el gas natural líquido (a altas presiones y bajas temperaturas), lo cual implica una grandísima inversión, tanto en el propio barco como en la estación de carga (instalaciones de licuefacción de gas natural) y también en el puerto de recepción (estación de regasificación y conexión con la red de gasoductos nacional).
  • Debido a las dificultades de su manejo, la presencia de gas natural es, en muchos casos, un problema: hasta el 20% de todo el gas natural que se extrae de la tierra es quemado directamente en la explotación o directamente aventado.
  • Solo en determinados yacimientos en los que la presencia de gas natural es abundante y puede ser extraído de manera muy controlada merece la pena plantearse su explotación comercial.
  • Una buena parte de la tensión geopolítica en Oriente Medio en los últimos años guarda relación con la descarnada competencia entre el gasoducto que promueve Irán y el de Arabia Saudita.
  • El problema del gas ruso es que sus campos presentan claros síntomas de agotamiento: la principal fuente de este país se sitúa ahroa en la Siberia Oriental, a miles de kilómetros de Europa, porque a Rusia ya no le quedan yacimientos que explotar.
  • La producción de gas argelino lleva estancada desde 2010 y con claros síntomas de descenso tras producirse numerosas protestas españolas por episodios de baja calidad en el gas sumistrado.
  • Nada parece ser capaz de ofrecer un suministro continuado durante las próximas décadas, así que Europa se encuentra probablemente ya en el cénit del suministro de gas natural.
  • De todos los combustibles fósiles, el que posee con diferencia las reservas más grandes es el carbón. Al ritmo del consumo actual, las reservas de carbón durarían un par de siglos como mínimo. A estas alturas ya sabemos, sin embargo, que ninguna materia prima puede extraerse a un ritmo constante, sino que necesariamente sigue una cierta curva de producción, con un período de ascenso, una llegada al nivel máximo o pico y una ulterior fase de descenso terminal. No improta tanto cuántas reservas de carbón haya, sino a qué ritmo puede ser extraídas.
  • Al igual que con el petróleo, los mejores yacimientos hace tiempo que están agotados y, en la actualidad, no queda más remedio que recurrir a yacimientos más profundos, con menos contenido de carbón y con mineral de peor calidad.
  • Estamos viviendo los últimos años antes de la caída definitiva de la producción de carbón, un declive que sin duda se prolongará durante muchas décadas, pero que hace imposible pensar en usar el carbón para una sustitución efectiva del petróleo.
  • El gran despliegue de la energía eléctrica de origen renovable en Alemania no ha servido en el país teutón para sustituir a la electricidad generada a través del carbón, sino a la electricidad de origen nuclear.
  • Alemania no ha abandonado el carbón, como tampoco lo han hecho ni los Estados Unidos ni China, por la misma razón que la India está aumentando su consumo: porque económicamente sigue siendo muy competitivo para la producción de electricidad.
  • Si el diésel es la sangre de la civilización industrial, el acero son sus huesos: al tratarse de un material fundamental en la construcción y en la fabricación de prácticamente todo, la vida moderna no se podría concebir sin él, aunque, a diferencia del diésel, pueda ser reciclado.
  • En el caso concreto de España, el carbón ocupa una posición estratégica. Es la única materia prima energética de la cual hay reservas significativas en nuestro país, aunque en general lo que quede sea de calidad media-baja.
  • El proceso de Fishcer-Tropsch no es muy rentable (aproximadamente la mitad de la energía que contiene el carbón se pierde en la conversión), pero permite obtener combustible que puede usarse directamente en camiones, tractores y otros vehículos; su interés no es comercial, sino estratégico para una situación de emergencia.
  • La producción de combustibles líquidos a partir del carbón podría ser una buena alternativa para hacer frente a una futura escasez de combustibles derivados del petróleo, aunque solo en moderadas cantidades y por un tiempo limitado, mientras se toman las medidas oportunas a fin de combatir dicha escasez.
  • Han pasado siete décadas y la energía nuclear sigue siendo la más modesta de las fuentes de energía no renovable.
  • La primera cuestión es el bajo rendimiento energético. La construcción de centrales nucleares recibe, en muchos casos, subvenciones de los Estados, porque los costes de construcción son cuantiosos.
  • Según quien haga la contabilidad de costes, puede llegar a afirmar que las centrales nucleares son rentables, aunque suela argumentarse que el tiempo requerido para recuperar la inversión es aproximadamente igual al de su vida útil (lo que demostraría la nula rentabilidad de estas instalaciones si los Estados no asumen sus costes de construcción). Existe, además, un coste que generalmente no se suele contabilizar adrede, que es el de desmantelamiento de la central, y sobre el que se cuenta con poca experiencia.
  • La apuesta por la energía nuclear tiene un fuerte componente político: garantizar una primacía en un sector considerado estratégico por razones tecnológicas y militares.
  • Otro de los motivos de la baja rentabilidad de la energía nuclear guarda relación con el tipo de energía producida: la electricidad. Esta es una forma de energía de alto valor añadido, muy útil para muchas aplicaciones y en particular para el sector doméstico, de automatización y de control. A pesar de ello, las sociedades industriales precisan energía en otras formas, ya sea como líquidos energéticamente densos que permitan mover máquinas con autonomía, ya como calor a diversas temperaturas (por ejemplo, quemando gas natural en las cementeras).
  • En las sociedades industrializadas, el consumo de energía eléctrica supone solo alrededor del 20% del total de la energía total.
  • La energía nuclear es considerada por muchos autores como una mera extensión de los combustibles fósiles, algo que permite obtener un poco más de energía siempre que haya energía fósil disponible.
  • Otra cuestión importante es la escasez de uranio. El pico de uranio, que aparentemente ya se ha producido, sucedió en 2016, así que aún es demasiado pronto para que se noten sus efectos, ya que el ritmo de caída de la producción es lento al principio.
  • Hay una broma recurrente en sector, y es que siempre faltan cincuenta años para que tengamos el primer reactor comercial de fusión.
  • La energía nuclear es una opción con más pasado que futuro por delante. La energía de fisión está fuertemente limitada por la escasez de uranio y por su bajo rendimiento económico y, en cuanto a las promesas tecnológicas (tanto los reactores de fisión de neutrones rápidos como los de fusión), no parece verosímil que vayan a cumplirse nunca.
  • La energía hidroeléctrica es la más importante de las energías renovables, y llega a producir más del 6% de toda la energía primaria consumida en todo el mundo.
  • La energía hidroeléctrica se lleva explotando en el mundo prácticamente desde el comienzo del consumo masivo de la electricidad, con la llegada de la Segunda Revolución Industrial, es decir, hace un siglo y medio. Las primeras grandes presas hidráulicas datan de principios del siglo XX y, desde sus inicios, se ha mostrado como una fuente fiable y, algo muy importante en la producción de electricidad, regulable.
  • El mayor problema de la energía hidroeléctrica en la transición energética proviene de que se trata de una energía largamente explotada y, por tanto, el potencial añadido que pueda ofrecernos es muy limitado.
  • Incluso contando con proyectos de minihidroeléctrica y microhidroeléctrica, es difícil que se pueda aumentar la producción de hidroelectricidad más de un 10% con respecto a los niveles actuales en los países de la OCDE.
  • El desafío que representa el cambio climático significará que los recursos hídricos deban gestionarse de manera diferente de la actual, y eso probablemente se haga en detrimento de la capacidad hidroeléctrica, al primarse en otros usos del agua.
  • El bombeo inverso supone una mala solución técnica. Por la gran cantidad de sistemas de bombeo inverso que se tendrían que instalar para reaprovechar esos excedentes de energía.
  • En realidad no es electricidad lo que más falta nos hace, sino otros usos de la energía.
  • El considerado como talón de Aquiles de la energía hidroeléctrica: la colmatación de los pantanos. Incluso en cuencas bien gestionadas, el tirmo de colmatación (acumulación de sedimentos arrastrados por el río) no baha del 0,5% anual. La presa perdería completamente su capacidad de almacenar agua en dos siglos a lo sumo, y mucho antes de eso ya sería inútil desde el punto de vista de la producción de electricidad. La única manera de luchar contra la colmatación consiste en vaciar por completo la presa y eliminar los sedimentos usando maquinaria pesada.
  • Si tenemos en cuenta las diversas limitaciones de la energía eólica, es muy probable que nunca sobrepase el umbral del 5 o del 6% del actual consumo de energía primaria.
  • Cuando se habla del potencial eólico, se está pensando solamente en la generación de electricidad por medio de aerogeneradores.
  • China que instalaba cada año más de la mitad de las nuevas centrales solares del mundo, decidió en junio de 2018 detener por completo el despliegue de nuevas instalaciones y, a finales de 2019, volvió a poner en marcha nuevos proyectos de centrales térmicas de carbón, a pesar de los muchos inconvenientes que estas presentan, simplemente por ser económicamente más competitivas que las centrales solares.
  • Debido a que la energía que nos llega del Sol es casi diez mil vees superior a la energía que consume la humanidad procedente de todas las fuentes que estamos explotando, resulta tentador pensar que la abundancia de energía solar a nuestro alcance hace irrelevante cualquier limitación que se quiera discutir.
  • entrada original: https://raulbarraltamayo.wordpress.com/2020/10/20/petrocalipsis-de-antonio-turiel/
  • El 80% del flujo electromagnético proveniente del Sol que llega a la Tierra no se puede aprovechar: o llega con demasiado ángulo o se refleja en la atmósfera o, directamente, en la superficie planetaria. Además, la superficie de la Tierra está cubierta, en sus tres cuartas partes, por mares y océanos, donde no es verosímil construir parques fotovoltaicos.
  • El libro de Prieto y Hall mostraba de manera fehaciente que el rendimiento energético de los huertos solares de placas fotovoltaicas, operados en condiciones reales de explotación, resulta demasiado pírrico para pensar en que se pueda mantener una sociedad industrial basada en este sistema.
  • Los estudios de Hall a lo largo de su carrera investigadora han mostrado que las fuentes de energía de una sociedad estructurada precisan tener un rendimiento energético elevado, al menos de cinco unidades retornadas por cada unidad invertida y, probablemente, hasta las diez unidades, so pena de que algunas funciones colapsen.
  • Instalaciones domésticas en viviendas unifamiliares con entornos adecuados (correcta orientación de los módulos, sin sombra de otros edificios circundantes) pueden llegar a conseguir rendimientos energéticos de cinco a uno o ligeramente superiores.
  • La escasez de plata es uno de los grandes factores restrictivos de la tecnología fotovoltaica.
  • Posiblemente, de entre todas las energías, sea la tecnología fotovoltaica la tecnología con más problemas y peor rendimiento. No hay, pues, un gran futuro esperando a la energía fotovoltaica.
  • La geotermia de baja entalpía puede ser usada en la mayoría de los lugares, pero sirve para poco más que una ayuda en la climatización, mientras que la de alta entalpía solo se puede aprovechar en áreas de alto potencial geotérmico (zonas volcánicas), que son escasas en la Tierra.
  • La energía mareomotriz (de las mareas) solo es aprovechable en determinadas áreas estuarias donde la fuerza de la marea genera un flujo de agua entrante que se pueda aprovechar en una especie de presa inversa. Y la undimotriz (de las olas) es de escaso rendimiento y necesita instalaciones muy vasta para una magra cosecha en un medio tan agresivo como es el mar.
  • La única energía renovable que merece un poco más de análisis es la solar de concentración, que se basa en concentrar la energía del Sol en un único punto usando espejos. Sin embargo, se trata de una instalación de gran envergadura que, al final, proporciona una cantidad de energía por metro cuadrado de ocupación que no es mejor que la fotovoltaica y es, además más propensa a sufrir las inclemencias del tiempo.
  • De vez en cuando, en los suplementos de ciencia nos podemos encontrar con curiosidades científicas que nos hablan de supuestas maravillas por llegar y que en ningún caso acaban yendo más allá de los ensayos de laboratorio. Muchas de ellas no son realmente nuevas, sino que son viejas conocidas que cada cinco o diez años vuelven a aparecer en los periódicos.
  • A estas alturas, conocemos muy bien los principales flujos de energía y de materia en el planeta. Por tanto, no existen otras fuentes de energía renovable disponibles ni ningún hallazgo científico las va a poner sobre la mesa, por que para ello debería faltarnos algún término en un balance energético que, hoy en día, conocemos muy bien. Simplemente, no hay nada más.
  • La paradoja de Jevons es hoy en día un fenómeno bien conocido y comprendido, y es una variante específica de un efecto más general conocido como efecto rebote: cuando un recurso se puede explotar de una manera más eficiente, se usa en mayor medida y no al revés. Eso es debido a que el aumento de eficiencia posibilita usos que antes no eran considerados. Ese mismo efecto se obtiene con cualquier otro uso de materiales o de energía: cuando más eficiente se es, más se usa, porque se introducen nuevas aplicaciones.
  • En un sistema económico como el nuestro, orientado a la maximización de beneficios y al incremento incesante de la producción y el consumo, nunca va a haber energía ociosa: siempre que haya energía disponible, alguien la aprovechará para producir algo y ganar dinero con ello.
  • El economista Gaël Giraud ha llegado a la conclusión de que, por cada punto porcentual que se incrementa el PIB de un país, el 60% corresponde simplemente a un aumento en el uso de la energía y aún un 10% corresponde a las mejoras de eficiencia en el uso de esa energía. Eso deja la contribución conjunta del capital y el trabajo en menos de la mitad de lo que aporta simplemente consumir más energía.
  • Desde una perspectiva más sistémica, la energía es el precusor de la actividad económica y la asociación debería leerse al revés: debido a la energía disponible, se puede incrementar la actividad económica. Si falta energía, forzosamente habrá una contracción económica.
  • El profesor James Hamilton llegó a la conclusión de que, cada vez que el coste de la energía superaba el 10% del PIB, su país entraba en recesión.
  • Robert Hirsch encontró que, cada vez que se reducía la disponibilidad de petróleo, seis o nueve meses después se desencadenaba una grave crisis económica.
  • Si queremos hacer crecer el PIB, necesitamos que aumente primero la disponibilidad de energía. Y si, por la razón que sea, esta disponibilidad de energía mengua, el PIB forzosamente decrecerá y entraremos en recesión.
  • Sin energía, no hay trabajo útil, y sin trabjo útil, no hay actividad económica.
  • Paa un particular, está muy bien ahorrar energía o utilizar electrodomésticos y máquinas más eficientes, porque eso va a disminuir su factura personal, pero, en el conjunto de la sociedad, esa energía no usada se tiene que poner a trabajar o, si no, decrecerá el PIB.
  • Si se desea realmente reducir el consumo de energía, deberían adoptarse medidas legislativas para que la energía excedentaria no se destinara a otros usos. Esas medidas legislativas adicionales implicarían una restricción de la actividad económica.
  • El coste político de tomar medidas de racionamiento para limitar el consumo de energía resulta extremadamente elevado, puesto que tales medidas contradicen la esencia misma de la economía de mercado y del capitalismo, que son los puntales económicos de nuestra sociedad.
  • El ahorro y la eficiencia al margen del racionamiento no tienen ningún efecto: tan solo cambian de sitio dónde se consume la energía, sin ningún resultado realmente útil.
  • Esta es la razón por la que no se hace nada efectivo en la lucha contra el cambio climático: porque hacer lo que debe implicaría reducir la actividad económica, y nadie está dispuesto a eso.
  • La llegada de la producción de los combustibles fósiles a su cénit y la manifiesta incapacidad de los sistemas de generación de energía renovable por cubrir completamente el agujero que deja tras de sí el retroceso de los combustibles fósiles vana imponernos una situación de racionamiento forzoso.
  • No vamos a disminuir nuestro consumo de energía porque queramos, sino simplemente porque la cantidad de energía disponible cada año va a ser menor.
  • No vamos a quedarnos sin energía de golpe ni el descenso va a ser vertiginoso (probablemente, se extienda durante unas décadas), pero sí que está garantizado que cada año obtendremos menor cantidad, y eso va a impedir que crezcamos desde prácticamente ya. Y en nuestro sistema económico, si no crecemos, tenemos un problema. Uno grave.
  • Por más atractiva que resulte la idea de un motor que funcione con agua, no tiene ningún sentido. El agua es resultado de una combustión muy potente, la del hidrógeno, que se combina con el oxígeno para formar agua. Se podría decir que el agua son las cenizas de una combustión, y, como es algo ya quemado, no es fácil quemarlo más. Se usa por lo común para apagar el fuego, porque ya no puede quemarse más.
  • El único motor basado en el agua que tiene sentido son los motores que queman hidrógeno.
  • A pesar de grande ventajas y de que se lleve décadas hablando de esto, la economía del hidrógeno no ha tenido ninguna implantación. Y no porque haya ninguna conspiración, sino porque el hidrógeno presenta muchas otras pegas que anulan las presuntas ventajas.
  • El hidrógeno no es una fuente de energía. No existen yacimientos de hidrógeno ni ningún lugar de donde podamos extraerlo puro. El hidrógeno precisa generarse mediante algún tipo de reacción física o química, y eso implica un coste energético que, de acuerdo con el segundo principio de la termodinámica, será siempre mayor que la energía que vayamos a poder aprovechar después de quemar ese hidrógeno. Por tanto, el uso de hidrógeno no resuelve en modo alguno la crisis energética, ya que no nos proporciona nuevas cantidades de energía.
  • El hidrógeno puede ser útil porque nos da un vector energético, es decir, una sustancia o sistema donde poder guardar la energía hasta que la usemos. Si aprovecháramos los excedentes de la producción eléctrica renovable para obtener hidrógeno, estaríamos aprovechando una energía que, de otro modo, íbamos a perder. Dado que el hidrógeno es algo que pueden llevar los vehículos en su depósito, nos proporcionaría esa potencia y esa autonomía que no podemos conseguir con los vehículos eléctricos.
  • Por desgracia, el rendimiento well to wheel (del pozo a la rueda) del hidrógeno es muy malo: se estima que se aprovecha solo el 25% de toda la energía inicialmente usada en un vehículo con pila de hidrógeno, frente al 85% de un coche eléctrico.
  • El hidrógeno es capaz de formar hidruros que corroen todo lo que esté fabricado con acero convencional. Para poder usar gasoductos y depósitos de gas habría que someterlos a un tratamiento de recubrimiento interno con un polímero (irónicamente, derivado del petróleo), y cualquier brecha en el recubrimiento dejaría expuesto el acero a la corrosión.
  • El empleo del hidrógeno presenta muchos otros inconvenientes que lo hacen poco versátil, excepto para usos muy concretos y que estén muy bien planificados.
  • Se ha instalado un sentimiento de profunda desconfianza, de recelo general, ante las motivaciones reales de la clase dirigente y la élite. Esa desconfianza es terreno abonado para la proliferación de supercherías y de estafas.
  • Cuando alguien afirme que crea energía, no le haga caso: seguro que hay truco, seguro que la energía extra ha salido de algún sitio.
  • El segundo principio de la termodinámica nos dice que si tenemos que transformar energía de un tipo a otro diferente, tendremos que pagar un peaje, en forma de calor disipado, que será tanto mayor cuanto más diferentes sean los tipos de energía.
  • Cuando alguien afirme que ha inventado un procedimiento que transforma energía de dos tipos muy diferentes y sin pérdidas, desconfíe.
  • Si combinamos el segundo y el tercer principio de la termodinámica, podemos saber cuál es la máxima eficiencia que se puede conseguir a una temperatura cualquiera.
  • Cuando alguien nos diga que consigue una eficiencia del cien por cien en una máquina, sabremos que nos está mintiendo.
  • Las diversas máquinas que dicen ser capaces de conseguir la “fusión nuclear fría” no dejan de ser estafas más o menos elaboradas (como en infame Energy Catalyzer, el e-CAT).
  • Parece difícil la posibilidad de generalizar el coche eléctrico para todo el mundo. Resulta caro, de poca autonomía, con una vida de las baterías limitada y, si se generalizara, sería una locura a la hora de recargar. Así que el secreto se encuentra, quizaś, en que no se generalice. En que haya relativamente pocos.
  • Nos están vendiendo un futuro deslumbrante de movilidad eléctrica, pero lo que hay ahora mismo es algo mucho más limitado.
  • En todo el mundo occidental, aunque se separen los residuos para favorecer el reciclaje, solo se recicla en los propios países entre el 10 y el 20% de los residuos, mientras que el resto de exporta a otros países.
  • Es muy difícil que el ser humano sea capaz de exterminar toda la vida del planeta, así que en cierto sentido se podría decir que no es la Tierra lo que está en peligro, sino nuestra hábitat, esto es, la capacidad de la propia Tierra de sostener la vida humana. No está en peligro el planeta, sino nosotros mismos. No queremos salvar la Tierra, sino salvarnos.
  • El efecto invernadero es, en realidad, positivo para el planeta. Si no f uera porque la atmósfera terrestre contiene de manera natural cantidades significativas de gases de efecto invernadero (el más importante de los cuales, por cantidad y efecto, es el vapor de agua), la temperatura del planeta sería de -15ºC, unos treinta grados por debajo de la actual. El problema, por tanto, no es la presencia en sí del g as de efecto invernadero, sino su incremento.
  • La época geológica que hemos vivido desde el final de la última glaciación hasta ahora es la conocida como Holoceno, una época climáticamente óptima para los humanos, con estaciones muy bien definidas y ciclos de precipitaciones predecibles y regulares de periodicidad anual. Si el Holoceno permitió la expansión de la humanidad, el Antropoceno puede suponer su condena.
  • En las altas instancias políticas se comprende bien la gravedad del asunto. En el ámbito de la Comisión Europa, hace veinte años se hablaba aún de la lucha contra el cambio climático. Hace diez, la palabra clave era “mitigación”: ya no se pretendía el imposible de contrarrestrar el cambio climático en curso, pero al menos se buscaba reducir sus efectos. Actualmente, de lo que se habla es de “adaptación”: no vamos a poder evitarlo y sufriremos sus efectos a gran escala.
  • No podremos evitar que la producción de combustibles fósiles disminuya progresivamente a lo largo de las próximas décadas. Lo único que llegaremos a cambiar, si hacemos las cosas peor, es que la cáida sea más rápida de lo que resulta estrictamente necesario.
  • Las fuentes de energía renovable, aunque tengan un potencial de producción de energía muy elevado, solo podrían llegar a cubrir una fracción del total de energía consumido hoy en día.
  • Justo cuando más vamos a necesitar de la energía y los materiales para reparar el desastre ambiental, estos se van a volver escasos.
  • ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? ¿Por qué se suceden todas estas crisis simultáneamente? ¿Cómo puede ser que no seamos capaces de reaccionar? La respuesta a todas estas preguntas se resume en una simple palabra, mil veces escuchada: debido al capitalismo. O, para ser más precisos, a la necesidad de crecimiento económico que tenemos y que es inherente al sistema capitalista.
  • El capitalismo actual se caracteriza por la propiedad corporativa y por el mercado intervenido. Así pues, ¿qué es lo verdaderamente esencial al capitalismo? Lo que caracteriza al capitalismo como tal es el hecho de que el capital tenga derecho a una remuneración, y que esta remuneración sea proporcional a su tamaño: a un porcentaje, v amos. Es el interés compuesto el que genera, pues, la necesidad de crecimiento.
  • Hoy en día, es impensable que una empresa de cierto tamaño ahorre dinero de sus beneficios para cometer una inversión. Lo que se lleva es estar siempre pidiendo prestado a los bancos. De donde toda la actividad productiva está sometida al régimen que le imponen las instituciones financieras.
  • Al final, todo el capital del mundo, ya sea a través de fondos de inversión que capitalizan las grandes fortunas, ya a través de fondos de pensiones que recogen el dinero de los pequeños ahorradores, prácticamente todo el capital acumulado del mundo está en movimiento en el circuito financiero. Ese capital necesita producir beneficios. Necesita recibir un interés. De aquí proviene la necesidad misma de crecimiento.
  • Aunque a los economistas les moleste que se les señale, a igualdad de otros factores, lo que más hace crecer el PIB es el aumento de la población, porque una persona nueva es una unidad nueva de consumo con todas sus necesidades a cuestas por cubrir. Por eso la población del mundo se ha disparado durante el último siglo y medio: porque le venía bien a la economía.
  • Esta es la magia perversa del interés compuesto: las cantidades crecen, y lo hacen a un ritmo vertiginoso si se miran en una perspectiva histórica. Pero el interés compuesto es la base del capitalismo.
  • El capitalismo necesita del crecimiento, porque el capital necesita obtener beneficios, y no los tendrá en una economía estacionaria, no importa cuán grande sea. En una economía que no crece, el retorno de la inversión del capital es cero, no puede ganar dinero.
  • Nuestra actividad económica decrecerá porque no vamos a poder permitirnos mantener todas las actividades en marcha, al no alcanzar la energía disponible para todas. Y cada año será peor. En medio de este contexto, resulta imposible obtener un crecimiento económico.
  • Estamos empezando un descenso que no solo es energético, sino también económico, y que será de tal calibre que acabará destruyendo el capitalismo tal como lo entendemos hoy en día. Esta crisis no acabará nunca.
  • Cabe decir que el mismo problema del que adolece el capitalismo lo tiene el comunismo. No en vano, los sistemas comunistas que hemos conocido son básicamente sistemas capitalistas de Estado, en los que dicho Estado poseía todos los bienes de producción y beneficios. Por lo demás, su modus operandi ha sido similar al del capitalismo.
  • Como el capitalismo, el comunismo es un sistema extractivo (basado en la extracción de los recursos naturales de la Tierra) y, por tanto, la llegada del peak oil y del pico de esto de las materias energéticas supone para el comunismo el mismo peligro existencial que para el capitalismo.
  • Debido a la escasez de petróleo crudo de calidad, la producción de diésel ha comenzado ya a dismuir. Esto era de esperar: es más fácil producir gasolina que diésel. De ahí que el descenso del diésel se note antes que el del petróleo en general y que el de la gasolina en particular.
  • El problema es que el transporte mundial depende del diésel, destinado a los camiones y furgonetas, y mucha maquinaria pesada funciona con diésel. El diésel, lo hemos dicho ya, es la verdadera sangre de nuestra civilización.
  • Hace falta adaptarnos a un entorno de decrecimiento forzado y comenzaríamos a hablar de cómo crear una nueva sociedad que pueda generar empleo y bienestar sin necesidad de crecimiento.
  • Nadie habla de sustituir los camiones, porque justamente eso es lo que no se quiere tocar. Por no reconocer que el verdadero problema consiste en la escasez de diésel, se disfraza el asunto de un discurso ambiental que hace aguas por todos los lados. El capitalismo es cortoplacista, y cinco años ya le bastan, con la esperanza de que en ese tiempo aparezca alguna alternativa técnica, mágica, que resuelva el futuro inmediato.
  • Las energías renovables orientas a la producción de electricidad en modo alguno podrán sustituir a los combustibles fósiles y, además, no se resolvería nada en el fondo porque el problema real es la insostenibilidad consustancial al crecimiento.
  • ¿Qué sentido tiene instalar en España mayor capacidad de generación eléctrica cuando con 108GW de potencia el país está más que saturado? De hecho, se podrían cerrar las actuales nucleares sin problemas.
  • Reconozcámoslo: no hay margen para la negociación. No hay nada que se pueda hacer dentro del capitalismo. Mientras no abandonemos este sistema, esta crisis no acabará nunca.
  • Puede parecer paradójico que diga que es malo que la demanda de petróleo haya caído tanto (covid-19), después de todo lo que he explicado sobre la escasez próxima de petróleo y de los problemas ambientales que causa su consumo. Y, sin embargo, es cierto: los cambios repentinos no son buenos, ya que pueden desestabilizar sistemas que se mantenían en una situación de equilibrio precario.
  • La producción de petróleo de muchos pozos no se puede detener sin más, so pena de sufrir graves consecuencias.
  • El actual parón en la producción, de prolongarse unos pocos meses, nos hará perder de manera irrecuperable entre el 10 y el 15% de la producción actual.
  • El fracking no va a sobrevivir a la actual crisis.
  • Si lo combinamos todo, tenemos que la caída del 35% en la producción de petróleo hacia 2025 en el peor escenario y que anticipaba la Agencia Internacional de la Energía va a ser peor aún, porque no solo no habrá las inversiones agresivas para que no caiga tanto, sino que, además el fracking va a ser borrado del mapa, lo que añadirá otro 5% más de bajón. Todo apunta a que en 2025 la producción de petróleo podría ser hasta un 40% inferior a lo que es en el momento presente.
  • Hacia 2025 el problema no sería que no se demande petróleo, sino que no habrá petróleo.
  • Si comienza a faltar petróleo la crisis económica iniciada por la covid-19 se agravará, ya que no habrá petróleo para todo el mundo y algunos negocios más tendrán que quebrar, no por falta de demanda, sino por no poder asumir los costes aceleradamente crecientes de la energía.
  • En los países que importan la mayoría del petróleo, como España, poca cosa se podrá hacer aparte de racionar el combustible y tomar medidas intervencionistas de la economía.
  • Todo esto era previsible que sucediera si no se tomaban medidas, pero no en 2025, sino a partir de 2030. La crisis de la covid-19 nos ha robado cinco años, quizá diez años.
  • El problema real no es la energía, sino el capitalismo. Si ahora mismo se duplicasen las reservas de petróleo fácilmente extraíble, tardaríamos solo treinta años en agotarlas al ritmo del consumo actual.
  • No se trata ya de encontrar más recursos, porque eso solo postergaría el problema y, además, por cada vez menos tiempo. Lo que hay que hacer, llegados a este punto, es abordar otros cambios, unos de naturaleza muy diferente. Se trataría de cambios de índole social más que tecnológica, de modificar nuestra manera de relacionarnos con la Tierra. De asumir cambios profundos en nuestra manera de entender la economía.
  • Algunas de las características deseables de ese nuevo sistema económico y social que necesitamos establecer para no colapsar:
    • Anulación de las deudas actuales.
      • En un mundo sin crecimiento, las deudas se vuelven impagables y pueden condenar a personas y a países enteros a la esclavitud.
      • Si aceptamos que esas deudas se basan en una injusticia (la errónea valoración de los recursos naturales), lo lógico sería que hubiera un gran jubileo de la deuda.
    • Reforma radical del sistema financiero.
      • No se puede esperar seguir cobrando intereses por el préstamos del dinero.
      • Si el sector financiero es crítico para el buen funcionamiento de la sociedad, no puede confiarse a él la gestión privada ni tampoco esperar una gestión de la economía orientada al crecimiento.
    • Redefinición del dinero.
      • La política monetaria no puede ser expansiva y en un primer momento será más bien contractiva.
      • El dinero es una representación del valor, no el valor en sí mismo, y su gestión tiene que ser controlada por los sectores directamente involucrados: fabricantes, comerciantes, consumidores …
      • La gente tenderá a usar divisas locales antes que la divisa nacional por la mayor dificultad de garantizar el valor de esta última en una sociedad que colapsa.
    • Reforma de los Estados.
      • El Estado nación ha entrado también en crisis al dejar de ser viable el capitalismo.
      • Es necesario relocalizar los centros de decisión y acercar la gestión de los administrados, pero de verdad, no de boquilla.
      • La gestión ha de ser municipal antes que comarcal, comarcal antes que regional, regional antes que nacional.
      • La falta de energía llevará a una lógica de relocalización que tenderá de forma gradual a hacer los ámbitos administrativos cada vez más locales.
    • Definición de planes de transición locales.
      • Cada población tiene que determinar cuáles son sus mayores problemas e invertir recursos en controlarlos.
      • Se ha de analizar cuidadosamente la situación  y comprender que no viviremos una continuidad del sistema actual, sino, por el contrario, un cambio radical.
    • Preservación de los servicios básicos.
      • Esta será una de las mayores dificultades de la transición.
      • Según el grado de escasez al que se vea sometida cada localidad, se podrán mantener mayores o menores servicios.
      • Para poder conservar los servicios fundamentales, cada localidad deberá decidir qué sistema de financiación prefiere emplear: si uno basado en impuestos o en el trabajo voluntario de los ciudadanos.
  • Se pueden tomar medidas técnicas concretas que ayudarían a encarrilar correctamente la transición.
    • Reingeniería.
      • Se tiene que revisar la ingeniería de todo, a saber: de los productos, de los procesos de fabricación, de la elaboración de las máquinas que se utilizan para ellos, de la distribución de los productos, de la gestión de los residuos tanto en el ambiente industrial como urbano, etc.
      • Hay que modificar los diseños para favorecer el ahorro de materiales y su reutilización y solamente en último término su reciclaje.
    • Aprendiendo a aprovechar la energía renovable.
      • Los actuales planes de aprovechamiento de la energía renovable están centrados en la producción de electricidad, lo cual es un desperdicio de energía.
      • Se debería apostar por la producción energética renovable no eléctrica.
    • Cambio de modelos de propiedad.
      • Hoy en día, la producción está completamente orientada a la posesión del objeto fabricado.
      • Acabar con la propiedad privada de todo lo que no sea un bien de consumo inmediato o personal, por ejemplo, de una lavadora.
      • En vez de vender una lavadora, el fabricante vendería el derecho a usar el servicio de una lavadora en su domicilio. De ese modo, el fabricante tendría todos los incentivos para hacer diseños de lavadoras muy robustos y fáciles de reparar.
      • Una parte de la fábrica estaría orientada a la reparación y no solo a la producción. Se acabaría de golpe la obsolescencia programada y la publicidad perdería mayoritariamente su sentido actual.
    • Cambio del modelo de uso.
      • El planeta seguramente no dispone de recursos suficientes para que cada familia tenga una lavadora o una nevera, pero probablemente tampoco sea necesario.
      • Supone una manera de reducir el consumo total al asumir que muchos objetos podrían tener muchos usuarios ya que nadie los necesita todo el rato.
    • Minería de los vertederos y reaprovechamiento de materiales.
      • Podemos sintetizar muchos materiales útiles usando solamente materias primas abundantes y fáciles de reciclar, pero mientras tanto podemos y debemos aprovechar la gran abundancia de materiales procesados de alta calidad generados por la sociedad industrial, muchos de los cuales se han arrojado a los vertedores sin pensarlo demasiado.
      • Existen multitud de objetos cotidianos que, en un futuro nada lejano, no serán útiles, pero que contienen materiales de alta calidad (por ejemplo, las señales de tráfico o los semáforos).
      • Habría que planificar correctamente el desmantelamiento de todo lo inútil para sacarle el máximo provecho pensando en una época por venir en que los materiales de minería no serán abundantes.
  • La mera idea de que el capitalismo esté condenado y que vaya a terminar, tanto si queremos como si no, se vive prácticamente como un tabú social hoy en día.
  • Dentro del paradigma cultural dominante el fin del capitalismo solo puede suceder en un contexto de fin del mundo.
  • El capitalismo equivale a algo así como la infancia y la adolescencia de la humanidad: un período en el que hemos crecido y nos hemos desarrollado muy deprisa y bajo el cual nos creíamos invencibles.
  • En la discusión política actual, todo el acento se pone en la ciencia y en la técnica.
  • Aspiramos a establecer a golpe de decreto ley cómo se van a hacer las cosas, aunque lo que se pretenda en realidad sea físicamente imposible.
  • No tiene sentido intentar preservar un sistema económico basado en el crecimiento infinito en un planeta finito.
  • La solución que necesitamos no es científica ni tecnológica: tan solo social.
  • Los medios de comunicación, al servicio de esos grandes poderes económicos, utilizarán todo tipo de epítetos gradilocuentes para descalificar cualquier propuesta de abandono del capitalismo.
  • No hay alternativa. Pasarán los años y las alternativas fracasarán. Lo harán de manera silenciosa: no se dirá que han fracasado, pero lo cierto es que no resolverán ninguno de los problemas planetados que se decía que se iban a resolver. Pasará el tiempo y la situación de la mayoría de la gente será cada vez más complicada, sin que ninguna tecnología mágica acuda a su rescate.
  • A medida que el capitalismo se vaya desmoronando, irá asomando una realidad alternativa.
  • Podemos acabar en un sistema ecofascista, en el que un Estado imponga a sus ciudadanos medidas coercitivas que ciertamente sean positivas desde el punto de vista de la crisis de recursos y de medioambiente, y no necesariamente se repartirá la carga de una manera equitativa.
  • O bien podemos acabar en un sistema militarista y expansionista, convencido de que la solución a la crisis consiste en invadir tantos países como pueda en pos de los recursos que se necesitan para mantener el status quo.
  • Y podemos acabar en un sistema neofeudal, en el que uno o varios señores de la guerra impongan su ley a sangre y fuego a toda la población.
  • También podemos acabar en un sistema democrático, capaz de gestionar los límites y, al mismo tiempo, de respetar las libertades individuales y colectivas, además de fraguar consensos amplios siendo respetuoso con las posiciones minoritarias.
  • Sí que podemos construir un futuro que sea esperanzador y compartido. Porque siempre hemos podido. Solo hacía falta que creyéramos en ello. El futuro está en nuestras manos.

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raul

2 comentarios para “Petrocalipsis de Antonio Turiel – Apuntes”

  1. […] #46) Petrocalipsis de Antonio Turiel. […]

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  2. […] Petrocalipsis de Antonio Turiel. […]

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