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Frases Llenas

Escribir es vivir de José Luis Sampedro con Olga Lucas

Posted by Raul Barral Tamayo en martes, 1 de junio, 2021


© 2005, José Luis Sampedro
© 2005, Olga Lucas (como preparadora de la edición)
Editorial: DeBolsillo.

“Aquí cuento yo mi vida, pero es narrada con las palabras de Olga Lucas, que son mías aun siendo suyas”. José Luis Sampedro «No he venido aquí a hacer retórica, ni literatura… he venido aquí a VIVIR, a vivir cuando se me está acabando la vida y, por tanto, a disfrutarla más.» Las lecciones sobre “El autor y su obra”, impartidas por José Luis Sampedro en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo en verano de 2003, suscitaron una multitudinaria asistencia y resultaron hondamente emotivas, dadas las circunstancias personales en que se encontraban tanto José Luis Sampedro como su esposa Olga Lucas. Ella le acompañaba en la sala y se encargó íntegramente de la versión del lenguaje oral al lenguaje escrito. El resultado es un libro mágico cuya singularidad estriba en ser una autobiografía escrita por otra autora.

José Luis Sampedro nació en Barcelona en 1917. Pasó su infancia en Tánger y su adolescencia en Aranjuez, ciudades de gran influencia en su obra. Vivió, también, en Cihuela (Soria), Melilla, Santander, Madrid, Tenerife y Mijas. Fue catedrático de Estructura Económica, escritor, miembro de la Real Academia Española y Premio Nacional de las Letras, además de uno de los autores e intelectuales más queridos y respetados de este país por su actitud ética, su obra, su compromiso con la vida, con la sociedad en la que le tocó vivir y por su posición a favor de un mundo más igualitario. Estos valores se reflejan tanto en sus ensayos de economía como en sus novelas. Es uno de los escritores españoles de mayor prestigio y popularidad.

Algunas de las cosillas que aprendí leyendo este libro que no tienen porque ser ni ciertas ni falsas ni todo lo contrario:

  • Lo que me mueve a escribir: la de descubrirme a mí mismo para descubrir a otros y para encontrarnos todos, para vivir más.
  • No es posible establecer barreras entre la vida y la otra de un escritor sincero.
  • Uno puede maravillarse ante una obra sin necesidad de saber siquiera quién la escribió, aunque puede entenderse de otra manera cuando se sabe algo de la vida.
  • El acto de creación de una obra está imbricado en la vida del escritor como la raíz de un árbol en la tierra de donde nace.
  • Al que se rebaja, ya no hay manera de rebajarle. La humildad tiene una fuerza terrible.
  • El arte es mucho más que la técnica. La técnica se puede enseñar, es esencialmente racional. El conseguir una obra de arte requiere algo distinto, algo que, para mí, constituye el secreto de la vida, lo no transmisible de la vida.
  • Los talleres y escuelas literarias sirven para aprender muchas cosas útiles para un escritor. Enseñan ortografía, sintaxis, prosodia, técnicas, cosas sin las cuales no se puede escribir. Pero lo que no enseñan, porque no pueden, es el aspecto misterioso del oficio. Un escritor podrá explicar su elección de un determinado tipo de lenguaje y estructura de la obra en función del tema elegido, pero no podrá explicarnos las razones profundas de la elección del tema.
  • Cuando digo que la vida y la obra están entremezcladas es porque hacer y hacerse son las dos caras de una misma moneda. Hacer y hacerse. Vida y obra.
  • Mi pedagogía siempre se reducía a dos palabras: amor y provocación.
  • Hay que provocar en el que escucha que piense por su cuenta. No hay que adoctrinar, hay que provocar.
  • Después de amor y provocación, consecuencia de ambas, es la autenticidad.
  • El escritor es un voyeur, confesémoslo de una vez, y lo digo en francés para que no parezca indecente. El escritor lo ve todo, lo oye, lo huele todo, pero el escritor, verdaderamente, es un cotilla.
  • El escritor actúa también como un rumiante: a todo lo que ha visto, todo lo que ha tocado y oído le da vueltas y más vueltas.
  • El escritor auténtico escribe con su carne, su sangre, su médula, lo mismo que la araña teje su tela con su propio cuerpo.
  • Mi obra será buena, mala o regular, acertada o desatinada, pero la he escrito porque no podía evitarlo.
  • Debo aclararles qué entiendo yo por esfuerzo y a qué llamo trabajo. Para mí, el esfuerzo es dedicar energías, tiempo, movimientos, iniciativas para hacer algo, para crear algo, ya sea hacer cumbre en el Everest, diseñar una mesa de pino o escribir una novela para satisfacer una necesidad interior, por el mero placer de crear o por una pasión deportiva. El trabajo sería eso mismo, pero con intención de venderlo en el mercado para ganarse la vida, para conseguir dinero, para comer, para vivir o por afán de lucro. Es decir, la diferencia la establezco en la finalidad.
  • El escribir por necesidad interior no garantiza que la novela sea buena.
  • La necesidad de escribir asegura la autenticidad, pero no garantiza la calidad.
  • De todos es sabido que existen fórmulas para fabricar best sellers, a modo de receta de cocina; se establece un porcentaje de sexo, de política, violencia, escándolo, etc., y se elabora un best seller. Eso sí se puede enseñar.
  • Cuando me preguntan por qué no escribo mi autobiografía, siempre respondo que no, que mi autobiografía, mi vida están en mis novelas.
  • Todos sabemos que cuando uno quiere engañar, si dice la mentira convencido, siempre tiene más probabilidades de ser creído que si se le nota a la legua que ni él mismo cree lo que dice.
  • Hay que creerse lo que se está escribiendo. Ésta es mi segunda regla. Y para ello, me apoyo mucho en la documentación. Y no lo hago para presumir de erudición, por exhibir conocimientos y parecer muy culto. No. Lo hago porque me lo paso bien y aprendo muchas cosas, porque ese rigor en los detalles históricos, arquitectónicos, religiosos, es muchas veces necesario para recrear los ambientes de manera convincente, pero, sobre todo, lo hago porque me ayuda a creerme mejor mis historias. Y creyéndomelas, se las puedo transmitir mejor al lector.
  • Las dos reglas básicas para la escritura, desde mi punto de vista, son: 1. Que la escritura salga de dentro, que responda a una necesidad interior. 2. Que, una vez embarcados en la escritura, hay que entregarse, sumergirse a fondo, creer y vivir lo que se escribe.
  • En las disputas infantiles durante el recreo podíamos gritarle a un compañero “perro judío” sin que pasara nada. Él nos devolvía el insulto con la misma naturalidad, y asunto resuelto. Yo recuerdo aquellos años con verdadera emoción.
  • Estados Unidos tiene un rival mucho más importante que el islam: China.
  • El mundo de mi infancia no es el de hoy. No pertenezco al mundo de hoy. Estoy aquí de polizón. No soy de aquí. Los artefactos no me interesan. No me gusta el teléfono. He aprendido a utilizar el cajero automático hace sólo año y medio, a la fuerza, por evitarme una cola.
  • En aquel tiempo si un ministro metía la pata, dimitía, ya se pueden imaginar hasta qué punto aquello era otro mundo.
  • Salté de ese maravilloso Tánger a un pueblecito de Soria que en el año 1925 era, como podrán imaginar, la Edad Media. Acababan de instalar la luz eléctrica, pero la daban sólo un rato al anochecer. Lo usual para alumbrarse eran los candiles, quinqués, velas. El teléfono, por supuesto, no existía.
  • Yo empecé a leer muy pronto. A los cuatro o cinco años me fascinaba leer el Espasa de mi padre.
  • ¿El escritor nace o se hace? Sin duda hay factores biográficos que contribuyen a ello. Naturalmente, eso no lo explica todo.
  • Algo que siempre me impresionó es el hecho de que, a diferencia de la tierra, el mar no envejece. Las olas de hoy son exactamente las mismas que hubo en cualquier época, aunque más contaminadas, claro.
  • Cuando se habla del choque de civilizaciones, lo que se está queriendo decir es que no se quiere más que una sola civilización.
  • El mundo de mi infancia sigue siendo mi mundo. Afortunadamente, sigo siendo el niño que vive allí y no quiero ser otra cosa.
  • El mundo es multidimensional y cada uno de nosotros escoge distintos fragmentos de las infinitas dimensiones del mundo.
  • Es importante saber que cada cual tiene su mundo, que cada cual tiene su verdad. Si queremos entendernos y comunicarnos no debemos perder de vista que el mundo de uno y el mundo de otro coinciden en muchas cosas, por eso convivimos, pero son muy diferentes.
  • La verdad absoluta está en lo más alto, en Dios para los creyentes, o en otros sitios para el que no crea en Dios, pero en cualquier caso ahí se encuentra el Absoluto.
  • Diría que de las circunstancias vitales que a mí me han llevado a ser escritor yo destacaría tres:
    1. El Espasa e Invahoe; es decir, haber nacido en una casa en la que había libros, en la que se me facilitaba la lectura con amplitud de miras.
    2. El arcón de los folletones del siglo XIX hallado en mi supuesto “destierro” en Cihuela y Zaragoza.
    3. Mi estancia en Aranjuez, a la que todavía no hemos llegado, de la que hablaré en días sucesivos.
  • Uno tiene intuiciones por las que se va guiando y más que saber lo que se es y lo que se debe ser, uno va sabiendo lo que no es, lo que no debe o quiere ser.
  • A lo largo de mi vida siempre he tenido más claro lo que NO quería y lo que NO debía, y es a partir de esos rechazos como he ido llegando a lo que soy o creo ser.
  • A mí no se me consideró escritos hasta los años ochenta. Escribir durante cuarenta años sin que el esfuerzo esté recompensado con éxito, ni por fama ni por dinero, sólo tiene una explicación: que la recompensa consiste en la satisfacción íntima, en el “dolorido sentir” en palabras de Garcilaso.
  • Yo me levantaba a la cuatro de la mañana porque era la hora en que ni yo molestaba a nadie ni a mí me molestaban, la hora en la que no suena el teléfono y, en mi caso, la hora a la que pasan las ideas. Ya saben ustedes que cuando pasan las ideas hay que estar ahí.
  • Otro consejo que puedo darles: las ideas o se cogen o se pierden. Estén ustedes alerta y cuando tengan una idea no la dejen escapar.
  • Vivimos en una sociedad que es muy rica en ciencia y muy pobre en sabiduría.
  • Los campesinos en muchas ocasiones manifestaban una sabiduría que para sí quisieran muchos catedráticos de universidad.
  • Cuando no se tiene sentido de la dignidad, uno no se siente culpable. Es incapaz de sentir que ha hecho lo que no debe hacer, incapaz de reconocer que no se está haciendo a sí mismo, sino todo lo contrario.
  • El sentido de la dignidad es algo tan diamantino, es un eje tan esencial de la personalidad que llego a afirmar que incluso un asesino puede llegar a tener sentido de la dignidad. En general no lo tienen, pero puede llegar a tenerlo.
  • También un rey, un general o un “hombre de bien” puede ser indigno.
  • En la vida es importante no dejar pasar las oportunidades.
  • Me encontré con el problema de los géneros. Ya sabía que sería escritor, pero ignoraba si ensayista, novelista, poeta o dramaturgo.
  • Es más comprensible el asesinato cometido por ignorancia, hambre e incultura que el cometido de esa manera fría y despiadada.
  • Todo lo que yo he puesto de campo en mis novelas tiene tres fuentes:
    1. Cihuela, la huella imborrable del año y medio que pasé en Cihuela.
    2. La guerra, que aproveché para hacer trabajo de campo porque estar de soldado es andar y compartir suerte con campesinos y obreros reclutados igual que yo.
    3. Los gancheros, mis andanzas durante nueve años por  tierras de Guadalajara y Cuenca.
  • El mundo es multidimensional, no se puede describir nada del todo, nuestras descripciones siempre son parciales porque cada cual vive en su mundo confeccionado con los mismos materiales que el vecino, pero manejados de manera diferente.
  • entrada original: https://raulbarraltamayo.wordpress.com/2021/06/01/escribir-es-vivir-de-jose-luis-sampedro-con-olga-lucas/
  • Piensen ustedes lo que ocurre con los sucesos cuando hay muchos testigos. El suceso es uno y los testimonios varios y variados. ¿Por qué? ¿Mienten los testigos? No. Cada cual ha visto lo mismo, pero cada cual lo ha interpretado a su modo.
  • La misión del escritor es hacer la interpretación más honda, penetrar hasta llegar a una interpretación más secreta.
  • Si miramos dentro de cada uno de nosotros, lo encontramos todo. Lo que pasa es que no sabemos mirar porque no nos educan para eso, porque no interesa qué seamos.
  • A quienes ejercen el poder les importa mucho que los demás no lleguen, no puedan llegar a donde ellos han llegado.
  • Dentro de cada uno está el santo y también el asesino. En potencia está todo, lo que ocurre es que cada uno desarrolla un aspecto más que otro.
  • Yo creo que en el fondo, todos nos movemos más por las emociones que por los pensamientos e intelecciones.
  • A todos los personajes importantes de mis novelas les he escrito previamente la biografía, aunque luego sólo haya aprovechado fragmentos de esas vidas. ¿Cómo acertar con una reacción de un señor de cuarenta años, pongamos por caso, en un momento dado, si no sabemos cómo ha sido su vida anterior? Si no sé cómo ha vivido no sé qué va a hacer en el momento en el que tiene entrada en mi novela.
  • Ahí está la paradoja: buscándome a mí encuentro a los demás y en la personalidad de los demás encuentro la mía.
  • Yo llamo hacer la esponja a dejarme penetrar por el exterior. Y también lo contrario, porque con la técnica “antiesponja” consigo aislarme y que no penetre en mí aquello que no me interesa, que me perturba o desvía de mi trabajo creativo.
  • Conseguí pasar muchos años en un banco y llegar incluso a subdirector del mismo sin enterarme de nada relativo a operaciones bancarias.
  • La elección de un tema concreto pertenece, en cierta medida, a la parte misteriosa del oficio. Hay tantas, tantísimas cosas sobre las que escribir, que resulta verdaderamente difícil saber por qué se ha elegido una de ellas y no otra.
  • Me rondan varios temas en la cabeza, voy acumulando notas sobre ellos en el ordenador de bolsillo que les enseñé ayer y, un buen día, me percato de que últimamente todas las anotaciones van al mismo sitio, que mis pensamientos sólo giran en torno a un solo tema, el que ha logrado apoderarse del territorio, expulsando a los demás y atrayendo toda mi atención sobre él. A partir de ese momento el tumor empieza a hincharse y hay que operar, hay que abrir el cráneo y extirparlo, es decir, hay que escribir la novela.
  • Primero va la emoción. Es luego, una vez surgido el tema de ese impulso inexplicable, cuando uno lo intelectualiza, reflexiona, piensa y monta la trama racionalmente. Entonces entramos en otra fase, la del acopio de material, porque para construir un edificio hay que acarrear material, a pie de obra. Una vez que uno se pone a escribir sobre unas ideas, acontecimientos o lo que sea, hay que documentarse. Yo me documento muchísimo.
  • Sin lenguaje no seríamos lo que somos, porque es el lenguaje lo que nos hizo pasar de la naturaleza a la historia.
  • Si nos fijamos bien, las palabras son prácticamente indefinibles, nos podemos aproximar a los significados, pero la palabra nunca está definida con la precisión de una cantidad matemática. Las palabras tienen resonancias, connotaciones acumuladas con el uso; lo que en un momento tiene un significado, puede luego significar otra cosa, se pueden hacer juegos de palabras. Fíjense que no hay sinónimos exactos, los significados son parecidos, pero no son lo mismo.
  • Yo me enamoro de las cosas, soy un maniático con las cosas a las que tomo cariño. Tengo una cajita metálica que desde el año treinta y seis ha viajado conmigo a todas partes.
  • Ese mismo amor por los objetos me lleva a no querer cambiarme de ropa: prefiero la ropa veja a la nueva, cuando estoy a gusto con una prenda la llevo hasta que me la tiran o esconden.
  • Pensaba y sigo pensando que la primera aparición pública del escritor tiene que ser con algo consistente.
  • Cuando me plantearon publicar mis novelas de juventud, no dudé en publicarlas sin retoques, tal y como fueron escritas en su día. Tuve claro que o se publican o siguen en el cajón, pero no vale falsearlas corrigiendo lo escrito ayer con la experiencia de hoy.
  • Cuando decimos “el tiempo es oro”, es como decir “el dinero es la medida de todas las cosas”, estamos reduciendo todo a lo que da el oro, al dinero, a términos económicos. El tiempo no es oro, el tiempo es vida.
  • Reducir el tiempo a dinero, es reducir la vida a dinero.
  • Vivimos en una sociedad que da valor a lo que tiene precio en el mercado y no valora lo que no lo tiene.
  • En la creación literaria, en la novelesca, la elección de los nombres es importantísima. Algunos cuestan un trabajo enorme, otros salen a la primera, lo importante es acertar.
  • Cuando me percato de que, para mencionarlo, digo “el doctor”, “el vecino del segundo”, “el que le operó”, en lugar de decir Joaquín, es que ese nombre no le va. Si no sé quién es y cómo se llama, no puedo escribir bien sobre él.
  • Yo tengo libros de onomástica, verdaderos catálogos de nombres a los que recurro en los casos difíciles.
  • Al descubrir que lo que llamaban pecado es la vida misma, se pierde el miedo al pecado y con él desaparece el paraíso de la inocencia.
  • Melilla en los cuarenta era un inmenso cuartel. Bueno, cuartel lo era toda España, pero Melilla mucho más.
  • Pedro de Cervantes: “Llaneza, muchacho, y no te encuembres”.
  • Yo fui escritor antes que economista, pero fui conocido mucho antes como economista que como escritor, lo cual induce a confusión.
  • Cómo se compaginan los números con las letras. La respuesta es muy sencilla si uno ve la economía no como una técnica para hacer dinero, sino como una ciencia social que se refiere a comportamientos humanos.
  • Después de la escritura, la docencia es lo que más me ha apasionado.
  • La estructura es lo que dura, lo demás es coyuntura.
  • La disposición de la gente para lanzarse a la aventura en siglos anteriores de la civilización occidental, fruto en buena medida de la iniciativa indivcidual y un determinado espíritu y que permitió un auge expansivo, se ha convertido en afán de seguridad, en exigencia de que me resuelvan los problemas, de que me protejan, de que me garanticen seguridad material, etc. Esa decadencia del espíritu, del empuje de una cultura a mí me parece irreversible.
  • Estoy convencido de que estamos viviendo un final de etapa, una transición de una etapa cultural a otra etapa diferente en la que tendrá un gran papel el avance científico y tecnológico.
  • Sobre todo en Estados Unidos e Inglaterra están ocurriendo cosas que son un claro retroceso en la conquista de libertades y la gente las acepta porque prefiere la seguridad.
  • Otro aspecto importante en los últimos años cuarenta fue la posibilidad de viajar. Eso que a ustedes puede parecerles lo más natural, créanme, en los cuarenta y cincuenta era un privilegio extraordinario.
  • Sentir que la niña ya no me necesitaba fue duro. Algo parecido a cuando más adelante vienen y te dicen que se casan.
  • Sostener a una hija o un nieto, eso sí es la verdad en los brazos.
  • Ante una cuestión determinada o te mojas o no te mojas, pero ambas posturas son la manifestación de tu interés e implicación.
  • A mí me parece muy bien que los ordenadores entren en la escuela como complemento, como herramienta útil, prácticamente imprescindible en el mundo actual, pero la educación debe ser cosa de los maestros, de los profesores humanos, no se la puede confiar a los ordenadores y menos aún en una sociedad donde la educación infantil empieza con la televisión desde la cuna.
  • Las relaciones con otro se aprende jugando, en la calle, en el recreo, haciendo deporte, pero jugando entre seres humanos, no entre un humano y una máquina. Las relaciones del fuerte con el débil, la comprensión, la solidaridad, el compañerismo no los da la maquinita.
  • No se nos educa para ser ciudadanos, se nos enseña a gastar, a consumir.
  • La palabra “vividor” se la ha cargado con connotaciones peyorativas cuando vivir plenamente debería ser la meta.
  • El sistema está hecho para que gane el banquero. Si bajan las operaciones, el tipo de interés puede compensar la presumible pérdida y hasta superar ingresos.
  • Vivimos en un ambiente de falsedad, de “corrección política” generalizada, y, cuando alguien dice simplemente lo que piensa, aunque no sea gran cosa, su sinceridad es muy apreciada por la audiencia.
  • Yo me apresuraba a aclararles que no era ni de Hacienda ni de la Comisaría de Abastecimientos, que eran los dos miedos de los campesinos frente a un extraño de la ciudad.
  • Para él, maestro de escuela era lo máximo en cuestión de sabiduría.
  • He hecho tres oposiciones: a Aduanas, a profesor adjunto y a catedrático.
  • Siempre pierde uno un poco a su hija cuando le llega el momento de fundar su propio hogar.
  • Enseñar en Inglaterra era algo completamente diferente. Los profesores nos reuníamos para cambiar impresiones sobre los alumnos, tratábamos de saber, de ayudarles y no solamente de examinar y suspender.
  • Uno hace la obra, pero la obra le hace a uno. Esto es así en la vida en general, no sólo en literatura; siempre que se hace algo por necesidad interior, se está haciendo uno a sí mismo.
  • La documentación no se ciñe únicamente a las bibliotecas y hemerotecas, la vida está en la calle.
  • Cada vez que califico a un personaje, me estoy restando libertad. Y cuando se llega a un punto en el que el personaje ya ha quedado muy definido, hay que atenerse al retrato que se ha hecho de él. Eso es lo que significa la expresión “los personajes tienen su propia vida”.
  • Los barcos llevaban palomas y otras aves enjauladas porque cuando, en alta mar, las nubes impedían orientarse por los astros, la manera de saber hacia dónde caía la tierra más próxima era soltar una de esas aves. La paloma ascendía, vacilaba algún tiempo y, finalmente, emprendía un vuelo decidido, que servía de guía al marino.
  • Mi creencia de que escribir es ser minero de uno mismo, hacerse arqueólogo, profundizar en uno, “entrar más adentro en la espesura”.
  • La sonrisa etrusca me ha proporcionado muchas satisfacciones, la mayor de ellas, saber que es una de las preferidas y elegidas por muchos talleres de lectura para la iniciación de adultos en el fascinante mundo de los libros.
  • La fase de duelo es demoledora, el primer año es terrible, pero del modo en que se supere depende, en buena medida, el éxito o fracaso en la siguiente etapa.
  • La vejez tiene esa ventaja: ya no está uno obligado a demostrar, ni a hacer méritos, carrera; se libera uno de la presión externa.
  • La globalización es una forma organizada por grandes y poderosas empresas para explotar a escala mundial unos productos y dominar el mercado. Con los medios de cada época, ya lo han hecho todos los imperios: el romano explotando el Mediterráneo desde Roma, lo hizo el imperio británico, lo hicimos los españoles con las Indias, los holandeses, los hanseáticos, etc. Lo que tiene de nuevo en fenómeno actual es una tecnología que no existía entonces: las técnicas de comunicación, la informática y especialmente internet.
  • No soy tan tonto como para oponerme al mercado, pero hago la distinción entre economía de mercado y sociedad de mercado, una sociedad en la que sólo se valore lo que tiene precio en el mercado, cualquier que sea su valor en otros terrenos.
  • No soy enemigo del mercado, soy enemigo de que se mercantilice toda la vida humana.
  • En democracia, los gobiernos, mejor o peor, los elige el pueblo, pero los ciudadanos llamados a las urnas no lo son a los consejos de administración de las grandes empresas.
  • Siendo grave, lo de menos es que nos exploten con márgenes abusivos; lo realmente importante , lo gravísimo es que transferir poder de los gobiernos a las empresas es desplazar el poder desde unos centros de decisión, que con todos sus defectos, no tienen más remedio que tener en cuenta en mayor o menor medida los intereses de la gente porque necesitan sus votos, a unos señores a quienes la gente sólo interesa como consumidores potenciales.
  • Es importante que el futuro no lo decidan las empresas con la lógica del beneficio, lucro y enriquecimiento rápido, sino las personas que, aunque no sean mejores que nosotros, no tienen más remedio que tener un poco en cuenta nuestras necesidades.
  • Pese al desprestigio actual de los políticos, es mucho peor que mande el dinero. Al dinero no le interesan los valores humanos, no se preocupa por las variables y relaciones humanas.
  • Los científicos puede ser neutrales y honrados, pero quien paga la investigación, financia aquella que le interesa y no otra.
  • No estoy en contra del dinero ni del mercado; estoy en contra del abuso del dinero y de la ausencia de control sobre las empresas.
  • Martin Luther King: “Cuando reflexionemos sobre nuestro siglo XX, no nos parecerán lo más grave las fechorías de los malvados, sino el escandaloso silencio de las buenas personas”.
  • Cada cual en su lugar y a su nivel debe hacer lo que pueda.
  • Vivimos en una sociedad y en una época que trata de deslumbrar y no de iluminar.
  • Dicen que vivimos en la era de la información, pero la información, con sus excesos, se utiliza para desinformar.
  • Uno habla como os he hablado, ni dice las cosas que he dicho, ni nada, si no tiene un público propicio.
  • Como en la ópera, si el público es propicio, el tenor canta bien, si no, no hay nada que hacer.
  • Olga Lucas: “En cierta ocasión escuché las elucubraciones de un médico especialista acerca de los motivos por los que los toreros se recuperan tan rápidamente de sus heridas. Al parecer, un factor decisivo es el contrato siguiente”.

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